Escrito por pestupinya
07 Nov 2009 - Enlace
Las novias reducen más mi estrés que yo el suyo
La bióloga Miriam Peláez nos ofrece una nueva entrega de las lecciones que más le han impactado durante su trabajo como editora científica del programa REDES de Televisión Española.
En esta ocasión, nos habla de unos experimentos que recomiendan a los chicos buscar apoyo en nuestras novias ante una situación de estrés, pero advierten a las chicas que para ellas es más eficiente recurrir a sus amigas.
Quién te ayuda mejor a combatir el estrés, por Miriam Peláez
Podemos contestarte: parece que depende de tu sexo.
De los experimentos que llevaron a esta conclusión y de otras muchas cosas relacionadas con el estrés nos habló en Redes la neurocientífica Sonia Lupien. Tuvimos la ocasión de disfrutar de su energía y de su contundente discurso cuando se acercó a Barcelona, invitada a las jornadas Estrés: naturaleza, consecuencias y cómo hacerle frente.
Los experimentos que describió Lupien fueron llevados a cabo por el equipo del psicólogo Clemens Kirschbaum, y se realizaron sometiendo a algunos voluntarios –mujeres y hombres- a una situación de estrés estandarizada que combina la falta de control y el sentimiento de amenaza por evaluación social, dos de los elementos característicos de cualquier escenario estresante.
El escenario consistía en una breve exposición frente a un serio tribunal, que realiza luego una serie de preguntas sobre aritmética al participante “a estresar”.
El detalle no importa. Es este test, como podía ser un enorme mamut acercándose al voluntario; al cerebro le da exactamente igual.
La situación de estrés en los voluntarios dura 10 minutos, y se desencadena de la siguiente manera: Cuando la información estresante llega al hipotálamo, alojado bien adentro en el cerebro, esta glándula desata la alarma provocando la liberación de adrenalina y cortisol en sangre. Se inicia entonces una súbita conmoción en el cuerpo: el afectado siente su corazón frenético intentando huir de la caja torácica, las glándulas del sudor segregan líquido sin control, el hígado ordena a gritos la liberación de glucosa en la sangre, no llega saliva a la boca, y las pupilas se dilatan en busca de luz y pistas que iluminen al cerebro. Además, mientras ocurren todos estos cambios, las funciones básicas como la reproducción, la digestión, o incluso el sistema inmune, se paralizan o se ven alteradas.
Antes del experimento, se informaba brevemente a los participantes sobre la situación de estrés que iban a soportar, y se les daba 10 minutos para “prepararse”. En ese tiempo podían traer a su pareja para que les apoyara. Tras medir los niveles de cortisol en la saliva, Kirschbaum y sus colegas observaron que los voluntarios hombres que habían recibido el apoyo de sus parejas femeninas, redujeron más su estrés que las mujeres que estuvieron con sus parejas masculinas justo antes de empezar la prueba.
El ensayo se rehizo, pero esta vez, la persona de apoyo durante el pre-estrés era el mejor amigo en el caso de los hombres, y la mejor amiga en el de las mujeres. Aquí el efecto relajante del apoyo social se invirtió: las mujeres eran ahora las más reconfortadas, al tener el soporte de su mejor amiga.
¿De dónde viene esa diferencia entre sexos con respecto a la ayuda psicológica frente al estrés? ¿Será cuestión de la mayor capacidad de empatía atribuida a las mujeres? ¿Influirán en algo las relaciones de competitividad que se establecen entre hombres? De momento no podemos contestar, pero vemos que ciertas personas de nuestro entorno pueden brindarnos un mayor soporte moral ante una situación de estrés.
El torrente metabólico que inunda tu organismo durante todo el episodio inesperado y amenazante de estrés es muy útil ya que te prepara para reaccionar: bien sea huyendo o atacando. Una vez fuera de peligro, las constantes vuelven a la normalidad y el cuerpo pone en marcha los mecanismos necesarios para reparar los posibles daños internos. Es un proceso natural que habita en los organismos complejos, con gran fortuna, desde hace millones de años.
