14 Jul 2013

"Los tresitos"

Escrito por: cabrerav el 14 Jul 2013 - URL Permanente

“Los tresitos”

Vimos anoche Entre nos, un filme colombiano del 2009 rodado en New York (Queens). Uno de los protagonistas recogería más tarde las experiencias vividas a sus ocho años, junto a su madre y hermano abandonados por su padre, quien cansado “mamado” se remonta al Sur, en busca de “mejores oportunidades,” mas que nada porque la ciudad norteña no le cae, y peor rodeado de familia.

Avergonzado, descaradamente entrega un beso a cada uno, y huye. Jurando volver a verlos, solo que al llegar a su destino (cualquiera que éste sea) se olvida de ellos y con el tiempo y tras largas penurias se olvidan éstos de él por igual. A punto de desvanecer de su vida y de la vida captada en la película confeccionada por Andrea, quien tras largos años de recuerdos y dolencias de la memoria los teje en la película, Entre nos, que logra claros aciertos cinemáticos.

La cámara no los desampara—“a los tres, siempre los tresitos”--, se aferra a ellos en su adaptación (ambientación) pujante con la realidad en que quedaron a sobrevivir, aunque sea durmiendo en el parque, vendiendo latas de refrescos y apenas con lo justo para mal dormir y peor comer. La cámara se compadece, no los deja, y por ella y por ello, o sea por la atmósfera que resulta, llegamos a conocer los múltiples ángulos psicológicos y de carácter de los tres, de Gabriel, Andrea y Mariana, la madre.

Cada quien con su vida y a su manera crece en el gran animal del Norte.

La noticia llega a modo de footnote, luego de concluido el drama, feroz, patético a veces, hábilmente detallado y logrado gracias al ojo tierno de la cámara, de esta precisa cámara, de Andrea Cabal (Paola Mendoza). Tal vez en ello radique la originalidad de esta película.

--¡Qué película!-- Opina Carmenza, arrebatando un par de lágrimas.

--Que escena te resultó más memorable, me pregunta camino a la barra del 8 1/2.

--Donde viendo su prenda íntima deduce que le viene encima el peso de otro hijo, con lo que indica maldecir en ese instante ser mujer.

--¿Y la tuya?

-- Cuando Gabriel se despide de las dos y avanza en dirección al frío caserón del colegio. Es como si rompiera lazos para iniciar lo suyo--, concluye convencida.

Vicente Cabrera Funes

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13 Mar 2013

"La piel que habito"

Escrito por: cabrerav el 13 Mar 2013 - URL Permanente

“La piel que habito”

Bueno dije que fui al cine a la primera película del Festival organizado por Stacey y vinculado con el Departamento. ¿La película? La piel que habito, un título cargado de referentes obviamente de identidad; la vi por primera vez en Quito, en el 8 ½, no recuerdo si con Martha o Elvira. Me gustó entonces, esta vez menos, o la entiendo mejor.

No conecta, tal vez solo al final, cuando Vera—Vicente, la persona transformada en victima y juguete del médico-- lo mata a éste por venganza, y más que nada para liberarse de sus garras y designios. Robert es un obsesionado, monstruo cirujano, utiliza su pericia en bien propio. A Vicente lo vuelve Vera. Y este “doble” obnubilado y sonámbulo vuelve a la madre, y la amiga lesbiana, en el taller de costura donde trabajaba, antes de la violación a Norma, hija dopada de Robert.

Es que ¿lo aceptará su madre? ¿Qué sentirá ésta hacia la hija o hijo? No concibió ni dio a luz una hija. ¿Será un consuelo el haberlo vuelto a ver y un terror visceral saber lo que han hecho de él, saber que lo tiene a su lado transformado en mujer, y además violado-violada por un semidiós transmutador?

Un enigma mordaz y “delicioso” diría Almodóvar.

Pero aun así no entabla la debida relación emocional con el público, o no con la dosis necesaria como para salir del cine con ganas de volver a verla. Como yo lo hiciera, pero mas que nada por curiosidad, a ver si cambiaba de parecer, y por solidaridad con Stacey.

