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16
Sep 2009

LEONEL

Escrito por: carmen-palmierisarg el 16 Sep 2009 - URL Permanente

Por aquellos años sesenteros, él era un muchacho exitoso. A sus diecinueve años era DJ de una de las radios más escuchadas por la patojada de esta ciudad. Su presencia en el micrófono era dulce, romántica pero dominante, conocía muy bien el gusto y la moda musical del momento y sus admiradores aumentaban día a día.

Lo conocí unos pocos días antes de yo cumplir quince años, cuando acompañó a un amigo mutuo a visitarme. Su mirada penetrante me conquistó enseguida y lo que empezó como un simple enamoramiento, se transformó -con los años- en un cariño profundo y sincero, después de haber finalizado el tiempo turbulento de los celos y la inmadurez.

Su carrera como DJ se diversificó, su trabajo se hizo más serio y cuando parecía que todo estaba bien, fue diagnosticado con esclerosis múltiple. Recuerdo muy bien cuando me lo contó, con una mezcla de desesperación y rabia. En ese momento, los médicos le dieron diez años de vida. De eso, hace más de treinta... y todos los médicos que lo diagnosticaron, no están más en este plano.

Durante todos es años, largos y áridos en muchos sentidos, él ha sido el ejemplo de persistencia, amor a la vida, valentía y coraje. Jamás vi a nadie que venciera a la adversidad como él lo hace.

Ayer lo visité y hablamos mucho. Del pasado, del presente. El futuro, como muy bien sabemos, no existe. Y eso Leonel lo tiene claro. El futuro es nada más un pensamiento y para él, ni eso, no le otorga importancia. Se limita a vivir, como debe ser, el día a día. Momento a momento.

Ayuda a otras personas con dificultades similares, con conflictos adictivos, con enormes demonios. Y de esa manera, logra mantener los suyos bajo control.

Su vida tuvo que modificarse y le presentó la urgencia de cambiar de rumbo y de actividades. Lo obligó a renunciar a todo lo que cualquiera anhela o posee. Pero en esa renuncia encontró que hay otras maneras de vivir, desconocidas para la mayoría de nosotros, inconscientes de ellas. Y desde allí, con su enorme energía, la misma mirada profunda, la sonrisa luminosa y arrobadora, continúa Viviendo -con mayúscula- y haciendo que los que estamos, de alguna manera, ligados a él, vivamos también en su ejemplo, admirándole.

Una historia maravillosa que no se encuentra todos los días. Una vida que tocó la mía y que, agradecida, mantengo firme a mi lado.

25
Dic 2008

LOS AROMAS NAVIDEÑOS

Escrito por: carmen-palmierisarg el 25 Dic 2008 - URL Permanente

Los recuerdos vienen mejor, se hacen más profundos y vívidos si son acompañados por un aroma. Entonces se concretan, se hacen verdad, se materializan en toda su magnitud, reviviéndose plenamente, casi haciéndose realidad.

La temporada prenavideña es rica en recordaciones. Desde que diciembre toca a la puerta y comemos los buñuelos para la tarde del 7, cuando quemamos al Diablo guardado en nuestras casas y almas, las imágenes de años pasados llegan galopando a través de las pupilas del alma. Los días azules y brillantes con el viento frío de las tardes o las bajas temperaturas de las madrugadas que nos pone la piel de gallina nuevamente, pero que se transforma en calidez al medio día. Las caminatas detrás de San José y la Virgen buscando abrigo, de casa en casa, para las posadas, acompasados por los pitos y las tortugas. O el estruendo de las "ametralladoras" quemadas una tras otra a las 12:00 de la noche, en un atronador preámbulo a los abrazos entretejidos en sonrisas y lágrimas de esperanza o nostalgia. Pero los aromas, los aromas...