El problema es que cuando se prolonga en el tiempo y cuando las situaciones que lo originan son tan diversas y numerosas como lo son en nuestra vida cotidiana, se puede convertir en un serio enemigo.
El estrés crónico, con todo el vaivén de hormonas que arrastra, acaba afectando al equilibrio físico y mental del individuo, dejando secuelas en la eficacia de la memoria, en la regulación del hambre y la saciedad, y en las defensas ante infecciones entre un largo etcétera de efectos negativos.
Para luchar contra el estrés debemos entender cuál ha sido su función en la evolución, qué papel tiene para nosotros hoy en día, y cómo actúan los mejores métodos que utilizamos con el fin de atenuarlo. No hay duda que el apoyo social es uno de los más importantes, y varias investigaciones demuestran que detrás de sus beneficioso se esconde de nuevo nuestra famosa oxitocina, la hormona clave en el amor, el afecto y la confianza.
- Miriam Peláez

A nuestro cerebro le gusta y necesita crear categorías, y lo hace para todo: cuando conoce a una persona nueva la clasifica en un grupo, bien sea racial, religioso, económico, cultural… Pero también necesita otorgar etiquetas a las situaciones y a los objetos. Eso no quiere decir que la manera de clasificar y ordenar haya de seguir una lógica coherente, no; muchas veces se trata de divisiones absurdas, pero que resultan útiles a nuestro cerebro para reconocer, aprender y reaccionar la próxima vez que se encuentre con otro elemento de la misma clase en el futuro.
Durante muchos años, el debate permaneció en esa dicotomía. Ahora es difícil reducirlo a eso. Los genes no son nada sin la intervención del entorno y éste actúa sobre el genoma dejando sus marcas físicas, que pueden ser incluso heredables.
Me vienen así a la memoria las palabras de David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington que
En ocasiones la gente se refugia en lo natural, bien sean terapias, alimentación o comportamientos. Y muy a menudo resulta absurdo; lo natural puede ser igual o más perjudicial que lo artificial, que lo adoptado o nuevo. Hay una tendencia a pensar que lo natural nos corresponde más, por formar parte de la naturaleza lo conocemos mejor y podemos controlarlo. Nada más lejos de la realidad. Y es esta una dicotomía, la de natural o artificial, que nos hace caer en decisiones sin fundamento.
Una triste anécdota viene a demostrarlo. La separación entre normal y anormal llevó en el siglo XIX a una decisión dramática para miles de personas. Se empezaba a estudiar el misterioso SMIS (“síndrome de muerte infantil súbita”), que afectaba a algunos bebés: morían durante la noche sin razón aparente para desconsolada sorpresa de los padres. Una vez hecha la autopsia los médicos compararon con la anatomía de bebés normales. Y ahí estaba la trampa: quiénes eran los bebés normales. En aquel momento, a finales del XIX, los médicos disponían de cuerpos para autopsias que provenían de las esferas pobres y desfavorecidas de la sociedad.
Pero lo que no se sabía en aquella época era que el estrés, como el que podía sufrir la gente pobre debido a sus condiciones de vida y alimentación, a las enfermedades que padecían, podía reducir el tamaño de su timo.
La irónica frase la pronunció
No hubo peleas ni grandes tensiones, pero los sucesivos rounds fueron de peso: cada uno expuso sus argumentos y todos tuvieron la ocasión de atacar los del contrincante. Ambos bandos se atribuían hitos como la democracia o la transmisión de la moral, y achacaban al otro tragedias humanas como las perversas guerras.
Otro, para muchos, fue
Redes ha sido a menudo la plataforma para dar a conocer otros estudios que, como el de Marmot, indagan en los defectos humanos.
Gerd Gigerenzer
Así que no sólo las religiones dan motivos para ser mejores personas y buscar un futuro más agradable. Aquéllas han señalado las debilidades y defectos humanos, pero han dejado las soluciones en manos de la fe… tan frágil a veces.
