14 Abr 2011

La venganza del siervo ambulante

Escrito por: blasftome el 14 Abr 2011 - URL Permanente

Al viajero insatisfecho le produce cierta alegría que los más pobres entre los pobres se puedan vengar de los más ricos o también modernos, sean ejecutivos (o no), turistas o sabuesos de la Bolsa.

Cuando visitó alguna de esas ciudades/malditas (y hay muchas en el ancho Globo) donde la gente mísera/pobre alcanza cotas extremas, ciertas imágenes tristes le produjeron un hálito de alegría. Siempre tuvo este mochilero la sensación de que esas calles estrechas de Old Delhi (India), donde los perros flacos dormían su siesta permanente, y esas avenidas viejas y atestadas del Chandni Chowk (ver fotografía) estaban ahí para escarnio del alto y rico empresario burgués.

Ahí era donde los pobres no reprimían su venganza.

La sobreabundancia de bicicletas, mototaxis, rickshaws (taxis-bicicleta), carros desvencijados tirados por ‘parias’, vacas sagradas tumbadas en la calzada, peatones cargados de fardos y bultos convertían esa vía bacheada y polvorienta, llena de desperdicios y olores, en un martirio para el que viajaba en limusina y era sometido a ritmo de la ajetreada vida capitalina. El hombre que leía sentado cómodamente el periódico matinal en su parte trasera tenía que esperar inevitablemente, entre otras cosas, a que la vaca sagrada decidiera, después de sonoros pitidos, levantarse y caminar lento para cambiar su lugar de sesteo. Tampoco la camioneta de reparto de ordenadores, símbolos de modernidad, o quién sabe qué otro artículo de última tecnología, iba más deprisa que el hombre que cargaba en su rickshaw siete voluminosos fardos de retales y desperdicios de un taller textil.
El rico y la moderna tecnología caminaban detrás, y a ritmo del siervo ambulante.

Copyright © By Blas F.Tomé 2011

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09 Dic 2010

Fuerte Rojo, Yamuna y Taj Mahal

Escrito por: blasftome el 09 Dic 2010 - URL Permanente

En la ciudad de Agra (India), el Fuerte Rojo fue la visita inicial y, desde luego, imprescindible; muy unida la historia de éste al también imprescindible Taj Mahal. Fue en este fuerte donde se recluyó Sha Jahan tras la muerte de su amada esposa, Mumtaz Mahal, y también fue donde este rey pasó -cuentan- sus últimos años mirando triste, desde sus ventanas, el definitivo reposo de su mujer al lado del río Yamuna.

Según fantasea la leyenda, desde todas sus ventanas se podía admirar el Taj Mahal a lo lejos. Y, efectivamente, así era, desde todas las aberturas, almenas, balcones y ventanas que daban al río se contemplaba el famoso mausoleo. Este mochilero, como el Sha Jahan, observó desde allí por primera vez aquel prodigio arquitectónico. Y fue desde allí, desde donde le vio brillar como perla oriental, apareado por los destellos/reflejos del río Yamuna.

En aquella época -el viajero insatisfecho lo guarda en su mente- entre las piedras rojas de aquel mastodóntico fuerte (rojo) brotaba salvaje la verde maleza que los desheredados/parias hindúes trataban de limpiar a golpe de zoleta.

El resto no rojo, era también verde.
El verde frondoso de los bajos del ancho foso.

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05 May 2010

El 'kathakali'

