31 Dic 2009

Índice

Escrito por: blackdragon el 31 Dic 2009 - URL Permanente

Para ayudar a los que deseen leer las aventuras de Blackdragon desde el principio.

Estos primeros capítulos están enlazados con los últimos del Proyecto Chronos. Louis Darval vivió aquellos capítulos en su propia piel y, en ellos, podéis ver como se originó el nuevo superhéroe.

CAP 01 Presentación
CAP 02 La leyenda del Dragón negro
CAP 03 Es muß geschlossen sein
CAP 04 ... es el origen de una nueva
CAP 05 Cerrado temporalmente por vacaciones del autor

A partir de aquí Louis dejó atrás a John Shark y empezó su camino en solitario

Basado en noticias reales

CAP 06 Un nuevo superhéroe está entre nosotros
CAP 07 Los poderes del dragón
CAP 08 Bosque fueguino
CAP 09 El rescate
CAP 10 Misión de paz
CAP 11 Desfile acidentado
CAP 12 Pérdida accidental
CAP 13 Mi héroe
CAP 14 Bromptondragon
CAP 15 Sinaloa road
CAP 16 Triángulo amoroso
CAP 17 ¿Liberación?
CAP 18 La transformación
CAP 19 El señor de la oscuridad
CAP 20 Llamaradas
CAP 21 Carta a un amigo
CAP 22 Ave Fénix
CAP 23 Casualidades de la vida
CAP 24 Objetivo desenfocado
CAP 25 Desenfoque gaussiano
CAP 26 Negras mueven...
CAP 27 Amnohotep
CAP 28 Egipcian museum
CAP 29 Five connection
CAP 30 La clave
CAP 31 Ammit versus Osiris - Para Carlos y su Harley
CAP 32 Blackdragon . 2ª temporada
CAP 33 Sureworld
CAP 34 El misterio de Corved Rock
CAP 35 El pueblo fantasma
CAP 36 Show must go on
Avance del capítulo final
CAP 37 Capítulo final
Entrevista al director
Equipo Blackdragon

Otros textos que se han ido publicando han sido:

MEME sobre la felicidad
Concurso 20blogs 2008
Felices fiestas
El club de los poetas... incomprendidos

espainfo.es estamos en
EspaInfo.es

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Premios 20Blogs

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Despedida y cierre

Escrito por: blackdragon el 31 Dic 2009 - URL Permanente

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29 Dic 2009

Capítulo final - Entrevista al director

Escrito por: blackdragon el 29 Dic 2009 - URL Permanente

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24 Dic 2009

37 CAPÍTULO FINAL

Escrito por: blackdragon el 24 Dic 2009 - URL Permanente

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17 Dic 2009

Avance del capítulo final

Escrito por: blackdragon el 17 Dic 2009 - URL Permanente

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04 Dic 2009

36 Show must go on

Escrito por: blackdragon el 04 Dic 2009 - URL Permanente

Dicen que "mal de muchos, consuelo de tontos" pero, aunque la enfermedad propia siempre es la más grave, no hay como pasarse por la sala de espera de cualquier hospital oncológico para darse cuenta de lo indiscriminada que puede llegar a ser la maldición. Ataca células sin pararse a pensar en razas, estatus sociales o realidades personales. El virus es capaz de destrozar con la misma facilidad la vida de un estudiante, que a sus 23 años es probable que no haya empezado aún a disfrutar la vida, o la de una simpática señora, de cuarenta y pocos, cuyo único pecado ha sido estrenarse en el rol de abuela.

Y ahí estaba yo, entre ellos, esperando que mi nombre saliera de aquel altavoz. Esperando poder dejar atrás todo aquello. Preguntándome porqué yo… porqué nosotros.

- Señor Louis Darval, pase por la puerta número tres.

Era el momento. Mi momento.

Estirado en aquella camilla, rodeado de personal tan agradable que parecía que nos conociéramos de toda la vida, la aguja entró sin resistencia alguna.

No hay palabras para describir los minutos, horas, días que siguieron a ese momento… Pero la vida sigue y "the show must go on".

A los pocos días de mi primera sesión, sacando fuerzas de donde pude, decidí salir de casa buscando que el aire acariciara mi rostro y poder sentirme un poco… no sé como decirlo… un poco más vivo. Fue así como me encontré a "buthus", que esperaba ese momento frente a la puerta de mi domicilio. Hacía días que buscaba el momento de hablar conmigo y, finalmente, se decidió a buscarme y afrontar la situación.

- Necesito… hemos de hablar de lo sucedido en Corved Rock. - Dijo en un tono que más bien parecía de confesión.

