25 Jun 2009

29 Five connection

Escrito por: blackdragon el 25 Jun 2009 - URL Permanente

Mi último asalto contra el hombre de negro se había decantado de nuevo a su favor y en mi cabeza no dejaba de rondar la duda sobre si hubiera podido vencerle si me hubiera encontrado en perfecto estado físico.

Pero, aunque mi rival se esforzaba por evitarlo, debía concentrarme en el motivo de mi visita al Cairo. Debía encontrar ese detalle que, como el sol de la mañana, despejaría toda la niebla que rodeaba esta aventura.

Una vez en la oficina de mi amigo Nasser, estuve estudiando los detalles de cada una de las noticias que tenían que ver sobre le número cinco. Pero la información que pude obtener de los diarios e incluso en Internet no aportaban ningún detalle que me sirviera, aparentemente.

En México, un extraño ataque de locura había provocado acciones violentas en personas sin antecedentes y que, para sus vecinos, eran perfectamente normales. De igual forma opinaban los holandeses interrogados por la policía del hombre que arrolló a la gente que esperaba el autobús real.

Por otro lado, en pleno conflicto armado entre rebeldes kurdos y las Fuerzas Armadas de Turquía, era curioso que la cifra de muertos del atentado coincidiera de nuevo con la misma cifra que los demás. El resto de casos tampoco me daba ninguna pista sobre la posible relación que pudiera existir entre ellos y por ello no dejaba de releer una y otra vez todos los artículos que había podido obtener.

Estaba a punto de desistir cuando me di cuenta de un pequeño detalle que hasta el momento había pasado ante mí desapercibido. Efectivamente parecía que si existía un nexo de unión entre todos aquellos casos. Recapacitando sobre mi investigación me di cuenta que no había hecho otra cosa que estudiar cada detalle de lo sucedido en cada uno de los escenarios pero no me había fijado en los periodistas que firmaban cada una de las noticias.

Dado que varias de ellas estaban firmadas por la misma persona, un tal Jorge Alberto López, que era reportero gráfico del diario El Mundo, decidí investigarle porque estaba seguro que me ayudaría aportar un poco de luz a todo este asunto.

Últimamente, este periodista salvadoreño sólo había publicado noticias sobre extraños sucesos entre los que se encontraban los que yo estaba investigando. Por ello me puse en contacto con la redacción del diario El Mundo desde donde pude saber que se encontraba en Amsterdam cubriendo una noticia.

No sabía si aquella visita tenía algo que ver con el incidente que hubo allí pero lo que sí tenía claro era que no debía perder ni un segundo. Organicé el viaje hacia la capital holandesa con la menor brevedad posible y, una vez en el avión, empecé preparar una lista de cuestiones que debía intentar que me aclarara.

Una vez allí me dirigí al Rijksmuseum, donde debía encontrase. Allí se estaba realizando la presentación de una exposición sobre arte egipcio. Empecé a preguntar por él pero nadie me supo decir si estaba allí o no. Desanimado, me topé con un joven y al disculparme pude ver que llevaba las credenciales del diario El Mundo.

- Disculpe, ¿es usted Jorge Alberto López? - le pregunté sin darle tiempo a reaccionar.
- ¿Cómo? ¿Jorge? No, lo siento pero ha habido un cambio de última hora y a este evento he tenido que venir yo. Él está en su país con una demostración de vuelo acrobático que tenía mucho interés en cubrir.

Aún más desanimado, salí del museo sin despedirme del periodista que debió quedar algo extrañado ante mi reacción.

Intentaba reordenar toda información que se encontraba en mi cabeza cuando me pareció ver al hombre de negro. No estaba seguro si era él o mi obsesión por él me estaba jugando una mala pasada pero, ante la duda, decidí seguirlo. Al no conocer la ciudad no resultó difícil perderlo de vista. Decidido a volver al aeropuerto para emprender un nuevo viaje tuve una extraña sensación, como ese sentido arácnido de Spiderman, para que os hagáis una idea.

Me giré a tiempo de esquivar el golpe que me había lanzado mi oponente. Sin darle tiempo de reaccionar le golpeé con todas mis fuerzas en el pecho, lanzándolo por los aires. Su vuelo fue corto ya que dio con sus huesos contra la pared de enfrente. Era mi momento de gloria. Por fin podía demostrarle lo que era capaz de hacer.

Corrí hacia él y, cuando intentaba ponerse en pié, encajó un nuevo golpe que le lanzó a uno de los canales. Me acerqué al borde para ayudarle a subir y acabar la faena cuando escuché los disparos que, según pude comprobar, provenían de una lancha que se acercaba a nuestra posición.

Mientras me refugiaba en un portal, pude ver como el hombre de negro se subía a ella y se alejaban de allí. Salí corriendo tras ellos pero mi persecución acabó en el momento en que arrollé a varios ciclistas que circulaban tranquilamente por la zona. Se encontraban en el momento y lugar equivocados.

Me levanté y me dispuse a disculparme cuando comprobé que uno de aquellos ciclistas era John Lucke, un famoso ornitólogo, con el que había coincidido en algún que otro congreso. Supongo que por lo alterado que me encontraba, insistió en saber la razón que había provocado mi estado de nerviosismo. Nada más explicarles que aquel individuo de negro me había robado, no era cuestión de dales más información de la necesaria, se ofrecieron a ayudarme.

El grupo estaba formado por el Capitán, el Rey de Camprodón, Cortina de lluvia, Daniel el travieso y John, al que llamaban Rockrider. Y, como si aquello estuviera ensayado, ante un simple gesto del Capitán cada uno de ellos salió por uno de los puentes de la zona con el objetivo de localizar al “ladrón”.

La bicicleta es un vehículo ideal para muchas cosas, pero he de reconocer que, en aquel lugar era la única opción de moverse rápidamente. Siguiendo los canales, cada uno de aquellos se dirigió hacia la estación central hacia donde les dije que creía que se dirigía mi oponente. Yo, caracterizado ya como Blackdragon, también inicié la persecución aunque en mi caso, ayudado por la cantidad de edificios de poca altura del barrio, se realizó por las azoteas.

Llegué a la estación Central a tiempo de ver como Rockraider y Cortina de lluvia reducían con su rueda trasera al hombre de negro. Éste, tras dar un par de volteretas, se levantó y tras comprobar que ya todo el grupo de ciclistas se encontraba frente a él sacó un revolver y les apuntó como si le costara decidir a quien debía disparar primero.

Nadie se inmutó. Ni siquiera se miraron entre ellos. Como si no tuvieran miedo a lo que les podía suceder. Pero todos, al unísono, pusieron el pie en pedal dispuestos ha realizar una carga, como si del séptimo de caballería se tratara.

Calculé el último salto y fui a caer frente a mi enemigo en el mismo momento que realizó un disparo. Supongo que desconcertado por mi aparición cayó hacia atrás mientras veía como yo también caía al suelo.

Un fuerte dolor de cabeza no me permitió concentrarme en los que estaba sucediendo y, cuando fui capaz de hacerlo, Daniel me explicó que había cambiado la dirección de la bala con mi cabeza y que, mientras me atendían, el ladrón pudo escapar. Efectivamente una pequeña herida en mi sien derecha corroboraba esta explicación. Sentía dolor y agradecimiento. Dolor no por la herida, que sólo era superficial, sino por haber estado tan cerca de tener al hombre de negro. Y, obviamente, el agradecimiento era por aquel grupo de héroes que, por encima de sus propias vidas, habían decidido ayudarme.

