No es una figura mediática, ni un entusiasta orador parlamentario; tampoco es un fichaje nuevo, pues quizás sea socialista desde mucho antes que la mayoría del actual Gobierno; no es precisamente un joven; ni mujer; ni siquiera creo que sea gay. Pero Pedro Solbes es, desde ayer, la figura emblemática del PSOE, el símbolo de la eficiencia y la seriedad del proyecto que encabeza Zapatero.
Hace tiempo que he dejado de creer en la simbología que, antaño, rodeaba la figura del número dos de la lista del Congreso por la circunscripción de Madrid. No en vano, es la persona que sigue al candidato nacional de cada partido y, como tal, ministrable o, lo que es más, aspirante a la vicepresidencia del Gobierno. Históricamente así ha sido: Alfonso Guerra lo fue de Felipe González; Álvarez Cascos lo fue de Aznar; e incluso Carlos Arias Navarro, el presidente del Gobierno que lloró la muerte del dictador ante las cámaras de televisión, fue número dos de la lista de AP tras Manuel Fraga.
Pero ya en 2004 las cosas empezaron a cambiar. El super-fichaje estrella que el PSOE había anunciado se quedó en light: la número dos de Zapatero fue la hoy Ministra de Educación, Mercedes Calvo-Sotelo, por aquellos entonces mi profesora de Historia en la facultad de políticas, y luego, ni siquiera fue nombrada Ministra en el primer gabinete de Zapatero. Y el número dos de Rajoy fue, ni más ni menos, que Rodrigo Rato, cuya designación se hizo casi a regañadientes del propio Rajoy y a petición de Aznar; poco después, Rato abandonaría el barco para embarcar en el del FMI, y hoy, ya vuelto, no quiere ni oir hablar de ser comparsa del candidato Rajoy. ¿Lo será el sucesor in pectore, Gallardón? ¿Lo será el pinocho Acebes? ¿Lo será la jovencita Soraya Sáenz de Santamaría? Me da la sensación de que esta última es quien tiene, hoy por hoy, más puntos.
Ayer, en un nuevo capítulo de descoordinación comunicativa, el PSOE confirmó que Solbes sería el número dos de la lista de Zapatero a la presidencia del Gobierno. Pocas horas antes, el propio Solbes había confirmado que seguiría como Vicepresidente económico en caso de que Zapatero vuelva a gobernar tras las próximas elecciones generales, pero señaló que "no es exactamente cierto" que fuera a concurrir como candidato por la lista de Madrid. Misteriosamente, poco después, Ferraz emitiría un comunicado anunciando que así sí sería; y así lo ha confirmado hoy mismo el propio Solbes.
Pedro Solbes es, junto al actual presidente del Congreso, Manuel Marín, uno de los personajes políticos más brillantes de la actual etapa histórica democrática en nuestro país, sumándose a la lista de ilustres de la talla de Borrell, Solana, Oreja o Gil-Robles; por cierto, todos socialistas menos uno. Su etapa como Ministro en los últimos gobiernos de González fue notablemente positiva: su propio sucesor y a la vez predecesor en el cargo, Rodrigo Rato, ha reconocido siempre su valía al frente de Economía y Hacienda justo en las vísperas de la victoria del PP de 1996. Posteriormente, su paso por Europa no fue en balde: responsable económico de la Unión Europea cuando ésta convergió hacia los objetivos de Maastricht e instauró el euro, Solbes fue toda una referencia para el mundo occidental.Zapatero lo metió en su Gobierno como Vicepresidente Segundo casi por sorpresa de muchos, algunos de los cuales argumentando que se hacía para tranquilizar a los mercados ante el inesperado cambio de Gobierno y que lo sería solo "por semanas". Desde entonces, la economía ha ido viento en popa, se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado casi sin problemas, y el resultado global, en comparación con la conyuntura internacional, es espectacular. Al final Solbes no se fue al BBVA, como algunos peperos predecían, y se quedó por más tiempo del que auguraban esos profetas de calamidades; y hasta parece ser que va a repetir, o lo que es más, se va a incorporar en las listas electorales.
Con todo ello se demuestra la fuerte apuesta del PSOE por el tema económico a tres meses y pico de los comicios. No en vano, junto con las reformas sociales, economía y política social son los dos grandes logros de los que puede presumir la familia socialista: las únicas cosas que, quizás, le han salido bien al actual Gobierno. A tal efecto, pues, el Sr. Solbes se convierte en la referencia, en el hombre de prestigio y en el símbolo de la prosperidad y el progreso social de este país a demostrar por el PSOE de cara al próximo 9 de marzo.
No sé si lo va a conseguir. Creo firmemente que estas elecciones que vienen se caracterizarán por una tensa bipolarización entre PSOE y PP, y una consiguiente reducción de distancia electoral que separa ambas opciones. Así, las elecciones ya no se decidirán por este tipo de símbolos, sino por cosas mucho más concretas e impredecibles: la realidad de cada circunscripción electoral, esto es, de cada provincia, y el impacto que ello tendrá sobre el resultado final global. Es por eso que no me fío personalmente de ninguna encuesta hasta ahora publicada -todas de ámbito nacional- y no lo haré hasta que no vea un sondeo hecho provincia por provincia, que es donde se deciden los escaños y, particularmente, hacia qué lado irán los 16 escaños que separaron en 2004 a PP y PSOE, los cuales muy posiblemente en 2008 no van a ser más de 8.
Más que nunca, de cara al próximo 9 de marzo, será decisivo electoralmente el saber hacia dónde va el voto de los ciudadanos afectados por el cierre del Cercanías de Barcelona; la gran parte de ellos, ubicados en barrios y municipios tradicionalmente socialistas y que ahora pueden convertirse en abstencionistas. La abstención del votante socialista catalán puede ayudar al PP a reducir diferencias respecto al PSOE; y con todo, el contrato de arrendamiento de La Moncloa que Zapatero tiene actualmente suscrito puede peligrar.
Solbes, pues, será diputado gane o pierda el PSOE; y será Ministro solo si en las barriadas meridionales de Barcelona el cabreo respecto de Magdalena Álvarez no afecta en demasía a Zapatero. Y eso es, precisamente, lo difícil: la eficacia probada de Solbes depende de la ineficacia manifiesta de Magdalena Álvarez. De ahí que la Ministra de Fomento deba haber dimitido cuando tocaba -quizás ahora ya es demasiado tarde-. Así pues, del impacto del tsunami Maleni depende la continuidad de Solbes al frente de las cuentas de todos los españoles... y eso es lo que a mí, personalmente, me hace temblar.
En todo caso, Zapatero ha fichado de número dos sin duda al mejor: la apuesta socialista es fuerte; pero, ¿y el resultado?




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