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07 Nov 2009

"Caín" o el desasosiego según José Saramago

Escrito por: cmoran24 el 07 Nov 2009 - URL Permanente

José Saramago, escritor

El autor de “Ensayo sobre la ceguera” (foto El País)

Muy próximo a cumplir los 87 años (el 22 de noviembre), delgado como nunca y al parecer debilitado a causa de una enfermedad que casi le produjo la muerte, José Saramago no está dispuesto a rendirse. Y así, sin pedir permiso –ni mucho menos disculparse- ha regresado al ruedo con un libro de esos que levantan ronchas: “Caín”.

Así de simple, “Caín”, el mismo que en la Biblia aparece como el primer asesino en la historia de la humanidad, el que por venganza, celos y ningún altruismo mató a Abel, el preferido del Señor.

Pero lo que hoy nos viene a decir Saramago, en clave de sarcástico humor, es que Caín llegó para cumplir sesgadamente la Obra Divina, como si hubiera sido preciso Caín para que hubiese Abel (lo mismo que “descubriera” Borges en las “Tres versiones de Judas”, vale decir que fue preciso Judas para que hubiera Cristo)

Aunque el novelista portugués quiere decir aún más o, en todo caso, agrega algo diferente. Sostiene que fue el desprecio del Señor hacia las ofrendas de Caín, más “la falta de piedad de abel, la jactancia de abel, el desprecio de abel”, lo que llevó a que su hermano lo matara.

Con la aclaración de que en el relato todos los nombres aparecen en minúscula proseguimos: Cuando el Señor interroga a Caín sobre el destino de Abel, éste admite haberlo asesinado para de inmediato acusar a Dios: “El primer culpable eres tú, yo habría dado mi vida por su vida si no tú no hubieses destruido la mía”.

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El primer rebelde. El Señor entonces le dice a Caín que quiso probarlo, pero el hijo de Adán se muestra también, según Saramago, como el primer rebelde de la historia al cuestionar a su Creador preguntándole que quien era Él para ponerlo a prueba. “Soy el dueño soberano de todas las cosas”, le contesta Dios con cierta obviedad, ante lo que Caín replica: “Pero no de mi persona ni de mi libertad”.

De la misma manera sesgada, indirecta, Saramago viene a decirnos que Caín no es el que ha comido el fruto del Árbol del Bien y del Mal, como sus padres Adán y Eva, que no ha sido bendito como Abel sino que es el primer pecador y el primer rebelde, el primer desterrado, el primero que comprende sus debilidades y también sus aciertos. Que Caín es el primer humano que pisa la Tierra.

Y como humano, como suerte de judío errante avant-la-lettre, lo hace avanzar por la historia recién inaugurada, siempre de acuerdo a las escrituras bíblicas, y así asiste, a veces como espectador, a veces como co-protagonista, a hechos tales como el abandono de la Torre de Babel, el abortado sacrificio de Abraham en la persona de su hijo Isaac, el derribo de las murallas de Jericó, la construcción del Arca (y lo que vino después) Aparte de vivir con Lilith un intenso romance erótico.

En cada caso y siempre en clave humorística, sin abandonar tampoco la fábula, Saramago narra la historia bíblica, coloca a Caín como “testigo” y, claro está, cuestiona tanto la escritura como a la propia concepción de Dios. Al Señor, a quien no por nada también lo llama por su nombre escrito en letras minúsculas, le cuestiona todo, mostrándolo colérico, vengativo, contradictorio y jamás bondadoso ni comprensivo hacia lo humano.

“Caín” ha hecho brotar ronchas, sin dudas. El diputado portugués Mario David pidió que le quitaran al Premio Nobel su nacionalidad, en tanto “gente de la Iglesia” (Católica) reclamó –según el escritor- que prohibieran la circulación del libro en su país natal. “Yo no escribo para agradar ni para desagradar, escribo para desasosegar”, ha manifestado.

Para eso precisamente ha llegado “Caín”, un libro de fácil lectura, sin duda, jocoso también. Y blasfemo, como era de esperarse viniendo de este ateo quien dice que a su edad se encuentra sereno. Pero que, es evidente, no ha perdido ni una sola de sus mañas.

Comentario en el blog sobre “El cuaderno” (ver)
Comentario en el blog sobre "El viaje del elefante" (ver)

Página de José Saramago (ver)

CAÍN


“Cain” (“Caim”), de José Saramago
Alfaguara, Madrid-Buenos Aires, 2009, 189 páginas
Traducción de Pilar del Río
En España: 18,50 euros – En Argentina: 55 pesos


02 Nov 2009

El mundo violento, oscuro y opresivo de John Connolly

Escrito por: cmoran24 el 02 Nov 2009 - URL Permanente


El autor que indaga sobre el Mal

El irlandés John Connolly (1968) es autor de la saga de novelas negras que tienen como personaje central al atormentado detective privado Charlie “Bird” Parker. Su habilidad o, digamos, el “sitio” que encontró para escribir desde allí ha sido la novela policial con un trasfondo gótico que no elude lo sobrenatural.

Con “Los hombres de la guadaña” ha llegado a la séptima entrega de una saga que transcurre en un tenebroso Estados Unidos contemporáneo, a veces el de las grandes ciudades, como Nueva York, pero otras el de las pequeñas y tantas veces intolerantes pequeñas comunidades.

En esta séptima parte de una saga que todo indica que continuará con nuevos libros, no es el abrumado Parker su protagonista sino sus dos principales asistentes, Louis y Ángel, pareja de homosexuales y asesinos a sueldo que tienen su propio, y por cierto nada legal, código de ética.

La novela arranca en lo que podríamos llamar la “prehistoria” de Louis, un negro, cuando asesinan a su padre, quemándolo, en un racista pueblo del sur norteamericano. Louis, un poco más tarde, matará al asesino –quien también abusaba de su madre- pero logrará huir de policías y de los amigos del hombre al que ultimó sólo debido a la intervención de un extraño personaje, Gabriel, quien aparte de ayudarlo interesadamente lo transformará en uno de sus “hombres de la guadaña”, vale decir criminales que cumplen sus órdenes sin chistar. Desde la perspectiva de Connolly, este Gabriel debe ser considerado como una suerte de “reencarnación” de quien muchas veces ha sido llamado el arcángel de la muerte.

Volviendo al relato, será aquel pasado de Louis el que repercutirá en el “presente” de la novela, cuando se vea acosado por quienes lo buscan para vengarse de un determinado crimen, al tiempo de ser llevado a una elaborada trampa luego de recibir el encargo de matar a un hombre poderoso. Ángel no lo dejará solo, aunque lo hará a regañadientes, porque sabe que están ante una de esas misiones cargadas de peligros y casi imposible de cumplir.

Extrema violencia. La historia es extensa y poblada de episodios de extrema violencia, propia de los libros de Connolly, por lo que el lector habituado a sus páginas no podrá sorprenderse ante la profusión de armas y cadáveres, como tampoco ante las reiteradas reflexiones que aparecen en la ficción, a las que oportunamente denomináramos metafísicas, a falta de un nombre más preciso.

Ocurre que sus personajes suelen hallarse abrumados por algún tipo de culpa, por alguna deuda casi o totalmente ontológica. El escritor irlandés ha aceptado el desafío de escribir con los parámetros propios de la cultura de masas, en este caso el relato policial, de una manera diferente sumándole preocupaciones diversas, como las apuntadas, al tiempo de intentar copiarse de la llamada literatura alta. Es una mixtura que entraña sus riesgos y por eso de ella no siempre sale bien parado.

