03 Mar 2008
Baby Doll (Elia Kazan, 1956)
Baby Doll (una espléndida Carroll Baker) es entregada en matrimonio a los dieciocho años por su padre moribundo al desmotador de algodón y supuesto hombre de dinero Archie Lee (grandioso Karl Malden), pero éste resulta ser un pobre desgraciado que no tiene donde caerse muerto: el tejado de la inmensa casa que tiene en una finca de América del Sur se desmorona; los pocos muebles que tiene le son arrebatados porque no hace frente a los pagos; y el interior de la vivienda presenta un aspecto penoso: sucia, muy vieja y llena de espacios vacíos.
El matrimonio entre Baby Doll (que duerme en una cuna) y Archie Lee aún no está consumado: hasta que la joven no cumpla veinte años el ansioso Archie Lee no podrá hacerla suya. La estrambótica pareja vive con la graciosa y algo sorda tía Rose (inolvidable Mildred Dunnock), a la que no aguanta Archie. La noche antes de la "consumación" Archie no tiene otra idea mejor que prender fuego a la gran desmotadora de algodón del poderoso siciliano Mr. Vaccaro (colosal Eli Wallach) con el propósito de que se vaya a trabajar a la ruinosa y prácticamente inservible que él posee y así poder ganar dinero, todo ello para contentar a su Baby Doll y ofrecerle una vida parecida a la que ella le reclama (una casa arreglada, muebles...). Sin embargo, Mr. Vaccaro es un tipo muy listo: aprovechando que Archie Lee tiene que ir a la ciudad para comprar un cilindro que haga funcionar a su desmotadora, comienza a juguetear por toda la casa con Baby Doll -que le había invitado a un café- hasta que ésta va a dar al piso superior de la casa cuyo suelo está a punto de desprenderse. Aterrada, acepta firmar una declaración en la que reconoce que su marido ha sido el responsable del incendio a cambio de que Vaccaro la ayude a salir de la habitación. Como ya tiene lo que quería, decide irse pero Baby Doll -que se ha sentido fascinada por este hombre- le invita a que se quede a dormir la siesta en su cuna mientras ella le canta y acaricia... A partir de aquí, el caos está servido...
Con este argumento, a partir de una obra de Tennessee Williams, Kazan -a la vez que realiza un simpático retrato de las gentes que pueblan América del Sur- construye una comedia dramática tierna y satírica de excelente ritmo narrativo, donde se concentra una peculiar fauna humana:
- Archie Lee es un hombre que rechazaríamos si no fuese tan patético y desgraciado: nos llega a dar pena el deseo insatisfecho que siente hacia su atractiva mujer, a la que no deja de recordarle que falta poco para poseerla. En una de las secuencias más memorables Baby Doll coquetea con el señor Vaccaro en sus narices, y el pobre Malden no sabe qué hacer: su mirada está como perdida, camina de un lado a otro, vocifera... e incluso de forma algo pueril acaba llamando por teléfono a sus amigos para que den su merecido al todopoderoso siciliano. Sin embargo el pobre hombre no puede aguantar más y se lía a perseguir a la pareja con una escopeta dando tiros por toda la finca (escena que, al menos a mí, me recuerda mucho al final de "El resplandor", pues Malden va tras ellos corriendo enloquecido mientras es de noche y hay una tormenta... Vencido por el cansancio, acaba sentándose en el suelo y de forma quejumbrosa llama a su Baby Doll).
- Vaccaro es un tipo que se las sabe todas: inteligente, audaz y algo cínico (así lo testifican los primeros planos de Wallach con su inolvidable sonrisa sarcástica), reconduce la situación a la que le ha llevado el instintivo Archie y, de paso, logra que la protagonista escale un peldaño hacia su madurez.
- Baby Doll, a pesar de estar a punto de cumplir veinte años, sigue siendo una cría que duerme en su cuna con el dedo pulgar metido en la boca. Infantil, caprichosa, algo salvaje, frágil en el fondo, inocente pero sensual y siempre sugerente, no se siente preparada para entregarse a Archie por considerar que aún no ha madurado para ello. Sin embargo, se encapricha de Vaccaro: no sabemos si finalmente ocurre algo entre ellos tras la siesta, pero intuimos que sí cuando Wallach le dice que "se ha convertido ya en una mujer..." y ella cambia su peinado.
