10 Sep 2007

El graduado

Escrito por: Bloody el 10 Sep 2007 - URL Permanente

La otra noche, sentados junto al río, porrito en mano, le recordé a Kike aquel cumpleaños (el segundo) de mi hija, donde comenzó la (imposible) historia de amor entre él y mi señora madre. Cierto es que ha llovido mucho, pero el cachondeíto, aún a estas alturas, está más que justificado...

Mi madre, a quien quiero/soporto en su justa medida, y a quien los que os pasáis por aquí habitualmente ya conoceréis de leídas, siempre ha sentido predilección por Kike, hasta el punto de haber declarado el día de autos, que de ser ella joven, "seguro que se lo hubiera ligado" (!!!). Declaración que, a la vista de la carita que se le quedó al susodicho, debió quitarle el sueño durante, al menos, una semana. Y es que Kike es el típico niño que gusta a todas las madres: es responsable, educado, tiene cara de no haber roto un plato en su vida, es guapo... y a veces no puede evitar ir por ahí levantando pasiones.

Pero para que apreciéis esta anécdota en su justa medida, y no os imaginéis a una Señora Robinson elegante, delgada y ligeramente alcoholizada, os describiré a mi madre, tratando de dejar a un lado la vena cruel que me sale cuando la nombro, así como mi amor incondicional de hija (mezcla peligrosa si además la he sufrido por aquí recientemente), y ser lo más fiel a la realidad que me sea posible, sin herir sensibilidades.

Mi madre es una mujer descompensada (físicamente hablando), de piernecitas delgadas y hasta bonitas, si me apuran, pero que crece desmesuradamente por encima de la línea de flotación.
En cuanto a su cara, si partimos del dicho de que es el espejo del alma, en su caso podríamos hablar de una de esas habitaciones llenas de estos en las que la salida nunca está donde parece. Podría estar tras su segunda barbilla, o tal vez tras su tercera, girando a la derecha. No sé si me explico...

No sólo tiene problemas de sobrepeso, además tiene problemas de azúcar, que ella equilibra con ese sentido de lo práctico que Dios le ha dado, desayunando galletas sin azúcar y nescafé con sacarina, pero no saltándose jamás el helado (con azúcar, por supuesto) de después de comer. Quien dice "el" dice "los"...

Ni que decir tiene, tanto mi padre como yo (mi hermano se escaquea de cualquier marrón a la vista) hemos tratado de hacerle entender los peligros de su sobrepeso, con tanto éxito como cuando traté de explicarle las ventajas de reciclar.
Para ella y su experto criterio, un médico que confirme lo obvio, mandándole un régimen para que se quite los 30 (a ojo de buen cubero) kilos que le sobran, simplemente no tiene ni idea, así que no vuelve a su consulta.

Otro detalle que la caracteriza, y no lo digo como crítica, sino como descripción, es que se maquilla a pistola. No sé porqué lo hace, quizá para ahorrar tiempo, pero lo cierto es que sin su máscara no parece que se sienta ella misma. Hubo una época, cuando aún vivía en su casa, en que me instaba a que yo también lo hiciera. Algo más en lo que no he sabido estar a la altura de sus expectativas.

Todo esto que cuento no lo hago para hacer sangre, si no fuera mi madre, sino una tía por ejemplo, trataría de ser fiel a la realidad, y aquí me estoy ahorrando muchos detalles, os lo puedo asegurar.

El caso es que estábamos celebrando el segundo cumpleaños de Lizhen en casa, sólo la familia. Y aunque para mi madre, mis niños no lo son (de la familia), por no sé qué extraño motivo (no creo que aquí puedan aplicarse los lazos de sangre, celos quizá), ellos estaban invitados.

Acabábamos de partir la tarta y todos charlaban de esas cosas intrascendentes de las que se habla en situaciones así. Y de repente, sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo, mi madre obsequió a Kike con una confesión que en mi familia habíamos oído tantas veces que nos acostumbramos, supongo, a evitar imaginarla, pero que al bueno de Kike, le pilló tan de sorpresa, que no fue capaz de dejar de visulizarla con todo lujo de detalles.

