15
Jun 2013

Tony Judt: Historia e historiadores

Escrito por: ccampos1946 el 15 Jun 2013 - URL Permanente

Tony Judt y su familia

Reedito con sentimientos encontrados mi entrada del 25 de agosto de 2011 dedicada a la memoria del historiador británico Tony Judt. Y lo hago a partir de la lectura de un nuevo artículo sobre él y su ingente obra como historiador que escribe en el número de junio-julio de "Revista de Libros", el escritor y periodista, también británico, Geoffrey Wheatcroft, titulado "El profesor Judt hace trasbordo", que pueden leer aquí, publicado originalmente en "The Times Literary Supplement".

De su libro "Pensando el siglo XX", que tengo pendiente de lectura, destaca Wheatcroft el lamento de Judt sobre la tendencia imparable de las democracias de masas actuales a producir políticos mediocres... No creo que haga falta citar ejemplo alguno: solo con girar la cabeza a izquierda o derecho nos los encontramos. De la "New Left Review", que lo detestaba como historiador, comenta el articulista, que lo hacía al considerarle un anticomunista de izquierdas (postura que comparto) o lo que era peor aún, un socialdemócrata antiestalinista. Por último, en referencia a una de sus últimas obras publicadas: "¿Una gran ilusión?", nos dice que Tony Judt se mostraba inquietantemente profético, pues leerlo ahora, a la luz de la actual crisis que atenaza a la Unión Europea, resulta escalofriante.

Hasta que leí sobre él en "Revista de Libros" nunca había oído hablar de Tony Judt, fallecido en 2010 a causa de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA), más conocida como enfermedad de "Lou Gehrig", por haberla padecido el famoso jugador de beísbol de ese nombre. La información que sobre Tony Judt da la Wikipedia en español no le hace justicia, así que en este enlace pueden acceder a la versión inglesa, mucho más extensa y pormenorizada, y en todo caso echarle una ojeada al vídeo que acompaña esta entrada, realizado en el marco del homenaje que la Fundación Mapfre tributó a la memoria y la obra del historiador británico escasos meses después de su muerte.

De padre belga, emigrado a Gran Bretaña antes del estallido de la guerra mundial, y madre inglesa, ambos descendientes de judíos de Europa oriental, Tony Judt nació en Londres en 1948 y murió en Nueva York, la ciudad en la que residía, el 6 de agosto de 2010. Realizó sus estudios en el King's College de Cambridge y en la École Normale Supérieure de París. Impartió clases en las universidades de Cambridge, Oxford, Berkeley (San Francisco) y Nueva York, ocupando en esta última la cátedra de Estudios Europeos, que él mismo fundó en 1995, y en la que también ocupó la dirección del Remarque Institute. Es autor de numerosos libros, entre ellos "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945" (Taurus, Madrid, 2006). Considerado uno de los diez mejores libros de 2005, se trata de un voluminoso texto de más de mil doscientas páginas, que estoy leyendo ahora mismo con entusiasmo creciente, que en 2007 recibió el Premio Hannah Arendt, otorgado por la ciudad-estado alemana de Bremen y la Fundación Heinrich Boell, y en 2009 el Orwell Prize, el más prestigioso de Gran Bretaña a un libro político.

Mi relación sentimental con Tony Judt, fue propiciada por la lectura mensual de Revista de Libros. El primer artículo que leí sobre él en dicha publicación (núm. 130, octubre de 2007) fue el titulado "Europa y el mundo. Tres siglos de historia", del profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Manuel Pérez Ledesma, en el que comentaba el ya mencionado más arriba libro suyo "Postguerra. Una historia de Europa desde 1945", considerado por muchos historiadores el mejor de los que se han escrito sobre dicho período.