¿Qué guatemalteco puede pensar en una Nochebuena sin el olor del pino regado en el piso? ¿O los hilos de manzanillas rodeando el pie del árbol de Navidad? ¿Qué tal el intenso aroma del pinabete, único en el mundo, que satura el ambiente y que se siente nuevo cada mañana, cuando nos levantamos de dormir? Ni hablar del olor de las hojas guardando el tamal, con el sibaque atándolos con delicada firmeza; o el humeante ponche de frutas y canela, tomado con avidez para que el frío abandone nuestro cuerpo. O el húmedo olor del musgo, acompañando al aserrín de colores que sirve de decoración de nuestros nacimientos, tan vistosos y cálidos.

Cada ser humano guarda en su corazón la Nochebuena más querida. Cada uno de nosotros tiene atesorada su Navidad preferida. Pero en todas, seguramente, está la imagen de nuestra amada familia, la de los que real y profundamente amamos. De los que nos enseñaron a amar nuestras tradiciones y costumbres, con su ejemplo y su amor.

Por los que ya no están con nosotros, los ausentes más amados, brindemos esta noche en compañía de los que todavía están. Compartamos nuestra mesa con alegría, agradezcamos el mejor de los regalos, la vida. Y abracemos y besemos a los que amamos en una celebración maravillosa por el Amor. Seamos creyentes o no, esta temporada es acerca de esto. Y la felicidad de vivirla sin cortapisas no tiene comparación.

¡Feliz Navidad a todos!

14
Dic 2008

La globalización

Escrito por: carmen-palmierisarg el 14 Dic 2008 - URL Permanente


Uno de los libros que más me ha impresionado (lo comenté hace algunas semanas) ha sido La Tierra es Plana, de Thomas Friedman, Ediciones Martínez Roca, 2006. Escrito en un fácil y entretenido lenguaje, relata paso a paso la toma de conciencia del autor acerca de cómo la globalización ha logrado aplanar al planeta. Un comentario interesante acerca del libro puede ser leído en http://lepisma.liblit.com/2006/04/04/thomas-friedman-la-tierra-es-plana/.

Todos los días somos testigos de este aplanamiento con, simplemente, encender nuestra computadora y leer las noticias de cualquier parte del mundo en nuestra propia casa, por ejemplo, para mantenernos "al día" de lo que sucede en cualquier lugar de la Tierra. Escuchamos la música más moderna casi desde el mismo momento de su lanzamiento -si no logran "piratearla" antes de que eso ocurra- y nuestros amigos virtuales viven en lugares tan lejanos como la Patagonia argentina o Singapur; podemos hablar diariamente con nuestros familiares lejanos a la hora que se nos cante durante TODOS LOS DÍAS del año y comprar por internet lo que hemos buscado en nuestra ciudad sin encontrarlo, por unos pocos dólares de recargo al precio en plaza.

Todo llega a cualquier lugar... o casi. Pero ese casi es cada vez menor.

Esta noche, en mi ciudad, se llevó a cabo una de las celebraciones navideñas de más arraigo en Guatemala: la noche de Las Luces Campero. Éste es un "regalo" de una empresa guatemalteca -Pollo Campero http://www.campero.com/menu.php- que prepara y vende pollo con un exquisito sabor chapín, presente en nuestro mercado desde principios de los años 70 y que ahora cuenta con más de 180 puntos de venta (restaurantes y kioskos) en el país, habiéndose extendido a El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, México, Estados Unidos, España, Indonesia y China (para continuar con el tema de la globalización). Volviendo al punto, todos los años un par de semanas antes de Navidad, hay un show de luces tal y como también se acostumbra en Montevideo y que, según me enteré recién, también se desarrolló esta noche. Linda manera de regalar, a todo el que desee verla, una noche llena de color y formas... y gratuitamente.