Sin mediar palabra le indiqué que me siguiera. Supuse que quería hablar de mis poderes, ya que fue espectador improvisado de mi lucha contra la arpía, así que lo llevé a un lugar tranquilo y discreto. Se encontraba a pocos metros de mi casa y, dado el tiempo que me pasaba allí, se podría considerar mi cafetería de cabecera. Un lugar donde el desconectar del trabajo y poder pensar cualquier otra cosa.

- Como… bueno… ya sabes – inició la conversación titubeando una vez que no habíamos acomodado en una mesa algo distanciada de la barra - ¿Eres capaz de generar fuego a tu voluntad o fue algo accidental?

Anne, la preciosa camarera, se acercó a nosotros y preguntó amablemente, en un tono que aquel día me pareció especialmente dulce:

- ¿Lo de siempre Louis?

- No gracias, no estoy muy fino hoy - confesé - Pero supongo que mi amigo si querrá algo ¿no?

- Un cortado descafeinado de máquina, gracias.

Esperamos en silencio que le sirviera y, tras ello, inicié mi relato. Supuse que a alguien de la agencia, acostumbrado a luchar contra seres extraordinarios, no le resultaría difícil creer en la leyenda del dragón y en como conseguí sus poderes intentando vivir en primera persona las aventuras de John Shark.

-… y así es como sucedió todo. La historia más reciente supongo que ya te es más familiar, ¿no?

- Si, estoy al corriente - me confesó - de todo lo que rodea tu reclutamiento. Charly y yo éramos buenos amigos. ¿Así que los poderes pasaron del dragón al caballero cuando este lo mató?

- Efectivamente, amigo. Lo que no sé que sucederá cuando me muera. Tal vez pasen a otra persona o, simplemente, desparezcan.

- Supongo que no tendrás prisa por saberlo, ¿no? – comentó sonriendo.

- No te equivocas, compañero – comenté mientras yo también sonreía.

- Por cierto, ¿has pensado comentarlo con "alfa"? El seguro que…

- No… debo pedirte una cosa… - le interrumpí - Has de prometerme que toda esta conversación permanecerá en secreto. Nadie debe saber mi secreto. No quisiera convertirme en una cobaya para los científicos de la agencia.

Aunque no parecía estar de acuerdo, asintió con la cabeza y a mí me pareció suficiente compromiso por su parte.

- De todas formas – Insistió en el tema – con esas capacidades no dudaría en darme a conocer. Estoy un poco cansado de trabajar en la sombra, de sacrificarme por lo que llaman "paz mundial" para que después nadie te lo agradezca. ¿De qué me ha servido participar en misiones como la del ser que devoraba almas de murciélago, en la que estuve a punto de perder la vida? ¿Y esta última en la que acabé con una distensión de ligamentos en el hombro por evitar una gran explosión de gas en Nueva York causada por otro ser que no soportaba el oxígeno? ¿Y todo para qué? ¿Para ver como en los periódicos se habla de extrañas enfermedades que hasta ahora parecían no existir o de posibles actos terroristas y ver como otros se ponen la medalla? Si pudiera…

- Pero no hacemos esto por agradecimiento ¿no? – Pregunté interrumpiendo su discurso.

- Ya no sé por que lo hago – confesó – Pero, viendo como viven aquellos contra los que luchamos, más de una vez se me ha pasado por la cabeza pasarme al lado oscuro. Y, con tu poder, más aún.

- ¡No digas tonterías! No creo que alguien como tu pueda pensar eso ni en broma. ¿O me vas a decir que hubieras aguantado tanto tiempo en la agencia si fueras…

- Tienes razón, Louis. Estoy pasando por un mal momento personal – me interrumpió - Quizás el hecho de estar apartado del servicio activo por mi lesión me esté afectando más de lo que pensaba.

Cuando finalmente conseguí calmar a mi compañero de fatigas, marchamos cada uno a su casa. Al llegar no pude hacer otra cosa que estirarme en el sofá. Uno de los principales efectos secundarios de la medicación que se utiliza en estos tratamientos tan agresivos es que afecta de tal manera a tu sistema muscular que los efectos en tu cuerpo de cualquier esfuerzo se multiplican. A pesar de no haber sido un paseo excesivamente largo estaba como si no hubiera parado de caminar en varios días.

A la semana siguiente vino a mi mente la imagen de mi querida amiga Gloria. Supongo que su heroica lucha contra la miopía magna y todos sus esfuerzos por ayudar a aquellos con problemas similares fueron la razón de aquella visión. En estos momentos, donde uno se encuentra al borde del precipicio, se debe rodear más que nunca de la gente que pueda apuntalar un poco el propio ánimo, que le pueda ayudar a uno a no venirse abajo.