Para Judt, dice el profesor Pérez Ledesma, la historia reciente de Europa es en primer lugar la historia de una pérdida: de la pérdida del poder, de la importancia internacional y, en algunos casos, de la condición imperial de los Estados del continente. Algo que se reflejó de forma dramática, ya en los momentos iniciales del relato, en la incapacidad europea para enfrentarse a las amenazas que habían surgido en su interior: en 1945, la mayor parte de Europa «no había sido capaz de liberarse del fascismo por sus propios medios, ni tampoco podía mantener a raya al comunismo sin ayuda»; sólo tras varias décadas y numerosos esfuerzos pudieron los europeos recuperar el control de sus destinos. Pero ésa no es la única pérdida: lo que Judt quiere contar en un segundo nivel -añade el profesor Ledesma- es la historia del declive de las grandes teorías decimonónicas sobre el progreso y el cambio, la revolución y la transformación social, que habían hecho suyas los partidos y los movimientos políticos de preguerra. En especial, dice, son el decaimiento del fervor político en la mitad occidental del continente y el descrédito del dogma marxista en su mitad oriental los asuntos que más le im­portan a Judt.

Tiempo después, de nuevo en Revista de Libros (núm. 145, enero de 2009) vuelvo a encontrar un artículo de Michael Seidman, catedrático de Historia en la Universidad de North Carolina, titulado "La voluntad de ignorar", comentando otro afamado libro de Judt, en esta ocasión el titulado "Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses, 1944-1956" (Taurus, Madrid, 2008).

Dice Seidman del libro que es una historia intelectual extremadamente bien escrita de ciertos intelectuales franceses durante los comienzos de la Guerra Fría y de sus actitudes hacia el comunismo. Entre los más destacados –principalmente Jean-Paul Sartre, Emmanuel Mounier y Maurice Merleau-Ponty– a los que somete a una crítica despiadada y, en ocasiones, divertida, defendiendo convincentemente que las posiciones y actitudes de estos intelectuales estuvieron determinadas en gran medida no por las duras realidades del comunismo en Europa oriental, sino por sus propias preocupaciones francesas bastante provincianas, destacando que fue la manifiesta falta de valor de tantos escritores –Judt menciona a Paul Eluard, Elsa Triolet, Louis Aragon, Emmanuel Mounier y, por supuesto, a Simone de Beauvoir y al propio Sartre– durante la ocupación alemana, lo que hizo que la sociedad francesa se resolviera a castigar a quienes de entre ellos presentaban un historial inequívoco de colaboración.

Sobre los intelectuales franceses y el comunismo escribió también Judt en su último libro, "El refugio de la memoria" (Taurus, Madrid, 2011), cuya lectura concluí hace unos días, y sobre el que volveré más adelante, pero que me ha traído recuerdos imborrables sobre sendos libros, magníficos, de dos prestigiosos historiadores franceses. Me refiero a "El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX" (FCE, Madrid, 1995), de François Furet, y "Las voces de la libertad. Intelectuales y compromiso en la Francia del siglo XIX" (Edhasa, Barcelona, 2004), de Michel Winock. Se los recomiendo encarecidamente.

Hasta el número de marzo de este año de Revista de Libros (el núm. 171) no volví a leer nada sobre Tony Judt. En esta ocasión se trataba de un artículo del catedrático de Historia de las Ideas y de los Movimientos Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, el profesor José Álvarez Junco, titulado "Elegía por la socialdemocracia". Por él me enteraba también de la muerte del historiador británico en agosto del pasado año. En dicho artículo el profesor Álvarez Junco hacía la crítica de uno de los últimos libros de Judt: "Algo va mal" (Taurus, Madrid, 2010), del que ya escribí en mi blog "Desde el trópico de Cáncer" en la entrada del 19 de mayo pasado titulada "¡Democracia real, ya!. Complicado pero no imposible", a la que remito, y en la que yo contraponía la lectura del "Algo va mal" de Judt, a la del panfletario "Indignaos" de Stéphane Hessel.

Un texto, el de "Algo va mal", en palabras del profesor Álvarez Junco, en el que el historiador britànico reflexiona sobre la socialdemocracia, su apogeo en el Occidente de 1945-1980 y su sustitución posterior por el conservadurismo neoliberal. En él toma partido -dice- a favor de aquella fórmula política y económica que dominaba en la Europa en que vivió de joven y a la que llama «el mundo que hemos perdido». No debemos idealizarla, añade, pero tampoco olvidarla, porque, sin ser perfecta, ha sido la mejor de las situaciones que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia. Lo leí con verdadero entusiasmo en plena vorágine de las manifestaciones que dieron lugar a eso que hemos llamado "spanish revolution" o movimiento 15-M, del que también traté en mi anterior entrada del blog.

