Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pere-estupinya

13 Abr 2008 - Enlace

Puertas, cabras, coches y sinsentido común

Muy bueno, muy bueno, muy bueno…
Ideal para la sección “Ciencia de fin de semana”!
Aunque aviso de posibles efectos secundarios: confusión inicial, aha moment desmesurado, y dudas sobre volver a utilizar el sentido común para la solución lógica de problemas.

Imaginaos que estáis en un concurso de televisión. El presentador os muestra 3 puertas cerradas, diciéndote que una esconde un coche, y detrás de las otras dos hay una cabra en cada una. Te llevarás el premio oculto en la puerta que elijas.
Escoges una al azar. Pero antes de desvelar su contenido, el presentador abre una de las dos puertas restantes y te muestra una cabra. A continuación te pregunta: ¿Quieres cambiar tu elección?
Congelemos el tiempo en ese preciso momento. ¿Importa realmente cambiar de puerta o no? La lógica te dice que es como si la elección empezara de cero otra vez. La puerta abierta ya no existe, tienes en frente dos puertas cerradas, una esconde un coche y la otra una cabra: 50% de posibilidades cada una. Correcto? No!!!!! Si cambias, tendrás más posibilidades de ganar. ¿¿¿Cómo??? ¿Por qué? Hay 2 puertas…, da igual cuál me quede… Noooooo!!!! Tienes que cambiar!!!
Antes de empezar a escribir comentarios diciendo que me he vuelto idiota, dejad que me explique.

El concurso descrito existía de verdad, se llamaba “Let’s make a Deal” (hagamos un trato). Su presentador era Monty Hall, y desde su emisión el dilema que os he citado se conoce como “Monty Hall Problem”
Leí un artículo sobre él en la sección de ciencia del New York Times el martes pasado. No me quedó muy claro, pero acabo de descubrir que en su web tienen una aplicación para tú mismo jugar todas las veces que quieras, cambiar o no cambiar puertas, y ver cómo afecta al resultado final.
Me he pasado más de 10 minutos repitiendo el experimento. Tras escoger una puerta, se abre una de las otras dos mostrándote una cabra. Entonces te dan la oportunidad de cambiar tu elección inicial. Lo he hecho en 70 ocasiones y me he llevado el coche el 68% de las veces. Las otras 70 que no he cambiado de puerta, sólo he ganado el 36% de ocasiones. Repetidlo vosotros si no os lo creéis.

A los que continuéis leyendo: La explicación es tremendamente lógica, y sorprende más, cuanto más escépticos seáis. Quizás por eso a mi me ha impactado. Ready?
Imaginaos que el coche se esconde en la puerta A, y analicemos qué ocurre cuando cambias de puerta, y cuando no cambias:

- No cambias: si inicialmente escoges A, ganas. Si escoges B o C, pierdes. La probabilidad de llevarte el coche es del 33%. Obvio.

- Cambias: Si inicialmente escoges A, pierdes. Si escoges B o C, ganas. La probabilidad de ganar es del 66%. Absolutamente irrefutable.

El truco que nos puede pasar desapercibido es que cuando el presentador tiene que abrir una puerta para mostrar una cabra, si no has acertado sólo tiene una opción. Está afectando a las posibilidades futuras. ¿No es sorprendente? Si yo hubiera participado en el concurso antes de leer esto, mi lógica me habría dicho que no importaba cambiar o no. Incluso hubiera argumentado que era un planteamiento absurdo! Ahora mi cerebro está completamente convencido de lo contrario. Fantástico…

Buscando información acabo de ver que el “Monty Hall Problem” es más viejo que ir a pie. Disculpad aquellos que ya lo conocíais, pero a mi me ha producido tanta sorpresa, que no quería dejar de citarlo como curiosidad de “ciencia de fin de semana”.
¿O no lo es?... porque si es algo ya tan visto, oído y leído…