Escrito por: blasftome el 05 May 2010 - URL Permanente

Presenciar una danza de ‘kathakali’ fue algo sorprendente, enigmático y todo un espectáculo de silencio y colorido. Difícil combinación, pues el silencio aparece perseverante en la mente como algo ceniciento y plomizo.
Esta danza, una de las clásicas en India, suele ser una representación escénica de poemas épicos y leyendas populares. Este viajero insatisfecho presenció una muestra de ella en la ciudad de Ernakulam, cerca de Cochín. Su libro-guía, le aconsejaba que fuera con tiempo suficiente antes del horario y, fiel cumplidor de estas sugerencias librescas, allí se presentó, al menos, una hora antes de la cita. En sus nubes cerebrales, recuerda la espera con un pálpito de admiración. Los danzantes prepararon su atrezzo con cierta parsimonia, candidez y silencio. Lo más admirable: el meticuloso arte de maquillar sus rostros; más que maquillar, cubrir de arte su cuerpo entero.
No perdió detalle este inexperto mochilero, excepto en un momento de parón artístico que aprovechó para complacer su vicio más sonado: un cigarro Habanos fuera, ante la entrada del recinto.
Entre los danzarines, los diálogos se intercambiaban por medio de la mímica y juegos de manos. Toda una delicia visual.
Recomendado queda.

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23 Ene 2008

Los dabbawallahs

Escrito por: blasftome el 23 Ene 2008 - URL Permanente

Era la segunda visita del viajero insatisfecho a la India. El recorrido que empezaba en el sur (Trivandrum), finalizaba, tal y como tenía previsto, en Bombay (Mumbai). El vuelo de regreso a España partía de esta urbe.
Cuando se llega a una ciudad con la cantidad de habitantes y extensión que tiene Bombay, y teniendo dos escasos días por delante, la mejor idea era relajarse y ver únicamente lo que un cansado cuerpo -del mochileo- le permitiera escudriñar. En este caso, los dabbawallahs:
En la esquina de Queen’s Road, Church Gate Station es -entre semana- uno de los lugares más singulares de Bombay. Hacia las 11,30 horas, llega un tren de cercanías del que se apean unos viajeros poco comunes: miles y miles de fiambreras (dabba) que unos equipos humanos, ‘dabbawallahs’, han recogido en las casas particulares, desde los rincones más lejanos de la periferia. A la llegada del tren especial, que va parando en las estaciones intermedias, otros equipos de ‘dabbawallahs’ se ocupan de las fiambreras y las clasifican, según su número de orden, a lo largo de las aceras hasta que son entregadas a sus destinatarios, pequeños funcionarios y empleados de oficinas. Esta empresa no es sólo una increíble demostración de capacidad organizadora, sino que es también, la expresión de un hecho social importante que se desprende, en la mayoría de los casos, del problema de los tabúes y de la pureza ritual que ha de tener la persona que prepara los alimentos y la manera de prepararlos. En una palabra, para muchos indios, sigue estando prohibido aceptar comida preparada por cualquiera y de cualquier manera”.
A este insaciable-mochilero le sorprendió el gentío que se reunía, pasaba, pululaba y charlaba por los alrededores de Church Gate Station. No pudo ver todo lo grandioso y extraño de esta reunión de fiambreras y tradiciones (ver fotografías del autor), pero allí estuvo y disfrutó del ágil encuentro con una costumbre hindú, con algo que tiene que ver con las más bellas tradiciones religioso-sociales.

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04 Dic 2007

Una obligada y necesaria parada

Escrito por: blasftome el 04 Dic 2007 - URL Permanente

Mientras más se acercaba el autobús a la frontera, más interesante era la naturaleza, el paisaje, el colorido, los bellos picachos y los grandes precipicios. Más traspasaba la brisa las desvencijadas ventanas y el olor penetrante de la India se iba transformando en fantasmas de altas cumbres. No había aparentes problemas en el exterior, el verdadero problema viajaba en el interior. El conductor.

Había que estar loco, o ser un suicida, o tener el sentido de la responsabilidad por donde transitan los caracoles para hacer un recorrido tan temerario como el que este personaje hacía con un vehículo cargado de humanos. Este viajero insatisfecho se lo tomó, entonces, como una experiencia y no iba preocupado en exceso. Ahora, sí. Desde la lejanía de los recuerdos, le parece que aquello podría haber sido un desastroso día para los 50 seres que allí ocupaban sus asientos, previamente adquiridos y pagados con religiosidad oriental.