A principios del pasado julio me llega a casa el último ejemplar de Revista de Libros, un número doble (el núm. 175-176, julio-agosto de 2011), y me encuentro en él con otro artículo sobre el ya citado libro de Tony Judt, "El refugio de la memoria", obra póstuma, pues terminó de dictarlo con enormes dificultades derivadas de su penosa enfermedad dos meses antes de su fallecimiento.

El artículo lleva el título de "Visita guiada a las ruinas", y está escrito por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Enric Ucelay-Da Cal. Les confieso un cierto y desasosegante sentimiento de estupor cuando terminé de leerlo. ¿Cómo era posible una crítica tan implícitamente malévola hacia la última obra de un colega tan prestigioso como el profesor Judt? Estoy acostumbrado a leer en Revista de Libros críticas muy duras, y con toda seguridad, justificadas, sobre publicaciones de todo tipo que sin embargo gozan de gran popularidad y se venden como rosquillas. Me vienen a la mente las realizadas a bastantes títulos que he leído y que por pudor no voy a citar, pero me extrañó el tono de la crítica; casi más el tono que el contenido de la crítica en sí.

Nada más terminar de leer "El refugio de la memoria" volví a releer el artículo del profesor Ucelay-Da y me parece de justicia confesar mi apresurado error de apreciación sobre el mismo, motivado con seguridad, por un párrafo inicial en el que afirma que dada la avalancha de prosa autocontemplativa que desborda tanto a productores industriales como consumidores (288.355 libros editados en Estados Unidos en 2009; 86.300 publicados en 2008 en España) por qué tendrían que atraerle las reflexiones de Tony Judt en su lecho de muerte. Pasé por alto la propia reflexión del comentarista que confiesa no haber entendido su propia reacción ante la lectura del libro de Judt. ¿Seré un envidioso, llenó de morboso placer producido por el dolor ajeno -se pregunta- al querer añadir la reducción del significado del "Chalet" (nombre que desde el inicio de su libro da Tony Judt al rincón de su memoria donde va guardando cada noche de insomnio forzoso sus recuerdos) a poco más que el garaje donde aparcaron a un moribundo? ¿Será que tengo poca sensibilidad retentiva para las historias e historietas de las gentes de mi tiempo específico? ¿O será que estoy harto de confesiones de todo tipo y signo y, como viejo y blando superviviente de la segunda mitad del siglo xx, tengo escasa paciencia para escuchar la misma tecla tocada más de una vez? ¿O será, muy sencillamente, que no me complace un mundo en el cual todos creen tener algo emotivo que comunicar a millones de personas en las redes sociales? Y todo eso para, al final, reconocer que también es verdad que a él le hubiera gustado ser capaz, al menos una vez, de conmover a un lector tan antipático como él mismo tal y como lo hizo Judt en su día.

A mí, la lectura de "El refugio de la memoria" sí me ha conmovido profundamente. Y no solo por las circunstancias en que fue escrito, que el autor recrea en el capítulo primero, cuando habla de su enfermedad y de los recursos mentales a los que tenía que recurrir en las noches de inmovilidad e insomnio forzoso para recrear las diversas instancias de su memoria y ordenarlas en ella para que al día siguiente, "álguien", otra persona, pudiera trasladarlas al papel. El libro está plagado de anécdotas, anécdotas que le sirven para reconstruir su vida ante nosotros, a modo de estancias o compartimentos estancos, no siempre en un orden cronológico, pero al final, siempre bien interrelacionados.

