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    <message>                                      EL CAPIT&#193;N DON RUFINO SOLANO 
                                      EL DIPLOMATICO DE LAS PAMPAS       
                             
        El Capit&#225;n Don Rufino Solano actu&#243; en la llamada &#8220;Frontera del desierto&#8221; entre los a&#241;os 1855 y 1880, donde desarroll&#243; un papel incomparable dentro de nuestra historia argentina. Durante su labor, conoci&#243; y trat&#243; personalmente con las m&#225;s altas autoridades, tales como Justo Jos&#233; de Urquiza, Domingo F. Sarmiento, Nicol&#225;s Avellaneda, Bartolom&#233; Mitre, Marcos Paz, Adolfo Alsina, Mart&#237;n de Gainza y, al final de su carrera,  el mism&#237;simo Julio A. Roca. En el &#225;mbito militar actu&#243; y combati&#243; bajo las &#243;rdenes del Coronel &#193;lvaro Barros, Coronel Francisco de El&#237;as, General Ignacio Rivas, Coronel Benito Machado, entre otros. En el terreno eclesi&#225;stico, fue adem&#225;s el eslab&#243;n militar con el Arzobispado metropolitano, en la figura de su Arzobispo Monse&#241;or Le&#243;n Federico Aneiros, denominado &#8220;El Padre de los indios&#8221;. Esta &#250;ltima tarea lo llev&#243; a actuar de manera estrecha con el Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire, mentor y fundador de la Gran Bas&#237;lica de Nuestra Se&#241;ora del Luj&#225;n.  

 
El Capit&#225;n Solano junto al Cacique Namuncur&#225; y tres Capitanejos
            
               Este militar, con verdadero arte y aplomo, tambi&#233;n se vinculaba y relacionaba con todos los Caciques, Caciquejos y Capitanejos de las pampas, adentr&#225;ndose hasta sus propias tolder&#237;as para contactarlos. Mediante estas acciones, logr&#243; liberar cientos de personas, entre cautivas, ni&#241;os, canje de prisioneros. De igual manera, por medio de sus oficiosas gestiones, recuperaron la libertad camaradas e incluso funcionarios, como es el caso de Don Exequiel Mart&#237;nez, Juez de Paz de Tapalqu&#233;; en una &#233;poca donde arreciaban los terribles malones tanto a los poblados, como en la zona rural.

      Del mismo modo, mediante su tarea mediadora y pacificadora, logr&#243; evitar incontables enfrentamientos y contener ataques a las poblaciones. Actividad que fue expresa y directamente encomendada por las m&#225;s altas autoridades nacionales. Es por ello, que prestigiosos y acad&#233;micos historiadores, concluyen sin vacilar que &#8220;durante casi veinte a&#241;os el Capit&#225;n Solano logr&#243; mantener la paz en sus confines (sic)&#8221; R. Entraigas, Op. Citada. Galardonan su legajo militar dos glosas manuscritas por el Coronel &#193;lvaro Barros, fundador de Olavarr&#237;a y primer gobernador de la Patagonia, donde lo colma de merecidos elogios.

           
  
            Ignacio Rivas                                Adolfo Alsina                                         &#193;lvaro Barros        
       
Por este don que pose&#237;a, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina, ante una gran multitud reunida en el Azul en el mes de diciembre del a&#241;o 1875, le manifest&#243;: &#8220;Capit&#225;n Rufino solano, usted en su oficio es tan &#250;til al pa&#237;s como el mejor guerrero&#8221;. Es que, mediante tratados de paz, logr&#243; evitar inminentes ataques en la frontera del desierto, extensa regi&#243;n de nuestro pa&#237;s donde exist&#237;a mucha debilidad y que qued&#243; muy desprotegida durante la guerra con Paraguay.  
        
      Si bien era poseedor de una gran valent&#237;a, lo que m&#225;s identificaba a este militar era su t&#233;cnica y poder de persuasi&#243;n, no solo porque dominaba el idioma araucano a la perfecci&#243;n, sino porque adem&#225;s sab&#237;a como plantarse y dirigirse ante los bravos y recelosos caciques, demostrando adem&#225;s lealtad, sinceridad y honestidad en su trato; esta innata virtud le permiti&#243; gozar del m&#225;ximo prestigio y confianza de ambos bandos. 

      Mediante su atinado manejo de las situaciones cr&#237;ticas, logr&#243; evitar mayores derramamientos de sangre y por este aspecto, con toda justicia, se lo conoci&#243; como &#8220;El diplom&#225;tico de las pampas&#8221;. Su actividad se vio interrumpida cuando el General Julio A. Roca decidiera llevar a cabo la &#8220;conquista del Desierto&#8221;, en 1880, contienda en que la que Rufino Solano no particip&#243;. Pero actu&#243; valientemente como soldado cuando debi&#243; defender a los suyos, como veremos m&#225;s adelante.

      En cumplimiento de su tarea, se lo vio acompa&#241;ando a cuanta delegaci&#243;n de ind&#237;genas se acerc&#243; a Buenos Aires a parlamentar con las autoridades nacionales, sean estas pol&#237;ticas, militares o eclesi&#225;sticas. Cuando ven&#237;a con estas embajadas, se alojaba en el Hotel Hispano Argentino o cualquier otro de Buenos Aires, en muchas ocasiones en los Cuarteles del Retiro, desde donde iba con ellos a las distintas entrevistas y audiencias, finalizadas las mismas, los acompa&#241;aba de regreso, cabalgando junto a ellos, rumbo a la frontera.

 

En la fotograf&#237;a se lo puede ver junto a varios Caciques, enviados de Calfucur&#225;, esperando una entrevista con el General Justo J. de Urquiza.

                                             El diplom&#225;tico de las pampas

        Durante sus servicios, efectu&#243; traves&#237;as de miles de kil&#243;metros a caballo, siempre acompa&#241;ado por un pu&#241;ado de soldados e incluso en riesgosas ocasiones se aventuraba en soledad; sol&#237;a pasar varias jornadas en las tolder&#237;as, donde era admitido y aceptado merced al enorme respeto y consideraci&#243;n que se le ten&#237;a, cada acercamiento le permiti&#243; retirarse llev&#225;ndose cautivas y prisioneros de los indios.

       Este &#8220;hombre de dos mundos&#8221; sab&#237;a hablar el idioma de los ind&#237;genas y sus distintos dialectos a la perfecci&#243;n, especialmente el araucano, la lengua de Calfucur&#225;, Namuncur&#225;, Pins&#233;n, etc., manejando los t&#233;rminos adecuados para manifestarse ante estos  l&#237;deres.  Tambi&#233;n pose&#237;a esta valiosa habilidad para tratar con sus mandos, en castellano, tanto militares como del Gobierno Nacional, a fin de arribar a acuerdos ecu&#225;nimes y que finalmente se cumplieran. Esta honestidad en su comportamiento, le permit&#237;a al Capit&#225;n Solano ser bien recibido en las tolder&#237;as para lograr salvar nuevas vidas.

        En cierta ocasi&#243;n, durante sus patrullas por la frontera, sorpresivamente se encontraron rodeados por una gran cantidad de indios, Solano iba con un reducido n&#250;mero de hombres. Sus soldados, armas en mano, se prepararon para una r&#225;pida retirada a campo abierto, pero el Capit&#225;n les orden&#243; que se quedaran quietos, comprendi&#243; que actuando de esta manera lo &#250;nico que iban a conseguir ser&#237;a que los &#8220;chucearan&#8221; por la espalda. En vista de ello, les pidi&#243; que esperaran, que ir&#237;a a parlamentar para tratar de salvar sus vidas, y de inmediato se dirigi&#243; decidido y solo hacia un individuo que, por su postura y aspecto, parec&#237;a era el l&#237;der de la indiada. Tras este parlamento, donde solo D&#237;os sabe lo que le dijo, como resultado del mismo todos se adentraron hasta la tolder&#237;a y al cabo de unos d&#237;as regresaron sanos y salvos, incluso con un grupo de cautivas y prisioneros, siendo escoltados por los propios indios hasta las cercan&#237;as del fuerte. Este hecho y muchos episodios m&#225;s, se encuentran plasmados en valiosos manuscritos de la &#233;poca, obrantes en el Archivo Hist&#243;rico del Ej&#233;rcito Argentino, como claro testimonio  del prestigio que gozaba el ilustre azule&#241;o.

