14 Abr 2012

Un murciano desvela el secreto de los tiros imparables de CRISTIANO RONALDO

Escrito por: capelriera el 14 Abr 2012 - URL Permanente

Un murciano desvela el secreto de los tiros imparables de CR7

El podólogo Antonio Capel dice que el madridista «golpea el balón con fuerza en la zona de la válvula y así logra que en el aire haga esos vaivenes»

El podólogo murciano Antonio Capel Riera acaba de cumplir 60 años y lleva la mitad de su vida estudiando y solucionando problemas que afectan al pie. Entre su clientela figuran muchos deportistas, entre ellos los futbolistas del Real Murcia y hasta hace unos años también los de ElPozo. La curiosidad le ha llevado a intentar desentrañar los detalles del endiablado golpeo del balón de Cristiano Ronaldo en el lanzamiento de las faltas.

«Ronaldo se aprovecha de que tiene una gran pegada, igual que otros muchos, pero la diferencia es que él sabe dónde tiene que darle al balón. Busca las leyes físicas. Lo hace en la zona más compacta, que es donde se encuentra la válvula para insuflarle aire. La pelota ya sale despedida con más fuerza y como esa válvula, que es el centro de gravedad, está ladeada, cuando adquiere una gran velocidad la resistencia del aire provoca esa especie de vaivenes o culebrinas que despistan a los porteros».

Capel matiza, ya en plan científico, que «es la tercera ley de Newton, que conocemos como principio de acción y reacción, por la que si un cuerpo 'A' ejerce una acción sobre otro cuerpo 'B', éste realiza sobre el 'A' otra acción igual y de sentido contrario, que no se anulan entre sí puesto que actúan sobre cuerpos distintos. Ronaldo coloca el balón buscando la válvula, mira la distancia y da tres o cuatro pasos para atrás según la distancia. Luego golpea en el punto que él quiere para que actúe ese efecto aerodinámico. Por eso siempre busca huecos abiertos por arriba, nunca tira contra la barrera, porque cuando coge velocidad es cuando se produce ese efecto aerodinámico».

Además de ensayar el golpeo de balón, el futbolista también tiene que cuidar con mimo sus pies, una extremidad que para Antonio Capel es «la obra más perfecta de la arquitectura. Los ingenieros y los arquitectos admiran esos 26 huesos que lo componen y que nos diferencian del resto de los seres vivos. El pie es lo que sustenta, acelera, frena y gira».

Y para los futbolistas «es su herramienta de trabajo. Sufren artrosis, callosidades, rozadoras, ampollas, que hay que drenar después de cada partido, hematomas debajo de las uñas. Los pisotones en un partido de fútbol duelen muchísimo, sobre todo si te pillan en un callo del dedo pequeño. Por cierto, que quienes más los sufren son los porteros. Se ensañan con ellos en los córners. El cuidado de las uñas, por otra parte, es fundamental porque protegen los dedos y hay que reconducir su crecimiento para que no provoquen heridas».

Por cierto, que los primeros futbolistas que trató Capel como podólogo fueron los del Real Madrid. «Era la época de la 'Quinta del Buitre', yo acababa de terminar la carrera de podólogo en Madrid y me cogió como ayudante el profesor Álvarez, que entre sus pacientes estaban la Casa Real y el Real Madrid».

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25 Feb 2012

Domingo Valdivieso, un murciano universal

Escrito por: capelriera el 25 Feb 2012 - URL Permanente

-¡Maravillas! –vocifera el capitán Valdivieso, enfadado, dirigiéndose a su esposa.

-¿Qué ocurre? –pregunta, asustada la mujer.

-¡El niño está en la calle! Llámalo o lo traigo de una oreja –amenaza el militar con voz cuartelera.

Maravillas Henarejos, la sufrida madre, siempre estaba al quite.

-Pero si está jugando con sus amiguitos…no te enfades.

-Yo no me enfado, me limito a hacértelo notar. ¿Por qué no te ocupas en ver a qué juega? Sus amiguitos están jugando con unas espadas de madera, y tu hijo, en una esquina pintando con las nenas. ¡Domingo Valdivieso tiene que ser militar, como su padre!

-Le gusta pintar; no veo por qué hay que obligarlo a ser militar –justifica la madre, intentando apaciguarlo.

-¿Quieres buscarme las cosquillas? Ya sabes cómo son los pueblos, rápidamente comienzan las murmuraciones. Los niños juegan a la guerra, no con dibujitos.

Y era cierto.

