Apuntes científicos desde el MIT

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Escrito por pestupinya

14 Abr 2009 - Enlace

Ayuditas "inocentes" a tu terapia convencional

Hace un par de meses en el post “Acupuntura: ¿tienes alma de escéptico, médico o científico?” vimos que si divides a pacientes con dolor de espalda en tres grupos y a uno le practicas acupuntura, a otro le pinchas a poca profundidad en lugares no activos simulando que estás tratándole con acupuntura real, y al otro le das el mejor medicamento disponible para este tipo específico de dolor lumbar crónico, los dos grupos que reciben acupuntura, tanto la falsa como la real, mejoran por igual y por encima del tratamiento farmacológico.
La conclusión del estudio fue que la acupuntura sí funciona, pero no por la precisión en los pinchazos, ni por el mecanismo descrito por la medicina tradicional china, sino posiblemente por el contexto que la envuelve y la poderosa sugestión que puede generar. O por algo que todavía se nos escapa, y vale mucho la pena investigar.
A continuación preguntamos a los lectores del blog: “en tal caso, aun suponiendo que los meridianos y el equilibrio del yin-yang fueran un cuento chino, ¿tu la recomendarías igualmente como terapia?”. Diría que la mayoría de comentarios se decantaron por la opción pragmática del “Sí; el los casos que funcione mejor que otras terapias, aunque no sepamos muy bien cómo actúe, yo lo que quiero es curar (si soy un doctor) o que me quiten el dolor de espalda (si soy un paciente)”.

Lo mismo opinamos hace unos meses en este otro post , donde vimos que la mitad de los reumatólogos y especialistas en medicina interna encuestados en EEUU engañaban a sus pacientes dándoles placebo cuando no tenían nada mejor que ofrecerles. Su justificación era idéntica: “nuestro objetivo es mejorar la salud del enfermo, y sabemos que la sugestión de creer que algo te ayuda – aunque sea inexistente- tiene efectos fisiológicos positivos”. Cuando preguntamos “¿os parece correcto que un médico os engañe por vuestro bien?”, los comentarios se decantaron por la opinión “sí, yo lo que quiero es curarme. El placebo puede ser considerado una terapia”

El estudio de la acupuntura fue presentado durante una charla sobre el efecto placebo a la que asistí en los Institutos Nacionales de Salud de EEUU. No os conté otra investigación muy curiosa que citaron: Según el calendario astrológico chino los nacidos en un año determinado nacen con –entre muchos otros condicionantes- más predisposición a sufrir problemas específicos de riñón, o de corazón, o de hígado… en 1993 unos investigadores analizaron las causas de mortalidad de más de 28.000 chinos-americanos creyentes en la tradición astrológica, y comprobaron que tal correlación se cumplía. Fue un estudio controvertido, pero el autor de la charla aseguró que se ha confirmado en repetidas ocasiones.
Descartado por ilógico el supuesto de que nacer en el año del tigre o del cerdo influya de alguna manera en la organización de tus células renales, de nuevo parece que tener creencias fuertes puede influir positiva o negativamente en tu salud.

Unamos este último estudio con los dos anteriores, y ricemos un poco el rizo. ¿Cuál es el recurso sobrenatural que más ha sido utilizado en la historia para intentar recobrar la salud?
Rezar. O cualquier otro rito en que se le pida a un ser superior que ayude a ti o a los tuyos. Diría que bastantes personas religiosas han pedido en algún momento de sus vidas que su Dios preferido interfiera a distancia en las reacciones bioquímicas de sus cuerpos, o les de fuerzas milagrosas para superar la enfermedad.
No pretendo, en absoluto, burlarme de esta opción personal tan lícita. Utilizo estos términos demasiado sarcásticos para exponer que por muy irracional que pueda parecer… ¡funciona!
Los científicos han demostrado que tener fe en que un ser supremo escucha tus plegarias y está dispuesto a ayudarte puede mejorar la recuperación de una enfermedad. Quién sabe los mecanismos por los que esto ocurre... La hipótesis de que tal Ente superior exista y se apiade de ti no es contemplada por la ciencia, pero sí se propone que la sugestión puede activar algunas áreas cerebrales, o liberar cierto tipo de moléculas en mayor cantidad, o regular la expresión génica, o potenciar el sistema inmunológico…

Es obvio que llevar una vida religiosa conlleva otros factores no espirituales que harán que las monjas vivan más que la media de ateos, pero no es sólo eso. Hay realmente algo más, porque como explica este muy buen artículo del TIME magazine , el efecto protector observado en varios estudios es innegable.

