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25May, 2008

Los papás se ocupan de la educación de sus hijos

Escrito por: canfora1111 el 25 May 2008 - URL Permanente

involucracion de los padres en la e. de sus h.

09Abr, 2008

Sobre la formación de los nuevos profesores

Escrito por: canfora1111 el 09 Abr 2008 - URL Permanente

Me hago eco de la queja que sobre la formación de los futuros profesores hace la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense. Es curioso como tras organizar el desaguisado educativo imperante, los pedagogos siguen gozando de gran predicamento entre la clase gobernante.


LA PROFESIÓN DE PROFESOR

La Junta de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid acuerda expresar públicamente su disconformidad con el Anexo a la Orden ECI/3858/2007 de 27 de diciembre de 2007 (BOE, 29-XII-2007), el cual establece los requisitos de los títulos de Máster que habilitan para el ejercicio de la profesión de Profesor de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Tras los estudios de Grado, reducidos a cuatro años y “cuya finalidad es la obtención de una formación general” (Art. 9.1 del Real Decreto 1393/2007 de Grado y Postgrado), el acceso a dicha profesión exigirá cursar un Máster de 60 créditos de orientación prioritariamente psicopedagógica y didáctica, con muy escasa formación adicional en las diferentes disciplinas.

Denunciamos que lo anterior comporta una clara opción por la rebaja de la formación académico-científica del futuro profesor en su campo de conocimiento, lo que ha de repercutir negativamente en la calidad de la Educación Secundaria y Bachillerato. La formación pedagógica del profesorado no debe obtenerse a costa de dicha formación académico-científica. Y la sociedad debe ser consciente del ataque al principio democrático de igualdad de oportunidades que este tipo de medida lleva consigo. En efecto, garantizar la transmisión de la ciencia y la cultura a todos, en las condiciones intelectualmente más exigentes, es quizá la única manera efectiva de contrarrestar las formas de discriminación que generan las desigualdades socioeconómicas. La enseñanza preuniversitaria debe ofrecer los mejores estudios a todos los ciudadanos, con independencia de sus condiciones económicas, y esto requiere un profesorado excelente en las respectivas disciplinas; y en cualesquiera centros, ya sean públicos o privados.

Denunciamos la simplificación del diagnóstico que atribuye los variados y complejos problemas del sistema educativo a una supuestamente indiscriminada falta de preparación psicopedagógica del profesorado. Dichos problemas tienen causas de índole social, económica y política, que no se resuelven en modo alguno disminuyendo la formación teórica específica de los profesores. No negamos la conveniencia de agregar a esta formación teórica una verdadera etapa de prácticas. Pero nos oponemos a una ampliación del actual “Certificado de Aptitud Pedagógica” (CAP), cuyos deficientes resultados son por todos conocidos y que es lo que, en el fondo, significan estos nuevos másteres profesionales.

Denunciamos, asimismo, las consecuencias negativas que los citados Másteres en cuestión tendrán para el desarrollo de una carrera investigadora, sobre todo, en aquellas titulaciones cuya salida profesional principal es la Enseñanza Secundaria Obligatoria y el Bachillerato. Una vez en posesión del título de Grado, el graduado habrá de elegir entre lo siguiente: 1) o bien cursar un Máster de investigación, a fin de alcanzar la necesaria formación superior especializada pero que no habilita profesionalmente para ejercer como profesor; 2) o bien cursar un Máster profesional, que no sólo habilita para ejercer dicha profesión, sino que también da paso legalmente a la condición de investigador, aunque de ningún modo proporciona la formación para ello. Es obvio que sólo aquellos graduados que económicamente no necesiten plantearse una salida profesional inmediata podrán decantarse por la primera opción, en tanto que los que hayan de seguir la segunda no estarán en las mejores condiciones teóricas para competir en el campo de la investigación. Por otra parte, sólo quienes tengan sobrados recursos económicos podrán costearse ambas modalidades de máster, mientras que los que carezcan de semejantes recursos habrán de optar por uno de los dos y es razonable pensar que elegirán aquel que legalmente ofrece ambas posibilidades, la profesional y la investigadora.

Denunciamos que, a consecuencia de lo expuesto en el punto anterior, muy pocos graduados podrán cursar estudios de Máster distintos de los profesionales, por lo que las Facultades que tienen la Enseñanza Secundaria como principal salida profesional de sus estudiantes verán muy reducidas sus posibilidades de ofrecer Másteres de investigación, con las consecuencias negativas que ello tendrá en la preparación de sus doctorandos así como en la calidad de la investigación en nuestro país.Solicitamos, en consecuencia, la derogación del Anexo arriba mencionado y que el acceso a la profesión de Profesor de Educación Secundaria venga dado a través de Másteres que amplíen y profundicen en la formación académico-científica de los profesores en sus materias específicas.
Solicitamos también que la necesaria formación específicamente pedagógica para ejercer la profesión de profesor se obtenga a lo largo de un periodo razonable de prácticas remuneradas (por ejemplo, un año) mediante un sistema formativo análogo al actual MIR en Medicina. Sólo la conjunción de una excelente preparación teórica (en contenidos de la materia) y práctica, puede dotar al sistema educativo español de los mejores profesores.

Invitamos a cuantas Juntas de Facultad de las Universidades, sociedades académicas, profesores, etc. compartan estos puntos de vista a sumarse al presente documento en la siguiente dirección electrónica:

http://fs-morente.filos.ucm.es/manifiesto/index.htm

24Mar, 2008

El espectro del fracaso escolar

Escrito por: canfora1111 el 24 Mar 2008 - URL Permanente

En el diario El Mundo, en su edición de andalucía se publica este artículo que resume bien la situación del sistema educativo andaluz. En mi opinión esto es extensible a la educación española en general. Dice así:

El espectro del fracaso escolar

Pedro Ruiz Morcillo 24 de marzo de 2008

Recientemente la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía viene manifestando una obsesiva preocupación y realiza enormes esfuerzos por encubrir el alto porcentaje (casi un tercio) de adolescentes que no alcanzan la titulación mínima requerida al finalizar los estudios de enseñanza obligatoria. Lo llaman el fracaso escolar y, al parecer, se ha convertido en una especie de fantasma que deambula por los pasillos de Torretriana. Yo creo que dicho fracaso es asunto de mayor calado y, sobre todo, de una enorme responsabilidad política. Hace ya casi una década, en estas mismas páginas, denuncié la existencia de un conjunto de deficiencias en la educación andaluza, en un artículo titulado Una escuela de beneficencia, cuya literal repetición tendría hoy plena vigencia. Y es que sustancialmente apenas ha cambiado nada: la educación de los niños y de los adolescentes andaluces, desde hace más de veinte años, no ha dejado de ser motivo de desasosiego e incertidumbre para padres, profesores y ciudadanos sensibles al futuro de nuestro pueblo, por la constatación de tres graves problemas que afectan de manera harto negativa a la enseñanza en Andalucía. Son éstos la manifiesta endeblez de los conocimientos adquiridos por el alumnado a lo largo de los años de su formación, el aumento de las dificultades de una convivencia armónica y solidaria en los centros educativos y el resignado desánimo de un profesorado desmotivado por las constantes agresiones de que es objeto por parte de las autoridades académicas.