Mazarrón, por el año 1840, era un pequeño pueblo minero, donde se explotaba el alumbre, el cual era empleado para fijar los colores en la industria textil. De ahí que Domingo Valdivieso se sintiera atraído por la pintura y el dibujo, y no había mejor lugar para pintar que en las paredes de algunas casas abandonadas, utilizando el alumbre como fijador.

-¡Es espantoso! –murmura el capitán Valdivieso -. A este niño hay que enviarlo a Murcia.

-¿Por qué? –pregunta su mujer-. Aún es un niño, ¿no te da pena?

-Claro que me da pena, pero más pena me daría que se metieran con sus gustos. Lo enviaremos a casa de un primo y que estudie en Murcia. Ya sabes, en los pueblos hay mucha malicia y no quiero partirle la cara a nadie –exclama dirigiéndose a su mujer-. No hay que pensarlo más, si le gusta pintar, pues que pinte pero como Dios manda. Que vaya a una academia…

Doña Maravillas Henarejos solloza y hace un gesto de resignación, dando por hecho su marcha del pueblo. Transcurren algunos días y Domingo Valdivieso se instala en Murcia. Poco tarda en adaptarse, y también pronto empieza destacar como dibujante. Cuando termina el bachillerato, el Director recomienda a sus padres que lo envíe a la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Y así fue. Tras terminar sus estudios en San Fernando viaja a París y Roma para adquirir más conocimientos técnicos. Después de su etapa romana viaja a Madrid para trabajar como profesor de 'Anatomía Pictórica' en la Escuela Superior de Bellas Artes de la ciudad, compaginando el trabajo como pintor, correspondiendo al encargo de muchos cortesanos de la época.

Al cabo de los años, Domingo Valdivieso, después de muchas dificultades, consigue hacerse un nombre en el gremio pictórico. Obtiene una medalla en la Exposición Nacional en 1864, cuando contaba con 34 años, cuya obra fue adquirida por el Estado.

-¿Y cómo dice que se llama esta obra? –pregunta con admiración un erudito en la materia venido de Norteamérica.

-“El Descendimiento” –responde el jefe de conservación de pintura del Museo del Prado.

-¡Qué maravilla! –exclama, mientras daba unos pasitos hacia atrás para encontrar la distancia correcta para apreciar mejor el cuadro-. ¿Y dice que es murciano?

-Sí, nacido en Mazarrón –afirmó el responsable de conservación.

-¿Y dice que el pintor Eduardo Rosales posaba para él?

-Así es, eran muy amigos. Se conocieron en Roma.

-Entonces, se puede decir que la anatomía del Cristo es Rosales, ¿verdad? –pregunta con curiosidad el erudito y marchante de Nueva York.

-Sí, también posó para el “Cristo yaciente”, que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Murcia –informó el conservador del Prado.

El marchante contemplaba extasiado el colorido y el tinte tan original de su obra. “Qué lástima que haya muerto tan joven, pudo haber sido el sucesor de Goya”, pensó para sí. El mazarronero Domingo Valdivieso murió a la edad de 42 años debido a un derrame cerebral.

©antoniocapelriera

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20 Nov 2011

El muerto que resucitó y luego mató

Escrito por: capelriera el 20 Nov 2011 - URL Permanente

El cólera arreciaba en Murcia; era el año maldito de 1885. Se había colado desde Alicante, más concretamente desde Novelda. Los pocos sepultureros no daban abasto. Sobre todo después de que se habían cargado al ‘matagatos’, que era el Sepulturero Mayor. Lo colgaron de un árbol con su propio cinturón. Se dedicaba a robar las joyas y alhajas de los muertos que no le había dado tiempo a enterrarlos. Apenas conseguían excavar una pequeña fosa y, tras anochecer, dejaban el tajo dejando al difunto orillado en el incipiente hoyo. No había luz suficiente para continuar.

De nada servían los famosos polvos de las viboreras, que hasta la propia Regente María Cristina, por Real Orden, pidió que se le envíen desde Murcia.

-Es una fórmula mágica que ha inventado un boticario murciano –dijo un párroco.

-No sé si será mágica o no, pero las parroquias de San Antolín, San Juan y Santa Eulalia no dan abasto con las extremas unciones –dudó un cura con más miedo que compasión.