¿Por qué aparece en el New York Times?
Resulta que según el estudio publicado por un economista de la universidad de Yale, el Monty Hall Problem sugiere que una de la asunciones básicas de las investigaciones en psicología sobre la toma de decisiones, la “disonancia cognitiva”, es errónea.
La disonancia cognitiva vendría a ser lo siguiente: Cuando escoges entre dos opciones, inconscientemente rebajas el valor del objeto rechazado. Es decir: te muestran tres regalos X, Y y Z sobre los que a priori no tienes ninguna preferencia. En principio para ti tienen el mismo valor y te da igual cuál quedarte. Entonces te piden que escojas entre X y Z. Aunque sea al tuntún, el que rechaces perderá un poco de interés. Si eliges X, cuando luego te hagan escoger entre Z o Y, es mucho más probable que te quedes Y, porque Z ya lo habías desestimado. Hace más de 50 años que los psicólogos tienen en cuenta esta disonancia cognitiva en los estudios sobre toma de decisiones. Pero según el artículo de Keith Chen , este efecto influye mucho menos de lo que se ha estado considerando. Algunos de sus estudios, y ejemplos de razonamiento con el Monty Hall Problem, demuestran que hay otros motivos por los que cambiar de elección.

No lo he leído en profundidad, pero la verdad es que el estudio de Yale no parece algo revolucionario que merezca aparecer en la versión impresa del NYT, más bien el autor del artículo lo utiliza como excusa para explicar algo tan curioso como el Monty Hall Problem… Pues si lo hace el NYT, yo también me lo permito.

Escrito por pere-estupinya

29 Ene 2008 - Enlace

Neurofilosofía moral

De vuelta al frío pero estimulante Boston recojo un tema que dejé pendiente justo antes del viaje a Costa Rica: la charla con Marc Hauser sobre el estudio científico de la moralidad.

Immanuel Kant postulaba que nuestros juicios morales dependían principalmente de la razón. En cambio para David Hume era la emoción la que guiaba cualquier decisión moral.
Hace poco, muy poco, que los científicos han sido capaces de escanear los cerebros de voluntarios mientras se les planteaba una serie de dilemas morales, para intentar comprender de forma empírica quien se aproximaba más a la supuesta realidad.

Las intuiciones morales están siendo diseccionadas en los laboratorios mediante tests, análisis de pacientes con lesiones cerebrales, estudios con primates, herramientas de biología evolutiva y aparatos de resonancia magnética (fMRI), en lo que para algunos representa un campo de estudio emergente: la Neurofilosofía. El estudio científico de aspectos de nuestra naturaleza humana que antes quedaban reservados sólo a los filósofos.

El instinto moral

Posiblemente el principal exponente de este acercamiento a la moralidad desde la metodología científica es Marc Hauser, profesor de psicología en la Universidad de Harvard y autor del libro “Moral Minds” (Mentes Morales: la naturaleza de lo correcto y lo incorrecto).
Su tesis principal queda clara desde la primera línea del prólogo de su libro: “Nacemos con un instinto moral, una capacidad que crece de forma natural en cada niño, desarrollada para generar juicios rápidos sobre lo que es correcto o incorrecto, y basada en unos procesos que actúan de forma inconsciente. Parte de este mecanismo fue diseñado por la mano ciega de la selección darwiniana millones de años antes que nuestra especie evolucionase. Otros aspectos fueron añadidos o actualizados durante la historia de nuestros antepasados, y son exclusivos de los humanos y su psicología moral.”

Según Hauser existen unos principios universales e inconscientes que subyacen a nuestros juicios sobre lo correcto y lo incorrecto. Las diferencias culturales afectan a cómo actuamos frente a dilemas morales concretos (pena de muerte), pero no tanto en cómo los valoramos de una forma abstracta (matar es malo). En esto todos los humanos compartimos una innata lógica común.

Aunque conocía las ideas de Hauser desde que visitó el CCCB de Barcelona y fue entrevistado en REDES , releer tales afirmaciones me produjo cierto estupor. Cuando le entrevisté en su despacho de Harvard tenía la intención de, sin que se notaran mis reparos, averiguar cuan científicamente sólido era el trasfondo de la contundente sentencia con la que abre su libro. ¿Se trataba de una de esas brillantes y contagiosas ideas que no necesitan ser del todo veraces para extenderse de forma descontrolada? ¿jugaba Hauser con ejemplos bien logrados, de esos que incitan un rápido y convincente “ah, claro!”? ¿Sería un caso más de pop-science? Con su prestigio, no lo creía… pero reconozco que tenía mis dudas.
Me resulta imposible describir en un formato blog lo que dieron de si los intensos 40 minutos que tengo grabados, ni exponer sus estudios y múltiples ejemplos en una longitud de texto que no aburra al que no sienta un especial interés por el tema. Para abordar este complejo asunto se necesita un libro como el de Hauser, o al menos un extenso artículo parecido al de Steven Pinker publicado por el NYT magazine hace un par de semanas.