Pero, se dijo, el autor intenta contarnos una suerte de saga, de ahí que se establezcan continuidades temáticas, de búsquedas, de intereses, de personajes y si es factible decirlo, de un cierto estilo, o en todo caso de una forma de expresarse. Por esas “continuidades” nos animamos a decir también acá que el ángel negro de la adversidad al que aludimos en nuestro comentario de “Los atormentados” se hace presente en su nueva novela.

La intervención tardía de Parker para intentar ayudar a sus amigos que se encuentran en una encerrona, busca enriquecer una novela si bien atractiva simultáneamente carente de grandes hallazgos o sorpresas. Interesa, en cambio, el retrato que hace Connolly del mecánico de autos Willie Brew, un sesentón que se ve involucrado en hechos de violencia que lo exceden y que, cuando se encuentra obligado a matar, comprende que ha dado un paso maldito porque nunca recuperará su sosiego.

Estos hallazgos compensan cierta falta de densidad de la historia, más allá de sus buenos momentos narrativos, de las situaciones de encerrona que deben superar una y otra vez Louis, Ángel y sus amigos o colaboradores. Y también más allá de la muerte y la violencia, que en el caso de Connolly quiere decir el Mal, por antonomasia. “La pregunta –dijo alguna vez- es si existe una manifestación última del mal”. Con sus novelas intenta adentrarse en el enigma.

Comentario en el blog de “Los atormentados” (ver)

Portada de Los hombres de la Guadaña

“Los hombres de la guadaña” (“The Reapers”), de John Connolly
Tusquets Editores, Barcelona, 2009, 337 páginas.
Traducción de Carlos Milla Soler
En España: 20 euros - en Argentina: 68 pesos

22 Oct 2009

María Inés Krimer: el silencio de las "inocentes"

Escrito por: cmoran24 el 22 Oct 2009 - URL Permanente


La narradora nacida en Entre Ríos

Es para sospechar si a escasas líneas de iniciado el relato se lee que “el cemento hace bien a las plantas” y si antes, en su exacto comienzo, se ha sabido que Sonia había intentado suicidarse.

Estamos en las primeras páginas de “Lo que nosotras sabíamos”, la novela de María Inés Krimer que este año obtuviera el Premio Emecé, galardón remozado que en los últimos años ha permitido conocer voces distintas, como la de Orlando Van Bredam (ver) o de la propia Krimer, abogada nacida en Entre Ríos en 1951, pero que vive hace años en Buenos Aires.

“Lo que nosotras sabíamos” cuenta la historia de un innominado pueblo de la provincia de Buenos Aires que vive por y en torno a una cementera. La historia transcurre en los ’70, durante la pasada dictadura militar argentina, y está narrada, felizmente, con un ácido humor, que muchas veces llega a ser negro y que en su mayor parte evita por suerte el documentalismo, el subrayado, la denuncia panfletaria.

Las “nosotras” del título alude a un grupo de mujeres, esposas de los “jefes” que habitan las mejores casas del pueblo –todas propiedad de la cementera- y que viven, claro está, para el qué dirán, atentas al chisme, mojigatas en cierto sentido pero también feroces, inapelables en sus juicios. Que en su caso quiere decir prejuicios.

Las recién llegadas. Al pueblo arriban tardíamente Sonia, Estela, Diana y Norma, mujeres jóvenes que no se ajustan a las pautas conservadoras de la comunidad, defendidas por esas “nosotras” que viven para y por las habladurías y quienes ven sus vidas justificadas cada vez que son recibidas, y humilladas, por la dueña de la cementera a la que llaman Condesa y que cada tanto visita el pueblo, su verdadero feudo.

Pero, se dijo, es tiempo de la dictadura y, claro está, también hay lugar para un destacamento militar, para un coronel, Frutos, su esposa, y para un oficial, el Alemán (“el teniente era un hombre rubio, alto, de un metro noventa, nuez marcada y un hoyuelo en el mentón”) Y para todo lo que vino después.

Aunque ese “después” esté disimulado bajo capas de lugares comunes, comentarios indiscretos, hipocresía de la vida de un pueblo demasiado ligado a la empresa omnímoda y, especialmente, a la complicidad y el silencio.

“Lo importante de esta historia es lo no dicho, lo que no aparece en el texto y que cada lector va entendiendo en función de su propia historia y qué idea tiene de la dictadura”, comenta Krimer a Silvina Freira (de “Página 12” de Buenos Aires)

Y, aparte, está Puig. “Yo viví toda mi vida en ciudades muy chicas, y la forma de circulación más idónea de la información es a través del chisme. Manuel Puig fue un maestro para trabajarlo”, admite la autora. Y claro está, el magisterio de Puig, la forma de registrar las voces múltiples de la clase media “baja”, a la que estas mujeres pertenecen, se hace presente en la novela en la que, conviene aclararlo, Krimer ni remeda ni copia, sino que logra establecer sus propios criterios narrativos, lo que no es para nada mérito menor.

Nos ha resultado fundamental el humor zumbón de la novela que registra su momento más filoso cuando la Condesa obliga a estas mujeres que a su manera cuentan la historia, a buscar sus regalos de Navidad en el jardín de su residencia donde habían sido enterrados. “Esa noche tuvimos que ponernos en cuatro patas, las colas de los vestidos en una mano y escarbando con la otra como si desenterráramos un muerto”, relatan. Ninguna protesta, claro está, todas acceden al ejercicio de humillación extrema, a pesar de saber que “ninguna esperaba otra cosa que jabones o pañuelos”.

Tanto el intento de suicidio de Sonia (llamada así porque les recordaba a la actriz Sonia Braga en sus momentos de máxima belleza), como diversos episodios que van sucediéndose en esa sociedad en la que nunca pasaba nada, es inteligentemente contado por Krimer de una manera ambigua, como ambigua resulta la misma muerte de Sonia o la desaparición del hermano de Elena u otros hechos que son “deslizados” en el transcurso del relato de una manera elusiva.

El lado del lector. “Las verdades narrativas que tiene un texto se disparan para todos lados y todos esos lados son los lectores que el texto tiene”, señaló la autora a Máximo Soto (de “Ámbito Financiero”, de Buenos Aires)

Ambigüedades, afirmaciones y seguridades que no terminan de ser tales, alusiones que no son totalmente aclaradas y así, por ejemplo, en la novela se habla de un “informe” referido a una investigación sobre episodios ocurridos durante la dictadura, sobre cuyos resultados efectivos no puede menos que dudarse.

Nunca se terminará de saber qué ocurrió con las nuevas –cuyos ominosos destinos parecen “cantados” desde el principio de la novela- ni con el Alemán, tan admirado por las frívolas narradoras, ni con los verdaderos acontecimientos ocurridos en el cuartel como tampoco en el pueblo todo, que en algún momento terminará siendo arrasado a causa de las políticas ultraliberales de los ’90.

Pese a todo, en una de sus páginas Krimer condesciende a dar una suerte de “parte de guerra” respecto de desapariciones y similares ocurridos en el pueblo durante los años de plomo que resulta por comparación una innecesaria concesión en un texto “a lo” James que si algo no necesitaba era la corroboración del documentalismo.

“Una novela que se lee como una sucesión de historias prohibidas espiadas desde el ojo de la cerradura”, definió bien el jurado Guillermo Martínez, quien junto a Silvia Iparraguirre y Jorge Fernández Díaz otorgar por unanimidad el galardón, sin duda merecido, a Krimer.