Las maniobras avanzadas del bisturí desbordan, y quienes la practican se descarnan y deshumanizan, se vuelven monstruos, clichés de pacotilla, y acaban aburriendo.

Pocas son las obras de este cineasta que realmente encanten, no habrá mas de un par, entre ellas, Todo sobre mi madre.

¡Fue con Elvira! “Todavía está bueno el Banderas.” Comentó, camino al coche.

Vicente Cabrera Funes.

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24 Feb 2013

Ratzinger

Escrito por: cabrerav el 24 Feb 2013 - URL Permanente

Hitler ante el horror del final de su imperio, apela al tiro de la gracia. Ratzinger, piadoso hombre de la cruz, opta por salir disparado, antes de que la casa se venga encima. Se retira porque sabe, conoce, palpa que las dificultades de la Curia, su reino, no admiten otra solución que no sea el cambio radical de la iglesia ante los avances del mundo globalizado y globalizante en el que entrecruzan corrientes en las que no puede poner pie: la avalancha de sacerdotes y seminaristas homosexuales, que buscan salir del closet y afirmar su identidad; la interna corrupción financiera del imperio, agravada más allá de lo imprevisto por los pagos de los abusos por parte de sus sacerdotes; y claro la continua escasez de fieles que derrotados buscan refugiarse en otras denominaciones.

¿Que su salud es precaria? Perhaps. ¿Que su vejez le dificulta desempeñarse con denuedo ante la cruda realidad vaticana que lo estrangula?

Muy cierto.

¿Que el nuevo papa sacará adelante a sus tristes ovejas?

Quién sabe…, a no ser que reinvente el papado y lo saque del Medioevo y lo adapte al XXI.

En el célebre “Decálogo de la serenidad” apuntó Juan XXIII, sabio y humilde, el imperativo de la adaptación. Palabra blasfema para un papa, pero indispensable para un conglomerado ante todo humano.

Maluchi, Marco Antonio, mi amigo uruguayo, interviene y hace esta observación.

--Oye, Duende, ¿tú no crees que si los papas se van adaptando cada vez a los tiempos, ésa, su religión no se hará agua?

Mejor, más vale agua fresca que estancada. Le respondo.

Vicente Cabrera Funes

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La escritura del dolor y de la ausencia

Escrito por: cabrerav el 24 Feb 2013 - URL Permanente

La escritura del dolor y de la ausencia

Cuando Pablo Balarezo Duque me invitó a escribir el prólogo de este libro suyo sobre destacados detalles históricos de Montalvo (“Los testimonios de la Historia: Casa de Montalvo. Hechos y Huellas”) pensé de inmediato—gracias a la invocación de la palabra “casa” --en el carácter melancólico y solitario de este escritor maldito y desterrado. De casa fantasma sin hogar.

Pero algo más…, rememoré el árbol suyo de Baños, al que llegaba de niño con mis padres y abuelos romeriantes. Ese árbol de mi infancia se ha ido, y han quedado palpitando, como si fuera ayer, su centenaria corpulencia y agobio y la nostalgia que deviene de esa imagen renovadamente verde y lozana, a cuya sombra un hombre, de leva negra y lentes de carey, lee abstraído y escribe y se halaga sin una sola muestra de cansancio ni final.

He de imaginar que la frondosidad y serenidad de esa sombra le sirvieron al escritor a concebir, acunar y descifrar las ideas, de sus lecturas y atormentada vida, en sus escritos, tan característicamente celebrados por la caricatura, la ironía, la risa y el sarcasmo. Cualidades que activan a su estilo como al manantial la viada de su fuerza.

Su casa natal y su árbol, su habitación de exilio de paso por Roma, Panamá, Paris, Madrid o Ipiales y de nuevo el París de su muerte conforman la metáfora del journey de su vida y su obra. Su temperamento inquieto, romántico, neoclásico de lecturas y polémico de naturaleza, impidieron la dicha (o desdicha) de quedarse en casa a morir rodeado de hijos, nietos y vecinos.

