15 Feb 2011

Comienzo de la Carretera Austral

Escrito por: Carlos Zapatera Martin el 15 Feb 2011 - URL Permanente

Cuaderno de Ruta: Calafate- Chalten- Villa O´higins.

Por fin llegó Miguel, mi amigo de Muñoveros, a El Calafate, con él pasé dos días, en los cuales celebramos mi cumpleaños y visitamos el bonito y turístico glaciar Perito Moreno. Después de estos dos días Miguel tomó un avión hacia San Carlos de Bariloche y yo un autobús hacia el Chalten, no quería pedalear más en la pampa ventosa. El Chalten es un pequeño y nuevo pueblo situado a los pies de las imponentes montañas Torre y Fitz Roy. Al día siguiente de llegar al Chalaten, hice un bonito recorrido de más de 8 horas caminando para poder contemplar estas impresionantes montañas, !que vistas! sobrecogedoras. Al día después de la caminata, comencé la aventura que supone cruzar la frontera Argentina Chilena por aquí.

Me levanté temprano, pedaleé unos 35 kilómetros por camino de ripio, es decir no asfaltado. Llegué a las orillas de la laguna del Desierto, eran las 10 :25 de la mañana y el barco para cruzar la laguna salía a las 10:30 así que, lo agarre por los pelos. Tardamos cerca de una hora en cruzar la laguna, al otro lado de ella estaba el puesto fronterizo de Argentina, sellaron en mi pasaporte la salida de ese país. El policía que me selló el pasaporte, me dijo " deja ahí el equipaje que se lo vamos a llevar en caballo" me quedé sorprendido, me había comentado que te lo llevaban pero pagando. Así que le contesté ¿ Que me van a llevar el equipaje gratis? me dijo " no gratis no, son 250 pesos" más o menos unos 50 euros. Dije no, no, lo llevo yo. Me volvió a contestar " no seas boludo, es un camino muy malo y es imposible subir con la bici y las alforjas" le contesté de nuevo, "sé de gente que lo ha hecho”. “No, no, es imposible, hay mucho barro y el camino es muy estrecho, si quieres se lo rebajo a 200 pesos”, fue la respuesta del policía. “No, gracias” le dije. “Usted verá pero le vuelvo a repetir que es imposible”. Yo pensé para mi, ¡veremos si es imposible o no!

Comencé a empujar mi bici por un estrecho y empinado sendero. Al poco tiempo este sendero se encajonaba y estrechaba tanto que no pasaba mi bici con las alforjas, el suelo estaba embarrado. Quite las alforjas de la bici y durante un buen rato tuve que subir primero la bici, la dejaba y bajaba a por las alforjas y de nuevo vuelta a empezar, bici, alforjas, bici, alforjas… Pensé como sean así los 7 kilómetros que me han dicho que está malo.....Pero para mi suerte fueron no más de 1´5 km. Luego aunque era imposible pedalear, podía llevar de una vez mi bici y las alforjas. Atravesé riachuelos, zonas súper embarradas donde me hundía hasta los tobillos y la bici con el peso se quedaba clavada. Pero después de unas tres horas, lo había conseguido. Había recorrido los 7 kilómetros y llegado al cartel de bienvenido a Chile. Comenzó a llover. Monté la carpa y allí entre las dos fronteras pase la lluviosa noche. Pensé lo he conseguido, ya solo me quedan unos 15 kilómetros hasta la aduana chilena y según me habían informado, aunque eran malos, se podía pedalear por ellos. Allí en la tienda cocine y comí, era la comida, la merienda y la cena.

