25 Feb 2012

El comentario: "El rey pálido", de David Foster Wallace

Escrito por: cmoran24 el 25 Feb 2012 - URL Permanente

LOS DESTELLOS DE UNA GRAN NOVELA

“Aquello era un aburrimiento más allá de cualquier aburrimiento que hubiera sentido nunca”, expresa uno de los personajes de “El rey pálido”, la novela que dejara inconclusa el norteamericano David Foster Wallace cuando se suicidó tres años atrás y que sólo se conociera el año pasado, luego de la ardua tarea de reordenamiento que cumpliera el editor Michael Pietsch.

La voz de David Foster fue comparada con la de los más grandes narradores del siglo pasado de su país, tales como Thomas Pynchon (en primerísimo lugar) o Don DeLillo, luego que a los 32 años de edad diera a conocer su novela más ambiciosa y, dicen, más lograda: “La broma infinita”, texto torrencial de 1200 páginas con las que parecía haber buscado ese imposible que es la novela total.

Quizás lo haya intentado también con “El rey pálido”, ficción con apoyos autobiográficos (él mismo aparece con su nombre propio en diversos momentos del relato) en la que estuvo trabajando una década y que, como arriba se señalara, nunca concluyó. Presumiblemente a causa de la fuerte depresión que le llevó a terminar con su vida cuando tenía 48 años o –también es posible- porque el tema lo desbordaba y no encontraba la manera de ponerle fin.

¿De qué trata “El rey pálido”? De ese aburrimiento de corte existencial, se podría decir metafísico, que Wallace pudo encontrar sintetizado en una Agencia Tributaria en la que trabajó cuando tenía veinte años, en los 80. Y es sobre esa Agencia que habla en la novela compuesta por 50 capítulos de variada extensión e intención. El capítulo capital, el más logrado e intenso, el 22 -un monólogo- tiene casi cien páginas. A otros este autor tan peculiar como arbitrario los liquidó en apenas unas pocas líneas.

Pero, no está de mal insistir, “El rey pálido” es un texto inconcluso. El editor aclara explícitamente en una nota prologal que lo que ha llegado al libro es una recopilación de un trabajo que no se encontraba para nada concluido, desperdigado en “discos duros, carpetas de archivador, carpetas de anillas, cuadernos de espiral y disquetes”. Un texto en proceso –Work in Progress- al que tenemos (debemos) considerar como tal.

EN EL MUNDO DE JOSEP K.

Sin embargo, conviene recordar que Wallace fue un escritor de excepción. Excesivo, “tumultuoso”, la contracara de Raymond Carver, atacaba varios frentes simultáneos en sus textos. Y en este caso “atacó” a la Agencia Tributaria como una suerte de mal metafísico, esa Oficina que fuera descubierta y expuesta por Franz Kafka, al decir de Milan Kundera: “Aprendí que el mundo de los hombres tal como existe hoy día es una burocracia” (p.444)

Se trata de un mundo, dice Wallace, en el que para operar con eficiencia hay que saber superar el aburrimiento que “descarta todo lo que es vital y humano” y de esa manera poder “respirar, por así decirlo, sin aire”.

Es casi ocioso indicar, hablando de este narrador, que también a “El rey pálido” lo marca su irónico, cuando no sarcástico, humor y que cada capítulo está abordado desde ópticas diferentes, con voces y estilos que buscan ser también distintos. Y con sus infaltables notas al pie.

La intención de Wallace ha sido la de trabajar en las historias de distintos personajes, hombres y mujeres, sobre los que habla en distintos capítulos y aborda en diversos momentos de su vida.

Entre otras, “revisa” la vida de Leonard, también llamado Ned, Stecyck desde cuando era un niño enfermizamente obsequioso hacia los demás hasta el momento en que se lo ve actuando como subdirector de Personal en la Agencia. El capítulo que le dedica a ese niño abrumador es particularmente eficaz.

EL PROYECTO INCONCLUSO

“El rey pálido” es un enorme proyecto narrativo, tan ambicioso, tan abarcativo como lo es “Moby Dick” o, más contemporáneamente, “El arco iris de la gravedad”. Pero es eso, un proyecto, algo a lo que Wallace no le dio la puntada final, partes de lo que pudo ser aunque no un trabajo acabado. Hablemos entonces de las ideas que tenía el autor y que pueden rastrearse en las notas que quedaron póstumas, guías internas para el desarrollo de la novela a la que veía, cuenta el editor, “como un tornado” o que producía la sensación de tal: “Lo cual sugería la idea de lanzar partes de la historia hacia el lector como un torbellino a alta velocidad”.

