Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pere-estupinya

12 Nov 2008 - Enlace

Maravillados por la Neurociencia: hablar con el pensamiento

Uno de los inconvenientes que tienen los científicos cuando intentan comunicar la ciencia es que saben demasiado.
En principio esto no debería ser un inconveniente, pero disponer de tantísima información conlleva ciertas consecuencias. Una de las más importantes es que lo novedoso o interesante para ellos no suele coincidir con lo que resulta interesante y novedoso para el público inexperto.
A veces te explican apasionadamente el incomprensible último descubrimiento de su disciplina, y en otras se muestran asépticos con algo que para ti es sorprendente, pero para ellos resulta obvio, básico, y ya llevan tiempo comentando con sus colegas.
Incluso en ocasiones no reconocen los tesoros que albergan en sus mentes, libretas o laboratorios.

Digo esto porque la semana pasada Maya Peeva , una amiga neurocientífica que investiga en la Boston University, me envió un artículo divulgativo que había redactado para su clase de escritura científica preguntándome si creía que “eso podía interesar a alguien”, o si estaba "ya demasiado visto”.
Maya me había explicado que su trabajo era localizar patrones de actividad cerebral relacionados con la emisión de fonemas como “la”, “le”, “pe”… por lo que confieso que empecé a leer sin grandes expectativas.
Pero a medida que iba avanzando mi perplejidad aumentaba… traduzco literalmente un fragmento del artículo sobre Eric Ramsey, un joven de 24 años al que un accidente de tráfico le dejó postrado a una silla de ruedas sin capacidad de mover ningún músculo:
Tras años de silencio Eric podría hablar de nuevo gracias a un implante en el cerebro. El implante escucha el sonido que Eric está pensando, captura la señal neuronal que este pensamiento produce, y la envía a través del cráneo a un aparato situado fuera de su cabeza. Este aparato interpreta el tipo de sonido que las señales están codificando, y lo envía a un sintetizador para que lo emita a los oyentes. Ésta es la primera vez que alguien ha podido producir un sonido con sólo pensar en él”.
Impresionante… no podía creer lo que estaba leyendo… Maya explicaba ni más ni menos que en su laboratorio estaban enseñando a hablar con la mente a una persona totalmente paralizada. Mi mail de respuesta fue “¿¿¿pero cómo puedes dudar que esto sea interesante???”. Me contestó: “ah, pensaba que no era tan novedoso. Ya hace meses que están trabajando con Eric, y ha aparecido publicado en varios sitios . Además, todavía estamos lejos de conseguir que reproduzca palabras con sentido”.

De acuerdo, es cierto que por el momento la actividad mental de Eric sólo puede producir un rudimentario “aaaaaaaaaa, oooooooooo” (como podéis comprobar en los videos de la web del Speech Lab ), pero no creo equivocarme al considerar que eso que para los neurocientíficos puede no ser nada del otro mundo, para el resto de mortales es espectacular!

Me dejó tan impresionado que empecé a buscar más información, y encontré un nuevo caso que volvió a dejarme boquiabierto. Scott Mackler es un neurocientífico que a los 40 años fue diagnosticado con la enfermedad de Lou Gehrig. Su mente está intacta, pero su cerebro ha ido perdiendo la conexión con sus músculos y actualmente se encuentra paralizado. Hasta hace unos meses sólo se podía comunicarse con su mujer mediante el movimiento de sus ojos: para decir “sí” los dirigía hacia a ella, para decir “no” apartaba su mirada. Sin embargo, ahora puede hacer una entrevista en televisión sólo con la actividad de su mente.
Scott lleva un casco que registra sus pensamientos y los transmite a un ordenador. Cuando piensa en la letra “N”, en la pantalla aparece una “N”, si piensa en la letra “A”, aparece una “A”, y así, a una letra cada 20 segundos, puede construir frases con las que relacionarse con su familia, el presentador del programa que le entrevistó, o sus compañeros de la Universidad con la que todavía colabora activamente .