Delicioso el capítulo que dedica, lleno de admiración, hacia su severo profesor de alemán en el Emanuel School de Battersen, Londres. Divertido y entrañable aquel en que relata su experiencia como estudiante de la Universidad de Cambridge y sobre la venerable y entrañable institución de las "bedders", las mujeres empleadas por la universidad para atender las "necesidades" materiales de los estudiantes de la misma. Dolorido, el que recuerda su estancia, en 1966 y 1967, en el kibutz de Machanayim, en la Alta Galilea israelí y su siempre difícil relación posterior, como judío, con el Estado de Israel. Sarcástico, pero reconocido, el que dedica a los intelectuales franceses de su época de estudio en la École Normale Supérieure, de París, una de las instituciones académicas más prestigiosas de Francia, de la que Raymond Aron, que fue alumno de ella, dijo en sus "Mémoires", que nunca se había encontrado con tantos hombres inteligentes en un espacio tan pequeño. Irónico, el que dedica al parisino Mayo del 68, que vivió en directo como estudiante. Duro y sin contemplaciones, aquel en que enjuicia el poco valor que hoy se da a la corrección en el hablar y el escribir: La prosa de muy mala calidad, dice, es hoy indicativa de inseguridad intelectual; hablamos y escribimos mal -concluye- porque no nos sentimos seguros de lo que pensamos y nos resistimos a afirmarlo de un modo inequívoco.

En otro capítulo relata su aventura universitaria norteamericana y muestra su admiración sin reserva por las instituciones docentes de dicho país, y sobre todo, por sus impresionantemente bien dotadas bibliotecas. Y comparto su juicio sobre la función de las universidades: dice de ellas que son instituciones elitistas, o que deberían serlo por principio, pues les concierne seleccionar a la promoción más capaz de una generación y educarla en esa capacidad forzando una renovación de la élite y rehaciéndola consecuentemente, para añadir que igualdad de oportunidades e igualdad de resultados no son la misma cosa. Verdad evidente que solemos pasar por alto con frecuencia. Admirativo y entrañable es su juicio sobre la ciudad de Nueva York, que le acogió hasta su muerte, a la que califica como "ciudad del mundo".

En su crítica al comunismo se muestra contundente: como mejor se mide -dice- el grado de esclavitud en que una ideología mantiene a un pueblo es en la colectiva incapacidad de este para imaginar alternativas. Feroz es su juicio sobre los dirigentes europeos del momento actual, de los que comenta que escurren el bulto recurriendo a la austeridad presupuestaria para apaciguar a los mercados.

Sobre el odio, temor, rechazo al extraño, al extranjero, cada vez más acentuado en las privilegiadas sociedades occidentales dice lo siguiente: Ser danés o italiano, norteamerica o europeo, no será solo una identidad; supondrá un rechazo y una reprobación de aquellos a los que esta excluya. El Estado, afirma, lejos de desaparecer, podría estar a punto de lograr su plena realización: los privilegios de la ciudadanía, las protecciones de los derechos de los poseedores de tarjetas de residencia, serán esgrimidos como triunfos políticos. Habrá intolerantes demagogos en democracias establecidas que pedirán tests -de conocimientos, de lengua, de actitud- para determinar si los desesperados recién llegados merecen ostentar la "identidad" de británicos o de holandeses o de franceses. Ya lo están haciendo, añade, En este este "espléndido siglo nuevo" ("brave new century": juego de palabras con el título de la famosa novela de Aldous Huxley "Un mundo feljz", en ingles titulada "Brave New World") echaremos de menos a los tolerantes, a los de los márgenes: a la gente fronteriza: Mi gente, concluye. ¿Les suena? Es una letra que está en casi todas las partituras de los partidos nacionalistas y en las de bastantes dirigentes y responsables del partido popular español y de la derecha europea.

He dejado para el final el alegato que formula en las últimas páginas del libro a su condición de judío, que vuelvo a compartir como tantas otras cuestiones de las que plantea en sus "memorias". Yo no lo soy, evidentemente; ni siquiera me considero un hombre religioso, pero me siento orgulloso de mi doble condición de descendiente de conversos. Dice Judt: El judaísmo es para mí la sensibilidad de un autocuestionamiento colectivo y un incómodo decir la verdad; la capacidad, propia del que va contracorriente, de ser problemático y de disentir, por la que en otro tiempo fuimos conocidos. No basta, añade, con situarse en una posición tangencial frente a las convenciones de otros pueblos; deberíamos ser además los críticos más implacables de nosotros mismos. Siento que tengo una deuda de responsabilidad con ese pasado, dice, y es por eso por lo que soy judío.