En resumidad cuentas, estamos ante la historia de unos personajes a los que únicamente mueve el deseo: Archie Lee quiere poseer a su esposa, pero también quiere prosperar económicamente; Baby Doll desea que no llegue el momento de su entrega y a la vez que quiere una vida mejor, queda encandilada -sin dejarse llevar por sus intereses personales- por la personalidad arrolladora de Vaccaro; éste actúa movido por sus intereses: es un hombre poderoso y no va a dejar que un desgraciado como Archie le haga perder su status; y finalmente, también la pobre tía Rose, que se lamenta de su soledad, desea quedarse en la casa con su sobrina. El final abierto permitirá que fantaseemos acerca de la suerte que depara a todos ellos en esta bellísima película de Kazan que alterna a la perfección lo sutil con lo grotesco, la ternura con la provocación, la desnudez de las pasiones con la capacidad de sugerencia.
Nota sobre la edición española en dvd: la calidad de la copia puesta en circulación por Suevia (que es idéntica a la que en su momento distribuyó VellaVisión) es mala con avaricia (tanto el video como el audio). En USA puede adquirirse una estupenda edición restaurada que incluye subtítulos en español.
02 Mar 2008
Aprovechando el fin de las rebajas...
Cualquier cinéfilo de Ceuta que se proponga comprar alguna edición española en DVD que vaya más allá del último Blockbuster lo tiene literalmente imposible: o recurre a las tiendas virtuales de Internet o tiene que cruzar el Estrecho y dirigirse al primer Corte Inglés que se le ponga a tiro... que no es otro que el de Algeciras. Así de triste: tan lejos, tan cerca... (que quede claro que esta última expresión nada tiene de homenaje a la película del mismo título del insufrible Wenders).
Sin embargo, esta contrariedad tiene su recompensa porque cada vez que me monto en el barco los meses de enero, febrero, julio y agosto para -aprovechando las clásicas rebajas del 3x2- recoger las películas que encargo con anterioridad en El Corte Inglés provoca en mí una sensación indescriptible que oscila entre un delicioso nerviosismo masoquista y la más infantil de las ilusiones.
En esta última ocasión, por poco me quedo sin rebajas (que no sin películas): el maldito levante o nos ha mantenido incomunicados con la península o ha provocado travesías de auténtica pesadilla debido al temporal, lo que me ha obligado a posponer el viaje en tres ocasiones. Por suerte, dos días antes de finalizar el mes saltó el viento de poniente y logré beneficiarme del 30% de descuento en cada película.
Estos son los títulos que me ha deparado el final de las rebajas invernales; la mayoría de ellos -invirtiendo mi tónica habitual- son norteamericanos:
- Pak Paul Morrissey / Andy Warhol, formado por "Flesh" (1968), "Trash" (1970), "Heat" (1972), "Flesh for Frankenstein" (1973) y "Blood for Dracula" (1974). En la parte posterior del pack se afirma que "la obra de Morrissey encarna como casi ninguna otra la marginalidad cinematográfica en estado puro". Yo no podría resumirlo mejor. En las tres primeras películas, además de sus inolvidables interiores y exteriores (sobre todo los de "Flesh"), lo que más me fascina es ese universo caótico y desquiciado presidido por la droga, la prostitución y el dinero y el sexo como condicionantes. Durante mucho tiempo, mi favorita fue "Heat", una entrañable y decadente puesta al día del "Sunset Boulevard" de Wilder... pero hoy pienso que "Flesh" es la pieza antológica de la célebre trilogía. En cuanto a las dos de terror (por llamarlas de alguna manera) me interesan básicamente por lo desmadrado de su desvergonzada propuesta.
- Sublime obsesión (1935) de John M. Stahl: Stahl es uno de los maestros indiscutibles del melodrama, pero este hecho no parece ayudar en nada a su recuperación por parte de la cinefilia: el olvido en que parece sumido el cine de Stahl es una triste injusticia. Por ello, hay que agradecer a la distribuidora Suevia Films (ni siquiera está editada en USA) la puesta en circulación de una excelente copia de "Sublime obsesión", título del que haría un remake posterior el gran Douglas Sirk. La diferencia entre John M. Stahl y Douglas Sirk es que el primero asume el género sin miramientos ni complejos, casi de forma suicida (el argumento de la cinta lo es sin ninguna duda), mientras que el segundo lo utiliza para imponer distancia, crítica e ironía. No deja de ser maravilloso el hecho de que la misma historia tome derivas distintas según la versión de uno u otro. En cualquier caso, estamos ante una película imprescindible -al menos en mi dvdteca- y solo por el simple hecho de la apuesta de Suevia merece una compra masiva.