Efectivamente, la actual ordenación de la enseñanza en Andalucía ha tenido el efecto de condenar a más de una generación a un virtual analfabetismo. La promoción casi automática, la mezcla en un mismo modelo de aprendizaje y aula de alumnos con enormes diferencias de capacidad, estímulo, interés y esfuerzo, y la temeridad de dejar en manos de adolescentes la elección de las materias a cursar, son parámetros educativos que han contribuido a acentuar las carencias de unos planes de estudio ya de por sí incompletos y desprovistos de los esenciales conocimientos científicos, humanísticos y sociales, y sin embargo plagados de talleres tecnológicos, adoctrinamientos pseudopsicológicos y otras prédicas tan inservibles como fatuas, consideradas por el alumnado como las nuevas marías. El perverso efecto de tal orientación académica no es sólo que los alumnos interesados en aprender se ven constantemente frustrados en sus inquietudes, sino que los menos capacitados, peor estimulados o gravemente afectados por deficiencias familiares o sociales, son abocados de por vida a carecer de la más mínima formación intelectual, y por lo tanto a enfrentarse a la vida laboral y social en condiciones singularmente difíciles.

Pero quizá el más difundido problema que aqueja a la educación andaluza sea el progresivo deterioro de las relaciones de convivencia en los centros de enseñanza: son muy frecuentes los actos de violencia física y psíquica contra compañeros y a menudo contra profesores; las burlas, el acoso y las faltas de respeto son asiduamente denunciadas en los medios de comunicación; se producen consciente e impunemente destrozos en los edificios, mobiliario y materiales de trabajo; y no es infrecuente escuchar en los pasillos de los centros educativos un lenguaje soez e ineducado. Los responsables políticos de la educación andaluza normalmente minimizan la importancia de estos comportamientos, o los encubren aconsejando, en burocráticos, interminables e ineficaces planes de convivencia, la práctica de la disciplina negociada, la autoridad compartida, la corrección democrática, los compromisos de convivencia y otros estúpidos eufemismos, sustitutivos de toda idea de esfuerzo, superación y responsabilidad personal por una mediocre e infructuosa tolerancia, basada en el falso supuesto del buen adolescente al que está vedado traumatizar.

Finalmente, estas dos lacras del sistema educativo andaluz han incidido de forma especialmente lacerante en el profesorado, que las soporta esporádicamente con destellos de rebeldía y de forma habitual con apática resignación. Los profesores andaluces, desprovistos de todo instrumento eficaz para la solución de los problemas descritos, obligados a emplear gran parte de su tiempo en tareas burocráticas inservibles, agredidos en sus derechos profesionales, laborales y económicos, se hallan socialmente minusvalorados, olvidados por las organizaciones sindicales y corporativas, y privados de toda autoridad moral. El resultado en la práctica docente diaria es la persistente amenaza de una más que notable desmotivación, superada sólo a base de un tenaz voluntarismo que, al menos, ha salvado en los últimos años lo poco que queda de dignidad académica, profesional y social al sistema educativo andaluz. Porque lo que resta de valor en la actual escuela andaluza es responsabilidad exclusiva de muchos profesionales actuando a contracorriente de los criterios emanados de autoridades políticas incompetentes.

Las graves deficiencias expuestas han terminado por originar dos consecuencias de enorme trascendencia social y política: por un lado, el desprestigio de una escuela pública que durante bastantes generaciones constituyó un precioso instrumento de promoción cultural y social, y, por otro, el acrecentamiento de la desigualdad para acceder a los estudios superiores - y, en definitiva, a las posibles opciones de la vida profesional - de quienes fueron escolarizados en las condiciones descritas y no gozaron de medios económicos suficientes para una formación postuniversitaria que les deparara mejores oportunidades profesionales.

Pese a la evidencia de la pésima situación de la escuela andaluza, lo que trae de cabeza a nuestros gobernantes es el dichoso fracaso escolar. Pero éste no puede reducirse al bajo porcentaje de alumnos que promocionan o alcanzan cada año la titulación en sus estudios, sino al constante menoscabo de la función formativa de la escuela como fruto de la concatenación de los fenómenos hasta aquí descritos. El fracaso escolar es, sencillamente, el fracaso de la política educativa de la Junta de Andalucía, que nunca ha tenido la decencia de reconocer, por más que ha sido denunciado en diversas instancias precisamente desde que Chaves llegó a la presidencia. Antes al contrario, trata de ser maquillado cada año por unas llamadas pruebas de diagnóstico, manipuladas burdamente por la Administración pero absolutamente incapaces de ocultar la inconsistencia del sistema educativo andaluz, puesta de manifiesto en todas las evaluaciones externas e independientes.

Es más, en estos precisos momentos se está llevando a cabo por parte de la Consejería de Educación una insoportable presión sobre los profesores con el descarado objetivo de aumentar el número de aprobados. En el más reciente ordenamiento sobre evaluación se da prioridad al trabajo realizado en clase en detrimento de ejercicios y pruebas más objetivas, e incluso algunas instancias, más papistas que el papa, han intentado conceder la mitad del valor de las calificaciones finales a poco más que la mera asistencia a clase. Más grave es el proyectado Programa de calidad y mejora de los rendimientos escolares, por el que sencillamente se trata de comprar con dinero a los profesores que mejoren las calificaciones de sus alumnos. Tamaña obscenidad está generando sin duda la indignación del profesorado más consciente y comprometido desde hace años por impedir el ineludible desastre de la enseñanza andaluza.

En lugar de tales chapuzas debe buscarse un nuevo y consensuado modelo educativo que prime el exigente ordenamiento de la calidad, profundidad y globalidad de los conocimientos, la diversificación del alumnado en currículo y titulación según capacidad, estímulo y esfuerzo, la drástica reducción de alumnos por aula, la inmediata sustitución del profesorado en baja laboral, el refuerzo a los alumnos atrasados con un profesorado de apoyo constante, el establecimiento de una rigurosa reglamentación de la convivencia que dote de autoridad al profesorado, la dignificación económica, social y moral del mismo…, es decir, una escuela pública de calidad, solidaria, basada en el trabajo y en el esfuerzo y dotada de los medios adecuados para proporcionar una base sólida al futuro intelectual y profesional de los alumnos.

