23 Mar 2008
(Anti)Manual del sexo de Valérie Tasso

Valérie Tasso nos enseña a pensar por nosotros mismos y a sentir a solas nuestra sexualidad, haciendo caso únicamente de nosotros mismos. Conocerse y explorarse es la mejor manera de vivir el sexo. Una parte de nuestra vida que de tanto hablarla acabamos por desconocerla. Leer este libro es una muy buena manera de comenzar por uno mismo.
¿Cuál es el objetivo último de tu libro?
Cuestionar el marco moral en que se encuadra el sexo partiendo de una reflexión muy simple; el marco moral (lo que llamo “el discurso normativo del sexo”) es sólo eso, un marco moral, pero nunca será el propio sexo.
Te pondré un ejemplo: cuando en
En el sexo sucede lo mismo, hemos llegado a confundir lo “conveniente” para los que definen el sexo con el propio sexo. Para comprender esa diferencia, creo, a mi entender, que hay que hacer una labor ardua para “desmoralizar” el sexo (diferenciar lo que de él creemos saber pero que es sólo una valoración moral de él) e “indisciplinar” al sexo (dejar que el sexo se exprese desde el propio sexo y no desde otras disciplinas, la clínica, la religión, la economía, etc. que lo único que hacen es “moralizarlo” pero no definirlo).
El sexo no es un problema, es un valor. El problema está en los que han convertido el sexo en un problema y en los que confundimos la máscara con la persona.
¿Crees que la sexualidad humana sigue siendo el mayor tabú y el principal objeto de la doble moral?
Creo, ya lo he dicho en alguna ocasión, que el hablar de sexo ha dejado de ser tabú, a cambio de que el tabú sea el propio sexo. Eso sucede porque, al hablar continuamente de sexo, lo que estamos haciendo es difundir y reforzar ese “discurso normativo del sexo” para ocultar con cadenas infinitas de palabras (los tópicos sexuales) la verdadera identidad del sexo.
La doble moral consiste en una dicotomía entre la que nos aplicamos privadamente y la que asumimos colectivamente como conveniente. Supongo que es inevitable, porque en el fondo, todos nos consideramos más capacitados para decidir lo conveniente que esa extraña y ambigua identidad que llamamos “la gente”. Resulta curioso cómo empleamos este término, cuando decimos “la gente”, damos por supuesto que nosotros no formamos parte de ese conjunto colectivo; decir, por ejemplo, “La gente es ignorante”, es suponer que mi “yo” no es ignorante, pero la suma de los otros “yo” sí, lo cual es un pensar intrínsicamente de manera ignorante. Pero somos individuos con una doble identidad; la del individuo y la de la colonia y eso nos hace cometer esos errores.

¿Cuál sería para ti la forma ideal de vivir el sexo?
Una forma en la que no se cuestionara cómo debemos vivir nuestra sexualidad. Chamfort, un moralista del XVIII lo tenía claro: “Gozar y hacer gozar a los demás, esa es toda la moral que entiendo…”. Pero nadie entenderá que lo estás haciendo gozar cuando cree que lo estás lastimando. Y de hacernos sentir culpa, minusvalía y ofensa se encarga perfectamente “el discurso normativo del sexo”.
Te pondré un ejemplo. Si te detienes en la calle frente a alguien pesaroso y le besas o le haces una felación, inmediatamente le habrás causado un problema a la sociedad porque habrás roto el marco moral en la que esas prácticas tienen que realizarse. El besado o el felado probablemente creerá que has “dicho” con ese gesto otra cosa de la que en realidad has dicho y tendrá a su vez un problema.
¿Cómo, desde tu experiencia, además de escribir libros, se puede romper con el discurso normativo del sexo?
Entendiendo lo que es… no se me ocurre otra.
¿La verdadera liberación de la mujer comienza por el conocimiento exhaustivo y profundo de lo que es su sexo y lo que significa?