Tan predispuesta como siempre a quedar con un amigo en apuros no dudó ni un solo segundo cuando le dije que necesitaba hablar.

Cuando llegué al punto de encuentro ella ya se había acomodado en una de las mesas de la cafetería. Pude comprobar que llevaba un auricular en su oreja derecha y supuse que debía estar escuchando el último disco de David Bisbal, de la que era una fan incondicional.

Al entrar en la cafetería, me miró fijamente y me guiñó el ojo. Me senté junto a ella y, antes de poder decir nada, ella me dijo:

- Se te ve cansado, ¿no te encuentras bien?

- ¿Tanto se me nota?

Con un simple gesto me dio a entender que iba a necesitar un poco de esfuerzo adicional para disimular.

- No me encuentro en uno de mis mejores momentos - le confesé, a pesar de que mi estado había mejorado mucho en los últimos días - Últimamente he tenido algún que otro "problemilla".

- De peores situaciones has salido, - dijo casi sin parpadear - ¿no crees?

Llevaba días repitiéndome eso mismo pero escucharlo de alguien como ella tuvo en mí un efecto tranquilizador. Tenía tanto que aprender de mi amiga, de su esfuerzo y su tenacidad al tener que luchar tanto, no sólo contra su enfermedad si no también por los derechos de todos aquellos afectados por enfermedades de la vista.

Conocedora de mi experiencia organizando eventos, viendo lo mucho que me estaba afectando emocionalmente el tratamiento, me invitó a participar de una forma más activa en su organización especialmente ahora que se acercaba el simposium sobre miopía. Me pareció que era colaborar con una buena causa y además podría ser una forma de alienarme un poco de mi problema.

Hasta que no tuviera una nueva misión en la que participar, ese iba a ser mi próximo objetivo.

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05 Nov 2009

35 El pueblo fantasma

Escrito por: blackdragon el 05 Nov 2009 - URL Permanente

Los que son ajenos a un determinado grupo carecen de medios suficientes para poder descifrar y comprender correctamente su particular lenguaje. Por eso mismo, los que involuntariamente acudimos como usuarios a cualquier centro sanitario nos encontramos básicamente con dos problemas. En primer lugar lo que es intrínseco a nosotros mismos, la enfermedad o dolencia que nos afecta y, en segundo, la naturalidad con la que el personal, acostumbrado a vivir rodeado de dolor y sufrimiento, intenta quitar importancia a lo que para nosotros es nuestro particular “gran” problema.

Cuando hablaban de la “pequeña” mancha de mis pulmones ellos veían pruebas y trabajo añadido al mucho que ya tenían. Yo sólo podía pensar en que mi vida estaba llegando a su fin aunque, en el fondo de mi corazón… muy en el fondo, sólo fuera una pequeña posibilidad.

En estos momentos en los que el pesimismo invade todo tu ser es inevitable pensar en todos aquellos aspectos de tu vida que han podido ayudar a provocar la enfermedad que nos afecta. Aquella extraña radiación que se originó tras la explosión en la que obtuve mis poderes debió ser la causa de todo lo que estaba viviendo. Quizás en aquel momento se plantó la semilla que ahora estaba germinado.

He de reconocer que los esfuerzos del personal sanitario por tranquilizarme estaban consiguiendo el efecto contrario. Aunque sabía que ni la histeria ni el pesimismo exagerado me iban a ayudar a afrontar la situación sólo veía aquellos aspectos más negativos o deprimentes de las cosas cotidianas.

Necesitado de evadirme del tema, concentrándome en cualquier otra cosa, acudí a la sede de Sureworld. Por un lado, debía presentar un informe detallado de mi actuación en Corved Rock y, por otro, intentaba localizar al agente “buthus” para agradecerle que me hubiera salvado… bueno… alargado la vida. Fue imposible localizarlo así que le dejé un mensaje en el que le indicaba lo mucho que le agradecía su actuación y que tenía mi eterno agradecimiento.

Encontré el caso ideal. La policía montada del Canadá aun hoy día investiga las causas que provocaron que un pueblo entero de mil doscientos habitantes, incluso los muertos de sus tumbas, se desvanecieran sin dejar ningún rastro en la oscuridad de un invierno boreal. Pensé que si desde 1930 no se había encontrado ninguna pista que orientara la investigación no iba a ser yo el que resolviera todo aquel misterio.

