28 Jun 2009

ESCRIBIR SOBRE TU CUERPO CON LA LENGUA

Escrito por: Arturo Prado Lima el 28 Jun 2009 - URL Permanente

ESCRIBIR SOBRE TU CUERPO CON LA LENGUA

Déjame, cariño, escribir sobre tu cuerpo

con la lengua

los versos que cayeron al sacudir la ropa

ya siempre fuera de tu piel.

Escribir con la lengua, con el peso del silencio

aglutinado en los labios

y con una mano, mientras la otra se adentra

en la humeda floresta donde se enconde Dios,

borrar los poemas para empezar de nuevo,

desde la palabra más bella

hasta el recuerdo final del universo entero,

desde la boca al cielo, desde la nuca al dedo mayor

de los dos pies sobre la tierra.

Déjame, Amor, traducir el ruido de los ríos subterráneos

de tu cuerpo en sendas notas musicales

donde se adromescan los oidos miesntras te amo

y me disuelvo en tu bajo vientre

como si fuera la conciencia de una realidad

aun no revelada.

12 Jun 2009

Alguien vela la metafora universal de tu nombre

Escrito por: Arturo Prado Lima el 12 Jun 2009 - URL Permanente

Alguien vela la metafora universal

de tu nombre

En el fondo de tus ojos ibéricos

alguien vela la metáfora inerte

de la sustancia universal

de tu nombre.

Gentes de todos los estilos

deslfilan por los mortuorios faros

cuya luz iluminó

los rincones más oscuros del sur.

Las metáforas tienen su propio abismo

y sus propios túneles por donde trascender.

Las que ayer murieron en tus ojos

pudren sus escombros

para asistir al otro nacimiento de la luz

desde dabajo de la piedras del tiempo.

Y la rueda sugue atrapada en los talones

cuya edad milenaria soportó

los engambres líricos de mi loca errancia.

Todas mis metaforas

mordieron el polvo de la derrota creadodora

que es la que me devuelve el corazón

a la hora de tu ausencia.

25 May 2009

LA EDAD DE DIOS CABE EN EL PORO MAS BLANDO

Escrito por: Arturo Prado Lima el 25 May 2009 - URL Permanente

LA EDAD DE DIOS CABE EN EL PORO MAS BLANDO

Yo tuve una patria chica: tus besos.

Y una Patria grande: la nostalgia de esos labios

en cuyos humedales celestes naufrago

la primera piedra que encontré en tus manos.

Antes, yo creía que la piedras, los difuntos, los paises,

tus rodillas y tus pechos eran pedazos dispersos

de otras patrias perdidas en la galaxia de la piel,

y que sus muertes sucesivas

nacían después de cada parto en el otro extremo

del corazón.

Después supe que la edad de Dios

cabe en el poro más blando de tu lengua dichosa,

y que la muerte tiene su condición de vida

en tus rodillas eternas donde tengo mi patria.

SUBIR HACIA TU CUMBRE LACTEA

Allá, debajo del tiempo está la tierra,

el hogar del aire.

Yo me he subido a tus pechos para verla.

Desde aquí puedo ver el tamaño de tu vientre

con esa inmensidad cuya lejanía lastima.

Puedo ver el tamaño que quema,

la belleza que arde en la lengua y los ojos.

Eso es.

Pero a tí no puedo verte,

eres más grande que la grandeza,

de esa grandeza que duele

en la distancia y en las manos.

Yo subí desde los pies hasta esta cumbre láctea

a conocer la infinitud del grito apagado en otros suelos

donde el silencio estalla a gritos

cuando los tacones de tus zapatos

se pierden en el patio que se va.

24 Dic 2008

AQUEL ESCONDITE, TAN BELLO, TAN INUTIL...

Escrito por: Arturo Prado Lima el 24 Dic 2008 - URL Permanente


AQUEL ESCONDITE, TAN BELLO, TAN INUTIL...

Después del golpe, me escondí en la última costilla de Dios, del lado femenino de su verbo, y desde allí, bajo la medula eterna de sus carnes, puse el dolor a saciar la hambruna de mi amor.

Inútil escondite aquel, donde el cobarde asume sus antiguos sueños mientras la herencia mundial del primer beso se desportilla en las espaldas de todo lo vivido.