Y era cierto. Los meses de julio y agosto fueron los más calamitosos. A veces llegaron a la centena, y no había tiempo material para enterrarlos. Algunos fueron arrojados al rio Segura para que fueran arrastrados hasta el mar. Sin embargo, el caso de Fulgencio fue muy especial. Tras caer al suelo de un síncope por extenuación producido por la enfermedad, lo creyeron muerto, lo introdujeron en un ataúd y lo trasladaron hasta el cementerio de Espinardo. Ya había anochecido y lo dejaron arrimado en una esquina, lugar que al amanecer sería su última morada cuando excavasen la arcillosa tierra.

Pero ocurrió algo imprevisto. Fulgencio no estaba muerto. Empujó la tapa de madera que le cubría, se incorporó como pudo y se dirigió a su casa en el Cabezo de Torres. A media noche golpeó la puerta con los nudillos de su huesuda mano.

-¿Quién es? –preguntó la mujer.

-Quien va ser…Fulgencio, tu marido –respondió con una vocecilla vacilante.

Se oyó un golpe seco en el interior de la casa.

Su mujer, del susto, cayó al suelo como un saco de patatas. Un ataque al corazón la fulminó.

©antoniocapelriera

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13 Nov 2011

LA DISPUTA DE LA CABELLERA DEL GENERAL CUSTER

Escrito por: capelriera el 13 Nov 2011 - URL Permanente

-Yo querer cabellera General Custer –dijo Caballo Loco.

-General Custer ser muy cabrón –sentenció Toro Sentado.

Ambos jefes indios se hallaban sentados enfrente de la hoguera mirando cómo languidecían las llamas. Aún no tenían ganas de guarecerse del aire frío que soplaba proveniente de la montaña. En sus ojos se advertía sed de venganza. No podían olvidar lo que hizo el General Custer a orillas del río Whasita. Había masacrado a mujeres, niños y ancianos. ¡Menuda gloria! Se hizo tristemente célebre él y su Séptimo de Caballería por tamaña deshonra. ¿A quién se le ocurre atacar a un campamento de Cheyennes desprotegido de mujeres, niños y ancianos? Simplemente a un loco ávido de gloria al precio que sea.

Pero Caballo Loco y Toro Sentado, ante la tenue luz de la hoguera, habían jurado vengarse. Y la venganza llegó un 25 de junio de 1876 en la batalla de Little Bighorn. El general Custer estaba convencido que iba a volver a aniquilar a los indios, alguien le había informado que eran unos mil quinientos pieles rojas. Además alardeaba de su Séptimo de Caballería:

- Antes de terminar esta botella volveremos victoriosos –alardeaba antes sus oficiales mostrando la botella de whisky, el general Custer.

Pero había un detalle. No eran mil quinientos indios, más bien cuatro mil. Dicen que un oficial le había advertido del error, pero el general, soberbio y vanidoso, no sólo no le hizo caso al oficial, sino que lo arrestó. ¡Tremendo error! Máxime cuando el mismísimo Custer no era un buen oficial; fue el último de su promoción en West Point.

Los sioux acorralaron a Custer y acabaron descalabrando al Séptimo de Caballería con relativa facilidad. Lo que nunca han podido olvidar los escasos supervivientes del batallón, fue la disputa entre Caballo Loco y Toro Sentado por ondear la rubia cabellera al viento del general Custer.

©antoniocapelriera

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07 Nov 2011

ELLOS Y ELLAS. Antología Lírica Latinomericana de Ivette Durán Calderón

Escrito por: capelriera el 07 Nov 2011 - URL Permanente

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=NruG1206bQQ

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COLÓN: TERCO Y DEPLORABLE MARINO

Escrito por: capelriera el 07 Nov 2011 - URL Permanente

-Almirante, ¿está seguro que hemos llegado a Cipango? –preguntó con cierto

temor uno de sus oficiales.

-Que sí, hombre, que sí –respondió Colón con chulería, dando por terminada la conversación.

Cristóbal Colón había perdido la modestia y humildad de su primer viaje. En esta segunda expedición ya no tenía las tres miserables carabelas que le dieron los reyes católicos después de tanto que les imploró. Ahora contaba con diecisiete naves y casi mil quinientos hombres entre soldados, frailes, artesanos y pueblerinos.

¿Nuevo Mundo? ¡Qué Nuevo Mundo! Colón murió creyendo que había descubierto una ruta hacia el Japón. Era una persona obcecada y terca, apenas admitía sugerencias de sus oficiales, y más ahora con el descubrimiento del nuevo trayecto que había hecho, según él. Colón tenía un defecto; no era un buen marino. Y cada dos por tres sus oficiales tenían que sacarle las castañas del fuego en alta mar. No manejaba bien el sextante ni conocía las constelaciones.