Claro, la globalización también tiene otros "apartados". Como el narcotráfico. Que ahora América Latina (especialmente México y Centro América) están exportando para Europa, con entrada por España, en donde la inmigración latina es alta. Pasarán desapercibidos hasta que la violencia, el crimen y el horror lleguen galopando, así como ya lo hacen en nuestros territorios, enraizándose en los poderes del Estado con sus infinitas arcas tentadoras y corruptas. Me pregunto si cuando los asesinatos dantescos aparezcan en las ciudades europeas, sus ciudadanos seguirán pensando en los derechos humanos de los criminales así como lo hacen ahora, cuando en nuestras tercermundistas sociedades tenemos que enfrentar a estas lacras inhumanas y buscamos, desesperadamente, la manera de defendernos.

El crimen organizado siembra terror. No son solamente los islamitas fanáticos los que matan indiscriminadamente o los que planifican matanzas para hacerse notar. Los cárteles de la droga luchan abiertamente por ganar espacios y en esa pelea constante arrasan con familias enteras, amenazan poblaciones grandes y pequeñas y sus tentáculos están tan asidos al poder gubernamental, político y económico, que da hasta miedo pensar qué tan cerca están de una misma. Nadie sabe si, cuando se les critica, hay en el grupo de amigos uno de estos monstruos escuchando o participando de la conversación.

Y una situación más que se da en esta ciudad y que, con sorpresa, descubro esta noche que se inició también en Montevideo: el asesinato de conductores del servicio público de transporte. En Guatemala, sólo en este año, han sido asesinados 122 choferes y 46 ayudantes de estos, por no pagar las extorsiones que les son exigidas; pero también, simplemente, para sembrar el terror entre los ciudadanos, para demostrar fuerza. Claro que la situación entre una y otra ciudad no es igual, pero habrá que tener bien abiertos los ojos para asegurarse que los niveles de criminalidad en Uruguay sean frenados antes de que sean incontrolables, como lamentablemente ya lo son en Centro América y México.

La globalización, con sus lados antagónicos, con su luz y sombra, ha llegado y se quedó para siempre. Este mundo no volverá a ser el mismo de hace veinte años, ¡jamás! Pero también es cierto que no hay mal que dure cien años ni enfermo que lo soporte. Tal vez mi generación ya no verá llegar el remedio a la parte negativa de este nuevo orden de cosas, pero llegará, de eso estoy segura.

Y mientras eso sucede, a pesar de vivir en sociedades violentas y corruptas, los centroamericanos también encontramos motivos para vivir, crecer, desarrollarnos y ser felices. También celebramos y disfrutamos, compartimos amor, alegría y bienestar.

Y les deseamos -y nos deseamos- una feliz Navidad y un año nuevo lleno de oportunidades para cambiar lo malo y hacer permanecer todo lo bueno que tenemos.

25
May 2008

EL RETORNO

Escrito por: carmen-palmierisarg el 25 May 2008 - URL Permanente

Debido a una serie de apagones provocados por una tormenta eléctrica, el Outlook Express de mi PC dejó de funcionar y no logré "revivirlo" de ninguna manera.

Un técnico amigo, muy eficiente pero lleno de trabajo, me ayudó a resolver el problema pero esto se llevó doce días. Durante ese tiempo estuve alejada del mundo virtual, al menos desde este rincón en casa desde donde diariamente me comunico con los familiares y amigos lejanos, me entero de las noticias mundiales, trabajo en la revista, me divierto con las ocurrencias que llegan hasta mi correo y también profundizo y aprendo en temas que siempre me interesaron pero que antes no pude tener a mano y que Internet acerca a mis pupilas; o de los nuevos intereses que van surgiendo con las novedades tecnológicas que hacen que nuestra vida cambie su rutina sin estar nosotros mismos muy conscientes de ello.