Entrevista a María Inés Krimer en Página 12 (ver)

Entrevista a María Inés Krimer en Ámbito Financiero (ver)

La noticia sobre el Premio Emecé consignada en el blog (ver)

“Lo que nosotras sabíamos”, por María Inés Krimer
Emecé Editores, Buenos Aires, 2009, 197 páginas
En Argentina: 54 pesos

13 Oct 2009

Manuel Puig, el dramaturgo olvidado

Escrito por: cmoran24 el 13 Oct 2009 - URL Permanente


El escritor argentino en los ’80, cuando escribió la mayor parte de su obra teatral

Manuel Puig (1932-1990) entregó ocho notables novelas que lo volvieron uno de los máximos narradores argentinos del siglo pasado. Sus grandes personajes, sus historias inolvidables y, especialmente, ese sensible “oído” que tenía para contar desde sus criaturas, han canonizado a textos tales como “La traición de Rita Hayworth”, “Boquitas pintadas”, “El beso de la mujer araña” o “Cae la noche tropical”.

Pero Puig tuvo demasiados problemas con su país natal. En los ’50, enamorado del cine como lo estaba desde niño, dejó la Argentina para tratar de encontrar un camino propio en la Italia del neorrealismo. Por cierto que no lo halló porque, después lo comprendería a cabalidad, sus búsquedas estéticas diferían sustancialmente con el realismo a ultranza que pregonaban De Sicca y Zavattini.

Más tarde se afincó en Estados Unidos. Y fue entonces cuando comenzó a escribir una suerte de “magma” autobiográfico en el que superponían las voces, los sentimientos y las vidas mismas de quienes lo rodeaban en su niñez de General Villegas, allí donde debió reprimir su homosexualidad y tuvo no poco conflictos existenciales que sólo el cine lograba remediar.

“La traición de Rita Hayworth” (1969), si bien resultó finalista del más que prestigioso premio Biblioteca Breve –década del ’60- no terminó de ser comprendida en su momento. Onetti y Borges, cada uno por su lado, no contribuyeron a favorecer ni a la novela ni a la carrera de Puig quien, por otra parte y nuevamente afincado en el país, debió alejarse de Buenos Aires a comienzos de la década del ’70, luego de que su tercera novela “The Buenos Aires Affair” (1973), fuera prohibida y él mismo comenzará a ser perseguido por la terrorífica Triple A (comandada por José López Rega durante el segundo gobierno peronista)

Dramaturgo por necesidad. Puig no regresó más a la Argentina y en su forzoso exilio (primero en México, luego en Brasil y por fin nuevamente en México, donde murió), debió “inventarse” un oficio, porque ganaba poco y mal con el de novelista. Fue así que nació el dramaturgo, impulsado evidentemente por la necesidad.

Aunque probó con dos textos “a la mexicana” (“Amor del bueno”, 1974, y “Muy señor mío”, 1975), su gran debut se produjo con la versión teatral de “El beso de la mujer araña”, escrita en 1980, llevada a la escena un año más tarde, luego transformada en comedia musical y por fin vuelta película bajo la dirección de Héctor Babenco, en una versión que nunca satisfizo a Puig.

Pero al mismo tiempo “El beso” (teatro dramático, musical, película y hasta ópera), lo transformó en un autor mundialmente reconocido y es por eso que en la década del ’80 aunque sin dejar de escribir novelas se volcó decididamente al teatro y también a la redacción de guiones que sin embargo no se convirtieron en películas.

Pese a ser autor de ocho piezas teatrales –incluyendo las musicales- que hoy circulan por el mundo, Puig es casi un desconocido como dramaturgo en su país natal. Y si bien es cierto que, por comparación, sus dramas y sus musicales “retroceden” respecto de sus novelas bueno es acercarse a su teatro, para nada menor.

La editorial rosarina Beatriz Viterbo, en tres tomos, publicó entre 1997 y 1998 seis de sus obras teatrales y uno de sus guiones (antes, en 1983, Seix Barral había editado en un tomo “El beso de la mujer araña” y “Bajo un manto de estrellas”) Ahora, la editorial Entropía de Buenos Aires insiste con la difusión de su teatro, reeditando algunas de esas piezas y publicando un musical que quedó inédito a la muerte del autor.

Lo muy válido de esta nueva edición es que se ha hecho cotejando diversos originales y que ha quedado al cuidado de un especialista en la materia como Jorge Dubatti, quien en el prólogo se encarga de situar a Puig en el contexto de la dramaturgia de los ’80, al tiempo de analizar cada una de las obras escogidas.

“El beso de la mujer araña” (1980) En este drama se reitera lo esencial de la novela de 1976, vale decir el encuentro del guerrillero Valentín y el homosexual Molina en una celda de la cárcel de Devoto, en Buenos Aires, durante la dictadura militar argentina. Valentín es un personaje cargado de ideales, homofóbico, y Molina un gay que “huye” de su triste vida a través de las películas que ha visto y que con sus relatos recrea en la claustrofóbica celda.

De a poco Valentín irá aceptando el juego de los relatos de su compañero de celda así como sus atenciones, sin saber que Molina está allí para sacarle información. La historia es conocida y la mujer araña a la que alude el título se vuelve el misterio a descifrar en esta historia en la que campea la muerte.

La muerte es una clave en la poética de Puig. Ya asomaba en “La traición” y se hacía más evidente en “Boquitas pintadas” (1969) y en las novelas que vinieron después (especialmente en “Pubis angelical” -1979-, “Maldición a quien lea estas páginas” -1981- y “Cae la noche tropical” -1988-) y se hace notoriamente presente, casi se diría omnipresente, en su teatro.

“Bajo un manto de estrellas” (1981) En esta segunda obra va a repetir lo que señala Dubatti a propósito de “El beso”, esto es la búsqueda de formas teatrales alternativas, propia de los ’80, y el minimalismo. En la historia una pareja de personas mayores está sola en una casona rural. Su hija adoptiva ha desaparecido. De pronto llega una segunda pareja vestida con ropaje antiguo que, al parecer, termina de realizar un asalto. Más tarde se incorporará la hija, que regresa al hogar.

A partir de allí los roles se verán cambiados, “entreverados”, nunca totalmente esclarecidos. Así los recién llegados podrán ser –o no- los padres reales de la chica adoptada, el hombre podrá ser, o no, el amante que ha dejado a la joven o, también es posible, el hombre que alguna vez dejó al ama de casa que estuvo esperándolo veinte años. Los roles mutan, las situaciones cambian de continuo y al final el espectador debe sacar sus conclusiones, sin desatender la posibilidad de que ese juego, que llega a ser siniestro, no sea más que el producto de dos mentes alucinadas.

“Misterio del ramo de rosas” (1987) Ese mecanismo de sustituciones, de introducirse a fondo en las psiquis de sus personajes, tan propio de su gran narrativa, es el que reiterará en la tercera obra reunida. De cierta manera, esta obra guarda correspondencia con “Maldición eterna a quien lea estas páginas”, una compleja novela, de escasa circulación, que Puig publicara en 1981.

En ella se establecía una relación sinuosa, difícil de desentrañar, plagada de esos misterios irresolutos que caracterizan a las mejores piezas narrativas de Puig, entre un viejo enfermo y su cuidador. Algo semejante pasa entre la Paciente y la Enfermera de la pieza teatral, que también se desarrolla en un espacio mínimo y en la que las intérpretes mutan sus roles transformándose en otros personajes que en realidad tienen que ver con los pensamientos y hasta con la misma conciencia de los personajes principales.

“Triste golondrina macho” o “El jinete” (1988) La obra abreva en los cuentos populares. Tiene que ver con la sexualidad y la muerte y refiere a la relación de tres hermanas, una de ellas muerta, con un jinete que se hace presente en su vivienda ubicada a la orilla de un pantano. Es un juego literario confuso, en los que tienen cabida los fantasmas (no sólo la hermana muerta sino también un lúbrico y horripilante Pastor de Cabras) La historia apela al orbe de la alegoría, es absolutamente irreal pero no termina de cuajar. Como bien dice Dubatti, Puig no logra dominarla para producir sentido.

