Parece que el acto de inicio de la campaña no habrá sido este año ningún mítin electoral, ni ninguna convención política; ni siquiera lo será una de esas manifas que tan a gusto han estado organizando ciertas organizaciones políticas durante toda la legislatura. No; esta vez, el disparo de salida de la campaña ha sido, ni más ni menos, que el acto en defensa de la familia tradicional organizado por la Alta Jerarquía Eclesiásita española.
Y la verdad es que, a mi personalmente, no me sorprende: tras una legislatura de cambios en lo social -divorcio express, educación para la ciudadanía, ampliación del derecho al matrimonio a otro tipo de familias no tradicionales...- es obvio que la Iglesia española se sienta, digamos, arrinconada. Vamos: como aquel que hace poco era quien decía lo que se tenía que hacer y, de repente, deja de serlo porque la voluntad democrática de la ciudadanía es otra.
No soy de los que creen que algunos Obispos y Arzobispos añoren al nacionalcatolicismo imperante en este país durante cuarenta años; pero sí de los que creen que la actual cúpula de la Iglesia Católica no vé con buenos ojos que su papel en la sociedad democrática actual sea estar al margen de la política.
Si el Cardenal Tarancón levantara la cabeza, seguramente volvería a la tumba por voluntad propia cuando viera cómo ha evolucionado esa Iglesia abierta y moderna que defendió durante la Transición, y muy gracias a la cual este país dejó de ser aconfesional para aplicar lo que la Lucha de las Investiduras había concluído 1.000 años antes. Creo que a ciertos altos cargos eclesiásticos se les llena la boca de palabras con las que no creen cuando nos advierten del "peligro que supone para la democracia" que dos personas de un mismo sexo puedan contraer matrimonio o que los niños estudien en clase los principios y valores básicos del sistema constitucional que tanto dicen defender los Monseñores. Y creo también que este tipo de actos no son demasiado bien vistos por la Iglesia de a pié, la de la calle, la de la gente normal que se considera católica -practicante o no- pero no comulga con ese discurso de intromisión religiosa en la política. Con todo, coincido con parte de la izquierda al acusar al Gobierno actual de ser demasiado light con una Iglesia que no vé con buenos ojos que alguien haga primar el Derecho sobre su moral. Quizás sea cierto lo que dijo Llamazares de "cria Obispos y te sacarán los ojos" y quizás sea hora ya de revisar esos Concordatos con la Santa Sede del 79 que tantos privilegios otorgan a quienes deberían ser tratados bajo el constitucional principio de igualdad.
En fin. Que a algunos les parece mal que en este país se amplíe la esfera de derechos y especialmente los sociales. Es fácil organizar actos demagógicos para predicar lo que conviene; porque, sin duda, no es casual que sea ahora el momento elegido para la Alta Jerarquía Eclesiástica para sacar a la calle las banderas españolas del Sagrado Corazón de Jesús y bajo el discurso del catastrofismo. ¿Acaso durante los gobiernos anteriores no había Ley del Divorcio o leyes civiles que permitieran las uniones conyugales -aunque no se llamaran aún matrimonio- entre personas de un mismo sexo?
Con tanto "arrepentíos, pecadores!", cualquiera diría que la ley del matrimonio homosexual obliga a la Iglesia a celebrar este tipo de ceremonias. Que nadie se lleve a engaño: con la Ley del matrimonio gay, ninguno de los Siervos de Diós que sea homosexual está obligado a salir del armario y a casarse con alguien!
La identificación homosexualidad es igual a pederastia, realizada por el Obispo de Tenerife recientemente, ha puesto la guinda a un tema que, electoralmente hablando, no creo que beneficie en absoluto a aquellos que -ideológicamente- dicen estar más cerca de la Iglesia Católica. Todos sabemos a quienes nos referimos cuando los Obispos predican, en medio del Paseo de la Castellana, con los mismos retrógados y obsoletos argumentos que ciertos populares líderes políticos a los que parece que les ha gustado esto de salir a la calle a manifestarse los fines de semana. Y todo ello para no hablar del altavoz radiofónico de los Obispos... que tiene tela.
No estaban tan de acuerdo con la libertad de expresión y manifestación cuando, hace unas décadas, ellos o sus abuelos, dirigian este católico país por los designios de quien era Caudillo de España por la Gracia de Diós.



3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Alberto dijo
Solo el 17% de los católicos van a misa y los obispos no se preguntan por qué. Es curioso que, precisamente en esta legislatura, hayan salido tanto a la calle en contra de una ley del aborto que también estuvo vigente durante la legislatura de Aznar, en contra de otros modelos de familia que ni atacan, ni derogan, ni quitan derechos a las que ya existían, en contra de la libertad ideológicay religiosa de otras personas, en contra de una asignatura que ellos mismos han podido "modificar" a su antojo en los colegios concertados. El cinismo y la hipocresía de la Iglesia Católica resultan vomitivos, tanto como que en lugar de predicar un mensaje de conciliación, de respeto y de igualdad entre todas las personas, se dediquen a hacer política de la más populachera y rastrera. Un saludo.
uno dijo
dale a dios lo que es de dios y al cesar lo que es del cesar . la iglesia somos todo.
alberto dijo
alberto ojala que en tu vida tengas que ACLAMAR a DIOS. QUE TE ARREPENTIRAS DE ESE MENSAJE.
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