De todo lo sufrido.

De todo lo callado.

Y Dios, bajo cuya edad misericordiosa creció la rosa cósmica que alegre y despojado del nombre y la razón te entregue la noche de tu amor, juntó tu principio con mi fin y me dio a cargar todo tu peso mineral y a beber el agua de tus años en un cuenco vacío.

Había en aquel sitio un basto vacío sin bautizar aun. Y lo sufrían las fechas, los hijos, los cuadernos, la familia herida.

Y las plegarias se rompían antes de llegar a la costilla más tierna, al escondite inútil: edad de golpes que el destino blasfema.

Aun sigo escondido en la última costilla de Dios, en su lado más mío, en tanto reuno los pedazos de mi edad efímera en el mañana que ya no llegara jamás.

II

Todavía recuerdo ese mensaje e el teléfono móvil. Aquel pesebre ardiendo. Aquellas puertas blancas. Aquel Belén de luces iluminando las siete caídas capitales del hombre. Y ese ataque tuyo por haber encendido un cigarrillo encima de aquel terremoto universal.

Aun siento el peso del mundo cayendo de su cruz, las aldabas rotas, las llaves extraviadas, la esquina de la casa lanzando sus anclas hacia el cielo.

Todavía me duele la sonrisa del niño que no pude acompañar; la historia insurrecta de todo lo saciado. Y ese primer día de la novena de aguinaldo y su pascua fallida por la que tendré que partir hacia otra orilla.

III

Aquella tarde de diciembre subida en tus hombros. Aquel cabello desnudo al fondo del cuello y la historia de los pueblos. Esos verdes ojos al otro lado de de ti como luz de otros tiempos calcinados, como versos mirando hacia otra parte, esa amargura solícita y salmuera del pasado sin pausa.

Ese fuego de muslos a lo lejos trasformados en fugases pelotones de fusilamiento. Un disparo, una herida, un nacimiento. De nada sirvió el escondite en la última costilla de Dios. A fuerza de todo lo gozado y todo lo añorado, aquella tarde de disparos al blanco negro de nuestras almas errantes, hube de crucificar otros versos en la cruz de un niño Jesús ya envejecido.

IV

Ya no madrugare a arrancar versos de tu piel de leche. Ya no volveré a sembrar más poemas en la semilla oculta de tu boca. Y eso ha de dolerme aun, más temprano, más muro, más simiente.

Se enfriaran, acaso al final de los años, los universos que fundamos en otros lechos a ras de tierra, aire, agua y fuego, del otro del mar y de este lado del mundo. Con ello todos habremos perdido un poco más. Un poco menos. Tú sentirás el peso de los versos que nadie los cortará ya de tu cuerpo. Los versos se morirán sin que nadie haya visto su fraternal belleza.

Los que disfrutaron de esos versos agridulces también te perderán. Te perderemos todos como fuente de poesía, si ya no te hemos perdido para siempre. La humanidad se quedará sin ti.

Y yo. La otra paciencia. La otra herida. El bostezo nocturno. El guerrero unilateral. El fuego ardiendo.

Entonces quizás, la pena haya pasado, un poco más a la altura de los tiempos. Un poco más azul. Un poco más gentil.

V

A veces si. A veces no. A veces nunca. Será un pretexto tal vez. Los años. La costumbre. La razón. El recuerdo calcinado a la orilla del pecho. Lo cierto es que siento un cristo atravesado de la garganta al pecho cuando se acerca, inevitable, rauda, la hora de partir.

Bajan culebras ardiendo, feroces, inquietas, por los antiguos cementerios que abundan en los huesos y la sangre.

Cómo se abren las tumbas clausuradas en la clara memoria de los siglos. Y entre el nunca y el amor, las culebras y el pretexto, el parto de la ausencia es más azul.

VI

Decir adiós. Levantar la ligera maleta llena de caminos, revistas oxidadas, recuerdos mal planchados y camisas arrugadas. Llevar la fe descalza. La pena y sus coágulos de sangre. La indiferencia tuya, tu fiesta, la plegaria peregrina sin hogar ni patria.

Así será. No habrá por ahora un sitio donde ir. Un lugar donde llegar. De todos los sitios del mundo tengo que partir. Cruzar los puentes, las orillas, los anillos de vivir la redondez del tiempo.