Si algo de ese errante escritor quedara para sus paisanos serían sus huesos. Y para el mundo, y ellos incluidos, sus escritos que no se limitan a lo nuestro, a lo de su país, sino, a través de éste, de toda América y del resto, porque lo que él destroza y desmonta con todas las armas del lenguaje y la retórica a su alcance—y son múltiples-- es el abuso del poder, ya sea civil o religioso, o en el Ecuador o la China. De hoy o de mañana. Por igual. Y ese celo no se extingue, por el contrario contagia y exhorta.

El desarraigo, el desplazamiento, no el dulce hogar, le valen y le obligan a calibrar la óptica del punto de vista de su pluma, que no se trata de una pluma de ganso, de remanso, sino de colibrí. Fugaz. De paso siempre. Solo la muerte lo devuelve –cadáver desafiante, inconfeso, sin oleos-- a la querencia fría de su casa y mausoleo.

Ah. Y para otorgar más esperpento y carnaval al trayecto, no regresa del cuarto solitario y parisino de su muerte en directo a su Ambato natal. No. Queda en Guayaquil unos meses hasta que le acaben la tumba. Y quién sabe si sea Ambato o en Ambato se fije el lugar de su cuna, la de a de veras y precisa; porque según corren rumores -- y seguirán corriendo— su madre lo soltó a luz en el camino, de Guano o San Andrés al feriado de Ambato. Don Marcos, su padre, anclado con almacén de paños en la cabecera de Guano comerciaba en la comarca. El hijo así nacido resulta más trashumante de lo que se imagina. El camino fue su cuna; el camino, su vida y la muerte.

Seis años antes de ella en una carta a Adriano Montalvo le confiesa: “Ya no saldré otra vez; estoy cansado, quiero un rincón tranquilo en Ambato o en Ipiales.” Sus deseos se cumplen no con un rincón de sosiego y vida, sino de muerte. Muy propio de una existencia como la suya ironizada por el azar y las circunstancias propias, de su naturaleza irisada y nerviosa, y ajenas, de desadaptación e intransigencia política, religiosa y moral. No pudo jamás cejar y dejar pasar su descontento, necesitaba explicárselo (a sí mismo) y manifestarlo por el sublime y “dulce vicio” (sus términos) de la escritura, que es una forma de dominar y guiar.

Elocuentes resultan por lo visto el encuentro y subsiguiente amistad de dos de sus personajes solitarios en la historia que encierra “El manuscrito encontrado entre los papeles de un viajero inglés muerto en Granada” incorporado en El cosmopolita.

La soledad pesa en ambos protagonista. Pablo Balarezo Moncayo reconoce y distingue ese aire perpetuo de soledad en la persona y sombra del Montalvo eternamente desterrado. De hecho un romántico innato, de nacimiento, y por la época y las copiosas lecturas sobre todo francesas del movimiento que lo tuvo cebado: Lamartine, Víctor Hugo, Chateaubriand y los clásicos.

Ambos, con la calidad de viajeros y desplazados - desterrados voluntariamente o a la fuerza-- se entienden:

Caballero dijo, pienso que nos conocemos. Y llegándose a mí, extendió la mano. Ese hombre necesitaba un amigo, y estando yo en el mismo caso, le estreché sinceramente. La poesía del dolor rebosaba en su corazón; y como el mío estaba no más sano, pronto se vaciaron el uno en el otro. Su tristeza fue a más de día en día: las penas del alma obran en el cuerpo: enfermo había estado mucho tiempo; se acabó de consumir, murió dentro poco. Escribí al cónsul inglés en Málaga, quien tenía delegación del embajador de S. M. B. Para entender en estas cosas, comunicándole el acontecimiento. El cónsul se trasladó a Granada, selló dos baúles del difunto, y se los llevó consigo. Entre los papeles del viajero encontramos el borrador de una carta, por donde se descubre los motivos de sus pesares…” Mandé este prólogo a mi amigo uruguayo, Marco Antonio Maluchi. Airado me contestó “Duende, siempre dejas jodido con el sable en alto. ¡Completa, hombre, la historia! Contesté que caminase a la biblioteca de su Montevideo y sacara El cosmopolita, y saciara su curiosidad como hiciera yo la mía.

