18 Abr 2008

Cuatro centímetros.

Escrito por: Bloody el 18 Abr 2008 - URL Permanente

Cada mañana me levanto dormida, voy a la cocina medio zombie y mientras Paula se toma el Cola-Cao, dejo que un Red Bull se encargue de despertarme.

Luego, cuando Chema y la niña salen de casa, llamo a mi padre al móvil. Desde que se jubiló, queda cada día laborable con sus antiguos compañeros para tomar café, así que aprovechamos para hablar un rato mientras llegan o no.

Hablamos de mi madre, de la niña, de quién se ha casado o se ha separado, de política (aunque yo intento evitarlo), de sus hermanos, del tiempo que hace...

(...)

Hace dos días me levanté dormida, me tomé el Red Bull mientras la niña desayunaba, me despedí de ella y de Chema, y marqué el número del madero. Lo de siempre...

Pero aquella mañana no hablamos de mi madre, ni de mi hija, ni de quién se había casado o separado, ni de política, ni de mis tíos, ni del tiempo.

Mi hermano había ido a pasar unos días a Cádiz, supuestamente por trabajo. Supuestamente.

Creo que nunca he hablado bien de él en este blog, y no voy a contaros ahora que sea el mejor hermano del mundo. Vivimos a 20 minutos y nunca encontramos tiempo ni motivos para vernos. No tenemos mucho que decirnos, y cuando lo hacemos siempre acabamos discutiendo.

Pero hace dos días mi padre me habló de él. Y yo escuché con un nudo en la garganta.

Al parecer le han descubierto un tumor en un riñón, y no es pequeño precisamente. 4 centímetros.

En unas semanas lo operan. Tendrán que extirparle el riñón entero. No va a morirse por ello, por suerte le queda el otro. Pero no deja de ser una putada. Tiene sólo 34 años. Y aunque no sea el mejor hermano del mundo, se le coge cariño, jeje.

Él es el que -aparentemente- mejor lo lleva. Le ha dicho a sus suegros que no se preocupen por su hija, que si le pasa algo la hipoteca la cubre su seguro de vida. A mi madre le ha dicho que ahora cuando vaya a verla quiere higadillos para desayunar, comer y cenar.

Pero yo, que lo conozco desde que nació, se que está muerto de miedo...

(...)

Ayer estuvo en casa.

Esta vez no miró ni una sola vez su reloj de 3000 euros. Jugó con su sobrina a todo lo que ella quiso, sin importarle que tuviera los dedos manchados de helado.

Esta vez no discutimos por nada. Nos pasamos fotos y canciones por bluetooth e hicimos bromas sobre la cicatriz que le va a quedar (que aunque os pueda parecer mentira lo tiene realmente preocupado).

Y como él siempre ha tenido claro que no quería tener hijos, aproveché para meterle el dedo en el ojo:

"¿Qué, calvo, ahora tendrás que pensarte mejor lo de tener hijos, eh!? Nunca se sabe cuándo vas a necesitar que te donen un riñón..."

"Jajaja, qué cabrona eres...!"

En mi familia somos así. Hacemos bromas absolutamente de todo. Y si son temas como éste, que no tienen ni puñetera gracia, más. Cada uno se defiende como puede...

(...)

A veces tiene que pasarte algo realmente malo para que te des cuenta de qué cosas son las que realmente valen la pena. A mi me pasó.

Ojalá él no tuviera que pasar por todo esto, pero ya que nadie elige que le pasen estas cosas, espero que al menos le sirva para cambiar el chip y entender que lo importante no es tener más dinero, ni una casa en la playa... A veces lo importante puede resumirse en cuatro centímetros.

Mucha suerte, calvorota !!!

21 Mar 2008

La donna è mobile...

Escrito por: Bloody el 21 Mar 2008 - URL Permanente

Quizá no lo sepáis, pero este viernes 21 me voy a Italia con Mariajo y con mi Bombón (que me ha prometido facturar la botella de Bailey's) a quemar la Toscana, a jartarme de comer y si paramos cerca de la playita, a jartarme de... esto... de echar de menos a Chema, jeje.

Y ya que voy a estar una semana sin dar señales de vida, he pensado dejar este post programado para que no os olvideis de mí. Ya sé que ultimamente he estado más triste que el guionista de Marco... pero este post no trata de amor ni de abandono, palabrita del niño Jesús. Éste es un post familiar.

Eran las navidades del 2003, y aunque no recuerdo para qué, (porque la niña aún no había llegado), mis padres habían venido a vernos. Bueno, antes de seguir he de aclararos (para que luego no me acuséis de crear falsas expectativas) que en este post mi madre es un personaje secundario. Muy secundario. Se limitó a traer, de una pastelería muy pija de Madrid, una caja de bombones carísimos, y a no comérselos (no recuerdo el motivo, supongo que coincidiría con uno de esos miércoles en los que uno lleva 3 días a régimen... si llega a ser jueves, caen fijo).

A los pocos días (muy pocos debieron ser, porque la caja de bombones estaba casi entera) vinieron mis suegros. Antes de que llegara Paula, mi relación con ellos era cordialmente gélida. Algo así como las relaciones diplomáticas entre Fidel y Bush, donde podría decirse que yo representaba a Cuba y ellos a los EEUU. El bloqueo se rompía en muy pocas ocasiones, y no siempre con consecuencias positivas.

Por ejemplo, el año en que mi suegra decidió dejar de ignorarme y traerme un detallito por navidad. Venía envuelto, y aunque yo no esperaba nada, me emocionó que se hubiera acordado de mi... hasta que lo abrí y vi que se trataba de pinzas para tender la ropa, de madera y con muñequitos navideños en los extremos... Si ese día, cuando me preguntó si me habían gustado, no la mandé a tomar por el culo, nunca lo haré... eso está claro como el agua clara.

