La crisis de los niños del Chad, ese país centroafricano del que nadie había oído nunca hablar a pesar de tener una extensión equivalente a casi media Europa, parece que está en vías de solución. Y todo "gracias" al Presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy, que, una vez más, ha querido demostrar al mundo su capacidad para resolver conflictos y problemas.
Se nota que a Sarkozy le sobra tiempo: desde que Cecilia, la prima de Gallardón, lo mandó a paseo, el Presidente francés se aburre jugando al solitario en El Elíseo. Esta mañana, como todo aquel que se levanta un domingo por la mañana sin saber a qué dedicar el día, Sarkozy ha decidido coger su avión y partir hacia África a salvar gente. Vamos: como quien dedica el domingo a ir al rastro y darle una limosna al pobre subsahariano sentado en la puerta de la panadería.
La verdad, hay que decirlo porque es de justicia hacerlo, que es elogiable la actuación de Sarkozy en este tema. Al fin y al cabo es algo que afecta muy directamente a Francia por ser éste el país de procedencia del avión y sede de la controvertida ONG presuntamente secuestradora de niños chadianos. Y me alegro, de verdad, sobre todo por lo que a la tripulación del avión español se refiere, aunque aún quede parte de ella en Chad a la espera de su pronta puesta en libertad.
Pero más allá de lo acaecido y de las fundadas o no sospechas sobre el Arca de Zoé, lo cierto es que quien ha marcado un golazo a la diplomacia del mundo mundial ha sido Sarkozy. Haciendo gala de su noble prestigio de salvador de las esencias mundanas, el Presidente francés ha copado la atención de todos lo medios de comunicación en su viaje relámpago al Chad para traerse consigo, en su jet privado, a sus liberados. Y, de paso, con escala en Madrid, obligando a Zapatero a interrumpir su finde para ir a Torrejón a recibir a las azafatas españolas y darle la mano al Salvador. La llegada a París de Sarkozy y su avión tiene tintes muy parecidos a la vuelta del General De Gaulle en 1958 para la instauración de la V República.Con esta misión, Sarkozy recupera la tocada credibilidad política derivada de las huelgas de los trabajadores franceses hace tan solo unas semanas. Y es que, hay que decirlo, la derecha francesa dispone de una auténtica capacidad de liderazgo y de lo que comunmente se conoce como "marcar la agenda" envidiable no solo para la izquierda del país galo sino para todas las derechas e izquierdas de Europa.
No sabemos dónde está el final de este efervescente camino de rosas sarkozinianas pero, a decir verdad, parece que esto no es lo que realmente importa en estos momentos. Lo que cuenta ahora es que algunos de los franceses y españoles retenidos en Chad están ya en casa y que esta pesadilla acaba con la impresión mediática de que todo ha sido gracias a aquel que aspira a convertirse en la revelación política del siglo XXI: Nicolás Supersarkozy I de Francia.



2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Óscar. dijo
Me imagino a Mariano montando en helicóptero para ir a Chad imitando a Sarkozy: hubiese llegado a la terraza del edificio de enfrente.
jajaaj.
Mientras la derecha francesa marca goles la española hace el ridículo mundial en las portadas de los diarios con sus conspiranoias
yuste dijo
A Sarko se le ha ido la mano: traerse a la azafataz es un tanto a su favor, pero prometer que volverá con el resto de los franceses un insulto a la soberanía chadiana, una bravuconada colonialista y un farol como la tour eiffel.
Escribe tu comentario