17 Mar 2008
El mal absoluto
Una periodista de
Muñoz que consiguió con esta novela el XI Premio de Novel a Ciudad de Badajoz, nos conduce con un lenguaje preciso y claro, hasta la posición de juez y parte, haciéndonos reflexionar sobre la condición humana y metiéndonos en la piel de los asesinos.
¿Cómo surgió la idea del libro?
Es una mezcla curiosa, yo era un escritor precoz, la primera novela la escribí a los nueve años y con diez años escribí mi segunda novela que curiosamente se llamaba Auswitch, cuarenta años después retomé el tema de una manera muy anecdótica, viendo un programa de
¿Cómo consigue no tomar partido ni por las víctimas, ni por los verdugos en la novela?
Eso es lo importante, he tenido que hacer un esfuerzo gigantesco pero lo que odio en literatura es el maniqueísmo, creo que tiene que ser el lector el que tome partido y yo tengo que mantenerme al margen. Un poco mi voz en la novela puede ser la de la periodista que se siente horrorizada por lo que va descubriendo, se siente horrorizada por la complicidad de la sociedad alemana de aquella época. Pero recuerdo perfectamente, el capítulo cuando entrevista al oficial de las SSS, Gunter Meissner, mucha gente me ha dicho que parecía que estuviese a favor del nazismo porque casi lo justificaba en ese capítulo, prácticamente se convence al lector, el personaje razona una y otra vez y casi se llega a comprender el nazismo. Es meterse en la piel de la sociedad alemana de la época, para eso hay que hacer un esfuerzo muy grande, para el que también me ha ayudado mucho haber escrito novela negra, te tienes que meter en la piel de los asesinos para intentar comprenderlos.
¿Cómo explicas que se sigan repitiendo los ejemplos de asesinatos en serie, como en el nazismo?
Creo que dentro del ser humano hay una dualidad del bien y del mal y ese mal lo tenemos reprimido, un instinto salvaje que tenemos la especie humana reprimido, por las normas sociales, por las leyes, pero en un momento determinado se levanta la veda, y mucha gente se lo toma de forma entusiástica y dan rienda suelta a esa parte salvaje. Igual que pasó en Yugoslavia. Esta novela es una reflexión sobre el mal, sobre el mal de la condición humana. Y decir que el Holocausto es una falacia que fue una estrategia de la elite dirigente del partido nazi, de un loco que se llamaba Hitler, es equivocarse. El Holocausto fue una empresa en la que participó un país entero, los constructores que construyeron los campos de exterminio que sabían para lo que era, los que proporcionaron en gas Ciclón, un matarratas potentísimo, que también sabían para lo que era; los que explotaron los esclavos judíos; todas las empresas alemanas sobrevivieron al nazismo y explotaron hasta la muerte a millones de seres humanos. Hasta el punto de que los uniformes maravillosos de las SS estaban diseñados por Hugo Boss. En esta barbarie participó prácticamente todo el país, de una manera o de otra.
Otra curiosidad, es que leyendo tu libro te das cuenta de que el nazismo fue una máquina de crear psicópatas, en ambas filas, en las de los verdugos, indiscutiblemente, pero también entre las víctimas…
Hay que tener en cuenta que las SS eran implacables, habían pasado por un proceso de entrenamiento que se iniciaba en las juventudes hitlerianas, a los 12 años, se los llevaban al campo, donde les hacían aguantar todo tipo de sufrimiento e infringirlo a los demás y cuando esas generaciones llegaban al ejército se convierten en una máquina de arrasar, hicieron toda clase de barbaridades, 20 millones de muertos en los campos de exterminio. Además, es curioso que la operación se vivía como una gran empresa de destrucción porque estaban estresados porque no les daba tiempo de matar a tanta gente y cuándo apareció el matarratas potentísimo, Ciclón, fue una bendición porque era una forma rápida y muy cómoda de matar en masa y relajarse un poco. Se llegaban a exterminar hasta 20.000 víctimas en un solo día, lo anotaban todo, los nombres, las personas que mataban al día…
Es espantoso, incluso el papel de las enfermeras nazis, que tenían hijos y no dudaban, ni se inmutaban cuando nada más nacer los hijos de las mujeres del campo los ahogaban en un cubo de agua. Es muy difícil de comprender.
Y después de todo, ellos están intentando repetir lo mismo en Palestina.
Eso es lo que pasa, el niño maltratado se convierte en maltratador de mayor. ¿El hombre ha aprendido de la historia? Está claro que no ha aprendido nada.
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1 comentario Escribe tu comentario
carlos dijo
Debemos recordar la historia para no repetirla. Aunque discrepo del autor en que por mucho que lo pretenda al final siempre se adopta un punto de vista. El hecho de equibrar la extensión de los dos testimonios ya es un punto de vista. Pero lo más importante es la intención del autor de participar en un debate que a nuestra sociedad debería interesarle todavía más, porque se juega su futuro.