        Durante su larga vida de frontera, son innumerables los momentos en que la vida del Capit&#225;n Solano en la cual estuvo a cinco cent&#237;metros de punta de una lanza, donde logr&#243; salvar su vida, y la de muchos, gracias a esta prodigiosa habilidad que pose&#237;a. 

        Rufino Solano actu&#243; en los Fuertes Estomba, Blanca Grande y del Arroyo Azul, entre tantos otros, y por su desempe&#241;o militar se lo considera uno de los forjadores de las fundaciones de las ciudades de Olavarr&#237;a, San Carlos de Bol&#237;var, lugares donde le toc&#243; servir. 

                     Rescate de prisioneros de la ciudad de Rosario, Santa Fe
                     
        Para el a&#241;o 1873, en un multitudinario acto, le fue entregada en la ciudad de Rosario, Pcia. de Santa Fe, una medalla de oro en premio a sus servicios rescatando prisioneros y cautivas residentes en esa ciudad. Dicha misi&#243;n, cumplida con absoluto &#233;xito, le hab&#237;a sido encomendada por La Sociedad de Beneficencia y la Comisi&#243;n de Rescate de Cautivos, ambas de Rosario. En dicho acto tambi&#233;n se le hizo entrega de un testimonio de gratitud que manifiesta lo siguiente: &#8220;Rosario, 5 de agosto de 1873. Al Capit&#225;n Don Rufino Solano: Me es satisfactorio dirigirme a Ud. Particip&#225;ndole que el &#8220;Club Social&#8221; que tengo el honor de presidir resolvi&#243; en asamblea general obsequiar a Ud. Con una medalla de oro que le ser&#225; entregada por el socio Don Jos&#233; de Caminos la que tiene en su faces verdadera expresi&#243;n de los sentimientos que han inspirado al &#8220;Club Social&#8221; a votar en su obsequio este testimonio de simpat&#237;a y agradecimiento por la atenta abnegaci&#243;n y generosidad con que penetr&#243; hasta las tolder&#237;as de los indios de la Pampa para realizar el rescate de los cautivos cristianos, llevando con plausible resultado la dif&#237;cil y peligrosa misi&#243;n  que le encomend&#243; la Comisi&#243;n de rescate del Rosario. Esta sociedad no podr&#225; olvidar tan preciosos servicios y ha resuelto acreditarle estos sentimientos con este d&#233;bil pero honroso testimonio. Manifestando as&#237; los deseos del &#8220;Club Social&#8221; del Rosario, me  complazco en ofrecer a Ud. Toda mi consideraci&#243;n. Firmado: Federico de la Barra (Presidente)&#8221;. 
           Dicho acontecimiento fue reproducido en las primeras planas de todos los diarios de la de la ciudad de Rosario y de la Capital Federal, de aquella &#233;poca.  Nos parece justo reproducir el art&#237;culo aparecido en la primer p&#225;gina de la edici&#243;n del d&#237;a 14 de marzo de 1873, del Diario &#8220;El Nacional&#8221;, el principal de la ciudad de Buenos Aires, que de manera textual dice lo siguiente: &#8220;JUSTICIA AL MERITO &#8211; El Capit&#225;n Solano, que fue comisionado para rescatar los cautivos del Departamento del Rosario, regres&#243; ayer de aquella ciudad, es donde nos dice ha merecido las m&#225;s cordiales atenciones de la Comisi&#243;n para el rescate de cautivos, y con especialidad del c&#237;rculo denominado &#8220;Club Social&#8221;, compuesto de lo m&#225;s distinguido  y de lo m&#225;s culto de la sociedad del Rosario; cuya asociaci&#243;n le discerni&#243; el honor de acordarle una medalla de oro en recuerdo de estimaci&#243;n y gratitud a sus muy importantes servicios. Ese acto tan bien inspirado debe ser imitado en ocasiones an&#225;logas por todos los pueblos argentinos, que suelen ser olvidadizos con el verdadero m&#233;rito. Es una iniciativa que honra altamente al pueblo del Rosario y evidencia su cultura y sus sentimientos delicados, como hace doblemente simp&#225;tico al &#8220;Club Social&#8221;, al cual enviamos como argentinos las m&#225;s ardientes felicitaciones, por el acto de justicia y de moral social de que acaba de dar tan noble ejemplo a su pa&#237;s. El &#8220;Club Social&#8221; que es al Rosario lo que el del &#8220;Progreso&#8221; es a Buenos Aires, abre sus amenos salones a los lej&#237;timos (sic) placeres del esp&#237;ritu, pero tiene un pensamiento inteligente y trascendental para los generosos est&#237;mulos, y ha de influir necesariamente en orden a los adelantos del pa&#237;s. El Capit&#225;n Solano que sigue viage (sic) para la frontera, va lleno de justa satisfacci&#243;n y gratitud&#8221;. Acciones como esta, se repitieron innumerables cantidad de veces en la vida del Capit&#225;n Solano.

               Luego de finalizar la conquista, los indios continuaron buscando al Capit&#225;n Rufino Solano para que les ayudara a conseguir tierras donde vivir y muchos de ellos las consiguieron gracias a su influencia, conduci&#233;ndolos ante el Presidente de la Naci&#243;n, el General Julio A. Roca, a efectuar sus justos petitorios; as&#237; lo hicieron el Cacique Valent&#237;n Sayhueque, Manuel Namuncur&#225;, la Reina de los Indios Catrieleros Bibiana Garc&#237;a, entre muchos otros. En esos territorios obtenidos hoy se hallan enclavadas las ciudades de Catriel, Valcheta y otras poblaciones, dentro del territorio de las provincias de Buenos Aires, La Pampa y de R&#237;o Negro.

       Blanca Grande, Olavarr&#237;a. Batalla de San Carlos, Bol&#237;var. Muerte de Calfucur&#225;. 
   
       El capit&#225;n Rufino Solano intervino en numerosas batallas en defensa de los pueblos fronterizos, enfrent&#225;ndose al ataque de malones (San Carlos de Bol&#237;var, Azul, Olavarria, Cachar&#237;, Tapalqu&#233;, Tandil, Bah&#237;a Blanca, Tres Arroyos, etc.), entre ellas son dignas de mencionar su intervenci&#243;n en Blanca Grande a las &#243;rdenes de los coroneles Benito Machado y Alvaro Barros, sentando las bases de la actual ciudad de Olavarr&#237;a, y luego, a partir de 1868, permaneci&#243; en la ciudad de Azul junto al coronel Francisco El&#237;as. Posteriormente a las &#243;rdenes del General Ignacio Rivas, ya con el grado de capit&#225;n, particip&#243; en la feroz e encarnizada batalla de San Carlos, el 8 de marzo de 1872, abriendo los cimientes de la que es la actualidad la ciudad de San Carlos de Bol&#237;var; en esta &#250;ltima contienda, que dur&#243; todo el d&#237;a, los indios, reconoci&#233;ndolo, le gritaban &#8220;p&#225;sese Capit&#225;n !!&#8221;. En esta batalla, en la que particip&#243; como jefe del cuerpo de baqueanos, y fue debido a sus indiscutibles conocimientos de los campos que la Divisi&#243;n del General Ignacio Rivas logr&#243; hacer marchas rapid&#237;simas.
         Su intervenci&#243;n en San Carlos no impidi&#243; a este valiente soldado, que al poco tiempo de esta decisiva batalla, se presentara nuevamente en la propia tolder&#237;a del temible cacique Calfucur&#225;, su contrincante vencido, apodado &#8220;El Soberano de las pampas y de la Patagonia&#8221;, siendo casi un milagro que no lo mataran; no solo no ocurri&#243; ello, sino que al cabo de algunos d&#237;as pudo retirarse llev&#225;ndose consigo decenas de cautivas a sus hogares.
 
         Este episodio es &#250;nico e inolvidable, porque Calfucur&#225;, sinti&#233;ndose morir, en la noche del 3 de julio de 1873, y viendo al Capit&#225;n Solano velando junto a su lecho, conmovido, le indic&#243; que deb&#237;a retirarse de inmediato porque luego de su muerte lo iban a ejecutar junto con todas las cautivas. Con escaso tiempo, as&#237; lo hizo, e inmediatamente luego del fallecimiento del cacique, parti&#243; el mal&#243;n en persecuci&#243;n del rescatador y las cautivas: se escuchaban cada vez m&#225;s pr&#243;ximos los aterradores alaridos de sus perseguidores y cabalgando durante toda la noche, finalmente lograron salvarse llegando al d&#237;a siguiente a sitio seguro. Fue as&#237; como el Capit&#225;n Rufino Solano fue el &#250;ltimo cristiano que vio con vida a este legendario cacique, el cual, en sus &#250;ltimos instantes de vida, tuvo este gesto de majestuosa grandeza y generosidad. Por esta verdadera haza&#241;a, el Capit&#225;n Solano fue recibido con admiraci&#243;n y gratitud en Buenos Aires por el Arzobispo Aneiros, el Presidente de la Naci&#243;n y todo su gabinete. Monse&#241;or Aneiros mand&#243; a colocar, en el Palacio del Arzobispado, una placa conmemorativa de este singular suceso.  