“Un espía en mi corazón” (1988) Este musical fue escrito por Puig luego de un encuentro con la plástica Renata Schussheim y que tenía como finalidad que lo representara en Buenos Aires el grupo Caviar, proyecto que nunca se concretó. En él intentó tocar de nuevo en términos de melodrama, incorporando el humor así como elementos propios del pasado argentino, o más estrictamente porteño, con sus apelaciones al radioteatro, y a los nombres y estilos de las grandes estrellas de la radio y el cine de los ’40.

La historia es extremadamente artificiosa y parte de un relato que un abuelo cuenta a sus nietos y que termina siendo una extraña fábula en la que se dan cita robots, nazis que buscan hacer experimentos, registros que remiten a la mitología tanguera y similares. Hay una obvia utilización o apelación de los registros “populares”, tan propio de los primeros relatos de Puig, así como cierta visión irónica de ellos, como si el autor nos quisiera significar que el tiempo ha pasado y que él ha decidido tomar distancia de tales “instrumentos”.

Teatro irregular pero atractivo, menor que sus novelas pero complementario de ellas, en buena hora se ha encarado su edición/reedición. Sería más que bueno que se la completara con la edición de las restantes obras teatrales de Puig (las citadas “Amor del bueno” y “Muy señor mío”, así como “Gardel, una lembrança” o “Tango de la medianoche”, de 1987) y algunos guiones cinematográficos que permanecen inéditos, tales como “Tango Musik” y “Vivaldi”.

Una reflexión final. Si Manuel Puig tuvo una relación complicada con su país (por algo no regresó, pese a la recuperación de la democracia) y mucha crítica “se demoró” en concederle la importancia que hoy se le asigna (la “recuperación” y resignificación de Puig comenzó un poco antes de su muerte y se “canonizó” en los ’90), aún hoy se lo sindica centralmente como el autor de sus primeras novelas, sin advertir cómo fue cambiando libro a libro, que lo hizo pasar por distintas escrituras (ya advertible en “The Buenos Aires Affair”) e intencionalidades estéticas.

No puede sorprender –aunque simultáneamente llama la atención- que esa especie de visión cristalizada de un momento de la obra puigiana se corresponda con algo llamativo por reiterado: sus libros (rescates) más actuales son editados con fotografías de su juventud, inclusive aquellas tomadas cuando Puig aún “no era” Puig. Ocurre con la portada de “Teatro reunido”, que está ilustrada con una fotografía presuntamente registrada en Italia en los ’50.

Lo mismo es advertible en la mayoría de las (escasas) notas que le dedicaron a la edición de este valioso libro. Realmente extraño, porque Puig había cambiado mucho su fisonomía en los últimos años, que fueron aquéllos donde produjo la parte sustancial de su dramaturgia. Había perdido cabello y engordado por lo que tenía un rostro muy distinto a los de su juventud. La pregunta es si no resulta una manera sesgada de seguir desconociéndolo, de no sentirlo aún como parte sustancial de la cultura argentina.


Teatro reunido”, de Manuel Puig
Editorial Entropía, Buenos Aires, 2009, 236 páginas.
Prólogo de Jorge Dubatti
En Argentina: 59 pesos

01 Oct 2009

La nueva voz "explosiva" de Laura Meradi

Escrito por: cmoran24 el 01 Oct 2009 - URL Permanente


La narradora argentina

No implica ninguna originalidad ni, menos, novedad manifestar que la década de los 90 del siglo pasado se caracterizó por el intento de pulverización de cuanto tuviera que ver con el llamado Estado de Bienestar y la intención de consolidar, como contrapartida, el Estado del libre mercado como única razón de ser en la existencia humana. Fue lo que llevó a decir a Francis Fukuyama que había llegado el fin de la historia.

Tales parámetros entraron en crisis rápidamente y con el comienzo del siglo actual la discusión sobre el sistema se acrecentó y se mantiene. También es sabido que cambiaron líderes, perspectivas sociales y económicas, la irrupción de nuevos paradigmas aún no consolidados. No obstante ello, muchísimo de lo que se evidenció veinte años atrás se sostiene, y cómo. Una muestra palpable de ello es la sobre explotación laboral y su correlato, el llamado, al menos en la Argentina, trabajo basura, la mayoría de las veces reservado para los jóvenes.

En 2006 se le encomendó a la muy joven, y considerablemente audaz, Laura Meradi, que “se metiera” en los trabajos inestables, de alta rotación, en los que suelen recalar muchachas y muchachos necesitados de dinero y de contar con las primeras experiencias laborales. De esa manera durante un tiempo considerable –un año- Meradi fue conociendo la “cocina” de los trabajos aparentemente relucientes pero que en realidad resultaron –y siguen resultando- miserables.

En poco tiempo y en la gigante Buenos Aires, esta joven –hoy tiene 26 años- salida de una consolidada clase media porteña se transformó en vendedora de tarjetas de crédito (en la calle y en sitios degradados de la ciudad), cajera de supermercado, operadora de call center, suerte de camarera en un comedor de primer nivel y, por fin, entre otras cosas, empleada en uno de los centenares de McDonalds existentes en la Argentina.

De cierta manera, la joven escritora siguió los pasos de periodistas que se han disfrazado, de una manera total o parcial, para contar “en vivo y directo”, es decir a partir de su experiencia personal, lo que ocurre en la vida cotidiana de aquellos sectores de una u otra manera marginados y que no aparecen en las primeras planas de lo social. En ese sentido es paradigmático el libro “Cabeza de turco”, una gran investigación del alemán Günter Wallraff, quien con disfraz incluido pudo contar cómo vivían los inmigrantes en la opulenta Alemania Occidental de los ’70 del siglo XX.

La propuesta. Quizás ese antecedente fue el que llevó a Sergio Olguín, director de la colección de crónicas de la filial argentina de la editorial Tusquets, a proponerle a Meradi vivir una experiencia en cierto modo similar, que debe haber marcado a su propia vida. Ella admite haber desconocido hasta ese momento el mundo de privaciones que viven grandes capas de la población argentina y que en el libro que finalmente logró escribir quedan más que evidenciadas.

Para su “transformación” en una chica de clase popular, Laura Meradi “supo” que debía aceptar todas las responsabilidades y no reclamar en cambio ninguna clase de derechos. Que debía manifestar una predisposición absoluta al trabajo de esclavitud moderna, de amplios horarios y aptitud para todo servicio, que debía mostrarse erótica, casi iletrada, predispuesta y sin quejarse nunca.

Así, vendió tarjetas de crédito a los pobres que se agolpan en la zona, tantas veces peligrosa, de la estación Constitución, atendió en una caja de un gran supermercado –y allí conoció lo que significaba para una cajera hacer cientos y a veces hasta miles de movimientos de cintura por día para atender a también cientos de clientes no siempre pacientes, casi nunca piadosos. Supo que muchas veces el compañerismo y la solidaridad entre pares brillaban por su ausencia en esos sistemas laborales que alientan el individualismo extremo y la competencia interna, por definición.

Esas traumáticas experiencias laborales, que la arrojaban agotada (y agobiada) en su casa casi todos los días, le hicieron saber que, entre otras cosas, tener 25 años era “demasiado” para empleadores que requieren gente muy joven, la mayoría de las veces “linda” y sin exigencias. Porque, aparte de deber asumir todas las responsabilidades y no hacer ninguna clase de reclamos, en esos empleos los salarios eran coincidentemente magros, cuando no misérrimos.

“Alta rotación” es un libro que no elude ninguna de esas experiencias, que muestra a Meradi muy sólida en su oficio, con momentos de extrema lucidez, como cuando habla de la tristeza, de la marginalidad, de la soledad –tanto de empleados como de consumidores-, aunque también aparece como exageradamente predispuesta a contar sus historias personales que en parte dañan a la crónica, porque en esos fragmentos el libro se transforma en una especie de diario íntimo contado a miles de personas.