Tras cambiarme de ropa, quedé con ellos para tomar unas cervezas y poder compensarles mínimamente el esfuerzo. Mientras una simpática camarera nos traía las bebidas, John tomó un diario para ver la previsión del tiempo para el día siguiente.

Mientras hablaba con el grupo, compartiendo información de nuestros viajes, algo del diario me llamó la atención. Era una noticia sobre un accidente aéreo durante la preparación de un espectáculo en el Salvador.

Un nuevo giro se producía en la historia.


15 Jun 2009

Índice

Escrito por: blackdragon el 15 Jun 2009 - URL Permanente

Para ayudar a los que deseen leer las aventuras de Blackdragon desde el principio.

Estos primeros capítulos están enlazados con los últimos del Proyecto Chronos. Louis Darval vivió aquellos capítulos en su propia piel y, en ellos, podéis ver como se originó el nuevo superhéroe.

CAP 01 Presentación
CAP 02 La leyenda del Dragón negro
CAP 03 Es muß geschlossen sein
CAP 04 ... es el origen de una nueva
CAP 05 Cerrado temporalmente por vacaciones del autor

A partir de aquí Louis dejó atrás a John Shark y empezó su camino en solitario

Basado en noticias reales

CAP 06 Un nuevo superhéroe está entre nosotros
CAP 07 Los poderes del dragón
CAP 08 Bosque fueguino
CAP 09 El rescate
CAP 10 Misión de paz
CAP 11 Desfile acidentado
CAP 12 Pérdida accidental
CAP 13 Mi héroe
CAP 14 Bromptondragon
CAP 15 Sinaloa road
CAP 16 Triángulo amoroso
CAP 17 ¿Liberación?
CAP 18 La transformación
CAP 19 El señor de la oscuridad
CAP 20 Llamaradas
CAP 21 Carta a un amigo
CAP 22 Ave Fénix
CAP 23 Casualidades de la vida
CAP 24 Objetivo desenfocado
CAP 25 Desenfoque gaussiano
CAP 26 Negras mueven...
CAP 27 Amnohotep
CAP 28 Egipcian museum

Otros textos que se han ido publicando han sido:

MEME sobre la felicidad
Concurso 20blogs
Felices fiestas
El club de los poetas... incomprendidos

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Premios 20Blogs

11 Jun 2009

28 Egipcian museum

Escrito por: blackdragon el 11 Jun 2009 - URL Permanente

Por mi trabajo, he tenido que visitar El Cairo en numerosas ocasiones pero he de confesar que nunca deja de sorprenderme. Esta misteriosa ciudad es capaz de cautivarte de manera que uno es incapaz de hacer otra cosa que no sea perderse por sus callejuelas en busca de aventuras, que acostumbran a no llegar.

Como siempre, al bajar del avión me encontré con el doctor Nasser Hemeda un famoso egiptólogo que combinaba como podía sus investigaciones con el trabajo de guía de una de las múltiples empresas turísticas de la zona. Dado que estaba a punto de anochecer, me acompañó al hotel y nos despedimos hasta el día siguiente.

Esa noche, el mismo sueño que tuve el día que apareció el emisario volvió a repetirse. Me encontraba en una sala donde un número indeterminado de cuerpos bañados en sangre me rodeaban y, cada vez que intentaba alejarme de ellos, cinco nuevos cuerpos caían a mis pies.

Un poco más allá, frente a mí, cinco puertas parecían ser la única escapatoria. Pero al llegar a ellas e intentar salir por cualquiera de ellas, volvía a encontrarme en la misma sala. Y la situación se repetía con cualquier puerta que eligiera.

Aquel sueño no parecía ser ninguna premonición pero intuí que el hecho de repetirse, me estaba indicando que el número cinco debía tener un papel importante en la solución de aquel misterio. Y con aquella idea rondando por mi mente desperté y, sin tiempo para asearme, me sumergí en la red para investigar muertes que tuvieran que ver con el número cinco.

Así fue como pude comprobar que en los primeros tres días de enero se habían registrado cinco muertes violentas en Durango, que cinco personas murieron en Turquía al explotar una mina debajo del camión en el que viajaban. A esta lista se unían las cinco víctimas que hubo en el desfile de la Reina en Holanda y los cinco muertos en un tiroteo entre narcotraficantes y policía en Copacabana.

Cuando estaba leyendo la noticia sobre la ola de suicidios que, durante los dos últimos años, estaba azotando a artistas coreanos, Nasser me llamó por teléfono preguntando si no recordaba que habíamos quedado hacía media hora. Como pude me arreglé y, sin olvidar mi medicación, me dirigí al museo.

Aunque reconozco haber visitado muchos de ellos, he de decir que en ninguno he tenido la sensación que tengo al entrar en él. Y es que entrar en el Museo Egipcio es como sumergirse en el pasado. Rodeado por los secretos de los faraones, uno pasa de las joyas a las maldiciones sólo con cambiar de sala. Mientras visitábamos sus salas, Nasser me confirmó que no resultaba extraño que desaparecieran algunos de los objetos, que se encontraban en el desorganizado almacén del subterráneo, dado que el sistema de seguridad dejaba bastante que desear.

Algo, como una extraña sensación de ser observado, me hizo volver la mirada hacia la sala que acabábamos de pasar. No vi nada extraño, por lo que seguí el paseo y la conversación con mi amigo.

Mientras hablábamos sobre las carencias existentes en el sistema de seguridad del centro, recordé que ambos teníamos un amigo común, Martín Otero, que tras dejar su puesto de trabajo en un centro hospitalario se había especializado en el traslado de muestras y objetos de valor.

Cuando dije su nombre Nasser paró en seco. Como si pensara que yo ya sabía lo que había sucedido, me explicó que habían encontrado su cuerpo sin vida hacía unas semanas. Aún no habían podido determinar la causa de la muerte pero, salvo que aparecieran nuevas pruebas, todo apuntaba a que él mismo había puesto punto final a su vida.

Lo primero que me vino a la mente fue su madre. Siempre he pensado que existe una ley natural no escrita por la que los padres asisten al nacimiento de sus hijos y estos al entierro de los padres. Es por ello que ningún padre está preparado para sobrevivir a su descendencia. Y aquella desconsolada madre ahora estaba pasando por todo aquello.

Nuevamente tuve la sensación de ser observado y , nuevamente, me giré. Esta vez lo hice a tiempo de ver como aquella figura vestida de negro se ocultaba tras una estantería. Sin dudarlo ni un segundo me dirigí con la intención de descubrir la identidad de aquel individuo. Pero, cuando estaba apunto de llegar a él, salió corriendo hacía la puerta de salida. Casi sin poder reaccionar, y a pesar del dolor que me sobrevino por el esfuerzo, me dispuse a seguirlo.

A pesar de la gran cantidad de personas que se encontraban en la zona que rodeaba el museo, el individuo los esquivaba como si pudiera prever los movimientos de cada uno de ellos. Mientras yo no hacía más que chocar con todos y cada uno de ellos. Precisamente por ello, cuando se dirigió hacia aquel mercado decidí que debía cambiar de estrategia.