Si os digo que parece “increíble”, tomáoslo de manera literal. Mi amiga Olga pensaba que le tomaba el pelo cuando se lo contaba el pasado fin de semana. Le dije que lo comprobara ella misma en el reportaje de la CBS sobre Scott Mackler:

Todavía más? Pues sí. Los casos de Eric y Scott tienen una limitación: registran la actividad del cerebro con dispositivos fuera de la cabeza, y esto hace que la señal llegue un poco distorsionada. Sería mucho más efectivo registrarla directamente con electrodos por debajo del cráneo, pero algo tan invasivo sería demasiado peligroso para experimentarlo en humanos. En monos sin embargo llevan tiempo haciéndolo, y como vimos en este post , científicos de la Universidad de Pittsburgh consiguieron que un mono mueva un brazo robótico pensando que es el suyo, con la precisión necesaria para coger un cacahuete y ponérselo en la boca. Pues bien, en el documental de la CBS tras la historia de Scott Mackler se narra el caso de Cathy Hutchinson, una mujer a quien un derrame cerebral dejó también absolutamente paralizada e incomunicada. Hace 3 años Cathy aceptó participar como voluntaria en un proyecto en el que le iban a implantar electrodos directamente en la región motora de la corteza de su cerebro. En el video podéis ver cómo Cathy es capaz de mover con su mente un cursor en una pantalla de ordenador. Esto representa un salto abismal! Si el cerebro de Cathy puede conectarse a un ordenador, sólo falta mejorar la interfaz para quedar comunicada con el mundo. Cathy sería capaz de mover el cursor hacia el rincón donde haya el icono “música”, y seleccionar el grupo que más le apetezca oír de la lista. Puede presionar una señal de atención si requiere asistencia, navegar por Internet, o ir a icono teclado y empezar a escribir un mail con sólo pensar dónde quiere dirigir el cursor. Incluso en el video se observa cómo está aprendiendo a dirigir su silla de ruedas con la mente.

Son historias fascinantes. En el texto de Maya uno de los investigadores declara “pronto empezaremos a trabajar con consonantes, y esperamos que Eric pueda producir palabras en un par de años. En la próxima década los implantes de restauración de voz o de movimiento deberían ser rutinarios”. Prodigioso.

Los científicos están llamados a ser los héroes del siglo XXI.

No me imagino una motivación mejor para asistir al congreso anual de la Sociedad de Neurociencia que empezará el próximo sábado en Washington DC, y en el que participarán más de 30.000 neurocientíficos de todo el mundo. Espero encontrar algunos que contradigan las palabras con las que he iniciado este post, y poder transmitiros de primera mano algunas de las últimas "novedades" en el estudio de la estructura más compleja y deslumbrante del Universo.

Escrito por pere-estupinya

11 Sep 2008 - Enlace

Libertad frustrante

Imagínate que acudes a una cita múltiple donde te presentarán varias parejas potenciales. ¿Prefieres poder “elegir” entre 8 o entre 20?
Vas al banco decidid@ a contratar un plan de pensiones. Mejor que te propongan bastantes y así encontrar el que mejor se adapte a tus necesidades, ¿verdad?
Tienes un comercio, ¿pondrías la mayor cantidad de chocolatinas posibles para que el cliente encuentre seguro una que le agrade?
Si tu profesor propone una serie de temas sobre los que hacer una redacción para subir nota ¿prefieres que la lista de temas sea larga o corta?

Según explica Barry Schartz , sociólogo y autor del libro “La paradoja de la elección ”, estudios realizados sobre estos casos demuestran que al final se forman más parejas en las multicitas con menos candidatos, que si en el banco te muestran muchos fondos diferentes tienes más posibilidades de irte sin firmar ninguno, que cuando las tiendas reducían su oferta de snacks vendían más, y que cuanto más largo era el listado de posibles temas, menos alumnos se lanzaban a hacer la redacción.
Conclusión: Incrementar las opciones disponibles puede no generar libertad sino parálisis.

Quizás a alguien ya le suena este asunto delpost antiguo “la infelicidad del maximizador” . ¿Por qué lo repito entonces?
Porque me parece estupendo y seguro que muchos no lo habíais leído, porque también la información política, deportiva y del corazón se repite y no parece muy acomplejada, y por la ilusión que me hizo compartir mesa redonda ayer con el propio Barry Schartz en un evento organizado por el departamento de comunicación del NIH en Washington DC, y que durante la comida posterior me explicara de primera mano más detalles de sus estudios.