Y como a todo se acostumbra uno, con el tiempo me terminé acostumbrando a aquella especie de guerra fría y comencé a devolverles la pelota con pequeños gestos. Así, cuando venían a casa, me tomaba la molestia (ninguna) de quitar de en medio cualquier cosa que supiera que pudiera gustarles, como el vino (que solíamos tener para cuando venían amigos o mi padre), las cervezas buenas (dejando sólo las más cutres a la vista) y sobre todo, cualquier cosa que tuviera chocolate, el punto débil de mi suegro, que por una tableta de chocolate negro vendería a su hija (en el supuesto caso de que alguien estuviera dispuesto a comprarla... pero ése es otro tema).

El día en cuestión dejé los bombones buenos en la librería, bien escondiditos (antes se los hubiera dado a mi perra que ofrecerle uno a mi suegro). Y cuando llegó la hora del café, Chema -como habíamos acordado- sacó una caja de bombones muy cutres (que con su 10% de cacao, a duras penas entraba en la categoría de chocolate) que alguien había traído hacía meses y ahí se habían quedado al fondo de la despensa, sobre un bote de remolacha cocida y una lata de peras en almíbar.

Pero como diría Verdi, la donna è mobile... y bueno, estábamos en pleno proceso de adopción, yo había sacado el tema durante la comida, y mi suegra, contra todo pronóstico, decidió enterrar el hacha de guerra y mostrar su entusiasmo (que resultó ser mucho) ante la idea de ser abuela. Y eso que me aseguré de que entendiera que la madre de su nieta sería yo misma.

En mi defensa debo decir que mi madre no quería ni oír hablar del tema, y que mi suegra me apoyara en aquel momento significaba mucho para mi...

El caso es que, cuando vi aparecer a Chema con aquellos bombones tan cutres, haciendo gala de esta habilidad para crear situaciones violentas que Paco me ha dado, le solté:

"¿Esos bombones vas a sacar???"

Chema me miraba como si no supiera de qué le estaba hablando... de hecho NO sabía de qué le estaba hablando.

"No, hombre, no! Saca los buenos, los que están ahí, en la librería..."

Y seguí hablando con mi suegra, más fresca que una lechuga, como la buenísima anfitriona que soy.

Supongo que si hubiéramos sido los protagonistas de una peli de animación, de los ojos de Chema habrían salido rayos que me habrían dado de lleno en el cogote . Pero no lo éramos y Chema se limitó a sacar la caja oculta tras los libros y a servir el café.

No sé si aquel día gané puntos o no a ojos de mis suegros (tampoco es que me quite el sueño, la verdad). Pero sí que sé que a día de hoy, cuando vienen a casa a comer, si al acabar le digo a Chema "cielo, ¿te importa traer el postre?", él siempre me pregunta "¿el bueno o el cutre?"... y se queda tan ancho.

Desde luego, no entiendo que sea tan rencorosillo... total, por unos bombones...

Ci vediamo, baci per tutti...!!!

11 Mar 2008

Qué será, será...

Escrito por: Bloody el 11 Mar 2008 - URL Permanente

Mi hermano es una persona (más o menos, tampoco quiero pillarme los dedos, no sea que haya algún antropólogo cerca) peculiar.

No es que sea mala gente, es que nació así, y claro, los que hemos compartido techo con él hemos aprendido a mirar para otro lado (más que nada, por no verlo)...

Por ejemplo, aquel día que se puso tan nervioso escuchando un partido del Madrid por la radio como para llevarse el cable a la boca... y claro, no pudo evitar morderlo... ni acabar con to'a la boca negra, como cuando un famosillo se disfraza de rey Baltasar... Por no hablar del cortocircuíto que provocó y que hizo saltar los fusibles de toda la casa...

O aquella vez que discutió a grito pelao con su novia por la ropa que cada uno pensaba llevarse... al camping!!! A ver si iba a resultar que iban a ir los dos con el polo del mismo color... Diosssss!!! no se me ocurre ahora mismo que te pueda pasar nada peor que eso... (manda güevos!).

En fín, ejemplos tengo a docenas, pero no quiero aburriros...

El caso es que mi hermano está acostumbrado a hacer su santa voluntad, supongo que porque siempre hemos acabado consintiéndoselo todo entre unos y otros. Y claro, debe haber pensado (quien dice pensado...) que con su sobrina puede hacer lo mismo.

Mi hermano es de la escuela de mi madre, 'tanto tienes, tanto vales', y no entiende que a los niños no se les puede dar todo lo que piden. Bueno, salvo que quieras que te salgan como él...

Nuestra hija llevaba muuuucho tiempo pidiendo una muñeca que le había visto a una compañera suya del cole (no a una cualquiera, a Violeta, que es la que parte el bacalao); más o menos el mismo que nosotros llevábamos diciéndole que NO . La muñeca en cuestión era una Barbie, Barbie princesa de los animales, para más señas... no queráis saber qué papel juegan los animales en la historia, que éste es un post familiar.

Al final, después de hablarlo entre nosotros, decidimos explicarle a Lizhen porqué no nos gustan las Barbies, en vez de usar el 'porque no', y dejar que ella decidiera qué quería pedirle al tito por su cumpleaños...

Podría decir que mi hija de 5 años atendió a razones y que pidió un puzzle o un libro, pero como podreis imaginar, pidió la Barbie...