Pues bien, decía, durante estas casi dos semanas volví a la vida real. Un enfrentamiento con la televisión que no superó las cuatro horas en todas estas noches, pero que disfruté al ver algún programa cómico livianito; también salí con mis hijos a efectuar unos cuantos trámites, búsquedas, cotizaciones, compras y todo lo que pueda necesitarse en un hogar joven. Retomé las reuniones con amigas de muchos años, ex-compañeras de trabajo, con quienes he compartido diversidad de experiencias, desde nacimiento de sus hijos, hasta el adiós definitivo a los padres; llegadas y partidas desde y hacia otras empresas, lo que ha hecho que nuestro círculo se amplíe y crezca, amigas que son también madres, hermanas, hijas, esposas y amantes, con quien también me une la dicha de haber nacido en esta tierra que todas amamos.

Y ya que el tiempo daba para ampliar las actividades, también vi películas -algunas rentadas, otras compradas- nuevas o antiguas, que me deleitaron grandemente. Disfruté por incontable ocasión con el performance de Sean Connery en El nombre de la Rosa, aquella fabulosa cinta basada en la novela del mismo nombre de Umberto Eco; o con Robin Williams en What Dreams May Come, una variación absolutamente fantástica sobre La Divina Comedia de Dante, pero con el maravilloso agregado de los efectos especiales digitales, que le valieron un Oscar en 1998.

Y hablando de cine, anoche fuimos a ver el último estreno: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull. Por supuesto, es una película de aventuras y a muchos no les importarán algunos "detalles", pero la verdad es que esta historia está plagada de errores y horrores geográficos, históricos, lingüísticos, cronológicos y hasta de rodaje, lo cual es lamentable. A Indiana Jones lo conocimos hace 30 años, cuando la información no nos llegaba fácilmente, como ahora, así que nos conformábamos con lo que nos daban, para bien o para mal. Tanto nuestra edad de entonces, como la vida misma, nos hacían no profundizar, probablemente, en muchas datos que ahora se han vuelto importantes para nosotros; o quizás, pienso, antes no los conocíamos y ahora sí. Sin embargo, cualquier joven que curse la secundaria podrá darse cuenta de muchos datos erróneos en la cinta.

Pero para efectos prácticos -y lógicos- Harrison Ford, con más de 60 años, todavía tiene agilidad para saltar, brincar, casi volar, nadar, sumergirse y demás. Karen Allen, a pesar de sus años y libras de más, conserva la fresca picardía en la mirada. Cate Blanchett desarrolla el personaje de Irina Spalko, con todas las aristas que no comentaré, a la espera de que cuando ustedes vayan a verla formen su propio criterio sin influencias de ningún tipo. El final, absolutamente fantástico -faltaba más- con efectos visuales muy buenos al igual que la escenografía, derrochando color y sonido, no es más que el resumen de todos los temas, increíblemente mezclados durante un poquito más de dos horas. Vayan a verla, aunque sea por recordar al Indiana Jones de hace treinta años y concederle a esta cinta un suspiro de melancolía...

Y ahora, con la pc funcionando otra vez y en casa, sólo puedo decirles que volver a la vida real ha sido fabuloso. Mucho de lo que abandoné por la vida virtual, volvió a mí con fuerza y alegría. No significa abandonar una vida por la otra, no, sino encontrar el sano equilibrio entre las dos y sacar la mayor y mejor ventaja para ser feliz.

Que tengan un buen fin de semana.

27
Abr 2008

CONDUCIR EN GUATEMALA

Escrito por: carmen-palmierisarg el 27 Abr 2008 - URL Permanente

Tener licencia de conducir fue mi sueño desde muy joven. Sin embargo, en aquella época eran pocas las mujeres que tenían una y mi padre no estaba muy dispuesto a prestarnos su camionetilla Peugeot, a mis hermanas y a mí, para que aprendiésemos a "manejar".

De esa suerte es que me puse detrás de un "timón", cuando tenía 33 ó 34 años, no recuerdo exactamente, cuando ya mi hija estaba asistiendo a la primaria y se hacía necesario que yo participara en algunas reuniones con las maestras o que, si el transporte escolar la dejaba porque saliera tarde, pudiera llevarla en mi propio vehículo... cuando lo adquiriera.