Sí, ya lo sé. Seguirá tu fiesta, tu meta conseguida, tu altura predilecta. Y seguirán los mimos puentes, las mismas avenidas, el mismo ascensor para llegar al 3 – A. El mismo amarillo apatrida en el oro de tu pelo. El único que se habrá ido seré yo.

VII

Y cuando haya cruzado la puerta, cuando se vayan mis miserias a otro lado, la cobardía luchará para no ver hacia atrás. Que mis hijos, entonces, traigan el agua, la sed, los sacramentos. Que solo ellos acudan al país portátil que llevo en la maleta a ver como la herida se vuelve corazón.

28 Sep 2008

LAS NOCHES QUE ARDIAN EN TU CUERPO

Escrito por: Arturo Prado Lima el 28 Sep 2008 - URL Permanente

Cuantas noches amontonadas en tus labios ardieron en silencio cuya sombra de luz cubrió el sendero que va del corazón hasta la boca. Llamas iluminadas por el brillo de tus ojos e inquietas por la fatiga de la lengua y el eterno quejido de la carne.

De aquellas noches históricas del sur aun se alimentan antiguos animales silvestres que pasan ladrando por los huesos en las noches de luna y mastican las nostalgias entre las cenizas del incendio.

Aquellas viejas cenicientas que aun pernogtan por los brazos y los muslos, la garganta y el hombligo, me traen sus aromas sodiacales a las tres de la tarde, y en aquellos mares carbonizados en el interior de los pechos aun crecen diosas fundidas en el fuego de los besos.

Hoy, puesto un oceáno de por medio, un cementerio de sueños y la firma de un notario, aquel fuego de las noches que ardieron en tu cuerpo de antiguoa rebelada,

es el mismo fuego conque fundo las palabras con que vengo a recordarte entre las llamas de estas noches que aun ardes en mi cuenrpo.

02 Sep 2008

La metafora ha muerto

Escrito por: Arturo Prado Lima el 02 Sep 2008 - URL Permanente

La metáfora ha muerto. Ahora eres tú la medida del universo. El peso de la palabra. El color de toda semejanza y todo barro pensativo. Puesto que eres el todo y la parte del todo, ya nada es comparable con tus ojos, con tu andar, con tus muslos dolorosos a la hora que la nostalgia se derrite entre la ausencia y la tierra que pisas. Ahora el universo está dentro de tu boca, y la boca es la parte irremediable del universo que sostenemos en las manos. Amor, la matáfora ha muerto.

30 Ago 2008

EL FILO UNIVERSAL DEL MUNDO

Escrito por: Arturo Prado Lima el 30 Ago 2008 - URL Permanente

Anoche te esperé en el filo

del abismo universal

para que me dijeras en qué parte

de tu lengua escondes el mar Maditerráneo,

dónde se pierden los buques

nostálgicos del alma.

Para que me digas en qué sitio de tí

tiene Dios su habitación

para ir a distraer la soledad humana.

Para que me digas en qué lugar

de tus manos, sembré yo alguna vez

la memoria de todos mis anhelos.

Para que me digas en qué punto de tu cuerpo

estás tú, y de esa manera,

no vagar por otros mundos

buscando el verde oliva de tus ojos.

Para que me digas, en fin,

en qué parte de tí guardas el recuerdo

de mis batallas perdidas,

de mi estatura azul.

Pero no llegaste.

Esta noche no lloverá en el filo universal del mundo.

20 Ago 2008

EL COLOR DEL CORAZON

Escrito por: Arturo Prado Lima el 20 Ago 2008 - URL Permanente

1

Sácame esta pena del alma, de los huesos, de la carne.

Del arriba y del abajo, del indomable amor.

De la costumbre misma de quererte.

Sácame esta pena amor y yo te daré el olvido

que has buscado en mis ojos

y en mi noble vivir.

2

Vengo de tus cejas a verte partir todas las tardes.

Vengo roto de vértebras y corazón,

y acosado por un ejército enemigo

que yo mismo inventé.

Vengo a verte partir de mis labios rotos

desde el abismo más alto

cuya hondura nunca abarcó todo mi mundo.