                                          Su participaci&#243;n junto a la Iglesia.
 
        A prop&#243;sito de esta m&#225;xima figura de la Iglesia Argentina, el Arzobispo Federico Le&#243;n Aneiros, como dijimos, denominado &#8220;El Padre de los indios&#8221;, en numerosas oportunidades, el Capit&#225;n Rufino Solano le ofici&#243; de enlace e int&#233;rprete con diversas embajadas de l&#237;deres ind&#237;genas, con quienes, esta c&#233;lebre autoridad eclesi&#225;stica del pa&#237;s, mantuvo reuniones en mencionado Hotel Hispano Argentino de Buenos Aires y en otras oportunidades, en la propia sede del Arzobispado. Por iniciativa de de este alto prelado, en el a&#241;o 1872, entr&#243; en funciones el designado &#8220;Consejo para la Conversi&#243;n de los Ind&#237;genas al Catolicismo&#8221;, con el primordial prop&#243;sito de planificar y llevar a cabo misiones evangelizadoras en las zonas fronterizas, donde se hallaban asentadas las tribus de Cipriano Catriel, Raylef, Coliqueo, Melinao y Juan Calfucur&#225; (Piedra Azul) y posteriormente su hijo, Manuel Namuncur&#225;.

        La Iglesia anteriormente hab&#237;a intentado un acercamiento al aborigen, fue as&#237; como en enero de 1859, el Padre Guim&#243;n, asistido por los Padres Harbust&#225;n y Larrouy, bayoneses, se internaron en Azul para entrevistarse con Cipriano Catriel, manteniendo tres encuentros con este cacique. El primero fue halag&#252;e&#241;o, mostr&#225;ndose Catriel sol&#237;cito para atender los requerimientos. En el segundo, el P. Guim&#243;n expuso los proyectos de su acci&#243;n evangelizadora, expres&#225;ndole: &#8220;Somos extranjeros, hemos consentido el sacrificio de abandonar nuestro  pa&#237;s, nuestros parientes y amigos, con el solo fin de dar a conocer la verdadera religi&#243;n&#8230; &#191;No tendr&#237;a el cacique el deseo de ser instruido en ella?&#8221;. &#8220;-&#191;Por lo menos negar&#237;a el permiso de ense&#241;arla a la gente de la tribu y especialmente a los ni&#241;os?&#8221;.          Todo hac&#237;a prever la afirmativa respuesta del cacique, sin embargo, despu&#233;s de consultar al adivino y a los dem&#225;s jefes, Catriel denot&#243; su negativa. Finalmente, durante la tercera entrevista, el cacique respondi&#243; de este modo: &#8220;No queremos recibirlo m&#225;s en adelante, ni siquiera una vez, aunque fuera solo para satisfacci&#243;n de su curiosidad&#8221;. Debido a este manifiesto y terminante rechazo demostrado por los ind&#237;genas, el misionero debi&#243; regresar a Buenos Aires, viendo totalmente frustrado su intento de acercamiento.

        Catorce a&#241;os mas tarde, el 25 de enero de 1874, arriba al Azul el Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire (lazarista) con id&#233;nticas intenciones de catequizar e impartir los sacramentos, pero esta vez contando el sacerdote y la Iglesia con la invalorable presencia intercesora del acreditado capit&#225;n Rufino Solano. Es as&#237; como debiendo internarse en la pampa, en direcci&#243;n a los toldos de Namuncur&#225;, la prudencia y la cautela de este notable sacerdote le aconsejaron la intervenci&#243;n de &#8220;&#8230;el capit&#225;n Rufino Solano, hombre experimentado en la vida de frontera, que en varias oportunidades y con el mismo fin hab&#237;a participado para Salinas Grandes, gan&#225;ndose la confianza de los caciques y capitanejos, cuya lengua conoc&#237;a a la perfecci&#243;n&#8221; (Monse&#241;or J. G. Dur&#225;n, Ops. citadas.) 

        Queda  certificada la activa participaci&#243;n y la ben&#233;fica influencia ejercida por el capit&#225;n Solano, por la existencia de cordiales y afectuosas misivas dirigidas al mismo durante las tratativas: dos enviadas por el cacique Alvarito Reumay, fechadas el 15 de febrero y 13 de marzo de 1874 y una tercera remitida por el cacique Bernardo Namuncur&#225;, el &#8220;escribano de las Pampas&#8221;, fechada el 13 de marzo de 1874. Es bien conocido que este &#250;ltimo, Bernardo, fue el que salv&#243; al Padre J. M. Salvaire cuando estaba a punto de ser ultimado por su hermano, el cacique Manuel Namuncur&#225;, hijo de Juan Calfucur&#225; y padre de nuestro Beato Ceferino Namuncur&#225;. (Archivo Bas&#237;lica Ntra. Sra. de Luj&#225;n, J. M. Salvaire, Fuente citada).

        Son c&#233;lebres los sucesos ocurridos en el transcurso de las mencionadas tratativas. La providencial intervenci&#243;n de Bernardo Namuncur&#225; salv&#225;ndole la vida al P. Salvaire, y las consiguientes promesas efectuadas a la virgen de Luj&#225;n por el Padre Salvaire, que han dado origen a su proceso de beatificaci&#243;n, el cual se halla en tr&#225;mite. 


   
                         1                                       2                                          3

1) Arzobispo Le&#243;n Federico Aneiros y otros sacerdotes. 2) Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire. 3) Placa Padre Salvaire.

            Fue as&#237; como el Capit&#225;n Rufino Solano trat&#243;, colabor&#243; y le allan&#243; el camino en la misi&#243;n, casi quince a&#241;os postergada, al virtuoso y venerable Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire, llamado &#8220;El misionero del desierto y de la Virgen del Luj&#225;n&#8221;, logrando as&#237; la Iglesia tener un contacto mucho m&#225;s frecuente y fluido con los caciques. As&#237; lo testimonian expresivas correspondencias remitidas por el Cacique Manuel Namuncur&#225; al Arzobispo Aneiros y sus respectivas respuestas, destacando este cacique la presencia del Capit&#225;n Solano guiando la delegaci&#243;n que iba a entrevistar al ilustre Arzobispo, entre muchas otras. (Cap&#237;tulo &#8220;Correspondencia con los caciques&#8221;, Op. Citada, Cardenal S. L. Copello) 

           Fue el propio Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire qui&#233;n, m&#225;s tarde, coloc&#243; la piedra fundamental de la gran Bas&#237;lica de Nuestra Se&#241;ora del Luj&#225;n, el 15 de mayo de 1887, luego fue su Cura P&#225;rroco, y muri&#243; en la misma ciudad de Luj&#225;n el 4 de febrero de 1899 a los 51 a&#241;os de edad. Sus restos fueron depositados en la cripta situada en el crucero derecho de la Gran Bas&#237;lica a los pies de la imagen de la Medalla Milagrosa, al lado del Altar Mayor, donde yacen hasta el d&#237;a de hoy. Por su parte, los restos del Arzobispo Aneiros descansan en un mausoleo situado en el ala derecha de la Catedral de Buenos Aires, en la capilla consagrada a San Mart&#237;n de Tours. 

       Por cierto, resulta una verdadera injusticia que la derruida tumba de este notable militar azule&#241;o se halle ubicada en el rinc&#243;n m&#225;s apartado, abandonado y olvidado del cementerio de la ciudad de Azul, en un lugar que sin ayuda,  dif&#237;cilmente se la podr&#237;a localizar.        

         
  

Cripta del Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire (Luj&#225;n).  Mausoleo de Monse&#241;or Aneiros (Catedral,  de Bs. As.)

