25 Mar 2009

Cuando Nneka enseñó a Madrid que el futuro es África

Escrito por: Alfonso Cardenal el 25 Mar 2009 - URL Permanente

Se presenta Nneka en Madrid como un gran secreto por ser confesado. Como un hilo de voz que corre de boca a oreja hasta llenar la Sala Galileo con una mezcla curiosa de parroquianos del reggae, amantes del dub, excursionistas triphoperos y visitantes del rap. Se presenta la banda con guitarrista de Nashville, órgano, batería y un enorme bajista negro. Ella con el pelo afro que suelta y recoge cada poco, fular al cuello y camisa militar que al rato se quita para mostrar una camiseta con la leyenda “Africa is the future”. Puede que por eso, esta nigeriana de 28 años, empezase con "Africans" y siguiese con "Walking" y "Kanpge" para al tiempo explicar al público que a ella le gusta hablar, explicar sus canciones, mandar un mensaje sobre su visión de las cosas que pasan en el mundo, como la corrupción que asola Nigeria desde hace cien años. “La música que hago no sólo es para que bailéis y lo paséis bien”.
Ese mensaje personal se retrata en canciones como "Unconfortable truth", "Confession" o "V.I.P", donde las ideas fluyen, o confluyen, como la mezcla de estilos que propone, todos bailables, todos con un trasfondo.
Cada par de canciones habla, cuenta historias, distribuye ideas que en unos casos crean clima, atmósfera, y en otros suponen fondas de obligada parada en un viaje que algunos harían del tirón.

La traca final con "Suffri" y "God of mercy" ensalzan los ánimos. Con eso se van y con los aplausos de los peregrinos de la música negra vuelven para despedirse con el brillante "Heartbreak". En nuevo single de Nneka es una exhibición vocal, un torrente arrollador de ritmos fusionados con bases que seducen y demuestran el nivel de esta joven artista. Y todo acaba con "Focus" otra vuelta de tuerca a los estilos, para que Nneka gire al rap, los instrumentos se suelten y la exhibición concluya. Con eso se va y no vuelve, deja en el humo de la sala la sensación de haber visto algo diferente, bien planteado y perfectamente ejecutado. Nneka tiene razón, África es el futuro.

13 Mar 2009

Concierto José González - La peregrinación sueca

Escrito por: Alfonso Cardenal el 13 Mar 2009 - URL Permanente

Tres abetos blancos pintados sobre un telón oscuro cuelgan del fondo del teatro, delante una pequeña tarima cuadrada con una silla, un micro y una guitarra española. Enfrente un auditorio lleno, entregado y en religioso silencio a la espera de una de las grandes realidades de la música Indie, José González (1978).
Este argentino que en realidad es sueco se presenta tímido, vestido en tonos oscuros, pelo corto y una cuidada barba. González va acumulando visitas a Madrid y cada una de ellas es una pequeña peregrinación tan silenciosa como apasionada. Sus temas suenan honestos, químicos e hipnóticos. Se presenta solo aunque las tecnologías cuelan un susurrante saxo de cuando en cuando. Viene con “In our nature” su última creación. Una declaración que juega con los silencios y las confesiones de las seis cuerdas de una guitarra a la que saca muchos más matices. Va enlazando canciones con breves discursos y muchos agradecimientos. Sorprende el silencio de un auditorio que colgó el “sin entradas” hace días. Y esos silencios se rompen en sonoras ovaciones que prenden a cada tema la timidez de González. “Killing for love”, “How low” o “Cycling for trivialities” son algunos de los adalides de su ultimo trabajo que conjuga con “Veneer”, su álbum de 2005.

Con la cabeza cobijada unas veces en la guitarra y otras en la oscuridad de unos focos que son la única luz de la sala, González se confiesa musicalmente. Su éxito pone de relieve el acertado trabajo que se realiza en Suecia, cantera inagotable de jóvenes talentos musicales, pero también los acertados pasos que ha ido dando en su carrera. Se despide y regresa varias veces, en esa costumbre de los artistas independientes de copiar los malos vicios de las grandes estrellas del rock. Pero José González no se cambia de ropa, ni aprovecha los aplausos para soplarse unas rayas, sólo se quita el traje propio y se mete en ajenos. Primero disfrazado de Massive Attack cantando “Teardrop”, más tarde y más esperpéntico a lo Kyle Minoge con “Hand on our heart” y finalmente en la piel del tormentoso Ian Curtis y la aterradora “Love will tear us apart”.

