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22
Feb 2009

LA CRISIS

Escrito por: carmen-palmierisarg el 22 Feb 2009 - URL Permanente

Hace unos días leí una nota en uno de nuestros diarios en la que mencionaban algunos cambios a los que ha tenido que adaptarse la sociedad gringa ahora que la crisis está apretando. Pérdida de empleos (para mí, lo peor que nos puede suceder después de perder a un ser amado), disminución del poder adquisitivo, pérdida de casas y autos, todo aquello que implica disminución del nivel de vida y aumento de las ansiedades, angustias y depresiones.

Ello me llevó al pasado, a una época que vivimos hace ya más de veinticinco años, en la que la falta de trabajo limitó mi propia vida y tuve que dedicarme a vivir en casa, desarrollando sólo las tareas domésticas, además de la siempre grata de cuidar a mi hija, en ese entonces de tres o cuatro años. Compartíamos la vida con nuestro amado tío Paco, quien acababa de sufrir una separación importante y decidió quedarse en esta ciudad, con nosotras.

Nuestro exiguo presupuesto se limitó, entonces, a lo básico y absolutamente necesario. Salvo por el pago del kinder a donde mi hija asistía, no teníamos ningún gasto mayor. Y después del periodo de adaptación, empecé a disfrutar de esa vida sencilla y natural.

La casa que habitábamos tenía un hermoso patio trasero y en él habían árboles y rosales que hacían nuestra vida placentera. El padre de mi hija consiguió una tabla que ató a una rama fuerte con gruesos lazos y la niña se volvió loca de alegría con su propio columpio al que corría constantemente cuando estaba en casa. Teníamos duraznos y nísperos (de los nuestros, chapines) y una hermosa mata de frambuesas. Ya que el patio era grande y no todo estaba ocupado ni jardinizado, hicimos tablones de zanahorias, rábanos, cebollas, pimientos y hierbas aromáticas, que utilizábamos en nuestra alimentación diaria. Era sumamente agradable salir al patio y volver a la cocina con aquellos verdes, rojos y naranjas frescos entre las manos.

Ya que nuestra posibilidad de gastos era poca en cuanto a salir a divertirnos a la ciudad (vivíamos en un municipio vecino), nuestras tardes de fin de semana las pasábamos caminando hacia un campo baldío cercano a casa, por donde atravesábamos hasta una abarrotería. Allí comprábamos algún helado, un litro de Coca-Cola, pan dulce y alguna otra cosita más, para volver conversando los tres adultos, mientras la niña corría contenta en nuestra compañía.

Ahora, a la distancia, puedo revivir ese tiempo tan lleno de afecto, sana compañía, dulce amor, frescas conversaciones y conciencia plena de lo que el exceso de plata hace con nuestras vidas. En cuanto recibimos más de lo que necesitamos, cada cual asume sus propios gustos -ya no conjuntos- y actividades y ese compacto grupo que nace de la necesidad de compartir tiempo, espacio y recursos, se disuelve.

La crisis nos alcanzará en algún momento, es verdad. Y probablemente tengamos que acudir unos a otros, ajustar nuestros presupuestos, adaptar nuestra vida a algunos recortes, cambiar de actividades, compartir espacios y, quizás, volver a vivir con los que ahora ya viven aparte.

Las cosas serán fáciles o difíciles de llevar, todo dependerá de nuestra actitud para salir adelante. Y el amor es el ingrediente que obra maravillas.

14
Dic 2008

La globalización

Escrito por: carmen-palmierisarg el 14 Dic 2008 - URL Permanente


Uno de los libros que más me ha impresionado (lo comenté hace algunas semanas) ha sido La Tierra es Plana, de Thomas Friedman, Ediciones Martínez Roca, 2006. Escrito en un fácil y entretenido lenguaje, relata paso a paso la toma de conciencia del autor acerca de cómo la globalización ha logrado aplanar al planeta. Un comentario interesante acerca del libro puede ser leído en http://lepisma.liblit.com/2006/04/04/thomas-friedman-la-tierra-es-plana/.