Unas semanas después del cumpleaños de mi hija, mi hermano, que tenía una reunión en una sucursal que está al lado de casa (si no de qué...) aprovechó para traerle a Paula su regalo, La Barbie princesa de los animales (que tiene exactamente la misma pinta de p$t& cara que las demás, pero va más tapada).

Y como el que le tira un hueso a un perro para entretenerlo, salió por patas. Una cosa es gastarse una pasta en la muñeca, y otra muy distinta perder el tiempo jugando con su sobrina...

(...)

El sábado, mientras yo estaba en Málaga, mi hermano llamó a Chema para que le llevara a la niña a su casa para que pasara el día saltando en su cama y en su sofá, y haciendo todo lo que le saliera del chichi. Siempre está diciendo que se la va a llevar a comer y luego nunca lo hace, aún sabiendo la ilusión que le hace a ella, así que había que aprovechar...

A pesar de conocer de sobra nuestra política sobre no hacer regalos(importantes)-porque-sí, más cuando acaba de ser su cumple y tiene aún cosas por estrenar, mi hermano decidió pasarse nuestras normas por el forro de los cojones y regalarle a la niña el complemento perfecto para la muñeca: la peli en dvd "Barbie, la princesa de los animales"...

Por si por el título no dejara suficientemente claro por dónde va a ir el argumento: una princesa (porque lo dice ella) que vive en una isla desierta acompañada de un elefante de largas (muy largas) pestañas, un pavo real y un panda rojo, vestida con una toalla enrollada por el cuerpo, y capaz de hablar con los animales, es rescatada por un príncipe de sexualidad ambigua, que la convierte en una mujer como Paco manda... más o menos.

Por supuesto, mi hermano le dio la peli a Paula cuando Chema ya se había ido.

Ahora explícale tú a la niña al llegar a casa que prefieres que vea Fuego en el cuerpo, por ejemplo (que sí, es para mayores, pero al menos es buena y el sexo es entre individuos de la misma especie) antes que esa mierda de peli que trae en la mano...

Ayer mi hija me dijo que ella de mayor quería ser una princesa.... Y yo, mientras la miraba sin saber qué decir, me cagaba mentalmente en las castas de mi hermano, que son las mías...

(...)

Espero que un día de estos mi hermano apunte bien y me dé un sobrino. No por nada, sólo para que vea que yo también sé educar a los hijos ajenos. Y si al final resulta que no sé, bueno, al menos nos habremos echado unas risas, que no?

Os dejo una coplilla, 'Que sera, sera', versión de Sly & The Family Stone.

08 Feb 2008

Eso es así, aquí y en Lima.

Escrito por: Bloody el 08 Feb 2008 - URL Permanente

Hay gente pa'to. Eso lo sabe cualquiera. Y a la gente hay que quererla como es, con sus defectillos...

Yo, por ejemplo, soy un poco vaga... ejem, vale, soy más floja que un muelle'guita, o eso afirma la madre que me parió...

Recuerdo una vez (y hay testigos) que me comí un yogur con los dedos por no levantarme a por una cuchara. Bueno, también lo hice por orgullo, porque me la iba a dar mi madre, que estaba de pie, y ya ves tú qué trabajo le costaba, pero el cabrón de mi hermano la convenció para que no lo hiciera.

"Que se levante ella, mamá, que siempre acaba convenciendo a alguien para no tener que moverse...".

Y ahi tengo que darle la razón. No sé si es una cuestión de principios, pero siempre me he aplicado eso de "más vale aburrida que cansada".

El caso es que mi madre no me dió la cuchara, y mi hermano me miró con esa sonrisa tocapelotas del que sabe que ha dado por culo sin sacar nada a cambio... qué podía hacer yo? Levantarme? Ja! Tuve que pensar rápido, antes de que el yogur se convirtiera en cuajada... no me quedó más remedio que comérmelo asi, a pelo, ante el asombro de mi familia.

Pero lo peor es que, como todos los vagos, he desarrollado eso que algunos llaman mucho morro...

Recuerdo aquella vez en que me desperté de madrugada con la boca seca, y con un cariñoso codazo le pregunté a Chema, que dormía...

"Cielo, tú tienes que bajar para algo?"

Tengo que aclarar que tenía mucha sed, muchísima, de esas veces que parece que has comido arena empanada... Y por aquel entonces yo sólo bebía Coca-cola... Y la cocina estaba en la planta de abajo... Vamos, que los planetas se habían alineado en mi contra.

Por suerte Chema, como yo sospechaba, no tenía nada mejor que hacer que bajar a por la botella... Asi que bebí hasta hartarme y seguí durmiendo. No me di cuenta realmente del rostro que le había echado hasta la mañana siguiente.

Y es que los que nacemos asi, tendemos a movernos lo mínimo posible, para nosotros no hay suelo duro si la opción es estar de pie. Menos en el autobús.

Instintivamente siempre busca uno un sitio libre en el que posar el culo, en mi caso que sea para 10 paradas o para 2 me es indiferente.

El problema es que, cuando por fin lo encuentras, siempre entra alguien a quien sabes que debes cedérselo. Porque cuando te subes al autobús, eres consciente de que a tus 36 años, sin llevar muletas, sin estar embarazada, ni llevar un bebe en brazos, eres el último mono. Parece que cualquiera tenga prioridad para sentarse antes que tú. Y anda que no jode eso.

Yo desde luego lo tengo muy claro: para levantarme, no me siento.

Ya lo dice El Bonico (del to): "Sobrevivir es competir y ganar, y el que diga lo contrario, miente. Porque ayudar a alguien sin perder nada a cambio, vale, eso se puede hacer. Pero ¿ceder un asiento? eso por ejemplo no. Porque ahí son dos personas compitiendo por el mismo objetivo común. Eso es la naturaleza. O que me voy a levantar yo para que se siente él, no? por qué? porque es más mayor? Nts..."

