01 Feb 2008

El caso de la cerradura

Escrito por: dolovatti el 01 Feb 2008 - URL Permanente

De mi única lectura de la Biblia, sólo recuerdo dos frases. La primera es ésta: "La mujer bella pero sin seso es como anillo de oro en jeta de puerco"( frase que mezclada con ésta otra: "La mujer bella pero sin seso es como huésped feo en posada hermosa", nos da una bonita sentencia de corte clásico: "La mujer bella pero sin seso es como aldabón de oro en fea posada"). La segunda proviene del Eclesiastés y reza: "No hay nada nuevo bajo el sol". Y es verdad: no hay nada nuevo bajo el sol, especialmente bajo el sol coruscante de California. Cloverfield, el último filme abracadabrante de Hollywood, recurre al viejísimo truco del manuscrito encontrado (¿os suena el Quijote?), sólo que en clave de vídeo doméstico, como su precedente La bruja de Blair. Lo que van a ver, nos aseguran, es material real extraído de los archivos del Gobierno. La ficción, por tanto, se propone como realidad, y en verdad te digo Sancho que es interesante, pero a mi juicio mucho menos que su reverso: la realidad que se presenta como ficción. Sobre todo cuando esa dimensión fictiva de la realidad es capturada por un documentalista que iba en busca de otra cosa. Surge entonces lo que podríamos llamar el documental encontrado, cuyo máximo exponente tal vez el sea la película sobre el 11-S de los hermanos Naudet : de repente, mientras graban la historia de un bombero novato en una estación neoyorquina, sobreviene el Apocalipsis, y la historia cambia para siempre. La historia con mayúsculas, pero también la que están contando. Ante sus cámaras, la realidad empieza a configurarse como si se supiera filmada, con soprendentes giros de la trama, como ese momento en que uno de los hermanos, camino de las Torres en busca del otro, !que ésta dentro!, se da de bruces con el segundo avión, o su emocionante reencuentro, o la llegada en solitario del novato Tony a la estación, cuando ya han vuelto todos y empiezan a temer por su vida. Algo parecido ocurría en en El caso de la escalera. Jean-Xavier de Lestrade viajó a EEUU para seguir un asunto prometedor: la mujer del escritor Michael Peterson aparece muerta al pie de la escalera de su casa, aparentemente por una caída, pero la policía ve demasiada sangre y lo acusa de homicidio en primer grado ¿Cómo iba siquiera a sospechar Lestrade que durante el proceso judicial se descubriría que la primera mujer de Peterson había muerto en las mismas circunstancias? ¿O que el supuesto arma homicida aparecería justo al final del juicio?

Michael Peterson, un escritor superado por la caprichosa escritura de la
realidad.

He de confesar que hasta no hace mucho pensaba que el caso de Madeleine McCann era una de esas historias que la realidad pone en escena. Con el añadido de que su principal golpe de efecto se basaba asimismo en una escenificación. Creía firmemente en la hipótesis del encubrimiento , en un montaje que redefiniría el sentido de la expresión estrategia comunicativa. Pero tal vez pecaba de una excesiva fe en la capacidad de la realidad para retorcerse y ficcionalizarse, así como de una excesiva desconfianza en el ser humano, cuya abyección tiendo a considerar ilimitada. Ahora, la investigación va por otro camino que encuentro más lógico, pero el excesivo seguimiento de los media y la presión que ejercen, lleva a presentar los nuevos hallazgos como más novelescos de lo que en realidad son. Véase, como ejemplo, el retrato-robot del supuesto secuestrador.

Ya el esbozo anterior (inquietante por ser un retrato sin rostro)
remitía al Frankenstein de James Whale con la niña en brazos,
y recibía por tanto cierta carga ficcional, pero éste roza la hipérbole del tipaje: se diría un villano de cómic inspirado en George Harrison.

Helf! I neeth zomebody! Helf!

Aunque tenga un pie en la realidad, pues reales fueron la fisiognómica y el determinismo. Es como si el autor, a partir de las indicaciones del testigo, mezclara a Lombroso con las ocurrencias pseudocientíficas de Giovanni de Indagine, quien sostenía (según cuenta Umberto Eco en su Historia de la fealdad) que los hombres crueles tienen los dientes salidos.

Ilustración de un libro de Cesare Lombroso con distintos tipos de criminal.
Arriba, a la derecha, vemos a José Coronado.Abajo,a la izquierda,un tipo
sospechosamente parecido al del retrato.
Los vínculos de la realidad del caso con la ficción son, como se ve, menos fuertes que antes, cuando se especulaba con la posibilidad de una gran mentira, y se comparaba a la niña y a la madre del mundo real con las de Gone baby, gone (omitiendo significativamente el dato de que la madre ficticia, mujer bella pero sin seso, aldabón de oro en fea posada, es soltera y drogadicta). Pero siguen existiendo. Por cierto que aquí en España, el paralelismo con la imprescindible película de Ben Affleck estremece, pero por otro motivo. Mediada la cinta, en lo que parece el desconcertante inicio de una historia diferente, se informa de una nueva desaparación ¿Y a quién nos recuerda la dentadura y la sonrisa del niño?
En efecto, a Yeremi Vargas,

el niño canario desaparecido cuya búsqueda discreta y modesta se comparaba hasta la abducción de Mari Luz con la dispendiosa y globalizada de Maddie. Circo digno de un documental que podría titularse El caso de la cerradura, por el modo en que los padres han transformado su vida en espectáculo, en algo para ser visto y seguido por la tele y la Internet. Como si el ojo de la cerradura en que unos astutos publicistas conviertieron el inconfundible ojo manchado de su hija, fuera algo más que una invitación ingeniosa a colaborar en la busca de la pequeña; como si fuera una obscena invitación a mirar.

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