Sus oficiales empezaron a dudar de la nueva ruta. Aparecieron algunas pruebas que no estaban en la trayectoria hacia Cipango. El problema era que no se atrevían a decírselo porque tenía obnubilada a la reina Isabel. Todo lo que le pedía a Su Majestad se lo concedía. Se creía el intocable, el nuevo dios.

Uno de los viejos marinos que había hecho la ruta de Marco Polo hacia Cipango era uno de los más recelosos. Algo no le cuadraba.

-He conocido negros, amarillos con los ojos rasgados y moros –decía en petit comité -. Pero nunca he visto hombres con la piel bronceada y con taparrabos ni tampoco esos loros gigantes.

Pero daba lo mismo. En Cádiz, aquel 25 de septiembre de 1494 había un gran alboroto. Todo el mundo hablaba del Almirante Colón, de los regalos que le dio a la reina; no había familia que no tuviera a alguno embarcado. Y ninguno sabía ni por asomo que iban a colonizar un Nuevo Mundo, que se iban al Caribe…en busca de riquezas, tierras y mujeres.

A los recién incorporados les habían dicho que las mujeres iban semidesnudas, de pechos firmes y cubiertas de adornos de oro. ¡No faltaba más! Fue suficiente reclamo para palurdos deseosos de encontrar mujer. Pero eso es otra historia…

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06 Nov 2011

COLON, EL TAIMADO, NO FUE EL PRIMERO.

Escrito por: capelriera el 06 Nov 2011 - URL Permanente

-¡Me ha engañado! ¡Es un sinvergüenza! –vociferaba en la vieja taberna cerca del palacio, Juan Rodríguez Bermejo.

Los presentes oían con asombro las palabras malsonantes que hacía el famélico marino. No se explicaban de su atrevimiento cuando a escasa distancia se encontraba la guardia real de los reyes católicos esperando a Cristóbal Colón. Era un 15 de marzo de 1493, día de fiesta: Colón acababa de llegar del Nuevo Mundo, e iba a informar de su descubrimiento a los reyes.

Uno de los presentes, sentado en una desvencijada silla, y que ya llevaba unas copas demás de vino tinto, se animó a preguntarle al desaliñado marino:

-¿De quién habláis?

-Del Almirante Colón –dijo en voz alta-. ¡Me debe 10.000 maravedíes!

-Eso es mucho percal –dijo el borrachín. Y añadió: -¿Por qué os lo adeuda?

El marino se colocó encima de una silla, alzó un brazo y exclamó vociferando:

-¡Tierra! ¡Tierra! –y dirigiéndose al curioso dijo: -Yo, Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, sevillano de pura cepa, he sido el primero en ver tierra.

En un santiamén se vio rodeado de curiosos, algunos eran miembros de la guardia real. Pero Rodrigo de Triana no se amilanó. Al contrario, se enardeció, se sentía estafado. Insistía en que Colón lo había engañado, no había cumplido lo prometido en premiar con los 10.000 maravedíes al primero que viera tierra.

Y era verdad.

Cristóbal Colón no entregó la recompensa al marinero Rodrigo de Triana, además mintió. Dijo que él había sido el primero en divisar tierra americana. Y no era cierto porque Colón iba en la carabela ‘La Niña’, por detrás de ‘La Pinta’.

Ante el revuelo que se montó en la taberna, la guardia real se dispuso a arrestar al enfadado Rodrigo de Triana para llevarlo al calabozo, pero afortunadamente para el marino, pasaba la Comitiva en la que se encontraba fray Bartolomé de la Casas, y éste, conocedor de los hechos de primera mano, intercedió por el hambriento marino.

-Este hombre dice la verdad –dijo fray Bartolomé-. El Almirante Colón iba detrás y difícilmente pudo avistar tierra antes que Rodrigo.

Y soltaron al pobre Rodrigo, quien decepcionado se fue al norte de África con una mano delante y otra detrás, terminando sus días convertido al Islam.

©antoniocapelriera

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30 Oct 2011

Santos Inocentes y la zorra

Escrito por: capelriera el 30 Oct 2011 - URL Permanente

La joven doctora Paula G. M. se lamentaba de su descubrimiento. Maldecía a cada instante la hora en que se le ocurrió realizar la

investigación. Es cierto que todo fue ocasionado cuando la destinaron al Servicio de Análisis Clínicos durante su formación como Médico Residente.

La doctora susurraba con un estremecimiento de disgusto:

-Maldita la hora en que hice el estudio de ADN.