Robert Sapolsky es uno de los mejores científicos comunicadores que conozco. Lo descubrí gracias a la
Cuando un macho increpa a otro de una categoría inferior, éste se enfada, y su reacción es ir a descargarse con otro babuino por debajo de su rango. En el documental Sapolsky dice “llevo 30 años estudiándolos, pero confieso que no me caen bien. Son extremadamente crueles entre ellos, y se inflingen una cantidad de estrés psicológico enorme”. Sapolsky ha estado tomando muestras de sangre de los babuinos para analizar su estado de salud y las hormonas relacionadas con el estrés en función de la jerarquía social que ocupan. Sus
REDES regresa con un formato más corto y un look renovado, pero mantiene intacta su esencia: Eduard Punset continuará recorriendo el mundo en busca de los científicos y pensadores más relevantes de la actualidad, y conversará sin complejos con ellos sobre la influencia que el conocimiento científico ejerce en nuestras vidas.
El verano pasado
En la foto, David Beerling no se parece a uno de esos científicos que se sientan cómodamente en su despacho con aire acondicionado para hacer correr en su súper ordenador el último modelo climático que incentivará la compra de coches híbridos, pero un poco sí lo es.
"Las plantas producen oxígeno mediante la fotosíntesis, proceso por el cual también generan su biomasa, hojas, tallos y raíces -aclara Beerling-". Cuando las plantas mueren, numerosos animales, bacterias y hongos celebran un festín que genera la descomposición y en el que se consume el mismo oxígeno que esas plantas habían producido. "Pero una pequeña fracción de biomasa vegetal producida anualmente no sucumbe a ese destino", dice Beerling. Esa pequeña fracción de biomasa se arrastra en forma de partículas por las cuencas de los ríos hasta acumularse en sedimentos en el fondo de los mares donde no llegan a descomponerse por la falta de oxígeno. Algo parecido ocurre en las zonas árticas, donde el frío reduce la descomposición y la biomasa se hunde en la costra terrestre bajo la tundra. Sólo una centésima parte del 1% de la producción anual de biomasa escapa a la descomposición. "Parece muy poco -observa Beerling-, pero si lo sumas a lo largo de millones de años, el resultado es oxígeno que se agrega a la atmósfera."
Posiblemente el principal exponente de este acercamiento a la moralidad desde la metodología científica es Marc Hauser, profesor de psicología en la Universidad de Harvard y autor del libro “Moral Minds” (Mentes Morales: la naturaleza de lo correcto y lo incorrecto).
Me resulta imposible describir en un formato blog lo que dieron de si los intensos 40 minutos que tengo grabados, ni exponer sus estudios y múltiples ejemplos en una longitud de texto que no aburra al que no sienta un especial interés por el tema. Para abordar este complejo asunto se necesita un libro como el de Hauser, o al menos un extenso
La ciencia, en cambio, valora el arte como forma de expresar información a otros niveles que no le permite su lenguaje. Pero salvo notables excepciones, ha sido más reticente a permitir que el arte se inmiscuyera en el proceso de investigación. El interés renovado e intenso que tienen los científicos por la metodología artística es un fenómeno relativamente nuevo. Conscientes de los grandes beneficios que el acercamiento entre ciencia y arte puede aportar, en los últimos años han florecido espacios en los que se posibilita un encuentro real entre científicos y artistas. El
Pero la gran aportación del arte al futuro de la ciencia es evitar que se distancie demasiado de la sociedad. La ciencia progresa a un ritmo y complejidad que nos impide entender las interioridades de la física cuántica, la biología molecular o la neurología. Sin embargo no debemos renunciar a que se nos ofrezca un gran retrato integrador. Queremos recibir los conceptos fundamentales que emergen de esta fantástica fuente de conocimiento que es la ciencia, y que impregnen a la cultura popular. Pero para ello, la jerga y las restricciones del método científico muchas veces representan una limitación. En cambio, la creatividad artística puede aportar su maestría a la hora de generar metáforas, analogías, paralelismos, representaciones, que nos ayuden a hacer tangibles ideas abstractas. Está claro que lo hará de forma imperfecta, pero los artistas llevan mucho más tiempo dedicados a expresar y comunicar que los científicos. Sin ninguna duda, la interacción entre unos y otros es beneficiosa para ambas partes, y para los que queramos escucharles.