20 Dic 2007

Blanca (que no limpia) Navidad.

Escrito por: Bloody el 20 Dic 2007 - URL Permanente

La primera vez que vi a Marilí, la abuela de Chema, fue en un hospital, poco antes de que muriera su marido, el abuelo Pepe.

Estuvieron casi toda su vida juntos, y de repente ella se quedaba sola. Aún así no consintió irse a casa de su única hija, mi suegra, por no molestar...

Los motivos, todos lo sabíamos, eran bien distintos.

Por un lado, en su casa comía lo que le daba la gana, que solía coincidir con todo lo que el médico le tenía prohibido. Y eso era algo a lo que no estaba dispuesta a renunciar...

Por otro lado, ella y su yerno se llevaban a matar. Eso sí, muy cordialmente.

Mi suegro es un tocapelotas nato. La típica persona que o te hace gracia a la primera o se te atraganta para toda la eternidad. Yo estoy en el segundo grupo. Y el sentimiento tengo que decir que es mutuo.

Quizá por eso hice piña con Marilí. Al principio llamaba para hablar con su nieto, porque tenía una de estas malditas tarifas de Telefónica en la que a los abuelos parece que les paguen por hablar. Pero como a veces lo cogía yo y le contaba más cosas de las que él le había contado en su vida, acabó llamando para hablar conmigo.

Hablábamos a diario. Ella estaba muy sola, y yo la escuchaba. Era la típica persona que decía las cosas como si se le escaparan, sin aparente intencionalidad. Pero bastaba tratarla un poco para saber que no daba puntada sin hilo...

A mi, lo reconozco, me encantaba sacar a mi suegro a relucir, porque ella siempre entraba al trapo. Y como quien no quiere la cosa me hice con un arsenal de información, que si bien no pensaba utilizar, me gustaba tener.

Unas navidades, de esto hace ya 8 años, mis suegros se iban a Madrid a ver a los hermanos de él. Esto lo han hecho desde que se casaron, la diferencia era que ahora Marilí se quedaba sola en Cádiz.

Sí, podría haberse ido a Madrid con su hija, pero al ser una mujer un tanto difícil, tampoco hacía migas con la mitad de la familia de mi suegro, así que esa posibilidad quedaba descartada.

En consecuencia, y dado que en casa teníamos sitio de sobra, se me ocurrió decirle que porqué no se venía a pasar esos días con nosotros... en mala hora!

Nuestra casa de entonces era un adosado de dos plantas. Recuerdo que cuando llegó, Chema subió su maleta a la habitación de invitados, y desde lo alto de la escalera dijo, alto y claro:

"Bueno, abuela, qué día de la semana te vas a duchar?".

Yo, por supuesto, le quité importancia a su comentario

"Desde luego, Marilí, hay que ver cómo es tu nieto... jaja"

Pero cuando llevaba en casa una semana y aún no nos había pedido una toalla, entonces ya no me reía tanto...

Fueron 10 laaaargos días, en los que el olor a colonia con la que suplía el jabón se hizo con toda la casa.

Ella se defendía de los tiritos que Chema cariñosamente le lanzaba, afirmando que se lavaba por partes. No hacía falta preguntarse a qué partes se refería concretamente, porque ella se encargaba de decirlo.

En el Sur, no sé si esto pasará en otros sitios, somos muy dados a inventar nombres a cosas que ya los tienen.

Marilí, que no iba a ser menos, tenía varios para referirse a lo mismo, entre otros El Mirlo, y El Don Benito. Hay un tercer nombre que no diré porque no queréis oírlo... creedme.

Ni que decir tiene que si todo esto me sorprendía era por ser Marilí una mujer completamente autosuficiente, capaz de recorrer al día grandes distancias a pie, con lo cual si optaba por la colonia no era porque no pudiera ducharse sola, ni mucho menos. Supongo que son hábitos que uno coge, como acostarse con los calcetines puestos o tomarse un zumo en ayunas.

Las siguientes navidades mi hermano estaba en casa, ocupando la habitación que ella había dejado.

Es verdad que mi hermano y yo no nos llevamos demasiado bien, que la cuerda entre nosotros está siempre tirante, pero nadie se puede hacer una idea de lo que agradecía el vapor que salía del baño cada mañana.

Pero es cierto que cuando llegan estas fechas siempre me acuerdo de Marilí. Tenía sus cosas (como esa fobia al agua templada), pero a mi me caía de puta madre...

11 Dic 2007

La Mala Estrella.

Escrito por: Bloody el 11 Dic 2007 - URL Permanente

Ser una persona empática -como ser graciosa, ocurrente o inteligente- es algo que viene de serie. Y como todo lo que no se elige, a veces es un regalo y a veces no lo es tanto.

Un regalo porque eres feliz viendo feliz a los demás, porque sus buenas noticias te alegran el día, porque si ayudas a alguien sólo por estar ahí, te sientes genial. Un regalo porque la gente suele responder, y los que entran en tu vida lo hacen para quedarse.

Y a veces no lo es porque no puedes evitar que todo te afecte, ni involucrarte hasta la médula, y haces tuyas las tristezas ajenas, y lo que a otros les duele, te duele a tí, y lo que les hace llorar, te empapa a tí también. Y querrías poder hacer más de lo que haces, y cuando te das cuenta de que eso no es posible te sientes impotente...

