02 Jun 2008
Socialistas preparando el futuro (6): El Cambio Climático: El reto del siglo XXI (2)
Respuestas a las crisis alimentaria
Urbanismo y sostenibilidad
RESPUESTAS A LA CRISIS ALIMENTARIA
Estamos asistiendo en los últimos meses al incremento exponencial del precio de los alimentos básicos. Productos tan básicos para centenares, si no miles de millones de seres humanos, como es el arroz, casi han doblado su precio en apenas el primer trimestre de 2.008. Otros productos y materias primas esenciales para esa misma cantidad de población han seguido camino parecido.
Puede que ese giro espectacular haya pillado por sorpresa al mundo mediático, que rápida y lógicamente ha puesto el foco de atención sobre el mismo ante la emergencia de hambrunas y problemas de nutrición en diversas áreas del mundo. Pero nada más lejos de constituir un hecho inesperado. En realidad tenemos los suficientes elementos para concluir que no se trata de un fenómeno pasajero, provocado por factores coyunturales, de condición fluctuante y de previsible pronta solución. Por el contrario, constituye un elemento estructural de nuestra realidad que afecta ya hoy a los cimientos del sistema.
Entre las causas que lo explican figura el continuo crecimiento de la población, que añade cada año cerca de un centenar de millones de personas al total mundial.
Asimismo, la emergencia de nuevos competidores por los recursos naturales de todo tipo; los intensos cambios consumistas en general, y alimentarios en particular, provocados por la mayor renta disponible en múltiples países que abandonan el profundo subdesarrollo y la economía de mera subsistencia, como es paradigmáticamente el caso de China o India, que sumadas, suponen hoy el 40% de la población mundial.
Igualmente, los desastres climatológicos, cada vez más frecuentes y más intensos, corolario de los efectos del cambio climático; las guerras que devastan regiones enteras del planeta, en especial de África. Ambos fenómenos, unidos al estructural de la pobreza, provocan intensos y prácticamente siempre veces desesperados movimientos migratorios con efectos perversos sobre la despoblación y la pérdida de capacitación de los países emisores.
Cuenta también el abandono de extensas áreas rurales como consecuencia de la intensificación de la urbanización asociada a la búsqueda de la mejora de las oportunidades y condiciones de vida.
Asimismo, el previsible efecto del uso alternativo de potenciales alimentos para la producción de biocombustibles, sometido ahora a fuerte discusión por su eventual incidencia en la escasez de tales alimentos y sobre su propio e intenso impacto medioambiental.
El debate está abierto, y reviste una gran complejidad, pues las conclusiones, en ningún caso suficientemente claras, dependen de la generación de biocombustibles de que se trate, de las materias primas utilizadas y de las tecnologías de proceso, teniendo un menor impacto los llamados de tercera y cuarta generación, en los que se utilizan, en el primer caso, técnicas de biología molecular para mejorar la conversión de biomasa o biocombustible, y, en el segundo, la captación y almacenamiento de carbono tanto a nivel de materia prima como de tecnología de proceso.
La relación entre agricultura, cambio climático y producción de biocombustibles es cada vez más estrecha. De una parte, la agricultura contribuye fuertemente al cambio climático, en tanto que éste altera, en general adversamente, aunque varía según las latitudes, la propia capacidad de producción agrícola. Por otra parte, el cambio climático está afectando ya a los patrones de distribución de plantas, a la extensión de especies invasivas y a la proliferación de enfermedades vegetales y animales, con riesgo de extensión al género humano.
Reviste singular riesgo el impacto del cambio climático sobre la disponibilidad de agua, resultado de la combinación de sequías y precipitaciones extremas, mayores variaciones estacionales, incremento de la evaporación, etc. De hecho, existe en varias áreas del mundo un alto potencial conflictivo derivado del acceso al agua.
Finalmente, también han tenido su efecto los movimientos acaparadores y especulativos, guiados por el descarnado afán de ganancia.
Las consecuencias de todo ello son costosas en los países ricos, pero no llegan por ahora a medirse más que en términos de presión alcista sobre la inflación. Por el contrario son absolutamente catastróficas sobre áreas enteras de África, Sudeste Asiático y América Latina, desestabilizando la economía de muchos de sus países, provocando escasez y hambre.
La ONU habla de la mayor crisis alimentaria de la humanidad en décadas, y la FAO, la agencia mundial de la agricultura y los alimentos, se ha referido a la situación actual como un “tsunami silencioso”, que trae hambrunas y excita revueltas. Los esfuerzos mundiales de lucha contra el hambre son cada vez más insuficientes. El cumplimiento de los objetivos del Milenio se aleja.