            Por la muy meritoria labor desplegada por el Capit&#225;n Solano, junto a estas emblem&#225;ticas figuras de la Iglesia, no son pocos los historiadores religiosos que lo se&#241;alan y lo refieren en se&#241;al de reconocimiento a su valiosa colaboraci&#243;n; incluso en la m&#225;s reciente actualidad, el destacado historiador Monse&#241;or Dr. Juan Guillermo Dur&#225;n, miembro de la Academia Nacional de la Historia y Director del Departamento de Historia de la Iglesia, de la Facultad de Teolog&#237;a de la Universidad Cat&#243;lica Argentina, en el a&#241;o 2001, vino hasta la ciudad de Azul para fotografiar la tumba del Capit&#225;n Solano, public&#225;ndola a p&#225;gina completa en su libro &#8220;En los Toldos de Catriel y Railef&#8221; (Editorial de la Pontificia Universidad Cat&#243;lica Argentina, 2002). Por estas s&#243;lidas e incuestionables razone, sin dudas, se puede afirmar que el Capit&#225;n Rufino Solano sigue siendo el militar m&#225;s querido y reconocido por la Iglesia.

      Hace a&#250;n m&#225;s valiosa y resalta su intervenci&#243;n, el hecho de que su figura represent&#243; el punto de inflexi&#243;n entre la funci&#243;n del ej&#233;rcito y la acci&#243;n de la Iglesia, cuyas posturas y principios se mostraron en aquella &#233;poca, por sus dis&#237;miles naturalezas, muy a menudo enfrentadas, incompatibles y hasta inconciliables. 

       Para comprender y valorizar la obra del Capit&#225;n Solano, es necesario ubicarse en el dif&#237;cil contexto y en el paisaje de la &#233;poca y en nuestra patria. Por esos d&#237;as la frontera era como pararse en la orilla del mar, no hab&#237;a nada m&#225;s que horizonte. En ese horizonte, de manera rec&#243;ndita acechaba el peligro, los indios, la muerte, la cautividad. No exist&#237;an &#225;rboles ni otro obst&#225;culo natural que interrumpiera la visi&#243;n, durante las agotadoras traves&#237;as se deb&#237;a pernoctar en medio de aquella inmensidad, sin nada para cobijarse, solo exist&#237;a cielo, tierra y distancias. Tampoco lo hab&#237;a para guarecerse de las inclemencias del fr&#237;o, de la lluvia, el viento o el calor. Id&#233;ntica situaci&#243;n se produc&#237;a para el caso que hubiera que combatir ante el h&#225;bil y astuto rival.  

        Las marchas duraban d&#237;as, semanas enteras, se deb&#237;a llevar suficiente cantidad de provisiones y abundante caballada para el recambio. Los indios brotaban de la tierra como por arte de magia. El espect&#225;culo de una tolder&#237;a india es inimaginable, all&#237; las cautivas y dem&#225;s prisioneros viv&#237;an en un infierno. Si alguien lograba escapar, seguramente mor&#237;a en el interminable desierto.

        Las mujeres indias, por celos, hostigaban continuamente a las cautivas y les daban de comer las sobras, como si fueran perros. Deb&#237;an desarrollar las tareas m&#225;s duras y para que no escaparan, a los prisioneros se les despellejaba las plantas de los pies, lo que obligaba a trasladarse arrastr&#225;ndose por el suelo. Las escenas y el ambiente eran ciertamente escalofriantes. Salvo estas cosas, no difer&#237;a demasiado la dura y dif&#237;cil vida que se llevaba en los fortines o en los pueblos que se formaban alrededor de ellos.

       A pesar del impiadoso paso del tiempo, este formidable ser es una clara demostraci&#243;n que cuando alguien es verdaderamente grande, jam&#225;s puede ser olvidado totalmente, porque esa grandeza es capaz de superar los mayores obst&#225;culos, tales como la indiferencia, la fr&#225;gil memoria y la ingratitud. Ello se debe a que los servicios del capit&#225;n Rufino Solano, sus conocimientos, destreza y valent&#237;a, fueron requeridos desde todos los sectores de la esfera social, comenzando por desesperados familiares que le rogaban que rescatara a sus seres queridos, continuando por los mandos del gobierno, tanto pol&#237;ticos como militares, y a&#250;n como producto de la constante preocupaci&#243;n de la Iglesia por darle una soluci&#243;n a tan dif&#237;cil situaci&#243;n. 

       Durante d&#233;cadas, todos supieron quien era y donde estaba el &#8220;capit&#225;n salvador&#8221; y &#233;l cumpli&#243; con todos. All&#237; encontramos la explicaci&#243;n de su recuerdo: simplemente porque no se puede investigar nuestra historia sin encontrarnos de repente con su noble estampa. A&#250;n en la actualidad, su importante presencia ha sido estudiada y valorada incluso en obras de autores y universidades del exterior. Captive Women: Oblivion and Memory in Argentina. Susana Rotker, 2002, University of Minnesota, USA; Rutgers University, Wilson Center, 1977, New Jersey, USA; Ftes. Citadas).    

        El capit&#225;n Solano, vivi&#243; y sirvi&#243; a su querida Patria durante toda su larga, pobre y sacrificada vida de frontera, donde rara vez le llegaba un sueldo desde Buenos Aires. 

        Rufino era hijo de Don DIONISIO SOLANO (1777/1882), un valiente Teniente de Patricios, guerrero de las Invasiones Inglesas, y de la Independencia Nacional, que actu&#243; junto al General Manuel Belgrano durante las Campa&#241;as al Paraguay y del Norte; y m&#225;s tarde, fue el jefe de la caravana de familias fundadoras de la ciudad de Azul, all&#225; por el a&#241;o 1832, fue Alcalde originario(*) de ella, muriendo en esta poblaci&#243;n a una edad superior a los cien a&#241;os. (Antonio G. del Valle, Alberto Sarramone, Ricardo Piccirilli, Enrique Udaondo, Vicente O. Cutolo, Juan G. Dur&#225;n, obras citadas. *Archivo de la Municipalidad de Azul (a&#241;o 1837 y otros), Iglesia Catedral de Azul, Revista Biblos, Ftes. Citadas)

  

Dos fotograf&#237;as de Rufino Solano. La segunda data de 1912, un a&#241;o antes de su 
fallecimiento


       A menos de cinco a&#241;os de la fundaci&#243;n del Azul, naci&#243; nuestro personaje (1837), viviendo en su pueblo natal hasta su muerte, ocurrida el 20 de julio de 1913. As&#237; lo certifican su acta bautismal en la Iglesia Catedral de Azul, los Censos Nacionales de 1869 y 1895 (el primero y segundo del pa&#237;s) y la certificaci&#243;n de su defunci&#243;n, asentada en registro del cementerio local.

 

Sepulcro del capit&#225;n Rufino Solano, cementerio de la ciudad de Azul.

                             Este ejemplar ser humano, que lo dio todo por sus semejantes, al cual centenares de familias le deben hoy su existencia, muri&#243; pobre, viejo y olvidado en su pueblo natal y se llamaba Don RUFINO SOLANO, capit&#225;n del ej&#233;rcito argentino, y su mayor orgullo fue ser, como &#233;l siempre lo dec&#237;a: &#8220;un fiel servidor de la Patria&#8221;.-