Todos los días somos testigos de este aplanamiento con, simplemente, encender nuestra computadora y leer las noticias de cualquier parte del mundo en nuestra propia casa, por ejemplo, para mantenernos "al día" de lo que sucede en cualquier lugar de la Tierra. Escuchamos la música más moderna casi desde el mismo momento de su lanzamiento -si no logran "piratearla" antes de que eso ocurra- y nuestros amigos virtuales viven en lugares tan lejanos como la Patagonia argentina o Singapur; podemos hablar diariamente con nuestros familiares lejanos a la hora que se nos cante durante TODOS LOS DÍAS del año y comprar por internet lo que hemos buscado en nuestra ciudad sin encontrarlo, por unos pocos dólares de recargo al precio en plaza.

Todo llega a cualquier lugar... o casi. Pero ese casi es cada vez menor.

Esta noche, en mi ciudad, se llevó a cabo una de las celebraciones navideñas de más arraigo en Guatemala: la noche de Las Luces Campero. Éste es un "regalo" de una empresa guatemalteca -Pollo Campero http://www.campero.com/menu.php- que prepara y vende pollo con un exquisito sabor chapín, presente en nuestro mercado desde principios de los años 70 y que ahora cuenta con más de 180 puntos de venta (restaurantes y kioskos) en el país, habiéndose extendido a El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, México, Estados Unidos, España, Indonesia y China (para continuar con el tema de la globalización). Volviendo al punto, todos los años un par de semanas antes de Navidad, hay un show de luces tal y como también se acostumbra en Montevideo y que, según me enteré recién, también se desarrolló esta noche. Linda manera de regalar, a todo el que desee verla, una noche llena de color y formas... y gratuitamente.

Claro, la globalización también tiene otros "apartados". Como el narcotráfico. Que ahora América Latina (especialmente México y Centro América) están exportando para Europa, con entrada por España, en donde la inmigración latina es alta. Pasarán desapercibidos hasta que la violencia, el crimen y el horror lleguen galopando, así como ya lo hacen en nuestros territorios, enraizándose en los poderes del Estado con sus infinitas arcas tentadoras y corruptas. Me pregunto si cuando los asesinatos dantescos aparezcan en las ciudades europeas, sus ciudadanos seguirán pensando en los derechos humanos de los criminales así como lo hacen ahora, cuando en nuestras tercermundistas sociedades tenemos que enfrentar a estas lacras inhumanas y buscamos, desesperadamente, la manera de defendernos.

El crimen organizado siembra terror. No son solamente los islamitas fanáticos los que matan indiscriminadamente o los que planifican matanzas para hacerse notar. Los cárteles de la droga luchan abiertamente por ganar espacios y en esa pelea constante arrasan con familias enteras, amenazan poblaciones grandes y pequeñas y sus tentáculos están tan asidos al poder gubernamental, político y económico, que da hasta miedo pensar qué tan cerca están de una misma. Nadie sabe si, cuando se les critica, hay en el grupo de amigos uno de estos monstruos escuchando o participando de la conversación.

Y una situación más que se da en esta ciudad y que, con sorpresa, descubro esta noche que se inició también en Montevideo: el asesinato de conductores del servicio público de transporte. En Guatemala, sólo en este año, han sido asesinados 122 choferes y 46 ayudantes de estos, por no pagar las extorsiones que les son exigidas; pero también, simplemente, para sembrar el terror entre los ciudadanos, para demostrar fuerza. Claro que la situación entre una y otra ciudad no es igual, pero habrá que tener bien abiertos los ojos para asegurarse que los niveles de criminalidad en Uruguay sean frenados antes de que sean incontrolables, como lamentablemente ya lo son en Centro América y México.

La globalización, con sus lados antagónicos, con su luz y sombra, ha llegado y se quedó para siempre. Este mundo no volverá a ser el mismo de hace veinte años, ¡jamás! Pero también es cierto que no hay mal que dure cien años ni enfermo que lo soporte. Tal vez mi generación ya no verá llegar el remedio a la parte negativa de este nuevo orden de cosas, pero llegará, de eso estoy segura.

Y mientras eso sucede, a pesar de vivir en sociedades violentas y corruptas, los centroamericanos también encontramos motivos para vivir, crecer, desarrollarnos y ser felices. También celebramos y disfrutamos, compartimos amor, alegría y bienestar.

Y les deseamos -y nos deseamos- una feliz Navidad y un año nuevo lleno de oportunidades para cambiar lo malo y hacer permanecer todo lo bueno que tenemos.