Pedro Ruiz Morcillo es Profesor de Geografía e Historia y Jefe de Estudios del IES Vicente Aleixandre de Sevilla.

21Mar, 2008

VUELVE A LA CARGA PÉREZ REVERTE

Escrito por: canfora1111 el 21 Mar 2008 - URL Permanente

El domingo pasado, Arturo Pérez Reverte en XL El Semanal publicó el siguiente artículo en donde carga contra el plan de incentivos al profesorado andaluz. Dice así:

SUBVENCIONES, MAESTROS Y PSICOPEDAGILIPOLLAS

Me sigue sorprendiendo que se sorprendan. O que hagan tanto paripé, cuando en realidad no les importa en absoluto. Ni a unos, ni a otros. Y eso que todo viene seguido, como las olas y las morcillas. La última –estudio internacional sobre alumnos de Primaria, o como se llame ahora– es que el número de alumnos españoles de diez años con falta de comprensión lectora se acerca al 30 por ciento. Dicho en parla normal: uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee. Y a los 18 años, dos de cada tres. Eso significa que, más o menos en la misma proporción, los zagales terminan sus estudios sin saber leer ni escribir correctamente. Las deliciosas criaturas, o sea. El báculo de nuestra vejez.

Pero tranquilos. La Junta de Andalucía toma cartas en el asunto. Fiel a la tradicional política, tan española, de subvenciones, ayudas y compras de voto, y además le regalo a usted la Chochona, la manta Paduana y el paquete de cuchillas de afeitar para el caballero, a los maestros de allí que «se comprometan a la mejora de resultados» les van a dar siete mil euros uno encima de otro. Lo que demuestra que son ellos quienes tienen la culpa: ni la Logse, ni la falta de autoridad que esa ley les arrebató, ni la añeja estupidez analfabeta de tanto delincuente psicopedagógico y psicopedagocrático, inquilino habitual, gobierne quien gobierne, del ministerio de Educación. Los malos de la película son, como sospechábamos, los infames maestros. Así que, oigan. A motivarlos, para que espabilen. Que la pretendida mejora de resultados acabe en aprobados a mansalva para trincar como sea los euros prometidos –una tentación evidente–, no se especifica, aunque se supone. Lo importante es que las estadísticas del desastre escolar se desplacen hacia otras latitudes. Y los sindicatos, claro, apoyan la iniciativa. Consideren si no la van a apoyar: ya han conseguido que a sus liberados, que llevan años sin pisar un aula, les prometan los siete mil de forma automática, por la cara. Y más ahora que, de aquí a tres años, con los nuevos planes de la puta que nos parió, un profesor de instituto ya no tendrá que saber lengua, ni historia, ni matemáticas. Le bastará con saber cómo se enseñan lengua, historia y matemáticas. Y más si curra en España: el único país del mundo donde los profesores de griego o latín enseñan inglés.

Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber.

El otro día tomé un café con mi compadre Pepe Perona –«Café, tabaco y silencio, hoy prohibidos», gruñía–, que pese a ser catedrático de Lengua Española exige que lo llamen maestro de Gramática. Le hablé de cuando, en el cole, nos disponían alrededor del aula para leer en voz alta el Quijote y otros textos, pasando a los primeros puestos quienes mejor leían. «¿Primeros puestos? –respingó mi amigo–. Ahora, ni se te ocurra. Cualquier competencia escolar traumatiza. Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas o Nancys. Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas así». Luego me ilustró con algunas experiencias personales: una universitaria que lee siguiendo con el dedo las líneas del texto, otro que mueve los labios y la cabeza casi deletreando palabras… «El próximo curso –concluyó– voy a empezar mis clases universitarias con un dictado: Una tarde parda y fría de invierno. Punto. Los colegiales estudian. Punto. Monotonía de lluvia tras los cristales. Después, tras corregir las faltas de ortografía, mandaré escribir cien veces: Analfabeto se escribe sin hache; y luego, lectura en voz alta: En un lugar de la Mancha, etcétera». Lo miré, divertido. «¿Lo sabe tu rector?». Asintió el maestro de Gramática. «¿Y qué dice al respecto?». Sonreía mi amigo, malévolo y feliz, encantado con la idea; y pensé que así debió de sonreír Sansón entre los filisteos. «Dice que me van a crucificar.»

14Mar, 2008

FALACIAS PEDAGÓGICAS

Escrito por: canfora1111 el 14 Mar 2008 - URL Permanente

Conferencia de Ricardo Moreno Castillo, autor del Panfleto Antipedagógico, sobre la mala situación educativa y sus causas.

14Mar, 2008

YO LEÍ “EL QUIJOTE”, Y DISFRUTÉ.

Escrito por: canfora1111 el 14 Mar 2008 - URL Permanente

YO LEÍ “EL QUIJOTE”, Y DISFRUTÉ. El fin de la enseñanza de las humanidades en España

Maximiliano Bernabé; El Inconformista digital

Así dicho, y depende de en qué ámbitos, puede sonar hasta como una provocación. Sí, lo leí, y sentí placer, a pesar de que era, en su integridad, una de las lecturas obligatorias en el tercer curso del B.U.P. de hace unos años. Una vez que lo empecé pocas cosas me hicieron interrumpir su lectura, con las dificultades lógicas que puede plantear un libro publicado a comienzos del s. XVII, pero tampoco tantas. En esto pensaba, y en muchos otros libros, mientras el otro día varios medios de comunicación hablaban sobre los planes de lectura que las autoridades educativas han emprendido para fomentar ese hábito entre los escolares. También al contemplar, en las paredes del instituto donde trabajo, unas hojas de recomendaciones sobre cómo leer. Instrucciones enmarcadas dentro de estos plantes de lectura. Y algo no me cuadra.

