Me dirijo a usted a raíz de un episodio desagradable que me tocó pasar. Hace unos días, dos vecinas de mi barrio decidieron mandar a la perrera a un Collie o “Lassie” que hacía algunos meses ellas alimentaban en sus veredas, con lo cual el perro siempre se iba a quedar en ese lugar. De repente, parece que se dieron cuenta que les afeaba las veredas y tomaron tal determinación.
Cuando me entero, por la tarde, llamo a Higiene Urbana y me contestan que efectivamente, ellos tenían al perro porque atacaba a los niños, hecho que no es real, por el contrario, el perro jugaba con ellos.
Ante esta circunstancia, les pedí que lo tuvieran un par de días a su cuidado mientras le buscaba ubicación. Así lo hice, y el martes a primera hora de tarde concurro a buscarlo. Cuando llegué al lugar, comenzó una odisea.
ABANDONO
Primero, no había quién me atendiera, tardé varios minutos en despertar al empleado que dormía su siesta en un auto Polo azul, para que me dijera quién me podía atender. Mientras, observé el mal estado de lo que queda del techo de la guardería canina, donde gran parte de los perros estaban al rayo del sol.
Cuando conseguí que me atendieran, con estupor escucho que el señor encargado me dice “...pero a las cinco o seis de la tarde ya les da la sombra”; yo me pregunté, de las 12 a las 6 de la tarde, qué hacen estos animales.
LO HABÍAN MATADO
Cuando pregunté por “Cacho”, el perro que iba a buscar, me contestan “se murió el domingo. Lo dejamos aparte con dos perros buenos pero igual lo atacaron y como no tenía ni dientes y lo viejo que estaba, se murió”.
Ante mi estupor por la frialdad de la explicación, no pedí más, porque por aclarar, oscurecen. Cuando me mostraron la celda, justo una de las que reciben pleno sol, pensé: qué perro puede resistir, seguramente herido, ese calvario.
Señor director: yo no pertenezco a ninguna entidad protectora de animales, pero siento que cuando ayudo a alguien, ya sea humano o de otra especie, creo que le estoy dando una mano al de Allá Arriba (más vale mil manos haciendo que mil labios rezando), que por algo nos puso en este mundo.
Hoy, me siento dolida por lo que ha pasado, extrañando el saludo de Cacho y preocupada por la suerte que corren esos animalitos sometidos a tanto sufrimiento.
Griselda Reyes
Trenque Lauquen