Convencido que el caso me permitiría estar tranquilo e intentar reencontrarme y poner en orden mis ideas, nada más llegar me instalé y empecé mi trabajo. En el ayuntamiento pude revisar toda la documentación existente sobre la leyenda del pueblo desaparecido y también pude interrogar a un par de ancianos que vivieron en primera persona lo sucedido. El alzeimer y los años transcurridos me impidieron sacar nada en claro.

Circulaban teorías sobre lo sucedido, pero ninguna con fundamento ni lógica, había quienes pensaban que fue un ataque de ira del demonio que quería almas y, por ello, se llevó a vivos y muertos. Otros comentaban que un OVNI se los llevó por los aires pero esa versión tampoco me pareció sostenerse por ningún lado por lo que aún era un misterio lo que sucedió con los cerca de dos mil seres desaparecidos.

Las actitudes de la gente al preguntarles al respecto me dieron a entender que el pueblo entero había decidido, ante la imposibilidad de resolver el misterio, pasar página. Actuaban como si nunca hubiera pasado nada, … como si en Anjikuni nunca hubiera vivido nadie.

Alquilé un todo terreno y, habiéndolo cargado de provisiones, me decidí a visitar el famoso pueblo. Llevaba un cuarto de hora de camino, más de la mitad peleándome con el GPS, cuando perdí momentáneamente la visión. Fueron sólo un par de segundos pero suficientes para que la idea de que mi enfermedad crecía desbocada por mi interior saliera a flote. Detuve el vehículo y, tomando aliento, intenté concentrarme en lo que ahora debía centrar mi atención: el pueblo fantasma.

El paisaje que me encontré parecía sacado de un libro de Stephen King. Aquel silencio, que sólo rompía el viento con su suave silbido, acentuaba la tensión que suponía saber que todos los habitantes de la población desaparecieron sin dejar ni el más mínimo rastro. Aunque la temperatura que hacía podría explicar que no se viera ningún movimiento en la zona, sabía que no iba a encontrarme a nadie en muchos kilómetros a la redonda ya que nadie osaba entrar en el pueblo por miedo a desaparecer.

Aparqué el coche junto a la primera casa. Algo en el ambiente me estaba poniendo nervioso. La sensación era como que algo o alguien se encontraba escondido, observando cada uno de mis movimientos, esperando un descuido para hacer acto de presencia. Pensé que quizás ya veía aventuras donde no las había por lo que decidí pasear por el pueblo en busca de alguna señal. Por un momento pasaron por mi mente las versiones de algunos de los habitantes de la población vecina. Pero nada me hacía pensar que pudieran ser ciertas las historias de abducciones, demonios o extraños virus que explicaban.

A lo lejos me pareció ver un animal que se acercaba lentamente. El reflejo del sol en la nieve y mis ojos, que parecían no enfocar de nuevo correctamente, me impedían saber si se trataba de un perro o de otro animal que vagabundeaba por la zona pero no le di mayor importancia. Me encontraba a punto de abrir la puerta de la casa que tenía frente a mí cuando, al fijarme de nuevo en la figura, pude observar que se trataba de una gran criatura con forma humana, como un gran muñeco de nieve, y que iniciaba la carrera recortando rápidamente la distancia que nos separaba.

Hasta que no estuvo junto a mí no pude comprobar que se trataba de un ser con pelaje blanco, garras afiladas y cuernos. Unos musculosos brazos y una largas piernas acababan de componer la figura de aquella bestia nívea que se abalanzaba contra mí.

Con todas mis fuerzas salté todo lo alto que pude, intentando salvar el impacto que se avecinaba. Caí al otro lado de la casa e inicié la carrera para dejar atrás aquella bestia pero antes de que me diera cuenta sus brazos rodearon mi torso impidiendo que pudiera respirar correctamente. La presión era insoportable así que, sacando fuerzas de donde pude, empecé a aumentar mi temperatura corporal. Cuando conseguí que aquel ser me soltara, caí al suelo y lo único que pude hacer fue convencer a mis pulmones para que retomaran el ritmo habitual.

Cuando fui capaz de ponerme en pie busqué con la mirada a mi oponente pero había desaparecido… no había rastro alguno. Ni siquiera había huellas en la nieve que me indicaran la dirección en la que había marchado por lo que, por unos instantes, llegué a pensar que había sido todo fruto de mi imaginación… hasta que lo vi alejándose de la casa.

Corrí tras él sin pensar que no hacía otra cosa que conducirme a su terreno. Cuando me encontraba a pocos metros, se giró e inició su nuevo ataque. Lancé una bola de fuego a sus pies que deshizo la nieve que estaba apunto de pisar. No pudo evitar meter su pie en el hueco que se había formado y cayó a mis pies.