Entre algunos residentes y médicos adjuntos, comentaban con cierta jocosidad, las sorpresas que se obtenían de los tests de paternidad ordenados por el juez de turno. Las estadísticas reflejan que el 30% de los tests de paternidad que se realizan resultan negativos, es decir, que 3 de cada 10 españolitos el progenitor puede ser el mejor amigo, el fontanero o el de la bombona de gas.

Todo empezó nada más aterrizar en el Servicio de Análisis Clínicos del Hospital. Reunió a la familia y dijo que las primeras prácticas de extracción de sangre se hacen con la familia, tal como se lo había dicho su tutor. Paula es la mayor de cuatro hermanos, y sin encomendarse a Dios ni al diablo, obtuvo muestras de sangre del padre, madre y los tres hermanos.

La sorpresa apareció con los resultados de los dos hermanos menores. ¡No eran hijos de su padre! ¿Cómo su madre había podido hacerle tamaña ignominia a su padre que tanto idolatraba? Para Paula su padre era su dios, lo veneraba hasta la exageración. Y no era para menos. Era un gran padre, siempre preocupado por los cuatro hijos para que nada les faltara; hasta se podía decir que era más mimoso con los hijos menores, con los que no les unía lazos de sangre.

-¡Dios mío! –se lamentaba amargamente Paula-. ¿Debo decirles a mis hermanos que mi padre no es su padre? ¿Tienen derecho a conocer a su verdadero padre?

Pero lo que más le atormentaba era ver a su madre. Siempre tan pendiente de su padre, de los hijos, la casa, de la ropa…pero la prueba del ADN la desenmascaró. “Es una zorra”, decía la doctora en momentos de ofuscación mental cuando la rabia la cegaba.

Sin embargo, su padre y sus hermanos la adoraban, incluso hasta la propia doctora antes de conocer la infame noticia. No sabía a quién acudir, ¿a algún abogado, psiquiatra…? Ella era consciente de que en sus manos estaba la puerta del infierno o la del paraíso. ¿Qué culpa tenían sus hermanos menores? ¿Cómo actuaría su padre si conociese la cruda realidad?

-Santos inocentes, santos inocentes- repetía la joven doctora ante una botella de vodka en su apartamento, con la mente puesta en su padre y sus dos hermanos.

©Antonio Capel Riera

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02 Oct 2011

El Cagafuego

Escrito por: capelriera el 02 Oct 2011 - URL Permanente

Los ingleses temblaban nada más oír el nombre del Cagafuego. Hasta al mismísimo Francis Drake le entraba una cagalera hasta llegar casi a la deshidratación. Y no era para menos. El Cagafuego era un buque español muy temido por la gran cantidad de cañones que llevaba a bordo, y cuando eran disparados parecía el infierno. Había sido preparado para proteger las riquezas que llegaban a España del Nuevo Mundo: lingotes de plata, monedas de oro, joyas y piedras preciosas. Draque, en unas de sus acciones piratas, llegó a hacerse con un botín de 400.000 pesos de la época, unos 18 millones de euros de ahora.

-¡El cagafuego! –gritó un corsario inglés desde el mástil.

-Hoy no toca –dijo Francis Drake, ordenando al timonel que desviara el rumbo de la nave, mientras se acicalaba su bien cuidada barba.

La realidad es que Sir Francis Drake palidecía al oír nombrar del Cagafuego, sin embargo, le tenía muchas ganas de hincarle el diente. Sobre todo por su orgullo anglosajón. Draque no era un simple pirata, ni un bucanero, ni un filibustero. Era un corsario, es decir, el aristócrata de los piratas. Actuaba bajo el amparo de la corona de Inglaterra. Tenía patente de corso expedida por la reina, vestía ropas finas, no llevaba un parche en el ojo, era exageradamente aseado. Había hecho colocar espejos en el barco por los lugares que él frecuentaba; a cada momento se detenía para peinar su cuidada barba. Era un presumido pero tan delincuente como cualquier filibustero. Era el dandi de los piratas. Un chulo.

Sus abordajes los hacía en el Caribe a barcos españoles, cargados de riquezas. Era un delincuente para la corona española; sin embargo, un héroe para la inglesa. Era un buen marino, pero no mejor que los españoles.

-Allí está el ‘copión’ –decían los marinos españoles cuando lo divisaban.

Se granjeó el mote de ‘copión’ porque imitó a Magallanes en pasar por el estrecho de Magallanes; luego fue el primer inglés en completar la vuelta al mundo, después de Juan Sebastián el Cano.