Retomemos de una vez los ejemplos iniciales del post, y seamos un pelín provocadores: ¿podría entonces la fe estar justificada como una aplicación médica?
Recuerdo aquí las conclusiones que una parte sustancial de lectores de este blog hicieron en los posts anteriores: “lo importante no es que sea un engaño o no, sino que funcione”; “no me importa que el médico me recete un placebo si lo hace por mi bien, y aunque inexistente, me ayude”.
¿Aplicaríais la misma lógica en el caso de la religión? Imaginaros que sois un médico y tenéis un paciente muy creyente. ¿potenciaríais su fe sabiendo que eso le puede ayudar? ¿La sugeriríais que rezara como parte de la terapia?

Dicho debate apareció también en el TIME magazine hace unas semanas.
Como en el post de acupuntura, había tres posiciones muy bien definidas. El Dr. Richard Sloan era el escéptico que opinaba “los médicos no deben involucrarse de ninguna manera en asuntos espirituales“. George Handzo era un sacerdote –muy elocuente científicamente y nada dogmático- que sugería “ambas, ciencia y religión, son útiles, y sí podría resultar beneficioso integrar la fe en al práctica de la medicina“. Luego estaba el psiquiatra Andrew Newberg , interesadísimo en comprender qué diablos ocurre en el cerebro de las personas religiosas “Yo quiero hacer escáneres cerebrales de gente que está sintiendo a Dios, y saber interpretar cuidadosamente qué está pasando”.
Traslado este debate al blog, en un sentido amplio ¿hasta qué punto debemos potenciar o inhibir las creencias sobrenaturales que uno tenga? No olvidemos los efectos secundarios…

Escrito por pere-estupinya

13 Jul 2008 - Enlace

Darwin no explica el amor

Antes de nada quiero agradecer los comentarios tan amables de la entrada anterior , y disculparme de antemano porque he escrito un texto en tono de reflexión, en lugar de continuar en la línea fresca y desenfadada que algunos me pedisteis. Lo haré, de verdad.

Me tocó dividir en dos partes el post sobre ciencia y romanticismo porque experimenté una especie de esquizofrenia intelectual tras leer el extensísimo reportaje especial del TIME , el del NewScientist sobre oxitocina , y otros que hablaban sobre la perspectiva evolutiva del amor. Pasó que encontré mezcladas referencias a estudios que me gustaron muchísimo, con otros que me daban incluso repelús.
Y es que a veces cuela todo dentro del mismo saco y se echa en falta una cierta crítica científica. No me malinterpretéis; yo adoro la ciencia, nos aporta infinidad de beneficios, debería estar más presente en la toma de decisiones políticas e individuales, es la verdadera solución a algunos de los problemas que nos acechan, y creo que los científicos merecen más reconocimiento social del que reciben. Además, es una fuente continua de novedades, y dejarte llevar mentalmente por ella resulta tremendamente estimulante. Pero cuando algo te apasiona, también te vuelves más quisquilloso. No es una contradicción. Imaginaos a ese experto en vinos que disfruta como nadie con los caldos de calidad, pero que considera horrendo un vino que nosotros catalogaríamos de aceptable. Varias veces durante el Fellowship del MIT me he sentido una especie de sommelier científico, disfrutando desmesuradamente en ocasiones, pero siendo cada vez más meticuloso con ciertas investigaciones que no me complacían.
Y justamente uno de los campos que más incertidumbre me ha generado es la aplicación de la lógica evolutiva a la explicación de la conducta humana. Mi planteamiento humilde pero radical (y del que espero objeciones) es el siguiente: la famosa frase de Dobzhansky “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución ” se ha exagerado. No me malinterpretéis (II); evidentemente que además de nuestros cuerpos la evolución ha ido perfilando también nuestra mente para sobrevivir y dejar descendencia. Esto está por encima de cualquier duda. Pero cuando leo algunas de las historias que se escriben (incluido mías ), me parece desorbitado el peso que se le otorga a las condiciones en que vivieron nuestros ancestros.

Por ejemplo, no me creo que hoy en día los hombres decidamos con quien compartir nuestra vida fijándonos en pechos y caderas anchas que indiquen alimento para las crías, ni las mujeres en hombros fuertes que permitan a los hombres cargar más comida en sus viajes por la sabana africana… y argumentar que la versión actual de la espalda ancha es el coche deportivo que indica status económico me parece todavía más simplista. Los genes no saben qué es el dinero, y si alguien decide dar importancia a los recursos en la selección de pareja, no veo que sea por un condicionante evolutivo inconsciente.
Se dice que las mujeres son más fieles porque claro… ellas sólo pueden tener un hijo cada 9 meses y los hombres uno cada día. Y que evitan tener sexo en la primera cita porque sus genes les dicen que necesitan más garantías de compromiso. En la sociedad actual ya no tiene sentido.
Y todavía me convence menos que el amor esté programado para durar 4 años porque éste es el tiempo idóneo para colaborar con las etapas críticas del desarrollo del bebé. Esto no es ciencia ni es nada.

