Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pere-estupinya

09 Jun 2008 - Enlace

Palabras de Robert Langer, premio Príncipe de Asturias 2008

Las dos principales obsesiones científicas de Robert Langer son crear nuevos tejidos de manera artificial, y lograr enviar fármacos a lugares específicos del cuerpo, que vayan suministrando dosis de manera inteligente. Sus progresos están siendo tan prometedores, que por eso ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias 2008 .
Hablaremos de su trabajo científico en un futuro post. Si ahora tengo que extraer 3 preguntas de la entrevista que le hice el pasado viernes en su despacho del MIT , me quedo con las siguientes:

Soñar, asumir riesgos, y trabajar
Pere: ¿Cómo puede alguien llegar a tener más de 1000 artículos publicados, 600 patentes, y recibir tantísimos premios? Además de ser brillante, ¿qué facultades o condiciones se necesitan?

Langer: Dirigir un grupo muy grande de excelentes investigadores! (risas). No, en serio, hay un par de cosas muy importantes.
Pero primero déjame decir que en ciencia también debemos diferenciar entre calidad y cantidad; y me gusta creer que nuestro laboratorio ofrece sobretodo calidad.
Para generar impacto e inventar cosas nuevas, es muy importante tener una actitud arriesgada. Yo siempre he buscado nuevos retos, he soñado mucho, y he intentado busca formas diferentes de resolver problemas. Si tuviera que escoger dos cualidades para conseguir calidad (la cantidad se consigue de manera diferente) diría: ser soñador, y querer hacer algo que resulte positivo para el mundo.

Pere: Te lo pregunto de otra manera. Tu laboratorio cuenta con más de 100 investigadores. Piensa en ese investigador/a que destaca sobre el resto, al que le ves unas características especiales. El que puede conseguir grandes hitos en el futuro y convertirse en un científico de primera línea mundial. ¿Cuáles son estas facultades que percibes? Y ¿qué le aconsejarías para que su carrera fuera exitosa?

Langer: Entiendo… aquí hay varias personas con las posibilidades que describes, y la verdad, son bastante diferentes entre ellas. Pero ciertamente tienen elementos en común. Son inteligentes, sin duda. Y trabajan durísimo. Sin trabajo duro es difícil destacar en ciencia. Pero además son soñadores, tienen mucha pasión por su trabajo, y asumen riesgos en las investigaciones. No se conforman con lo establecido. Intentan enfocar los problemas de forma diferente, y nunca abandonan. De hecho, este sería uno de los consejos principales. La investigación es difícil y a menudo muy sacrificada. Se necesita ser perseverante.
También es necesario tener un pensamiento positivo. Tener en cuenta que casi todo es posible; hay pocas cosas que no están a nuestro alcance. Si luchas fuerte, le dedicas tiempo, y no abandonas, los retos se pueden conseguir.

Premiar y potenciar el éxito
Pere: El entorno también resulta determinante. En un país como EEUU, con el poder y dinero que mueve la industria… ¿Cómo puede la Universidad retener a alguien como tú?

Langer: En mi caso particular, a mi me encanta este trabajo. Investigar de manera libre, estar en contacto con estudiantes, ser mi propio jefe... y quizás el MIT es especial en este sentido. Porque dispone de estudiantes excelentes, muy buenos colaboradores, y una clara vocación de impacto en la sociedad. Aquí desarrollamos invenciones, pero también creamos licencias y fundamos empresas. Yo he estado involucrado en la constitución de más de 20 compañías, y el MIT me facilita este proceso. Si quiero, tengo permiso para dedicar un día a la semana a mis asuntos.
Es tremendo. La mayoría de empresas que ves por los alrededores del campus, y en la zona de Kendall Square, han sido fundadas por gente del MIT a partir de patentes desarrolladas aquí. Es enorme. Parte del éxito se debe al extraordinario trabajo de la oficina de licencias. Fundar una compañía es un matrimonio. Es un matrimonio entre el inventor, el venture capitalist (inversor de riesgo) que provee el dinero, los científicos que formarán parte de la compañía, y los empresarios que la dirigirán. Este no es un matrimonio fácil. Y cuando se empieza a crear patentes, y licencias… se involucran abogados en el proceso, y comienzan a pensar en qué podría ocurrir durante los siguientes 10 años que haría fracasar el proyecto... Es costoso, pero la Licensing Office del MIT cohesiona muy bien este matrimonio. Hace que las cosas funcionen.