3

Ya ves, llevo tu estatura atravesada en la lengua

y el color del corazón adherido a las cejas;

y para eso ya no habrá herida que cure nuestras causas

ni consecuencia alguna que asuma la totalidad de tu ausencia.

Nunca te pude arrancar de mis labios hambrientos.

Tus azotes y espinas no pudieron arrancarte.

Tu ternura insular fue más fuerte que tu cruz.

Al final, cuando el olvido se haya hecho carne derramada,

el que habrá partido seré yo.

15 Ago 2008

Quitale las enaguas a la lengua

Escrito por: Arturo Prado Lima el 15 Ago 2008 - URL Permanente

QUITALE LAS ENAGUAS A LA LENGUA

Esta vez te lo dire de frente, amor:

Esta noche, cuando el mundo se vaya a dormir y deje el corazón al borde de los sueños, tú, como en los mejores tiempos de cualquier vendimia, desnuda tus labios mujeriles, quitales el rojo del labial, el tic tac diario de las normas que prihiben la desnudez a la interperie y asomate al precipicio de mi boca.

Quitale las enaguas a la lengua y dèjala vagar por el invierno de m i amor.

Sácale el ruido al corazón y deja solo su ladrido solitario descanzando en el vientre.

Quitale toda distancia y toda prisa a la respiración y esparcela en la piel donde navega Dios aturdido entre el pubis y los muslos.

Y aun así, Nubia, nos quedaran las manos libres para volver a intentarlo otra vez.

Pero hazlo esta noche, corazón.

01 Jun 2008

DE COMO TE PARE UN POEMA

Escrito por: Arturo Prado Lima el 01 Jun 2008 - URL Permanente

TE QUITE AL EDAD, LA ESTATURA, EL PORVENIR...

Hubo un día en que te quite la edad, la estatura, el povenir, la filosofía y la moral también. La prehistoria de los sueños y la historia de cada palabra pronunciada. Pensé que eras el resumen de todo camino que, ya salido del caos cósmico, se dirigía a la llanura petretérita de Dios.

Si, hubo ese día. Fue cuando e preguntaste cúal es el limite de la poesía. En el mundo llovía y la ropa mojada era parte del alma. La poesía empieza más allá del límite. El límite no está en el más allá. Está en el más acá del corazón. Cuando el límite está al principio, todo lo demás está a tu alcance.

Por eso pude quitarte la edad, la estatura, el porvenir, la filosofía y la moral y dejarte desnuda, a la interperie, como el poema que nunca pude escribir.

DE COMO TE PARE UN POEMA

Los versos sulen parirte todas las tardes con esa aura del día en que te despojé de la estatura y la edad. Suelen hacerlo así, derrepente, dentro de aquellos vacíos universales donde las palabras hacen el amor con los brazos abiertos y despojadas hasta de su desnudez pasionaria. Hoy había un verso preñado de tí vagando en los asientos vacíos del tren. Alguien lo dejó. Buscó entre los pasajeros un partero. No lo encontró. Y como no lo encontró, otra vez, tuvo que parirte en mi alma. Menos mal, porque cuando el poema se pierde, vivo con la sensación de haberlo asesinado.

CUANDO TU CABELLO HAYA CRECIDO

Cuando tu cabello haya crecido, lo suficiente y lo bastante, el rostro de toda mujer sobre la tierra habrá cambiado, solememente,y la poesía se habrá hecho más vasta y hasta depronto más triste cuando sale de la fuente primaria de tus ojos.

Probablemente todo siga igual: los puentes, los inviernos, las estaciones de los trenes, las arrugas del corazón.

Pero será una igualdad diferente, diferentes los años, los hijos, las miserias permanentes y los tributos esenciales.

Cuando tu cabello haya crecido, lo suficiente y lo bastante, sobre la poesía, por fin, amanecerá lloviendo tu fina cabellera, y su humedad femenina mojará con su suspenso y su fondo el sitio inagural donde siempre te espero.

Cuando tu cabello haya crecido, lo suficiente y lo bastante, cada pelo será un poema diferente y, creéme, no me alcanzará la vida para escribirlos todos, uno a uno, de principio a fin.

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Un campo de prueba. Desde HOY intentaré que sea eso: un campo de prueba literario y de opinión. Más de lo primero que de lo segundo, porque los segundo està implicito en lo primero.

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