Después de sacar con total imprudencia a un camión que circulaba en sentido contrario de la carretera, y al que abandonó a su suerte, atascado y destrozado en un pequeño ribazo que le salvó de ir al precipicio, el conductor-suicida ni se dignó parar para comprobar los efectos de su desalmada fechoría.

Las recíprocas miradas de asombro de los pocos viajeros occidentales, daban la voz de alarma general ante tanta tropelía. Uno, dos, tres percances similares en pocos kilómetros avivaron los murmullos de indignación y en cierto sentido alimentaron la coherencia del conductor.

Casi al mismo tiempo llegó la avería.

Satisfacción entre los mochileros occidentales. También entre los locales.

Relajación.

Una avería que sirvió para pasear largas horas como sonámbulos por las orillas de la peligrosa, aunque tranquila, vereda y observar a las pacientes ovejas y gallinas, hacinadas, entre mochilas y fardos, en el techo del destartalado autobús.

Faltaban pocos kilómetros para llegar a Sonauli, en la frontera con Nepal. Un agotador trayecto desde Benarés, complicado por la actitud irreflexiva de aquel conductor hindú.

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12 Nov 2007

La religiosidad del Ganges

Escrito por: blasftome el 12 Nov 2007 - URL Permanente

Cuando este mochilero vio hace unos días esta diapositiva entre sus recuerdos de la India, en su primer viaje allá por 1986 (¡que viejo es el desgraciao!), se le vino a la cabeza aquel emotivo instante. Entonces, lo encuadró en el visor de su cámara, sin pensar en el balanceo de la piragua en que se encontraba, y apretó el pulsador justo en el momento más religioso, casi de éxtasis, de esta mujer hindú metida hasta la cintura en aguas del río Ganges (ver fotografía). Ella bajaba lentamente, escalón a escalón, y cuando llegó a la orilla no paró ni dudó un instante. Sus pies contactaron con las aguas y siguió avanzando hasta que el sagrado líquido la llegaba a las pantorrillas. Comenzó a batirlo con sus manos, en un intento de limpiar algo que se veía lleno de inmundicias. Su postura orante apareció justo cuando la captó la instantánea.

Quien no haya visto un amanecer en los ghat (escalinatas) del río sagrado, en Benarés (India), difícilmente puede entender el escalofrío, el estremecimiento interior que le produce a este viajero insatisfecho recordar esa forma de despertar al día y elevar el sol en el horizonte, con susurros de religiosidad y silencio, de paz.

Eso era lo que se respiraba: paz.

Pero también se olía y escuchaba la muerte.

No olvide el lector que el deseo más profundo de todo hindú es trasladar, mediante el fuego, su alma al nirvana, y eso lo consigue mediante los rituales de las cremaciones. Allí, a la orilla del río sagrado, presentes cualquier amanecer.

Y al ver la diapositiva, a lo lejos y al trasluz, como todos han visto este ingenio infrautilizado y medianamente caduco, este viajero también se estremeció. Aquel día de septiembre de hace muchos, muchos años se emocionó; ahora, quiere compartir sentimientos, sensaciones y experiencias.

¡Va por vosotros!.

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10 Oct 2007

Los viajes de "la caja-tonta"