Tampoco ha sido feliz la decisión de exponer de manera pública las vidas personales de quienes fueron sus circunstanciales compañeros de trabajo. Ha habido en ese caso una manipulación tan ingrata como innecesaria.

Su primera novela. Cuando Meradi concluía su investigación, le comunicaron la decisión editorial de publicarle “Tu mano izquierda”, su primera novela protagonizada por Cecilia, una niña perturbada por el juego de los mayores, que no termina de entender.

La pequeña sólo tiene en su hermano Manuel el apoyo para poder soportar lo que no comprende: las constantes peleas de sus padres y su posterior separación, la presencia de una abuela con la que no logra establecer el menor contacto. Más tarde el viaje de Manuel al extranjero, que más que viaje resulta la huida de un hogar en el que no se siente a gusto, acentuará su soledad. Y también sus reacciones, para nada exentas de crueldad.

Es, efectivamente, la crueldad la que marca el comportamiento de Cecilia, a la que se la presenta como una infanta de nuestro tiempo, hija de la soledad y también de la incertidumbre producto de que no logra conectar con nadie, salvo con esa “mano izquierda” del hermano mayor al que también le cuesta vivir y que por cierto, no la puede contener.

Lúcida al extremo, pero con un comportamiento que a veces parece remedar al del autista, Cecilia “se porta mal”, y a veces extremadamente mal, porque no logra establecer ninguna corriente de empatía o comprensión con esas otras islas que son sus padres. Por consiguiente ella se aísla también y nunca termina de manifestar cuáles son sus inquietudes, sus deseos, sus temores y lo escaso que le alegra en la vida, empezando por su hermano Manuel, único contacto vital.

Contada con una solvencia que llama la atención, porque Meradi ha comentado que escribió su novela entre sus 22 y 25 años, es evidente también que la autora no ha eludido los lugares comunes, de manera que Cecilia es “decididamente” mala, al punto de no sentir ninguna clase de afecto hacia su abuela, tanto que se vuelve la causante de una situación de crueldad límite que nos ha resultado desmedida.

Recordando cada tanto a esa niña terrible, en realidad letal, que fuera la “Miriam” de Truman Capote, la protagonista de “Tu mano izquierda” no nos ha resultado tanto un ejemplo de “niña-de-nuestros-días” sino más bien un personaje exagerado, como salido de un cómic, o más bien de un manga contemporáneo y, como tal, excesivo.

ALTA ROTACION. EL TRABAJO PRECARIO DE LOS JOVENES

“Alta rotación. El trabajo precario de los jóvenes”.

Tusquets Editores, Buenos Aires, 2009, 407 páginas

En Argentina: 49 pesos

“Tu mano izquierda”

Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2009, 174 páginas

En Argentina: 45 pesos

18 Sep 2009

Matthew Pearl tras los pasos de Dickens

Escrito por: cmoran24 el 18 Sep 2009 - URL Permanente


El narrador norteamericano

Charles Dickens (1812-1870) fue el escritor victoriano por excelencia, cuya fama llega hasta nuestros días debido a las incontables versiones fílmicas de sus novelas más celebradas, especialmente sus “Oliver Twist” y “David Copperfield”. Pero también, especialmente en sus últimos 17 años de vida, Dickens fue una “estrella” del espectáculo, debido a la particular lectura de sus folletines frente a miles de personas que iban a ver extasiadas las verdaderas puestas en escena que hacía de sus ficciones más celebradas.

El joven escritor norteamericano Matthew Pearl, quien consiguiera ser famoso sólo con su primera novela, “El club Dante”, publicada cuando tenía 28 años y que lo colocó como el inteligente autor de un best-seller que tomaba elementos prestados de la literatura “alta”, especialmente la norteamericana del siglo XIX.

En “El Club Dante”, además de rendir su homenaje a Dante Alighieri y “La divina comedia”, Pearl reunía a varios autores y editores de la sociedad de Boston quienes, mientras batallaban para lograr una traducción de la magna obra se veían envueltos en una historia policial. En la novela que le siguió, “La sombra de Poe”, de 2006, es la dilucidación del misterio que envolvió la muerte del gran poeta el eje narrativo, al punto de afirmarse que en esa ficción (muy documentada) quedaba definitivamente resuelto el enigma.

Y es el enigma, en este caso cómo habría sido el final de la inconclusa “El misterio de Edwind Drood”, de Dickens, el que llevó a Pearl a escribir “El último Dickens”, una novela en la que repasa no sólo los últimos tres años de la vida del novelista inglés, sino la serie de intrigas existentes tanto en los Estados Unidos como en la Inglaterra de la época revisada (1867-1870)

El autor, como ocurriera con sus otros libros, se ha documentado de manera exhaustiva y como también pasara con sus ficciones anteriores ha mezclado situaciones y personajes reales con otras y otros nacidos de su imaginación.

Charles Dickens

Un tal Dickens. Charles Dickens fue un personaje singular. Nacido pobre en una sociedad conservadora, logró abrirse paso hasta volverse famoso y rico debido a su talento y más aún a su infatigable tesón. De periodista mal pago saltó a folletinista, con sus historias en las que lograba conjugar ternura y crueldad y a través de las cuales no vaciló en denunciar las brutales condiciones en las que vivían los sectores más desprotegidos de la sociedad.


Se transformó así en uno de los escritores más famosos de la época y libros como “David Copperfield”, “Nicholas Nichelby”, “Oliver Twist”, “Historias de dos ciudades” o su reconocidísimo “Cuento o canción de Navidad” lo volvieron tan popular como hoy lo son los cantantes de rock o los deportistas de fama mundial.

A eso, como se dijo, contribuyeron sus “exhibiciones” teatrales en las que se presentaba con verdaderas puestas en escena en las que mucho tenía que ver la iluminación del escenario y, claro está, su forma de narrar en la que asumía, con gran control actoral, los gestos y las voces de sus muy diversos personajes. Mario Vargas Llosa, en una nota que oportunamente publicara El País, describió muy bien esa peculiaridad, que aquí Pearl rescata con grandes detalles.

Dickens estuvo casado con Catherine Thompson, con la que tuvo diez hijos y de que se separó para vivir un extendido y secreto romance con una actriz de la época. Pearl precisa que pese a haber tenido una niñez desafortunada en la práctica él también desatendió a sus hijos, a punto tal de que ninguno de ellos asistió a su funeral.

La novela. En un mundo particular, el de los editores de la época, que buscaban hacer pie en medio de una pelea constante y despiadada para subsistir, transcurre “El último Dickens”, novela en la que también tiene papel relevante el opio, que hacía estragos en Occidente así como en la China y en la India, donde su explotación y circulación estaban protegidas por el Imperio Británico.

La búsqueda de los presuntos papeles extraviados de Dickens le posibilita a Pearl desarrollar una verdadera novela de aventuras que transcurre centralmente en Boston y en Londres, con todos sus recursos y, obviamente, con todas sus limitaciones. Y así como el narrador norteamericano es persuasivo a la hora de contar distintas peripecias o documentar hasta lo último hechos que ocurrieron en la vida del escritor, no se da igual maña para mantener el interés durante todo el más que extenso relato. O para calar hondo en lo que son sus estereotipados personajes.

Protagoniza la historia el editor James Osgood (quien existió en la vida real y publicó las obras de Dickens en los Estados Unidos) y es muy amplia la serie de personajes con los que se vincula, que incluye como se dijo seres reales como el creador de Oliver Twist o el editor Fields y muchos otros nacidos de la invención de Pearl, algunos de los cuales como el parsí Harman parecen gestados por los folletinistas de aquella época.