Así, ante un adolescente acorralado, que no podía apartar los ojos de la mujer madura que se escondía bajo tres capas de maquillaje, la madre que me parió confesó su sueño imposible.

Enfatizando con gestos que no dejaran lugar a dudas, mi madre le contó a Kike (que aún tenía la tarta en la garganta), cuánto le gustaría meterse en una bañera donde desde la altura equivalente a la alcachofa de la ducha, saliera un chorro inmenso de leche condensada bajo el que se metería ella, dejando que la leche la cubriera por completo.

Y como suele pasar en las situaciones incómodas, si hay posibilidad de hacer partícipe de algo que nadie debería escuchar a toda una sala llena de gente, por qué ceñirnos a nuestro interlocutor?.

No sé cómo, consiguió la repentina atención, no sólo de Kike, sino de todos los presentes salvo mi hija que, feliz en su inocencia, jugaba con algo que le habían regalado.

Como, lejos de mostrarse incómoda ante tanta expectación, se sintió en su salsa (o debería decir en su leche?), no quiso hacerme caso cuando, aguantando la risa malamente, le pedí que no nos diera detalles.

Yo, que llevo muchos años conociéndola, sé que nada de lo que contó tenía una componente sexual, aunque puede que un psicoanalista no estuviera de acuerdo con mi análisis.
Pero lo cierto es que para la mente enferma de los que escuchábamos aquello, imaginarnos esas carnes morenas (al menos morenas hasta donde el maquillaje hacía su trabajo), bañadas por un chorro de densa, pringosa y dulce leche condensada, nos hizo arrepentirnos de haber probado la tarta.

Desistí en mi empeño de hacerla cambiar de tema, y me fuí al pasillo a reírme a gusto. Mis carcajadas se escuchaban desde el salón, y desde mi posición podía ver a Kike, petrificado como un animal en la carretera cegado por los faros de un coche, pidiendo con la mirada que lo rescatáramos...

Evidentemente, cada vez que mi madre viene a visitarnos, yo, en calidad de hija que quiere lo mejor para ella, aviso a Kike por si quiere pasarse.

Eso sí, él pone la leche condensada...

Y para que no os quede mal sabor de boca, o que al menos sea agridulce, aquí os dejo una cancioncilla...

(*) 'El graduado', Mike Nichols, 1967.

01 Sep 2007

Huída a medianoche

Escrito por: Bloody el 01 Sep 2007 - URL Permanente

Ayer, leyendo el blog de La Bombilla, intenté consolarla comentándole que yo tengo el título homologado de Metedora de pata. No sé si me creyó, pero, Bombilla, para muestra este botón.

A mí las celebraciones religiosas me dan muy mal rollo, y como soy atea confesa y mis amigos lo saben, pues no voy a bodas, bautizos, comuniones ni misas de difuntos.

Pero, claro está, toda regla tiene su excepción, y cuando nuestra amiga Maribel nos contó que se casaba, ni me lo pensé.

Como era la primera boda a la que asistía, allá por el '99, me sentía como en una clase de Japonés. No sabía qué ponerme, porque yo lo único que tengo para ocasiones especiales son unos conjuntos de lencería la mar de monos, pero por fuera, lo de siempre, unos vaqueros. No sabía cómo maquillarme, porque para alguien que sólo se da cacao, el rojo de la barra de labios me hacía sentirme como si estuviera jugando a disfrazarme con las cosas de mi madre. Y el pelo... bueno, no hay mucho que hacer, pensaba yo, lo tenía más largo por aquel entonces, y muy liso, así que lo pensaba llevar suelto y en paz.

Pero una vecina bienintencionada, experta en bodas y demás eventos sociales, me dijo : "Te vienes a mi casa, que yo te ayudo a arreglarte".

Después de 2 horas (porque a mí me cuesta un mundo decir que no... aprovechad, chicos!), salí de su casa perfectamente tuneada y desconocida. Pintada, con el pelo ligeramente moldeado, y con un traje gris perla ajustado y unos zapatos de tacón. Todo el mundo que me veía (porque claro, a mí de esa guisa salieron las vecinas a verme) decían "ooooh, qué mona vas", y yo, que debería haberme alegrado, me mosqueé un poco ante tanto asombro.