En este escenario de aguda crisis alimentaria, algunos países han mostrado su intención de apoyar con recursos propios acciones de emergencia. Es el caso de Estados Unidos, que además de anunciar una ayuda puntual poco significativa para su capacidad económica, se propone impulsar la cooperación de instituciones financieras internacionales o del G-7. O nosotros mismos, que apoyamos programas ambiciosos de ayuda por parte de instituciones financieras internacionales, gobiernos y administraciones y sociedad civil. Recientemente, por ejemplo, en el marco de la reunión del Banco Asiático de Desarrollo, reunido en Madrid el pasado mes de mayo.
La cooperación al desarrollo constituye, sin duda, un instrumento necesario para que los países, las regiones, los colectivos pobres afronten el mayor coste que para ellos siempre tienen todas las situaciones de escasez. Los socialistas lo entendemos así, y por esa razón hemos atribuido a tal cooperación un papel central en la identidad política de nuestra gestión desde el Gobierno.
En apenas cuatro años hemos duplicado nuestra aportación en porcentaje del PIB, y en los próximos cuatro lo situaremos en el 0,7%. Entonces estaremos entre los diez países del mundo que mayor porcentaje destina a ello, y seremos el primer país de entre las grandes economías del mundo en alcanzarlo.
Ahora, ante emergencias concretas proponemos que no solo actúen los países, sino también las organizaciones internacionales, en especial Naciones Unidas, cuya acción seguiremos apoyando financieramente. Seremos asimismo parte impulsora en el seno de la Unión Europea para que ésta asuma un papel cada vez más activo.
Sin embargo, para afrontar lo que hemos considerado una crisis estructural no basta, ni de lejos, con meras acciones de ayuda y cooperación, por muy intensas que éstas sean.
Como se señala recientemente por diversos paneles intergubernamentales con participación de organizaciones no gubernamentales y expertos de variada adscripción disciplinaria y distinto enfoque ideológico, hay una consenso creciente en que es necesario incrementar la investigación y desarrollo tecnológico aplicado a la agricultura para conseguir un desarrollo sostenible, que reduzca el hambre y la pobreza, apoye el medio rural y aporte equidad y cuidado medioambiental.
Desarrollo tecnológico, formación, cooperación y compromiso global compartido se convierten en la base para afrontar este reto. La biotecnología, cuyos desarrollos se suceden a una extraordinaria rapidez, marca la frontera del cambio. Un cambio que potencialmente contiene grandes beneficios para la humanidad.
Pero algunos de esos desarrollos son contestados socialmente, en tanto que muchos de ellos no llegan más que a los países más avanzados, convirtiendo además en marginales muchas de las formas de producir culturalmente arraigadas de los países pobres, que se esfuerzan en mantenerlas como un componente de su identidad. Por ello necesitamos construir consenso social por medio de las evidencias científicas, los debates sobre las prioridades y los esfuerzos para la equidad.
A partir de ahí, necesitamos una agricultura que trabaje con la naturaleza y no expolie sus recursos en una dimensión cada vez más insostenible. Que tenga una dimensión global, ofrezca oportunidades a los países pobres e implante reglas justas de comercio. Que combata la pobreza rural y la exclusión urbana. Que atienda, cuando sea conveniente, a las tradiciones culturales y productivas como un elemento inesquivable de integración social.
Hemos obtenido éxitos en las mejoras de la productividad de la agricultura, pero no tanto en la prevención de las injustas o negativas consecuencias sociales y medioambientales asociadas a esos éxitos. No hemos prestado la atención requerida a cuestiones como la pérdida de biodiversidad, o al déficit de provisión de agua. Es hora de poner en marcha políticas que eviten o minimicen estos efectos.
Son cada vez más precisas políticas que reduzcan la asimetría de desarrollo en el mundo. Políticas de contención de los subsidios que animan al mantenimiento o la expansión de prácticas insostenibles. Políticas regulatorias más abiertas, que no frenen el acceso libremente competitivo a los mercados de los productores de países pobres, muchos de cuyos productos son altamente competitivos sin barreras artificiales. Políticas que provean el acceso a servicios financieros como los seguros y otros, que apoyen los microcréditos. Políticas de desarrollo de mercados de servicios.
Políticas integrales que incorporen una perspectiva progresista, justa, de la necesaria protección de derechos de propiedad y patentes, que faciliten el acceso a semillas y todo tipo de productos implicados en la producción. 209 . Es necesario repensar, pues, desde esta perspectiva las políticas agrarias y de autoprotección comercial de los grandes países y de las unidades supranacionales, avanzar en las rondas del comercio mundial, y, asimismo, reconsiderar el abandono de producciones que las necesidades de hoy y la presión sobre los precios vuelven a convertir en económicamente rentables.