Ficción que quiere ser épica y que por abrir demasiadas puertas “misteriosas” se demora en exceso en cerrarlas, permite volver a poner en foco a Pearl, un escritor interesado en encontrarle atajos y nuevas perspectivas a la historia sin nunca salirse de los parámetros de la novela de aventuras.

El texto de Vargas Llosa sobre Dickens publicado en “El País” (ver)

Reportaje a Matthew Pearl de Andrea Aguilar en “El País” (ver)


“El último Dickens” (“The Last Dickens”), por Matthew Pearl
Ediciones Alfaguara, Barcelona – Buenos Aires, 2009, 500 páginas
Traducción de Manu Berástegui
En España: 22 euros – En Argentina: 65 pesos

21 Ago 2009

Claudia Piñeiro o las grietas de la vida adulta

Escrito por: cmoran24 el 21 Ago 2009 - URL Permanente


La escritora argentina

Con “Las grietas de Jara” la argentina Claudia Piñeiro llega a su cuarta novela que, debido a los temas que aborda y a la forma de relatarlos, puede significarle un éxito similar al que ya obtuviera, al menos en la Argentina, con las anteriores, especialmente “Las viudas de los jueves”, premiada en un concurso del diario Clarín y que termina de ser llevada al cine por su casi homónimo Marcelo Piñeyro.

En su nueva novela el personaje central es el arquitecto Pablo Simó, empleado del estudio Borla y Asociados. Él no es uno de esos socios, sino que tiene que realizar tareas subsidiarias en la pequeña empresa. Quizás por eso dibuja casi sin cesar una imaginada torre de once pisos, en la que condensa todas sus expectativas. Y sin duda todas sus frustraciones.

El Jara del título es un personaje que, luego se verá, ha tenido especial incidencia en la vida de Simó, así como en la de su jefe Borla y la tercera en discordia, Marta Hovart, profesional como ellos y como ellos partícipe de un secreto que es uno de los ejes de la novela.

Una joven, Leonor Corell, se hará presente en el estudio preguntando por Jara y será a partir de esa pregunta, que tendrá una respuesta negativa porque nadie, en el estudio, quiere admitir que ha conocido a ese hombre, que la novela –y su personaje central- cambiarán de rumbo.

Más allá de lo policial. Porque Piñeiro no se propone contar un relato específicamente policial, aunque haya un misterio concreto: qué ha pasado con Jara, así como intentos de extorsiones y mezquindades vinculadas a la construcción en una ciudad como la de Buenos Aires dispuesta a “mirar hacia otra parte” cuando de actos de corrupción se trata.

Sin embargo eso no es lo central de la novela, puesto que lo que se propone contar la novelista tiene que ver con la crisis, de edad, hasta de identidad, que afecta a Simó, un profesional que intenta mantener una ética en medio de un orbe mercantilizado y poco afecto a los principios.

La mala relación del protagonista con su mujer, Laura, la aventura sentimental que vive con Leonor y, claro está, su implicación en el hecho que buscan tapar Borla y Marta Hovart, llevan a Pablo a formularse preguntas que antes no se había querido hacer.

Vive, como bien dice su autora, “en un mundo de canallas” y al actual no debe olvidarse de esa realidad. Al respecto, Piñeiro le dijo a la periodista Antonela de Alva, de “Crítica de la Argentina”: “Él (Simó) se pregunta todo el tiempo si es un canalla. Pero lo que quiere decir es que si el mundo está regido por canallas no le vengan a decir que Pablo Simó es uno de ellos. Lo que se cuestiona es cómo vivir en este mundo en el que no va a cambiar las reglas”.

La novela, se dijo, no es estrictamente un policial, aunque haya enigmas a dilucidar. Piñeiro apunta a un “clima” moral decadente –no por casualidad habla de las grietas, de los edificios derruidos, de la falta de memoria, de los ideales que no se terminan llevando a cabo- y de la crisis de identidad y de la edad que afecta a Pablo.

Ese salirse del molde y tomar por atajos inesperados, es lo que enriquece la propuesta de Piñeiro que entrega -luego de “Tuya” (2005), “Las viudas de los jueves” (2005) y “Elena sabe” (2007)- una novela que al tiempo de concisa se muestra eficaz, tanto en sus propuestas narrativas como en su concreción.


Reportaje en “Clarín” (ver)

Reportaje en “Crítica de la Argentina” (ver)

Sitio oficial de la película “La viuda de los jueves” (ver)

LAS GRIETAS DE JARA

“Las grietas de Jara”, de Claudia Piñeiro

Ediciones Alfaguara, Buenos Aires, 2009, 250 páginas

En Argentina: 49 pesos


14 Ago 2009

Milan Kundera, a los 80, contra viento y marea

Escrito por: cmoran24 el 14 Ago 2009 - URL Permanente


El escritor checo (Foto El País)

Luego de cuatro años de silencio el checo Milan Kundera regresa al libro con “Un encuentro”, serie de ensayos en los que pasa revista a sus temas preferidos: la novela, los Tiempos Modernos, la música, el exilio, la estética y, claro está, la ética.

Ya sin las estridencias que provocaban sus relatos en los ’80 del siglo pasado (“La broma”, “El libro de la risa y el olvido”, “La vida está en otra parte” y, fundamentalmente, “La insoportable levedad del ser”), Kundera ha llegado a los ochenta años y hace casi una década que no publica ficciones (la última, y una de las mejores de su producción en lengua francesa, fue “La ignorancia”, del 2000) Previamente a este libro había dado a conocer en 2005 otro libro de ensayo, “El telón”, una amplia reflexión sobre la novela, acerca de la cual entonces manifestaba: “La vida humana como tal es una derrota. Lo único que nos queda ante esta irremediable derrota que llamamos vida es intentar comprenderla. Ésta es la razón de ser del arte de la novela”.

Su nuevo libro no está centralmente dedicado a la novela, aunque se detiene en varios momentos para reflexionar sobre ese “arte”, como lo llama que para él hoy está en retroceso, si no en vías de desaparición. Tanto que al referirse en breve nota a “Cien años de soledad” transmite su impresión de que la ficción de Gabriel García Márquez –“que es un apoteosis del arte de la novela”- es también “un adiós dirigido a la era de la novela”.

Un refugio posible. Ésta es precisamente la sensación que emana de “Un encuentro”:Kundera no parece encontrar hoy la “plenitud” que le dieron escritores, cineastas y músicos del pasado y es por eso que en estos “tiempos líquidos” busca refugio en esos nombres: el pintor Francis Bacon, los escritores Anatole France, Curzio Malaparte, François Rabelais, el dramaturgo Samuel Beckett o el músico checo Leos Janácek.

De Bacon, quien manifestó que en los textos que Kundera le dedicara “se reconocía”, el autor de “La despedida” afirma que el gran pintor con un gesto brutal “se apodera de la cara de sus modelos para encontrar, en algún lugar en profundidad, su ‘yo’ sepultado”.

Al hablar del hoy casi olvidado Anatole France, el checo se pregunta sobre quién lo sepultó en esa especie de “lista negra” que pone en circulación a unos autores en detrimento de otros. De Rabelais reivindica la “explosión de estilos” que aparece en “Gargantúa y Pantagruel” y asimismo sostiene que es la irrupción de lo “no serio” en la novela. Tanta es su admiración hacia este autor renacentista que llega a afirmar que la riqueza formal de su novela capital sólo volverá a encontrarse siglos más tarde con James Joyce.

Amante de los neologismos, Kundera aplica el de “archinovela” a un relato que lo ha sacudido: “La piel”, de Curzio Malaparte. Antes de hacer referencia a ese capítulo cabe detenerse en las líneas que le dedica a su amigo Carlos Fuentes quien, dice, escribió con “Terra nostra” su propia “archinovela”. Kundera define así a esa clase de trabajos: “Ante todo se concentra sobre lo que sólo la novela puede decir; luego, hace revivir todas las posibilidades desdeñadas y olvidadas que el arte de la novela ha ido acumulando durante los cuatro siglos de su historia”.