Con todo y con eso, yo no cambiaría mi empatía por ninguna otra cosa (y que conste que no me importaría ser más lista, más ocurrente o más graciosa, eh...). Aunque a veces basten unos minutos con un desconocido para que te contagie su tristeza, y luego la lleves a cuestas todo el día.

Cuando fuí al hospital a recoger los resultados de mis últimos análisis, iba muy contenta. Sabía que todo iba a salir bien. Me veía en aquel pasillo donde había estado tantas veces sin poder moverme, y me parecía mentira poder estar ahora de pie.

Estaba esperando a Chema, que había ido a aparcar, cuando llegó una mujer. Debía tener 50 años, pelo corto, canoso, muy delgada, muy bajita, parecía que fuera a escurrirse entre los que estábamos allí.

Me senté a su lado, y en seguida me preguntó si yo tenía lupus. Me contó que ella también lo tenía, pero que ahora estaba bien, sólo venía a revisión...

Yo pensé que no lo parecía. Parecía un perro apaleao, de esos que te acercas para acariciarlos y se encogen. Las manos le temblaban sin que pudiera hacer nada por controlarlas. Su voz temblaba también y parecía que fuera a romper a llorar de un momento a otro.

En 10 minutos sabía más cosas de aquella mujer que de mi cuñada. Ninguna buena. Me contó que tenía una depresión, y que lo estaba pasando fatal. Intenté consolarla, aunque no sabía por dónde empezar. Y la verdad es que no sé qué le dije, pero de repente sonrió. No fue una sonrisa de anuncio, de hecho fue la sonrisa más rara que he visto en mi vida, como la de un payaso. Pero era una sonrisa al fin y al cabo...

Estaba muy nerviosa, sacó un transilium de un pastillero y me preguntó si yo sabía si las enfermeras le podrían dar un vaso de agua. En ese momento llegaba Chema, así que le dije que no se preocupara y le pedí a él que bajara comprar una botella.

También le ofrecí que pasara delante mía si quería, porque he estado allí muchas veces y sé las ganas que tiene una de volver a su casa cuando siente como si el suelo se abriera bajo sus pies. Me lo agradeció y se lo dijo a la enfermera, que me interrogó con la mirada poco acostumbrada a ser testigo de esos ofrecimientos.

Al tomarse la pastilla, supongo que debido al temblor de manos, se le derramó un poco de agua por el pecho. Y justo entonces llegó su marido, que estaba aparcando también, un hombre enorme, de pelo blanco, cara congestionada, y pequeños ojos azules.

Ésta fue la conversación:

Él- ¿Qué haces?

Ella (con un hilo de voz como si la hubieran pillado infraganti)- Nada, que estaba muy nerviosa y me he tomado un transilium...

Él- No empieces a montar el número, eh!

En ese instante comprendí muchas cosas, me dieron ganas de intervenir, de decirle a aquel gilipollas que el único que estaba montando allí el número era él. Y supe quién era el que le hacía sentirse tan pequeña.

Pero me callé, me tragué lo que pensaba y los dejé sentados, ella sola, y él leyendo un libro.

Pasó a consulta antes que yo. Y aún tuvo que aguantar a otro hombre, otro energúmeno, protestando a viva voz de que se le hubiesen colado, argumentando idioteces, una detrás de otra, y haciendo aspavientos. Otro gillipollas, pensé. Parecía que ese día se hubieran concentrado en la planta de colagenosis.

Cuando salió de la consulta, temblando como entró, se paró delante mía - a pesar de que el ogro tiraba de ella- y me contó lo que le habían dicho. Buenas noticias, salvo el tema de la depresión, estaba todo bien.

La felicité y le dije que debía alegrarse, y le hablé de una asociación de lúpicos en la que hay una psicóloga que te atiende totalmente gratis. El marido intervino, hablando por ella, explicándome que a su mujer no le pasaba nada, que lo que tenía que hacer era dejarse de tonterías.

¿No ves la cara de felicidad que tiene?- me soltó.

Encajé el golpe, me mordí la lengua (y probablemente me envenené) y me despedí de ella, deseándole mucha suerte, a pesar de saber que hay gente que nace sin ella.

Gente que ha nacido con mala estrella.

20 Nov 2007

Pick up the pieces

Escrito por: Bloody el 20 Nov 2007 - URL Permanente

La primera vez que escuché esta expresión fue, como no podía ser de otra manera, en una canción. Decía: "I'll pick up the pieces and mend my heart". Algo así como "Reharé mi vida y arreglaré mi corazón".

Cuando pasamos por un callejón, estrecho y oscuro, y ví el nombre de este coffeeshop, Pick up the pieces, no pude evitar sonreir. Debería haberle hecho una foto, pero era nuestra última mañana y andábamos con prisa buscando un buzón en el que meter unos cuantos sobres, confiando en que alguno llegue a su destino...

Me encantan los coffeeshops, con sus portavelas rojos, sus suelos y mesas de madera, sus carteles de "prohibido los móviles" (aleluya!), sus luces tenues y su ambiente relajado. Hubo uno al que volvimos el día que nos íbamos, no recuerdo su nombre, pero seguro que kike y Juanjo sí.

La primera vez que entramos fue la mañana del jueves. Nos sentamos en una de las mesitas de la planta de arriba. No había mucha gente, porque suelen ser sitios no muy grandes. Dos o tres parejas fumando, y una comiéndose la boca como si quisieran arrancarse los labios. Eran italianos, creo. Ella era guapa, morena, pelo largo, alta, buen tipo. Él parecía hecho a su medida. Iban cargados de maletas y cargados en general. De repente, ella se tumbó sobre sus piernas y él sobre su cuerpo, y se quedaron así, como dos piezas de tetris, durante un buen rato. Luego él se fue y ella se quedó dormida, acurrucada en el sofá.