Primero, porque este interés sucede y se superpone a otro de las autoridades educativas nacionales y autonómicas de erradicar de la enseñanza la lectura de obras completas y sustituirla por antologías y adaptaciones, con los años cada vez más antológicas, y más adaptadas. Y segundo, por la inanidad y vacuidad que emanaba de esas mismas normas. Empezaban casi diciendo cómo se tiene que sentar el chico, abrir el libro, la luz necesaria, cómo hay que hacer descansar la vista cada pocos párrafos mirando para otro lado, tomar zumos de vez en cuando para reponer fuerzas, etc. Todo muy obvio, y estúpido por lo evidente o excesivo. Al final, pensé, con este afán de burocratizar una materia del espíritu como es el proceso de aprendizaje, tras haber ahuecado de contenidos las diferentes asignaturas en que está compartimentado, van a hacer una asignatura de algo tan íntimo y connatural a quien se interesa por el saber como es leer un libro. Y así, hacer que el libro, un alargamiento de nuestro intelecto, que puede retener mucho pero no todo, quede lejano, burocratizado, sometido a protocolos redundantes, “auditado”. Si se sigue por este camino, y es probable, quizá las autoridades educativas, hábilmente aconsejadas por sus psicopedagogos de cámara, nos acabarán explicando cómo cagar: “Se sienta usted de esta manera, se relaja… puede optar entre el papel y…” Y no sería raro que en este mundo educativo, donde ya se ha enseñoreado plenamente esa jerga de pleonasmos e incorrecciones inventada por los psicodemagogos para encubrir la falta de conocimientos a los que asirse; ese idioma oscuro trufado de palabros como “inclusividad”, “rol”, “disruptividad”, “ratio”, donde se construyen verbos como “ofertar”, “interactuar”, “aperturar”, se acuñase el neologismo “lecturar” para definir la acción de enfrentarse a un libro siguiendo todos los pasos y recomendaciones de los inútiles con carnet, para contraponerla a la necesidad y al placer supremo de leer, por los cuales incluso se ha llegado a morir: “Mamá, hoy no me lleves al centro comercial, que tengo que lecturar…”, “Me han dicho que lecture un libro para hacer un trabajo sobre la pizza”.

Tercero, porque en ésta nuestra sociedad española, la destrucción progresiva de la enseñanza que se viene llevando a cabo desde 1990 parece que tiene por fin formar ciudadanos acordes con la mediocridad imperante. No hay más que echar una ojeada a los medios de comunicación, o a las formas de ocio mayoritarias. Una persona que lea literatura, historia, filosofía de verdad, no esos folletos engordados que ocupan ahora muchas estanterías, difícilmente comulgará con muchas ruedas de molino. Para lograr este objetivo, la artillería de los mediocres buscó blanco en el libro mismo. Para leer hay que “digerir” el libro, y éste fue descuajado en adaptaciones y colecciones de parrafitos perpetradas por el psico-inquisidor pedagógico de turno, pagado por los politiquillos que marcan los diecisiete, o más, sistemas educativos con que ahora contamos. Es comprensible que, para quien se enfrenta por primera vez a ellos, se adapten textos antiguos, cuando la lengua era bastante diferente de la actual. “El Cantar del Mío Cid” y otras joyas de los inicios. Eso siempre se ha hecho. Sin embargo, el otro día casi me da un pasmo cuando vi que ya se adapta literatura de finales del s. XIX. Dentro de nada, se pasará “La Familia de Pascual Duarte” a lenguaje de móvil, ya verán, y hasta tendrá un prólogo de Dª Mercedes Cabrera, Ministra de Educación. Y todo esto, en el caso de que los libros que se recomienden no sean esa llamada “literatura juvenil” con tramas entre lo inverosímil y lo tedioso, cuyos personajes desconocen el empleo de cosas tales como el subjuntivo o las oraciones subordinadas. Con estos mimbres, no es de extrañar el descrédito en el que actualmente se hallan las Humanidades en las instituciones de enseñanza: cuando se llega a la hora en que los alumnos deben elegir asignaturas, a los listos les “ofertan” las científicas, y a los menos aventajados, las humanísticas, las del montón. Y con razón; seguro que un chimpancé también podría enfrentarse dignamente a los contenidos que amenizan ahora a disciplinas como la gramática o el estudio de una lengua extranjera. Ya se empezó desterrando al latín y al griego. Las asignaturas científicas van aguantando el embate un poco más, un lapso que tampoco ha de ser muy largo si los fundamentalistas pedagógicos de la LOGSE y la LOE siguen con el control del sistema educativo español. Todo lo que tarden en encontrar un método para, por ejemplo, resolver ecuaciones eliminando todas las incógnitas (espero no estar dando ideas), y así igualar a todos en la misma ignorancia mediocre. Luego nos quejaremos del mal estado de la investigación en España, y algún esclarecido cargará la responsabilidad sobre otras épocas; pero para entonces ya habremos conseguido producir varias generaciones que provean de camareros y personal de limpieza a esos “resorts” que ahora se construyen en la costa mediterránea.

Como el oprobio nunca suele ir muy lejos del chiste, hace poco he leído que el alcalde de Noblejas (Toledo) ha propuesto que su ayuntamiento pague de sus arcas un euro por hora a los escolares que vayan a la biblioteca, aunque sea a calentar la silla. La lectura convertida en subempleo, fomentada por aquéllos que nunca han leído. Por un lado da un poco de pena que esta labor de zapa mediocre la esté realizando el PSOE, cuando en otros tiempos los partidos socialistas se preocupaban de que los obreros dedicasen su tiempo libre a leer y estudiar, medios de conquistar la dignidad personal, y también la mejora social. Por el otro, da más pena todavía constatar cómo se dice que se emplea el dinero público en supuestamente fomentar la lectura después de haberse esforzado por erradicarla de la vida de los adolescentes. Es como cuando después de haber quemado un monte de robles lo plantan de eucaliptos, que crecen rápido, para transformarlos en pasta de celulosa. Recuerdo que en el musical “El Violinista en el Tejado”, el protagonista, en la célebre canción “Si yo fuera rico (If I were a rich man) dice que si tuviese mucho dinero pasaría el día discutiendo los libros con los sabios del pueblo. Los libros. No sólo entre los judíos de Europa Oriental fueron un objeto de veneración y deseo. Desde luego, si Don Quijote viviera ahora y fuese alumno de la E.S.O., no se habría vuelto loco por leer sus libros de caballerías, se volvería imbécil, pero loco no. Ahora, algún psicotonto español debe de estar maquinando mamotretos de instrucciones de mil páginas sobre cómo leer un libro.

