12 May 2012

el último tren

Escrito por: Carlos M. Corchado el 12 May 2012 - URL Permanente

EL ÚLTIMO TREN

Aparte de que hoy regresó la gata, todo son malas noticias. No tiene claro, en ninguno de los sentidos el anti-ciclón, si quemarnos más o anunciarnos que llegó el verano, aunque sea más falso que judas en el calendario.

Llegaba tarde al último tren que pasaría por ese pequeño pueblo de diecisiete habitantes, por última vez, a los 20.30. A esa hora, levantarían las vías y se escucharía postreramente el ulular del silbato:

- UUUUUUUhhhhh!, uuuuuuuhhhhh!...

Dí una pequeña carrera para subirme al peldaño del vagón de cola, y casi doy de bruces en el andén. Era la oportunidad de salir de un circulo vicioso. Yo visitaba la comarca cada mes, para vender en las librerías, las novedades de la editorial Malcom&Garmendia. Era su representante para un radio de 200 Km. a la redonda. Mi ratio de venta era bajo. De mi sueldo si apenas me llegaba para malvivir en pensiones de mala muerte, en las que a lo sumo tomaba mucha sopa y pan. Yo visitaba en ese pequeño pueblo una librería que databa de 1867 y dialogaba, porque la verdad, nunca intenté venderle, con la dependienta: Marie, que si apenas alcanzaría los 25 años. Y era habitual que nuestras conversaciones fueran de Camus, a Marcuse y nos deleitáramos hablando del extranjero o el hombre unidimensional, con múltiples miradas embelesadas, algún roce ocasional y una distancia no mayor de dos centímetros de nuestros labios.

La primera vez que besé a Marie, se me vino el cielo y la tierra a la boca del estómago, seguramente por eso babeé, lo que me hizo sonrojar. Y ser incapaz de articular ninguna palabra. Ella se rió descaradamente de mi y me acercó una servilleta.

Durante dos años intenté convencerla de emprender juntos una nueva vida. Pero ella alegaba la tradición familiar del negocio y sus raíces en aquel diminuto municipio en el que descansaban todos sus antepasados. Le rogué, me puse de rodillas, la llene de flores que arrancaba de los campos...

Agarrado a una barra de acero, con mis pies en el peldaño de aquel vagón, me negué a mirar hacia atrás y supe que Marie, no sería si no el recuerdo de alguien que fue incapaz tomar el último tren.

Carlos M. Corchado

12/5/2012

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1 comentario Escribe tu comentario

Amparo Blanca Ostos

Amparo Blanca Ostos dijo

Preciosa historia, con una protagonista algo cobarde, ¡ me encanta la idea del último tren!!!

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