Así que llegamos a la iglesia, despacito, porque yo no sé andar con tacones, y con botas no era plan de ir.

Maribel iba absolutamente preciosa y radiante, y pensé que mi disfraz estaba bien empleado, porque lo contrario habría sido una descortesía.

Entramos en misa, y como hacía tanto que no oía una, me dió la risa, pero haciendo un esfuerzo, me mordí los carrillos, y aguanté el tirón. Primera prueba superada, pensé.

Y llegó el momento de sentarnos a cenar. Como Chema y Maribel son compañeros de facultad, pues la mesa en la que estábamos era la mesa de los profesores, cada uno con su respectiva pareja. Todos de nuestra edad,más o menos, y encima se llevan muy bien entre ellos, así que de entrada, todo perfecto.

La suerte quiso que me sentara al lado de M.A (no el del equipo A, otro), y como él es un tío la mar de majo, más de izquerdas que un zurdo, y muy comprometido socialmente con una asociación tipo Ayuda en acción, pues nos pusimos a hablar en lo que, a priori, iba a resultar una conversación animada. Nada de teoremas, ni de congresos, ni de esas cosillas de las que hablan los matemáticos cuando se juntan.

Yo había escuchado a Chema decir que él y su mujer estaban en trámites de adopción, y nos pusimos (me puse) a hablar de ello. Sin coger aire para respirar, me lancé a la carga contra la moda de las adopciones en Perú, desde que la Pantoja se había ido allí a por su hija.

No sé cuantas sandeces del tipo "claro, como la Pantoja se trae a la tal chabelita, pues venga, todos a adoptar en Perú, como borregos, con la de niños que hay en España!", solté por mis labios pintados.

Él me miraba, con una mirada que yo no lograba descifrar, pero que, pensaba yo, me animaba a seguir diciendo verdades como puños.

Y así lo hice: "Y luego, encima, se van colgando medallas por haberse traído un niño de allí... porque aquí lo que hay para adoptar son niños mayores o con problemas, o gitanos, y noooo, un gitano no, que racistas no somos ninguno de boquilla, pero a la hora de la verdad, hacemos lo que haga la folclórica de turno..."

Él no hacía ademán de interrumpirme, al contrario, parecía divertido, pensando, supongo "Valiente gilipollas!", y con más razón que un santo.

Pero no hacía ninguna falta que me lo dijera, ya me dí cuenta yo solita cuando ante mi pregunta:

"Bueno, y vosotros, que me ha dicho Chema que estáis adoptando... dónde lo estáis haciendo?"

Contestó, con media sonrisilla, muy despacio, para que me enterara perfectamente:

"En Perú".

Kraka! Yo no sabía dónde meterme. No recuerdo que le dije, creo que lo intenté arreglar, hundiéndome más en el barro, claro.

Así que en cuanto pude, le dije a Chema que no me encontraba bien, y nos fuimos sin probar la tarta, aunque todavía no eran ni las doce.

Ya en el coche, Chema, lógicamente preocupado por mi repentina indisposición, me interrogaba sin piedad, y yo, con la cara entre las manos sólo acertaba a decir "Conduce, cariño, que luego te cuento..."

Cada vez que voy a la facultad, Chema bromea y me dice
"Qué? Nos pasamos por el despacho de M.A, para que lo saludes, o lo llamo y le digo que baje a tomarse un café con nosotros?"

Y yo vuelvo a sentirme como aquel día, estúpida y bocazas, y cruzo los dedos para que no nos lo encontremos por los pasillos.

(*) 'Huída a medianoche', Martin Brest, 1988.

30 Ago 2007

¿Por qué lo llaman amor, cuando quieren decir sexo?

Escrito por: Bloody el 30 Ago 2007 - URL Permanente

A ver, por dónde empiezo... Sí, lo mejor será empezar por el principio.