--O vente— invité --a Ambato para llevarte a la casa Montalvo donde reposan los huesos y se archivan sus escritos; y de paso vas viendo a tu Melodía de Baños. Madre por hoy de tres lindos varones.

Insistió si era pura verdad eso del árbol.

--Ven, averigua por tu cuenta.

--¿Lo mismo del nacimiento de Montalvo en el camino?

--Tantas dudas Marco Antonio-- concluí --no te queda más que llegar. Y averiguar. Mas aún tratándose del Montalvo tan cotejado con tu paisano, José Enrique Rodó.

La historia de los dos desconocidos ficcionalizados que se aúnan como si desde siempre se hubiesen conocido, fraternizado--gemelos viandantes-- se torna una posmoderna proyección que desdobla al histórico Montalvo, de carne, pelos y huesos, a través del personaje caminando en Granada, que llega a conocer al inglés quien, como él, deambula en una ciudad para ambos ajena, y para más pesar desterrados, por la razón que fuese, política o del corazón. La muerte les coge a ambos en el lado respectivo de Europa.

Son una sombra dentro de otra sombra y ambas dentro de otra más. En sí una moderna metafición en que se conjugan y confunden personajes y autor, sin distinguir el borde que los separe.

El cónsul se encargó que el cadáver del paisano retorne a su tierra natal, Inglaterra, como hicieran con el otro, al Ecuador.

La poesía del dolor sabe aunar para el consuelo mutuo del humano. La poesía reconocida del dolor le hace y deshace a Montalvo. En una entrada de su Diario parisino observa lo siguiente:

He pasado todo el día tendido en el piso de mi cuarto, preso de la más negra melancolía, con tal destrucción de fuerzas físicas, que muy bien pudiera terminar en la muerte. Esta bilis negra hizo concebir el Giaour de un gran poeta (Lord Byron), este poder oculto del dolor que a veces se desarrolla y eleva al hombre a regiones de eterno sufrimiento. Si los dioses fueran capaces de experimentar tormentos, éstos serían de este género. En esos instantes de cruel inmortalidad, el alma sería capaz de todo; y si estos movimientos de la naturaleza enferma no tuvieran un freno en el buen principio, el hombre se iría por el camino de las acciones increíbles. ¿Es por tanto esta pobre y pequeña criatura capaz de sensaciones tan elevadas, tan profundas, tan incomprensibles? Los grandes sufrimientos de la vida—ostracismo, incomprensión del genio, reveses del destino, ataques virulentos de escritores a sueldo—hacían caer al grande hombre en esa sublimación de su propio temperamento (8 de junio, 1870. Roberto Agramonte. Montalvo en su epistolario. Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1982).

--Sí. La poesía del dolor imanta, Duende, —concuerda Marco Antonio, quien por cierto ha prometido visitarnos. De paso agradece a Pablo Balarezo Duque que con su libro, copioso en detalles históricos, comentarios y fotos, avivó—lo reconoce-- la amistad y la curiosidad. Los enigmas y las dudas perduran como ese escritor en levita y lentes de carey a la sombra y amparo del árbol de la niñez de todos.

Vicente Cabrera Funes

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22 Oct 2012

Round # 3

Escrito por: cabrerav el 22 Oct 2012 - URL Permanente

Hablando de debates

El debate presidencial americano no es más que una oportunidad para exagerar las cualidades de cada bando, aunque sea (o sobre todo) forzando la verdad; qué más da. Es otro show, un pugilato exhibicionista, con que vender y traficar la imagen, y los canales, todos sin excepción, apuran desmenuzando lo obvio, como si el público fuese una amorfa masa de cretinos.

Me manda Lisa desde Las Vegas, un texto al final del triunfo de Obama en el debate 2, lo sintetiza todo y con acierto:

“He kicked his sad ass.”

No pudo decir lo mismo del primero. Para éste me llegó otro texting, desde la misma ciudad,

"What happened!!" exclamó horrorizada.

¿Qué pasó? Lo que tenía que pasar. No estuvo preparado. Y se le cayó la vista al charol de los zapatos

¿Y ahora qué?

