23 Jul 2009
31 Ammit versus Osiris
Salimos en busca de la excavación y, tras llevar un cuarto de hora circulando por zona desértica, empecé a pensar que nos habíamos perdido. De repente, paró el coche y me indicó que debíamos acaba el trayecto caminando, dado que el yacimiento arqueológico se encontraba un par de colinas más allá y no se podía acceder con el coche.
Al llegar a la última colina, a nuestros pies aparecieron dos puertas que formaban parte del templo que aún se encontraba enterrado. Con mucho cuidado, intentando no provocar el derrumbamiento de tal hallazgo, entramos provistos de unas potentes linternas.
Reconozco que la visita fue muy enriquecedora. Y no tanto por las explicaciones históricas de Nasser como por el hecho de que me sirvió para poder entrar dentro y ver la serie de salas que componían el templo.
Mi amigo me hablaba de peristilo y me repetía cada uno de los nombres de las diferentes salas pero yo sólo veía espacios donde realizar ritos y posibles sitios desde donde observar sin ser descubierto.

A media tarde, ya sumergido de nuevo en la clave encontrada, gracias a la ayuda de mi amigo y sus colaboradores pudimos llegar a la conclusión de que hacía referencia al descubrimiento que hubo de los restos de Amun-her-Khepeshef en la zona.
Al parecer los restos correspondían a Amun-her-Khepeshef que era conocido como el más guerrero y batallador de los más de cien hijos que se le atribuyen a Ramsés II. Se especulaba que no llegó a reinar por desavenencias religiosas con su padre.
Pero si la clave tomaba como referencia aquel hecho, el primer día de la segunda semana del tercer mes del cuarto año de dicho descubrimiento era... aquel mismo día. Sin dar crédito a mis ojos, volví a repasar los cálculos y, tras comprobar que eran correctos, decidí volver al templo, pero esta vez como Blackdragon.
Cuando estaba llegando a la última colina dos encapuchados me cortaron el paso mientras se interesaban por la razón de mi presencia. Esa fue la señal que confirmó mis sospechas. Efectivamente era el día y, dado que no tenía tiempo que perder, los reduje intentando hacer el menor ruido posible.
Animado por la facilidad con la que me estaba resultado llegar hasta allí, me pude una de las túnicas de uno de ellos y me decidí a seguir mi camino. Las puertas del templo egipcio medio enterrado estaban iluminadas con decenas de antorchas que le daban un aspecto tenebroso. A mi alrededor, exactamente igual a lo que pude ver en la premonición, se encontraba un grupo de personas que parecían repetir una serie de oraciones. Rodeado de algunos de aquellos encapuchados me dirigí al interior del templo.
Pasé un par de salas y así llegué al santuario donde se encontraba otro grupo que rodeaba al sacerdote que, junto a un pequeño altar, tenía en sus manos la pequeña figura de Osiris. Tras él un sarcófago se erguía como dominando la situación.
- ¡Amun-her-Khepeshef, el elegido que nunca llegó a reinar nos ayudará en esta batalla contra Osiris, dios del juicio final! – gritaba mientras alzaba la estatuilla robada - ¡Estamos aquí reunidos para proclamar el inicio del reinado de Ammit! – Prosiguió, mientras realizaba una serie de extraños gestos señalando una figura de la diosa.
E
mpecé a acercarme a él, decidido a arrebatarle la estatuilla de Osiris, cuando él paró el ritual y me miró. Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo al ver que, efectivamente, se trataba del hombre de negro. Sin inmutarse dijo una serie de palabras que no entendí pero que hizo que todos los que se encontraban allí se girasen hacía mí. Entonces supe que era el momento de entrar en acción.
Mientras todos aquellos seguidores de Ammit intentaban cogerme vinieron a mí las palabras del Capitán:
- Evita ser un pesado rinoceronte e intenta que tu espíritu vuele libre como la mariposa.