Pero dejadme que a riesgo de parecer simplista os resuma al extremo algunos de los puntos más destacados de sus argumentaciones, y os confiese que terminé la entrevista un poco más convencido de que sus veredictos están inspirados no sólo en ideas, sino también en experimentos científicos de diversa índole.

Moral Sense Test

Un tranvía desbocado va a atropellar a 5 personas. Presionando una palanca puedes desviarlo a otra vía en la que sólo matará a una persona. ¿Es moralmente permisible esta acción? El 90 % de encuestados dice que sí. En la segunda situación, puedes hacer descarrilar el tren empujando a un desafortunado transeúnte que camina al lado de la vía. El resultado final es el mismo: sacrificas uno para salvar cinco. Pero la mayoría de personas, sin saber explicar muy bien por qué, de forma instintiva consideran la segunda acción menos aceptable moralmente. Luego la intentan racionalizar, pero la decisión ya ha sido tomada de forma inmediata, aunque nunca antes hayamos reflexionado sobre un dilema parecido. A la pregunta sobre si es lícito extraer los órganos de un individuo sano para salvar 5 pacientes que van a morir si no reciben 5 transplantes diferentes, el 97% responde que no. 150000 personas de 120 países diferentes han participado en un Moral Sense Test con cuestiones como estas, y lo importante según Hauser es que los juicios morales no varían en función de género, raza, edad, religión o bagaje cultural. Son universales.

Lesiones en el córtex

Quizás el 3% que quitaría los órganos de una persona sana para salvar a cinco son psicópatas que no poseen emociones sociales como la empatía, o tienen una lesión cerebral que les inhibe la emoción en la toma de decisiones.

Hay un experimento muy clásico en la teoría de juegos: “Ramón y David. Venid... Os voy a dar 10 dólares para que os los repartáis. Pero se los ofreceré sólo a uno de vosotros, que podrá decidir la cantidad que cada uno se lleva. Si el otro acepta, ambos os vais con vuestro dinero. Si no, me lo tendréis que devolver.” Por lo general, si Ramón ofrece una cantidad que David considera injusta (digamos darle sólo un dólar y quedarse él nueve), David no acepta el trato. Cuando la prueba se realizó a personas con lesiones en una zona del córtex frontal, aunque consideraran totalmente injusto el trato ofrecido, aceptaban cualquier cantidad. De forma racional pensaban que “algo es mejor nada”, y la sensación de enfado no intervenía en su decisión. En otras situaciones parecidas a las planteadas en el Moral Sense Test, también respondían sin considerar sus emociones, sólo calculando de forma fría el balance final.

La conclusión extraída es que algunos juicios morales tienen su sustrato neurobiológico.

Estudios de neuroimagen

Joshua Green de Harvard escaneó el cerebro de voluntarios mientras les planteaba el dilema del tranvía. Cuando se trataba de accionar una palanca, las zonas del cerebro que se activaban eran principalmente las del pensamiento racional. Cuando se pedía empujar a alguien a la vía, regiones relacionadas con la emoción empezaban a iluminarse.

Animales morales y la evolución

Marc Hauser ha realizado estudios con monos en los que observó actos que parecen morales, como evitar comer si eso implica que un compañero recibe una corriente eléctrica. También publicó un estudio en Science en el que los monos reaccionaban diferente al sufrir un incidente como fruto del azar, o de una acción intencionada. Hauser confiesa que todavía nadie ha podido investigar si un animal posee los conceptos de correcto o incorrecto, o hace juicios que se puedan llamar morales. Pero todas formas considera que el instinto moral tiene sentido evolutivamente. Para mantener las normas sociales y conseguir que el grupo sea efectivo, es positivo que inscritos en nuestros genes hayan unos principios universales de colaboración o penalización ante conductas perjudiciales para la comunidad.

