16 Mar 2008
RETAZOS DE LA MEMORIA
Retazos de la memoria
UNO
Hoy se cumplen cuatro años del los atentados islamistas de Madrid. Hoy es 11 de marzo. Día de la tragedia. Como hoy, de marzo.
No hay tragedia grande ni pequeña. Hay tragedia, simplemente.
Y hoy, para conmemorar el dolor, han puesto en todas las estaciones del Metro y los trenes de cercanías sendos grupos de vigilantes armados. Agentes secretos. Perros amaestrados que huelen la tragedia mejor que los humanos.
De tal manera que, hoy no han podido saltar los controles de acceso al suburbano los portadores de pequeñas tragedias, los que no tienen con qué comprar el billete, su gran tragedia. Yo no he podré llegar a tiempo a la reunión de trabajo. Me he visto obligado a rondar esta estación. Los guardias y los perros se despistan. Es el momento de transgredir la fe pública de esta noble España.
Una tragedia se puede vivir de dos maneras: como víctima o como héroe. Las víctimas siguen el camino fácil: no contentos con la suya, reclaman más tragedia. Y para eso se asocian, se programan, se acechan ellos mimos. Los héroes siguen el camino contrario: El sacrifico suyo o ajeno lo ponen a disposición de aquellos que no quieren más dolor. No para que preparen la otra mejilla, sino para desactivar toda tragedia potencial.
Desde hace mucho he llegado a la conclusión de que llevo una esperanza en el pecho. Pero no. No es una esperanza. Es una inmensa tragedia. Lo que no me queda claro es cómo debo vivir esta tragedia: como héroe o como víctima, aunque siempre, en el fondo, son lo mismo.
La noche gotea, gotea. Enfrascada en una botella de hospital donde el suero del insomnio gotea, gotea…otra vez y otra vez…
Y todo lo vivido, todo lo sufrido, todo lo gozado se diluye en el suero de hospital que alimenta la noche cuando el recuerdo del último beso arde a fuego lento en el centro del corazón regado en toda la periferia del vivir.
Así, dormidos, nos olvidamos de inventar nuevas palabras, nuevas frases que puedan distraer al tiempo con un soplo de luz. Es por eso que el tiempo se traga nuestra realidad y nos la devuelve en forma de sueño, liberados para siempre del odioso y dispendioso ejercicio de pensar. Nos la devuelve en forma de bagazo.
Y sin embargo nos queda fuerzas para condenar. Para sacrificarnos. Para amar. Nos quedan fuerzas para no pagar las facturas del pasado y empeñar el futuro que jamás ha existido.
Valiente labor la nuestra. Liberados del molesto oficio de rumiar el bagazo de la realidad nos asimilamos a la “Gran Costumbre”, a esa que el tiempo arrastra junto a la hojarasca que viene de otro cielo, u otro infierno, donde el sistema quema vivos a aquellos que se atreven a escribir una invitación y ofrecerle un lecho, un techo y una cena al tiempo que nos asedia por delante y por detrás y nos deje, al menos un momento, vivir un poco más al fondo. Nos deje ser un algo diferentes. Un metro más humano.
CUATRO
Ahí estarán los hijos, los que se fueron y nunca vendrán, los que llegaron y los que se quedaron. Sé que vendrás a recoger tu alma. Y yo estaré allí para festejar la existencia, la palabra empeñada, el verso que llevo dentro de tu nombre.
CINCO
Si el martes pasado, es decir, ayer, me hubiera dolido el corazón, como hoy, tal vez, digo yo, podría haber sido distinto. Hoy sentí la pedrada en el centro del charco. Se hizo un coagulo a lo largo y ancho de la garganta. Si hubiera sido ayer, o mañana, no habría sido igual. Fue hoy, y eso le da un color distinto, un aliento más grande, un centímetro más cerca.
Hay una mujer que tira las piedras, noche y día, sin descanso. Ha venido para eso. Toma las piedras y las lanza al charco. Las ondas concéntricas salpican todo mi cuerpo: los pelos y las uñas, el corazón y sus huecos milenarios.
Lo que más me asombra de todos los asombros, es que la tiradora de piedras a mi charca, siempre recoge las piedras de un montón que, probablemente, yo mismo he puesto al alance de su mano. Y eso duele más que ayer, más que mañana. Duele como hoy.
Sólo el silencio puede pronunciarte del tamaño que yo te conozco. Sólo el silencio tiene la herencia necesaria de nunca haber nacido en el ocre pasado del futuro y de estar aquí, donde siempre me dueles.
Cuando me vaya, si es que algún día te vas, y mi presencia y tu ausencia se queden para siempre en las cosas que se van, el circulo habrá cerrado su camino por donde nunca se fue.
Nosotros, los de entonces, habremos roto las palabras precisas e incendiado el silencio con que tanto gritamos pidiendo que no se vayan los abrazos y los besos aunque los brazos y los labios se hayan quemado en el incendio.
Cuando te vayas, si es que algún día me voy, tu presencia y mi ausencia pastaran en la misma orilla donde nuestros hijos cenan su sena matinal.
Sobre este blog
Pradolima
Arturo Prado LimaUn campo de prueba. Desde HOY intentaré que sea eso: un campo de prueba literario y de opinión. Más de lo primero que de lo segundo, porque los segundo està implicito en lo primero.
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
luis luque lucas dijo
Arturo:
Decir que has mejorado tu prosa poética sería un improperio, porque lo excelente no pide mejorías. Me encantan tus textos. Como soy un maniático de la edición, editaría algunos textos, en el sentido de quitarle una que otra palabra o frase, pero uno siempre dice mal afirmando '"yo haría" porque uno hace lo suyo y no tiene ningún derecho de hacer lo que ha hecho otro.
Me queda pendiente, eso sí, el café en Madrid contigo.
Un abrazo poeta.
lola dijo
Me has dejado impresionada ..brillante texto Arturo ...emotivo , ..!como cala! ...a mi la prosa poética es me fascina ...es el género literario que más me gusta ...Una maravilla ...te felicito ..
besos amigo
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