Maximiliano Bernabé Guerrero
Toledo

23Ene, 2008

CONTRA LA PEDAGOCRACIA

Escrito por: canfora1111 el 23 Ene 2008 - URL Permanente

He leído un artículo "Contra la pedagocracia" interesante en El inconformista digital sobre el dominio de los pedagogos en la educación . Como se trata de que el debate no decaiga lo pongo en el blog. Dice así:

Contra la pedagocracia
(O donde se narra lo que me sucedió en un foro pedagógico)
por Maximiliano Bernabé

Esto es, el gobierno de psicopedagogos y demás expertos sobre el sistema de la enseñanza española, cuyo desmontaje progresivo llevan acometiendo, al menos, desde 1990, año de la promulgación de la LOGSE, Ley orgánica de ordenación general del sistema educativo. La acción de estos modernos comisarios políticos, vicarios de la destrucción de un sistema educativo que no era, de seguro, el mejor del mundo pero que funcionaba, se ha acrecentado desde hace unos meses; tras la promulgación de la LOE, Ley orgánica de la Educación, en 2007. Por ahora, el fatal rodillo que va arrasando nuestro sistema educativo y que ya dejó la enseñanza primaria con niveles culturales que rozan el subdesarrollo, está empeñado en la erradicación de cualquier atisbo de inteligencia de la secundaria. En la obligatoria ya está casi totalmente conseguido, y se procede al asalto del Bachillerato: ya se puede pasar de un curso al otro (sólo dos) hasta con cuatro asignaturas suspensas. La universidad será el siguiente paso. Tras el vaciado de contenidos ya efectuado en las diversas materias, ahora se marcha por el camino de la burocratización absurda, con el fin de alienar la actividad del profesor. Que pasen el tiempo rellenando documentos redundantes y en algunos casos ininteligibles, no vaya a ser que les dé por pensar en la utilidad de lo que están haciendo, o simplemente quieran estudiar, formarse, en disciplinas que no sean los cursillos de risoterapia y similares, en algunos casos impartidos por empresas vinculadas a o poseídas por algunos de nuestros próceres de la Psicopedagogía. Aquí todo queda en casa. Esta “burrocracia” ahora se concreta en los llamados “informes trimestrales”, que en la Enseñanza Secundaria Obligatoria son unos documentos que acompañan a los boletines de notas. En esos mamotretos de varios folios, los padres de los alumnos encontrarán muchas observaciones y recomendaciones sobre aspectos que en nada deberían competer al personal docente, desde la limpieza y olores que desprenda el alumno, a su grado de “interactuación” con sus compañeros, los “roles” que asume dentro de la clase de “ratio” variable, si se integra en grupos “inclusivos”. Sólo por citar algunos ”palabros”. Esta acumulación de memeces, entre obvias y pedantes, podría resultar hasta divertida, si no fuera porque tiene un cierto tufillo de control orwelliano de todo menos aquello para lo cual los chicos fueron al instituto, la formación, y porque en su elaboración se va ahora gran parte del tiempo de muchos departamentos didácticos. Éste es sólo un paso más hacia el predominio en las diferentes asignaturas de la doctrina sobre los contenidos. Otro aspecto de esta burocratización es la implantación en la enseñanza de procedimientos hasta ahora circunscritos a la empresa: hay que “auditarlo” todo, que en la práctica se plasma en rellenar multitud de formularios de evaluación. Esto quizá pueda ser hasta útil para controlar la producción y mecanismos de una fábrica de embutidos, por poner un ejemplo. Sin embargo, en una actividad de corte intelectual, como es la educación, a veces no se sabe lo que se evalúa si no es la pérdida de tiempo. Imaginen que cuando Julio II encargó a Miguel Ángel pintar la bóveda de la Capilla Sixtina, éste hubiese tenido que pasar más de la mitad del tiempo asignado rellenando cuestionarios sobre los pasos en los que tendría que dividir su trabajo y los procedimientos para realizarlo, y luego, a la hora de la verdad hubiera pintado apresuradamente unos mamarrachos. Pero claro, los profesores son unos vagos que tienen muchas vacaciones y ahora van a tener algo en qué ocupar su ocio. Esto es lo que acostumbra a decir un inspector educativo que yo me sé, y es una idea que ha venido propagando toda esta progresía pija, que en el seno de varios gobiernos del PSOE –nacionales y autonómicos- ha programado el desmontaje del sistema educativo. No es que el PP hiciera mucho por remediarlo cuando gobernó, mas la paternidad del desmán no se la puede disputar nadie a estos pijo-progres que parece que tramaron su siniestra reforma tras ver “El Club de los Poetas Muertos”, o alguna otra película del subgénero del profe guay que interactúa con sus alumnos díscolos. Tampoco a la cohorte de pelotas y lametresillos que les rodea. Y sobre todo a los pedagogos y expertos de jerga bizantina y vacua. Todos ellos tienen en común que tras haber casi logrado el desprestigio total del sistema público de enseñanza español, llevan a sus hijos a centros privados. Puede que lo hayan hecho todo para convertir los centros públicos en aparcamientos para pobres y quitar competidores a sus tiernos retoños. Luego, achacarán los problemas del sistema a la enseñanza de la religión católica y a la resistencia a la implantación de educación para la ciudadanía. Señores, esos son otros problemas. Uno de política exterior (renegociación de los acuerdos con el Vaticano) y el otro, de la implantación de una asignatura inane más, las “marías” de toda la vida.

