Escrito por pestupinya
22 Nov 2009 - Enlace
Mis neuronas bailan como locas en New Orleans
No conocemos una sola cultura en la historia de la humanidad sin música. Entre los objetos más antiguos que encuentran los arqueólogos en sus excavaciones siempre hallan instrumentos musicales.
La música está en todos sitios, y desde siempre. No es sólo una herencia cultural; forma parte de nuestra naturaleza más básica.
Unos pocos psicólogos evolutivos dudan de su utilidad adaptativa y la consideran un simple subproducto del gran desarrollo de nuestro cerebro; un “auditory cheesecake” en expresión de Steven Pinker. Sin embargo, la gran mayoría le otorgan un papel vital en nuestra historia evolutiva. Marcan su aparición mucho antes que la del lenguaje hablado, y aseguran que nuestros ancestros ya comunicaban emociones utilizando una proto-música. De hecho, creen que ya nacemos con un instinto musical que nos predispone a que algunas melodías nos resulten agradables y otras tristes, a entender una cierta gramática musical, a distinguir el ruido de la combinación melódica de sonidos, y a que todos nos dejemos llevar disfrutando de algún tipo de música. Si no, tu cerebro tiene algún problema.
Oliver Sacks explica en su libro Musicophilia el caso de un paciente con el síndrome de “amusia”, que impide apreciar melodías y tonos musicales a sus afectados. Cuando de pequeño sus padres le preguntaron a qué le recordaba la canción que estaban escuchando dijo: “a ruido de cazuelas y sartenes”.
Los neurocientíficos están escaneando los cerebros de personas mientras escuchan música. Estos patrones ordenados de ondas sonoras viajando por el aire encienden primero el córtex auditivo, pero su efecto se extiende enseguida por casi todo el cerebro, inundando muchas más áreas que el propio lenguaje. Algunos científicos utilizan la música como herramienta para investigar cómo se conectan diferentes zonas del cerebro.
Incluso parece haber una área encargada de prever subconscientemente qué sonido debería seguir al que acabamos de escuchar, y nos indica que “algo falla” cuando no es el que nuestro subconsciente esperaba.
Las imágenes de resonancia magnética funcional revelan que los músicos profesionales tienen partes específicas del cerebro más grandes de lo normal. Y en los fMRI de voluntarios comunes se distingue claramente que la música activa los mismos circuitos del placer que el consumo de chocolate, las drogas o el sexo. Y además, aumenta la actividad general del cerebro estimulando nuestra mente, agilizando pensamientos, despertando recuerdos pasados, y evocando todo tipo de emociones.
Eso mismo me ocurrió anoche en los conciertos de Bourbon St. en el animadísimo barrio francés de Nueva Orlenas, donde la combinación de Hurricanes (es un cocktail típico, no una broma desafortunada), comida cajún, y música, muchísima música en la ciudad donde nació el Jazz, se entremezclaron para rellenar mi nucleus accumbens hasta los topes de dopamina, e inspirar a otras áreas del córtex frontal con las que escribí algunas de estas frases.
No sé si tendré tiempo de compartir más experiencias científicoplacenteras durante los próximos 7 días de viaje road trip que me llevarán por el Estados Unidos profundo de Mississipi, Alabama, Memphis (Tennessee), Nashville; y allí escoger una ruta de regreso a DC que me lleve por la belleza de las Smoky Mountains o el morbo del Museo del Creacionismo en Kentucky. Veremos. De momento, la escapada ha empezado con muy, pero que muy buen ritmo...


Vuestro hijo va a jugar un partido de tenis contra un rival que es mucho mejor que él. Sus posibilidades de ganar son mínimas, pero sin duda existen. ¿qué le decís? ¿hacéis caso de los psicólogos defensores de “el poder del pensamiento positivo”, y le espoleáis diciéndole que puede ganar, que él es tan bueno como su contrincante, que va a conseguirlo… o cualquier otro mensaje positivo que aumente su estado de ánimo?