Salté con todas mis fuerzas, ante el asombro de los que se encontraban a mi alrededor, para alcanzar la azotea de uno de los edificios adyacentes. De esta forma podía seguirle con una visión privilegiada de su posición. A pesar del dolor casi le estaba alcanzando y me disponía a saltar sobre él pero, como si también hubiera adivinado mi intención, entró por una de las puertas del edificio sobre el que me hallaba. Ahora ya era imposible saber donde se encontraba exactamente.

Convencido que nuevamente le había perdido la pista, frené mi carrera y me dispuse a sentarme para tomar un poco de aire. Pero sin tiempo para reaccionar, recibí un golpe en la espalda que me hizo caer, golpeándome contra una pequeña chimenea que se erguía frente a mí.

- No entiendes nada- me gritó aquel individuo, mientras se acercaba - No puedes hacer nada por evitar lo que está a punto de suceder. Ni veinte como tu podrán frenar a los seguidores de Ammit.

Sin preocuparme por las posibles consecuencias para mi salud, me incorporé y me lancé contra él mientras le gritaba:

- ¡Sólo soy uno! Pero no tenéis ni idea de lo que supone cabrearme…- No pude acabar lo que estaba diciendo ya que al chocar contra él, ambos salimos rodando.

Intentaba ponerme de pie para poder lanzarle un nuevo golpe cuando comprobé que un grupo de personas se estaba acercando a nosotros. Rápidamente intuí que no estaban allí para ver lo que estaba sucediendo si no que debían ser esbirros del hombre de negro. Por ello decidí, dado mi estado físico, abandonar aquel escenario para evitar males mayores.

Un nuevo salto, en el mismo momento que el grupo se disponía a atacarme, me ayudó a llegar al edificio del otro lado de la calle y, en un par de saltos, desaparecí de la vista de mis oponentes de una forma relativamente sencilla. Mientras me alejaba de la zona, me di cuenta que había actuado a cara descubierta y que aquello podría tener algún que otro efecto sobre mis posibles actuaciones futuras. Intentando tranquilizarme, llamé a Nasser y le indiqué que aprovechara su contacto en la agencia EFE para recabar más información sobre las noticias sobre las muertes relacionadas con el número cinco.

Algo debía relacionarlas y este vínculo debía marcar mi línea de investigación...

28 May 2009

27 Amnohotep

Escrito por: blackdragon el 28 May 2009 - URL Permanente

A pesar de lo amortiguada que resultó la caída, mi cuerpo se esforzaba en recordarme que ésta podía haber tenido trágicas consecuencias para mí. Cada paso, cada movimiento, hasta la inevitable respiración suponía una aventura donde mi enemigo era el dolor y mi único aliado era mi voluntad de seguir adelante, resistiendo a él como pudiera.

Llevaba unos días en los que pasaba la mayor parte del tiempo en el sofá de casa intentando quitarme de la cabeza aquel individuo que cambió, con su aparición, el curso de mi anterior aventura. En la penumbra que reinaba en mi salón, mi mayor duda era si nuestro cruce había sido fruto de la casualidad o si, por el contrario, iba a tener un papel importante en mi camino como superhéroe.

No estaba seguro si era fruto del analgésico que acababa de tomar, del síndrome Charles Bonnet o del estado de shock en el que aún me encontraba pero lo cierto es que, de repente, una luz cegadora llenó el salón de mi casa. Una luz que me obligó a cerrar los ojos y taparme la cara por miedo a que pudiera afectar a mis ojos, esta vez de forma irreversible.

Prácticamente al instante ésta se apagó bruscamente. Y este cambio hizo que, al abrir de nuevo los ojos, tardara unos segundos en poder enfocar de nuevo. Este breve espacio de tiempo fue el necesario para poder comprobar que no me encontraba sólo. Ante mí apareció aquella figura.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando acerté a descubrir aquel individuo. Una especie de túnica ocultaba parcialmente su cuerpo pero, al empezar a acercarse a mí, ésta cayó y dejó a la vista su extraña indumentaria. Al empezar a hablarme, acabé de disipar cualquier duda sobre su procedencia.

“Soy Amnohotep, emisario del todopoderoso hijo del sol y gran faraón del alto y bajo Egipto. Mi amo Rameses me ha enviado a buscar al aliado de la bestia. Aquel que domina los elementos y para el que el fuego no tiene secretos. ¿Acaso ese eres tu?”

Tras oír estas palabras empecé a pensar que quizás la medicación me estaba afectando más de lo que me imaginaba. No podía ser que aquella figura fuera realmente un enviado del más allá que me trajera un mensaje del gran faraón Ramses. Pero antes de poder plantearme alguna pregunta más, el personaje insistió en su pregunta:

“¿Eres tu el hombre que busco?”

Sin poder articular palabra alguna y casi sin poderme creer lo que estaba sucediendo ante mí, asentí con un ligero movimiento de cabeza. Él prosiguió en su discurso.

“Así como Ra fue advertido de que su hija Nut, diosa de los espacios celestes, si en algún momento diese a luz un niño, este gobernaría la humanidad, así te advierto yo que el juicio final se acerca y que sólo el aliado de la bestia puede intentar evitarlo.

Los que desean despertar al que nació como dios bondadoso y benefactor del pueblo, aquel conocido como El gran señor de todas las cosas que apareció bañado por la luz…”

Intenté interrumpirle, básicamente porque no me estaba enterando de nada. Nut, dioses de la tierra, el gran señor, … todas aquellas palabras intentaban ordenarse dentro de mi cabeza mirando de darles algún sentido, pero sin llegar a conseguirlo.

Él me miró fijamente, y en sus ojos pude ver cierto grado de duda. Quizás empezaba a pensar que yo no era la persona que andaba buscando, que todo aquel esfuerzo había sido inútil. Pero fue en ese preciso momento cuando, tomando aire tuve el valor de preguntarle que se esperaba que hiciera yo. Si todo aquello estaba pasándome realmente, necesitaba saber que papel tenía yo en toda aquella historia.

“Los seguidores de Ammit intentan vencer a Osiris y proclamar a la devoradora de los muertos como nueva reina. Ella, la que provoca la segunda muerte, vendrá desde lo más profundo a reinar en vuestro mundo si aquel que tiene el poder de controlar el fuego no pone remedio. Por ello han robado el alma de Osiris. Sólo retornando la caja a su lugar de inicio, el que amo del juicio final podrá descansar. En caso contrario, su poder quedará libre y los adoradores de Ammit conseguirán que esta vuelva del inframundo para reinar entre vosotros.”

Seguía sin entender nada de lo que me explicaba ¿Dónde estaba esa caja? ¿Quiénes eran los adoradores de Ammit? Insistí en que me aclarara todo eso y que me explicara en que consistía mi tarea para ponerme manos a la obra pero él sólo añadió:

“El hijo del sol ha puesto toda su esperanza en ti.”

La luz cegadora volvió a inundar la habitación obligándome de nuevo a apartar la vista de aquella figura.

Cuando abrí de nuevo los ojos tuve la sensación de haber estado durmiendo y que todo aquello no había sido más que un sueño o, como mucho, una premonición que me ponía frente a mí una nueva aventura. Por si acaso me dirigí al ordenador y en el buscador puse las siguientes palabras: objetos perdidos museo egipcio.