                                                                                   Autor: Omar Horacio Alc&#225;ntara
 
BIBLIOGRAF&#205;A Y FUENTES UTILIZADAS
- Dur&#225;n, Juan Guillermo. El Padre Jorge Mar&#237;a Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva &#8211; 1866-1875. Buenos Aires, Ediciones Paulinas, 1998. En los Toldos de Catriel y Railef. Editorial Pontificia de la Universidad Cat&#243;lica Argentina, 2002.
- Sarramone, Alberto. Historia del Antiguo Pago del Azul. Editorial Biblos, Azul, 1997. 
- Del Valle, Antonio G. Recordando el Pasado. Editorial Placente y Dupuy, Azul, 1926.
-  Buchbinder, Pablo; Alexander Abel y Priamo, Luis. Buenos Aires Ciudad y Campa&#241;a 1860/1870. Editorial Antorchas, 2000. 
- Santill&#225;n, Diego A. de. Gran Enciclopedia Argentina. Ediar Soc. An&#243;n. Editores, 1961.
- Azcona, Alberto E. Guerra en las pampas. Editorial Corregidor. Buenos Aires, 1994.
- Tarnopolski, Samuel. Libro con Indios Pampas y conquistadores del desierto, Expansi&#243;n Bibliogr&#225;fica Americana, Buenos Aires, 1958.
- Dur&#225;n, Juan Guillermo. Frontera, indios, soldados y cautivos -1780-1880. Buenos Aires, 2006. Bouquet Editores; Universidad Cat&#243;lica Argentina. Facultad de Teolog&#237;a. 
- Tanzi, H&#233;ctor Jos&#233;. Monse&#241;or Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, y la Iglesia de su tiempo. Junta de Historia Eclesi&#225;stica Argentina, Buenos Aires, 2003.
-  P. Hux, Meinrado. Caciques Huilliches y Salineros. Ediciones Marymar, 1991.
- Walter, Juan Carlos. La Conquista del Desierto. Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), Buenos aires, 1970.
- Cardenal Copello, Santiago Lu&#237;s. Gestiones del Arzobispo Aneiros a favor de los Indios, hasta la Campa&#241;a del Desierto. Buenos Aires, 1945. Imprenta y Casa Editora &#8220;Coni&#8221;, Edici&#243;n definitiva.-
- Udaondo, Enrique. Diccionario Biogr&#225;fico Argentino. Imprenta Coni, Buenos aires, 1938.
- Cutolo, Vicente Osvaldo.  Nuevo Diccionario Biogr&#225;fico Argentino. Editorial Elche, Buenos Aires, 1985.
- Ricardo Piccirilli, Francisco L. Romay y Leoncio Gianello. Diccionario Hist&#243;rico Argentino. Ediciones Hist&#243;ricas Argentinas, Buenos aires, 1953.-.
- Udaondo, Enrique. El significado de la Nomenclatura de las estaciones ferroviarias de la Rep&#250;blica Argentina (Estaci&#243;n El Lenguaraz). Talleres Gr&#225;ficos del Ministerio de Obras P&#250;blicas, 1942.
- Mieyaa, Pedro. El Beato Miguel Garico&#239;ts. Fundador de los Padres Bayoneses, Buenos Aires, 1942, Historia de la Iglesia. Buenos Aires, 1942, p&#225;gs. 376/79.&#8212;
- Capdevila, R. Dar&#237;o. El nombre. Ediciones Patria, Buenos Aires, 1967.
- Entraigas, Ra&#250;l. Historia Argentina Contempor&#225;nea 1862 - 1930. Publicado por la Academia Nacional de Historia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires.
- Rojas Lagarde, Jorge Lu&#237;s. El Mal&#243;n de 1870 a Bah&#237;a Blanca, Ediciones Culturales Argentinas, 1984.
- Rotker, Susana. Captive Women: Oblivion and Memory in Argentina / "Cautivas: Olvidos y memoria en la Argentina". Traducido por Jennifer French, 2002, University of Minnesota Press. (U.S.A.).
-  Est&#233;vez, Juan Jos&#233;. Pinc&#233;n. Vida y leyenda, Direcci&#243;n General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991.
- Clifton Goldney, Adalberto A. El Cacique Namuncur&#225;. &#218;ltimo soberano de la pampa. Editorial Huemul, Buenos Aires, 1963. 
- Co&#241;a, Pascual. Testimonio de un cacique mapuche. Pehu&#233;n Editores Limitada. Santiago de Chile, 3&#170; edici&#243;n, 1984.
- Manuel G&#225;lvez. El santito de la tolder&#237;a, vida de Ceferino Namuncur&#225;.. Editorial Poblet, Buenos aires, 1947. Biograf&#237;as Completas. Emec&#233; Editores, Buenos Aires, 1962.
- Cas&#225;, Agust&#237;n Guillermo / House, Guillermo. Anselmo Coronel. Ediciones La Posta, Buenos Aires, 1955.
- V&#233;lez, Francisco Melchor. Ante la posteridad: Personalidad marcial del Teniente General. Editorial Araujo, Buenos Aires, 1938.
- Zeballos, Estanislao Severo. Callvucur&#225; y la Dinast&#237;a de Los piedras. Editorial Hachette, Buenos Aires, 1954. 
- Memorias del Ministerio de Guerra y Marina, Rep&#250;blica Argentina, Buenos aires, Edici&#243;n 1881 y otros.
- Revista chilena de historia y geograf&#237;a,  editada por la Sociedad Chilena de Historia y Geograf&#237;a, Archivo Nacional (Chile). Santiago de chile, Impr. Universitaria, 1933.
- Cuadernos, del .Congress for Cultural Freedom (CCF), [Par&#237;s : s.n.], 1957-1965.
-  Revista &#8220;Biblos&#8221;, N&#186; 1 y otros, Azul, 1923.-    
-  Caras y Caretas, A&#241;o XV, Num. 732, Buenos Aires, 1912.
OTRAS FUENTES
- Archivo General y Fototeca de la Naci&#243;n Argentina, Buenos Aires, Legajo: X-20-10-1 (Azul).
- Museo Hist&#243;rico Enrique Udaondo de Lujan, Pcia. de Buenos Aires.
- Biblioteca del Estado Mayor del Ej&#233;rcito Argentino, Buenos Aires. 
- Museo Ricardo G&#252;iraldes de San Antonio de Areco, Pcia. de Buenos Aires.
- Archivo Hist&#243;rico del Ej&#233;rcito Argentino, Buenos Aires.
- Biblioteca y Archivo del Arzobispado de Buenos Aires. Legajo de Monse&#241;or Aneiros sobre conversi&#243;n de los indios.
- Museo Dr. Julio Marc de la Ciudad de Rosario, Santa Fe.
- Archivo de la Comisi&#243;n de Beneficencia de la ciudad de Rosario, Pcia. de Santa Fe.
- Diario "El Nacional" (Bs. As., 14-III-1873).
- Diario &#8220;La Prensa" (Bs. As., 13- III- 1873).
- Diario La Capital (Rosario, Marzo, 1873).
- Diario El Tiempo (Azul, 09 de julio de 1964).
- Archivo Bas&#237;lica Nacional, Ntra. Sra. de Luj&#225;n, Pcia. de Buenos Aires, Carpeta N&#186; 13, J. M. Salvaire.
- Iglesia Catedral &#8220;Nuestra Sra. del Rosario&#8221;, ciudad de Azul, Di&#243;cesis hom&#243;nima, Pcia. de Buenos Aires.
- Hemeroteca Bartolom&#233; J. Ronco, ciudad de Azul, Pcia. de Buenos Aires.  
- Archivo de la Municipalidad de Azul, Pcia. de Buenos Aires.
- Museo Hist&#243;rico y Etnogr&#225;fico &#8220;Enrique Squirru&#8221;, ciudad de Azul, Pcia. de Buenos Aires.                     
- www.wilsoncenter.org/topics/docs/ACF352.pdf (U.S.A.) 
                   ------------------------------------------------------------------------------
PUBLICADO EN &#8220;TODO ES HISTORIA&#8221;, N&#186; 487, FEBRERO DE 2008, DIRECTOR / EDITOR: DR. F&#201;LIX LUNA.-
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    <name>Omar Horacio Alc&#225;ntara</name>
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    <message>Realmente impresionante y conmovedor el art&#237;culo sobre el Capit&#225;n Rufino Solano. Hay que considerar la situaci&#243;n que viv&#237;an las personas cautivas, especialmente las mujeres, a las cuales se les hac&#237;a vivir un infierno en vida: sometidas cruelmente a un sufrimiento moral y f&#237;sico, condenadas a una angustia sin l&#237;mites ni esperanzas, la p&#233;rdida absoluta del contacto con todos sus seres queridos, el renovado martirio, etc. Ellos son solo algunos rasgos del cautiverio, que podemos llegar a imaginar. Respecto si es un tema de la de la actualidad o el pasado, rescato las palabras vertidas por una mujer cautiva que expresan lo siguiente: &#8220;Estoy cansada de sufrir, de llevarlo por dentro todos los d&#237;as, de decirme mentiras a m&#237; misma y de ver que cada d&#237;a es igual al infierno del anterior&#8230;&#8221;; "Estoy cansada de sufrir y eso hace que la muerte sea una opci&#243;n dulce&#8221;; las palabras transcriptas han sido extra&#237;das de una carta enviada por la Sra. Ingrid Betancourt a su esposo el 28 de febrero de 2008, ella es v&#237;ctima de cautiverio por parte de las FARC en la selva colombiana, estado en que se encuentra desde hace m&#225;s de seis a&#241;os. La significaci&#243;n y alcance de hechos de esta naturaleza provocan la conmoci&#243;n y preocupaci&#243;n mundial. M&#225;s all&#225; del tiempo, no cabe ninguna duda que el sufrimiento, el desconsuelo y la desdicha padecidas por las v&#237;ctimas de cautiverio deben ser absolutamente similares en todas las &#233;pocas, tanto en la actualidad como en el pasado. Es por ello que considero que la obra del capit&#225;n Rufino Solano, salvador de cientos de cautivas en la Argentina, debe ser reconocida y recordada en su justa dimensi&#243;n. A esa conclusi&#243;n llega mi pensamiento. Les saluda muy atentamente: MAR&#205;A.-
--------------------------------------------------------------------------
Si es posible, publicar. Muchas gracias.-
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    <name>Mar&#237;a</name>
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    <message>A Omar y Mar&#237;a: Gracias por los comentarios que han sumado a mi nota "La cautiva chilena". De este episodio me interes&#243; su costado humano, el hecho de que fuera una suerte de leyenda y de que, adem&#225;s, nada menos que Ricardo Piglia la haya puesto, digamos as&#237;, nuevamente en circulaci&#243;n.
Sobre la Conquista del Desierto y la pol&#237;tica seguida con los pueblos ind&#237;genas u originarios mantengo litigios, discrepancias y rechazos muy marcados. No hubo pol&#237;ticas de integraci&#243;n sino de exterminio y/o sumisi&#243;n al poder. Y eso me resulta demasiado chocante como para compartirlo.
En cuanto a la cautividad, es obvio que me produce un rechazo visceral. Y en ese sentido comparto plenamente las palabras de Mar&#237;a.
Vuelvo a agradecerles el inter&#233;s. Carlos</message>
    <name>An&#243;nimo</name>
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    <message>Hola Carlos, creo que es muy dificil, por no decir imposible, que en la historia encontremos el blanco o el negro. Siempre es gris, aveces m&#225;s claro y otras m&#225;s oscuro. Yo tambi&#233;n tengo mis convicciones, pero estoy mentalizado que debo incorporar a mi trabajo todo lo que encuentro durante mi investigaci&#243;n, me guste o no lo que encuentro. En otras palabras, trato de sacar mis conclusiones al final y no al principio. Por otra parte, tu historia es excelente, me gust&#243; mucho y la opini&#243;n de Mar&#237;a me parece muy humana, sensible e inteligente, una combinaci&#243;n poco com&#250;n. Los saludo a ambos: Omar </message>
    <name>Omar</name>
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    <message>Omar, ciertamente, tu posici&#243;n es la correcta y es la que debe ser. Las ucron&#237;as sirven -o pueden servir- para la literatura, pero no para el rigor hist&#243;rico. Se trat&#243; en mi caso, sencillamente, de fijar una posici&#243;n. Actual y dif&#237;cilmente aplicable para un tiempo que fue, como bien dices, con sus luces y sus sombras. 
Agradezco de verdad tus palabras sobre mi trabajo. Carlos</message>
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    <message>                                          CAPITAN RUFINO SOLANO