Fue en el verano del 88 cuando descubrí que los callejones servían para algo más que para que las furgonetas de reparto descargaran sin interrumpir el tráfico. Fue el verano de los morreos, de volver a casa pensando que se me iba a notar en la cara que algo malo había hecho (malditas monjas!), el verano de los calentones que se quedaban sin apagar, el verano en que las familias con niños cambiaban de sitio la sombrilla cuando Jose y yo decidíamos dar el espectáculo compartiendo toalla, saliva, y lo que hiciera falta. Fue un verano increíble que duró hasta Noviembre, pero vaya si lo aproveché bien...

Después de José vinieron Víctor, Joaquín, Nué, Jose (de nuevo), Alfonso, Javier, Alfonso (de nuevo), David, y por fín, Chema. Al del cine no lo cuento porque está en el aire ;)
Creo que no me dejo a ninguno.

El caso es que lo de Alfonso fue lo más serio que tuve antes de Chema.

Para Alfonso yo era su primera novia, y llevaba regular que hubiera habido otros antes que él (no queráis saber cómo llevó a el de enmedio y a los de después).

Pero nos enamoramos, y a pesar de sus celos, de que yo no tenía ni una sola amiga, sólo amigos, y de que éramos la noche y el día, estuvimos juntos 3 años y 1/2.

Yo, aunque había salido con algunos niños, no me había acostado con ninguno, así que todo parecía indicar que Alfonso sería el primero. Pero claro, a esas edades, con un padre policía y una madre paranoica, no era como para jugársela. Teníamos que andarnos con cuidado.

El piso de mis padres es bastante grandecito, un largo pasillo en forma de L, y al fondo, en el palo corto de la L, mi cuarto y enfrente la sala de estar.

Lo planeamos todo como si fuéramos a atracar un banco.
En mi casa a las 18h. Mi hermano (indispensable la carabina si quería subir a un niño a casa, si eran 2 o más no hacía falta, mi madre cree que los tríos son un tipo de agrupación musical) en la sala viendo el partido. Mis padres en la calle viendo chirigotas, coros y comparsas (era febrero, Carnavales de Cádiz. Si hasta lo dice la sabiduría popular, en Cádiz hay que mamar... ea, toma requiebro poético), y la farmacia de mi calle que estaba de guardia. Yo, cambiándome de bragas según salía mi madre por la puerta, no iba a llevar las de cuello alto. Y mi perra, Éboli, ladrando, eso era buena señal, o al menos, señal de que habían llamado abajo.

Yo, a punto de matarme, con las bragas a medio subir, hice los 10 metros lisos de pasillo en un tiempo record, y esperé impaciente a que llegara el ascensor. Confirmando segundos más tarde que Alfonso era sin duda el tío más guapo que yo había visto en mi vida.

Tras saludar a su cuñado, que dijo no quere saber nada de aquello, enfrascado como estaba en el partido "Real Madrid- Juventus", pasamos a mi habitación.

'Traes los condones?' (besos)
'Qué va, no llevaba bastante...' (manos calibrando el culo)
'Espera, por aquí debo tener algo suelto...' (Fuera manos!)

Con los bosillos cargados de monedas de 5 duros, y el pantalón cargado de otras cosas, mi hombre bajó a la farmacia a por una caja de Control. La farmacéutica, que debió entender la necesidad del momento, le dejó llevarse la caja de 6, a pesar de que nos faltaban 30 pelas, o así.

Una vez arriba, nos encerramos en mi cuarto, desobedeciendo una vez más las estúpidas reglas paternas ('nada de pestillo cuando estés sola con un niño en tu cuarto'). Y en dos minutos toda nuestra ropa estaba en el suelo, y nosotros en mi cama-nido.

Pero la suerte no estaba de nuestro lado, ni del lado del acerado municipal, porque mi madre se dejó las rodillas en una calle del centro, y eso hizo que volvieran antes de tiempo.

Por una vez en su vida, y sin que sirviera de precedente, mi perra decidió no ladrar cuando oyó la llave entrando en la cerradura. Y todo fue uno, cerrarse la puerta de la calle, y un 'Mierda! Mis padres!' saliendo de mi boca.

Se ve que descorrí el pestillo con tanta fuerza que el ruido que hizo le dió a mi madre (coja en ese momento) las fuerzas para recorrer el pasillo como alma que lleva el diablo. Mientras, la ropa, que un segundo antes estaba desperdigada por el suelo, volvía a su sitio de aquella manera.

