Debido a una serie de apagones provocados por una tormenta eléctrica, el Outlook Express de mi PC dejó de funcionar y no logré "revivirlo" de ninguna manera.
Un técnico amigo, muy eficiente pero lleno de trabajo, me ayudó a resolver el problema pero esto se llevó doce días. Durante ese tiempo estuve alejada del mundo virtual, al menos desde este rincón en casa desde donde diariamente me comunico con los familiares y amigos lejanos, me entero de las noticias mundiales, trabajo en la revista, me divierto con las ocurrencias que llegan hasta mi correo y también profundizo y aprendo en temas que siempre me interesaron pero que antes no pude tener a mano y que Internet acerca a mis pupilas; o de los nuevos intereses que van surgiendo con las novedades tecnológicas que hacen que nuestra vida cambie su rutina sin estar nosotros mismos muy conscientes de ello.
Pues bien, decía, durante estas casi dos semanas volví a la vida real. Un enfrentamiento con la televisión que no superó las cuatro horas en todas estas noches, pero que disfruté al ver algún programa cómico livianito; también salí con mis hijos a efectuar unos cuantos trámites, búsquedas, cotizaciones, compras y todo lo que pueda necesitarse en un hogar joven. Retomé las reuniones con amigas de muchos años, ex-compañeras de trabajo, con quienes he compartido diversidad de experiencias, desde nacimiento de sus hijos, hasta el adiós definitivo a los padres; llegadas y partidas desde y hacia otras empresas, lo que ha hecho que nuestro círculo se amplíe y crezca, amigas que son también madres, hermanas, hijas, esposas y amantes, con quien también me une la dicha de haber nacido en esta tierra que todas amamos.
Y ya que el tiempo daba para ampliar las actividades, también vi películas -algunas rentadas, otras compradas- nuevas o antiguas, que me deleitaron grandemente. Disfruté por incontable ocasión con el performance de Sean Connery en El nombre de la Rosa, aquella fabulosa cinta basada en la novela del mismo nombre de Umberto Eco; o con Robin Williams en What Dreams May Come, una variación absolutamente fantástica sobre La Divina Comedia de Dante, pero con el maravilloso agregado de los efectos especiales digitales, que le valieron un Oscar en 1998.
Y hablando de cine, anoche fuimos a ver el último estreno: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull. Por supuesto, es una película de aventuras y a muchos no les importarán algunos "detalles", pero la verdad es que esta historia está plagada de errores y horrores geográficos, históricos, lingüísticos, cronológicos y hasta de rodaje, lo cual es lamentable. A Indiana Jones lo conocimos hace 30 años, cuando la información no nos llegaba fácilmente, como ahora, así que nos conformábamos con lo que nos daban, para bien o para mal. Tanto nuestra edad de entonces, como la vida misma, nos hacían no profundizar, probablemente, en muchas datos que ahora se han vuelto importantes para nosotros; o quizás, pienso, antes no los conocíamos y ahora sí. Sin embargo, cualquier joven que curse la secundaria podrá darse cuenta de muchos datos erróneos en la cinta.