Es interesante asistir a uno de los congresos que periódicamente montan estos expertos pedagogos. Esos saraos que a los sumos sacerdotes de la progresía educativa les organizan para que tanto espinazo-doblado les ría las gracias y las genialidades. Recuerdo uno al que asistí no hace mucho (tengo ese placer insano de ir a ver cómo piensa el enemigo), cuyas actividades son extrapolables a la mayoría de estos eventos. Ahora suelen comenzar con un coro que entona el tema central de “Los Chicos del Coro”. Y luego vienen los expertos. Yo tuve el placer de escuchar a la lumbrera pedagógica de la universidad de Murcia, fiel escudero de la secta pedagógica, quien en un tono avinagrado, perdonavidas, hasta chulo, comenzó soltando varias frases llenas de palabros de esos que no vienen en el Diccionario de la Real Academia, para justificarlos seguidamente con un “Es que soy de Pedagogía”. Con dos cojones, como se dice vulgarmente, pero que, por lo menos, es buen castellano. Luego continuó con un aire tétrico de comisario estalinista con que habría que plantearse poder separar del servicio a los profesores que no siguieran ciertos métodos pedagógicos. Más tarde vino la lumbrera del sindicalismo gallego progresista de la educación (algo así dijeron cuando le presentaron), adalid proletario-pacifista de la mediocrización de la enseñanza, el cual, como un dios airado, comentó elogioso la conducta de un alumno maleducado, rayana en el gamberrismo, hacia un profesor que se atascaba en la materia que impartía –sucede que debido a inadecuada planificación, en centros pequeños hay profesores que deben impartir asignaturas para las que no están debidamente preparados-. Aunque ninguno de estos cantamañanas es comparable a otro que recuerdo de ocasiones anteriores, lumbrera de la universidad de Málaga, quien cual santo guerrero, tiene la querencia de predicar con parábolas sobre animales que deben trepar a los árboles y la obsesión de que profesores y alumnos han de compartir los mismos retretes. No sé qué trauma adolescente les habrá llevado a semejantes postulados; bien es cierto que todos ellos tienen una visión del profesor como un ser torvo que hace recitar listas de reyes visigodos, dice ya en Septiembre que van a suspender todos y se pasea por entre los pupitres vara cimbreante en mano. ¿Qué les sucedería en sus años mozos? Luchando a duras penas contra el deseo de siesta, pues hay que decir que estos expertos que han hecho de la motivación la panacea que sustituya a estudio y esfuerzo, son mortalmente monótonos, escuché a las autoridades presentes, oscilantes entre la elocuencia del garrulo aventajado y el tedio de quien cita pasajes de libros que no ha leído. A continuación suele venir alguien que te cuenta las bondades de sistemas de otros países. Ahora está de moda el finlandés, sobre el cual pocos se han parado a pensar que lo que le hace funcionar es que emana y se asienta en una sociedad protestante, con ética del trabajo, que suele dedicar largas horas a la lectura, y que pasa mucho tiempo en casa. ¿Podemos mimetizarlo? Tras algún monólogo ingenioso de esos que están de moda entre los “modelnos”, en estos tiempos abundan las exposiciones sobre los maestros de la II República. Esto tiene la función, subliminal o no, de evadirnos de los problemas actuales haciendo que sintamos empatía hacia una época en la que sí, puede que se hicieran esfuerzos por la enseñanza (aunque no fue la única), pero que no tiene ninguna similitud con la presente. El que estos mangantes se proclamen herederos de los maestros republicanos es una impostura. Lo mismo que lo fue justificar la invasión de Iraq apelando a la vieja película de la II Guerra Mundial. Esto también es una falacia. Como corolario viene la ocurrencia de achacar los malos resultados de nuestros escolares en informes internacionales a gente de otras épocas. Varios responsables educativos, no hace mucho, han cargado el muerto al franquismo ¿A quién si no? Ya puestos, podrían haber culpado a los suevos, o a los cartagineses. Claro, que mejor es la genialidad de la ministra de educación, Sra. Cabrera, que dice que hay cosas en las cuáles nuestros alumnos son buenos, como es el lenguaje de los mensajes de móviles. Sin palabras.

Así es como se escenifica el ataque directo al corazón de la inteligencia en el sistema educativo español. La iniciación en unos saberes milenarios, asentados sobre los peldaños de nuestra civilización se ve sustituida por que el profesor (ahora convertido en educador, más adelante en animador juvenil, para pasar a ser llanamente un payaso) pase (“interactúe”) varias horas con sus alumnos manteniéndoles en unos débiles límites, no ya de corrección, sino de una difusa “no agresión”, pues la mayor parte de las asignaturas han sido despojadas de contenido. En Bachillerato se introduce una asignatura pomposamente denominada “Ciencias del Mundo Contemporáneo” para chicos que no han aprendido ni Matemáticas ni Física. Como si un lego absoluto en música hubiera de convertirse en un gran intérprete pianístico simplemente oyendo dos o tres veces un disco de Chopin. Se está expoliando a los institutos de su capacidad para que los alumnos intenten mejorar personal y socialmente a través del esfuerzo y el mérito. A esto lo llaman “elitismo”. Díganme señores pedagogos, lo que un hijo de familia de pocos recursos no aprenda en el instituto ¿Dónde lo aprenderá? A lo mejor pasa que estos progres pijos, que llevan a sus hijos a colegios privados o al extranjero, lo que quieren llanamente es que los hijos de los que tienen menos euros que ellos estén ya destinados desde la adolescencia a acarrear ladrillos o poner cañas. Ante refutaciones como ésta, los expertos pedagogos y sus pelotas siempre acaban diciendo lo mismo: lo que pasa es que tú eres de Derechas. No se preocupen quienes se sientan izquierdistas. Primero, ser de Derechas no es un defecto ontológico, y luego, un progre es a un izquierdista lo que un dominguero a un explorador.

En cuanto a la correlación de fuerzas, no hay que ser optimistas; corre a favor de los partidarios de la secta pedagógica. Frecuentemente pensamos que hay muchos profesores y maestros que están por el sentido común. No tantos. Entre a quienes, legítimamente, absorben sus cargas familiares, los preocupados por aprobar la oposición, los entregados a una vida social intensa (hay tantos) se restan muchos posibles partidarios. Sí, algo empieza a moverse contra tanta impostura pedagógico-destructiva. Se han publicado varios libros en los últimos años. Algunos desde posiciones ideológicas aparentemente lejanas. Están “El Panfleto Antipedagógico” de Ricardo Moreno Castillo (Ed. Lector) y “La Enseñanza Destruida” de Javier Orrico (Ed. Huerga y Fierro) entre los más destacados, además de varios artículos de escritores señeros. Pero ¿Por qué no nos unimos en este combate? Las posibilidades y el destino de muchas generaciones, presentes y futuras están en juego. Sinceramente espero que no sea por ese vicio tan nuestro de querer ser todos generales. En esta empresa también hacen falta muchos capitanes, y, claro está, soldados, entre los que ya engrosamos las “huestes antipedagógicas”, o del sentido común.

Maximiliano Bernabé Guerrero. Toledo.
Redactor, El Inconformista Digital.

18Ene, 2008

Más leña al fuego educativo: incentivos en Andalucía al profesorado

Escrito por: canfora1111 el 18 Ene 2008 - URL Permanente

Seguimos con las controversia educativa. Ahora toca el proyecto andaluz de pagar más a los profesores que "mejoren resultados". El borrador de esta "brillante" iniciativa puede verse aquí .
Dejo un artículo de opinión al respecto leído en el Diario de Sevilla.

La tribuna

La dignidad docente

Gonzalo Guijarro

LA Consejería de Educación ha anunciado que los profesores que se comprometan a "mejorar el rendimiento de sus alumnos" recibirán hasta un máximo de 7.000 euros repartidos en cuatro años. Por "mejorar el rendimiento" ha de entenderse que falten menos a clase, que repitan menos cursos y que permanezcan más años en el sistema escolar, entre otras cosillas.

