24 May 2007

2 + 1 (de mayo)

Escrito por: arquitextos el 24 May 2007 - URL Permanente

Los fusilamientos del 3 de mayo es un cuadro universal. Goya lo pintó en la primavera de 1814 y, más allá de ser una veraz crónica del horror y el desastre de la Guerrade Independencia española, supone una cruenta reflexión sobre laheroica resistencia de los ciudadanos del Madrid de principios del s.XIX. En el cuadro, soldados franceses se disponen a fusilar a un hombrecapturado en la insurrección de 1808. Pero los que apuntan no llevan eluniforme que vestían durante la sublevación, y los rostros de losfusilados se desdibujan en una misteriosa mancha de luz. Es todosimbólico.

Duranteaquellos días de 1808, los ciudadanos madrileños se organizaron enpartidas de barrio y, guiados por la experiencia de los únicos dosmilitares españoles que abandonaron el cuartel para apoyar la causa,intentaron expulsar a los soldados franceses de la ciudad. Los doshéroes eran Luís Daoíz y Pedro Velarde, cuyos apellidos dan nombre ados calles de la capital. La del segundo desemboca en la plaza del Dosde Mayo, y ambas se encuentran en Malasaña, un barrio cuyas fiestaspopulares conmemoran lo sucedido en aquellos días de primavera y cuyonombre rinde honor a Manuela, la heroína más famosa de aquel episodio.

Casidos siglos después, en Madrid no hay insurrectos ni tropas invasoras.Por supuesto, ya no hay ejecuciones, y los únicos uniformes que se venpor la calle son los de la Policía. En doscientos años, la ciudad ha pasado por el ambiente literario de las vanguardias, la desolación de la Guerra Civil,la austeridad del franquismo y la experimentación de los años 80. Y entodos esos momentos, Malasaña y su epicentro, la plaza del Dos de Mayo,con su estatua en honor a Daoíz y Velarde, fueron protagonistas.

Comoes de suponer, las fiestas de Malasaña tienen lugar el segundo día demayo de cada año. Cada año hasta este, en el que el Ayuntamiento deMadrid denegó -alegando los posibles disturbios queluego se desataron- la posibilidad de celebrar las fiestas, y seaseguró de hacer cumplir su prohibición con un despliegue policialinmenso.

Dicemi abuela que antes todo tenía sentido. Y tiene razón. Porque hace unosdías, por las calles de Malasaña, los que tiraban contenedores noreivindicaban nada, los que corrían no sabían por qué lo hacían, losque les disparaban pelotas de goma lo hacían sin medida y el que mandóprohibir las fiestas no sabía muy bien por qué lo había hecho.

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