Se va y ya no vuelve más, de momento. Madrid ha sido la última parada de su gira española. Seguirá volviendo, seguirá confesándose a oscuras y a guitarra, y los parroquianos seguirán esa procesión de silencios y aplausos.

16 Feb 2009

Concierto-Promesas: Herman Dune en Madrid

Escrito por: Alfonso Cardenal el 16 Feb 2009 - URL Permanente

Hay gente que nace en el lugar o la época equivocada, se puede ser de muchas maneras diferentes, digamos que son crueldades del destino. David-Ivar Herman Dune, con toda la poesía de su nombre, es un granjero folky de Arkansas que por casualidades, o crueldades, de la vida nació en Francia bajo nombre sueco. C'est la vie. Ayer comparecía en Madrid a sala llena junto a su hermano. Presentan su nuevo disco Next year in Zion. Primero se descubría David a solas con la sala. Vestido de traje gris, camisa a cuadros, corbata fea y gorra de Sun Records, el sello de Memphis que inventó el rock.

Lo que parecía casual se tornaba longevo y es que más allá de su nuevo disco y las dos horas de concierto, Herman Dune tiene un largo cancionero que defender, y por lo visto un entregado público al que agradar. Someone knows better than me, Dont you worry about me, Lovers are waterproof y Next year in Zion iban sucediéndose en un discurso tan romántico como incoherente y surrealista.

Se incorporaba una banda de batería y eléctrica, Èl se mantenía con la guitarra acústica que alternaba con el ukelele. 25 Weeks, 1,2,3 apple tree y Try to think about me mantienen esa línea positiva que han adquirido en sus últimos discos. Letras alegres por surrealistas e imposibles y melodías folk abiertas a introducir percusión con serrucho y bombo.

Entre el público (desde las alturas de un ojo de halcón) baila un chico en camisa blanca que desde el epicentro de la pista se agita convulso y alegre con Nowhere without you, Ghost of a smile o I wish i could see you son. La intensidad crece y baja, David se alterna en soledad y con la banda y el concierto se alargaba en la noche.

De pronto un final, muchos aplausos y un regreso con When the sun rise up this morning y Good for no one. De nuevo un final, más y mejores aplausos y un nuevo regreso, ahora aparece él solo. Se acerca a la primera fila a un chica de lazo rosa sobre negro, se susurran algo en los oídos y se arranca acústico con On a Saturday, una de las canciones más tiernas del nuevo disco que enlaza, a modo de despedida, con My baby is afraid of sharks. La banda se va entre un gran aplauso y la chica del lazo rosa se queda quieta emocionada, será que esas casualidades del destino, para algunas no siempre son tan crueles.

07 Feb 2009

Concierto - William Parker y la masturbación del Jazz

Escrito por: Alfonso Cardenal el 07 Feb 2009 - URL Permanente

Diluviaba en Madrid y en Nueva York estaba anocheciendo. Sobre la práctica del onanismo, Woody Allen dice en Annie Hall: "es hacer el amor con la persona que uno más ama". Puede que la improvisación libre en el jazz sea lo mismo pero con un instrumento predilecto. Puede que eso sea lo que hizo ayer William Parker con su contrabajo. El sábado actuará en el Palau de la Música de Barcelona secundado por una importante orquesta y ante un numeroso público, el martes compareció solo en Madrid y ante no más de cien personas.