En unos minutos la camarera intentó despertarla, sin éxito. Bajó y volvió con un hombre, que la zarandeó en vano al grito de "Wake up! Wake up!" (Despierta! Despierta!). Aquello empezaba a parecerse a la canción de "Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña...". Y el primer elefante, al ver que no se caía, llamó a otro, y así acabó rodeada de 4 personas, todas intentando echarla de allí. Pero la llevaba tan gorda que ni se enteraba de lo que le decían y en cuanto la soltaban se dejaba caer sobre el sofá de nuevo.

Entonces apareció el italiano hablando con gestos y un inglés rudimentario. Se sentó a su lado, ignorando al corro que se había formado, y mientras le susurraba cosas al oído, le acariciaba el pelo y le besaba la cara. "Two minutes", pedía, dos minutos. Y justo cuando el personal empezaba a impacientarse ella decidió que era el sitio y el momento para vomitar. No sé cuanto tiempo pasó hasta que consiguieron sacarlos de allí y limpiar todo aquello.

Cuando se los llevaron se acabó el espectáculo y casi todo el mundo aprovechó para irse. Digo casi, porque alguien se quedó.

Había entrado justo detrás de nosotros. Alto, delgado, cabeza rapada, morros a lo Mick Jager. Dejó allí sus maletas y macutos, se quitó toda la ropa que llevaba de cintura para arriba, sacó un chaleco (uno de verdad, no lo que los sevillanos entienden por chaleco), y se lo puso sobre el pecho desnudo. Eso, unos tirantes, una gorra con una pequeña visera, y una especie de falda-pantalón sobre los vaqueros distrajeron nuestra atención de los italianos. Se puso a liarse un porro ignorando completamente al resto del mundo. A continuación comenzó a bailar sentado, moviendo la cabeza y los hombros, sonriéndole a sus propios músculos mientras sujetaba en su mano izquierda una enorme copa de algo que parecía zumo.

En la mayoría de los coffeeshop no dejan beber alcohol, y me parece lo más prudente. Pero lo cierto es que a este tío no parecía hacerle falta.

Kike no podía apartar la vista de él, mientras repetía "ese nota es la polla!". Y por supuesto, a partir de entonces, cuando fuma porros sonríe mirando hacia los lados y pone morritos mientras mueve la cabeza. Fue él quien me pidió que contara todo esto en mi blog, aunque a nadie más le importe. Por eso lo he hecho.

Cuando pasamos por allí de nuevo no pudimos evitar entrar, aunque ya no fue lo mismo.

Me parece haber estado fuera un mes, no 4 días.

A veces el tiempo es muy relativo. A veces las cosas no salen como te las esperabas. A veces los silencios duelen más que las palabras o los hechos que los causan. A veces hasta los mejores amigos necesitan tomarse un descanso para asimilar los cambios. Y no siempre es fácil estar a la altura de lo que los demás esperan.

Yo sigo en ello.

13 Nov 2007

Where everybody knows your name.../ Mañana nos vamos a Amsterdam!!!

Escrito por: Bloody el 13 Nov 2007 - URL Permanente

Llevo unos días sin postear, sin recordar que la cuenta atrás sigue y que mañana por la tarde estaré en Holanda. Sin pasar por los blogs ajenos y casi ni por el mío. Y la verdad es que lo echo de menos.

Últimamente dos amigos míos a los que quiero mucho han tenido que enfrentarse a una situación difícil que ha puesto su amistad en la cuerda floja.

Yo los entiendo a los dos, a uno porque los sentimientos son algo que no se puede evitar, y bastante difícil es ya enfrentarse a ellos y encontrar el valor para decirlos en voz alta (más sabiendo lo que está en juego) como para sentirse culpable por no haberlos sabido controlar.

Al otro, lo entiendo porque ahora no sabe cómo tratar a alguien que hasta hace dos días era su mejor amigo y al que quiere un montón. Y es que por mucho que intentes ser abierto con ciertos temas, el cuerpo reacciona de la forma en que lo hace. Y eso es algo que tampoco se puede evitar.

Como no se pueden evitar los celos, las miradas o los reproches.

Como no puedes evitar echar la vista atrás, atar cabos y comprender de repente tantas cosas, y sentirte estafado por una relación que no es lo que creías.

Y es que el amor es muy traicionero, aparece cuando y donde menos te lo esperas. Y quien se crea a salvo que levante la mano. Mmmm, no veo muchas manos levantadas...

El caso es que me voy de viaje pero no sé cómo dejar esto aquí. Y tampoco quiero llevármelo conmigo. La última vez que estuve en Amsterdam estuve sola, iba muy mal (del lupus) y aún así me quedé 4 días. Era algo que sentía que tenía que hacer.

Este viaje va a ser completamente distinto, porque voy acompañada de dos veinteañeros guapísimos, porque me siento genial (aunque eso lo confirmarán los 7 tubos de sangre que me sacaron ayer) y porque llevaré una cámara para poneros los dientes largos cuando vuelva. Y es que en el fondo, lo mejor de irse es saber que tienes un sitio al que volver.

No os olvidéis de mí, vale? Pasaos y cuidadme el fuerte...

PD.- Quería recomendaros un post que leí hace unos días sobre la ciudad de mis amores, que me gustó un montón. Aquí lo tenéis. Sobre Amsterdam.

PD2.- Ya contestaré a los comentarios que dejéis (si los dejáis, claro) a mi vuelta, que aún no he hecho ni la maleta, y esta tarde tengo clase de fotografía. Os echaré de menos.