Escrito por: blasftome el 10 Oct 2007 - URL Permanente

Hace unos meses, este viajero insatisfecho -en parada mochilera- estaba viendo el programa “En portada” de La 2. Un reportaje sobre las mujeres de la India le dejaba sobrecogido por su tratamiento y belleza argumental. Pretendía ahondar en la situación actual de las mujeres hindúes y lograba indignar al espectador más duro y experimentado. Baby Halder era esa serena mujer abandonada por su madre, obligada a casarse a los 12 años por su padre y maltratada por su marido. Una historia que ella recoge en el libro “Una vida menos ordinaria” y relata al periodista con una temperamental dignidad, seriedad de gestos y claridad de palabras.
Este vehemente mochilero interpretó, en el momento, esa experiencia contada ante una cámara, y transmitida por una televisión, como un viaje sin levantarse de su raído sofá de salón. Pero, no.
No. Las historias que emite “la caja-tonta” no son el viaje de viajero insatisfecho. Son,… otra historia, otra experiencia, otra forma de ver el mundo.
Viajar, con una mochila al hombro, es -insisto- otra cosa. Es palpar uno mismo la realidad de cualquier lejano territorio; sentir el pulso humano de la persona que te aplasta en un desvencijado autobús de pasajeros; escuchar in situ la conversación de una pareja de labriegos; circular sin rumbo durante horas para terminar pedido en la maraña de calles de una ciudad desconocida; admirar cualquier ruina mirando al suelo, a veces, para evitar caer por el precipicio; observar el movimiento en los muchos mercados de abastos populares; descifrar el comportamiento del taxista que esta pidiendo una cantidad desorbitada por un trayecto ridículo; admirar al guía que le lleva a uno por la selva y advierte de los peligros. Es desentrañar, fotografiar, subir, pasear, pulular, pensar, bajar, andar ……, y, sobre todo, sorprenderse.

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07 Oct 2007

El "viajero insatisfecho" olvida experiencias

Escrito por: blasftome el 07 Oct 2007 - URL Permanente

Provoca una sensación rara saber que has visitado un lugar y no tienes especiales recuerdos de su paso. Me sucedió hace ya varios meses al comentar con una querida “bloggera” mi posible visita viajera a Kovalam Beach, en el sur de la India.

“Yo, no”, negaba así cualquier contacto con el lugar, cual “san pedro” ante su maestro, al conocer que estaba cerca de la ciudad de Trivandrum, donde mi avión había aterrizado.

Si bien me sonaba lejanamente el nombre playero, no podía decir que había estado por allí. Ante una improbable posibilidad, hice una consulta a mis “notas viajeras”, descubriendo con asombro -con fotografías, incluso- que mi transitar por esa famosa playa había sido en 1995.

¡Me rindo!.

¿Y entonces? ¿Por qué había olvidado el lugar?

La soledad viajera -donde las sensaciones, vivencias y experiencias son diferentes- es el único argumento que puedo tener. Para llegar a Kovalam Beach, hay que recorrer una carretera llena de mujeres y niños picapedreros, que no se escapan a la curiosidad del turista. A mí no se me escaparon. En sus aguas se intercalan turistas, en bikini o bañador, con niños correteando y mujeres hindúes bañándose con sus saris de seda u otra vestimenta similar típica-tópica (ver fotografía), que tampoco se le escapa al extrañado viajero occidental. A mí no se me escapó.

Lo que si mi cabeza había olvidado, y que este pequeño impulso de mi querida “bloggera” me hizo recordar, es que viví un agradable día de playa, sin tener conciencia entonces de que lo visto y disfrutado se me iba a escapar de la mente, como viajero insatisfecho.
¡Una pena!.

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27 Sep 2007

¿En India o en China?

Escrito por: blasftome el 27 Sep 2007 - URL Permanente

Tiene su aquel. Si uno visita el estado de Kerala, en el suroeste de India, puede organizarse por poco dinero un crucero de nueve horas, con la ventaja de seguir la ruta turística más lógica y coherente. Este viajero insatisfecho venía de sur a norte del territorio hindú. Su libro-guía le recomendaba hacer el trayecto Quilon-Alleppey (80 kilómetros) en barco, por unos impresionantes y paradisíacos canales, donde el agua se confunde con el cielo, la tierra con el agua y sus gentes con mandarines sureños. Uno se cruza con barcos, estilo champanes chinos, y sus tripulaciones pertrechadas de sombreros, también chinos. Todo un crisol oriental a tiro del pulsador de la cámara.

Muy obediente con su “maestro viajero” (libro-guía), este mochilero hizo ese trayecto en un soleado día de septiembre. No se arrepentirá nunca de haberlo decidido.