He simplificado mucho, y he omitido muchos más ejemplos, estudios y aspectos a comentar: Implicaciones que tiene esta perspectiva científica de la moralidad en la religión, educación, políticas sociales y debates éticos actuales, desarrollo de la moralidad en niños, paralelismo con el análisis lingüístico y la gramática universal de Chomsky, futuros estudios que Marc Hauser piensa realizar…

De momento os quería presentar el concepto de neurofilosofía, que para mi refleja la gran aportación que está realizando la ciencia al pensamiento contemporáneo, y esta fantástica convergencia de disciplinas humanistas y científicas en un espacio común.

Y también introducir las investigaciones de Hauser sobre la condición innata y universal de un sentido moral que no es sólo fruto de la información transmitida por vía no genética (cultura), sino que tienen su historia evolutiva y fundamentos neurobiológicos. Sus reflexiones no son nuevas, pero las herramientas que utiliza para analizarlas sí.

Sin duda es un campo controvertido, del que se hablará en el futuro, y que si os estimula ya podemos empezar a discutir en este blog.

Escrito por pere-estupinya

14 Ene 2008 - Enlace

Sensores que imitan tu inconsciente

- Hola, ¿qué tal?
- Bien

Es casi una respuesta automática… Pero todos sabemos que el significado real de ese “bien” está en el tono de voz, la expresión de cara, posición del cuerpo, la mirada… y sin saber muy bien cómo, intuimos en seguida si quiere decir “mal”, “alegre”, “cansado”, “tenso”, o “enamorado de la vida”.

Es la comunicación no verbal.
Algunas de estas señales son fáciles de interpretar, cómo una sonrisa o un tono agresivo. Pero de manera inconsciente desciframos también gran cantidad de mensajes subliminales que nos indican si esa sonrisa es sincera o no, o si los gritos indicaban enfado o nerviosismo. En muchas ocasiones, cuando alguien nos pregunta “en qué lo has notado?”, o “por qué dices que esa pareja no tiene futuro?”, respondemos con un simple “no se, hay algo que…”. No sabemos identificar el rasgo concreto que nos ha dado esa información. Y sin embargo, nuestras predicciones suelen ser bastante acertadas.
¿Podría hacer lo mismo un aparato electrónico? Parece demasiado complejo, pero algo parecido es lo que intentan en el Grupo de Dinámica Humana del MIT - Media Lab, dirigido por Alex Pentland . Vayamos por partes…

La primera intención es la que cuenta
La psicología social lleva décadas estudiando el poder de las primeras impresiones, el trascendental papel que ejerce el lenguaje no verbal en cualquier acto comunicativo, cómo afectan a nuestras decisiones, y cómo nos permiten anticipar eventos futuros.

Se han realizado infinidad de estudios al respecto:
Tan sólo observando a un matrimonio conversando durante 15 minutos, psicólogos experimentados predijeron con un 90 % de aciertos si la pareja se divorciaría o no.
Mostrando videos silenciados de profesores dando clase, se podía predecir qué valoración les darían los alumnos.
Analizando entrevistas de trabajo averiguaban, sin necesidad de oír la conversación, si los candidatos serían elegidos. Además, se observó que los entrevistadores sacaban una primera conclusión en los primeros instantes, y tendían a mantenerla durante todo el proceso.
Incluso en algo tan aparentemente racional como las decisiones judiciales están influidas por el poder de las primeras impresiones.

Pero algunos psicólogos ya no se conforman con describir este fenómeno.
Ya está claro que nuestro inconsciente emite juicios instantáneos a partir de señales subliminales, y que muchas veces la razón simplemente se encarga de confirmarlos.

El siguiente paso es desgranar estas señales, medirlas utilizando sensores cuando sea posible, extraer información lo más objetiva posible, y mirar de sacarle provecho.

Medir señales subliminales
Durante la visita que hicimos al Media Lab del MIT, Alex Pentland nos mostró los sensores que su equipo ha diseñado para medir movimientos, detalles del lenguaje corporal, expresiones faciales, tonos de voz, y dinámicas de una conversación.

