27 Nov 2007
La muerte de las palabras
1.- Cuando Gonzalo Suárez era Martín Girard entrevistó a Bruce Marshall, y éste le dijo: "La palabra no muere. La palabra nieve, por ejemplo. No muere. Pero las frases sí. Un buen día, un salvaje tuvo la idea de decir de una mujer que tenía la cara tan blanca como la nieve. El salvaje en cuestión acababa de decir algo maravilloso. Muy bonito. Pero cuando, hoy en día, un periodista dice de una mujer que tiene la cara tan blanca como la nieve, ese tío es más salvaje que el primer salvaje.Y la frase ha muerto, una vez más, para siempre" (cfr. La suela de mis zapatos). Marshall, obviamente, exageraba. La comparación no muere, sólo pierde viveza, lozanía, como ocurre con las metáforas lexicalizadas. Cuando se inventó la expresión quedarse de piedra, sonaba magnífica, perfecta, pero a fuerza de repetirla se fue erosionando y hoy la encontramos desvaída y convencional. Tampoco los periodistas tienen toda la culpa de que las expresiones se desgasten (ahí están los políticos), aunque sí es verdad que tienen tendencia a repetir algunas hasta la extenuación ¿Cuántas veces habremos leído u oído hablar del amasijo de hierros? Tantas que esas tres palabras han quedado reducidas a pura chatarra verbal.

Tenía la cara tan blanca como la Nintendo DS

La impecable educación de Marlo, digna de una cumbre iberoamericana
3.- "Una palabra muere/ cuando se dice/ Dicen algunos/ Digo que justamente/ Ella empieza a vivir/ En ese día". Así reza el poema 1212 de Emily Dickinson ¿Estas palabras están vivas o están muertas? Hoy decimos que están vivas porque han llegado hasta nosotros a través de la escritura, y conservan un valor literario: nos hacen reflexionar sobre nuestra relación con el mundo, en este caso con aquella parte del mundo (el lenguaje) que determina el modo en que lo vemos. Pero antes del siglo X, nos hubieran dicho que estaban muertas porque estaban escritas. Entonces se leía en voz alta para hacer vivir a los vocablos. Sólo leída en alto vivía una palabra como muere ; sin realización verbal estaba muerta una palabra como vive . El verbo decir (que deliberadamente Dickinson escribe tres veces en distintas personas del presente) no decía nada si no sonaban sus formas. Como escribe Alberto Manguel en Una historia de la lectura: "La frase scripta manent, verba volant (las cosas escritas permanecen, las dichas vuelan) significaba antiguamente lo contrario que en la actualidad: se acuñó en alabanza de la palabra dicha que tiene alas y puede volar, comparándola con la palabra silenciosa sobre la página, inmóvil, muerta".

A lo largo de la historia, cambió la forma de leer
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Arácnido en Tupelo
dolovattiEl arácnido de este blog teje su pequeña tela en una esquina de ese gran entramado de computadoras e hipervínculos que es la Internet. Espera que te solaces leyendo del mismo modo que él se solaza escribiendo palabras como "hipervínculo". Asimismo, te recomienda que no subestimes la importancia de la lectura. Leer es importante si, por curiosidad, abres el diario de un amigo y encuentras frases como ésta: "Soy la clásica persona que si me pongo, asesino". O si recibes un anónimo que reza: "Te voy a matar, y después te voy a cortar el pelo a tazón"
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