Otra develación. Comenta Pietsch que muchos de los capítulos “revelaban una narración central” que seguía una cronología lineal. De ese modo Wallace hizo que varios personajes lleguen a un centro de examen de la Agencia (en Peoria, Illinois, Estados Unidos) en 1985, pasen por clase de orientación, empiecen a trabajar allí y finalmente se sumergen en ese mar de tedio sobre el que quería contarnos.

Hay capítulos totalmente concluidos, como el monólogo de Chris Fogle del capítulo 22 antes aludido, que es casi un relato autónomo en el que se centra en la relación del joven con su padre (muerto en espantoso accidente) y que resulta también, tangencialmente, una crítica al propio sistema tributario norteamericano. No es ocioso señalar que Wallace estudió contabilidad concienzudamente en algunos de los años de redacción de “El rey pálido”. También que en muchos momentos la novela se vuelve excesivamente árida debido a las recurrentes informaciones que aporta al autor sobre cuestiones contables.

El título alude a un nom-de-guerre de uno de los jefes de la agencia (aunque no queda claro si conlleva algún otro tipo de alusión) Que la novela no estaba concluida lo revelan las notas finales del libro, que el editor ha agregado como una especie de guía. En esas notas todas son preguntas que Wallace se formula a sí mismo, sin darse respuestas. En una de ellas no descarta avanzar en una segunda parte de la historia que, claro está, no aparece por ninguna parte.

Es muy probable que el narrador hubiese terminado entregando una historia así, “inacabada”, pero exigente consigo mismo como lo era, también perfeccionista al extremo, sin duda la hubiera elaborado más y no hubiese dejado el exceso de cabos sueltos que presenta el libro. Brillante en determinados tramos, complicado sin necesidad en los momentos en que explica en detalle las operaciones de la Agencia, nos habla de un autor inteligente pero también arbitrario. Un autor al que extrañamos, claro está, y del que hubiéramos querido seguir leyendo sus nuevas propuestas narrativas. Recibamos entonces a esta novela como lo que pudo ser, es decir con sus sombras, pero también con sus notables destellos de luz.

Aunque la mayoría de los libros de Wallace se encuentran traducidos al castellano, está poco difundido en la Argentina. En efecto, en la actualidad de él sólo pueden conseguirse, además de “El rey pálido”, “La niña del pelo raro”, “Extinción” y “Hablemos de langostas”. En la práctica su capital novela “La broma infinita” es desconocida en Argentina.

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"El rey pálido" ("The Pale King"), por David Foster Wallace. Mondadori, Barcelona, 2011 - Buenos Aires, 2012, 551 páginas. Traducción de Javier Calvo. En España: 23,90 euros - En Argentina: 99 pesos
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Perfil

David Foster Wallace fue una de las voces más singulares de la actual narrativa de los Estados Unidos. Nació en Nueva York en 1962 y se suicidó en California en 2008, a causa de una fuerte y duradera depresión. Como escritor publicó en 1987 su primera novela, “The Broom of System” (nunca traducida al castellano) a la que siguieron los libros de cuentos “La niña del pelo raro” (1989), “Entrevistas breves con hombres repulsivos” (1999) y “Extinción” (2004) Publicó varios libros de ensayos, de los que se conocen en castellano “Algo divertido que nunca volveré a hacer” (1997) y “Hablemos de langostas” (2005) “La broma infinita”, su novela experimental de 1996, de 1200 páginas, lo puso en una senda de excepción, casi “heredero” de Thomas Pynchon y Don DeLillo, y “Time” la consideró como una de las cien mejores novelas norteamericanas del Siglo XX. Estaba escribiendo “El rey pálido” cuando se suicidó, ahorcándose, el 12 de septiembre de 2008. Recibió numerosas distinciones, dirigió talleres literarios y fue profesor universitario. John Krasinski dirigió en 2009 una versión fílmica de “Entrevistas breves”.
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Algunos enlaces:

Noticia en “El País” sobre el suicidio de DFW (cable de EFE), edición del 14/9/2008

DFW en la Wikipedia en castellano

DFW en la Wikipedia en inglés

Página dedicada a DFW (“The Howling Fantods”), en inglés

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