Cuando estaba allí en la tienda en medio de la nada pensé o más que pensar me invadió una sensación de libertad, difícil de explicar: me sentía libre, en mi pasaporte español, estaba sellada la salida de Argentina pero no la entrada a Chile, la tienda de campaña, en esos momentos mi casa, estaba armada entre el cartel de cartel de bienvenido a Chile y al de bienvenido a Argentina. Por lo cual estaba en el mundo, pero no en ningún estado, ni el chileno, ni el argentino ni claro está, tampoco en el español. Así que por unas horas fui habitante del mundo se puede decir que sin “nacionalidad”. Esto ya me había pasado una vez, no sé si son lectores de mi blog, pero cuando recorrí la Ruta de la Seda en bici, al cruzar la frontera entre Tayikistán y Kirguizistán, también me pasó lo mismo, pasé una noche en tierra de nadie, pero aquella vez no pensé en nada, suficiente tenia con sujetar dos trozos de patatas uno en cada uno de mis ojos, para mitigar el dolor y escozor de la ceguera transitoria producida por la nieve y la altura.

Pero volvamos al tema, allí en medio de la montaña y entre dos países pasé la noche, por la mañana seguía lloviendo. Pasé mucho tiempo metido en mi "casita" sobre las 11:30 dejó de llover, me levanté, desayuné y empecé a recoger el equipaje. Cuando estaba guardando el saco de dormir oigo: Carlos, Carlos. Me sorprendió, allá en medio de todo y de nada, oír mi nombre, giré la cabeza y vi a Daniel y su bici, un suizo que había conocido en las Torres del Paine. Me esperó a que recogiera y juntos empezamos a pedalear hacia la frontera chilena. Cuando llevábamos un ratito de dar pedales divisamos el imponente lago O´Higinis, y descendimos por una espectacular bajada hasta llegar al puesto fronterizo donde nos sellaron la entrada a Chile.

Acampamos, ya que teníamos que esperar al barco que hasta el día siguiente no llegaba, poco a poco fueron llegando algunos cicloviajeros y algún mochilero. A las 5 de la tarde del día siguiente, llegó el esperado barquito, que nos llevaría a Villa O´higinis. Este pequeño barco, salé tres veces por semana de la Villa y hace un tour hasta el glaciar del mismo nombre que la villa es decir O´higinis, donde empieza en campo de hielos sur, según dicen unos de los más grandes de mundo, por detrás de la Antártica y de Groenlandia. A la vuelta de este tour, para en el pequeño puerto, donde nos encontrábamos Daniel y yo y alguno otro más cicloviajero y mochilero, para recoger a la gente que por su presupuesto de viaje no se puede permitir pagar los 75.000 pesos chilenos que cuesta el tour y si los 40.000 pesos que cuesta es simple traslado. Para que se hagan una idea unos 630 pesos chilenos es 1 euro. Al subirnos al barco, note un ambiente extraño. Había como dos grupos bien diferenciados de gentes, unos los mochileros que su tema de conversión era lo caro que era el barco y otro tipo de gentes los que venían de visitar el Glaciar, por lo general eran familias, muy numerosas con más de 5 o 6 hijos, de santiaguinos, que se les veía contentos por haber tomado un Whisky, que les ofrece el barco con hielo milenario del glaciar, que según ellos es el más bonito de todo chile.

En el traslado en barco yo me mareé. Debido al fuerte viento, había gran oleaje y el barco se movía mucho. Pero no fui el único, muchas personas vomitaron el wisky que habían tomado con el hielo milenario. Yo por lo menos no vomite, pero los pase francamente mal.

Por fin legamos a Villa O´higinis. pedaleé los 8 km que separan el pequeño puerto y el pequeño pueblo donde finaliza la carretera Austral. Así que en un día comenzaré a pedalear de nuevo.

Salud.

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Soy Carlos Zapatera,
un segoviano que aún conserva sus propios sueños,
sus propias ilusiones
y muchas ganas de aventura.

Hace unos meses realicé la Ruta de la Seda,
de Estambul a China, en bicicleta,
podeis leer mis peripecias de ese viaje en
http://carloszapatera.wordpress.com/

Ahora me enfrento a una nueva aventura y a un nuevo reto personal:
recorrer los Andes, las llamadas carreteras Austral y Panamericana, en "bici".

¡¡¡Estáis invitados a dar pedales conmigo!!!

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