Mis padres, que nunca se ponen de acuerdo en nada, unieron fuerzas instintivamente y, mientras una mujer a la pata coja entraba en mi cuarto derecha a la papelera, buscando sín duda la prueba del delito, mi padre se calzaba su cara de comisario y se interesaba por el partido en la habitación de enfrente, interrogando a un Alfonso sudoroso, desbocado, con el cinturón sin abrochar y las manos ocupadas en subirse la cremallera, que veía de pie el partido.

Padre-comisario: 'Qué, quién juega?'
Novio-sospechoso: 'Ehhh...humm...'
Cuñado-cómplice: 'Madrid- Juventus'
Padre-comisario:'Ah... y cómo van?' (sin quitarle la vista de encima a un Alfonso cada vez más acojonado)
Novio-a-punto-de-confesar: 'Pues la verdad, yo ...'
Cuñado-divertido-al-quite: '2-0, y todavía estamos en la primera parte!'
Padre-comisario: 'Ya veo, y quién ha marcado?'
Novio-(por Dios, quiero salir de aquí!)con-los-huevos-por-corbata: ' Ah... esto...'
Cuñado-buena-gente: 'Hugo Sánchez y Butrageño, de penalty el del Buitre'.

Mi madre, que no renuncia fácilmente a su presa, habría encontrado lo que buscaba si hubiese sido más lista, cosa que definitivamente no es, y se hubiese fijado en la carga izquierda del vaquero de Alfonso, que no había encontrado el momento de quitarse el condón, pero seguía firme como una roca a pesar del interrogatorio.

Total, que aquella tarde, con un 'Te llamo luegoooo' desde el interior del ascensor, Alfonso se despidió de mí y de la hospitalidad de mis padres durante un buen tiempo.

Y yo, sin ofrecérseme la posibilidad de defenderme, me comí una bronca de mi madre, con mi padre convertido en estatua de cera detrás, y mi hermano descojonándose en la salita.

Y es que el sexo en la vida real, más siendo la hija de un policía y una, una, en fin y de mi madre, no es como sale en las películas.

Y, por si os reconcome la duda, no llegamos a hacerlo, ni ese día ni otro. Al final, digamos que le guardó el sitio a Chema. Para algo era su mejor amigo, no?

(*) '¿Por qué lo llaman amor, cuando quieren decir sexo?', Manuel Gómez Pereira, 1992.

26 Ago 2007

Días de fútbol

Escrito por: Bloody el 26 Ago 2007 - URL Permanente

Recordáis a Marta y Jose (alias 'bueno, qué, nos casamos?') de mi post 'Lord of the ring(s)'?

Pues lo que pasó aquella tarde que vinieron a visitarnos es lo que me dispongo a contaros en esta continuación.

Ya prometidos, luciendo el solitario en su dedo anular, Marta convenció a Jose para que sacrificara su descanso dominical, se arreglara y vinieran a darnos en mano las invitaciones de boda.

Por aquel entonces, vivíamos en el adosado, y no había manera de fingir que no estábamos en casa, porque el twingo estaba aparcado bajo techo a la entrada de la casa.

Así que, por muchas ganas que yo tuviera de seguir espatarrada en el sofá en pijama viendo planchar a Chema como cualquier otro domingo, tuve que arreglarme (vaqueros y camiseta) y darle un repasito al salón (barrido del gato, polvo y recoger los trastos que hubiera por medio).

No sé porqué, las visitas de Marta siempre me provocaban esa especie de angustia que normalmente acompañan a las visitas de una suegra, como si fuera a pasar el dedo por las estanterías y a descubrir una capa de polvo digna de una excavación. Lo cual era del todo absurdo, porque mi casa, por regla general, está bastante limpita.

La tarde transcurría con normalidad. Ella nos contó cómo había sido la cena de 'pedida' número 2. Omitiendo hablar en todo momento del fracaso que supuso la primera.

Tomamos café, que es lo que se hace cuando alguien va a casa de uno después de comer y antes de cenar, y nos pusimos a hablar de esto y aquello. Pero, como siempre que dos colegas de muchos años (léase compañeros de mili, de clase, de pandilla de barrio, o como es el caso que nos ocupa, de colegio mayor) se reúnen, acabamos oyendo las mismas anécdotas que tanto ella como yo habíamos oído cientos de veces.