Pero hay más cosas, muchas más cosas que solo podrán descubrir si se animan a leerlo. Yo lo he hecho, y lo he disfrutado. Es mi pequeñísimo homenaje a un gran historiador, un hombre de izquierdas, progresista y socialdemócrata, como él mismo se definió, al que no le dolieron prendas en reconocer los tremendo errores que han llevado al pensamiento de izquierdas a la crisis que está atravesando ahora. Espero que disfruten de los enlaces que he puesto en la entrada sobre los libros y artículos citados en la misma. O en la etiqueta del blog a él referida. Y sean felices, por favos, a pesar de todo. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt

Portada de El refugio de la memoria, de Tony Judt

Entrada núm. 1885

http:/harendt.blogspot.com

"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen)

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15
Jun 2013

Vegueta: Del blog "Pensando en la estación"

Escrito por: ccampos1946 el 15 Jun 2013 - URL Permanente

Hay que mirar tu propia ciudad como turista de vez en cuando para ver la belleza... (sigue aquí).

Entrada núm. 1884

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14
Jun 2013

El club de la mancuerna (Del blog "Pensando en la estación")

Escrito por: ccampos1946 el 14 Jun 2013 - URL Permanente

Siempre que había practicado algún deporte era al aire libre, y la playa era ideal para correr o nadar cuando apetecía. También hubo épocas de deporte en grupo o en casa, con la bici estática o siguiendo los pasos del pilates delante del televisor. No era algo que me obsesionara ni de lo que fuera asidua pero por temporadas necesitaba ese ejercicio.. (Sigue aquí).

Entrada núm. 1883

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12
Jun 2013

George Santayana: el filósofo accidental

Escrito por: ccampos1946 el 12 Jun 2013 - URL Permanente

George Santayana (1863-1952)

Dicen que las vacaciones son un momento ideal para la lectura... Yo, desde que me jubilé, no he vuelto a disfrutar de vacaciones. No me pidan que se lo explique, pero es así. Antes (de jubilarme) tenía tiempo para todo: el trabajo, la familia, los estudios, las lecturas, la política, la actividad sindical, y hasta para los amigos (más las amigas que los amigos, lo confieso). Ahora, siete años después, tengo mi tiempo ocupado totalmente; en servicio permanente de alerta, como los bomberos, la policía o los médicos de guardia. Ni la menor oportunidad de aburrimiento. Y sin vacaciones...

En los estertores del verano de 2008 pasé unos días en Punta Umbría (Huelva). Como hacía siempre que iba a la Península, fuera la causa del viaje la que fuera, me llevé varios libros. Entre ellos, dos que terminé allí de leer: el segundo tomo de la trilogía de "Tu rostro mañana" (De Bolsillo, Barcelona, 2008), de Javier Marías, y "Platonismo y vida espiritual" (Trotta, Madrid, 2006), de George Santayana, ambos adquiridos en quien aquella época era mi librero habitual, la Librería Beatriz, de Madrid, que la crisis se llevó por delante inmisericorde.

Javier Marías era ya para entonces uno de mis autores favoritos (y sigue siéndolo), pero de George Santayana (1863-1952), un filósofo español al que muchos califican de "excéntrico", no había leído absolutamente nada hasta que un artículo en el número de junio de ese año en Revista de Libros, titulado "Fuego pálido", y escrito por el profesor de Filosofía de la UNED Ramón del Castillo, me animó a ello; y así llegúe hasta su "Platonismo y vida espiritual", citado.

No voy a entretenerles con mis pensamientos sobre Platón. Sobre la vida espiritual, tampoco, pero aprovecho la ocasión para defender una vez más algo que muchas personas de buena voluntad no acaban de entender: que no es necesario ser creyente de religión alguna para gozar de una sanísima vida espiritual. Al menos esa es mi experiencia propia, y por citar una sola opinión similar de autoridad, la de la también filósofa francesa Simone Weil (1909-1943) tantas veces mencionada en este blog.