Ya que no podía luchar contra todos ellos a la vez lo mejor era seguir el consejo y por ello salté hasta una especie de altillo que, aunque medio derruido, aguantó mi peso. Desde aquella posición privilegiada les obligaba a subir, para llegar a mí, por una estrecha escalera por la que sólo cabía uno de ellos. La verdad es que, en estas situaciones, tener una fuerza por encima de lo normal resulta muy útil. Al contrario que en mi último enfrentamiento con el hombre de negro, no me estaba resultado excesivamente difícil acabar con aquella pandilla de encapuchados.
Pero cuando uno se confía, baja la guardia y eso es lo que me sucedió. No vi como a mi espalda estaban montando otra escalera de madera por la que también estaban intentando acceder a mi posición. Casi sin tiempo para reaccionar, un pequeño temblor acompañó al derrumbamiento del altillo.
Caí sobre alguno de mis oponentes que amortiguaron la caída y, al intentar incorporarme, pude comprobar que el hombre de negro se había colocado junto a mí y había colocado una pistola automática a pocos centímetros de mi frente.
Sin poder separar la vista del cañón de aquella pistola, fui
consciente que el final de mis días se presentaba ante mí. Y, como si de una presentación de diapositivas se tratara, por mi mente empezaron a aflorar recuerdos y personas que, en algún momento de mi vida, habían compartido alguna que otra experiencia importante.
Pero un extraño ruido, como un zumbido, nos hizo mirar a ambos hacia la puerta de la sala. De repente una Harley entraba a tumba abierta, atropellando a todo aquel que se interponía en su camino, dirigiéndose directamente a donde nos encontrábamos. No podía ser, era… ¡El indomable Charly Watched!
- ¡Llega la caballería! - Gritó mientras levantaba la rueda delantera para abrirse camino de una forma más espectacular.
Aprovechando la confusión, golpeé al hombre de negro que perdió toda la ventaja que tenía. Salté por encima del altar, dispuesto a tomar la estatuilla de Osiris que se encontraba tras de él y me giré a tiempo de ver como Charly derrapaba y su rueda trasera barría unos cuantos seguidores de Ammit.
- ¡Si te montas nos vamos, compañero! - Me dijo mientras acababa de poner su moto en dirección a la salida. - Volvemos a casa.
Corrí como pude pero, cuando estaba a punto de montar en aquella preciosa Harley que tan buenos recuerdos nos traía, Charly me empujó y, desequilibrado, caí al suelo. El sonido de un disparo rompió el ritmo frenético de la escena y me obligó a mirar hacia el altar desde donde el hombre de negro nos había disparado.
Charly se desplomó y una mancha roja empezó a crecer a su alrededor. Me agaché para comprobar su estado pero ya nada pude hacer. Su cuerpo sin vida yacía sobre mí. Sé que sólo fueron un par de segundos pero fui incapaz de mover ni un sólo músculo de mi cuerpo. Ni uno sólo.
Apreté los puños tanto como pude y empecé a notar como dos bolas de fuego se empezaban formar. Alguno de los encapuchados que se disponían a atacarme empezaron retroceder separándose de mí, pero ya era tarde… demasiado tarde. Señalando al hombre de negro, lancé la primera llamarada contra él y, mientras se retorcía de dolor al ser consumido por las llamas, me giré y grité:
- ¡Ahora os toca a vosotros hijos de puta! – Grité mientras veía como algunos de ellos corrían intentando abandonar el templo – ¡El juicio de Osiris está apunto de comenzar! – Volví a gritar consciente de que ya nada ni nadie les podía salvar.
No estoy orgulloso de lo que pasó allí. Os puedo asegurar que no es para estarlo. Fue poco rato pero intenso. Fuera de mí y sin ser muy consciente de mis propios actos, conseguí eliminar a todos aquellos indeseables que habían matado a mi amigo. Ni sus gritos, ni sus súplicas, ni sus golpes sirvieron para librarse de aquella dolorosa y espantosa muerte.
