21 May 2009

Semana de fábula

Escrito por: dolovatti el 21 May 2009 - URL Permanente

Lunes.- Pienso en lo rara que parece hoy la antigua costumbre de españolizar los nombres de los escritores: Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Miguel de Montaigne, Víctor María Hugo...¿A qué venía esa licencia? Karl Marx es Karl Marx aquí y en la China Popular. Sobre todo en la China Popular.

Me imagino comprando Musicofilia de Oliverio Sacks y Pnin de Vladimiro Nabokov, y me desencuaderno de risa. Cuando me repongo, busco en mi biblioteca libros con el nombre traducido en la portada, y encuentro estos tres

Vuelta a reír.

Le echo un vistazo al libro verde.

Vossler recuerda la etimología de la palabra fábula. Deriva de fari, que significa idioma (no taxista, como muchos creen). Todos los idiomas, escribe, “nos dicen que nuestro hablar es fabular; los vocablos franceses parole y parler, ambos derivados de parabula, el español hablar, procedente de fabulare, el italiano favella”. Y añade:

"¿Es que no componemos, en efecto, una pequeña fábula cuando hablamos de la falda de una montaña, de la pata de la mesa, de una injusticia que clama al cielo o de la rueda del tiempo?"

Pues sí. A menudo se olvida que las fábulas no sólo personifican animales sino también cualquier cosa inanimada.

Al hablar, pues, fabulamos, y también podemos fabular a partir del habla. Mortara Garabelli, en su Manual de Retórica, afirma que podemos hacer fábulas “en las que los dientes del peine muerden, la pata de la mesa cocea...”.

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Martes.- Leo en el libro verde de Vossler una bella anécdota falsa sobre La Fontaine:

"La Fontaine se hallaba invitado con sus amigos en el campo, en Antony, cerca de París. Un día, a la hora del almuerzo, todo el mundo busca en vano al poeta, que, por fin, llega tarde a la mesa ¿Dónde había estado? La Fontaine relata que había estado ocupado hasta el momento asistiendo al entierro de una hormiga, y cuenta a los invitados de la manera más deliciosa todos los detalles del entierro y el retorno de los acompañantes del duelo".

Es tan bonita que dan ganas de estropearla un poco.¿Qué tal si les confesara luego que él mismo había pisado a la hormiga para ver el espectáculo?.

También dan ganas de fabular a partir de la broma del cuervo ilustrado:

El cuervo no soltó el queso porque había leído a La Fontaine.... Pero al zorro le dio igual, porque él había leído a Esopo, y sabía que lo que realmente tenía que buscar un zorro zoológico como él era un cuervo iletrado con un trozo de carne.


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Miércoles.- Releo este libro de entrevistas a Monterroso.

Y tropiezo con la siguiente respuesta:

"Decir que una cigarra debe trabajar como una hormiga ha sido una tontería repetida durante siglos. La cigarra no cambiará. En todo caso, la que debería cambiar sería la hormiga".

Me pregunto si habrá inspirado esta escena.

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Jueves.- En este otro libro de entrevistas,

descubro que la famosa fábula de la rana y el escorpión de Mr. Arkadin es de origen ruso. Siempre pensé que era obra de Welles.

Comparo su versión con ésta que tengo anotada (ignoro la procedencia):

Una alacrán le pidió a un sapo que lo transportara hasta la otra orilla del río. El sapo temía al alacrán y le arrancó una promesa de que no le picaría. El alacrán juró fidelidad, pero justo en medio del río, el alacrán picó y mató al sapo. Hundiéndose, el sapo le preguntó: ¿Por qué lo has hecho? Mi muerte será la tuya. Y respondió el alacrán hundiéndose: Lo sé, pero no puedo evitarlo. Es mi carácter.
Y sale ganando claramente. En la de Welles no hay promesas ni juramentos, sino persuasión verbal:

No, respondió la rana, si te llevo en mi espalda podrías picarme y me ahogaría. Pero el escorpión replicó: ¿donde está la lógica? (los escorpiones siempre tratan de ser lógicos), si te pico tú morirás y yo me ahogaré. La rana se dejó convencer y aceptó que el escorpión subiera a su espalda...

No hay una objetividad completa, sino alternancia de ésta con la subjetividad del momento más dramático, contado desde dentro:

... pero justo en el medio del río la rana sintió un dolor terrible y comprendió que había recibido una picadura del escorpión.

Poder de la palabra más montaje más drama. Puro Welles.

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Viernes.- Leo las fábulas esopeas de Fedro, y me sorprenden algunas soluciones retóricas:

-Llama a una fábula protagonizada por dos calvos Un calvo y uno desprovisto de pelo;

-para expresar que Esopo era un viejo muy astuto dice que era de nariz sonada, o sea, sin mucosidades (que tenía olfato, vaya);

-un eunuco denomina a sus emasculados mellicitos los testigos de mi integridad.

También me sorprende la temática de algunas historias. Hay una zoofílica sobre unas ovejas que paren corderos con cabezas humanas. El sabio Esopo atribuye el prodigio !a la soltería de los pastores!.

Y hay otra abiertamente escatólogica en la que se cuenta cómo adquirieron los perros esa asquerosa costumbre de olerse el culo. Esta última me trae a la memoria a Bolt,

conectándose así en mi cabeza, por obra y gracia de los culos de los perros, los antiquísimos apólogos de griegos y latinos con las modernas y sofisticadas fábulas que hoy salen de la factoría Disney/Pixar.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

agos

agos dijo

ta asqueroso no me guto los que lo inventaron son unos p*** hijos de ****

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El arácnido de este blog teje su pequeña tela en una esquina de ese gran entramado de computadoras e hipervínculos que es la Internet. Espera que te solaces leyendo del mismo modo que él se solaza escribiendo palabras como "hipervínculo". Asimismo, te aconseja que no subestimes la importancia de la lectura. Está de acuerdo con Brodsky cuando dice: "Le será más difícil disparar a un semejante a quien ha leído a Dickens que a quien no lo ha leído". Y también con Eduardo Peñarrubia cuando dice: "Le será más difícil disparar a un semejante a quien no le ha quitado el seguro a su pistola que a quien sí se lo ha quitado".

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COSAS QUE PEÑARRUBIA APUNTA EN LOS PAPELES DE LOS CARAMELOS (Top five)

1. El pirómano, harto de su manía, se consumía buscando en su cabeza una salida de incendios.

2. En el verso de la mujer, el tacón de aguja es un adjetivo bien puesto.

3. La obra literaria debe enseñar deleitanto y deleitar enseñando. Como una estriptisera.

4. Yo, la vida, no se la deseo a nadie.

5. (Versos para una canción) Hay que amarse por encima/ de todas las cosas/ Por encima de la mesa/ y de la lavadora/ Hay que amarse con cuidado / de no tener hijos/ Aunque sería peor/ hacerlos por capricho.

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