El insomnio provoca acciones inesperadas, así que a las 04:00 de hoy enciendo el portátil y me pongo a ojear, al azar, la edición electrónica de Revista de Libros y me encuentro con otro artículo del profesor Del Castillo sobre Santayana, "El americano accidental", de abril de 2004, que no recordaba haber leído (y tengo buena memoria para las lecturas). Solo puedo decir que me ha encantado, pues me ha aclarado bastantes lagunas que tenía sobre la vida y la obra de uno de los filósofos y pensadores más originales del siglo XX, y además español, aunque toda su vida académica transcurriera prácticamente fuera de España.

Estoy convencido de que por poco interés que la filosofía despierte en ustedes los artículos del profesor Ramón del Castillo que he citado les van a resultar interesantes. Les animo a leerlos, y ya me contarán, si lo desean. Están en su casa... Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt

"El sueño de la razón produce monstruos"

Francisco de Goya (1746-1828)

Entrada núm. 1882

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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

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12
Jun 2013

George Santayana: el filósofo accidental

Escrito por: ccampos1946 el 12 Jun 2013 - URL Permanente

George Santayana (1863-1952)

Dicen que las vacaciones son un momento ideal para la lectura... Yo, desde que me jubilé, no he vuelto a disfrutar de vacaciones. No me pidan que se lo explique, pero es así. Antes (de jubilarme) tenía tiempo para todo: el trabajo, la familia, los estudios, las lecturas, la política, la actividad sindical, y hasta para los amigos (más las amigas que los amigos, lo confieso). Ahora, siete años después, tengo mi tiempo ocupado totalmente; en servicio permanente de alerta, como los bomberos, la policía o los médicos de guardia. Ni la menor oportunidad de aburrimiento. Y sin vacaciones...

En los estertores del verano de 2008 pasé unos días en Punta Umbría (Huelva). Como hacía siempre que iba a la Península, fuera la causa del viaje la que fuera, me llevé varios libros. Entre ellos, dos que terminé allí de leer: el segundo tomo de la trilogía de "Tu rostro mañana" (De Bolsillo, Barcelona, 2008), de Javier Marías, y "Platonismo y vida espiritual" (Trotta, Madrid, 2006), de George Santayana, ambos adquiridos en quien aquella época era mi librero habitual, la Librería Beatriz, de Madrid, que la crisis se llevó por delante inmisericorde.

Javier Marías era ya para entonces uno de mis autores favoritos (y sigue siéndolo), pero de George Santayana (1863-1952), un filósofo español al que muchos califican de "excéntrico", no había leído absolutamente nada hasta que un artículo en el número de junio de ese año en Revista de Libros, titulado "Fuego pálido", y escrito por el profesor de Filosofía de la UNED Ramón del Castillo, me animó a ello; y así llegúe hasta su "Platonismo y vida espiritual", citado.

No voy a entretenerles con mis pensamientos sobre Platón. Sobre la vida espiritual, tampoco, pero aprovecho la ocasión para defender una vez más algo que muchas personas de buena voluntad no acaban de entender: que no es necesario ser creyente de religión alguna para gozar de una sanísima vida espiritual. Al menos esa es mi experiencia propia, y por citar una sola opinión similar de autoridad, la de la también filósofa francesa Simone Weil (1909-1943) tantas veces mencionada en este blog.

El insomnio provoca acciones inesperadas, así que a las 04:00 de hoy enciendo el portátil y me pongo a ojear, al azar, la edición electrónica de Revista de Libros y me encuentro con otro artículo del profesor Del Castillo sobre Santayana, "El americano accidental", de abril de 2004, que no recordaba haber leído (y tengo buena memoria para las lecturas). Solo puedo decir que me ha encantado, pues me ha aclarado bastantes lagunas que tenía sobre la vida y la obra de uno de los filósofos y pensadores más originales del siglo XX, y además español, aunque toda su vida académica transcurriera prácticamente fuera de España.