Por otra parte, como hemos podido comprobar reiteradamente en los últimos años, las amenazas a la seguridad alimentaria están creciendo en el mundo. Gripe Aviar, vacas locas, intoxicaciones, etc. En muchos casos, los riesgos de pandemia de enfermedades infecciosas, entre animales y poblaciones humanas, trascienden las fronteras de la pobreza en las que hasta ahora se hallaban circunscritos. En otros, el uso de la tecnología conoce fallos peligrosos en los países adelantados. Frecuentemente, esos fallos son el resultado final del afán de beneficio.
Se hace cada vez más necesaria la identificación preventiva de riesgos, la transparencia más severa en el uso de productos (pesticidas, metales pesados, hormonas, antibióticos, aditivos, etc), el estricto control veterinario, el establecimiento de un sistema eficaz y responsable de alertas tempranas de alcance global, el seguimiento inteligente de los procesos de producción, procesamiento, preservación y distribución.
Son precisas, igualmente, políticas decididas de aliento a las prácticas saludables y de prohibiciones, cuando sean precisas, de prácticas sociales de hábitos que no lo son.
Prevenir enfermedades cuya causa se identifica con tales prácticas, muchas de ellas de orden dietético, y que comportan un enorme coste en términos individuales y sociales, lejos de ser una restricción insoportable a la libertad, constituyen mecanismos de solidaridad colectiva que se enmarcan claramente en los valores progresistas. Desde esa perspectiva progresista son cada vez más imperiosas las políticas de rango mundial que ataquen la desnutrición, las enfermedades crónicas e infecciones en gran parte del planeta.
URBANISMO Y SOSTENIBILIDAD
La cuestión de la sostenibilidad, como concepción de frente integral contra el cambio climático, ha alcanzado con buenas razones al debate urbanístico. El sector residencial contribuye de manera importante a la emisión de gases de efecto invernadero, y tiende a incrementar su intensidad de consumo energético. Aún cumpliendo la Ley del Suelo, que sin duda significa un gran avance y un punto de partida para revertir un proceso de sobreexplotación del mismo, el Código Técnico de la Edificación y la Certificación Energética de edificios, tendremos muchas dificultades para poder cumplir con Kyoto.
Necesitamos, por tanto, cambiar hábitos en nuestro modelo generalizado de desarrollo insostenible, con un territorio muy alterado, de ocupación indiscriminada y de transformación de suelo artificial. De cara al futuro necesitamos una cultura de protección y de preservación del suelo como recurso y patrimonio colectivo.
Necesitamos instalar un urbanismo con análisis previos de impactos sobre el territorio, freno a los procesos de sobrecalificación de suelo apto para urbanizar, buena base de ordenación, mayor y mejor planificación, inserción apropiada en la ciudad, agilidad administrativa y atención creciente al paisaje y a la calidad de la forma urbana.
Todo ello no se consigue solo con medidas paliativas sobre el modelo actualmente predominante. Requiere limitar el modelo de ocupación y transformación de suelo artificial, desde el centro de la península a las coSnurSSbaciones litorales, que consume en recursos y contamina en emisiones.
En consecuencia, las políticas activas y las estrategias positivas han de ir, en primer lugar, enfocadas a la producción de “arquitectura de emisión cero”, o lo que es lo mismo a promover arquitecturas de energías renovables, de bajo consumo de recursos y que sean “nichos” de emisiones por sí mismas, o mediante sus entornos, utilizados como sumideros, lo que significa un cambio radical en la manera de proyectar los sistemas y sus áreas de influencia.
La arquitectura como yacimiento de emisiones y producción de energía es un objetivo ya de esta década, pero no será suficiente si no pensamos en barrios y distritos ecológicos, lo que quiere decir actuaciones integrales de “energías limpias” y “emisión cero” en partes importantes de las ciudades, que ataquen en origen las fuentes de emisión.
Esta posición activa significa proyectar pensando en no emitir, emitir menos o mitigar más. Y este desafío hay que ponerlo en la misma raíz del urbanismo público y privado. El diseño inteligente de los territorios no puede basarse en la mera singularidad que añade valor de marca al concepto de lo sostenible. Hay que hacer un esfuerzo complementario para instrumentar políticas de nuevo cuño que estabilicen la forma y las metodologías de conocimiento sobre la ordenación urbana en un nuevo contexto cultural y tecnológico
El desafío de cambiar los parámetros de nuestra producción de ciudad pasa por hacer ciudades avanzadas mediante un urbanismo de redes, de capas y multidimensional.