Pero ni jugando en casa debe uno bajar la guardia, aunque Jose no lo vió venir cuando Marta sutilmente comenzó a cambiar de tema hacia la fiesta del colegio mayor en la que se conocieron.
Y lo que comenzó como un romántico examen oral de Marta a Jose sobre la andadura de su relación ('Cariño, y recuerdas cuando...?'), acabó de la manera más brusca.

Entre risas y miraditas de complicidad, ella le preguntó (no porque pensara que no lo supiera, sino para dejar claro que llevaban juntos unos meses más que nosotros): 'Y te acuerdas el día en que empezamos a salir, cuando...'

Con tan mala suerte para Jose, que no escuchó el 'cuando...' y lo tomó como otra de las preguntas del examen.

Y, ansioso por aprobar, contestó interrumpiendo aquellos puntos suspensivos: 'No me voy a acordar? Fue el 20 de Mayo, estábamos en la Plaza del...'

Sólo os diré que también nosotros nos quedamos con la curiosidad de saber en qué plaza comenzó aquella bonita (y al parecer, difícil de mantener) historia.

El ceño de Marta se frunció. Si no lo conociera tan bien, pensaría que era una broma. Pero no lo era, y cuando comenzó a protestar, Jose, que definitivamente tiene el don de empeorar las cosas, se defendió divertido: 'No! no fue el 20 de Mayo, perdona. Fue el 31. El 20 de Mayo fue cuando el barça ganó la Copa de Europa. Perdona, cariño... entiéndelo, han sido los dos días más importantes de mi vida...'

Nuestros cuellos, como en un partido de tenis, se giraron al unísono, para ver cómo la cara de Marta palidecía, y desaparecía de ella toda expresión durante unos segundos.

La temperatura del salón bajó 5 grados de repente, y cuando Marta separó por fín los labios, pudimos oir, en el tono más plano que os podáis imaginar: 'Nos vamos, Jose'.

Los que se fueron, pero del salón, fuimos nosotros. En nuestro patio, sentados en sillas de plástico blanco, viendo anochecer, y oliendo el jazmín que tapizaba el muro, dejamos que Jose intentara, una vez más, salvar su boda de lo que parecía un atentado suicida.

Por suerte para nosotros, se había quedado muy buena tarde...

(*) 'Días de fútbol', David Serrano, 2003.

24 Ago 2007

El banquete de boda

Escrito por: Bloody el 24 Ago 2007 - URL Permanente

Hay una cosa que no os he contado de Chema. Supongo que porque no me gusta, aunque claro, él ya es mayorcito para saber lo que le interesa. Yo, en su día, le dije que por mí estupendo, pero que por aquí no se fueran a acercar él y sus amigos con las guitarritas, el acordeón y la bandurria a dar por culo debajo del balcón.

Ya sabéis de qué hablo verdad? Efectivamente, la tuna.
A mí desde siempre los tunos me han gustado poco, bueno, qué coño, no me gustan en absoluto. Menos, cuando los veo con más años que una puerta, con los leotardos, los pololos y la capa. Ya ves, Cloti, tu marido un ex-roquero, y el mío un tuno, qué mal repartido está el mundo.

Es cierto que la tuna a la que Chema pertenece es un poco particular, por decirlo de alguna manera. Se supone que los tunos son estudiantes, pero en la suya sólo han estudiado una carrera 3. Y ni siquiera la misma. Sólo son del mismo Colegio Mayor. Los demás han ido llegando porque conocían a alguien o porque pasaban por allí. Luego, cuando van a cantar, suben con ellos tunos de otras tunas, a menudo con el whiskazo en la mano (uno de ellos es famoso porque tiene dentadura postiza, y se la saca y la moja en el whisky), y eso al parecer no está muy bien visto por las que podríamos llamar "tunas serias".