La primera noticia que pude leer no me dejó duda alguna sobre lo que acababa de experimentar. Realmente se había producido el robo y empezaba a pensar que aquella figura quizás no había sido fruto de mi imaginación. Por ello, aunque con ciertas dudas al respecto, pensé que sería mejor dirigirme al Museo Egipcio de El Cairo, aprovechando las dos semanas que tenía libres en el trabajo. Así que, mientras me tomaba un analgésico, empecé a preparar el equipaje.

Antes de tomar el vuelo, contacté con alguno de mis contactos en la capital para preparar mi estancia allí. No sabía cuantos días iba a estar pero lo que si estaba claro era que aquella figura robada iba a ser el centro sobre la que iba a girar esta nueva aventura.

¿Quieres saber algo más sobre el robo?

14 May 2009

26 Negras mueven...

Escrito por: blackdragon el 14 May 2009 - URL Permanente

Llevaba tanto tiempo afectado por la extraña enfermedad que ya no tenía claro si, aunque lentamente, estaba recuperando la visión o si, por el contrario, sólo me estaba acostumbrando a la situación. Lo que si tenía claro era que el pequeño sonar me estaba ayudando a intentar normalizar bastante mi vida.

Aquel soleado día me encontraba paseando cerca de la ciudad de San Diego cuando aquel caza me sobrevoló. Era habitual ver pasar los F18, dado que la estación aérea del cuerpo de marines de Miramar se encontraba muy cerca, lo que no era normal era hacerlo a tan poca altura.

Pensé que en cualquier momento el avión empezaría a tomar altura y continuaría su vuelo hasta llegar a la base pero, ante la mirada atónita de los transeúntes, una humareda empezó a salir del aparato y, haciendo una espiral, se precipitó contra los edificios.

Mientras varias personas que se encontraban cerca especulaban sobre si se había estrellado contra el instituto de la zona residencial, salí corriendo para intentar ayudar en el rescate de las posibles víctimas.

Cuando abrí los ojos me encontraba en el sofá de mi casa. Aunque era consciente de que todo había sido un sueño, mi acelerado ritmo cardíaco y el sudor de mi frente parecían demostrar todo lo contrario. En cuanto me repuse, me conecté a la red para buscar algo más de información sobre la localización de la base aérea.

Sin perder ni un minuto, me dispuse a dirigirme a la ciudad de San Diego donde debía llegar a la base militar con el único objetivo de conseguir que el avión, ese caza que había protagonizado mi premonición, permaneciera en tierra firme y así poder evitar el volumen de victimas que estaba a punto de provocar.

Pero la misión no era tan fácil como pudiera parecer. Convencer a los militares que aquel avión, que había pasado todas las revisiones correctamente, iba a sufrir un accidente era una tarea difícil en los tiempos que estamos viviendo. Si no planteaba bien mis argumentos podía acabar arrestado bajo el cargo de posible apoyo al terrorismo y, tras el accidente, mi situación seguro que empeoraría rápidamente.

Por ello, a pesar de ser consciente de que la mejor manera de evitar el desastre era que aquel avión no despegara, decidí localizar el instituto de la premonición. Si el avión iba, irremediablemente, a realizar su vuelo programado, debía concentrar todo mi esfuerzo en reducir al máximo el número de víctimas.

Me encontraba muy cerca del edificio cuando noté la presencia de alguien que me seguía desde hacía bastante rato. En cualquier otro momento no hubiera prestado atención pero, con mi reducción visual actual, todo lo que me rodeaba era estudiado cuidadosamente por si pudiera suponer una amenaza. Para poder tener un poco más de información sobre la persona que me seguía, a una distancia sospechosamente corta, decidí girarme y encararme.

Fue en ese mismo momento, en que empezaba el giro mientras apretaba los puños con la intención de enfrentarme al desconocido, cuando recibí el brutal impacto lateral en mi cabeza. Sin poder evitarlo, me desplomé mientras todo mi entorno se oscurecía por momentos. Lo último que recuerdo de aquella situación fue aquella figura vestida de negro alejándose corriendo. Después la oscuridad se acabó de apoderar de todo mi ser.

Por unos momentos, al despertar, llegué a pensar que todo había sido un sueño y, a pesar de lo real que había parecido, no dejaba de ser una nueva premonición. Pero me encontraba sentado en el suelo, apoyando la espalda en una de las paredes del instituto, rodeado de personas preocupadas por mi estado de salud.

Agradeciendo la atención que me habían prestado todas aquellas personas, me levanté e intenté dirigirme hacía la puerta del instituto. Pensaba hablar directamente con el director para poder evacuar el centro, cuando el ruido de aquel caza me hizo mirar al cielo a tiempo de ver como un hilo de humo empezaba a salir de su ala derecha. La tragedia estaba a punto de producirse y no quedaba tiempo para plantear ninguna estrategia. Sólo tenía unos segundos para actuar por lo que, mientras me cambiaba, opté por la única solución que se me pasó por mi dolorida cabeza.

Empecé a correr en dirección al caza, intentando tomar el mayor impulso posible. Estaba totalmente decidido a saltar contra el F18, chocar contra él e intentar cambiar, no sabía muy bien como, su trayectoria. No era muy consciente de las posibles consecuencias que aquella acción pudiera tener sobre mí pero, habiendo tantas vidas en juego, eso ahora era secundario.

No pude calcular bien el impulso e impacté contra la cara inferior del ala derecha del caza. Intenté aferrarme como pude al fuselaje del avión pero el giro repentino que provocó mi choque contra él lo impidió. Mientras caía, y mi cuerpo empezaba a chocar contra los toldos extendidos de un edificio de viviendas, pude ver que la explosión provocada por el accidente se había producido lejos del instituto.

No había podido evitar el accidente pero esperaba que el número de víctimas se hubiera reducido al mínimo. Y con esa esperanza se produjo el impacto final de mi cuerpo contra el suelo. Un dolor intenso se apoderó de mi cuerpo pero, asombrosamente, continuaba consciente.

Miré a mi alrededor y pude ver que, a pesar de lo doloroso del impacto, no había sido fatal. Los múltiples toldos contra los que fui chocando y el camión que recibió mi golpe final, que por alguna gracia divina se encontraba a rebosar de colchones, habían conseguido evitar una tragedia personal.

Como pude, ante la mirada alucinada del conductor del vehículo, me alejé de la zona intentado pasar lo más desapercibido posible. No podía ser el objetivo de ninguna cámara o todos mis esfuerzos hasta el momento por no ser noticia hubieran sido en vano.

Cuando llegué a la habitación de mi hotel llené la bañera y, mientras me relajaba sumergido en aquel agua revitalizadora no pude evitar pensar en aquella figura de negro que había conseguido abortar, aunque fuera parcialmente, mi misión inicial.

Tardé unos días en recuperarme lo suficiente como para salir a la calle pero, desde la habitación, pude comprobar en la televisión local como el F18 había caído en una zona residencial y había provocado sólo tres víctimas. Sólo tres víctimas… ¡demasiadas!

Y todo gracias a aquel nuevo contrincante que había aparecido repentinamente en el juego. Algo me decía, en lo más profundo de mi ser, que aquel extraño podía conocer cada una de mis anteriores acciones y que se iba a convertir en una pesadilla para Blackdragon.