Salté tan alto como fue posible y, mientras caía, lancé una nueva bola que le impactó de lleno. Envuelto en llamas se levantó y corrió, aullando de dolor, hasta que a pocos metros cayó al suelo permaneciendo inmóvil. El fuego fue consumiendo la nieve que se encontraba a su alrededor y, como por arte de magia, desapareció.

Al llegar a él pude comprobar que la nieve no era lo único que se había fundido. Fue en ese preciso momento cuando me di cuenta que nos encontrábamos sobre el lago y pude ver, a través del agujero que formó, que el ser se hundía en las frías aguas hasta que desaparecer.

Volví a casa sin tener muy claro si había descubierto el secreto de Anjikuni o, simplemente, había matado al abominable hombre de la nieves. Pero lo que si era seguro era que debía acudir a la consulta de mi doctor para explicarle lo que me había pasado en la vista y para acceder a iniciar el tratamiento, tal y como me recomendaba, por muy duro que pudiera resultar.

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22 Oct 2009

34 El misterio de Corved rock

Escrito por: blackdragon el 22 Oct 2009 - URL Permanente

La batalla diaria es dura pero nuestra conciencia puede descansar tranquilamente cuando uno sabe que actúa lo mejor posible en cada momento. Además, creo que mirar por el bien común dejando, la mayoría de las veces, en un segundo plano el propio interés es la única forma de avanzar hacia una sociedad más justa y civilizada.

Pero esta batalla está perdida si se emprende en solitario. El hombre es, por naturaleza, un ser social y sólo actuando arropado por la fortaleza que supone formar parte de un grupo podrá llegar a su plenitud.

Blackdragon no es una excepción. Desde que obtuve mis poderes había mantenido una guerra en solitario pero siempre hubo demasiados objetivos sobre los que actuar y... tan poco tiempo. Ahora, sintiéndome parte de “la agencia”, estaba dispuesto a afrontar esta nueva etapa en mi vida con la tranquilidad que le puede dar a uno verse respaldado por la fuerza y la experiencia acumulada del grupo.

Sólo habían pasado un par de semanas desde mi ingreso en Surewold cuando tuve aquella premonición. Fue algo especial. Por un lado, hacía mucho tiempo que no había tenido ninguna y, por otro, era la primera vez que aparecían niños en alguno de mis sueños. Cuando algún suceso, ya de por sí no deseados, rompe la tranquilidad natural de la vida cotidiana habiendo niños involucrados se produce un especial sensibilización con el hecho. Es como si nuestra mente no estuviera preparada para que le sucediera nada a nuestros pequeños.

Intenté tomar nota de todo lo que pude recordar para enviar los datos a la central e intentar averiguar si existía en su base de datos algún caso que se pudiera ajustar al sueño. Únicamente fueron necesarias dos horas para recibir la respuesta. El National Center for Missing and Exploited Children había detectado varias desapariciones en la zona que rodea al pueblo de Corved Rock. Las autoridades locales habían estado buscándolos pero, al no encontrar pista alguna que les sacaran del callejón sin salida en el que se encontraban, habían decidido concentrar sus esfuerzos en otros casos.

No hubo ningún problema para que se me asignara la investigación. De hecho, “alfa” me informó que, salvo que haya algún caso específico en que se crea oportuno asignar un agente concreto, lo normal es que cada uno de los miembros investigue aquellos sucesos que, por el motivo que sea, le resulten más interesantes.

Así es como, bajo la identidad de un inspector de la Children defense found, me puse en contacto con el órgano directivo de la única entidad que había registrado un actividad en la zona. Sólo era una estancia de tres días en el campamento que se encontraba a las afueras del pueblo pero decidí que valía la pena acompañarlos y realizar mi investigación de campo integrado en algún grupo. Estaba seguro que, si se daban las condiciones adecuadas, podría descubrir alguna pista que permitiera reorientar el caso.

Llegamos a media tarde y, tras la instalación, los monitores iniciaron las actividades que tenían previstas. Los niños, de unas edades que oscilaban entre los 6 y 8 años, estaban muy implicados y el ambiente no hacía presagiar nada extraño.

La noche llegó casi sin darnos cuenta y, cuando ya todos estaban durmiendo, decidí salir a dar una vuelta buscando algún rastro que vinculara aquella actividad con mi premonición. Decidido a volver a mi cama y descansar, oí la voz de uno de los niños que salió gritando de una de las cabañas. Al parecer uno de sus compañeros había desaparecido.

Varios monitores llegaron a su cabaña al mismo tiempo que yo y, tras ver el saco vacío, empezaron a buscar por los alrededores. Fueron abriendo las casetas contiguas por si el niño hubiera ido a visitar a alguno de sus amigos, pero el pequeño no aparecía. Me concentré en su litera y en el saco y, por mucho que lo intentaba, no conseguí ver similitud alguna con mi sueño. Algo no cuadraba.