Curzio Malaparte

El mundo de Malaparte. Al sumergirse en un extenso artículo en “La piel” (una novela que, siguiendo la reflexión de Kundera, podría decirse que se encuentra en alguna lista negra que “impide” su reedición), el autor de “La broma” recuerda que Malaparte si bien no siguió a los surrealistas pudo haberse vuelto más sensible “a la sombría belleza de la realidad enloquecida”.

“La piel” –nos dice- “capta en toda su autenticidad la nueva Europa, tal como salió de la Segunda Guerra Mundial, o sea mediante una mirada que, al no haber sido corregida por consideraciones posteriores, la revela deslumbrante por la novedad en el instante que nace”. Kundera recuerda detalles de la compleja estructura de la novela que transcurre entre octubre de 1943 y el verano del año siguiente y despliega una gran heterogeneidad de “lugares, tiempos, situaciones, recuerdos, personajes”. En su novela –afirma el autor- la palabra de Malaparte “no es ni fría ni clara, sigue siendo irónica pero esta ironía es desesperada; con sus palabras se hace daño a sí mismo”. Y concluye: “Malaparte es un poeta”.

En la mayor parte de su obra, el tema recurrente de Kundera ha sido el del exilio, por el que tuvo que optar en 1975 –cuando tenía 46 años- después que el régimen comunista lo hubiera “congelado” y dejado sin trabajo en la Checoslovaquia de esos años.

La discusión que no cesa. En su país mantuvo fortísimas discusiones con el poder comunista, pero también con el populismo “patriotero” al que ese poder era tan afín. La ruptura con su país natal fue casi absoluta, tanto que Kundera no volvió a radicarse en la por entonces flamante República Checa, esto es tras la caída del comunismo. Ese “distanciamiento” se acentuó aún más cuando adoptó el francés para expresarse, primero en ensayo y luego en ficción.

También los checos han demorado en exceso la reivindicación hacia quien, en el mundo, es su máxima figura literaria. Así “La insoportable levedad del ser”, conocida en lo que era Occidente en 1984, sólo se publicó en Praga en 2006. Y el Premio Nacional de Literatura le fue concedido a Kundera al año siguiente, cuando el escritor había cumplido 78 años. Claro está, no viajó a su país natal para recibir el galardón.

Como este escritor no es de desdeñar la polémica, incluye en “Un encuentro” un comentario sobre un texto de su connacional Vera Linhartova, exiliada como él en París y que, del mismo modo que Kundera, siguió escribiendo en francés. En esa ponencia, la escritora reivindicaba no sólo el exilio sino la elección de una nueva lengua como “salidas liberadoras”. El individualista que siempre fue Kundera no puede menos que apoyar esa posición de ruptura extrema.

“Un encuentro” -a ello alude el título original, al "reencuentro"- sirve entonces para regresar a las filias y las fobias, las luces y las sombras, los hallazgos y las reiteraciones de Kundera. Sin los fastos de sus novelas notables y originales –fue un verdadero renovador en el arte de narrar- y repitiendo en parte lo ya dicho en anteriores libros, desde la total insularidad del escritor que no viaja ni responde a reportajes pero que persiste en la defensa de sus ideas. Contra viento y marea.

Episodio policial

En octubre del año pasado, Kundera fue objeto de una imputación que explotó en Praga. En un papel de la época –años cincuenta- figuraba que un estudiante con su nombre había denunciado a un desertor del servicio militar que terminaba de realizar un viaje clandestino a la entonces Alemania Occidental. Esa denuncia le costó al desertor (Miroslav Dvoracek, hoy de 80 años y residente en Suecia) la friolera de 22 años de cárcel. El escritor se manifestó sorprendido por la noticia y enfáticamente desmintió haber tenido algún tipo de relación con episodios de esa naturaleza, habituales en un estado policíaco como fue la Checoslovaquia comunista. El escándalo de la información aguas en la República Checa y reabrió heridas que aún hoy no deben haber cicatrizado.

Portada de Un encuentro

“Un encuentro” (“Une recontre”) de Milan Kundera

Tusquets Editores, Barcelona – Buenos Aires, 2009, 213 páginas

Traducción de Beatriz de Moura

En España: 15 euros – En Argentina: 46 pesos

20 Jul 2009

Günter Grass o un intento de retrato de familia

Escrito por: cmoran24 el 20 Jul 2009 - URL Permanente


El autor, en mayo pasado, en su casa de Behlendorf, Alemania (foto El País)


Con “La caja de los deseos” a su modo el alemán Günter Grass pasados los ochenta años de edad ha continuado escribiendo su autobiografía, iniciada con “Pelando la cebolla”, el libro del escándalo aparecido tres años atrás.

El escándalo, como muchos recordarán, estuvo dado por la inesperada confesión del autor de “El tambor de hojalata” de que durante la guerra fue convocado a filas cuando tenía 17 años e incorporado a las Waffen-SS, nada menos, es decir el ala paramilitar de las tropas nazis.

A pesar de que en la práctica Grass casi no combatió (de hecho no habría disparado un solo tiro y al poco tiempo fue herido y capturado por los norteamericanos), el silencio que sólo rompió en su ancianidad respecto de su paso por las SS provocó intensas críticas en su pais, cuando no repulsas, por no haber contado ese crucial episodio en tiempo y forma. Especialmente porque a Grass se lo ha considerado durante años la “conciencia moral” de la Alemania contemporánea.

Grass, que es un polemista nato, discutió “largo y tendido” en su momento con sus oponentes y hasta escribió un poemario –“Dummer August”- para explicar, aunque sin lograrlo del todo.

Aunque se creía que esa polémica iba a continuar en obra, con su último libro parece haber querido levantar la bandera de la paz –a su modo- y eso a pesar de que les había anticipado a sus connacionales que pensaba seguir escribiendo de la manera ríspida con la que lo ha hecho siempre. “No se van a deshacer de mí tan rápido”, dijo cuando cumplió 80 años.


Los dibujos de Grass, con la fotógrafa como protagonista e incluidos en el libro.


Una cierta decepción. Para los que esperaban una continuación de “Pelando la cebolla”, que se cerraba con la publicación de “El tambor de hojalata” en 1959, “La caja de los deseos” decepciona, porque esta vez el Premio Nobel de Literatura se ha dedicado a exorcizar fantasmas familiares, en concreto su relación con los ocho hijos que tuvo con distintas mujeres.

Dedicado a María Rama, fallecida en 1997, y que durante mucho tiempo fue una suerte de “fotógrafa oficial” del escritor, la idea que aquí aplica Grass es la de pasar revista –de nuevo- al pasado, aunque en este caso familiar a través de las fotos de María que al decir del padre-relator “siempre estuvo allí”.

La caja a la que alude el título del libro es la vieja máquina de tomar fotografías de la Agfa a las que Grass llama Box porque así se la conoció popularmente. Pero -he aquí lo que el novelista se permite en el terreno de la ficción fantástica (¿o el realismo mágico?) en el que tantas veces ha incursionado con mayor fortuna que en la presente novela- se trata de una máquina especial.

Así lo explicaba la propia María (Marie, Mariechen): “Mi Box hace fotografías que no existen. Y ve cosas que antes no estaban allí. O muestra objetos que no se os ocurrirán ni en sueños. Mi Box es omnividente. Debió de pasarle en el incendio. Desde entonces ha enloquecido”.

Un incendio, se explica en la novela, producido durante la guerra, cuando el edificio donde vivían María y Hans, su esposo, fue alcanzado por una bomba. Una manera/pretexto del narrador para ir más allá de las historias de y con sus hijos, que al parecer no siempre fueron fáciles ni sencillas.