Debía pensar como plantear mi próxima jugada si quería evitar que una nueva aparición de aquel individuo afectara a mis futuras misiones. Hoy me había salvado del jaque pero las piezas negras seguían al acecho.

30 Abr 2009

25 Desenfoque gaussiano

Escrito por: blackdragon el 30 Abr 2009 - URL Permanente

Desde el accidente no hacía otra cosa que investigar sobre enfermedades relacionadas con la vista. Gracias a Internet pude conseguir direcciones de algunas asociaciones que, al igual que hace Vivir desenfocados, se preocupan por dar a conocer todas aquellas noticias que puedan dar un poco de esperanza a los que se encuentran encadenados a alguna enfermedad de este tipo.

Así fue como me enteré de un congreso que tenía lugar en París sobre enfermedades degenerativas. Acudí allí en busca de alguien que fuera capaz de decirme que tipo de enfermedad sufrían mis ojos. Los médicos que hasta ahora había consultado coincidían en su diagnóstico que no era otro que una “leve pérdida transitoria de visión a causa de la onda expansiva de la explosión “. Pero eso no era suficiente para mí. Necesitaba saber que significaba la palabra “transitoria” y si había alguna manera de reducir esa… transitoriedad.

A pesar de lo importante que parecía ser el congreso, en un segundo plano flotaba la crisis mundial. Al parecer, la falta de liquidez de los mercados afectaría en breve, según los entendidos, a los proyectos de investigación y, entre ellos se encontraban los dedicados a las enfermedades oculares.

Entre tanta preocupación, tuve el placer de conocer a Eric Villalón, que me explicó su aventura por la Antártida y alguna de sus excursiones cuando era profesor del Centre Excursionista de Catalunya, a pesar de sufrir una deformación en el nervio óptico y otra en la retina, entre otras cosas. También me habló de Glhoria y del trabajo realizado por su asociación aunque ya lo conocía gracias a John Shark. No hacía falta escucharle más de unos segundos para entender lo preocupados que estaban los miembros de la asociación porque el conjunto de la sociedad pudiera darse cuenta, aunque sólo fuera un poco, de la difícil situación por la que están pasando las personas afectadas por este tipo de enfermedades.

Por mi lado, le expliqué mi experiencia en Escocia, donde conocí el trabajo de la ONG Visibility, dedicada a las personas ciegas, que enseñaba a los niños invidentes a construir mentalmente imágenes detalladas de su entorno mediante el método de dar un chasquido con la lengua e interpretar el eco resultante.

Aprovechando los conocimientos que pude asimilar de aquella experiencia encargué a un buen amigo un aparato que hacía las funciones de radar. Aparentemente podía pasar por un audífono, pero aquel pequeño sensor me ayudaba a enfocar mentalmente algunas de las sombras que se sucedían frente a mí.

Interesado por el tema, decidimos quedar para cenar aquel mismo día y seguir hablando más tranquilamente.

Decidí volver a mi hotel caminando asumiendo el riesgo que ello podía suponer al moverme por una ciudad nueva para mí, por no hablar de mi deficiencia visual actual. Días antes había intentado memorizar el plano de la zona de manera que pude orientarme rápidamente sobre la dirección que debía tomar.

Había caminado un par de manzanas cuando me pareció ver como una enorme sombra se movía ante mí. Me froté los ojos al no creer lo que estaba pasando ante mí... el dragón negro se posó ante mí bloqueándome el paso. Durante unos segundos no supe que hacer, como si la sangre se hubiera congelado impidiéndome mover ni un solo músculo de mi cuerpo. ¿Qué debía hacer? ¿Luchar o, por el contrario, salir huyendo?

Un pequeño niño distrajo mi atención del monstruo al preguntarme si necesitaba ayuda para pasar la calle. Me tomó de la mano y, mirándome a los ojos, inició su intento de cruzar la calle. No podía creer que actuara con tanta naturalidad ante aquel demonio viviente pero, ante mi resistencia al movimiento, él me dijo con su dulce voz:

- Esté tranquilo, señor, el camión ya ha aparcado y no hay peligro alguno.

¿Camión? ¡Aquella sombra no era otra cosa que un camión! Mientras permitía al pequeño que me acompañara al otro lado de la calle, no hacía otra cosa que pensar en como había podido confundir aquel vehículo con el dragón…

Al día siguiente asistí a una conferencia sobre el síndrome Charles Bonnet, una condición que era causada por la ausencia de estimulación visual y provocaba alucinaciones visuales, según nos explicó el Dr. Dominic Ffytche. Y, sin ninguna otra explicación a lo sucedido, decidí que quizás era eso lo que me pasó el día anterior.

En el vuelo de regreso a casa, oí en la radio que el ministro de sanidad había decidido hacer una serie de recortes presupuestarios con el fin de derivar algo de dinero para reflotar el sistema financiero del estado. Siempre pensé que la administración pública era poco eficaz y menos eficiente con la asignación de sus recursos pero lo que tenía claro era que la sanidad no debía ser el eje de los recortes sanitarios.

Creo que el usuario de la administración pública puede a esperar horas, si fuera necesario, para entregar una documentación pero, por el contrario, no está dispuesto a que pase ni un segundo más de lo necesario cuando está enfermo y necesita ser atendido.

Quizás la crisis no sea sólo económica. Puede que también esté afectado a los cerebros de nuestros gobernantes que siguen empujando esta triste sociedad de consumo hacia un precipicio.

En estos casos, para avanzar lo mejor es dar un paso atrás.

16 Abr 2009

24 Objetivo desenfocado

Escrito por: blackdragon el 16 Abr 2009 - URL Permanente

Me había pasado mucho tiempo, quizás demasiado, concentrado en mis propios problemas. Como si el resto del mundo no existiera, como si después de marchar María nada importara,... como si fuera la única persona con problemas. Pero de algo han de servir los consejos de mis amigos, de los que aún me quedan.

Ellos son los que me han abierto los ojos, los que me han dado el empujón necesario para seguir adelante. Han sido los que me han hecho pensar en mis amigos David Palace, Charlie Watched o James Patton que, a pesar de las dificultades por las que estaban pasando, han afrontado con valentía su situación y, tomando al toro por los cuernos, luchan día a día por vencer en esa batalla diaria que supone algo tan sencillo, y a la par tan complicado, como es vivir.

Contento por sentirme rodeado de luchadores, que seguro me estaban contagiando su energía, afronté esta nueva etapa de mi vida, decidido a que Blackdragon resurgiera de sus cenizas y retomara la lucha que tan olvidada había tenido en este último periodo. No sé si era el primer paso pero seguro que la reacción que tuve ante el pistolero de mi última aventura era buena muestra del cambio que había sufrido.

He de reconocer que me había gustado esta actuación que bien podría haber estado a la altura de cualquier personaje de Marvel. Quizás los poderes del dragón y la energía de mis amigos estaban obrando en mí más cambios de los que aparentemente eran evidentes.

Aquellos días me encontraba en Ecuador invitado por la Universidad San Francisco de Quito, concretamente por el Colegio de agricultura, alimentos y nutrición. Aunque no se esperaba de mí ninguna aportación en el campo de la ornitología, habían llegado hasta las manos del John Carpenter, director del Congreso de Agroempresa, alguno de mis trabajos sobre la influencia de los pájaros en las cosechas por lo que había decidido invitarme a participar en una mesa redonda.