Mientras uno de los monitores interrogaba a sus compañeros, intentando sacarles alguna información, observé el saco de dormir del desaparecido y algo me hizo sacudirlo, como si se fuera a desprender algo de él que pudiera decirnos donde buscar. Pesaba una barbaridad por lo que decidí mirar en su interior. Allí se encontraba el pequeño Fabricious durmiendo tranquilamente, ajeno a toda la locura que se había generado a su alrededor. Tras avisar a todo el mundo, la normalidad volvió a reinar en el campamento y todos pudimos irnos a dormir.

El día siguiente despertó plácidamente y el ritmo de las actividades hizo que los niños no perdieran la ilusión con la que llegaron al campamento y la “desaparición” de la noche anterior pasó a ser una anécdota divertida. Al atardecer, escuché como un grupo de monitores había decidido salir a investigar esa misma noche. En ese momento me enteré que alrededor de la última cabaña del campamento, la número 17, había nacido hace mucho tiempo una leyenda. Unos hablaban de un loco con una motosierra y otros decían que cualquiera que durmiera en su interior desaparecía.

Me pareció una leyenda interesante que valía la pena comprobar. Lo único que tenía claro era que debía darme prisa y que debía llegar antes que los monitores pudieran abrir la mencionada cabaña.

Así es como, alegando no encontrarme bien, me separé del grupo que realizaba un juego en el que buscaban unos extraños seres que los monitores decían que habitaban aquel bosque. La verdad es que aquel lugar ponía los pelos de punta y, por ello, decidí actuar con precaución.

Únicamente una pequeña bola de fuego fue necesaria para poder derretir y desbloquear la cerradura que mantenía la puerta cerrada. De repente, mientras empujaba la puerta y la luz de la luna iluminaba tímidamente su interior, algo golpeó mi espalda lanzándome contra una de las literas.

Casi a oscuras, intentando recuperarme de aquel brutal golpe y esperando que mi agresor hiciera acto de presencia, me preparé para repeler un posible nuevo ataque. Me desconcertó que, justo cuando empezaba a notar un fétido olor, apareciera aquella mujer por la puerta. Debía actuar con rapidez. Si no me la llevaba de allí mi oponente podía tomarla como objetivo en su próximo ataque.

Pero, cuando estaba punto de tomarla por el brazo e indicarle que debíamos salir de allí, recordé que el grupo que ocupaba el campamento estaba formado exclusivamente por chicos. Mi mano ya había tomado contacto con su brazo y, mientras comprobaba que no llevaba ropa alguna, pude ver su cuerpo al completo. Aquel ser tenía la parte inferior de su cuerpo de rapaz y el torso y la cara de mujer.

La imagen de aquel ser me dejó petrificado. No acertaba a creer lo que mis ojos estaban viendo pero recordé las palabras de “buthus”, uno de los agentes de Safeworld, en las que me decía que debía estar preparado para cualquier cosa. Y no había duda de que aquel ser era... “cualquier cosa”. No sabía muy bien como debía actuar pero, por suerte, batió sus alas y salió volando, alejándose del campamento.

Intentando frenar algo mi ritmo cardíaco y mi respiración, decidí esperar unos segundos tras los que inicié mi persecución. Probablemente ella debía ser la causa de las desapariciones y debía evitar perderla de vista.

La luna era mi aliada iluminando parte del camino. Llegué a un claro y la vi sentada en una gran piedra. Se encontraba a unos 200 metros, dándome la espalda, como si estuviera esperándome. No dudé ni un segundo y, mientras saltaba intentando caer sobre ella, le lancé una bola de fuego que debía ser suficiente para dejarla fuera de combate. Pero en el último segundo, cuando parecía que iba a dar en el blanco, alzó el vuelo, haciendo inútil mi esfuerzo.

Antes de que consiguiera verla, un nuevo golpe me lanzó por los aires contra un grupo de árboles. El dolor no me permitía concentrarme en la lucha, aún así me levanté y, como pude, me dispuse a lanzarle una nueva bola pero, antes de que hubiera conseguido generarla ella, ello o lo que quisiera que fuera, me había cogido con sus garras y me encontraba de nuevo por los aires.

Esta vez el golpe fue terrible. Era incapaz de moverme y me costaba una barbaridad respirar. Intentaba comprobar si aquel ser se acercaba a mí pero lo había perdido de vista. En ese momento sólo podía pensar en salir de allí como fuera.

