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25Ene, 2008
Ascenso y caida de las Bibliotecas por José Carlos Bermejo Barrera
Os dejo una pequeña joya de J. Carlos Bermejo Barrera, Catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela. También el link donde podreis encontrar este y otros artículos de él. De verdad que merece la pena.
http://firgoa.usc.es/drupal/node/38129
José Carlos Bermejo Barrera: Ascenso y caida de las bibliotecas
Una lección de historia para Mariví (Directora de la Biblioteca de la USC) el día de su retirada voluntaria
Querida Mariví: tú sabes mejor que yo que la Biblioteca más importante del Mundo Antiguo fue la Biblioteca de Alejandría. Hasta hace poco se creía que la mayor parte de esa biblioteca había sido destruida en la época de Julio César a causa de un incendio. Sin embargo hoy se sabe que lo que se quemó en ese momento fue solamente un cargamento de libros que estaba en el puerto de la ciudad.
En realidad el responsable del fin de la Biblioteca de Alejandría y de la destrucción - o expurgo - de la mayor parte de sus fondos fue un califa musulmán que decidió dos cosas: desmontar la pirámide de Keops y quemar los libros de la biblioteca, utilizándolos como combustible para los baños públicos. Es seguro que el califa no consiguió desmontar la pirámide, porque aún está ahí. Al parecer se cansó, o pensó que no le era rentable. No sabemos si porque se dio cuenta de que el pasado tiene a veces demasiado peso, o porque quizás pensó que la pirámide podría contribuir en el futuro al desarrollo sostenible, a través del turismo, de paso que sus correligionarios iban a peregrinar a La Meca.
El criterio que utilizó el califa para destruir la biblioteca era muy razonable. Él pensó que si lo que decían los libros que estaban allí lo decía ya el Corán, es que entonces eran verdaderos, y si decían lo contrario eran falsos. En cualquier caso, lo que le pareció indudable es que un libro no es válido si no está representado en un Índice de Citas, y en ese momento el Índice de Citas más prestigioso era el Corán, que todavía hoy en día sigue siendo citado constantemente de memoria por parte de amigos del saber más o menos amplios de miras.
En la ciudad de Alejandría había vivido Hipatia, filósofa y matemática, una de las últimas figuras señeras de la filosofía griega. La pobre Hipatia fue asesinada y descuartizada por una caterva de monjes furiosos que, ya antes de la llegada del califa, eran también de la opinión de que sólo debían ser útiles los libros citados en el Antiguo o el Nuevo Testamento, que para ellos - como cristianos - eran los únicos índices de citas fiables.
Hipatia tuvo una escuela formada exclusivamente por mujeres amantes de los libros, y esas mujeres se organizaron en la clandestinidad, escondiendo muchos de los libros antiguos en las iglesias o en las sinagogas, que es donde podían pasar más desapercibidos. Así se explica, por ejemplo, el descubrimiento de la biblioteca de la geniza (depósito) de la Sinagoga de El Cairo.
Las discípulas de Hipatia formaron un pueblo que se llamó el “Pueblo de las Bibliotecarias”, mayoritariamente formado por mujeres. Las Bibliotecarias desempeñaron un papel fundamental en la Historia del Occidente, siendo uno de los pueblos que participó en las oleadas de las grandes invasiones y migraciones. Pero como eran mujeres, los historiadores, que casi siempre fueron hombres, no les dieron la importancia que merecen.
El pueblo de las Bibliotecarias siempre tuvo conciencia de su clandestinidad. Como las cosas no iban bien en Egipto emigraron en dos grandes oleadas: una de ellas fue al Imperio Bizantino y otra hacia la Europa Occidental. Las bibliotecarias se llevaron escondidos los libros que pudieron rescatar de la Biblioteca de Alejandría, y gracias a ellas tenemos en la actualidad todos los manuscritos griegos y latinos.
Como en la Edad Media siempre mandaban los hombres, y los únicos que sabían leer y escribir eran los monjes y los clérigos, las Bibliotecarias decidieron vivir en los monasterios. Algunas crearon monasterios propios, pero la mayoría decidieron ocultar su identidad y llevar una doble vida, manteniendo escondidos los manuscritos que conservaban la sabiduría de la Antigüedad. Soportaron la clandestinidad, la incomprensión y la marginación porque llevaron con ellas dos copias del Libro de la Sibila, que contenía una profecía acerca de la luz que anunciaba el final de los califas y de los fanáticos del sistema de las citas y los expurgos.