Urbanismo de redes, es decir, un urbanismo que no sea estanco respecto de la necesaria porosidad de los sistemas ambientales, limpieza de emisiones por sinergia de las redes de energía, recursos, agua, electricidad, saneamiento, etc. Un urbanismo de capas que tenga tanto interés en el subsuelo como en el cielo y que estructure muchas dimensiones a la vez, teniendo en cuenta la eficacia del contexto, la eficiencia socioeconómica y la responsabilidad hacia el medio físico. No solo el “lugar” sino las implicaciones del entorno y los límites. Unos límites que deben dejar de ser herméticos y autistas, para convertirse en elementos de intercambio dinámico y de flujo de energías desde la arquitectura a la ciudad en un proceso reversible de ida y vuelta.
La ciudad así concebida es la meta de un proceso gradual de cambio en los modelos de planificación estratégica, supra-municipal y supraterritorial, para adelantarse a los procesos en lugar de ir a la zaga de sus impactos perversos, como ocurre ahora. Las ciudades sostenibles vendrán de un esfuerzo continuado por proyectar la ciudad sostenible desde dentro de la existente y crear ciudad con la iniciativa pública, lo que va más lejos de crearla sólo con la vivienda social energéticamente eficiente.
ESTOS TEXTOS SON UN RESUMEN DE LA SEGUNDA PARTE DEL BLOQUE DOS DEL DOCUMENTO A DEBATE EN EL 37 CONGRESO DEL PSOE
Y lo que viene a continuación, algunas sugerencias para el debate en el Congreso
Debe haber más compromiso en las políticas promoción de la salud bajo una perspectiva más integral del concepto acometiendo políticas activas, preventivas, de control y orientadores, con atención especial a la dietética de los españoles y a los hábitos saludables. Por ellos se propone que las administraciones educativas y sanitarias fomenten cambios de vida en aspectos de promoción de educación para la salud, y favorezcan los cambios dietéticos necesarios para evitar costos en los términos individuales y sociales.
Una estrategia de urbanismo sostenible no puede olvidar una de las causas del crecimiento desordenado de las ciudadades y la sobrecalificación del suelo: los Ayuntamientos han usado su desarrollo urbano como vía de financiación. La cultura especulativa y del beneficio inmediato asociada a la construcción que ha calado en amplias zonas de España ha trascendido de las expectativas personales a las políticas públicas. Demasiadas veces corporaciones con mayorías progresistas han tomado decisiones de grave impacto en el ordenamiento del territorio y en el equilibrio del medio buscando la generación de recursos inmediatos a costa de hipotecar o malograr para siempre un recurso permanente como es el medio ambiente y el paisaje, una riqueza que debemos conservar de generación en generación, un bien que debe conservarse como garantía presente y futura de bienestar. Es un proceso de peligrosa "urbanalización". Por esta razón es imprescindible abordar esta vertiente de la insostenibilidad urbanística y, además de crear nuevas herramientas de planeamiento y ordenación que trasciendan el estricto marco municipal, acometer la reforma de la financiación de los ayuntamientos y en su caso la delimitación de sus atribuciones y, por tanto, de sus gastos.
Y junto a la arquitectura hay que ocuparse de la movilidad. En la ciudad y en las comunicaciones pendulares entre residencia y lugar de trabajo. La planificación urbanística de nuestros municipios debe garantizar la conexión sostenible y alternativa al transporte privado entre los espacios residenciales y los espacios productivos. La inversión en redes de movilidad sostenible no solo en la trama urbana estricta, también entre esta y su periferia productiva es una prioridad para cambiar radicalmente las dinámicas cotidianas que hoy son nítidamente insostenibles medioambientalmente y desde el punto de vista de la racionalización del uso del tiempo de las personas.
El desafío de cambiar los parámetros de nuestra producción de ciudad pasa por hacer ciudades avanzadas mediante un urbanismo de redes, de capas y multidimensional. Y con ese diseño de ciudad estamos en condiciones de aspirar a un modelo de “Ciudad Tranquila (Slow City)”, en que la calidad de vida, el bienestar, la ciudadanía y la sostenibilidad sean rasgos definitorios.
Sobre este blog
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Josep Joaquím Planells BeneditoLlegué aquí en 1956 en el seno de una familia agrícola, y me considero de izquierdas aproximadamente desde 1973. Y desde este blog quiero intervenir para contribuir a construir un mundo mas habitable.