Una olor a piel quemada quedó tras de mí y, mientras salía de la sala con Charly en mis brazos, un temblor sacudió el suelo. El templo faraónico estaba apunto de venirse abajo. Él también se había visto afectado por la ira de Blackdragón y sus desgastadas columnas estaba a punto de ceder bajo el peso de la historia.
Acabábamos de salir a la superficie cuando una nube de polvo nos envolvió. Protegí a Charly como pude, manteniéndolo en mi regazo, hasta que todo volvió a la normalidad. Bueno, todo no… allí seguía mi amigo sin vida.
Nunca pude saber que hacía Charly en Egipto y como me pudo encontrar, pero hay tantas dudas, tantas incógnitas cuando perdemos a un ser querido…
Volví a casa abatido. A pesar de haber podido devolver la estatuilla a su lugar de origen y haber evitado una catástrofe mundial, me sentía fatal y no podía quitarme de la cabeza que mi amigo había dado su vida por mí. Y no pude, ni quise, evitar que de mis ojos brotaran unas lagrimas por él.
NOTA:
Finalmente, Carlos Miró, nuestro compañero perdió la batalla que estaba manteniendo contra el maldito linfoma. El viernes 3 de julio, Carlos sin bajar la guardia ni un sólo segundo, a pesar de haber vencido alguna de las batallas, perdió la guerra y sucumbió a la enfermedad.
Luchador nato, desde el primer momento de conocer su enfermedad animó a todo el que quiso pasarse por su habitación a pasar un rato, por pequeño que fuera. Ayudando a las enfermeras que le atendían, incluso en los peores momentos en los que el dolor no le dejaba ni respirar, o colaborando con el personal sanitario que tuvo que practicarle un sinfín de pruebas ha sido un ejemplo para muchos de nosotros.
Los que tenemos buenos recuerdos de situaciones compartidas con él sólo os pedimos unos minutos de vuestro tiempo, creo que Carlos se lo ha ganado a pulso. Los que somos más creyentes seguro que lo incluiremos en nuestras oraciones, aunque no me cabe la menos duda que Dios lo tendrá en su Gloria. El resto de vosotros podéis hacerle vuestro pequeño y personal homenaje como os parezca más oportuno.
Para finalizar, hace unos días alguien me decía que Dios no debía existir al permitir que sucediera esto. Yo le respondí que esto sólo demostraba que le gustaba rodearse de buena gente y que el resto de nosotros deberíamos seguir por aquí hasta ganarnos a pulso lo que Carlos había conseguido ya.
¡Que Dios lo tenga en su gloria y le permita pasearse con su Harley ayudando, como siempre, a todo el que se acerque a él!
¿Quien soy?
Siempre en la sombra
blackdragonFiel seguidor de las aventuras de John Shark, mi intención era poder vivir en primera persona alguna de sus aventuras.
Tras un accidente en su última misión ahora tengo una serie de superpoderes que intentaré controlar para ponerlos al servicio de la sociedad.
En contacto permanente con el ornitólogo, me preparo para ello.
"Si crees todo lo que lees, ya estás preparado para seguir mis aventuras"
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Deprisa dijo
Una historia increíble, muy bien redactada y un grandísimo homenaje para ese amigo que se fue.
Soy de los que piensan que nunca nos marchamos del todo mientras alguien sea capaz de acordarse de nosotros. Con este relato, mantendrás su recuerdo para siempre.
Simplemente me quito el sombrero.
Un saludo y mi más sentido pésame.
lidia45 dijo
Simplemente decirte que cada día te superas con cada uno de tus fantásticos relatos, como ha dicho alguien por aquí arriba," me quito yo también el sombrero".Enhorabuena Black, me he enganchado a tu blog, y eso que al principio no lo entendía demasiado. Besos
lidia45 dijo
Solamente se me ha olvidado añadir, que mezclas con mucha sutileza, realidad y fantasía de una manera, que hace que sea fácil captar los mensajes que mandas a través de tus palabras.
Blackdragon dijo
Abrumado por tanto cariño. Un besote!!
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