Empatados. 1 a 1.

El tercer encuentro, sobre gestión internacional, tendrá que decidir. Y quien tiene que andar con sumo tino pero firme, todo el mundo lo sabe. La baraja racial no deja de jugarse.

Mi amigo Marco Antonio Maluchi, uruguayo de paso por San Antonio me textea,

“y ahora, Duende, a quién apuestas.”

¿Y tú?

I asked you first.

Si el presidente crucifica al contrincante en la esquina del cuadrilátero correspondiente a Bush, saldrá victorioso.

Si el otro le aniquila con el fracaso en Libia le costaran a éste los cuatro años restantes.

¡Simplificas, Duende!

Es el juego de los actores de la imagen, de banal melodrama.

Whoever kicks harder, diría la joven de Las Vegas.” Concluye sabiamente Maluchi.

Vicente Cabrera Funes

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03 Sep 2012

En Inglaterra Assange con Correa

Escrito por: cabrerav el 03 Sep 2012 - URL Permanente

Hola Santiago. Por fin listo para iniciar el nuevo ciclo en la U., esta vez con una distinción, de la que como ecuatoriano me siento orgulloso, ver el nombre de nuestro país en el mapa, por la defensa de la libertad de expresión en el mundo. No importa qué otros motivos encuentren los amigos o enemigos de Correo, el que vale es el afán inmediato suyo de proteger a Assange, un australiano que en tierra ajena, como ciudadano del mundo, sin fronteras, sacó a luz los abusos, las siniestras y oscuras manipulaciones de la diplomacia de las potencias y no potencias; manipulaciones calculadas para justificar lo injustificable, la guerra, la tortura y los abusos de los enormes a los pequeños, a nombre de la supuesta democracia. Claro que esas potencias de uno u otro bando esperan verlo pisar la acera (de la embajada) para agarrarlo y llevarlo al país que más lo necesite, y crea necesario escarmentar al resto de los futuros Assange. Si se va este Assange, ten en cuenta, vendrán otros. Se multiplicarán. En esto no cabe duda. Diego Cornejo, presidente de periodistas ecuatorianos, declara en El país que Correa da asilo al australiano, para ocultar sus propios pecados, contra periodistas. Puede esto ser cierto o no. Pero en sí, como periodista, Cornejo debería apoyar la decisión. Y felicitarlo. Correa pone al país en la cima: por la defensa de la libertad de expresión. Punto. Te agradezco, Santi, por tu generosa hospitalidad que siempre recibo yo de ti, y te caracteriza... Un abrazo en tu casa. Cuídate. Y adelante.

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18 Sep 2011

"Te doy mis ojos"

Escrito por: cabrerav el 18 Sep 2011 - URL Permanente

Te doy mis ojos

Con un título así para una película, novela o drama el público anticipa lo peor o algo semejante. ¿O es que se trata de un espectacular engaño? Sin duda que quienes protagonizaran ese drama o novela se trataría de un par de ilusos, obcecados y locos.

Borges apunta, y con razón, que la locura se presta de maravillas para hacer andar una historia que alborote los instintos. Cada mortal lleva oculta una semilla de honda obsesión y locura que se torna de pronto fronda asfixiante. Semejante a las del Rey Lear, Don Quijote o Macbeth y el mismo Hamlet. (Borges: Textos Cautivos, 1998) Y claro sin ir muy lejos he ahí la película del susodicho titulo, donde la esposa balbucea al marido en el fragor de la entrega: “te doy mis ojos”, “te doy mi espalda, mi lengua, mis dedos…,” sin lograr saciar el apetito maníaco o esmerado del otro a quien tanto ama y… ¿al final?… ¿Qué?

La directora española, Iciar Bollaín, con esta cinta de cegados recibe de su academia 7 Goyas correspondientes al 2010. Y no es que la obra sea de lo mejor, pero tampoco se trata de un filme que hay que pasar por alto.

En él nos topamos con Antonio (Luis Tosar) y Pilar (Laía Marull), el uno más empecinado en su porfía que el otro, buscando inútilmente convivir … Si no fuera por uno de ellos, que no soporta más la tortura del miedo y susto (hasta orinarse ) infundido por el maltrato del otro, acabarían simultáneos en el muladar.