26
Oct 2008

¿ESTAMOS DISPUESTOS?

Escrito por: carmen-palmierisarg el 26 Oct 2008 - URL Permanente

La crisis, la tan ya famosa crisis, se nos viene encima. Es difícil -desde esta butaca- darse cuenta de qué tanto está azotando ya.

Empezamos protestando por el valor de la gasolina, que subió sin ningún reparo, para luego fijar los ojos en cada página del diario que nos trae noticias de todos los rincones del planeta relacionados con la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias.

A veces, entre el maremágnum de análisis negativos, deprimentes o fatalistas, aparece algún iluminado que nos dice "¡Alto! Las cosas no serán como se supone que sean..." y hace una profusa lista de semejanzas o diferencias entre las condiciones de los años de la depresión del siglo pasado y las actuales.

En cuanto empiezo a sentir que me falta el aire o el corazón me late desbocado por la impresión, prefiero interrumpir la lectura y buscar otra cosa en qué fijar mi atención, para tener tiempo de retomar el control de mis pensamientos.

Pero, decía, no puedo saber qué tanto está golpeando ya la crisis, porque para mi bien, mis condiciones laborales son buenas y espero y deseo que se mantengan estables. Sin embargo, ayer leí que más de cien mil puestos de trabajo se perderán en la industria de la construcción en mi país. http://www.prensalibre.com/pl/2008/octubre/23/271707.html

Cuántos más lo serán, cuando la situación internacional empeore y se vean afectadas las remesas, las exportaciones, el turismo... Y las plazas de trabajo empiecen a reducirse.

Ya las conversaciones giran alrededor del tema trabajo. Y no falta quien me sorprenda cuando dice que buscará algo mejor remunerado y con menos responsabilidades, pues sabemos que "allá afuera, en la calle, la cosa está seria". Claro, inconscientes siempre habrá.

Los cambios se vienen, es un hecho. Y las empresas -chicas o grandes- buscarán ser eficientes, muy eficientes. Muy probablemente disminuirán la cantidad de personal y las nuevas contrataciones serán pocas, si no "se congelan" las plazas vacantes. La iniciativa privada, los inversionistas, no tienen ninguna licenciatura en amor al prójimo al estilo de la Madre Teresa, por lo que se ajustarán muchos cinturones, de arriba a abajo.

Y los trabajadores, ¿qué haremos? Trabajar. Dignamente, a conciencia, responsablemente. Con crisis o sin ella, nos pagan un sueldo para trabajar y, por supuesto, para hacerlo bien. Las vacaciones pagadas son tres semanas al año, no las cuarenta y nueve restantes.

Y si tenemos la suerte de hacer lo que nos gusta, estoy segura que no sentiremos ninguna diferencia. Porque -tal como conversaba ayer con una compañera de trabajo cuando ella me decía que no todo el mundo tiene "la suerte" de trabajar en lo que le gusta- pienso que es una cuestión de actitud: si es lo que tengo que hacer durante ocho horas diarias, como mínimo, es mejor que empiece a gustarme.

Si nuestro trabajo nos permite tener dinero para comer; para que nuestros hijos estudien y se desarrollen; para vestirnos; para cuidarnos la salud física, mental y emocional; para ayudar a nuestra familia; y, si se puede distraer un poco de plata en eso, divertirnos y emanciparnos de la rutina, ¿cómo no vamos a sentirnos motivados para cumplir a gusto con nuestras obligaciones? Claro, no todo en el trabajo es miel sobre hojuelas, a veces encontramos obstáculos en el camino, pero nadie nos dijo que sería el paraíso.

La vida, toda, nos presenta retos permanentemente. Como dicen los chinos, la crisis no es otra cosa más que una amenaza que trae consigo oportunidades para cambiar, para aprender, para vivir.

Enfrentaremos la crisis, sí. Seguramente a unos nos será más complicado, a otros nos será menos difícil, pero todos tendremos que abrirnos al cambio, adaptarnos a nuevas maneras de vida, tal vez a vivir con moderación o austeridad. Porque habrán millones que sobrevivirán, nada más, diariamente, sin mayores esperanzas. Ojalá nosotros estemos dispuestos al cambio.

De lo contrario, la crisis será una amenaza que se cumpla en nosotros mismos.

Carmen Palmieri Sarg

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