Biograf&#237;a extra&#237;da de: &#8220;RECORDANDO EL PASADO&#8221;, Tomo I, P&#225;gs. 335/342, de Antonio G. del Valle, Editorial Placente y Dupuy, Azul, 1926.- 

El capit&#225;n Don Rufino Solano, es uno de los buenos y leales servidores de la civilizaci&#243;n. Desde su juventud, sirve en las fronteras jugando temerariamente su vida; salvando de las garras del salvaje, infinidad de cautivos, para devolverlos a los hogares de donde han sido arrancados por la fuerza y la insolencia brutal del ind&#243;mito hijo del Desierto. No se detiene ante el peligro de las chuzas ensangrentadas de los b&#225;rbaros que irrumpen como avalanchas de fieras, husmeando sangre. Su misi&#243;n noble y austera, lo lleva m&#225;s all&#225;.
     El capit&#225;n Solano, entiende que es deber de patriotismo y de humanidad tender la mano a sus semejantes; y sin darse reposo acomete durante largos a&#241;os la ruda tarea de pactar con los indios y rescatar los cautivos. Para ello, se interna Tierra Adentro, llega a las mismas tolder&#237;as, habla con los caciques en cuya compa&#241;&#237;a pasa largas temporadas, y regresa a tierra de cristianos trayendo como trofeos de sus incursiones arriesgadas gran n&#250;mero de cautivos de ambos sexos que all&#225; en los aduares salvajes han gemido amargamente en aquellas largas e interminables noches de sus cautiverios.
El capit&#225;n Solano ha recorrido las m&#225;s largas, penosas y arriesgadas traves&#237;as en aquellas &#233;pocas en que internarse al Desierto equival&#237;a renunciar a la vida. El m&#233;rito de &#233;ste valiente soldado de la civilizaci&#243;n, consiste en este valor fr&#237;o, tranquilo, sereno; en ese tacto y en esa seguridad que tiene en su propia fuerza de voluntad. El va, se interna a los confines de la pampa donde el bramido del tigre y el alarido del salvaje hacen d&#250;o infernal y viven en consorcio amigable: es que las fieras tambi&#233;n se buscan y fraternizan en las soledades y en las tupidas mara&#241;as de los campos solitarios del Desierto. Va jugando  su vida en la seguridad de que el &#233;xito de sus campa&#241;as son triunfos de la civilizaci&#243;n.
        Los servicios del capit&#225;n Solano en esa larga campa&#241;a en que su figura se destaca con relieves de m&#233;ritos indiscutibles, se condensan en sus viajes a las tolder&#237;as en busca de cautivos.
 Como soldado en las filas de los cuerpos en que ha servido, sus servicios se cuentan por largos a&#241;os, habi&#233;ndose encontrado en innumerables combates librados en la Pampa.
Entendiendo rendir homenaje de gratitud a su memoria, que bien la merece, dedic&#225;mosle esta p&#225;gina a fin de que su nombre no duerma perdido en esa larga noche del olvido en que se pierden para siempre los nombres de tantos h&#233;roes, unas veces por negligencias, otras por ego&#237;smo, y muchas por ignorarse sus haza&#241;as. Sin esta clase de servidores abnegados, tal vez la civilizaci&#243;n a&#250;n estar&#237;a en embri&#243;n  de esos solitarios campos del Desierto.
El capit&#225;n Solano entr&#243; a prestar servicio militar, como soldado, el a&#241;o 1855 en el Fort&#237;n Estomba que se pobl&#243; entonces, y a las ordenes del teniente Preaf&#225;n. Con motivo del fallecimiento de este oficial que pereci&#243; en el Arroyo Tapalqu&#233;; Solano qued&#243; a las &#243;rdenes del alf&#233;rez Ivano quien al frente de una compa&#241;&#237;a del batall&#243;n 3 de l&#237;nea se hizo cargo del mencionado fort&#237;n.
   El a&#241;o 58; Solano fue licenciado; y el 64 con el grado de subteniente de guardias nacionales form&#243; a las &#243;rdenes del comandante Lora, en Olavarr&#237;a. Fue de los fundadores de este pueblo.
    El 65 pas&#243; a &#243;rdenes del coronel Don Benito Machado, jefe de la Frontera Sud y Costa Sud. Ese a&#241;o, por orden del coronel  Machado, Solano hizo su primer viaje a las tolder&#237;as del temible Calfucur&#225; con orden de pactar con este indio, pues se ten&#237;a conocimiento que una fuerte indiada deb&#237;a invadir la frontera Sud.
Solano lleg&#243; a los toldos, habl&#243; con Calfucur&#225;: la invasi&#243;n no se llev&#243; a cabo, y regres&#243; al campamento conduciendo algunas cautivas que le fueron entregadas.
Poco tiempo despu&#233;s, el coronel Don &#193;lvaro Barros es designado jefe de las fronteras en reemplazo del coronel Machado, y Solano sigue prestando servicios a &#243;rdenes del nuevo jefe. 
El 66, hace varios viajes a las tolder&#237;as de Calfucur&#225; en Chilo&#233;, de donde regresa  con quince cautivos. El 68, es ascendido a teniente 2&#186;, y a las &#243;rdenes del coronel Don Francisco El&#237;as llegan a la Blanca Grande, abriendo los primeros cimientos de aquel avanzado Fuerte.
El 69, el coronel El&#237;as lo env&#237;a a los toldos de Calfucur&#225; a objeto de hacer arreglos con este cacique. All&#237; permanece una temporada, y a su regreso trae treinta cautivas que fueron enviadas a sus respectivos domicilios.
En ese mismo a&#241;o hizo varios viajes al desierto desempe&#241;ando comisiones encomendadas por sus jefes. Entretanto, los indios invadieron por Quequ&#233;n Chico y Tres Arroyos, llegando en fuertes grupos hasta el Arroyo Chico, partido de Tandil. Los invasores llevaron m&#225;s de ochenta cautivos entre hombres, mujeres y ni&#241;os.
En el Sauce Corto, el Teniente Rivero que andaba en observaci&#243;n fue alcanzado por la indiada, y despu&#233;s de un re&#241;ido y desigual combate en que la mayor parte de la gente de este oficial fue muerta, y &#233;l herido, fue hecho prisionero y llevado a los toldos de Calfucur&#225;.
 El 70 fue ascendido a Teniente I&#186;, y nuevamente fue mandado por el coronel El&#237;as a los toldos de Calfucur&#225;. Al llegar al Sauce Grande, el Teniente Solano y los tres soldados que lo acompa&#241;aban divisaron un indio bombero que desde la cumbre de un m&#233;dano los observaba. Solano y sus hombres se encaminaron al paso del arroyo de donde les sali&#243; al encuentro un grupo de m&#225;s de treinta indios.
 Los soldados de Solano rodearon las tropillas para mudar caballos y huir. A no haberlos convencidos que no deb&#237;an disparar porque corr&#237;an peligro de ser lanceados de atr&#225;s, Solano hubiera quedado solo en el campo. Acompa&#241;ado de uno de sus hombres, se adelant&#243; hacia donde los indios ven&#237;an, quedando los otros con las tropillas.
 Al aproximarse, los indios reconocieron a Solano, manifest&#225;ndole que el objeto que los tra&#237;a era llevar cautivos, para ver si por ese medio consegu&#237;an la libertad del padre del cacique Mariano Ca&#241;umil y de otros capitanejos que junto con treinta indios hab&#237;an sido tomados prisioneros en Pu&#225;n por el comandante Llanos, y se encontraban presos en la Blanca Grande.