Aquella era la primera noche que pasaba en la ciudad y el calor me resultaba asfixiante. Después de varios intentos infructuosos de quedarme dormido y en vistas que no podía pagar ojo, decidí salir a dar un paseo. La ciudad estaba en calma, como si hubiera apagado sus motores y reposara esperando la llegada del nuevo día.

Dos camionetas aparecieron a una velocidad inusual para la tranquilidad que reinaba. Supuse que debía tratarse de alguna carrera ilegal que tanto furor hacía entre los jóvenes de la zona aunque no quise darle mayor importancia, concentrado en mis propios pensamientos, hasta que no oí el primer disparo.

Corrí para llegar lo antes posible a la esquina más cercana y poder ver que estaba sucediendo en la siguiente calle. Ahora que ya ha pasado todo he de reconocer que ir sin pararme a pensar en las posibles consecuencias que tendría aparecer de repente en medio de un tiroteo fue una locura, pero no puedo, ni quiero, evitar ser como soy.

Ante mí aparecieron seis vehículos, dos camiones blindados de una entidad bancaria rodeados por cuatro camionetas que, tras chocar contra uno de ellos, bloqueaban su camino. De ellas descendían varios individuos encapuchados que abrían fuego contra los blindados.

Mientras decidía que estrategia podría ser la más efectiva, me iba despojando de mi ropa para dejar que fuera Blackdragon el que actuara. Si dejar pasar ni un segundo más del necesario, mientras acababa de ponerme el antifaz, inicié de nuevo la carrera en dirección al escenario del crimen que se estaba intentando cometer.

Aprovechando el factor sorpresa salté sobre ellos, cayendo junto al vehículo que estaba recibiendo la mayor parte de los impactos de bala. Los atracadores, desconcertados por mi presencia, dejaron de disparar contra los furgones y concentraron sus miradas en mí. Fueron esos segundos de incertidumbre los únicos que necesité para coger a uno de ellos y lanzarlo con toda mis fuerzas contra tres sus compañeros, dejándolos a todos fuera de juego.

Me concentré en el resto de la banda que estaba intentando abrir el otro furgón para conseguir, como mínimo, parte del botín previsto. El que parecía tener la voz cantante ordenó a los otros dos individuos que le consiguieran un poco más de tiempo y así fue como se plantaron ante mí desafiantes. Mientras intentaban desenfundar sus armas, me abalancé sobre ellos y tras chocar contra ellos, dejándolos aturdidos por el golpe, pude ver que el cabecilla se retiraba deprisa del vehículo. En la parte trasera del blindado se encontraba activado un artefacto explosivo que debía ser la llave que les abriría la puerta de las riquezas esperadas.

Sabiendo que debía alejarme lo más rápido posible de la zona me dispuse a saltar a lo más alto de uno de los edificios más cercanos. Fue en ese mismo momento cuando la bomba hizo explosión. El impulso tomado y la onda expansiva, que me tocó de pleno, me hicieron saltar sin control alguno aunque he de reconocer que acabé cayendo en una de las terrazas de uno de los edificios adyacentes.

Cuando fui consciente de lo que había sucedido, me asomé para ver como había quedado la cosa. Mientras me frotaba los ojos, intentando enfocarlos para dejar de ver borroso, sólo pude ver como, entre el humo del incendio provocado y una lluvia de billetes medio quemados, llegaban a la zona varias unidades de la policía local. Sentado allí achaqué mi visión borrosa al aturdimiento sufrido por la explosión por lo que decidí reposar un rato al no poder hacer ya nada por mejorar la situación.

Como pude llegué a mi domicilio y, al día siguiente, me dirigí al servicio de urgencias de la zona para que me echaran un vistazo. Según el oftalmólogo que me visitó mi agudeza visual se había reducido en un ochenta por ciento. Según él, si no eran capaces de identificar correctamente la causa, podía ir en aumento esta pérdida de visión.

El mismo John Carpenter me ayudó a tramitar el regreso a casa y, mientras escuchaba en el avión la noticia del intento de robo de dos furgones blindados pensaba como podía afectar el estado actual de mis ojos a mi vida profesional y, en especial, a Blackdragon.

Recordé como en algún capítulo de las aventuras de John Shark, si no me equivoco en la Operación Ballpoint, había tenido algún contacto con una entidad que tenía luchaba por los derechos de los afectados por enfermedades como la miopía (simple, progresiva, patológica, maligna o degenerativa) y otras patologías de retina o que tenían que ver con la vista. Tenía claro que sólo desde la fuerza que tiene el grupo y ayudado por su sinergia es como se pueden conseguir cumplir los objetivos marcados y por ello no dudé ni un segundo. La única manera de no caer de nuevo en el pozo, debía acudir a ellos. Sólo con la ayuda de otros afectados y de los profesionales que están vinculados a ellos podría replantearme esta nueva situación que se presentaba ante mí.

No sabía si los poderes del dragón podrían ayudarme pero si tenía claro que ésta era una nueva prueba para Blackdragon.

Intentando enfocar mejor la situación:
BANDAMA, BLOODY, CÁSTOR OLCOZ, CRARIZA, CRGUARDDON, ELEFANTEFOR, ESCOCÉS, JANPUERTA, KARMEN-JT, NACHO, ODISEA, PSIQUI, QUADROPHENIA, REICHEL, SR. CAPULLO, UN ESPAÑOL MAS y XARBET

19 Mar 2009

El club de los poetas... incomprendidos

Escrito por: blackdragon el 19 Mar 2009 - URL Permanente

El pasado 24 de febrero tuvo lugar el acto de presentación del espacio Bellvitge literari. Conjuntamente, tras más de un año de tener el libro a la venta, nuestro amigo Esteve Bosch también pudo ver como se presentaba en sociedad "La fuerza de un latido".

Dejadme dar un pequeño apunte sobre el libro. Narra paralelamente las vidas de Mª Cinta Barberà (a la que se le implantó en el Hospital de Bellvitge el primer corazón artificial de España) y del propio Esteve (fisioterapeuta que estuvo con ella en la rehabilitación) hasta que sus caminos se cruzaron en nuestro centro y como se desarrollaron sus vidas hasta que ella volvió a su casa.

Siguiendo con Bellvitge literari, nació para dar respuesta a una necesidad detectada. Hay muchos compañeros a los que les gusta escribir pero no tienen un espacio propio donde hacerlo. Gente dispuesta a poner su obra ante los ojos de sus compañeros de trabajo con el fin de compartir sus inquietudes, sus aficiones, con la intención de ser algo más que códigos, algo más que desconocidos compañeros.

Queríamos, de una manera positiva, respetuosa y amena, crear un espacio común que pudiera ser la semilla para que nuevos compañeros escribieran o hicieran llegar esas pequeñas obras que tenían escondidas en algún cajón de su casa. Pero sobre todo queríamos divertirnos, haciendo al HUB referente también en cultura, aunque fuera de "estar por casa".

Pero lo que en aquel momento era celebración y alegría por ver que este proyecto, que habita en la intranet del centro, veía la luz se han convertido en decepción y rabia. Desde un primer momento sabíamos, unos eran más conscientes que otros, que no iba a ser fácil que deberíamos luchar constantemente por llevar Bellvitge literari adelante.