“Yo sé que sin esta idea de la caja fotográfica no habría podido escribir este libro”, le admite a Juan Cruz en una entrevista publicada en El País.

Nombres alterados. En la novela los nombres de los hijos están alterados y el padre (papi, papuchi) con serlo no termina de ser Günter Grass. Las anécdotas que cuenta a través de las supuestas voces de sus hijos que -de a uno por vez- se “adueñan” de los capítulos, refieren a las distintas experiencias vividas por sus retoños en el pasado, que van desde vivir en una casa destrozada en parte por las bombas a la experiencia del conocimiento de la existencia de otros hermanos que le espera a una solitaria hija casi o totalmente accidental.

Es seguro que estas historias se basan en hechos reales, pero Grass se da tiempo para inventar, fabular. Y quizás tratar de sacar un mejor partido, dar de sí una mejor imagen de quien fuera un padre confesadamente abandónico, preocupado antes que nada por la gestación de sus libros y, también puede deducirse, de la su propia gloria

“Ahora –busca o logra justificarse Grass en la novela – el padre insuficiente confía en que los hijos comprendan, Porque ni ellos pueden borrar la vida de él ni él la de ellos, borrarlas como si, sencillamente, no se hubieran vivido...”

A Cruz el escritor germano le comentó que a los hijos les interesó el libro en cuanto a la crónica y no en relación al hecho literario. Más que comprensible, hay algo de “utilización-del-otro” en este texto, más allá de que el novelista haya dicho que lo escribió para seguir avanzando en su autobiografía, en este caso para saber cómo lo habían visto sus hijos a lo largo del tiempo.

En el último capítulo se habla de la muerte de María y para ello Grass apela a la literatura y más aún al García Márquez de “Cien años de soledad”, con comentarios sobre una inundación monstruosa que los vuelve a la Edad de Piedra y, más aún, al hacer que la fotógrafa se vuelva alada y se pierda entre las nubes. Que el lector saque sus propias conclusiones. Las nuestras no son precisamente favorables.

Para el final quedan las palabras del también Premio Príncipe de Asturias, respecto de sus planes futuros. Están en el mismo cierre del libro: “Ya surge la sospecha susurrada de que él, sólo él (Grass), ha heredado a Mariechen y ha escondido la Box, y otras cosas también, para más adelante, porque todavía hay algo que lo trabaja, algo de lo que debe liberarse mientras siga ahí”.

El reportaje de Juan Cruz en "Babelia" de "El País" (ver)


Grass, prisionero de guerra de los norteamericanos, según el registro que se reproduce en la Wikipedia en inglés y en el que se consigna su pertenencia a las SS

LA CAJA DE LOS DESEOS


“La caja de los deseos” (Die Box. Dunkelkammergestitchen)

De Günter Grass

Editorial Alfaguara, Barcelona – Buenos Aires, 2009, 250 páginas

Traducción de Miguel Sáenz (con la colaboración de Grita Loebsack)

En España: 21,50 euros – En Argentina: 65 pesos

07 Jul 2009

La voz implacable de José Saramago

Escrito por: cmoran24 el 07 Jul 2009 - URL Permanente


El escritor portugués (foto El País)

Irritativo cuando se propone serlo, amable en determinados momentos, socarrón en otros, constantemente amigo y de impecable lucidez, así se presenta ante sus lectores este joven-viejo que es José Saramago en “El cuaderno”, una recopilación de las notas que escribiera para su muy visitado blog entre septiembre de 2008 y el 15 de marzo pasado.

A pesar de su brevedad, las notas muestran al escritor portugués interpelando al mundo sobre los distintos problemas que sobre él se abaten, y suponen un claro “muestrario” de su ideología que en ningún momento intenta ocultar.

Saramago pese a que pasa la mayor parte del año en la isla de Lanzarote, en Las Canarias, no ha perdido contacto con el mundo. Todo lo contrario, lo ha seguido en el día a día, tal como lo demuestra este libro en el que ha quedado reflejado su pensamiento sobre diversos acontecimientos que han venido sacudiéndonos en los últimos tiempos.

Sus juicios son nada concesivos, es más, resultan lapidarios. Y así se da lugar para sancionar moralmente a George Bush (“ese producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas”), a Silvio Berlusconi (“en la tierra de la mafia y la camorra, ¿qué importancia puede tener el hecho probado de que el primer ministro sea un delincuente?”). al mundo financiero (“crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de los Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo”), y, habría que decir por supuesto, el Papa y sus obispos (“los señores cardenales y los señores obispos, incluyendo obviamente al papa que los gobierna, no están nada tranquilos; pese a vivir como parásitos de la sociedad civil, las cuentas no les salen”) En cambio, hasta el momento, apuesta por el real o presunto cambio que significa Barak Obama (“Por favor, no me roben esta esperanza”)

Saramago parece ser una persona de buen talante, como antes solía decirse, pero sus palabras resultan premeditadamente agresivas, como cuando –en varias notas- expresa sus durísimos cuestionamientos al gobierno –y también a gran parte del pueblo- de Israel por la represión en Gaza o en toda la serie de notas escritas al calor del descalabro económico que lamentablemente continúa aún vigente.

A la izquierda también. Los cuestionamientos de Saramago alcanzan a la izquierda, vale decir al “territorio” al que siempre perteneció y al que aún hoy reivindica (“nosotros tenemos razón”, expresa en un panfleto escrito para Izquierda Unida de Euskadi) No obstante, sobre ese espacio ideológico en uno de sus artículos taxativamente manifiesta: “La izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca”. Aunque luego de preguntarse dónde se encuentra en la actualidad acepta que ha pagado “caro” sus ilusiones respecto de ese espacio político.

“El cuaderno”, como se podrá advertir, se revela mucho más preocupado por el acontecimiento político que el literario (aparte de reivindicar en varias oportunidades su ateísmo militante) Tanto que las menciones sobre libros y autores son escasas (se detiene, para ponderarlo, en “Budapest” de Chico Buarque, y dedica espacios a algunos autores, como su infaltable Pessoa –en un buen artículo- o Jorge Amado) Pero esos remansos, en los que parece recordarse como autor de ficciones, son apenas reparos para proseguir su marcha, por llamarla de algún modo, en pro de las reivindicaciones de justicia, libertad, equidad.

Quizás pueda objetarse la brevedad de las notas -es, por otra parte, lo propio de un blog- y más aún a algunas que resultan de circunstancias y que quizás Saramago podría haber obviado, no podemos dejar de lado de que a los 87 años el escritor continúa interpelando al humano, lo cual no está nada mal en estos años de excesiva liviandad.

Aunque él mismo admite que no es un auténtico “bloguero”, dado que no da lugar a comentarios de sus lectores ni les responde, lo cierto es que dejando de lado esas “limitaciones” vale la pena poder encontrarse con el Saramago del día a día. “El Cuaderno”, por otra parte, en nuevo formato dada su procedencia digital, es continuación directa de los “Cuadernos de Lanzarote”, que el Premio Nobel de Literatura publicara entre 1994 y 1998.

Comentario sobre “El viaje del elefante” (ver)

La página de José Saramago, en la que a diario actualiza su blog: http://www.josesaramago.org

EL CUADERNO

“El cuaderno” ("O Caderno"), de José Saramago
Editorial Alfaguara, Madrid – Buenos Aires, 2009, 229 páginas
Traducción de Pilar del Río
En Argentina: 49 pesos – En España: 17,50 euros


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Soy un escritor y periodista que vive en Santa Fe, República Argentina. En el presente blog voy incorporando textos narrativos y comentarios sobre libros y autores, por lo que me propongo mantenerme en el territorio de lo literario. Al menos por el momento.
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Carlos

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