El año pasado el equipo de Pentland realizó un estudio con los operadores de una de las compañías de venta telefónica más importantes del mundo. Los aparatos no capturaban las palabras específicas de la conversación, sino sólo las señales físicas de voz, variaciones en el tono, y movimientos de cabeza. Sólo con eso, ya podían predecir con bastante acierto si la venta iba a ser fructífera o no. La compañía está pensando establecer un sistema que indique cuando un cliente debe ser redirigido a un nuevo operador.

En otra investigación siguieron a un buen número de estudiantes mientras jugaban al póquer apostando dinero real. Los sensores medían los movimientos del cuerpo, conductividad de la piel, ritmo cardiaco… y vieron que aunque los jugadores intentaban disimularlo, los sensores podían identificar sus momentos de estrés con un 80% de acierto. Se ve que detectaron el 70% de los faroles.

En uno de sus últimos estudios examinaron aspectos muy concretos de dinámicas de conversación durante los primeros 5 minutos de una negociación. Analizaron la actividad (tiempo que cada persona hablaba), implicación (pausas, interrupciones entre ellos…), énfasis (estrés, entonación, ritmo…), la empatía (expresiones faciales, mimetismo de la voz, movimientos corporales…). A pesar de ignorar el significado de las palabras y la estrategia, pudieron deducir con bastante acierto los resultados de la negociación. También concluyeron que quien más hablaba al principio lograba imponer su criterio al final, que una prosodia exagerada era contraproducente, mostrar empatía era positivo… datos con los que van afinando la capacidad predictiva de su metodología.

Curioso…. ¿y?
Según Pentland el principal beneficiado de estos sensores será el mundo de la empresa .
Con ellos se puede obtener una cantidad abismal de datos sobre ritmos de trabajo, tiempo que se invierte en ciertas tareas, patrones de comunicación dentro de la compañía, quien se reúne con quién, observar dinámicas de grupos… una información que generalmente permanece oculta, y que es de vital importancia para el gobierno de organizaciones.

Además Pentland asegura que podría representar una verdadera revolución en el mundo del management empresarial y la gestión de equipos, cuyas as teorías se suelen establecer a partir de opiniones de expertos en lugar de datos científicos. Siempre que aparece una gran cantidad de nueva información científica, descubrimos novedades y lo falible que es nuestro sentido común.

No se… yo no soy un gran apasionado de los gadgets. Pero sí que me interesó este tema cuando nos lo presentaron en el Media Lab. Por una parte, habla de un asunto tan apasionante como la toma de decisiones con información no consciente (lo he tratado muy por encima, si os interesa recomiendo el libro “blink: Inteligencia Intuitiva. ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos?”, de Malcolm Gladwell ). Y por otra, me pareció visualizar, muy grosso modo, las diferentes etapas del proceso científico: Primero se observa un fenómeno, se intenta comprender, y se crean hipótesis. Luego, cuando la tecnología nos brinda la capacidad de medir, se ponen a prueba las hipótesis y se establecen teorías. Estas teorías pueden llegar a predecir hechos, que refinan la teoría. Después, la ciencia le devuelve el favor a la tecnología regalándole nuevas aplicaciones. Y al final, se buscan aplicaciones prácticas a partir de todo el conocimiento que se ha ido acumulando.
Y también es cierto que cuando la ciencia irrumpe en algún campo suele regalar conclusiones inesperadas. Quien sabe si realmente estos sensores llegarán a influir de alguna manera en cómo trabajamos…

Hoy tenía una segunda cita con Alex Pentland para hablar con más profundidad de estos temas, esclarecer algunas de mis dudas, saber en qué estado real se encuentran estos sensores, jugar con ellos, y completar este post. Pero lo que veis en la foto lo ha impedido. Me reuniré con él más adelante, si creéis que queda algún punto pendiente, tomo nota.

Sí, sí… muy bonita la nieve… pero me han dicho que ya no desaparece hasta marzo…

Pere Estupinyà

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Este blog es un volcado de reflexiones, curiosidades y enseñanzas científicas que recibo durante mis seminarios, conferencias, visitas a laboratorios y conversaciones con científicos del MIT (Massachussets Institute of Technology) y Harvard en Cambridge, EE UU donde disfruto de una Beca para periodistas científicos. Soy químico y bioquímico y llevo varios años aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.

Pere Estupinyà

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