09 Ago 2007
La bandera de titanio

Mientras Gorbachov se dedica a vender bolsos, no dejan de llegar de Rusia noticias inquietantes. Primero nos enteramos de la existencia de Los Nuestros, movimiento juvenil que organiza campamentos ideológicos en los que se idolatra a Putin; luego, del encierro de la activista Larisa Arap en el mismo manicomio cuyo funcionamiento había criticado; y ahora de la colocación de una bandera en el fondo del Polo Norte con el fin de señalar como propio un territorio subacuático (en el artículo de El País escribían "izado", pero que yo sepa no se ha tirado de ninguna cuerda). Rusia, en efecto, parece vivir una fase regresiva, y para qué negarlo, eso da canguelo (hasta el punto de que el otro día, cuando Paco Buyo en TVE dijo que el LoKomotiv de Moscú era un equipo soviético, di un respingo). Un poco de neoestalinismo por aquí, otro poco de conquista espacial recreada dentro del propio planeta por allá...
Comparan los rusos su performance submarina con la llegada a la Luna, y no les falta razón. En ambos casos, el hombre se desplaza hasta un lugar remoto y deshabitado para perturbar una extraordinaria calma con su afición a las banderitas y a las parcelas; en ambos casos, dejan las banderas donde nadie puede verlas. Pero, ¿quién quiere ver una bandera que no sea la bandera blanca o la bandera a cuadros? Lo importante es plantarla. Y ahí es donde empiezan las diferencias. Porque una cosa es ver a un astronauta colocando una bandera americana de nylon en el suelo lunar a 384400 km de distancia, y otra ver a un ingenio mecánico colocando una bandera de titanio en el lecho marino a 4500 m de profundidad. En el primer caso, el significado se agota en el gesto: "Hemos llegado los primeros", nos dicen los americanos al colocar el trapo. En el segundo, va más allá, y la resistente chapa tricolor lo refuerza: "Esto es nuestro- nos dicen los rusos al llevar hasta allí sus robots y dejar su particular placa-, y queremos que os quede muy claro. Nuestra postura es inquebrantable como esta suerte de bandera". No flamea, nadie la enarbola, pero !vaya si comunica!. Por eso, quienes afirman que el suyo es más que un gesto simbólico, tienen razón. Igual que el descenso es más que un descenso: es una metáfora del retroceso. El pasado se halla ahí abajo, como viene demostrando el Zeus del Odyssey Explorer al encontrar barcos tan antiguos como la maniobra en cuestión("táctica del siglo XV", la ha llamado Peter Mckay, ministro canadiense de Exteriores). Barcos cargados de tesoros como el que los rusos creen haberse asegurado de tan anticuada manera.
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dolovattiEl arácnido de este blog teje su pequeña tela en una esquina de ese gran entramado de computadoras e hipervínculos que es la Internet. Espera que te solaces leyendo del mismo modo que él se solaza escribiendo palabras como "hipervínculo". Asimismo, te recomienda que no subestimes la importancia de la lectura. Leer es importante si, por curiosidad, abres el diario de un amigo y encuentras frases como ésta: "Soy la clásica persona que si me pongo, asesino". O si recibes un anónimo que reza: "Te voy a matar, y después te voy a cortar el pelo a tazón"
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