La idea básica de su planteamiento es:
El dogma oficial dice que “tener más opciones te da mayor libertad, y más libertad conduce a un aumento del bienestar”. En Estados Unidos esto parece una proposición inquebrantable, y la sociedad actual nos ofrece más posibilidades que nunca para elegir a nuestra conveniencia desde las cosas más sencillas a las más trascendentes. Pero ¿es esto bueno o malo? Como las ventajas son obvias, hablemos de los inconvenientes.
El primero es la parálisis mencionada al inicio del post. En muchas ocasiones enfrentarnos a elecciones complejas nos inhibe. Pero aun cuando logramos tomar una decisión, el segundo efecto negativo del incremento de opciones es la pérdida de satisfacción final. Barry Schwartz lo llama “opportunity costs”, y aparece al considerar lo que estás perdiendo de la opción no escogida.
Imagínate que te estás acicalando para ir a una fiesta, y te llama una amiga proponiéndote otra alternativa. Dudas… y al final decides aceptar el segundo plan. A no ser que resulte excelente, quizás recordar la fiesta a la que no has acudido te creará incertidumbre y te impedirá disfrutar al máximo de la velada. Pero además, otro efecto contraproducente es que para convencerte de haber escogido la opción correcta, durante el proceso de elección has aumentado inconscientemente las expectativas de la noche que te espera, aumentando también las posibilidades de salir defraudado al contrastarlas con la realidad. La paradoja es que aunque hayas ido a una fiesta un poco mejor, te has sentido un poco peor.
Pero todavía queda otro inconveniente de tener libertad absoluta para decidir: en caso de error no puedes culpar a nadie excepto a ti mism@, y desprenderse del peso de la responsabilidad es bastante más difícil.
Por tanto, considerando todos estos factores, Barry Schwartz concluye que el dogma de maximizar el bienestar a base de maximizar la libertad es falso. “Tener algunas opciones es mejor que ninguna, pero muchas es peor que algunas”

¿Siempre? Le pregunté ayer. No, me dijo. Y me explicó que están trabajando con diversas empresas para averiguar cuál es la mejor cantidad de opciones a ofrecer en cada caso concreto. Por ejemplo, en varias tiendas online cuando buscas un producto no te muestran todo lo que tienen, sino unas pocas opciones que irán cambiando a medida que perfecciones tu búsqueda.

¿Esto afecta igual a todo el mundo? También le pregunté. “Claro que no”, y me citó un artículo suyo publicado en el NY Times , según el cual la insatisfacción constante está relacionada con el nivel de educación y la clase social.
En un estudio reclutaron voluntarios y les regalaron un bolígrafo a escoger entre cinco diferentes, pero a la mitad de ellos les dijeron “lo siento, es el último que nos queda de este tipo. Toma este otro”. A continuación todos debían rellenar una lista de preguntas, algunas de las cuales hacían referencia a las características del bolígrafo. Entre los participantes con estudios universitarios, los que habían sido obligados a cambiar de boli lo valoraron menos que aquellos que mantuvieron el bolígrafo escogido. En cambio, entre los de nivel educativo inferior no se apreciaron diferencias.
En otro estudio solicitaron clasificar 10 CD’s musicales por orden de preferencia. Luego se les dio a escoger como regalo uno que estuviera en el rango medio, y se pidió que volvieran a hacer la lista. Los universitarios solían clasificar entonces el CD elegido en mejor posición, mientras que los no universitarios lo dejaban igual.
Otras encuestas concluyeron que los trabajadores de posiciones altas se molestaban cuando un vecino compraba un coche como el suyo porque les quitaba la exclusividad de su elección, mientras que en clases más bajas les parecía perfecto porque confirmaba que su elección era correcta. Una cita del artículo de Schwartz dice: “La sociedad americana ha dado a las élites lo que pedían, junto con un incremento del estrés, la ansiedad, y la insatisfacción”.

Seguro que recordáis situaciones en las que habéis sufrido parálisis, o insatisfacción, o arrepentimiento, por el mero hecho de tener “demasiadas” buenas opciones sobre las que escoger. Quizás sí se trata de un fenómeno relativamente nuevo, que hemos considerado positivo sin reparos, y no siempre está necesariamente asociado a una mejor calidad de vida.
No deja de ser curiosos que desde hace mucho tiempo la falta de control sobre la propia vida se haya asociado a la infelicidad y ahora, en el extremo contrario, la explosión de posibilidades a que estamos expuestos también resulte ser una causa de descontento.
Quizás cuando una causa externa nos cierre alguna opción, en lugar de quejarnos deberíamos agradecerlo, y no tomarlo como una restricción sino como una liberación frente a la tiranía de la toma de decisiones.


Y después resulta que terminas de escribir un texto como este, recibes un mail con el par de fotos que le habías pedido a Chris Gunn (el fotógrafo que cubría el evento)… y tu reacción inmediata es: “xxjfhs! Podría haberme enviado unas cuantas más... para poder escoger alguna en la que Barry Schwartz no pareciera dormido ni yo tuviera cara de empanado…”

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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