05 Jun 2007
ETA rompe el alto el fuego... ¿qué alto el fuego?
ETA ha anunciado que a partir de las doce de esta noche dará por roto el alto el fuego permanente anunciado el 26 de marzo de 2006 y empezará a actuar de nuevo en todos sus frentes "en defensa de Euskal Herria". Mi pregunta es: ¿acaso el alto el fuego no estaba ya roto?
Mi primera impresión es clara: quien ha roto las esperanzas de paz y libertad en este país no es otro que ETA. Pero no ahora, sino el pasado 30 de diciembre cuando cometió aquel brutal y espantoso atentado en la T-4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, asesinando a dos ciudadanos ecuatorianos: Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Lo que ha dicho hoy ETA es pura propaganda fascistoide de un grupo de criminales y asesinos cuyo único fin no es otro que el de sembrar el terror y el miedo en el conjunto de una sociedad que dice defender y cuya representación no le corresponde.
Así pues, se frustran, una vez más, las esperanzas de paz de este país. España es un país que ha vivido la lacra del terrorismo desde antes de ser democracia. Es una vergüenza que aún hoy, en pleno siglo XXI, se pretenda utilizar la via de la violencia y la coacción para conseguir fines políticos. Y todo en el marco de un Estado social, democrático, con grado de descentralización envidiable y de los más altos del planeta, e integrado plenamente en el conjunto de la comunidad internacional y particularmente en la Unión Europea. Utilizar la violencia como medio de actuación política deslegitima cualquier otro argumentario político, sea cual sea.
La gran pregunta que me formulo es si en algún momento hubo intencionalidad real por parte de ETA de poner fin a la violencia. Es evidente que en ETA hay dos secciones -las de siempre-: el sector más político (en el que podríamos incluir a Batasuna) que apostaban por darle una oportunidad al diálogo y a la negociación; y el sector más violento (el de la cúpula etarra) que sigue atrincherado en la violencia, la extorsión y el terror como medio de actuación. Con todo, el alto el fuego, disfrazado de permanente, solo sirvió para frustrar a aquellos que creemos que toda ideología política -incluida la abertzale- es defendible en el seno de las instituciones democráticas, siempre y cuando no se ampare y condene la violencia.Muchos éramos los ciudadanos de este país que apostábamos por reintegrar a la izquierda abertzale en las instituciones si daba el paso de desvincularse de la violencia. Muchos éramos los que estábamos esperanzados en un final dialogado de la violencia etarra. Muchos éramos los que creíamos que esto de ETA tenía los días contados por la pura evolución del fenómeno terrorista en los últimos tiempos. En definitiva, muchos éramos los que considerábamos que ETA debía dar el paso y que el Gobierno debía ser generoso -utilizando la misma expresión que utilizó Aznar en 1998- con aquellos que dejan las armas para reintegrarse en el juego de la democracia y de la paz. Algunos nos acusaron de "rendirnos ante los terroristas" o de "pagar precios políticos"; la verdad es me reafirmo en que bien valía la pena el intento, costara lo que costara, a pesar de todo. El pasado 30 de diciembre, sin embargo, todo se vino abajo; la culpa, no obstante, no es de aquellos que no querían que esto funcionara, sino de aquellos que nos hicieron creer en unas esperanzas de paz que nunca se tomaron enserio.
¿Y qué esperaba ETA que hiciera el Gobierno tras los brutales asesinatos del 30 de diciembre? ¿Que siguiera dialogando como si nada? Es obvio que fue aquello el detonante que hizo volar por los aires no solo el aparcamiento de la T-4 sino algo más que eso: las esperanzas de paz, democracia y libertad de Euskadi y del Estado español. De no haber cometido tan grave error, muy seguramente los acontecimientos hubieran ido por otros derroteros: ¿acaso alguien ponía en duda, antes del 30 de diciembre, que Batasuna iba a participar plenamente en los comicios municipales del 27 de mayo? ¿Acaso no es cierto que de no producirse tal atentado hoy Batasuna podría volver a ser un partido legal en este país? ¿Acaso no es cierto que en ese proceso de diálogo podrían haberse llegado a un acuerdo básico para solucionar el conflicto, de no producirse esa ruptura de facto del alto el fuego el 30 de diciembre? Al fin y al cabo, el anuncio hecho hoy por ETA no es más que pura retórica sobre lo que todos ya sabíamos.
¿Es la hora del consenso?

Creo que es evidente que el consenso político entre todas las fuerzas democráticas es importante para diseñar la nueva estrategia que se debe abrir desde hoy. Pero no es cierto que sea ahora el momento del consenso: el consenso debía haberse dado desde el 26 marzo de 2006. Me sorprende -bueno, en realidad no- que ahora el PP pida la vuelta al consenso cuando quien no ha estado nunca al lado del Gobierno en un tema de Estado como es éste es el propio PP. Zapatero tenía la obligación política y moral de explorar las posibilidades que se abrieron en su momento; y debía hacerlo con el apoyo de todos los grupos políticos. Algunos, sin embargo, prefirieron hacer demagogia antes que ser leales a aquellos que lo habían sido con ellos en el pasado.
Personalmente soy partidario de volver al Pacto Antiterrorista. Pero volver a él para cambiarlo y ampliarlo. No creo que un acuerdo de lucha contra el terrorismo deba excluir a todos los partidos políticos que no sean PSOE y PP: ¿cómo vamos a solucionar el problema sin el resto de fuerzas políticas, especialmente los nacionalistas vascos, y sin fuerzas políticas tan importantes en este país como IU? ¿Acaso el papel de IU, PNV, CiU... no es importante en esta lucha de todos contra ETA?
Es obvio, no obstante, que hay quien prefiere la confrontación política por encima del acuerdo y del consenso que dice defender. Es muy fácil hacer política y demagogia sobre este tema... más cuando las elecciones generales están prácticamente a la vuelta de la esquina. Mientras todos los demócratas, pues, seguiremos discutiendo en quién de nosotros es más guapo, los terroristas vuelven a armarla, y nunca mejor dicho. Quien pagará los platos rotos por los errores de ETA seremos todos los demócratas... cuyo interés no está ahora en recuperar la unidad perdida, sino en derrotarnos entre nosotros mismos de cara al próximo mes de marzo de 2008.
Mientras tanto, me quedo con el lema de una pancarta de la manifestación del 11 de enero de este año, celebrada en Madrid, para condenar el atentado del 30 de diciembre -y a la que el PP, por cierto, no quiso asistir-. El lema decía algo así: "ETA: tus atentados contra los trabajadores solo benefician a la derecha". Qué gran verdad!

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
Paty dijo
Son asesinos y es falso que deseen la paz. Algo les falta si no matan. Nacieron para eso y se reproducen como el cáncer. Y no solo es evidente que con los atentados ETA beneficia a la ultraderecha sino que daña a los más indefensos. "La guerra es una masacre entre muchos que no se conocen para provecho de otros que si se conocen pero que no se masacran" Leí alguna vez en algún lugar. Por qué no se masacran ellos?, los de ETA.
Hasta cuando? ya se aburrieron de no matar porque ese es su trabajo tristemente lo llevan en la sangre que no deben de tener. Paty
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