Lo primero que llama la atención de tal medida es la gratuita e insultante suposición de que los profesores no trabajamos debidamente y a ello se deben los desastrosos resultados que acaba de reflejar el último informe PISA. Sin duda, como en toda profesión, algún zángano habrá entre los docentes, pero para eso está la Inspección educativa, para sacarlos a la luz y ponerlos a trabajar. Pero no, a los que no estén cumpliendo debidamente, a los zánganos, se les ofrecen 7.000 euros si prometen mejorar. ¿Y a los demás? ¿Qué pasa con los profesores que ya están haciendo cuanto pueden? Pues que se quedan sin nada, como premio a sus buenas prácticas docentes. Salvo que se sumen al carro, lo que, implícitamente supone reconocer que no lo estaban haciendo bien.

Otra cosa chocante es que nunca se pretenda la mejora del rendimiento de esa caterva de asesores, pedagogos y expertos sin experiencia cuyo incesante crecimiento va parejo al empeoramiento de los resultados. ¿Se considerará causa perdida la de lograr que hagan algo útil?

Pero lo más sorprendente de todo es la pretensión de que los profesores se comprometan a mejorar cosas que ni son de su competencia ni tienen la menor posibilidad de conseguir. Porque ¿qué puede hacer un profesor para que sus alumnos falten menos a clase? Los docentes ponemos las faltas de asistencia del alumnado en conocimiento de la Jefatura de Estudios del centro, y ésta, según ley, las comunica, cuando se superan ciertos límites, a Asuntos Sociales, que es el organismo encargado de investigar si existe dejación por parte de los padres. ¿Por qué no les piden a los de Asuntos Sociales que se comprometan a mejorar el rendimiento? Tampoco en lo de procurar que los alumnos permanezcan más tiempo en el sistema escolar parece que podamos hacer gran cosa, dado que es decisión del alumno cuándo interrumpe su formación e ingresa en el mundo laboral. ¿Y en lo de disminuir el número de repeticiones de curso? Bueno, ahí sí que podríamos hacer algo: aprobar a todos los alumnos por la cara para que pasen de curso y no repitan. Claro que eso equivaldría a desvirtuar nuestro trabajo, a corromper definitivamente el sistema de enseñanza del país, a engañar indignamente a la sociedad, a certificar una formación inexistente... Aunque, eso sí, cobraríamos ese dinerillo. Y, de paso, a los políticos que nos lo ofrecen les mejorarían algo esas desastrosas estadísticas que los ponen en evidencia. ¿Será esa su intención?

Otro de los puntos de que depende el cobro del complemento es la disminución de las conductas contrarias a las normas del centro por parte de los alumnos. Pero, por supuesto, sin que se nos devuelva ni un átomo de capacidad sancionadora, de esa autoridad que se nos arrebató con la Logse y que nunca se nos ha devuelto. Es decir, que debemos ejercer más autoridad sin tenerla de hecho. También aquí se tienta al profesor para que venda su dignidad: ya que no dispone de herramientas para impedir las conductas contrarias a las normas, lo que sí puede hacer es silenciarlas, no reflejarlas en documento alguno, asumir el desorden en el aula y la consiguiente imposibilidad de enseñar a cambio de dinero. De hecho, lo único nuevo en esto es el ofrecimiento de dinero, pues hace ya muchos años que la Inspección presiona para que no se sancione a los alumnos más díscolos, aunque impidan el aprovechamiento de los demás. Las sanciones son "excluyentes", dicen.

Pero la clave de tanto desatino nos la da la propia Orden que regula el complemento. Dice textualmente que "en educación los procesos son tan importantes como los productos". Una vez más, los "expertos" de la Consejería muestran una supina ignorancia de lo que es un sistema de enseñanza: los docentes no "producimos" aprobados, sino que nos esforzamos por transmitir conocimientos a seres humanos. Y esto no se consigue poniéndonos delante a los docentes una ridícula zanahoria de 7.000 euros para que entreguemos a cambio nuestra dignidad, sino con leyes coherentes con las necesidades y proyectos razonables de nuestros alumnos y con normas de convivencia que se cumplan realmente.

Pero, al parecer, esa es la única respuesta que en la Andalucía imparable se sabe dar al desafío de la sociedad del conocimiento: criterios de cadena de montaje; si los profesores quieren plus de productividad, que produzcan más aprobados; que a los políticos les viene bien, aunque sea al precio del futuro de la sociedad.

15Ene, 2008

Crisis educativa

Escrito por: canfora1111 el 15 Ene 2008 - URL Permanente

Para continuar con el debate sobre la situación de la educación en España, dejo el artículo que escribió en El PAÍS, ayer, el sociólogo José Saturnino González. Estoy de acuerdo con él en que estamos mejor desde el punto de vista global que hace 30 años. Ahora bien la cuestión es si podemos hacer las cosas mejor, si la educación española puede organizarse más eficazmente y si mejorar los datos de una dictadura es un gran logro. Porque la cuestión es que, vale, se gasta más, hay más becas, más universitarios, menos alumnos por profesor (aunque el dato que da puede llevar a conclusiones erróneas, no hay 11 alumnos por profesor en un aula de media) y sin embargo, según dice el fracaso escolar ha pasado en ¡30 años! del 35% al 30%, lo que es ridículo. El problema es que nos hemos quedado ahí. Los jovenes en el aula. Eso sí muchos no aprenden nada y no dejan que lo hagan los demás. Nadie dice que se vayan a la calle y lo que proponen los psicopedagogos, de ahí las críticas, suele estar completamente alejado de la realidad. La cuestión es ofrecer alternativas no decir que el sistema es bueno cuando vemos todos los días el nivel que hay. Imagino que saber leer es un criterio objetivo. ¿Cuántos alumnos llegan a secundaria y pasan por ella sin entender nada de lo que leen?

TRIBUNA: José Saturnino Martínez

¿Crisis de la educación?

José Saturnino Martínez 14/01/2008

Una prueba del atraso cultural de este país es, paradójicamente, la escasa calidad del debate educativo. Todo se reduce a echarle las culpas a la LOGSE, y a los psicopedagogos. Muñoz Molina ha sido un buen ejemplo de este proceder, indignándose sobre el estado de la lectura, el mismo día que en EL PAÍS se publicaba un artículo en el que se recoge que los españoles leen hoy más que nunca, y que el grupo que más lee es, precisamente, el de los más jóvenes (15/12/07).