Atinadamente, deja la directora que el espanto

alcance su límite, del que ya no puede pasar. Y no porque lo decida ella ( la directora) sino porque el borde de las circunstancias no los permite más. No queda espacio. El público reclama basta, basta, y retoma la respiración. La semilla de Borges ha acabado de echar flores con el encanto cinemático y astucia sicológica de Bollaín.

El drama de esas vidas ya no puede seguir en el terco encierro de la vivienda y menos de los cuerpos, habiendo un amplio mundo por delante que desde el balcón de la ignominia se divisa; hay más para ambos. Que cada quien protagonice su futuro, por su cuenta y sus propios demonios. ¡Cada quien! Que juntos, ese preciso par, ya nada tiene que ofrecerse, y menos, mucho menos, al hijo, Juan, que a tan temprana edad ha padecido, como testigo, y merece su tregua.

¿Cómo obrará en éste el impacto del terror visto y sentido hoy, en el crecimiento y comportamiento de adulto y padre en potencia?

La cámara no cesa de entregarnos en close ups el terror y la angustia acumulada y reprimida del niño ante el imperio del caos. La desgarradora inocencia de su rostro (labios, cachetes y ojos amenazados) lo dice todo. Y más.

Vicente Cabrera Funes

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12 Nov 2010

El profesor Vargas Llosa (part timer y Nobel).

Escrito por: cabrerav el 12 Nov 2010 - URL Permanente


Es coincidencia que mi amigo y como hermano Marco Antonio Maluchi me enviara esta carta tratando de un asunto que también me pareció más que extraño, obvio y traumático. Dice éste: “Duende, mira vos, Vargas llosa no quiere que se lo tome como profesor, sino única y exclusivamente como escritor. Lo repite a menudo y de modo enfático. Cuando se entera de su Nobel vuelve a la carga: no soy profesor, sino escritor. Mas pareciera que se buscara a todo transe el difícil distanciamiento de la peste del profesorado, como si el cargo(aunque fuese un par de meses al año, y en Princeton o Harvard) le causara extrema vergüenza. Contradice este constante rechazo con los múltiples y sumados años dedicados al aula universitaria. Le rinden dinero y propagan su nombre y novela. Aun con el Nobel en el banco necesita abrir la declaración del distanciamiento. Como si siendo profesor le disminuyera la categoría de escritor.

En el mundo anglosajón, o no latino, las dos actividades se acoplan, se complementan, mansamente. Y hay nobles ejemplos de esta ocasional o continua combinación. Toma tú el caso del sudafricano John Coetzee o de la norteamericana Toni Morrison (ambos Nobeles) o de Umberto Eco, Javier Marías, José Donoso, Cernuda, Salinas, J. Guillen, el mismo Carlos Fuentes, que han frecuentado el aula y hecho nombre y plata para sobrevivir. Más pareciera que Vargas Llosa quisiera a la fuerza hacerse un García Márquez, que jamás impartió una cátedra, salvo los talleres de escritura.

Creo de beneficio para quienes asisten a sus clases, de la materia o índole que fuese. Se trata de un maestro ilustre y fino en sus ideas y estrategias de narrar y fabular.”

Ya saben que Maluchi es de esos individuos que no posan en las ramas a tentar, sino que baja y lo dice en directo. Así es que este es su aporte a la ventolera del Nobel peruano a quien—concluye Maluchi-- le cogió el premio máximo en su apartamento de Manhattan, donde preparaba para sus clases en Princeton sobre Carpantier

Cuídate Duende y mándame algo de tu fabulación o sobre este escritor, como me prometiste; vos estuviste en la biblioteca de Princeton curioseando no sé qué documentos que el señor Vargas Llosa dejó para la posteridad, y que le habrán pagado el oro. Recuerda que esta institución ahora tiene en esos documentos una fortuna.