La maraña de lagunas, ríos, calles acuáticas, cruces, canales artificiales conforman un laberinto navegable que no se escapa al control de los hábiles barqueros de la zona. El paseo es zigzagueante de poblado en poblado, con paradas para comer, para dejar pasajeros, subir mercancías o encargos, para sentirte, en fin, como descubridor de un mundo al que no se le ha escapado la belleza primigenia. Toda una experiencia.

Comió la tradicional “arroz con curry”, utilizando su mano derecha y servido en hoja de plátano, un trozo de pescado frito en exceso y los típicos, pero caros, anacardos (una delicia, por cierto).
Entre los pasajeros, aún recuerdo la presencia de una pareja de navarros con los que charlé mucho rato -entre fotografía y fotografía- después de pasar varios días sin haberme comunicado en el idioma que me vio nacer”.

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10 Jun 2007

India y Nepal: iniciación viajera

Escrito por: blasftome el 10 Jun 2007 - URL Permanente

Eso representa mi primer viaje a la India: la iniciación como viajero. Corría el año 1986 (¡¡cuánto tiempo!!) y me embarqué, como un pardillo, en la mejor experiencia de mi vida. Cuánto sufrimiento, cuánto miedo y cuánta soledad en aquellos días iniciáticos, que pasaron a ser, con los años, uno de mis mejores viajes: el primero. De huir de mi pueblo “para no sacar patatas” -como suelo decir a mis amigos- a meterme en el impresionante mundo oriental, con mis temores y mis ansias de conocer, pero con el inconveniente del desconocimiento del idioma y la soledad de mi mochila. No hablaba una palabra de inglés y la incomunicación llegaba a puntos extremos.

Fueron cuarenta y cinco días en los que vi la pura realidad del pueblo hindú en su cruda existencia. Pasé miedo paseando por Chandhi Chowk, de Old Delhi; desconcierto en los viajes del tren; admiración ante el Taj Mahal, en Agra; cierta espiritualidad al presenciar las abluciones en el río Ganges en la ciudad de la muerte, Varanasi o Benarés; mucha ternura al conocer a los shadus y comprender su abandono de lo material para dedicarse a la oración; confusión al presenciar, a lo lejos, las cremaciones en los ghat del río, y cierto reposo al cruzar la frontera nepalí y recorrer las tranquilas calles del centro de Katmandú. En Pokhara, en las laderas del Annapurna, admiré al amanecer lo impresionante que pueden ser las frías, rocosas y blancas cumbres del Himalaya, para eso el jefe del pequeño hotel se encargaba de despertarte a las 6 de la mañana, único momento del día en que las nubes dejaban divisar en todo su esplendor la cima.

A la orilla del lago de Pokhara encontré a la primera pareja de españoles, a los que mareé y agobié con mis inmensas ganas de “charleta”, después de aproximadamente un mes sin poder comunicarme en español.

Misión cumplida. Mi iniciación viajera había comenzado con éxito. Aires de libertad dentro de mis venas y la mochila, el bien más preciado. Luego vinieron viajes y más viajes de turismo mochilero: Jordania, Turquía, Madagascar, Tailandia, China, Vietnam, Senegal, Tanzania, Malawi, Colombia, Cuba, Trinidad y Tobago, Venezuela, Costa Rica,….. y siempre pensando: misión cumplida.

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V(B)iajero Insatisfecho

Un veterano mochilero que después de una treintena de viajes, por otros tantos países, se considera "viajero insatisfecho". Del resto -si le seguís- podréis sacar los datos vosotros mismos.
MIENTRAS, le ha dado tiempo:
• A sacar la Licenciatura en Ciencias de la Información; a trabajar sacando patatas y vendimiando uvas; a torear con ‘vaquillas bravas’ de todo pelaje.
• A fichar en un 'Gabinete de Prensa' muchos días, meses y años.
• A dividir su tiempo entre lo imprescindible y lo indeseable.
• A vivir durante veinticuatro horas diarias.
• A pensar en el tiempo perdido y sus oportunidades.
• A no levantar la mano, por si las moscas…..
• A estar disponible, como ahora.
¿Alguien le quiere?.

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