01 Dic 2011

Nicanor Parra, Premio Cervantes

Escrito por: cmoran24 el 01 Dic 2011 - URL Permanente

El Cervantes es uno de esos premios verdaderamente consagratorios en nuestro idioma. Lo han recibido los mejores: Borges, Onetti, Rulfo, Ayala, Gerardo Diego, Cabrera Infante, Carpentier, Bioy Casares. Otros galardonados no están en ese nivel, altísimo, pero son dignos de mención y aprecio, como Sabato, Marsé o Pacheco. Nos alegra saber que a esa lista se añade ahora el nombre del chilenísimo Nicanor Parra.

El gran poeta ha vivido una extensa y riquísima vida y en tanto ha construido una obra impar, heterodoxa como pocas, que bien merece toda consideración. Parra nos ha alegrado y nos ha hecho reflexionar. Está recibiendo premios y distinciones cuando se acerca al centenario de su vida. Y todo eso nos parece más que merecido.

Mientras Galaxia/Gutenberg termina de completar la publicación de sus "Obras completas & algo +", como homenaje a poeta y obra reiteramos la nota que escribimos en este blog el 12 de abril del año pasado, dedicada a "Parranda larga", publicada por Alfaguara.

LA NOTA

“Nicanor Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado”, expresó Roberto Bolaño definiendo a su connacional como lo que es: un vanguardista de excepción, una verdadero fuera de serie. Y a los 95 años, cuando quizás se lo creyese retirado, demuestra con “Parranda larga” que sigue vivo. Y entero.

La antología que hoy comentamos tiene distribución internacional. Según dijera el propio Parra a Andrés Gómez Bravo, de “La Tercera” de Santiago de Chile, fue Bolaño quien lo puso “en órbita de nuevo” y que como consecuencia directa la mismísima Carmen Ballcels, hacedora de famosos, el año pasado se le presentó en su casa chilena para preguntarle si no le molestaría que ella “lo volviera multimillonario”.

Irónico y mordaz como siempre fue, Parra señala que se trató de “un balazo a quemarropa” y de una oferta que no pudo rechazar. La primera consecuencia de ese pacto es esta “Parranda larga”, antología, encomendada al escritor argentino Elvio Gandolfo quien conoce en profundidad la obra del poeta, a punto de en este compilación incluye primerizos trabajos del escritor tomados de revistas publicadas en la década de 1930.

Neruda, Mistral, Huidobro. Aunque sea lugar común, corresponde recordar que Parra irrumpió con mucha fuerza, y mucho desparpajo, en el país donde la poesía era sinónimo de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y, por sobre todo, de Pablo Neruda. Irrumpió con su desfachatez joven y vanguardista, hija del surrealismo, que dio en llamar antipoesía y y que se basaba en el humor y en una actitud corrosiva, irritativa, respecto del decir poético.

Muchos lo recibieron con beneplácito, otros con un “horror” que el paso de los años ya no puede sostener, pero en aquellos años ’50 del siglo anterior, una voz tan poderosa como la de Pablo de Rokha llegó a afirmar que los antipoemas inspiraban “lástima y asco”.

Por supuesto, han pasado todas las aguas bajo todos los puentes y Parra dejó de ser el acusado de “comunista” y de “derechista”, sus contemporáneos primero callaron y luego murieron y él en tanto siguió consolidando una obra singular que se coloca al margen del Parnaso, de lo instituido: “Durante medio siglo / La poesía fue / El paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / Y me instalé en mi montaña rusa. // Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / Echando sangre por boca y narices”.

También ha aclarado: “Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte”, aunque se sabe que la ironía, la tomadura de pelo, es también la constante no sólo de su construcción poética sino de su ser-en-el-mundo. Se ha dicho, con bastante justeza, que las influencias literarias de Parra no hay que buscarlas en la poesía, sino en personajes inefables tales como Macedonio Fernández. Aunque tampoco es demasiado justo, porque como diría Beatriz Sarlo en relación a Borges, al chileno resulta difícil clasificarlo porque se desplaza en forma permanente y nunca se encuentra donde se lo busca.

Los artefactos. Luego de los “antipoemas”, Parra dio el salto hacia los artefactos, como los llamó, una sumatoria de dibujos y de “versos” que buscan siempre el impacto, no tanto la risa sino la reflexión.

Artefactos: “Cuando nací mori. Menos más que después resucité”. “Hasta cuándo siguen fregando la cachimba. Yo no soy derechista ni izquierdista, yo simplemente rompo con todo”. “Acto gratuito. Ordeñar una vaca y tirarle la leche por la cabeza”. “De boca cerrada no salen moscas”. “El poeta es un simple locutor. Él no responde por las malas noticias”. “Mendigo alegre no inspira piedad”. “Para no ir demasiado lejos, tomemos el caso de Adán y Eva”. Cada una de esas sentencias van acompañadas con el correspondiente dibujo. Cada una de ellas buscan provocar, hacer pensar, obliga al lector a sacar sus propias conclusiones.

Muchos años atrás, alguien advertía que el tono del autor de la “Obra gruesa” no es apocalíptico sino urticante. Y José María Ibáñez-Langlois, en el prólogo a los “Antipoemas” que publicara Seix Barral en 1972 ya advertía que no debía caerse en la “mitología” de considerar a los antipoemas al margen de la misma poesía: “El antipoema no es, por supuesto, otra cosa que un poema”.

Poemas subjetivos, cómicos a veces, dolorosísimos otros. Harold Bloom se detiene en “La tabla” (“Soñé que me encontraba en un desierto y que hastiado de mí mismo / Comenzaba a golpear a una mujer”) y sobre ese poema confiesa que lo perturba por las oscuras revelaciones que hace sobre él mismo. “No conozco otra conformación más original con las Tablas de la Ley”, ha expresado.

En 1977 aparecen sus “Sermones del Cristo de Elqui” que significa un nuevo cambio en su constante decir poético: “Y ahora con ustedes / Nuestro Señor Jesucristo en persona / que después de 1977 años de religioso silencio / ha accedido gentilmente / a concurrir a nuestro programa gigante de Semana Santa”.

Pero no conviene confundirse, Parra no busca ofender sino en primera instancia despertar y de inmediato conmover. Y el resto, como corresponde, es sencillamente el disfrute, de la comicidad, sí, pero también de la inteligencia, del desparpajo. De encontrar tanta vida como se encuentra en esta indócil “Parranda larga”.

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Carlos Roberto Morán

Soy un escritor y periodista que vive en Santa Fe, República Argentina. En el presente blog voy incorporando textos narrativos y comentarios sobre libros y autores, por lo que me propongo mantenerme en el territorio de lo literario. Al menos por el momento.
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