De repente, cuando el ser empezaba a acercarse peligrosamente a mí, un rayo me obligó a cerrar los ojos y una explosión hizo que el ser se viera reducido a una serie de minúsculos trozos. Empapado de lo que debía ser la sangre, o lo que tuviera por dentro, de ese ser pude ver como salía “buthus” de entre unos arbustos y se acercaba a mí.

- Las arpías no son buenas compañeras nocturnas – me dijo en tono sarcástico, mientras enfundaba su arma – Si necesitas ayuda, puedo presentarte a un par de amigas.

- No gracias – le contesté mientras intentaba entender que había pasado allí – ¿Que... que coño era eso?

- Vigila tu vocabulario, compañero. Las arpías son seres mitológicos que, desde hace muchos siglos, se dedican a molestar a cualquier ser que se ponga por delante. Lo peor es que se alimentan de carne tierna y por ello han de secuestrar niños para devorarlos. – Me explicó mientras me ayudaba a incorporarme. – Pero si necesitas más información en la central puedes obtenerla.

- Por cierto – dije, mientras mis pulmones recuperaban el ritmo normal – queda en pie la proposición que me has hecho hace un momento.

Él sonrió pero no añadió palabra alguna. Me condujo a mi cabaña y allí, sin poder desconectar de lo sucedido pero con la necesidad imperiosa de descansar, me tumbé con la intención de dormir unas horas.

A la mañana siguiente me despedí del grupo que era totalmente ajeno a todo lo acontecido la noche anterior. A ellos aún les quedaba un último día que, no me cabía la menor duda, iba a estar a la altura de las expectativas de los pequeños participantes.

Nada más llegar a la ciudad, me dirigí al hospital de mi zona, dispuesto a pasar una revisión que me permitiera descartar cualquier lesión que me hubiera producido mi amiga de la otra noche. Pero mi sorpresa fue cuando el doctor que, muy amablemente, me estaba atendiendo me preguntó si no había venido con ningún familiar.

Me hizo sentar y, tras oír como le explicaba que no tenía familiar alguno con el que venir, me informo que habían detectado una “pequeña” mancha en uno de mis pulmones. Intentó tranquilizarme diciendo que quizás no era más que el rastro de algún resfriado mal curado pero me dijo que necesitaban estudiar más a fondo el caso para poder descartar “cualquier otra cosa”.

Me pasé dos días pensando en conceptos como “pequeña mancha”, que para mí se había convertido en un gran socavón, o “cualquier otra cosa” que sonaba a juicio final.

Quizás “sólo” era una nueva señal para seguir replanteándome toda mi existencia. Quizás...

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05 Oct 2009

33 Sureworld

Escrito por: blackdragon el 05 Oct 2009 - URL Permanente

La vida se encarga de ir dándote toques de atención. Éstos nos hacen recordar que nadie nos prometió que sería fácil nuestro paso por este mundo. Muchas veces desapercibidos, deberían servir para poder ir corrigiendo el rumbo de nuestra vida. Aunque he de decir que, en situaciones complicadas emocionalmente, nuestra mente pierde la cobertura necesaria para ser consciente de esas señales.

La muerte de Charlie era una de ellas, no tengo la menor duda de que era un motivo para replantearme una serie de cuestiones de mi doble vida, tanto de la cotidiana como de algunos aspectos de mi personalidad como superhéroe. Pero antes de ello, había algunos detalles de la vida de mi amigo que necesitaba conocer y eso es lo que hizo que me decidiera a acudir a la dirección que encontré en la agenda de mi amigo.

En varias ocasiones estuve a punto de dar media vuelta pero algo en mi interior me decía que, si había llegado hasta ese punto, no era momento de abandonar. La única opción era seguir hasta el final. Así es como llegué a la puerta de aquella empresa. Un rótulo indicaba que se trataba de una aseguradora de nombre SUREWORLD.

Yo, que me esperaba encontrar la sede de una superagencia que se encargaba de salvar constantemente el mundo, me encontraba ante la sede de una compañía de seguros. Pensé que quizás allí conseguiría una nueva pista que me permitiera llegar hasta esa agencia, como si de una gincana se tratara, por lo que entré.

- Buenos días - me dijo la atenta administrativa que se encontraba en la recepción - ¿En que puedo servirle?

- Bien… no tengo muy claro - dudé esperando una señal - ¿Puedo hablar con algún responsable? La verdad es que quisiera…

- Si es alguna aclaración sobre su póliza, dígame su número de cliente y le pasaré con su agente. Si necesita hacer alguna reclamación yo misma le puedo atender - Me interrumpió sin perder la preciosa sonrisa que decoraba su cara.

