11 Oct 2008

La magia de Luis Sepúlveda nos trae "La lámpara de Aladino"

Escrito por: Yolanda Barambio Checa (Periodista) el 11 Oct 2008 - URL Permanente

Luis Sepúlveda habla como escribe, contando historias llenas de ese algo inherente al alma humana que lo hace único; delante de él, te das cuenta de que no va de farol, que lo que escribe es él. Me fui sabiendo, ahora sí, que me encontré delante de uno de los grandes de la literatura de habla hispana, amigo de mis admirados Benedetti y García Márquez, por algo será. Sepúlveda engancha con su verbo lleno de verdades. Sólo una hora bastó para que este hombre, en principio tímido, consiguiera conquistarme en el mejor de los sentidos, una hora que pasó ligera y que me hizo sentir en muchos momentos pequeña, por medir mis fuerzas, y al mismo tiempo, grande y especial, por tener el privilegio de disfrutar, de vez en cuando, de conversaciones tan interesantes con la vida. Un placer mayúsculo que se prolonga con la lectura de su libro de relatos, La lámpara de Aladino (Tusquets Editores), repleto de homenajes, colmado de momentos y personas importantes de la vida del autor, que ha querido unirlos en la metáfora de la fortuna. Un azar incierto, magnífico, como su autor. La entrevista no hace honor al potencial de Sepúlveda como escritor y como persona; lo peor que le puede pasar a un periodista es salir de una entrevista con la impotencia de saber que nunca sabrá plasmar esa magia, nunca podrá abarcar esa magnitud, nunca podrá transmitir esa sensación de vida con su prosa. Esto no es sino una humilde muestra.

¿La lámpara de Aladino qué es para ti?

Es una metáfora de ese anhelo por el golpe de fortuna o porque la fortuna se ponga alguna vez de parte tuya, de tu lado, pero al mismo tiempo es como una paradoja terrible y es que la fortuna te puede ocasionar a veces más problemas de los que tenías, te puede cambiar la vida para mal o simplemente que se equivocó de destinatario, que estaba destinada a otra persona y no a ti.

¿Cómo el primer relato?

No era para él aquello, no deja de ser una metáfora.

¿Cuál es el nexo de unión del libro?

La paradoja de la fortuna, no saber si realmente te va a beneficiar como te esperabas o te va a complicar más la vida.

¿Cómo encuentras esos personajes?

He viajado mucho por esa región de la Patagonia y conozco la cabaña esa, que existe. La primera vez que llegué allí me llevé una sorpresa, porque en este lugar, cuando dos personas se saludan y no se conocen, se dicen los apellidos antes de decir “buenos días”. Yo iba con un amigo argentino, y cuando nos encontramos con esa cabaña, y un anciano vino caminando hacia mí, me tendió la mano y me dijo “Sepúlveda” y yo le dije “Sepúlveda”…y se llamaba, y espero que se siga llamando, Aladino Sepúlveda, que era ocupante ilegal de esa cabaña. Se me quedó ese personaje y me dije que tenía que ser personaje alguna vez de algún relato, porque me encanta. Vivía allí con una caterva de gente y me asombró mucho; por ejemplo, le pregunté si todos eran parientes suyos, y me dijo: “hijos, yo me acuerdo de veinte, ¡vaya usted a saber!”. Todos son personajes que me he ido encontrando por el camino y he querido mantenerlos en el corazón.

Además, son cuentos que tocan todos los temas esenciales de la vida, como la historia del amor intermitente

Esta es muy personal porque tienen mucho que ver con mi vida, no ocurrió precisamente así, pero yo me casé con una mujer cuando los dos éramos muy jóvenes, luego nos separamos y tuvimos una serie de reencuentros en plan amigos, yo pasé a ser de ex-marido al hermano mayor, el protector, cada uno rehizo su vida y cada uno volvió a deshacer su vida y nos volvimos a reencontrar cuando ya estábamos maduros para convivir juntos. Quería contar esa historia, dándole una técnica más literaria y muy fiel a todos esos años, a lo que pasó con la que ahora es mi mujer.

¿Y después de cuánto tiempo?

Después de 20 años y muchos hijos.

También tiene parte de literatura fantástica, como la historia del Carnaval de Brasil

Lo que es interesante del relato es el cambio de registro, pero ese relato también se inscribe en la paradoja de la fortuna, el bien que te puede llegar de golpe puede ser también el mal, una mala fortuna, y la muerte se incluye dentro de los golpes que te pueden llegar, en este caso, esa muerte está representada por esa mulata que está en tantos lugares diferentes, que te hace pensar que hay una ruleta funcionando siempre en la que tu mismo te vas a ver algún día dentro.

¿Cuántos homenajes contiene La lámpara de Aladino?

Todos los relatos están dedicados a alguien que ha sido importante en mi vida, o que es importante en mi vida, desde gente que he encontrado en el camino, a gente que es muy cercana a mí. Un libro de relatos es un reto para el escritor, no hay género más difícil, te muestras como tal en el relato, y es muy justo que cada relato esté dedicado a una persona que ha tenido que ver incluso con él.

¿Te lo planteaste desde el principio como un homenaje o es algo que se ha madurado con el tiempo?

Con el tiempo los relatos los vas escribiendo, van quedando, los vas guardando, sabes que alguna vez vas hacer un libro con ellos y en un momento determinado, cuando tenía ya una serie de relatos me lo planteé, pero si hay algo más difícil que escribirlos, es seleccionarlos para hacer que el libro tenga un sentido; podía haber sido un libro de cuentos gordo pero no entraba, rompía la unidad que yo tenía en la cabeza, ese nexo.

¿Publicará los que han quedado fuera?

Sí, posiblemente publicaré más relatos. De los 18 libros que he publicado este es el 4º de relatos y el más difícil fue el que publiqué hace siete años, que yo lo ordenaba, lo reordenaba y nunca terminaba de conseguir el orden que necesitaba y ahí me echó aún mano mi editora, que me dijo; “yo creo que el orden que hiciste está bien pero te voy a cambiar los bloques”, y me di cuenta de que tenía toda la razón pero yo no habría llegado a esa solución jamás solo.

La novela es más fácil porque cuando escribes una novela estás dedicado a un proyecto determinado, toda la novela está llena de trucos, si escribes un capítulo flojo sabes que con el siguiente lo tienes que enderezar, pero el cuento sale o no, es muy espontáneo, el relato es hablar, evidentemente, los años de circo están presentes, pero si pierdes lo espontáneo, por muy trabajado que esté, se nota que le falta lo espontáneo. Yo tengo dos grandes autores de libros de relatos, uno es Cortázar, evidentemente, y el otro es Eduardo Blancoamor, que tenía una genialidad que se instalaba en el punto de observación de las cosas, era inapelable, indiscutible ese extraño lugar que elegía para mirar, reír y contar. Entonces a mí se me ha quedado mucho eso de mantener la espontaneidad. Otro gran escritor de relatos es Manuel Rivas.

¿Piensas que te queda algo por hacer?

Me lo tomo como parte de mi historia de escritos, ahora estoy retocando un libro de viajes que es un género que me encanta y estoy muy avanzado en una novela y me queda mucho rato todavía; mientras el cuerpo acompañe, seguiré ahí.

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