Algunos han puesto flores al cierre de la sala Boguie jazz, en la madrileña calle Barquillo. En realidad sigue vivo. Dick Angstadt, el dueño de Boguie, tiene el punto inquieto del Allen cineasta, y al cierre de su local ha respondido con el quinto concierto en Le Swing jazz Club. Le Swing es un apartamento en el segundo piso de un viejo edificio en el centro de Madrid, probablemente el rincón más neoyorquino de la ciudad. Ambiente jazz con humo y parroquianos dignos de una de esas fiestas que retrata el director norteamericano. Y así compareció el increíble Parker. El músico, escritor y poeta del Bronx (donde imparte talleres de improvisación), salió con su contrabajo en un apartamento diáfano cubierto con sabanas blancas y negras y sofás, plantas y sillas.

Casi dos horas de improvisación salvaje, rítmica, imponente. Él con túnica africana a rayas, zapatos en punta y un gorro de colores. Parker se exhibía en una actuación infinita y memorable, ininterrumpida, sin aplausos, con los ojos cerrados y en éxtasis. Un jazz que nunca acaba, de esos que cuando cierra una puerta encuentra abierta una ventana. A la hora paró, abrió los ojos, salió de su ensimismamiento, saludó y descansó un rato para retomar una sesión que recalca que el jazz bien puede ser el octavo arte y el Bogui un rincón que sigue vivo.

14 Ene 2009

Crónicas conciertos II - Van Morrison y las tormentas sobre Belfast

Escrito por: Alfonso Cardenal el 14 Ene 2009 - URL Permanente

Crónica del concierto de Van Morrison en Madrid 28/10/2007

Un viejo irlandés con pinta de trotamundo comenta en un bar que siempre que Van Morrison canta, llueve en Belfast. El camarero lo pone en duda y el grotesco personaje saca el móvil, marca un número, y sin saludar pregunta: “Its rainning?”. Mira al camarero y dice con firmeza. “Siempre llueve”.

Tal vez lloviese en Nueva York durante las 48 horas que le llevó al León grabar Astral Weeks en 1967. Tenía 22 años y era su primer disco en solitario. La misma edad que tenía Dylan cuando grabó The Freewhelin, o la que había cumplido Neruda al escribir Tentativa del hombre infinito.

Ayer no llovía. Tampoco lo hizo es su primera visita a la capital, un San Isidro de 1988, que incluyó espantada del músico a la segunda canción. Volvió. Aquello costaba 500 pesetas de la época. Ayer las localidades más caras se acercaban a los 80€.

Morrison presenta su tercer Greatest Hits, Still on Top, con el mismo sombrero, con las mismas gafas, con la misma actitud. Una chica rubia de vestido negro baila sin parar entre un público en su mayoría sentado y quieto, un joven huye de la seguridad para llegar hasta la pista. La gente parece feliz. Algunos algo menos, hubo problemas para retirar las entradas y muchos entraron comenzado el concierto.

La banda luce hermosa, tambores, violines, coristas, cuerda, vientos. Van Morrison se reserva un órgano, un saxo y la armónica. Y va repasando cuarenta años de carrera. Tiempo a Sidewalks, Magic Time y There Stands the Glass (Pay the Devil), sus últimas creaciones.

Su actitud, la misma que luce siempre. Distante, correcto, profesional. Parafraseando a Tony Soprano: “Esto no es un concurso de popularidad”. Lo que la gente paga y aguanta, lo hace por arte, como los toros, como El Prado. Morrison no busca amigos, apenas saluda y no pierde tiempo entre canción y canción en un show de noventa minutos sin descuento.

Lo suyo lo hace bien, muy bien. No desprende la energía de una edad que no tiene, pero se presenta con una dignidad casi acorde al precio de la platea.

De las conocidas no muchas. Las necesarias. Brown Eyed Girl, Bright Side Of the Road, Moondance. Clásicos populares ajenos al paso del tiempo. Joyas de una época musical ya lejana. Las otras, preciosas sorpresas que golpean con el sabor de la primera vez.

Llegando al final se enfada con una corista y repite unos versos marcándola el ritmo correcto. Es tan ajeno al público como éste a las razones que le llevan a actuar así. Pasada la hora consigue arrancar algún silbido y poco después la primera gran ovación, levantando al público de sus butacas.

