04 Ago 2007
Las reglas del diálogo cooperativo
La experiencia práctica y algunas investigaciones en el campo argumentativo atestiguan que la observancia de ciertas reglas promueve el diálogo cooperativo, lo torna más provechoso y facilita su eventual solución satisfactoria o su provisional disolución necesaria.
La solución será satisfactoria, en caso de acuerdo, mientras que su disolución provisional será necesaria, en caso de desacuerdo, a la espera de un mejor planteamiento.
Las reglas recomendadas o recomendables son pocas y de diversa naturaleza: las hay lógicas, éticas y operativas.
El respeto de estas reglas garantiza la “integridad del debate”. Quien no las observa se convierte en culpable de alguna de las tantas falacias, que en realidad no sólo son defectos lógicos, sino con frecuencia y voluntariamente transgresiones éticas o pecados comportamentales, que se relacionan, además de con las reglas de la verdad y de la validez, con las reglas de la buena conducta y de la discusión fructífera. Pero si uno trata de vencer, o simplemente está firmemente convencido de su tesis, tenderá a hacer prevalecer su “capacidad de debate” sobre la integridad.
Por norma pretendemos que estas reglas sean respetadas tanto por los otros como por nosotros mismos y, en estricta reciprocidad solidaria, consideraríamos fastidioso si los unos o los otros fuéramos sorprendidos transgrediéndolas, ya que nuestro comportamiento delataría deslealtad, impertinencia o prejuicio y, en todos los casos, ruptura del diálogo.
La versión comentada que presentamos aquí de estas reglas, la debemos a nuestro colega Adelino Cattani de la Università di Padova. Se reconocerán, entre ellas, las máximas que presiden la conversación cooperativa (cantidad, cualidad, relación, modo) elaboradas por Paul Grice (no por casualidad el autor las consideraba aplicables a todos los intercambios finalizados y racionales). Otras corresponden a algunas de las reglas pragmático-dialécticas de la discusión crítica fijadas por F. H. van Eemeren y R. Grootendorst. Señalamos finalmente el llamado principio de caridad, fundamental para contener nuestras tendencias a la interpretación libre.
Primera, no te consideres infalible; no creas que tus ideas son intocables y tus argumentos incontrovertibles. Tienes todo el derecho a tratar de ser convincente, pero, si no lo logras, reconócelo, por lo menos en tu interior. Mantente abierto a la duda y dispuesto a revisar tu posición de partida.
Segunda, busca un punto de partida común. La idea de que no se puede discutir si no se está de acuerdo puede sonar a paradoja, pero compartir al menos una premisa resulta fundamental por ese principio banal pero ineludible según el cual ex nihilo nihil. Es desalentador medir algo con dos varas distintas.
Tercera, atente a lo que crees cierto. No afirmes como si fuera objetivamente verdadero lo que sabes que es falso o puramente subjetivo.
Cuarta, aporta las pruebas que se te piden. Si se te exige que demuestres algo, hazlo o prueba que es una pretensión absurda. Las pruebas serán de la calidad adecuada, y la cantidad, suficiente (puede bastar con una sola o puede ser necesario reunir más de una).
Quinta, no eludas las objeciones. En la disposición a responder a las contestaciones y a las críticas está la razón de ser de la discusión; por tanto, eludirlo la hace naufragar.
Sexta, no eludas la carga de la prueba. Si la patata quema ahora, no quemará menos cuando vuelva a tus manos.
Séptima, trata de ser pertinente. La irrelevancia de los argumentos es una de las causas más difundidas del vicio lógico.
Octava, esfuérzate en ser claro. La ambigüedad es un excelente recurso para los cómicos, no para el que discute.
Novena, no deformes las posiciones ajenas. Al referir los hechos o reformular las intervenciones del otro, aplica el principio de caridad, que impone, en sentido positivo, ser comprensivo, y en sentido negativo, no distorsionar. Atente a la mejor interpretación posible de la posición de tu interlocutor.
Décima, en condiciones de empate final, suspende el juicio, a no ser que comporte un daño mayor. Undécima, en presencia de nuevos elementos, acepta la reapertura del debate y la revisión del caso.
Salvador GARCIA BARDON, Las reglas del diálogo cooperativo,
08.02.07 @ 20:10:00. Archivado en Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Ética
Sobre este blog
Semántica, Sintaxis, Pragmática
Salvador García BardónSalvador GARCÍA BARDÓN, editor de este blog y promotor desde 1961-62 de la AEU (Amistad Europea Universitaria), es profesor emérito de la Universidad de Lovaina, donde ha enseñado la semántica, el español y la ingeniería lingüística; es doctor en filosofía (Louvain), doctor en lingüística (Sorbonne), especialista en lexicología, y diplomado de la Escuela de altos estudios en ciencias sociales (Paris).
Ha publicado numerosos trabajos científicos y literarios, por la mayor parte difundidos desde hace muchos años en los medios universitarios en edición electrónica, entre los cuales cabe destacar la reciente edición en PDF y en HTM de “El Quijote para citarlo”.
Esta edición electrónica, preparada al abrigo de los ideales humanistas de la AEU, representa una nueva lectura crítica de los textos cervantinos, dotada de un sistema simple, preciso y rápido de referencias textuales. Se trata de la realización concreta de la edición de los Textos originales de 1605 y 1615 del Taller cervantino del “Quijote”, a la cual se ha venido refiriendo en su blogs conmemorativos durante todo el año cervantino 2005. La mayor originalidad de este taller consiste en haber reunido en un Diccionario enciclopédico la justificación precisa de todos los detalles de su lectura crítica.
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elmago12 dijo
Personalmente considero fundamental en el mundo contemporáneo recurrir a estas normas en el discurso o debate argumentativo, porque es verdad yo creo que es necesario reclamar una ética en el diálgo, aunque pueda paracer en ocasiones una utopía. Es una exigencia moral porque la verdad se construye, es compartida y es auténtica en la medida en que se expone con argumentos sólidos y compartidos. El conocimiento des de la tradición clásica se ha basado en el diálogo porque sólo mediante la ajuda y el punto de vista o la mirada del otro que nos interroga podemos afrontar y mirar cara a cara nuestra propia verdad.
Saludos!!
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