Capitaneaba el grupo de indios, un hijo de Ca&#241;umil. Solano logr&#243; convencer al indio que deb&#237;an regresar a los toldos, que &#233;l se compromet&#237;a a solicitar del Ministro de la Guerra la libertad de los indios prisioneros.
 El hijo de Ca&#241;umil accedi&#243;, y emprendieron juntos la marcha hacia los toldos. De &#233;ste punto, acompa&#241;ados por este cacique y cuatro indios sali&#243; para Chilo&#233; residencia de Calfucur&#225;.
 A los veinte d&#237;as regresaba a la Blanca Grande con veinte cautivos que los indios ten&#237;an en sus toldos; y acompa&#241;ado por el capitanejo Juan  Miel cuatro indios que le serv&#237;an de escoltas. 
El coronel El&#237;as queriendo premiar &#233;stos actos, solicit&#243; y obtuvo el ascenso a Capit&#225;n, enviando a Solano a Buenos Aires a solicitar del Ministro de la Guerra la libertad de los indios prisioneros en la Blanca Grande. A su regreso, el capit&#225;n Solano era portador de una orden para el coronel El&#237;as a fin de que pusiera en libertad los prisioneros, y les entregara al propio Solano para que lo condujera personalmente a sus toldos. Al mismo tiempo se le entreg&#243; hacienda yeguariza  que llev&#243; para racionar a los indios.
La llegada de los prisioneros a las tolder&#237;as fue festejada con bailes, borracheras de los pampas, y fiestas tan salvajes como ellos mismos.
Cuando el Capit&#225;n Solano regres&#243; a la Blanca Grande tra&#237;a cuarenta cautivos, incluso el Teniente Rivero prisionero en el Sauce Corto. Solano hablaba y conoc&#237;a la lengua araucana  con la misma propiedad que los indios.
Durante la Guerra del Paraguay, Solano hizo varios viajes a las tolder&#237;as de Calfucur&#225;, permaneciendo largas temporadas hasta que lograba la entrega de cautivos que eran conducidos despu&#233;s a sus destinos.
El capit&#225;n Solano acompa&#241;&#243; desde los toldos de Chilo&#233; hasta el Azul, y de &#233;ste punto a Buenos Aires al cacique Manuel Namuncur&#225;, y a los capitanejos que acompa&#241;aban a &#233;ste: Mariano Paisan&#225;n, Loncomil, Curum&#225;n Mericur&#225;, Turuvin, Juan Miel, Curup&#225;n, Benito Pichicur&#225; y otros que iban a conferenciar con el Ministro de la Guerra. 
El presidente de la Republica Dr. D. M&#225;rcos Paz, di&#243; &#243;rdenes para que la comisi&#243;n de indios fuera hospedada en el antiguo &#8220;Hotel Hispano Argentino&#8221;, calle Piedras entre Belgrano y Moreno. Tres meses permaneci&#243; en Buenos Aires la referida comisi&#243;n ind&#237;gena.
El capit&#225;n Solano, hab&#237;a regresado a la frontera nuevamente. Por orden superior emprendi&#243; viaje a los toldos de Calfucur&#225; llevando comunicaciones para el citado cacique. En este viaje lleg&#243; hasta las guaridas de indios que viv&#237;an en Milla-Huinqu&#233;, Anomur, Choiqu&#233; Mahuida, Cadi-Leuf&#250;, Tranir-Lauqu&#233;n, Huinca-Renanco, Queni-Malaal, etc. Gobernaban estas tolder&#237;as los caciques hermanos Linc&#243;  y Rolup&#225;n. Con ellos hizo tratados y rescat&#243; muchos cautivos.
Siendo Jefe de la frontera el General Don Ignacio Rivas, el a&#241;o 72, Solano hizo varios viajes al Desierto. Unos conduciendo raciones para las tribus, otros con objeto de parlamentar con los caciques, y traer cautivos que generalmente le eran entregados.
En unos de sus tantos el capit&#225;n Solano consigui&#243; rescatar un considerable n&#250;mero de cautivos en el que ven&#237;an cuarenta mujeres pertenecientes al Rosario de Santaf&#233;, y que hab&#237;an sido tomadas por los indios de Calfucur&#225; en la invasi&#243;n que llevaron hasta el Sauce del Rosario, distante cinco leguas de la ciudad de ese nombre.
Al regresar de Chilo&#233; con los cautivos acompa&#241;aban al Capit&#225;n Solano diez capitanejos que Calfucur&#225; enviaba a Buenos Aires en comisi&#243;n ante las autoridades nacionales. 
La llegada de Solano con las cautivas rescatadas y los capitanejos que los acompa&#241;aban, caus&#243; como es consiguiente curiosidad en la gente de la ciudad que se aglomeraba en considerable n&#250;mero frente al local donde se hospedaban.
Fueron visitados por el Arzobispo Dr. Federico Aneiros quien los colm&#243; de atenciones. 
El entonces Ministro de la Guerra coronel Gainza orden&#243; a Solano que se embarcara en vapor Pav&#243;n y condujera personalmente las cautivas hasta la ciudad del Rosario, entreg&#225;ndolas a las autoridades para que las hicieran conducir a sus respectivos destinos. 
En Rosario fueron recibidos por una Comisi&#243;n de damas, por el Presidente del Club Social Don Federico de la Barra y por numeroso p&#250;blico que ansiosos esperaban la llegada de los libertados. Al desembarcar, se produjeron actos y escenas emocionantes y conmovedoras.
El capit&#225;n Solano fue obsequiado con una medalla con que la sociedad del Rosario premi&#243; sus actos de humanidad y de valent&#237;a reintegrando a la vida civilizada seres arrancados por la mano salvaje al cari&#241;o de los hogares.
 Cumplida su misi&#243;n, el capit&#225;n Solano regres&#243; a Buenos Aires, y de all&#237; a la frontera con la comisi&#243;n de indios que hab&#237;a permanecido por un mes en la ciudad. Llegado al campamento, el general Rivas lo envi&#243; a las tolder&#237;as para que distribuyera entre los indios tres mil yeguas de racionamiento de acuerdo con los pactos celebrados.
En la batalla de San Carlos, el capit&#225;n Solano desempe&#241;aba el cargo de jefe de baqueanos, y fue debido a sus indiscutibles conocimientos de los campos, que la divisi&#243;n del general Rivas logr&#243; hacer sus marchas rapid&#237;simas, y aparecer al venir el d&#237;a delante de Cabeza del Buey, llegas a San Carlos donde se encontraba el coronel Boer, y librara contra las hordas de Calfucur&#225; esa sangrienta como colosal batalla. Los indios, durante la batalla hab&#237;an reconocido al capit&#225;n Solano y le gritaban &#8220;p&#225;sese capit&#225;n, p&#225;sese&#8221;.
Pocos d&#237;as despu&#233;s, el capit&#225;n Solano fue comisionado por el general Rivas para internarse hasta los mismos toldos de Calfucur&#225;  a objeto de hacer arreglos y tratados de paz, y rescatar los cautivos que all&#237; ten&#237;an de rehenes.
No obstante lo peligroso de la misi&#243;n como consecuencia de la batalla que acababa de librarse y que los indios sufrieron enormes p&#233;rdidas, Solano se intern&#243; al Desierto, lleg&#243; a Chilo&#233; y entreg&#243; las notas de que era portador al mismo Calfucur&#225;. Este reuni&#243; sus caciques d&#225;ndoles lectura del contenido, al mismo tiempo de que Solano les explicaba el objeto de su misi&#243;n.