PD3.- Y mucho cuidaíto con los piropos que le echáis a mi amiga Cloti, que estrena cabecera. Yo la ví primero!!!

Ay, Cloti, qué voy a hacer yo tantos días sin tus mails??

04 Nov 2007

El Día Después (Amsterdam: 10 days left )

Escrito por: Bloody el 04 Nov 2007 - URL Permanente

Ayer, mientras el resto del mundo disfrutaba de un sábado de puente, yo me levantaba a las 7 para despertarme más de media hora después e irme a clase a eso de las 9. Y es que, ya que las clases entre semana me venían cortas, a principios de Octubre me apunté a un curso intensivo de auxiliar de clínica veterinaria. Aunque con las prisas no caí en que las prácticas tendría que hacerlas por las tardes, y sólo tengo libre la de los viernes... not anymore!

Ayer estuve dudando si ir o no, porque llevaba desde que volví de Córdoba el lunes, metida en casa con un resfriado de dos pares de cojones. Pero cualquier duda sobre qué hacer se disipó como el humo cuando mi madre llamó confirmando que vendrían el sábado.

Así, con la nariz como Miliki y respirando por la boca, me monté en mi bici y me quité de enmedio antes de que llegaran, deseándole suerte a Chema, y recordándole que su sacrificio no sería en vano.

El grupo de los sábados está formado por unas 15 mujeres, y 2 hombres, 3 incluyendo al profe. La primera vez que lo ví pensé que me recordaba a alguien...tras unos minutos -una vez descartado el tiñoso de 'Érase una vez el hombre' (que es el parecido razonable más votado entre mis compañeros de clase)- decidí que a mí me recordaba más a Gimli, el representante de los enanos en la comunidad del anillo. El parecido se queda en lo meramente físico, porque lejos de ser un gruñón, el hombre es de lo más campechano.

A pesar de llevar toda la vida viviendo aquí, no deja de llamarme la atención cómo en Andalucía tantas personas tienen problemas de dicción. Yo, como andaluza que soy, rara vez pronuncio una 's' final, pero no la confundo con la 'c' o con la 'z', ni el sonido 'ch' con el 'sh'. Mi profesor, Gimli, que es biólogo y da clases en la facultad, se pelea con algunas palabras como si hubieran insultado a su madre enferma. Por ejemplo, dice 'intentino' en vez de 'intestino', 'silíndrico' por 'cilíndrico' etc.

Supongo que cada región tiene sus peculiaridades (como ocurre con algunos habitantes de Madriz). Y es que el Castellano es tan variado que los erasmus extranjeros harían bien en especializarse antes de venir y pensar '¿¿¿pero qué idioma he estado yo estudiando todos estos años???'

Al final, tras 5 horitas tomando apuntes (previamente traducidos) y un descansito para desayunar, llegó la hora de volver a casa.

Mis padres y la niña no estaban. Chema me contó que tras embutirla en un anorak nuevo que mi madre se empeñó en que estrenara (a pesar de que estábamos a 25 grados), se la llevaron al cine y a comer. A mí lo de ir a comer me pareció lo normal, ya que mi madre dedica a ello 2/3 del día. Lo del cine me pareció más sospechoso... mi madre nunca me ha llevado al cine. Por mi padre, sé que las pocas veces que ha ido ha terminado dando cabezadas y roncando a pierna suelta.
Imagino que, como le pedí amablemente (ejem) que no le trajera regalos a la niña, se vió desprovista de sus armas habituales y, lejos de rendirse, decidió contratacar. Para aquellos que apostásteis por ella, siento deciros que esta vez no fue diferente. Se quedó dormida, jeje. Y eso que según mi padre el cine estaba hasta la bola de niños hablando, por no mencionar el THX.

Cuando volvieron a casa, con mi hija sudando como un pollo y mi madre en mangas cortas hablando del frío que hacía en la calle, se encontraron con una bici en la entrada. Mi madre, que no sabía que me la había comprado, en cuanto la vió se sintió en la obligación de advertirme sobre los peligros de la carretera, poniéndose más gore que los anuncios de la DGT. Yo le dije que haría mejor preocupándose por mi hermano, que ha conseguido el ascenso, y va a tener que chuparse hora y media de coche a diario. Pero ella es así. Prefiere pensar que un peatón imprudente y/o ebrio pueda atropellarme a 5 km/h, antes que reconocer que su hijo no se ha comprado un coche de 4 kilos para respetar los límites de velocidad.

Como pretender que mi madre reconozca que quizá en alguno de mis argumentos pueda existir un resquicio de razón es imposible, di el tema por zanjado y me fuí con Chema al Corte Inglés.

Mientras él se dedicaba a recorrer los pasillos de Dvds, encontrando joyas como 'Jesuschrist, vampire hunter', (no es coña, la imaginación no me da para tanto), yo me fuí a la sección de perfumería, a hacerle una visitilla a uno de mis nuevos compañeros de clase que trabaja allí y me cae muy bien. Cargada de muestras, y con un neceser de regalo para mi viaje a Amsterdam, me reencontré con Chema y nos fuimos a tomar algo fuera de ese microclima que es el C.I.

Cuando llegamos a casa, encontramos a nuestra hija más acelerada que Pocholo, saltando por el sofá como un lemur de cola anillada, preguntado 'Quémehabéistraidoquémehabéistraídoquémehabéis traído...???'

Mis padres levantaron el campamento, advirtiéndonos que la niña había merendado chicle (la merienda de los campeones!) y mi madre se despidió de Lizhen como si no fuera a volver a verla, recordándole cuántísimo la quería ("sí, ahora"- pensé yo) y haciéndole promesas que sabe que no podrá cumplir ("Este año te voy a llevar a la feria").