Es más importante gritar indignado, ilustrado por anécdotas y amigos (o primos), que pensar con tranquilidad y documentadamente. Si tanto ha degenerado nuestro sistema educativo, ¿cuándo estuvo mejor? Quizá quien esto escribe (cursé la primaria en los setenta) pertenezca a una de esas generaciones que tuvo el privilegio de ser educada en un sistema ¿mejor? Cuando estaba en la primera etapa de EGB, el promedio de niños por profesor era de 33, actualmente es de 11. El gasto público en educación era del 3% del PIB, hoy ronda el 4,5%, pero, además, el PIB español actual es mucho mayor que el de aquella época, por lo que el gasto total, descontada la inflación, se ha multiplicado por siete. La tasa de matriculación entre los 6 y los 14 años era del 80%, mientras que hoy la matriculación entre los 6 y los 16 años es del 100%. Había 140.000 becarios, hoy 600.000, y, en euros constantes, la beca media se ha duplicado, incluso quintuplicado, en el caso de las universitarias. En España había 2,5 millones de analfabetos, y medio millón de universitarios. Hoy hay medio millón de analfabetos y cinco millones de universitarios. La probabilidad de la hija de un campesino de estudiar bachillerato era del 15%, hoy es del 58%. La actual tasa de fracaso escolar es preocupante, próxima al 30%, pero entonces era del 35%, y la escolarización obligatoria duraba 8 años, y no 10, como en la actualidad.

Visto mi escaso éxito cuando he tenido la oportunidad de expresarme con argumentos abstractos y datos, procederé con el estilo español de debate intelectual: anécdotas e indignación. Estudié en un centro público, en el que se practicaban los "itinerarios", tan del gusto de la derecha. Eso quería decir que, a los 140 niños de 11 años, agrupados en cuatro sextos, nos ordenaban por los criterios que los profesores consideraban asociados a la "inteligencia", pero que vista la evolución de todos nosotros, tenían más que ver con la obediencia. Tuve la suerte de ser seleccionado para sexto A; mis compañeros que fueron asignados al sexto D perdieron, en el mejor de los casos, tres años de su vida, con el consiguiente despilfarro de dinero público. En el peor, perdieron la vida con la droga o en cárceles. El estigma que suponía entrar en sexto D era empleado como amenaza, para disciplinarnos. Además, había unos veinte niños no escolarizados, como los gitanos. Por lo tanto, de unos 160 niños de mi edad llegamos a BUP 14. Cuando escucho lo bueno que era antes el sistema educativo estoy viendo a alguno de esos 14 olvidándose de los otros 146.

Espero que esta historia dé cuenta de la profunda indignación personal que me produce cada vez que escucho a quienes fueron niños de buenas familias o pobres, pero estudiantes brillantes, despotricar de un sistema educativo que obliga a que los 160 niños tengan actualmente garantizado su derecho a una escolarización de calidad hasta los 16 años. Sí, de calidad, pues según el informe PISA, están a la altura de Estados Unidos, Dinamarca, Italia o Francia (en ciencias). Me hierve la sangre cada vez que oigo que antes estaba mejor la educación, cuando lo único que pasaba es que amplias capas de la población no tenían derecho real a la educación. Como no estaban en las aulas, no eran un problema.

Entiendo el malestar del profesorado de secundaria, pues esta nueva situación ha modificado su trabajo. Si Oscar, a los 7 años ya era un gamberro incontrolable y a los 12 esnifaba pegamento, no quiero ni pensar cómo sería a los 15 en un aula (en la calle era un raterillo). Pero la solución no es volver a echar a 146 adolescentes a la calle. El trabajo de los profesores es prestar una atención personalizada a los 160. Y la labor de las administraciones educativas es hacer que este trabajo sea posible, y no una declaración de buenas intenciones, y leyes a coste cero, o volver a los "itinerarios". Eso supone contar con profesores de apoyo, psicólogos, trabajadores y educadores sociales, policía local... Más presupuesto y más coordinación entre diferentes profesionales y administraciones.

La curiosidad por explicar la trayectoria de esos 14 niños fue uno de los motivos para que me especializase en sociología de la educación. Las conclusiones, provisionales, a las que he ido llegando son las siguientes. Los problemas escolares se explican por diversos factores, pero, con diferencia, los más importantes suceden fuera del aula. Por ello, los psicopedagogos ni son culpables ni aportan soluciones milagrosas. Según el informe PISA, el 50% del rendimiento educativo de los jóvenes se explica por la posición social de su familia, un 18% por la composición socioeconómica de las familias de los estudiantes del centro educativo, y un 6% por características didácticas y organizativas de los propios centros escolares. El otro 26% queda sin explicación, y supongo que ahí es donde entramos esos 14 niños. Es decir, cuando debatimos sobre cómo mejorar la educación desde dentro de las escuelas, estamos discutiendo sobre el 6% del problema. Se habla mucho de escuela pública y privada, pero las diferencias de rendimiento entre estos centros se deben al origen socioeconómico de los estudiantes. El fracaso escolar entre los hijos de universitarios es del 2%, mientras que entre los hijos de quienes no tienen estudios es del 40%. Pensar que con mejor didáctica conseguiremos que ese 40% baje al 2% me parece bien intencionado, pero poco realista.

La fuerte inercia de una generación sobre la siguiente explica que los avances educativos no sean tan rápidos como nos gustaría. Últimamente hay quienes quitan importancia a esta inercia y no quieren ver que España es de los países de la OCDE donde la mejora educativa ha sido mayor. España lo hace razonablemente bien dado el nivel educativo de la generación de los adultos. Es más, en España hay regiones que lo hacen tan bien como los mejores países del mundo, como La Rioja o Castilla y León. Son regiones en las que históricamente las tasas de analfabetos eran mucho más bajas que en el resto de España. Y en las que hay psicopedagogos y se aplica la LOGSE...

25Dic, 2007

Pérez Reverte y la educación española

Escrito por: canfora1111 el 25 Dic 2007 - URL Permanente

Aunque estoy de vacaciones no hay manera de que me libre de pensar en el estado de la educación en España. Estoy en Cartagena y suelo comprar El PAÍS en el kiosko de mi amigo David. El caso es que me pasa el último EL Semanal donde se analiza el éxito educativo de Finlandia y donde aparece un artículo de Arturo Pérez Reverte, en su línea habitual y con el lenguaje provocador, para algunos soez, que le caracteriza donde le canta a unos cuantos las cuarenta sobre la situación educativa en España.
Dice así:

Permitidme tutearos, imbéciles.

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletradosde la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez decargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes,Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque,Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Hola:
Mi nombre es Alfredo Rivero Rodríguez. Soy profesor de Geografía e Historia en el IES Juan Sebastián Elcano en Cartagena.

Durante los años 1998-2009 trabajé en Extremadura. Desde 2000 a 2009 en el IES Sierra la Calera de Santa Marta de los Barros en Badajoz (España).

En este blog iré poniendo cosas que considere interesantes sobre aquellos aspectos que me gustan:libros, actualidad, historia, arte, música o educación.
Se agradecen los comentarios críticos.

Saludos
Mi wiki: http://historiarte1.wikispaces.com/

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