El caso es que cuando un tuno se casa, los demás van a la iglesia a cantarle, y a comer como si no tuvieran comida en sus casas y a arrasar la barra libre, por supuesto. Todo esto, difrazados. Aunque se cuezan dentro del traje de terciopelo (o similar), es un precio aceptable si con ello se ligan a alguna tía en la boda.

Hace poco se casó David, el tuno por excelencia. Siempre de ronda, o de parche, siempre vestido de tuno (se rumorea que en su armario tiene unos pantalones vaqueros, pero nadie los ha visto nunca).

David, además de tuno es un poco, no sé, ingenuo. Se toma las cosas muy en serio, y claro, cuando vas a un certamen con una panda de cabrones por amigos, pues el sentido común te debería decir que no hay que bajar la guardia.

El caso es que unos meses antes, él y unos cuantos más habían estado en un certamen de tunas en Almería. David siempre ha sido bastante rellenito, por no decir directamente que está gordo como un zollo.

Cuando se estaba cambiando para salir, consciente de su enormidad, se sentó, en calzoncillos, en el suelo de la habitación que compartía con Rafa, y al grito de 'Mira tío, el Buda Feliz', se sentó en la posición del loto (bueno, lo más parecido que pudo conseguir), riéndose de su ocurrencia.

Por supuesto, lo que pasó en ese momento por la cabeza de Rafa fue 'Mierda, y yo sin un móvil con el que hacerle una foto'.
Pero se ve que ése no era el día del buda porque al poco llamaron a la puerta otros dos tunos, para ver si se iban, y ellos si llevaban móviles con cámara.

Rafa convenció al buda para que repitiera la gracia, diciéndole a los otros que se iban a partir. Y como la vanidad es muy mala consejera, David no vió qué podía tener de malo hacerlo para más público, total eran colegas. Pero en cuanto se sentó en el suelo, en calzoncillos, con las piernas cruzadas y los michelines rebosando, empezaron a lloverle fotos.

Entre la postura, la risa nerviosa que le entró, y que le costaba levantarse por su propio peso, al levantar un poco el culo se tiró un peo. Y en esa pose tan lamentable lo inmortalizaron sus "amigos".

Y, volviendo a la boda, durante el banquete, uno de los que tenía la foto en el móvil, se la enseñó a otro tuno, y éste, descojonado, le pidió que se la pasara por bluetooth.
Pero el primero, al ver que había unos 10 móviles más con el bluetooth activado, decidió compartirla con todos ellos.
Así, en unos minutos, se formaron corrillos de familiares y amigos, para ver al novio en calzoncillos intentando levantarse en una extraña postura.

Y por si esto fuera poco, el sabio buda, que a estas alturas estaba muy lejos de sentirse feliz, recriminó a su colega con las palabras que todos los invitados a la boda sin duda recordarán, a saber: "Rafa, tío, eres un cabrón, ¿que les has mandado, la foto del peo?".

Total, que Chema volvió a casa asegurando que había sido una boda sin desperdicio. Y yo, por una vez y sin que sirva de precedente, me alegré de que estuviera en la tuna.

(*) 'El banquete de boda', Ang Lee, 1993.

19 Ago 2007

Amores perros

Escrito por: Bloody el 19 Ago 2007 - URL Permanente

Antes de que sigais leyendo, sí, esta historia es realidad pura y dura.

A la mayoría de nosotros el primer amor nos pilla por sorpresa, nos espera agazapado a la sombra en cualquier esquina, y nos ataca sin que podamos hacer nada por defendernos.

A mis 13 o 14 años, yo solía enamorarme una vez por semana.
En esa época, diccionario Vox edición de bolsillo en mano, aprendía inglés traduciendo canciones de Michel Jackson, The Police, Dire Straits o The Beatles (y otros grupos a los que no voy a nombrar, acogiéndome a la quinta enmienda). Luego, cuando entendía que el niño con el que me cruzaba en la panadería no me distinguiría entre las barras de pan, me encerraba en mi habitación, ponía alguna canción de (des)amor y me tiraba en mi cama, a gimotear mi mala estrella.

Mi padre, desde el pasillo, protestaba en vano : "Otra vez la de 'nena' no, ya está bien", refiriéndose al Cadillac de Loquillo. Ya ves, yo que no me había comido una rosca en mi vida, no hablemos ya de hacerlo en un coche, la ponía una y otra vez y otra...