- "Luz en el alma" (1944) y "Pesadilla" (1945) de Robert Siodmak: ¡Por fin he podido completar los noirs disponibles en España dirigidos por el gran Robert Siodmak, el mago de las luces y las sombras! Cuando alguien alude al cine negro o leo algo sobre el tema, directamente se me viene a la cabeza el nombre de Siodmak. Y de nuevo es Suevia (capaz siempre de lo mejor y lo peor en cuanto a calidad de ediciones) quien nos las sirve en exclusiva, pues en USA no se encuentran editadas (solo "Pesadilla" en formato VHS). Mientras que "Luz en el alma" está restaurada, la copia de "Pesadilla" no es tan buena pero sí lo moderadamente aceptable como para justificar el desembolso.
- "Noche en la ciudad" (1950) de Jules Dassin: Los claroscuros del noir dieron lugar, gracias a Dassin, a la noche más hermosa, ambigua, dura y áspera de cuantas conforman el género. Una obra maestra, sin más.
- "El compromiso" (1969) de Elia Kazan: Ha tenido que pasar exactamente un año desde su lanzamiento en USA para que Warner edite en España esta película, perteneciente a la etapa en que su director vivió un auténtico desenfreno creativo (desde "Río salvaje" en 1960 hasta 1972 con "Los visitantes"). Como en "América, América", aflora el Kazan más personal, intenso y pasional, poniendo en sus manos a tres de los grandes como son Kirk Douglas, Deborah Kerr (en mi opinión, una de las más grandes actrices que ha dado el Séptimo Arte) y Faye Dunaway. Película que nos interroga, que contagia al espectador su desesperación. que fascina e hipnotiza... como el cine del irrepetible Kazan.
- "Sérpico" (1973) de Sidney Lumet. Auténtica edición de lujo a cargo de Studio Canal. Policíaco de denuncia valiente y provocador, con el sello propio del cine inolvidable que nos regaló USA en la década de los setenta. Todos deberíamos ser como Sérpico, todos deberíamos hacer del mundo un Greenwich Village.
- "Nana" (1926) de Jean Renoir. Estoy deseando tener un hueco para poder disfrutar de esta adaptación de Zola, considerada uno de los mejores títulos de la etapa muda del maestro francés. A ver si las distribuidoras van desempolvando el Renoir de los treinta y le hacen justicia de una buena vez.
- Mi periplo europeo en cuanto a adquisiciones en DVD se refiere concluye con dos clásicos polacos de los sesenta: "La pasajera" (1963) de Andrzej Munk y Witold Lesiewicz (cincuenta y tantos aterradores minutos capaces de transmitirnos la sensación escalofriante del Holocausto) y "El manuscrito encontrado en Zaragoza" (1965) de Wojciech Has (escuchar por boca de un polaco un apellido tan español como "Pacheco" ya sería razón suficiente para justificar este surrealista divertimento... pero, por supuesto, esta maravilla ofrece infinitamente más que la insignificante anécdota que menciono).
No quisiera olvidarme de los dos Wyler's que me acaban de llegar desde el otro lado del Atlántico vía Amazon: "La loba" (1941) y "El coleccionista" (1965), ejemplos de la capacidad de adaptación de su director a lo largo del tiempo, dos melodramas que ponen de manifiesto que es mucho más que un "correcto, obediente y hábil artesano" al servicio de una industria. Si "La loba" está un peldaño más abajo que la inolvidable "La carta", "El coleccionista" supone para mí una película que adoro con placer fetichista, desafiante al paso del tiempo, capaz de mostrar unos arranques de personalidad que muchos negaron a un William Wyler que al finalizar su carrera se puso farruco y plantó cara... algo que sin duda le honra.
Sobre este blog
Rafa Morata - Cine y Vida
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Aunque me dedico a la enseñanza -maestro de Educación Primaria en un colegio público-, soy un enamorado del cine. Con este blog pretendo fundir dos ingredientes que, en mi caso, son indisolubles: cine y vida. De ahí surge, por tanto, su nombre y su razón de ser. Compartir con los lectores -de una forma siempre personal- a mis directores favoritos, las películas que me han marcado, mis alegrías, fobias y manías relacionadas con el Séptimo Arte, mis compras cinéfilas en DVD y, en definitiva, mis pensamientos (que, en ocasiones, traspasarán la barrera del Cine) son mis objetivos.
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