Como una de las personas que ha puesto más esfuerzo para que Bellvitge literari naciera no puedo sentir otra cosa que dolor y tristeza. Aunque sé que mis textos, a priori, pasarán el filtro que se ha puesto me debo a mis compañeros, a mis amigos. Es por ello que me veo en la obligación de salir de este proyecto con la conciencia tranquila pero dolido con esta casa por la que tanto me he sacrificado. No ha sido posible y aunque sé que no es políticamente correcto hablar de censura, creo que eso es lo que se ha cruzado en el camino de este proyecto.

Las quejas que llegaron a gerencia sobre el texto Agua de colonia de mi amigo Oscar Patsí, y el posterior problema con alguna frase de Sólo sé que no sé nada, pero es mentira de mi apreciado Daniel Martínez, nos han dejado claro el tipo de escritos que se irán publicando y, aunque no me queda otro remedio que aceptarlas, no estoy de acuerdo con las normas que se han puesto desde lo más alto y por ello, con todo el dolor de mi corazón, me veo en la obligación de dimitir en mi calidad de escritor de Bellvitge literari.

Triste pero con la esperanza de encontrar un espacio, aunque sea fuera del HUB, donde se respeten nuestras ideas y nuestra forma de escribirlas seguiremos reordenando letras, contruyendo palabras, edificando relatos.

Mi corazón llora
mientras aún sonrío.

Con el ánimo abatido
afronto un nuevo día,
sabiendo que aquello por lo que luché
por lo que pasé noches en vela
se empieza a marchitar.

Fue bonito mientras duró, dicen algunos
mientras otros recuerdan que me avisaron
que no fácil ser diferente.
Que si no eres políticamente correcto
morirás en el intento.

Mi corazón llora
mientras aún sonrío.

12 Mar 2009

23 Casualidades de la vida

Escrito por: blackdragon el 12 Mar 2009 - URL Permanente

Intentando pasar página a todo lo sucedido últimamente en mi vida, decidí dedicarme por completo a contestar a todas las solicitudes que tenia pendientes. Una pequeña montaña de expedientes se había ido acumulando sobre mi mesa durante este último periodo de tiempo.

Mi única distracción era diseñar un nuevo traje para Blackdragon, ya que el anterior quedó desecho en el incendio de California. Aparentemente el traje nuevo no difería mucho del anterior pero pude introducir una serie de modificaciones entre las que puedo destacar las que corresponden al chaleco. Investigando por la red había encontrado un material nuevo, una aleación ligera cuya característica principal era su extrema dureza. Pensé que podría servir para convertir esta pieza de ropa en un chaleco antibalas, aunque reconocía los riesgos al ser un material experimental.

Volviendo al tema, recuerdo que una de estas solicitudes correspondía a la Universidad Politécnica de Virginia (Virginia Tech) que estaba preparando unas jornadas sobre ornitología y tecnología. La verdad es que no tengo muy claro porqué elegí esta opción y no otra ante tal abanico de posibilidades existentes pero en pocos día me encontraba ante el rector, intentando coordinar las sesiones y los posibles ponentes.

Recuerdo que aquel día un sol radiante hacía que el campus brillara de una forma especial. Me recordaba a alguna de esas películas para adolescentes en las que todos los detalles estaban especialmente pensados para la ocasión. Pensándolo bien, aquello podría ser el decorado de cualquiera de ellas incluyendo todos aquellos alumnos que iban y venían a sus respectivas clases.

Había decidido llevar puesto el nuevo chaleco bajo mi ropa para ver si me permitía libertad de movimiento e ir acostumbrándome a él. Me dirigía al edificio Pritchard donde debía reunirme con Adam Large, jefe del departamento de tecnología aplicada, cuando algo me hizo fijar mi atención en un individuo. Tenía algo especial que lo hacía diferente, como si estuviera fuera de lugar. No sé si era su forma de vestir o simplemente que me pareció que miraba demasiado hacia atrás mientras caminaba, como si desconfiara de todo el mundo. Algo en mi interior me hizo cambiar de dirección y dirigirme hacia ese individuo.

Giró la esquina y, por unos segundos, desapareció de mi vista. Aligeré el paso y me asomé a tiempo de ver como entraba en el edificio contiguo al que me dirigía. Me pareció ver que del bolsillo sacaba alguna cosa y, en aquel preciso momento, vino a mi mente la tragedia que tuvo lugar en aquel campus hacía ya un tiempo.

No tenía ganas de ver como se producía una nueva la matanza como la perpetrada en este mismo lugar por un estudiante de origen surcoreano, hacía unos años, quien mató a treinta y dos compañeros y profesores, suicidándose posteriormente. Por ello corrí como si de ello dependiera el futuro de la raza humana.

Se encontraba subiendo el primer tramo de escaleras del edificio cuando llegué hasta donde se encontraba. Le di el alto y fue, en aquel preciso momento, cuando pude comprobar que, efectivamente, se trataba de un arma. Mientras se giraba, me apuntó con su magnum 2000. Supongo que tan asustado por la situación como yo, permaneció inmóvil esperando que yo diera el primer paso.

- No sé que te ha movido a hacer esto, pero creo que la violencia no es la forma de resolver nada. – Comenté, intentado calmarlo para evitar que ninguno de los dos saliera herido. Especialmente mientras el arma estuviera en su poder.

- ¿Serás tú el que me impida seguir con mi plan? – Contestó poniendo la situación aún más difícil de lo que ya estaba.

- Me temo yo que sí – Le contesté sin pensar mucho en las posibles repercusiones de mi osadía.

Sonó un disparo y el impacto de la bala en mi pecho me hizo caer hacia atrás. Tuve suerte de no haber subido más que tres escalones, pero aún así el golpe fue doloroso. A mi mente vinieron los momentos pasados en los que las heridas habían frustrado alguna de mis misiones, pero esta vez iba a ser diferente.

Me levanté y, antes de que mi oponente llegara a la puerta de la primera planta, le grité:

- ¿Acaso he dicho que te podías ir?

Tan sorprendido como yo de las palabras que acababan de salir de mi boca y al ver que me levantaba sin que ni una sola gota de sangre hubiera manchado mi camisa, dudó y volvió a dispararme. Aunque ya había empezado mi carrera hacía él, como pude, esquivé el disparo. Antes de que pudiera reaccionar lo agarré por la manga de su chaqueta y, tirando de ella, conseguí hacerlo caer escaleras abajo.

Me quedé mirándolo unos segundos y empecé a bajar las escaleras, con la intención de acabar de reducirlo, cuando un miembro del equipo de seguridad del campus abrió la puerta de la primera planta.

- ¿Qué está sucediendo aquí? - Me gritó, mientras desenfundaba su arma reglamentaria, obligándome a fijar mi vista en él. – ¡No se mueva o disparo!

- Nada, un alumno que estaba lanzando petardos dentro de las instalaciones – improvisé, mientras alzaba las manos, para no tener que dar explicaciones sobre los disparos y, en especial de mi supuesta "herida" – pero tranquilo que ya está todo controlado.

- ¿De quien está hablando? ¡Aquí no hay nadie más que usted! – Insistió, obligándome a mirar hacia donde se encontraba o, mejor dicho, hacía donde se había encontrado, mi oponente – Tendrá que acompañarme para verificar que todo sea correcto.