Despu&#233;s de parlamentar, Calfucur&#225; decidi&#243; entregarle treinta y siete mujeres cautivas, de las cuales, siete pertenec&#237;an a Bah&#237;a Blanca, las que Solano quer&#237;a traer hasta el Azul, de donde ser&#237;an enviadas por &#243;rdenes de general Rivas y bajo segura custodia. Los indios se opusieron, resolviendo que una misi&#243;n de entre ellos las conducir&#237;an a Bah&#237;a Blanca. En efecto, se pusieron en marcha con numeroso arreo de cargueros. Llevaban ponchos matras, pluma de avestruz, quillangos, etc. 
Al llegar a Bah&#237;a Blanca una partida de soldados de las fuerzas del coronel Murga les sali&#243; al encuentro, y confundi&#233;ndolos con indios malones los pasaron a cuchillo. Entre los indios que formaban la comisi&#243;n ven&#237;a de jefe un sobrino de Calfucur&#225;; y de segundo, un yerno del citado cacique. Las cautivas fueron llevadas a Bah&#237;a Blanca.
Pocos d&#237;as despu&#233;s, sal&#237;a otra comisi&#243;n de indios tambi&#233;n con cargueros, y con destino a Bah&#237;a Blanca. A su paso encontraron los cad&#225;veres de sus compa&#241;eros, y aprovechando que no fueron sentidos regresaron a los toldos con la noticia del f&#250;nebre hallazgo. Entre tanto el capit&#225;n Solano hab&#237;a permanecido en Chilo&#233; esperando reunir mayor n&#250;mero de cautivos para ponerse en marcha al Azul.
El regreso de los indios alarm&#243; considerablemente a la tribu que se puso en movimiento dando enormes alaridos y amenazando con lancear a Solano, a sus hombres y a las cautivas. 
 Los indios rodearon el toldo donde se alojaba el capit&#225;n, esperando la se&#241;al del cacique para exterminarlo.
Solano y los soldados que lo acompa&#241;aban se prepararon para defenderse. Las pobres cautivas lloraban asustadas, enloquecidas de terror! Debi&#243; ser aquel un cuadro conmovedor! 
Calfucur&#225; enfurecido, empu&#241;ando filosa espada se dirigi&#243; a Solano amenaz&#225;ndolo con matarlo. Cre&#237;a que debido a insinuaciones suyas los indios hab&#237;an sido muertos en Bah&#237;a Blanca. Solano tranquilo, sin perder su serenidad ni su temple le habl&#243; en la lengua, logrando convencer al terrible cacique que la culpa la ten&#237;an ellos mismos: que su propio hijo hab&#237;a escrito las notas, y que record&#225;ra que &#233;l mismo les hab&#237;a propuesto llevarlas al Azul, y de aqu&#237; remitir las cautivas a Bah&#237;a Blanca. &#8220;Ten&#233;s raz&#243;n, hijo&#8221;, le contest&#243; Calfucur&#225;, &#8220;por eso no te mato&#8221;; y arrojando la espada al suelo, orden&#243; a los indios que se retiraran. 
Al d&#237;a siguiente, a instancias de Solano, este fue despachado con notas para el general Rivas y el coronel El&#237;as, llevando las cautivas y acompa&#241;ado por el capitanejo Corobui y seis indios. 
Un mes despu&#233;s de permanecer en Azul, el general Rivas envi&#243; de nuevamente a Solano a los toldos de Chilo&#233; con regalos para Calfucur&#225;. Llevaba cinco cargueros con ponchos, chirip&#225;s, sombreros, chucher&#237;as y ropa de toda clase. Calfucur&#225;, agradecido a esta distinci&#243;n; cuando regres&#243; el capit&#225;n Solano, le entreg&#243; varios cautivos que fueron tra&#237;dos al Azul. 
Al estallar la revoluci&#243;n del 74, el capit&#225;n Solano se encontraba en Buenos Aires. El coronel Barros lo envi&#243; para que se entrevistara con Juan Jos&#233; Catriel a fines de atraerlo a las filas del Ej&#233;rcito leal al gobierno. Su misi&#243;n no debi&#243; serle de buenos resultados en el primer momento, pu&#233;s &#233;ste cacique se sublev&#243; a favor de la Revoluci&#243;n; aunque m&#225;s tarde se present&#243; con sus indios a la Divisi&#243;n del coronel Lagos, traicionando a su hermano Cipriano Catriel y a los jefes con que se hab&#237;a comprometido.
M&#225;s tarde Solano fue mandado en comisi&#243;n por el Doctor Alsina Ministro de Guerra, a los toldos de Namuncur&#225;. En marcha por el Desierto, Solano avist&#243; una fuerte invasi&#243;n A fin de no caer en manos de los indios, se desvi&#243; cuanto le fu&#233; posible, llegando a los toldos del referido cacique donde solo encontr&#243; la chusma y algunos indios viejos de la tribu, pues toda la indiada con Namuncur&#225; al frente se hab&#237;a lanzado al mal&#243;n.
Al emprender su regreso, ven&#237;a el capit&#225;n Solano acompa&#241;ado por el cacique Millalua y seis indios con lo que lleg&#243; a Carhu&#233; present&#225;ndose al coronel D. Nicol&#225;s Levalle. Este jefe colm&#243; de regalos a los indios que permanecieron varios en el campamento, de donde regresaron a sus toldos. Solano sigui&#243; viaje a Buenos Aires a dar cuenta de su misi&#243;n.
En el a&#241;o 80, el general Roca comision&#243; al capit&#225;n Solano para recibir y conducir hasta la capital al cacique Valent&#237;n Sayhueque y su comitiva; igualmente que otra comisi&#243;n de indios encabezada por el cacique Lorenzo Paine-Milla que ven&#237;an a pedir tierras al gobierno. Todos estos indios fueron alojados en el viejo Cuartel del Retiro. 
Para los a&#241;os 98 o 99 lleg&#243; al Azul la india Viviana Garc&#237;a, titulada &#8220;Reina de lo Indios&#8221;. Acompa&#241;&#225;banla dos hijos, y los capitanejos Juan Centenera, Mariano Guerra, Sim&#243;n Rosas, Francisco D&#237;az, Ferm&#237;n Garro, M&#225;ximo Jerez y otros m&#225;s. Solano los acompa&#241;&#243; hasta Buenos Aires donde se presentaron ante las autoridades nacionales.
La India Viviana, ven&#237;a tambi&#233;n a solicitar tierras del Gobierno para poblarlas con sus indios. 
El capit&#225;n Solano muri&#243; en el Azul, viejo y pobre. Era hijo del guerrero de las invasiones inglesas y de la guerra de la Independencia, Teniente Dionisio Solano, del c&#233;lebre &#8220;Regimiento Patricios&#8221;.
Como a tantos otros, la patria lo tiene olvidado.   

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    <message>Gracias Rosa por la colaboraci&#243;n</message>
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    <message>Fue un error involuntario. Es obvio que quise decir gracias Rosario por tu colaboraci&#243;n. Tambi&#233;n viene bien en que reitere mi posici&#243;n sobre lo que ocurri&#243; en la Argentina con los ind&#237;genas, la pol&#237;tica de avasallamiento que se practic&#243; con ellos y que hoy da como resultado que se trate de una de las comunidades m&#225;s postergadas. Es cierto tambi&#233;n, como bien dijo Horacio, que no se puede modificar el pasado y que debe ser aceptado con todos sus matices, lo cual no implica dejar sin marcar lo que han sido actos de manifiesta injusticia.</message>
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