Combinar conocimiento
Pere: Interdisciplinariedad; bonita palabra. Todo el mundo habla de ella, y pocos la aplican de verdad. ¿Qué significa para ti, en lo más profundo, fusionar la medicina con la ingeniería, y por qué tu laboratorio apuesta tan fuerte por la interdisciplinariedad?

Langer: Bueno… los problemas que nosotros abordamos son absolutamente interdisciplinarios: Ingeniería de tejidos para crear nuevos órganos, suministro específico de fármacos en lugares y dosis concretas… para abordarlos necesitamos biólogos, diversos tipos de ingenieros, químicos, expertos en ciencia de materiales, médicos… pero además, yo soy de los que quiere desarrollar todo el proceso completo. No me conformo en hacer sólo una pieza del puzzle, ni quedarme en la fase del descubrimiento. Yo pretendo recorrer todo el camino desde la idea inicial y la investigación científica, hasta la implantación de posibles terapias en pacientes. Y para combinar todo esto necesitas un equipo interdisciplinario. En el laboratorio tenemos científicos de 10 áreas diferentes desde hace mucho tiempo. Es muy constructivo, y se crea un ambiente tremendamente enriquecedor para todos ellos.
Sobre la fusión de la ingeniería y la biología; esta es la nueva frontera. Las dos disciplinas han conseguido hitos extraordinarios, pero combinarlas nos permite plantear posibilidades que antes parecían imposibles.
Por ejemplo: Phil Sharp es un grandísimo biólogo, uno de sus investigadores descubrió el RNA de interferencia (RNAi). Pero para hacer un producto que algún día pueda ayudar a las personas, debemos hacer que llegue a la célula. Estamos trabajado juntos para conseguir suministrar fármacos directamente en las células enfermas de los pacientes.

En otro post podremos profundizar en el prolífico y diverso trabajo científico de Robert Langer, y quizás fijarnos en su visión personal de la ciencia. Además de ser el paradigma del emprendedor, dispone de un carisma muy especial. Participó en uno de nuestros seminarios y explicó lo costosos que habían sido sus inicios, cuando todos sus compañeros ingenieros se dirigían a la industria petrolífera. Él estaba obsesionado con algo diferente. En una entrevista de trabajo le dijeron que si lograba mejorar un determinado proceso industrial en un 0,1 %, eso implicaría ganancias de millones de dólares. Por suerte, ese argumento no le convenció lo suficiente.

Escrito por pere-estupinya

29 Dic 2007 - Enlace

Tercera Cultura: arte para comprender la ciencia

Entendemos la ciencia como una construcción humana, con sus virtudes y sus defectos. Nos maravillan sus proezas y aceptamos sus limitaciones. Somos conscientes de su poder y le pedimos que nos ayude a crear un futuro mejor. Admiramos su fabulosa capacidad para interpretar nuestro mundo, pero sabemos que no puede hacerlo sin una visión humanista.

Por eso nos identificamos con esta Tercera Cultura que no aísla ciencias y letras, sino que promueve espacios de diálogo entre las diferentes áreas de conocimiento.
Hablamos sin complejos de cómo la ciencia se relaciona con la sociedad, se involucra en la toma de decisiones políticas y participa en la creación de una única cultura que intenta comprender el mundo desde una perspectiva multidisciplinar.

La revista SEED:Science is culture es un claro exponente de esta filosofía. Precisamente en su número de diciembre incluye el artículo “El futuro de la ciencia es el arte” en el que aborda uno de los ejemplos más representativos de esta renaciente tercera cultura: la interacción entre ciencia y arte.