Le acompañé a la central de seguridad y allí pasé toda la tarde entre explicaciones y papeleo. Ante los posibles disparos y habiendo pasado por la masacre del 2007, lo primero que habían hecho era llamar a la policía que en pocos minutos acordonó la zona.

Fueron momentos muy tensos. Medio departamento de policía de Virginia había tomado, preventivamente, el campus y era imposible moverse por él sin ser interrogado o, en el peor de los casos, cacheado por alguno de ellos. Finalmente, ante ninguna prueba que contradijera mi versión, creo que dieron por buena la historia de los petardos y el alumno "graciosillo", a pesar de que no éste no apareció por ningún lado. Estoy seguro que marcharon de allí sin llegar a creerme de todo.

Mientras leía la noticia en el Diario de los Angeles, pensaba en los motivos que podían haber provocado que apareciera en el campus aquel hombre armado y en cual podía haber sido su objetivo. Fue inevitable que se me escapara una pequeña sonrisa al ver de nuevo como la versión oficial de los hechos no coincidía con la real.

Nadie podía imaginar que el héroe se encontraba de nuevo entre vosotros.

Al ritmo de alguna canción:
BANDAMA, BLOODY, CÁSTOR OLCOZ, CRARIZA, CRGUARDDON, ELEFANTEFOR, ESCOCÉS, JANPUERTA, KARMEN-JT, NACHO, ODISEA, PSIQUI, QUADROPHENIA, REICHEL, SR. CAPULLO, UN ESPAÑOL MAS y XARBET

26 Feb 2009

22 Ave fénix

Escrito por: blackdragon el 26 Feb 2009 - URL Permanente

Decidido a seguir el consejo de psiquiatradefamilia e iniciar la terapia que me ayudase a pasar página, me tomé unos días libres alegando que los necesitaba para arreglar una serie de documentación sobre la muerte de un familiar lejano. A pesar de que podía haber organizado alguna cita en alguna entidad española interesada en el tema ornitológico, como había hecho hasta ahora, me pareció buena idea mentir sobre mi localización.

Así fue como me encontré volando hacia España, con el objetivo de conocer a alguno de los miembros del club de los jueves. Viendo como habían conseguido ayudar a John Shark en su día, no me cabía la menor duda que en ellos debía estar la solución a mi estancamiento emocional.

Quizás con ellos podré conseguir fuerza suficiente para resurgir de mis cenizas, como muy bien dijo F-Menorca, o simplemente sería una manera de recargar las baterías y poder retomar mis aventuras. Lo cierto es que, cuando llegué a Madrid, estaba nervioso como si estuviera a punto de pasar algún tipo de examen, como si de este encuentro dependiera el rumbo que debía tomar mi vida.

Siguiendo las indicaciones que tenía apuntadas en un viejo papel, y que no estaba muy seguro de donde las había sacado, localicé el local donde esperaba que estuvieran reunidos. Al abrir la puerta pude escuchar la voz inconfundible del señorcapullo. No cabía duda alguna... era el lugar correcto.

Desde la puerta empecé a rastrear la sal en busca de caras conocidas, deseando que las fotos de sus avatares coincidieran con sus caras reales. A la primera que pude ver fue a Pat, preciosa e inconfundible a pesar de no llevar puestas sus gafas de sol. Junto a ella pude ver que se encontraban Janpuerta, Odisea y Bloody inmersos en una animada y divertida conversación, por el tono de sus risas.

Sentados a su lado estaban Crariza, Karmen-jt, Crguarddon, Elefantefor y el Escocés, mientras que Bandama y Castor Olcoz se encontraban en la barra esperando que les sirvieran alguna bebida. Pude observar como, desde donde se encontraban, quadrophenia y un-español-mas les hacían algunas indicaciones que no llegué a comprender.

Caminado hacia ellos y concentrado en lo que estaba sucediendo ante mis ojos, no vi como F-Menorca, acompañado de Jose Alberto, se me cruzaban por delante siendo totalmente imposible esquivarlos. Al sentir mi impacto se giraron con cara de reproche, pero al mirarme a los ojos supongo que algo en su interior les hizo pensar que no era ninguna amenaza. Al contrario, a pesar de que la culpa había sido mía, el menorquín se disculpó y siguió su camino. No había andado ni dos metros cuando se giró y me dijo:

- ¿Tu no eres Louis Darval? – y girándose hacia sus compañeros gritó – ¡Amigos tenemos un superhéroe entre nosotros!

Ya estabamos todos. Y mientras saboreábamos heladas cervezas empezamos lo que acabó siendo una de las noches más completas que he vivido. Destacar cuando Castor insistía en que la vida es ingrata pero que no queda más remedio que afrontarla como viene y, tal y como apuntó Karmen-jt, el dragón como símbolo de la fuerza y la sabiduría me daría la energía necesaría para hacerlo.

Por otro lado, Crguarddon, intentando sacar algo positivo de mi situación, me recordó de nuevo la frase de Clive Staples Lewis,:"Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar".

La verdad es que cuando uno pertenece a un grupo como este se siente invencible. Desde pequeño uno oye que “la unión hace la fuerza” y uno no es consciente de su significado real hasta que no se siente un grano más en esta playa que es el club de los jueves. La comunidad hace fuertes a cada uno de sus miembros.

Y con el contador a tope de energía, y con ganas de vivir nuevas aventuras en las que utilizar mis poderes por el bien de la comunidad, encaré el viaje de vuelta a casa. Lo hacía sabiendo que un verdadero amigo es alguien capaz de tocar tu corazón desde el otro lado del mundo y consciente de que es muy difícil encontrar un buen amigo pero es más difícil todavía dejarlo e imposible olvidarlo.

Atrás quedó una noche inolvidable llena de risas y emociones. Un blog de carne y hueso donde pudimos compartir nuestros comentarios en tiempo real. Donde afloraron los sentimientos más profundos y sinceros. Donde, como si de los mosqueteros de Dumas se tratara, todos éramos “uno para todos y todos para uno”.

No descarto volver a verlos algún día pero sé que ellos son conscientes de la importancia de seguir con mi misión. Estoy seguro que, cuando lean en los periódicos locales alguna noticia en la sección de sucesos, se les escapará una pequeña sonrisa al saber que tras de esa noticia está su amigo Louis. Su amigo Blackdragon.

¿Qué es un amigo? Es un único alma que vive en dos cuerpos (Aristóteles)

Blackdragoneando lo que pueden:
BANDAMA, BLOODY, CÁSTOR OLCOZ, CRARIZA, CRGUARDDON, ELEFANTEFOR, ESCOCÉS, JANPUERTA, KARMEN-JT, NACHO, ODISEA, PSIQUI, QUADROPHENIA, REICHEL, SR. CAPULLO, UN ESPAÑOL MAS y XARBET

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Siempre en la sombra

Fiel seguidor de las aventuras de John Shark, mi intención era poder vivir en primera persona alguna de sus aventuras.

Tras un accidente en su última misión ahora tengo una serie de superpoderes que intentaré controlar para ponerlos al servicio de la sociedad.

En contacto permanente con el ornitólogo, me preparo para ello.

"Si crees todo lo que lees, ya estás preparado para seguir mis aventuras"

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