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12 comentarios · Escribe aquí tu comentario
consmayoral dijo
LO QUE DICES ES CIERTO, PERO LA POBLACION CHINA A PASADO DE COMER ARROZ UNA VEZ AL DIA, A COMER TRES, Y ESO CUENTA, DE TODAS FORMAS TENGO QUE DECIRTE QUE EL ESCRITO ES DEMASIADO LARGO, ESTA MAÑANA ME HAN VUELTO A OPERAR EL OJO DERECHO, Y ME CUESTA LEER, ASI QUE LO HE REPASADO POR ENCIMA, PERO YO QUE MAS CREO QUE FALTA ES VOLUNTAD DE SOLUCIONAR, DE TODOS LOS GOBIERNOS, MIENTRAS AYA PASTEL PARA ELLOS, TODO VA BIEN, BESOS.
Rafael dijo
Como siempre, muy interesante lo que nos aportas (aunque tiene razón Chelo, es muy largo; pero qué le vamos a hacer, los problemas que se tratan no son sencillos).
Yo de lo que aquí se plantea no sé casi nada. No quiero dejar pasar la oportunidad, sin embargo, de apuntar que tiene que decirse más claro que las políticas de subsidio a la agricultura en Europa se tienen que acabar. Son una tremenda injusticia para los países que podrían hacernos la competencia en ese campo. Mientras en la industria y los servicios les obligamos a abrirse mantenemos restricciones para la entrada en nuestro mercado de los productos agrícolas, más baratos, de los países en vías de desarrollo.
Lo de los transportes me parece fundamental. No sólo la sostenibilidad, sino el desarrollo económico se ligan a una política eficiente de transportes. Todo lo que se haga en esa línea será poco. En Barcelona la situación es casi dramática, con unas infraestructuras muy alejadas de lo necesario. Estoy seguro de que este problema se plantea en otros muchos lugares de España.
Gracias por ofrecer esta oportunidad de debatir y opinar sobre temas que a todos nos afectan.
Saludos.
QUINO Y ANA dijo
Lo de la crisis alimentaria me pone los pelos de punta. Suelo viajar todos los años por países del tercer mundo y siempre vuelvo con la firme convicción de que, simplemente, no podemos
seguir así. No podemos estar a unos niveles de bienestar tan altos cuando hay un porcentaje
mucho mayor de gente en el mundo que vive por debajo del umbral de la pobreza. No te
quiero contar ya como es la cosa si encima no van a tener qué llevarse a la boca...Es
una vergüenza, ojala sea verdad que nos estamos moviendo para solucionarlo.
Muy interesante Josep.
ANA
israel samuel dijo
que e mas preocupante el cambio climatico oue la crisis alimentaria
ya que sin planeta no hay vida
NEKANE dijo
Como siempre josep, me encanta tus reflexiones,
pero que hablamos de algo que está lejos,
te lo dije en otro post, que lo tenemos en la puerta!!!!!!!!!.
Que ha pasado el invierno sin llover en asturias, que cuando
hablan de hambruna, pienso si es lo que quedará a misn hijos.
BESITOS
jpolinya dijo
Una vez hemos abandonado la cultura del autoconsumo, y hemos entrado en la del supermercado, la vuelta atrá solo puede producirse a través de un cataclismo.
Por tanto lo único que puede paliar (relativamente) estas diferencias abismales entre las personas y los países es el comercio justo y la educación para que los paises productores no caigan en la trampa del monocultivo.
Y dentro del comercio justo hemos de incluir la eliminación de las barreras a la importación y de las subvenciones a la exportación. O sea, profundizar en la globalización. Aunque ésto asuste a ciertas izquierdas.
Como decía Eric Fromm, no es posible regresar al paraiso.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
hola chelo, gracias por comentar.
Espero que mejores de tu ojo, si, tienes razón, es demasiado largo, lo tendré en cuenta.
Efectivamente, hay cosas que no se solucionan por falta de voluntad.
Un beso.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
Hola Rafael, adecuado comentario.
Hemos de abrir las fronteras y permitir que los países menos desarrollados pueden vender sus productos.
Saludos.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
Hola Ana, gracias por tu visita.
Deseo con todas mis fuerzas que dediquemos nuestros mejores empeños en mejorar el alimento de millones de personas.
Un abrazo.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
israel samuel, gracias por tu comentario.
Los dos son temas a solucionar.
saludos.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
Hola NEKANE, gracias
Tienes razón, los tenemos ahí ya, requieren soluciones ya.
Un beso.
Josep Joaquím Planells Benedito dijo
jpolinya, gracies per el teu comentari.
También estoy de acuerdo contigo.
Hay que revolucionar el actual desarrollo económico, teniendo en cuenta a los países menos desarrollados, y fomentar un comercio más justo.
Salud.
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