Escrito por pere-estupinya
13 Ene 2009 - Enlace
¿Están tan degradadas las selvas tropicales?
Muchos biólogos y conservacionistas aseguran que la situación de los bosques tropicales es alarmante, y que la deforestación a la que los estamos sometiendo implicará una extinción masiva de especies y una radical disminución de la biodiversidad. Pero en el 2006 el científico de la Institución Smithsonian Joseph Wright publicó un artículo diciendo que dichas previsiones eran exageradas. En su trabajo argumentaba que el aumento de las áreas protegidas y la migración de la población rural hacia las áreas urbanas haría que la pérdida de especies fuera mucho menor.
Este artículo, pero sobre todo la interpretación que algunos grupos y medios de comunicación hicieron de él, indignó a un gran número de científicos, entre ellos William Laurance , para los que decir “no hay para tanto” significaba obviar la dramática realidad que estaban observando día a día en sus investigaciones.
Para intentar llegar a un consenso sobre la situación real de las selvas tropicales se reunieron ayer Wright, Laurance y varios expertos más en el simposio “¿Sobrevivirán las selvas tropicales? ” que acogió el Museo Smithsonian de Historia Natural en Washington DC.
Sí hubo puntos de encuentro.
Una primera conclusión fue que efectivamente los mensajes catastrofistas empezados a difundir en la década de los 80 pecaron de alarmistas; la disminución radical de especies que se pronosticó en los siguientes 20 años que no se ha producido. Sin embargo, eso no implica que la situación de las selvas tropicales no sea grave. El propio Wright matizó que su “no hay para tanto” había sido malinterpretado, y reconoció sin tapujos que existe una clarísima pérdida de habitats acompañada de extinción de especies. Pero para él la verdadera gran preocupación que debemos afrontar es el cambio climático.
Efectos del calentamiento global
La media de los veintitantos modelos climáticos utilizados por el IPCC pronostica un aumento de temperatura en las áreas tropicales de 3ºC antes de que termine el siglo. Esto no hará desaparecer las selvas, ya que no habrá menos precipitaciones, pero las consecuencias en la biodiversidad pueden ser graves. Las especies que viven en los trópicos están adaptadas a una temperatura estable que apenas fluctúa entre invierno y verano. Algunos animales se podrán adaptar a los desequilibrios que supondrá un aumento de temperatura, pero quizás muchos de ellos no logren hacerlo, ni resistirán la llegada de especies invasoras, como un hongo que ya está arrasando a las ranas de Centroamérica.
Joseph Wright lo dejó claro: la temperatura aumentará más en los polos que en los trópicos, pero la gran pérdida de biodiversidad tendrá lugar en las selvas. “Ponemos mucha atención en los osos polares, pero todavía están entre nosotros. En cambio en los últimos años han desaparecido 165 especie de ranas”.
No bajar la guardia
William Laurance también reconoció al cambio climático como el principal reto que debemos afrontar, pero insistió en que las políticas de reforestación y conservación de hábitats todavía son insuficientes. Las áreas tropicales continúan en retroceso constante.
Las medidas de protección deben intensificarse con mucha más ayuda internacional, ya que los beneficios de mantener las selvas en un estado saludable son globales, y de ninguna manera los países afectados pueden hacer frente solos a estos programas de conservación.
Laurance reconoció que la pérdida de biodiversidad sufrida en los trópicos quizás es menor de la que se predijo, pero presentó unos datos contundentes sobre el ritmo al que se están degradando las selvas y desapareciendo especies, que en ningún caso conducen a un “no hay para tanto”.
El director del Museo Smithsonian, Cristian Samper resumió la situación como “preocupante pero optimista”. Quedan viejas amenazas que abordar como la caza ilegal, la deforestación, la agricultura intensiva, la abundante tala selectiva de árboles, las explotaciones mineras… y aparece en escena el turbador fantasma del calentamiento global. Pero se detecta una concienciación y predisposición política a atajar la protección del medioambiente como una obligación imprescindible del siglo XXI.
No podemos permitir que sea de otra manera.
Justo el domingo, en un contexto diferente, leí la siguiente frase de Martin L. King: “La principal amenaza del mundo no son las acciones de la gente malvada, sino la pasividad de la buenaLa principal amenaza del mundo no son las acciones de la gente malvada, sino la pasividad de la buena”.

Continúo caminando, y a escasos 20 metros aparece un cartel de otra asociación llamada
Reacción inmediata: “esto es pasarse!”. Apoyo incondicional a todo lo que suponga humanizarnos, procurar un trato más ético a los animales, denunciar atrocidades que sin duda se están realizando, y avanzar siempre hacia más derechos en lugar de menos. Pero… ¿incondicional? ¿a todo? Mujer, tampoco nos excedamos. Puede ser loable plantarle cara a la industria peletera, pero pretender vetar de cuajo la experimentación animal en biomedicina es intolerable. Si la directora de una organización realmente promueve algo tan radical, quizás sí pierda un poco de credibilidad…
Lo primero que hago al llegar a casa es comprobar que efectivamente ha dicho esta frase y no está sacada de contexto. Parece que sí la pronunció, junto con
Uf! Es un tema serio, y también candidato a ser tratado más a fondo en posteriores entradas del blog…, pero no puedo resistirme a retomar el hilo de los carteles del principio del post y terminar con un toque gracioso mostrándoos la foto que tomé el año pasado en la ciudad de Buffalo, durante un viaje con amigos por el norte de Estados Unidos. Cuando en una parada de autobús leí el cartel: “Cuando fumas, también lo hace tu mascota”, hice dar media vuelta al conductor para cerciorarme que efectivamente se trataba de una campaña alertando que los animales de compañía también eran fumadores pasivos. Insólito, pero cierto.