La verdadera liberación de la mujer en terrenos sexuales pasa por el mismo puerto que la de los hombres. Sucede, sin embargo, que la maquinaria sexual femenina es más compleja y más desconocida que la masculina, fundamentalmente porque el “discurso normativo del sexo” es androcéntrico y patriarcal y ha sido confeccionado por “escribientes” que, hasta hace muy poco, eran todos varones. Todavía hoy en día una mujer debe emplear muchos esfuerzos desmoralizantes y vencer muchos desconocimientos (orgánicos y morales) para aprender a masturbarse correctamente. El orgasmo, por ejemplo, es una decisión que se toma, muchas mujeres, todavía hoy en día, no han aprendido a tomar esa decisión, porque no las han educado para ello.
¿Por qué los hombres tienen ese miedo enfermizo a que seamos personas completas, con apetencias sexuales libres?
El deseo femenino es el autentico desconocido del “discurso normativo del sexo”. La hembra de nuestra especie (al igual que el macho) es un animal en perpetua receptividad, no tiene un estro manifiesto en forma de celo, como la gata o la perra, por lo que hay que dificultarle enormemente el que actúe libremente en función de esa “generosidad” en la predisposición a la interacción sexual. Los cuentos de hadas, las medias naranjas, los agravios comparativos entre el volumen de deseo femenino y masculino, contribuyen enormemente en “disminuir” y coartar esa predisposición, en generar ese “celo artificial”. Por eso siguen existiendo ninfómanas y guarras, términos que no tienen equivalencia semántica masculina.
¿Crees que este silencio al que estamos sometidas las mujeres desde tiempos remotos en todos los ámbitos de nuestro desarrollo personal comienza con la tala de nuestra sexualidad?
Creo que coartar nuestra libertad individual es una de las mejores maneras de callarnos, de someternos, de hacernos dóciles, de amaestrarnos.
La infancia (una edad también sexuada como la vejez, aunque no interactiva sexualmente a la manera adulta) es el gran momento para que los adultos nos transmitan el sentido de la culpa. En la adolescencia cuando aparecen las pulsiones interactivas y un desarrollo hormonal y genital, asumimos la culpa que nos han manifestado porque todo lo que nos decían que nos culpabilizaría, empieza, efectivamente a confirmarse. En la juventud empezamos a interaccionar sexualmente, pero no como entidades bendecidas por la capacidad de goce sino como elementos culpables, que han perdido la inocencia. Nuestra historia sexual es la historia de la apropiación de una culpa que nos han imbuido otros. Lo cual es verdaderamente canallesco.
¿Qué es para ti el sexo?
Lo que hacemos con él en nuestra condición de seres sexuados.
¿Crees en la pareja?
Creo en las “afinidades electivas”, que pueden incluir el “dueto”, pero denuncio una erótica y un amor exclusivamente cimentado en el binomio pareja.
¿Es posible mantener relaciones sexuales con la misma persona de por vida y que resulten satisfactorias?
Sí. Si entendemos lo que es el sexo, lo que es la interacción sexual y lo que significa “satisfactorio”. Si creemos que el sexo es lo mismo que la interacción sexual, que ésta es “meterla” y que la satisfacción es conseguir orgasmos secuenciales en una noche pirotécnica, entonces, no.
En tu libro (Anti)Manual del sexo, desmontas todos los mitos de ese discurso normativo al que nos someten continuamente, destruyes todos los eslabones del mismo, pero sin él, ¿por dónde empezamos?
Por cuestionarlo. En su cuestionamiento ya está la respuesta. No hay mejor manera de destruir un prejuicio que enjuiciándolo.
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3 comentarios Escribe tu comentario
f-menorca dijo
Buena entrevista, y buenos apuntes, me quedo con casi todo, aunque uno se hombre y se de por supuesto que no tenemos nada que aprender ni investigar. Lo que cuestionaria es que la maquinaria del sexo femenina sea mas compleja de la masculina. El sexo masculino, es desde la infancia mas primitivo y menos vigilado, quizá por eso es más ignorante y más inercial. Empezar por cuestionar es sin ninguna duda un buen principio, vaciemos el vaso, ya veremos como lo llenamos.
Arturo dijo
Mi más sincera enhorabuena a la titular del blog y a la entrevistada. Un placer de lectura y un estímulo reflexivo de primer orden.
Muy erotizante.
cristina dijo
El cerdo se dejó de comer por la triquinosis, la religión era la única forma de hacérselo entender a la gente... a esta chica todo le suena a cuento...???