No niego que tengamos los mismos genes de nuestros ancestros y compartamos una predisposición a ser monógamos sucesivos, o a encontrar unos cuerpos más atractivos que otros. Mi opinión particular es que esto nos dice cada vez menos sobre la conducta del ser humano actual. Por lo menos de los que me rodean. Me da la sensación que la ciencia explica muy bien qué le pasa a un cerebro enamorado, pero la lógica evolutiva basada en la perpetuación de la especie queda tremendamente coja para justificar por qué nos enamoramos.

Lo que ocurre es que las coherencias evolutivas resultan muy sugestivas, y cuando las explicas siempre generan un convincente “ah, claro”. Pero a veces les falta consistencia. Y no es una opinión aislada. En el potentísimo departamento de psicología de Harvard, con nombres como Pinker , Daniel Gilbert , Marc Hauser... investigan diferentes aspectos de la naturaleza humana. Hacen sus estudios de forma muy rigurosa, sacan sus conclusiones, y luego las hacen cuadrar con en el pasado evolutivo. Parece como si esto sirviera para aprobarlas. Pues bien, Marc Hauser hace lo propio con sus interesantísimas investigaciones sobre moralidad. Por eso me sorprendió muchísimo leer un escrito suyo titulado “Los límites del razonamiento darwiniano”, en el que aparecían frases como “En algunos asuntos específicos de la mente humana, he cambiado mi forma de pensar respecto al poder de la lógica darwiniana (…) He perdido la fe en el programa adaptativo para explicar o predecir algunos aspectos de nuestro pensamiento”.

Steven Pinker en su nuevo libro dirá que estamos en la época menos violenta de la historia. Esto se podría interpretar diciendo que un cerebro educado nos libera de nuestros condicionantes genéticos, y de alguna manera nos hace más libres.

Sé que la selección natural y sexual ha programado mis genes para concebir, que ellos me van indicando qué rasgos son atractivos, y que se ha inventado el amor para mantener la pareja unida. Nada en contra. Tenemos la confirmación química con las moléculas del primer post. Ahora bien, que esta programación inicial guíe a ciegas mi comportamiento, y sobretodo pueda explicar de quien me enamore o por qué, no lo creo.

Prometo continuar el tema de forma más entretenida. Tengo a mano muchísimos estudios la mar de curiosos. Por ejemplo la información química que se intercambia durante los besos, o una investigación que relaciona las propinas de las stripers con su ciclo menstrual. Las que estaban ovulando conseguían 70 dólares la hora, las que no 50$, y las que tenían el período 35$. Los autores argumentaban que segregaban menos feromonas. Puede ser. Otros dicen también que las feromonas sincronizan el ciclo menstrual de las mueres que pasan mucho tiempo juntas, porque evolutivamente era mejor que todas estuvieran fértiles a la vez y evitar que sólo una monopolizara la atención de los machos… Pues quizás…

Me duele criticar la ciencia, pero cuando quieres a alguien o algo (ciencia, cine, futbol, música..) y te defrauda, es difícil ignorarlo. Lo opuesto químicamente al amor no es el odio sino la indiferencia... Sin embargo he suavizado mi tono respecto lo que sentía el otro día cuando utilicé la exagerada palabra “patético”. Quizás habrá subido mi serotonina debido a que escribo desde Tortosa, mi pueblo, rodeado de familiares, amigos y jamón, e ilusionado en vísperas de una semana que empezará en Madrid, me llevará a Tarragona para participar en curso de verano de la URV , y terminará atendiendo al ESOF de Barcelona. Intentaré contaros todas las historias que pueda antes del regreso a los US.

Pere Estupinya

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Este Blog empezó gracias a una beca para periodistas científicos en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en Boston, donde pasé un año aprendiendo ciencia con el objetivo de contarla después.
Ahora continúa desde Washington DC buscando reflexiones científicas en otras instituciones, laboratorios, conferencias, y conversando con cualquier investigador que se preste a compartir su conocimiento.
Soy químico, bioquímico, y un omnívoro de la ciencia, que ya lleva cierto tiempo contándola como excusa para poder aprenderla.

Pere Estupinya

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