Estoy convencido de que por poco interés que la filosofía despierte en ustedes los artículos del profesor Ramón del Castillo que he citado les van a resultar interesantes. Les animo a leerlos, y ya me contarán, si lo desean. Están en su casa... Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt

"El sueño de la razón produce monstruos"

Francisco de Goya (1746-1828)

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"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

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10
Jun 2013

Se acabó el amor (Del blog "Pensando en la estación")

Escrito por: ccampos1946 el 10 Jun 2013 - URL Permanente

Sentada en el sofá, con una taza de café entre las manos y la mirada perdida, su cabeza viajaba a sus veinte años. Era una mujer fuerte, llena de vida, de ideales, de gustos. Era valiente y segura; se iba de viaje sola a conocer una ciudad, no temía el ir sola a un cine con tal de ver esa película que tanto ansiaba. Se apuntaba a cursos, salía, se reía, y dormía sola... (sigue aquí).





Entrada núm. 1881

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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

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09
Jun 2013

La democracia en España (1812-2013): A modo de resumen acelerado

Escrito por: ccampos1946 el 09 Jun 2013 - URL Permanente

Alegoría de la democracia

Los refranes son sabiduría popular acumulada a lo largo de siglos de experencias personales y generacionales. No siempre aciertan, pero deberíamos tomarlos en cuenta. Por ejemplo, ese que dice, que "sabe más el diablo por viejo que por diablo". Que traspuesto al lenguaje académico podría traducirse en el conocido aforismo de que "los pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla". En eso, los españoles, nos hemos pintado solos: en no aprender. Parece que lo habíamos comprendido y aceptado por fin con la tan denostada, hoy, "transición a la española" (ni siquiera me atrevo a ponerla con mayúscula, lo confieso, por miedo a parecer un carcamal) que llevó hasta la Constitución de 1978, manifiestamente mejorable, pero en absoluto inservible como algunos pretenden. Pero la realidad es que yo participé en ella con entusiasmo (en la Transición), no reniego de sus objetivos ni de sus logros, y me siento orgulloso de pertenecer a la generación que la protagonizó.

Se preguntarán los lectores, con razón, ¿y esto, a qué viene? Pues viene a que acabo de terminar de leer hace unos minutos el libro que me ocupaba desde unos días atrás y del que he venido hablando, a salto de mata, cogiendo la oportunidad por los pelos cuando me era posible y venía al caso. Me refiero, como no, a "Los señores del poder y la democracia en España: entre la exclusión y la integración" (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2013), del profesor José Varela Ortega. A esas lecturas me he referido en sendas entradas de fechas 7 de junio y 28 de mayo, respectivamente, y a ellas remito a los interesados.

Quizá no sería desmesurado por mi parte reconocer que me ha provocado un profundo impacto el libro del profesor Varela. No es normal en una persona (perdónenme la presunción) que lleva leyendo libros de historia, como mínimo, desde hace cincuenta años, y que algo "sabe" de ello, del estudio de la Historia, aunque solo sea por deformación profesional y pasión personal.

Nada más alejado de mi intención que el adoctrinamiento. Nunca he tenido la menor intención de convencer a nadie de nada, y menos, cuando me declaro escéptico confeso y mártir de mis propias creencias, si es que tengo algunas. Mi padre, que también lo era, decía con sorna que "solo creía en Dios, en el bicarbonato y en la Guardia Civil". Yo ya no creo ni en el bicarbonato, así que imagínense lo que pienso de las otras dos...

A pesar de ello, quiero guardar un poso de esperanza en la inteligencia de la gente común, de mis conciudadanos españoles y europeos, en que comprendan que la dialéctica del enfrentamiento cainita de unos contra otros no nos lleva a ningún lado, que la democracia es un fin, pero también un procedimiento y unas reglas que se basan en algo tan sencillo como aceptar que "los otros" también pueden tener razón; que "si no la tienen" tampoco es razón suficiente para eliminarlos; que "la mayoría" está autorizada a gobernar, pero que la "minoría" tiene derecho a existir, expresarse libremente, oponerse a la mayoría y, llegado el momento a sustituirla.