Las veces que he explorado los vínculos entre estas dos formas de conocimiento me ha parecido detectar cierta asimetría. El arte siempre se ha dejado inspirar por los nuevos descubrimientos e interpretaciones científicas sobre el Universo, la vida y la naturaleza humana; y en todo momento ha aprovechado las tecnologías emergentes para ensayar nuevas formas de creación artística.

La ciencia, en cambio, valora el arte como forma de expresar información a otros niveles que no le permite su lenguaje. Pero salvo notables excepciones, ha sido más reticente a permitir que el arte se inmiscuyera en el proceso de investigación. El interés renovado e intenso que tienen los científicos por la metodología artística es un fenómeno relativamente nuevo. Conscientes de los grandes beneficios que el acercamiento entre ciencia y arte puede aportar, en los últimos años han florecido espacios en los que se posibilita un encuentro real entre científicos y artistas. El Media Lab del MIT es un buen ejemplo de centro que cuenta con equipos, proyectos, y espacios diseñados bajo este planteamiento extremadamente multidisciplinar. Pero también en España se están realizando iniciativas muy interesantes, además con la vocación de alcanzar al resto de la sociedad.
Dejadme que como pequeño ejemplo de diálogo entre científicos y artistas os muestre un reportaje que produje con el realizador Ramon Balagué para el programa REDES en el Museo de Teruel, donde se mostraba la exposición “Tejidos. -3.200.000 + 2005”. En el vídeo participan el paleoantropólogo Alejandro Pérez Ochoa y el artista y comisario de la exposición Juan Luís Moraza.

El artículo de la revista SEED añade una nueva dimensión. O por lo menos, un planteamiento más radical: la ciencia necesita al arte.
El proceso científico se está volviendo demasiado reduccionista. Va generando capas cada vez más profundas de conocimiento, ahondando en los detalles, con campos cada vez más especializados, y eso le hace correr el riesgo de perder de vista el sentido global de sus descubrimientos. En algunos casos los científicos pueden investigar sin entender realmente hacia donde.
La visión más holística e integradora del arte ofrece a la ciencia una nueva lente con la que observarse a sí misma, y una fuente de inspiración para el propio proceso científico. Las diferentes metodologías de creación artística en las que se juega con el azar, se utilizan lenguajes diversos, se permiten estados alterados de consciencia, planteamientos instintivos, se fomenta la comunicación libre y sin restricciones en un ambiente que promueva la creatividad, pueden desembocar en un tipo de planteamientos que quizás los científicos ensimismados en su reducido mundo no se hubieran planteado. Las hipótesis culturales provenientes de los artistas están inspirando preguntas que conducen a nuevas vías de investigación no contempladas por la ciencia estándar.

Pero la gran aportación del arte al futuro de la ciencia es evitar que se distancie demasiado de la sociedad. La ciencia progresa a un ritmo y complejidad que nos impide entender las interioridades de la física cuántica, la biología molecular o la neurología. Sin embargo no debemos renunciar a que se nos ofrezca un gran retrato integrador. Queremos recibir los conceptos fundamentales que emergen de esta fantástica fuente de conocimiento que es la ciencia, y que impregnen a la cultura popular. Pero para ello, la jerga y las restricciones del método científico muchas veces representan una limitación. En cambio, la creatividad artística puede aportar su maestría a la hora de generar metáforas, analogías, paralelismos, representaciones, que nos ayuden a hacer tangibles ideas abstractas. Está claro que lo hará de forma imperfecta, pero los artistas llevan mucho más tiempo dedicados a expresar y comunicar que los científicos. Sin ninguna duda, la interacción entre unos y otros es beneficiosa para ambas partes, y para los que queramos escucharles.

Esta fusión entre ciencia y arte es sólo un ejemplo del acercamiento imprescindible que debe producirse entre la cultura científica y la humanista. Quizás la figura del sabio renacentista es utópica en la tan especializada sociedad actual, pero sin duda la tercera cultura deja obsoleto al intelectual clásico desinteresado en la ciencia, e incomunicados a los investigadores que no utilicen en cierta medida las herramientas del mundo de la literatura, la historia, la filosofía o el arte.

Salud y cultura para el 2008,

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Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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