Vicente Cabrera Funes

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22 Sep 2010

El abuelo Rafael

Escrito por: cabrerav el 22 Sep 2010 - URL Permanente

Elenita. Me alegra mucho de que nada viniera con ese tornado ensordecedor en pleno Nueva York. Y claro contento también de que fuera yo quien te diera una vista del abuelo Rafael, una figura entrañable en mi niñez, como el arrayán de mi casa donde nací (lo ves de fondo en el web mío de la U) y el Langos que llevo pintado en las pupilas, como lo ha de estar en las tuyas y de tu hermana. La ausencia acelera, acentúa el poder de las imágenes y las vivencias que generan.

Pienso en él, en mi abuela Angelita y tu madre y no puedo dejar de verlos en ese fondo natural de los poguios y el Langos en su proximidad casi irreal, de alcanzarlo con la mano.

Me conmovió la frase tuya, “…gracias por darme esa dicha de conocer a mi abuelito.” Y saber que viviste gran parte de tu vida sin ver una sola de sus imágenes; no sé si es mejor o peor, porque la imaginación deja de imaginar y se confronta con la realidad; sabes que esa foto del abuelo con sombrero y dura seriedad no coincide tanto con la que conserva mi memoria; mas bien la mía es de un hombre alto, entrado en años, completamente cano el cabello de seda, sonrisa perenne, acogedora: contaba con un inseparable escudero suyo, el Moisés Beltrán que se iba en el agua de la acequia vecina una tarde de Carnaval. Queta y yo (siete años) llamamos la atención del familión nuestro en plena fiesta a rescatarlo. Su amigo y más que hermano, mi abuelo Rafael, le dio un abrazo interminable: “sabía que no me dejarías, que no te irías primero,” le dijo regocijado y empañados los ojos.

Moisés se fue pocos meses después de la muerte de su amigo Rafael.

Lo mató la pena, más que la vejez.

Pienso en ellos..., y la palabra amistad toma la plenitud de su sentido.

Me alegra, Elena, sí, de que a través de esa foto conocieras al abuelo y volviera yo con la ocasión a revivirlo al mío, que habita mas allá de la foto. Y compartirlo contigo. Y completarlo para ti. Salud por él,

Vicente Cabrera Funes

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13 Sep 2010

Sorpresa, número 11

Escrito por: cabrerav el 13 Sep 2010 - URL Permanente

Sorpresa. Sorpresa, Número 11

Estados Unidos sale mal parado, en el número 11, en vez del acostumbrado Number One. ¿Y quien trae la sorpresa?

No otra que Newsweek (Agosto 30, 2010), que parecía estar yéndose por su cuenta al abismo. Anunció su venta apenas hace dos semanas.

Ahora esto. ¿Numero 11, USA? Detrás del Japón y Canadá. Y otros obvios. By the way, Ecuador está en el 70. Mejor que Venezuela, apenitas; y peor que México. Mucho peor que Perú.

Thomas Friedman en su columna de opinión del New York Times (12 de septiembre, 2012) vuelca la atención de inmediato hacia el tópico, de la picada de USA y atribuye perspicaz a tres males. Sin enmienda seguirá --infiere--la caída irremediable.

Primero señala la epidemia del hazte rico rápido, de inmediato, sin trabajar, ni invertir y menos innovar; segundo, la mantra de los Demócratas: estimular con el paquete de regalos y gratificaciones inmediatas, quick fix, y la eliminación de impuestos de los Republicanos, procurando no sustraer un céntimo de los ricos bolsillos, solo que sigan abultándose sin limitaciones. Y tercero, culpar al vecino, al otro, de los males y descalabros; en vez de asumir las responsabilidades debidas y enmendar. Como India y China. Las dos nuevas y sagaces economías que se están volviendo –nada de sorpresas--la pesadilla de USA y Europa.

Vicente Cabrera Funes

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Sobre este blog

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El cuaderno rojo

Soy ecuatoriano. Enseño Ensayo, Ficcion y Cine Hispano en la U de Minnesota, Morris. Además de ensayos sobre literatura y cultura, recogidos en varios volumenes, cuento con cuatro novelas publicadas por Libresa: El Hortelano de Ulba, La sombra del espía, Los malditos amantes de Carolina y La noche del té y el gabán.

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