16Oct, 2008
Las alertas tempranas
Aunque toda cosa que pasa en Colombia es de exagerado interés para algunos sectores políticos y de opinión, no solo colombianos sino también extranjeros, pocos se han querido enterar de cual es realmente el trasfondo de los hechos y que intereses juegan en cada uno, que si mostraran un mínimo de objetividad no podrían pasar por alto.
Por eso pasan desapercibidos porqué, precisamente cuando el gobierno colombiano y sus fuerzas armadas pueden mostrar los mejores resultados no solo en su lucha contra la violencia y el terrorismo sino en el respeto y promoción de los Derechos Humanos, es cuando más duros ataques recibe, no desde las filas guerrilleras vencidas en el campo armado, sino desde otros frentes como algunos medios de comunicación, no pocas Organizaciones No Gubernamentales, los partidos de oposición e inclusive algunos gobernantes de otros países, que aunque legales sirven a esos intereses creyendo erradamente que sus ataques perennes perjudican al presidente como persona y no al estado que él representa.
Como armas de ataque utilizan las propias ejecutorias gubernamentales, como la operación ‘Jaque’ que dio la libertad a 15 secuestrados o la baja en combates de Raúl Reyes, tratando de desmeritarlas y ridiculizarlas hasta poner en entredicho su legitimidad. O cuando se valen de dudas o vacios procedimentales para juzgar, sin ser jueces, y sin que medie el debido proceso a quienes dirigen las más contundentes acciones contra los grupos armados ilegales, como el caso de los jóvenes muertos en Ocaña en el departamento de Norte de Santander. Para esos ‘simulados jueces’ los militares son culpables porque sí, son acusados y enjuiciados partiendo de la injusta premisa de que siendo militares son culpables hasta que demuestren lo contrario y en consecuencia deban descuidar sus obligaciones constitucionales de combatir la violencia en el campo de combate para dedicarse a demostrar su inocencia ante los tribunales.
También se valen de las necesidades de los ciudadanos para enfrentarlos contra el estado incentivando y promoviendo marchas, paros, huelgas y otras manifestaciones que aunque muchas veces justificadas solo sirven a los intereses de los promotores en su intención original de alterar el orden público para poner en aprietos al gobierno. Por eso aparecen agitadores profesionales, no solo colombianos sino también extranjeros como una ciudadana alemana y dos franceses recientemente expulsados del país por ser sorprendidos agitando la marcha sindical de los corteros de caña en el Valle del Cauca.
Otra arma contra el Estado esta en las llamadas alertas tempranas, que siendo un recurso importante para la protección de la población es utilizada con fines mezquinos para obstruir la acción del Estado. Esta acción es todo un proceso, inicia cuando un ciudadano muchas veces respetable y honesto, otras no tanto, se acerca a la Defensoría del pueblo a “denunciar” la presencia de grupos armados en un sector determinado, esa información que puede ser cierta o falsa es tomada de inmediato por el Defensor quien sin dudar ni preguntarse sobre la veracidad o la intención del informante, emite una “alerta temprana” que es un informe a las autoridades militares y de policía asegurando que en el sector mencionado por el informante existe presencia de grupos armados y que consecuentemente la población de ese sector corre graves riesgos y por lo tanto solicita la acción inmediata de la fuerza publica, etc.
No se percatan que muchas de esas informaciones son falsas y que solo buscan movilizar a la fuerza publica hacia determinadas áreas lo cual significa alejarse de otras, lo que implica ‘descuidarlas’, y que además la profusidad de esos informes obliga a multiplicar los esfuerzos lo cual dificulta, cuando no imposibilita, la eficacia de las acciones y es precisamente allí donde normalmente ocurren hechos criminales que de inmediato son adjudicados la Fuerza Publica a quien acusan de haber despejado el área para que pudieran entrar los asesinos y que no solo eso sino que además los iban acompañando, etc. Posteriormente los testigos principales son los propios asesinos, que son aceptados como prueba sin recapacitar si alguien capaz de cometer crímenes horrendos sentiría algún escrúpulo a la hora de mentir, si ello le aporta beneficios.
luisaperezbar@yahoo.es
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