Hoy estamos pasando 'la resaca de la yaya', también conocida como 'el día después'.

Por suerte, pasarán unas cuantas semanas hasta que vuelvan a venir, y para entonces quizá el anorak ya le haga falta.

21 Oct 2007

Feliz no cumpleaños

Escrito por: Bloody el 21 Oct 2007 - URL Permanente

Ayer fue el cumpleaños de mi hermano.

No sabía qué regalarle.
Descartados los libros (ya tiene las páginas amarillas), y los trabajos manuales de barro made in china (o sea, hechos por mi hija), sólo quedaba comprarle una guía Michelín que lo condujera por el camino de baldosas amarillas más allá del arcoiris. Quizá el compasivo mago, al verlo tan necesitado, le concediera un cerebro. Cosas más raras se han visto...

Me fuí al Corte Inglés, silbando bajito 'Somewhere over the rainbow', pensando que esa vez sí que iba a acertar con el regalo. Había cientos de guías, de todos los paises, ciudades, ediciones... pero la empleada de la sección de librería me aseguró que por Oz no le salía nada en el ordenador. 'A ver si mi compañera puede ayudarla...'. Su compañera, una rubia pintada como una puerta que me miraba como si yo no fuera digna de su presencia, aseguró que se les habían agotado, pero que la semana que viene tenían que entrar más.

Así que no le regalé nada.

Pero aunque ayer para mí fue un día cualquiera, lo llamé porque a mi hija le hacía ilusión felicitar al tito. Y como no podía ser de otra manera, bastaron 5 minutos para que me cabreara con él.

Mi hermano es un animal social, que se mueve por el qué dirán y el 'tanto tengo, tanto valgo'. Cuando se casaron, él y su mujer se compraron un piso a 20 minutos del nuestro, que amueblaron a tutiplén con todo lo necesario para recibir a los invitados. Y lo hicieron: a sus suegros, a sus amigos, a los compañeros de trabajo de ambos, a gente que no les caen especialmente bien pero que deben invitar, a su jefa, a no pocos amigos de la familia, y por supuesto a mis padres.

A todos ellos a mesa y mantel (es decir, cristalería, cubertería y vajilla buena, una de las 5 que tienen), con menú especial según los comensales, pero siempre algo elaborado y lo suficientemente caro como para que se note cuánto ganan.

A mí, el hecho de que sólo nos hayan invitado a quedarnos a cenar en una ocasión, en que acabamos pidiendo unas pizzas y comiéndonoslas sobre las cajas, no es algo que me quite el sueño, la verdad. Ya tengo comida en mi casa.

Lo que me cabrea es que cada vez que hable por teléfono con mi hija, le haga promesas que ambos sabemos que no va a cumplir. Porque luego soy yo la que tiene que inventarse excusas cuando me pregunta que cuándo vamos a llevarla a casa del tito para saltar en la cama, comer chicle en el sofá, ir al parque que está frente a su portal, tomarse un helado, y pintar con rotuladores.

"Es que el tito dice que en su casa puedo hacer lo que yo quiera, porque él no me va a regañar, y que además su casa es mía también..."

"Ya, tesoro, pero es que el tito este fin de semana tiene muchas cosas que hacer..." (Rascarse los huevos, por ejemplo)

"Andaaa, sólo esta tarde... un ratito y ya está, de verdad"

Por eso ayer, cuando estaba marcando su número y me preguntó ilusionada: "¿Y vamos a ir a su casa a comer tarta?"

Le respondí, enfadada, al oir la voz de mi hermano al otro lado "Pregúntaselo tú misma". Y le dí el teléfono.

Mi hermano recurrió a las excusas de siempre, seguidas de las no menos habituales promesas, y su sobrina- demasiado inocente aún para darse cuenta de lo que pasa- se quedó conforme con las explicaciones, lo felicitó y me pasó el móvil.

Me fuí a otra habitación para que mi hija no me oyera, y le dije las 4 cosas que llevaba tiempo queriendo soltarle. Intenté ser fría y mantener la calma, pero también no dejarme nada en el tintero.

La conversación no duró ni diez minutos, y me dejó un mal sabor de boca que me duró hasta la cena (pizza!), y que sólo se me quitó con una sesión doble de la serie de la que os hablaba en mi post anterior.

Espero que el dinero sí dé la felicidad, porque es lo único que tiene. Y a su sobrina no va a poder comprarla con sugus y peluches eternamente.

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My Life With(out) Me

Creo que el mejor modo de conocer a una persona es oyendo a los demás hablar de ella...
Esto es lo que mis amigos dicen de mí:

"Tiene el sentido de la orientación de una coliflor (...)¡madre mía qué floja!(...) tiene un problema: le gusta mucho darle al alpiste" (Benno),

"...La mujer de Colombo (alias La cucaracha)" (sr. K),

"Tú nos quieres engañar a todos. Es eso, ¿no? Pero, claro, quieres ir de madura y todo eso. Pero, si eres una niña, diminuta y tímida!" (Johnny Salomon),

"No sé dónde quedará la M, pero allá que te mando..." (Mariajo),

"Supongo que uno no puede darle caña a Camela sin esperar ciertos efectos secundarios" (Escocés),

"¿¡¡Hasta dónde vamos a aguantar los que sólo queremos tomarnos unos 'fettuchinis' contigo!!? (...) ¡¡Mentirosa, mentirosa y mentirosa!!. " (Blas)...
"Eres un ser carente de corazón..." (Hurano)

Menos mal que por lo menos tengo salud... :) Jejeje.

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