Francis Drake saqueó a los españoles todo lo que pudo; era lo único que lograba hacer. Sin embargo, como vicealmirante de la Marina Británica no venció en nada a los españoles. El triunfo que se le atribuye de derrotar a la Armada Invencible, no fue él, fueron los elementos. De ahí su cabreo con los españoles. Como ladrón, un campeón; como marino, un desatino.

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17 Ago 2011

Lo siento, Paul Newman, pero Butch Cassidy no está enterrado en Bolivia

Escrito por: capelriera el 17 Ago 2011 - URL Permanente



La imagen, sacada en 1900 en Fort Worth (Tejas), retrata al bandido Butch Cassidy (sentado, a la derecha) y su banda. También sentado, pero a la izquierda, aparece su compañero Sundance Kid.- AP/NEVADA HISTORICAL SOCIETY

-¿Y usted está seguro de que no es Butch Cassidy? –preguntó el periodista al indígena, mirando la fosa. Todo el mundo creía enterrado en Bolivia al pistolero ladrón de bancos.

El viejo y desdentado autóctono de piel cobriza, intentaba mirar con el único ojo que le quedaba.
-Seguro, señor periodista –contestó, apoyándose en la vieja pala, y abrigándose con el raído poncho.
Mr. Smith volvió a mirar la oscura fosa. Intentaba descubrir alguna pista que le condujera al legendario atracador de bancos americano. Y no encontró nada convincente. Había algunos jirones de tela, que más bien parecían restos de poncho, como los que llevaba el indígena Huanca.
El americano del Washington Post se volvió al indígena:
-Dígame, ¿por qué está tan seguro de que no es?-inquirió al pobre viejo.
-Porque mi padre enterró a otro –dijo mirando a la mano del estadounidense. Sabía que por cada palabra que soltara podía sacarle un dólar. No era tonto Huanca, aunque lo parecía.
-¿Y por qué lo hizo?
-Por plata, mucha platita –respondió al instante Huanca, moviendo el índice y el pulgar.
El periodista sacó una grabadora y le dio al botón de rec.
-Si usted me cuenta todo lo que sabe le daré platita-dijo entregándole un billete de 100 dólares.
Al indígena le brilló con codicia el único ojo.
-Fue muy sencillo. Les balearon los soldados, era de noche. Y después del tiroteo se hizo silencio, y mandaron a mi padre a enterrarlos a los dos -dijo extendiendo la mano para recoger otro billete-. Pero uno no estaba muerto, el otro sí.
Y así sucedió.
El padre de Huanca era el sepulturero, y al acercarse comprobó que uno de los forajidos estaba herido pero se hacía el muerto. Era Cassidy, el maestro del timo y de la improvisación. En una de sus manos tenía un fajo de billetes. Y al acercarse el sepulturero, le dijo: “Te daré otro fajo si me sacas de aquí”.
El sepulturero gritó a los soldados en la oscura noche: “Me los llevo al cementerio. Están agujerados por los cuatro costados”
Durante la noche, el padre de Huanca sólo enterró al compinche, al vivo le ayudó a curar sus heridas y lo ocultó en una casita en el valle. Una joven indígena le llevaba agua y comida, con la que terminó amancebándose. Al poco de estar repuesto, la indígena y él se marcharon a los valles tropicales cambiándose el nombre. Se hizo llamar James Blackthron. Construyó un enorme rancho en una extensión de más de cinco mil hectáreas; llegó a poseer más de 500 cabezas de ganado y 30 caballos de silla, además de gallinas y algunas ovejas. Trabajaban cinco peones en las labores del rancho; y para el cuidado de la casa tenía a más de diez mujeres. Dicen que con cada una de ellas tuvo un hijo.
Un buen día decidió regresar a los Estados Unidos para dar una sorpresa a su familia. Los hermanos y su anciano padre tenían la costumbre de reunirse el Día de Acción de Gracias, y, de pronto, apareció Butch Cassidy, de punta en blanco con su sombrero de bombín que tanto le gustaba.
Desde entonces, no regresó a Bolivia.
El periodista, pensativo, empezó a creer la conjetura de que Butch Cassidy jamás estuvo enterrado en Bolivia. Butch Cassidy murió en un hospital de los Estados Unidos en el año 1937. Sus posesiones en Bolivia las administran sus hijos y nietos, y hasta el día de hoy cuentan con numerosas cabezas de ganado y un sinnúmero de nietos.


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Sobre este blog

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Antonio Capel Riera

Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada.

Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) Profesor de física y científico alemán.

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