- No… no es eso. Verá señorita, necesito información. Vengo… bueno… he visto su dirección en casa de Charlie Watched y quisiera…

En ese mismo instante la sonrisa desapareció de la cara de mi interlocutora. Alguna de mis palabras había dado en la diana y tal vez empezaba a abrirme alguna puerta secreta. Sólo faltaba saber si cruzarla podría resultar peligroso, pero ahora sólo cabía esperar.

- ¡Un momento, por favor! - Volvió a interrumpirme, cosa que ya empezaba a molestarme - Ahora busco a mi supervisor. Sólo será un segundo. - Y tras decir eso desapareció por la puerta que tenía a pocos metros y, como si se tratara de una coreografía, en ese mismo momento apareció un individuo por la puerta que se encontraba a mi derecha.

- Buenos días señor Darval. Debería acompañarme - Me dijo a la vez que me indicaba que debía traspasar aquella puerta.

- ¿Cómo… cómo sabe mi nombre? - No acertaba a entender lo que estaba pasando -¿Quién es usted y que… que demonios…?

No pude acabar la frase. Sin darme cuenta de donde había salido, una semiautomática se encontraba a pocos centímetros de mi frente. Con un simple movimiento del arma, me dejó claro que no tenía otra opción que hacerle caso e ir por donde me indicaba.

Nada más pasar, un individuo uniformado me acompañó por un pasillo hasta llegar a un despacho donde, alguien que parecía ser algún cargo importante allí, me realizó un extraño interrogatorio. Y lo califico así porque la formulación de la mayoría de las preguntas incluía la propia respuesta. El dossier que tenía en sus manos, y que de vez en cuando ojeaba, tenía alguna información sobre mi vida que ni yo mismo recordaba.

A petición de mi amigo, había sido estudiado minuciosamente con el objetivo de poder ser reclutado en su organización. Los acontecimientos me habían llevado hasta ellos y, teniéndome allí, habían decidido acelerar el proceso. Así es como fui informado sobre el funcionamiento de "la compañía". Todo parecía de película. Aquellos agentes uniformados y todo su entorno le hacían a uno sentirse una especie de 007.

Estuve tentado de descubrir mis poderes pero, como debía ser de lo poco que desconocían de mí, decidí que quizás me podría ser útil guardarme algún as en la manga. Casi sin darme cuenta había pasado a formar parte de un grupo de elegidos cuya dedicación exclusiva era velar por la seguridad del planeta.

Aunque los recursos de los que contaban no eran ilimitados, sus miembros estaban repartidos por todo el mundo. Actuaban en cualquier punto donde hubiera algún fenómeno que se hubiera podido catalogar como "extraño". Un grupo de expertos estudiaban casos sin resolver, en busca de algún detalle que se les hubiera pasado por alto a las fuerzas del orden y que hiciera posible clasificarlo como una amenaza para la paz mundial. Un sofisticado sistema de seguridad evitaba que cualquier empleado de Sureworld, ajeno a todo aquello, pudiera acceder a ellos.

Por lo que me explicó aquel individuo, al que el resto llamaban "alfa", me hice a la idea que aquella organización se encontraba a camino entre los doble cero, con licencia para matar, y los hombres de negro, con sus fenómenos extraños. Supuse que, con el tiempo, iría conociendo algo más de su funcionamiento y de los recursos de los que podía disponer.

No era capaz de imaginar lo que aquella visita podía haber cambiado mi vida. De momento, aquella noche pude descansar como hacía mucho tiempo que no había podido hacerlo. Las imágenes que hasta ahora me atormentaban y no me permitían descansar dejaron de aparecer y mi mente pudo desconectar y relajarse.

Los días que precedieron a la visita pasaron de forma plácida Me habían asignado el mismo apartamento que tenía Charlie y mi mayor preocupación era ver si era necesario readaptarlo para hacerlo más confortable. No sabía ni cuando ni como se pondrían contacto conmigo ni mucho menos que extraña misión me sería asignada pero, en esos momentos, tampoco tenía ninguna prisa por saberlo.

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16 Sep 2009

32 Blackdragon - 2ª temporada

Escrito por: blackdragon el 16 Sep 2009 - URL Permanente

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Siempre en la sombra

Fiel seguidor de las aventuras de John Shark, mi intención era poder vivir en primera persona alguna de sus aventuras.

Tras un accidente en su última misión ahora tengo una serie de superpoderes que intentaré controlar para ponerlos al servicio de la sociedad.

En contacto permanente con el ornitólogo, me preparo para ello.

"Si crees todo lo que lees, ya estás preparado para seguir mis aventuras"

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