Las bibliotecarias bizantinas o europeas sólo consiguieron ir sacando a la luz, poco a poco, lo que quedaba de la sabiduría antigua, cuando convencían a algún monje o pope de que era necesario en primer lugar leer un libro, y luego no quedarse con él, con el fin de que otros monjes pudieran también leerlo.
Las bibliotecarias no tenían los mismos problemas que los monjes, porque ellas siempre tenían los libros en común y sólo podían leerlos en la clandestinidad. Además tuvieron que aguantar durante siglos que los monjes pensasen o les dijesen que ellas no eran más que un obstáculo para sus estudios.
Los libros que el pueblo de las bibliotecarias llevó en sus migraciones fueron dándose a conocer poco a poco a la largo de la Edad Media, y al llegar el Renacimiento, cuando las bibliotecarias bizantinas volvieron a tener que salir corriendo de Bizancio ante la llegada otra vez de los ayatolas del Índice de Citas, los libros que ellas llevaron consigo, como los de Platón, pasaron a ser conocidos en Europa.
Con la invención de la imprenta muchos de los tesoros escondidos en los sótanos de las bibliotecarias salieron a la luz. Y con la llegada de la Reforma y la moda de traducirlo todo a las lenguas vulgares, algunos clérigos empezaron a decir que también las mujeres deberían aprender a leer, por lo que algunas bibliotecarias europeas (ya no las había bizantinas, porque habían salido corriendo) decidieron salir a la luz y escribir y publicar libros de distintos temas.
Después de la Edad Moderna, en la que los dueños de los libros seguían siendo los clérigos y los nobles, que los coleccionaban pero que no los leían (porque tampoco eran capaces de entenderlos), vino la Edad Contemporánea, que es cuando nacieron las grandes Bibliotecas Públicas, y eso permitió a las bibliotecarias salir casi de la clandestinidad. Se dice casi porque en realidad las bibliotecarias no quedaron incluidas en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que eran del Hombre y no de la Mujer. Sin embargo, gracias a sus luchas sindicales, poco a poco comenzaron a ser reconocidas.
La Edad Contemporánea se divide en dos etapas desde un punto de vista bibliotecario, que es el único sensato. La Alta Edad Contemporánea en la que subió cada vez más el número de libros y bibliotecas, y la Baja Edad Contemporánea, en la que comenzaron a decaer el número de libros, bibliotecas y bibliotecarias.
Cuando llegó la Baja Edad Contemporánea aparecieron unos señores, que a veces eran también señoras, que dijeron que todos los libros, además de tener que estar siempre citados, tenían que estar siempre conectados a un enchufe, y que sin eso no servían. Por ello comenzaron a expurgar y a tirar los libros que no estaban enchufados.
Al reducirse el número de libros muchas bibliotecarias tuvieron que marcharse y pasar a la clandestinidad, volviendo a esconder los restos de la sabiduría en los sótanos, cuando no estaban ocupados por las plazas de garaje.
Así se perdió el recuerdo de grandes bibliotecarias, que decidieron esconderse de nuevo, como al comienzo de la Edad Media, el día en que un señor que era una autoridad muy fundamentalista del Índice de Citas decidió negarle a Dios un sexenio de investigación porque no había acumulado cinco publicaciones en seis años. Este especialista razonó que Dios era autor de un único libro, por lo que no podía ser baremado, y además observó que en algunas reseñas se decía que la Biblia tampoco la había escrito personalmente, según se decía en revistas autorizadas. Y por eso le negó el sexenio.
Algunas bibliotecarias pensaron que quizás no valía la pena razonar o discutir con este tipo de autoridades, lo mismo que había ocurrido en Alejandría, y por eso se fueron al exilio. Sin embargo, en sus reuniones en las noches de los viernes, y leyendo el Libro de la Sibila, que también había sido otra bibliotecaria incomprendida en la Antigua Roma, las bibliotecarias hallaban alegría y consuelo, al leer la profecía que decía:
“Y vendrá un día en el que se acabará la luz eléctrica,
ese día los enchufes ya no servirán para nada.
Aquellos que habían convertido sus tesoros en electricidad
se quedarán en las tinieblas.
Entonces se sabrá que nunca habían sabido nada.
Y todo lo quede de la sabiduría humana volverá a salir a luz
en los libros escondidos por las Bibliotecarias”.
FIN
TODO ESTÁ POR HACER Y TODO ES POSIBLE
_______________________________________________________________________________
Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma; y uno aprende que el amor no significa acostarse y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que
alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Borges.J.L.
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