En fin, lo cierto es que a los treinta y cinco años, con la licencia de conducir respectiva, heredé de mi padre su automóvil Audi, que me sirvió durante siete años más, hasta que no pudo con sus edad. Era como sentarme en la sala de casa y movilizarme entre las calles de mi ciudad, que le quedaban un poco angostas a mi "carrote" azul.

Con el tiempo y otro modelo en el medio, adquirí un Yaris Hatchback con el que me transporto actualmente. Una maravilla de la tecnología japonesa, que hace 70 kms. por galón y que cabe en lugares y espacios por los que otras marcas y modelos no pueden aspirar a pasar.

Me gusta conducir, ser dueña de mi tiempo y mi movilidad y no depender de nadie. En esta ciudad no es fácil trasladarse de un lado a otro, pues el transporte público deja mucho que desear. Las unidades son antiguas, están en mal estado, el riesgo que se corre en cuanto a seguridad es alto y los choferes son de pronóstico.

En mi camino a la oficina, todas las mañana, paso por el centro histórico de nuestra capital y en no pocas ocasiones tengo que detener la marcha porque los señores "camioneteros" se colocan de tres en fondo, a lo ancho de calles y avenidas, sin importarles si el semáforo está en rojo o en verde, para subir o bajar "pasaje". Puede verse a no pocos ciudadanos corriendo entre los viejos autobuses, para agarrarse del pescante y, brincando, entrar al autobús. O dejarse caer, con los buses todavía en lenta marcha, para correr entre ellos, con los rostros acalorados y los ojos desorbitados, buscando ansiosos llegar a la orilla de la acera y ponerse a salvo.

A este terrible mal debemos sumar a los despistados automovilistas, los que llegan a la bocacalle a esperar a que el semáforo les dé luz verde para avanzar; cuando el momento llega, ellos parecieran reaccionar sólo por el surtido de bocinazos que los despierta del letargo y se les ve moverse dentro de su auto, buscando nerviosamente la palanca de velocidades, como si no supieran en dónde quedó "la primera". Finalmente arrancan, cuando ya han transcurrido 10 valiosos de los 30 segundos que dura cada cambio de luz, haciéndose acreedores a una ensarta de epítetos.

Sigo conduciendo y, repentinamente, me encuentro con un enjambre... o casi. Son los motociclistas -cobradores, mensajeros, repartidores de comida rápida- que van jugando a quién vuela entre todos los vehículos que transitamos por nuestras calles. Parecen como moscas que se pudieran espantar con la mano, para tratar de quitarlos del medio.

Continúo por mi camino, algún semáforo descompasado me marca el alto, a pesar de que durante cuadras traía el verde. Paro, pongo el neutro pero me mantengo atenta a cuando empiece a titilar la luz verde en el otro sentido, para poner primera y arrancar en el momento en que me sea marcada a mí. Pero entonces, resulta, que un peatón arriesgado llega a la esquina y mira: primero el semáforo que le marca a él, luego el que marca a la otra vía... ¡y se decide a cruzar un segundo antes de que el amarillo aparezca! Y camina entre presuroso y divertido, quizás pensando en que, en ese momento, es dueño de la situación. Entre corriendo y andando, con un andar desafiante pero también tambaleante, llega al otro lado y todos los vehículos arrancamos detrás de su último paso, para tratar de llegar al verde de la cuadra siguiente.

Finalmente, cuando ¡por fin! logro llegar a la oficina, pasé de la serenidad de mis más de cincuenta años a la histeria de una bruja blancanievera, riendo como loca y lanzando maldiciones. Pero, la verdad, tengo que reconocer que nada se compara con la aventura diaria de conducir en mi ciudad... ¡y salir viva en el intento!

Carmen Palmieri Sarg

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