Conclusión dos: Lo mismo ocurre en muchos aspectos de nuestras vidas. si eres un winner emprendedor, seguro de ti mismo, convencido que the sky is the limit, y ansioso de conseguir la felicidad siendo el number one o ganando millones de dólares al año, cómprate uno de esos libros que te ayudarán a conocerte peor (perdón… a sacar lo mejor de ti…) , pero si tu autoestima está por los suelos por el motivo que sea, el típico libro de autoayuda diciéndote lo maravilloso que en realidad eres, las metas profesionales que puedes conseguir, o que de ti depende tener la silueta de tal actriz fabulosa, cuidado que quizás te llegue a perjudicar...
A nuestro cerebro le gusta y necesita crear categorías, y lo hace para todo: cuando conoce a una persona nueva la clasifica en un grupo, bien sea racial, religioso, económico, cultural… Pero también necesita otorgar etiquetas a las situaciones y a los objetos. Eso no quiere decir que la manera de clasificar y ordenar haya de seguir una lógica coherente, no; muchas veces se trata de divisiones absurdas, pero que resultan útiles a nuestro cerebro para reconocer, aprender y reaccionar la próxima vez que se encuentre con otro elemento de la misma clase en el futuro.
Durante muchos años, el debate permaneció en esa dicotomía. Ahora es difícil reducirlo a eso. Los genes no son nada sin la intervención del entorno y éste actúa sobre el genoma dejando sus marcas físicas, que pueden ser incluso heredables.
Me vienen así a la memoria las palabras de David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington que
En ocasiones la gente se refugia en lo natural, bien sean terapias, alimentación o comportamientos. Y muy a menudo resulta absurdo; lo natural puede ser igual o más perjudicial que lo artificial, que lo adoptado o nuevo. Hay una tendencia a pensar que lo natural nos corresponde más, por formar parte de la naturaleza lo conocemos mejor y podemos controlarlo. Nada más lejos de la realidad. Y es esta una dicotomía, la de natural o artificial, que nos hace caer en decisiones sin fundamento.
Una triste anécdota viene a demostrarlo. La separación entre normal y anormal llevó en el siglo XIX a una decisión dramática para miles de personas. Se empezaba a estudiar el misterioso SMIS (“síndrome de muerte infantil súbita”), que afectaba a algunos bebés: morían durante la noche sin razón aparente para desconsolada sorpresa de los padres. Una vez hecha la autopsia los médicos compararon con la anatomía de bebés normales. Y ahí estaba la trampa: quiénes eran los bebés normales. En aquel momento, a finales del XIX, los médicos disponían de cuerpos para autopsias que provenían de las esferas pobres y desfavorecidas de la sociedad.
Pero lo que no se sabía en aquella época era que el estrés, como el que podía sufrir la gente pobre debido a sus condiciones de vida y alimentación, a las enfermedades que padecían, podía reducir el tamaño de su timo.
Porque me parece estupendo y seguro que muchos no lo habíais leído, porque también la información política, deportiva y del corazón se repite y no parece muy acomplejada, y por la ilusión que me hizo compartir mesa redonda ayer con el propio Barry Schartz en un evento organizado por el departamento de comunicación del
Imaginaos que estáis en un concurso de televisión. El presentador os muestra 3 puertas cerradas, diciéndote que una esconde un coche, y detrás de las otras dos hay una cabra en cada una. Te llevarás el premio oculto en la puerta que elijas.
Posiblemente el principal exponente de este acercamiento a la moralidad desde la metodología científica es Marc Hauser, profesor de psicología en la Universidad de Harvard y autor del libro “Moral Minds” (Mentes Morales: la naturaleza de lo correcto y lo incorrecto).
Me resulta imposible describir en un formato blog lo que dieron de si los intensos 40 minutos que tengo grabados, ni exponer sus estudios y múltiples ejemplos en una longitud de texto que no aburra al que no sienta un especial interés por el tema. Para abordar este complejo asunto se necesita un libro como el de Hauser, o al menos un extenso

Hoy tenía una segunda cita con Alex Pentland para hablar con más profundidad de estos temas, esclarecer algunas de mis dudas, saber en qué estado real se encuentran estos sensores, jugar con ellos, y completar este post. Pero lo que veis en la foto lo ha impedido. Me reuniré con él más adelante, si creéis que queda algún punto pendiente, tomo nota.