Fire in the Belly (The Healing Game), muestra las virtudes de este extraño personaje que hace tiempo afirmaba que sólo le gustaba componer. “Haría canciones para que las cantaran otros”. No lo hace porque no hay otros. Lo sabe.

Se acaba el espectáculo, sin triple sobre bocina, sin despedida. Hasta otra. Baja del escenario sin quitarse el sombrero, bebe agua en el camerino y se monta en un coche que le lleva a Barajas. Vuelo privado. Despegue, cabezada y aterrizaje en el frío aeropuerto de Belfast. Acaba de dejar de llover.

VAN MORRISON - Rough God Goes Riding

13 Ene 2009

Conciertos - Lizz Wright, el jazz que trepa por los pies

Escrito por: Alfonso Cardenal el 13 Ene 2009 - URL Permanente

Concierto de Lizz Wright en el Cartagena Jazz Festival - 16/11/08

Unos pies descalzos se deslizan por el negro suelo del escenario. Se posan. Comienzan a moverse bajo el negro vestido de Lizz Wright. Los dedos golpean el suelo como si se tratase de un piano. La acompañan un pianista loco, una batería, guitarra y bajo. Talento y clase. Eternity. Los pies aceleran el ritmo. De las uñas pasa los dedos, luego al tobillo. Allí se quedan en la poderosa versión del Old man de Neil Young. Los tobillos se mecen con el Idolize you de Ike Turner.

El teatro está lleno. La gente expectante. La voz de Lizz se desgarra en el primer tema de cosecha propia, My hear. Mucha pasión en una voz que se desboca entre el silencio de la platea. "¿No sé qué esperáis de mí?", pregunta Lizz al auditorio. Justo lo que está dando. En Hey mann se le sube a las rodillas que esconde bajo el vestido. El jazz tiene alma de alpinista. Los temas se van enlazando. Subiendo, asombrando al público. Todos sentados menos un tipo que se agita enloquecido contra la pared. Leave me standing, Coming home, Speak your heart. Cintura, caderas, pecho.

Aplausos. Está colgado el cartel de no hay billetes. Se despide con Salt. Llega al cuello. Ovación.

La banda saluda y se despide. Lizz Wright vuelve sola al centro del escenario. Con su pelo corto, su vestido negro y el jazz trepándole hasta la boca para estallar entre el silencio con Peace flows, sola, a capela. Con el largo viaje desde el dedo del pie hasta el centro del alma. El público se levanta de sus asientos y aplaude con pasión. Primer triunfo. Se baja el telón.

Se sube el telón y aparecen dos ingleses, un escocés, dos jamaicanos, un judío, una chica de Sri Lanka, un tipo de una isla del Caribe y otro de Isla Mauricio. No es un chiste. Son los diez músicos que forman Incognito. Una familia musical que va a cumplir treinta años de carretera. Los explica Bluey, el más veterano. "Solo quería formar una familia que viajase por el mundo con un mensaje de paz y amor". Las dos coristas rompen con su canto el silencio de un teatro que no tarda en levantarse y bailar, en dejar de ser un teatro. Funky, disco, dance. Todo se junta en un sonido que sale uniforme. Diez grandes músicos forman siempre una gran banda.

Cincuenta y un años tiene Bluey y treinta con la misma idea. Más de media vida. Presentan canciones de su último disco Tales from de beach. Un buen álbum que en directo suena mejor. Pianista, saxo, trompeta, trombón, guitarra, bajo, batería y tres buenas voces. Toda un orquesta en dieciocho canciones que forman un mensaje, una idea. El teatro ya parece un festival. Ultima canción, Dont you worry. "Antes solía irme del escenario y esperar los aplausos para volver a tocar, ya estoy mayor para esas cosas, Queréis otra canción". Presenta a la familia, mucho cariño en esa banda, mucho amor. "Nosotros solo queremos trasmitir paz y amor y esta noche nos habéis dado mucho". Suena One love de Bob Marley, los músicos se van yendo, alguno se acerca a saludar, el teatro se va vaciando en otra gran jornada.

CONCIERTO COMPLETO DE LIZZ WRIGHT

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