En las últimas páginas (474/475) de su libro, dice el profesor Varela: "Quizá, no sería un resumen muy desenfocado aparejar la historia política de la España contemporánea desde 1812 en torno a tres ejes fundamentales, por más que tan heterogéneos como complementarios; a saber: libertad, alternacia y democracia" (nunca del todo realizados, o realizados bien, precisamente hasta el último cuarto del pasado siglo, apuntillo yo), para concluir con una frase no por lapidaria, más afortunada: "No es infrecuente que la democracia sea una construcción de exiliados para no volver a ser desterrados".

Por favor, no volvamos a poner la democracia, a España y a los españoles entre corchetes. Nunca más... Y sean felices, por favor, a pesar de todo. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt






Proclamación de la Constitución de 1812








Entrada núm. 1880

http:/harendt.blogspot.com

"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen

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07
Jun 2013

La Historia [entre corchetes]

Escrito por: ccampos1946 el 07 Jun 2013 - URL Permanente

La diosa Clio

"Esta es la exposición del resultado de la investigaciones de Heródoto de Halicarnaso para evitar que, con el tiempo, los hechos humanos queden en el olvido y que las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, por griegos y bárbaros -y, en especial, el motivo de su mutuo enfrentamiento- queden sin realce." Así comienza, con ese párrafo inicial, la "Historia" de Heródoto (490-425 a.C.), a quién Cicerón llamó y definió como padre de la Historia.

Veinticinco siglos después ese sigue siendo el afán principal y único de los historiadores, de los buenos historiadores, porque en el gremio, como en botica, hay de todo.

Ayer jueves nació en el diario El País un nuevo blog que lleva ese nombre: "Historia(S)", con esa "S" mayúscula final entre paréntesis que no acabo de entender -torpe que es uno-, en el que participan nombres tan notables como Tereixa Constenla, Isabel Burdiel, Manuel Morales, María José Turrión y Julián Casanova, que se estrena con un artículo del último de los historiadores citados sobre la vigencia actual del pensamiento anarquista.

Por mi parte, sigo con interés y entusiamo creciente la lectura del libro del profesor (e historiador) Varela Castro que citaba hace unos días en el blog: "Los señores del poder y la democracia en España: entre la exclusión y la integración".

Concluyo por hoy invitándoles a la lectura del reportaje, y de los documentos que lo acompañan, publicado por el profesor Morales, uno de los redactores del nuevo blog citado más arriba, en El País del pasado 23 de mayo sobre la desclasificación por el MI6 británico de los papeles secretos que demuestran los sobornos del gobierno inglés a destacados militares y dirigentes franquistas para evitar que España entrara en la II Guerra Mundial al lado del Eje.

Y mientras, nuestro democrático gobierno, sigue negándose, alegando razones de "seguridad nacional" a abrir los archivos documentales del periodo que nos ocupa a los historiadores profesionales. ¡Cosas veredes, Sancho!, que alegaba con sorna nuestro Don Quijote.

¡Bendita sea por siempre la diosa Clio! Y sean felices, por favor, a pesar de todo. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν". Tamaragua, amigos. HArendt

Heródoto

Entrada núm. 1879

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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)

"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

"Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas" (Isak Dinesen)


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07
Jun 2013

Speakers' Corner (Del blog "Pensando en la estación")

Escrito por: ccampos1946 el 07 Jun 2013 - URL Permanente

Cuando no hay nada que decir, se supone que es el momento de recoger los bártulos e irnos a otra parte. Asumimos nuestra derrota y falta de verborrea para responder al contrincante. Pero eso no significa que no llevemos la razón, solo que el rival habló más fuerte... (sigue aquí).







Entrada núm. 1878

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07
Jun 2013

San Lorenzo, Florencia (Del blog "Pensando en la estación")

Escrito por: ccampos1946 el 07 Jun 2013 - URL Permanente

Decía mi profesor de Latín y Griego

que sincera venía de las caras lavadas.

Y no hay más que ver la tuya

para saber que no tienes mácula...

(sique aquí)

Entrada núm. 1877

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