A mi cuñada su primer amor la asaltó en un lugar, digamos, inesperado. El salón de su casa. A la tierna edad de 12 años.

En aquella época la programación infantil/juvenil había descartado ya programas basura como 'La Bola de Cristal', para obsequiarnos con animación de calidad, made in Spain, como 'Dartacán y los tres mosqueperros', o 'La vuelta al mundo de Willy Fogg'.

Todos nosotros hemos oído hablar del amor a primera vista, incluso algunos conemos a alguien que conoce a alguien que... bueno, pues el caso que nos ocupa lo fue. Amor a primera vista. Dartacán le clavó su florete a mi cuñada en su corazoncito inocente.

La liebre saltó cuando su hermano encontró un papel repleto de corazones, que rodeaban un dibujo, apenas reconocible, de la versión canina del héroe que el escritor francés A. Dumas retrató en su trilogía.

De repente su amor secreto estaba en boca de todos.
De su hermano, que le preguntaba, divertido y tocapelotas, qué era todo aquello.

De su padre, que le increpaba, tierno y delicado como es él, "Pero tú eres tonta, niña?! No ves que es un dibujo animado, y encima un perro?!"

De su madre, protectora, intercediendo en nombre del amor, "No le digas a la niña esas cosas, Pepe, si a ella le gusta, qué le va a hacer..."

Y ella, capeando el temporal como buenamente podía, que era malamente, porque cuando repartieron rasgos, su hermano fue bendecido con el don del verbo fácil, mientras que a ella le quedaron apenas las migajas, lanzaba sus argumentos:
"Si yo lo quiero a vosotros qué os importa. Además me voy a casar con él cuando sea mayor"

Su padre, a punto de sufrir una embolia, "Pe... pe... pero qué dices, niña? Que es un dibujo animado!!!"

Por suerte aquello no cuajó, y ahora mi cuñada vive enamorada de un guardia civil, eso sí, de carne y hueso.

Y es correspondida. Ah, l'amour!

Me encantan los Happy End... qué le voy a hacer..

(*) 'Amores Perros', Alejandro González Iñárritu, 2000.

It's probably me...

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My Life With(out) Me

Creo que el mejor modo de conocer a una persona es oyendo a los demás hablar de ella...
Esto es lo que mis amigos dicen de mí:

"Tiene el sentido de la orientación de una coliflor (...)¡madre mía qué floja!(...) tiene un problema: le gusta mucho darle al alpiste" (Benno),

"...La mujer de Colombo (alias La cucaracha)" (sr. K),

"Tú nos quieres engañar a todos. Es eso, ¿no? Pero, claro, quieres ir de madura y todo eso. Pero, si eres una niña, diminuta y tímida!" (Johnny Salomon),

"No sé dónde quedará la M, pero allá que te mando..." (Mariajo),

"Supongo que uno no puede darle caña a Camela sin esperar ciertos efectos secundarios" (Escocés),

"¿¡¡Hasta dónde vamos a aguantar los que sólo queremos tomarnos unos 'fettuchinis' contigo!!? (...) ¡¡Mentirosa, mentirosa y mentirosa!!. " (Blas)...
"Eres un ser carente de corazón..." (Hurano)

Menos mal que por lo menos tengo salud... :) Jejeje.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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No te salves (M. Benedetti)

No te quedes inmóvil al borde del camino
No congeles el júbilo
No quieras con desgana.
No te salves
Ahora ni nunca
No te salves
No te llenes de calma
No reserves del mundo sólo un rincón tranquilo
No dejes caer los párpados pesados como juicios
No te quedes sin labios
No te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo.

Pero si pese a todo no puedes evitarlo
Y congelas el júbilo
Y quieres con desgana
Y te salvas ahora
Y te llenas de calma
Y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo
Y dejas caer los párpados pesados como juicios
Y te secas sin labios
Y te duermes sin sueño
Y te piensas sin sangre
Y te juzgas sin tiempo
Y te quedas inmóvil al borde del camino
Y te salvas
Entonces
No te quedes conmigo.

ElPais.com Viñetas

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