26 Nov 2007
De las arrugas a las calles de arena

ARRUGAS
Paco Roca
Astiberri
Cartoné. 104 pág. Color. 15 €
Ando abofeteado y aturdido todavía por la lectura de Arrugas (Astiberri), el crudo relato de la decadencia de Emilio, enfermo de Alzheimer y abandonado por su hijo en una residencia de ancianos, donde volverá a conocer la amistad que se forja para combatir la dolorosa soledad. Asistimos a la lenta pero inexorable degeneración de una mente rebosante de recuerdos, vívidos aún en la memoria de Emilio, quizás demasiado. Paco Roca ha firmado una auténtica obra maestra alejada de sensiblerías facilonas, de los tiernos momentos que buscan la lagrimita cómplice del lector, para traernos en su lugar un relato vivo que paradójicamente nos habla del largo adiós, del fin de la personalidad, aquello que nos identifica y nos distingue; aquello que, sobre todas las cosas, nos hace sentirnos realmente vivos. Arrugas es ya la consagración definitiva de un autor que clamaba por un lugar entre los más sobresalientes historietistas del país, habiendo realizado obras destacables como El juego lúgubre (La Cúpula, 2001; Dolmen, 2007) y El faro (Astiberri, 2004). Paco Roca ha alcanzado la madurez tanto como narrador como dibujante y en Arrugas nos da una lección moral y de cómic: domina el tempo narrativo como nadie y nos introduce paulatinamente, con dulce crueldad, en el doloroso momento de descubrimiento de la enfermedad (y las anteriores y posteriores negaciones) y los cada vez más numerosos episodios de pérdida de memoria. Paradójicamente también, va a ser difícil olvidar este álbum, que se ha enquistado profundamente. Buena señal de cara a los numerosos premios a los que seguramente va a optar.
El autor valenciano ya se encuentra trabajando en su próximo álbum, que será publicado por Delcourt y que llevará por título Las calles de arena. Para ir abriendo boca, nada mejor que echar un vistazo a algunos de sus bocetos y a un par de páginas ya finalizadas.
11 Nov 2007
Por nuestra cuenta

POR NUESTRA CUENTA
Miriam Katin
Ponent Mon
Cartoné. 136 pág. B/N y color. 22,00 €
Una madre y su hija leen juntas un pasaje de la Biblia:
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- En el principio, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. Y dijo Dios: Hágase la luz. Y la luz se hizo... y era algo bueno. Y Dios dividió la luz de la oscuridad.
- En el principio Dios creó la oscuridad, luego la luz, luego a madre, a mí y luego a los demás. Y era algo bueno.
Pero continúa el libro: "Y entonces, un día, Dios reemplazó la luz con la oscuridad" y una amenazadora bandera con la esvástica tapa la ventana de la habitación al exterior.
En 1944, los judíos húngaros recibieron la orden de hacer un inventario de todas sus pertenencias y abandonar la ciudad para trasladarse a los guetos que les fueron asignados. Esther Levy había oído los rumores acerca del destino de quienes acababan en esos guetos y resuelve huir con su hija Miriam. No tiene más opción que fingir sus muertes, conseguir documentos falsos y escapar al campo, haciéndose pasar por una campesina y su hija ilegítima. "Sea astuta. Inteligente. Busque una forma de desaparecer", le aconsejan. Y así lo hace, dejando atrás todas sus pertenencias y recuerdos, pasto de un fuego purificador que limpia todo rastro de su vida pasada en Budapest. Los Levy ya no existen: la madre y la hija han muerto y el padre se encuentra desaparecido tras haberse enrolado en las filas del ejército húngaro para luchar contra el invasor alemán.

Así, Miriam y su madre emprenden una nueva vida en el campo, trabajando duro y ocultando su identidad a pesar de la proximidad de las fuerzas nazis. Tanto es así que incluso un comandante alemán llega a encapricharse de la sospechosa sirvienta de una familia campesina. Esther Levy debe someterse a la voluntad del soldado para complacerle y permanecer, tanto ella como su pequeña hija, a salvo de posibles represalias. Más adelante llegaría la retirada de los cachorros de Hitler a favor de las fuerzas de liberación rusas. Un ejército bruto y ávido de alcohol que no augura mejor suerte para los pobres húngaros que sus predecesores alemanes. Esther continúa entonces ocultando su verdadera identidad y luchando por mantener íntegra la inocencia de la pequeña Miriam.
Por nuestra cuenta es el testimonio de la lucha de una madre por que su hija permanezca inocente a pesar de un entorno caótico y brutalmente hostil. La Miriam niña asiste ingenua a los horrores a los que debe enfrentarse su madre para salir con vida de un viaje al que se han visto abocadas tan solo por tener una fe. Miriam no comprende la vasta tragedia que se está produciendo. Es la madre, desesperada pero resuelta, la figura que protege la inocencia de una niña que ve cómo el mundo se derrumba incomprensiblemente a su alrededor: cómo muere su perro, cómo deben abandonar su vida, cómo de repente pasan hambre, cómo la gente a su alrededor se comporta de forma extraña, cómo sólo algunas personas son buenas con su madre y con ella, pero, sobre todo, cómo un Dios benevolente puede permitir que ocurran todas esas desgracias. A pesar de todos sus esfuerzos, Esther Levy no consigue mantener intacta a su hija de las consecuencias de la guerra. La ventisca que oculta su huída de los soldados rusos podría entenderse como un milagro, una acción de un Dios cuya voluntad es la de salvaguardar a los inocentes, pero Miriam no lo entiende así: la primera consecuencia ha sido ver abatida a su mascota, ahora pasto de los cuervos. La pequeña Miriam ya ha sido testigo de demasiados episodios sangrientos. La pura y blanca nieve se ha tornado roja por la sangre derramada y su fe se ha ido desmoronando paulatinamente, empujada irremediablemente hacia un rencoroso ateísmo.

La relación entre la madre y la hija está coronada por una sobreprotección que no termina de cuajar en los frutos esperados. Es imposible que una niña permanezca impasible a todo lo que sucede a su alrededor y, menos aún, cuando la tragedia se ceba con su destino. No es de extrañar que, pasados unos años, una Miriam Katin madura sienta recelos de llevar a su hijo a un colegio hebreo y que los fragmentados recuerdos de una infancia convulsa le atormenten mientras ve caer la nieve al otro lado de su ventana. Para Miriam, una vida secular sólo conduce a las atrocidades que vivió junto a su madre.

Pero no todo es oscuro y desolador en este libro. Esther y Miriam se cruzarán en su camino con personas de buen corazón, que las ayudarán en la medida de lo posible. Es el contrapunto optimista a la barbarie que les asola en su peregrina vida, que culmina con el regreso del padre soldado. Todos estos episodios de contrastada piedad y bondad acentúan el horror que padecen la madre y su hija, pero hace atisbar un pequeño halo de esperanza en la humanidad.
Miriam Katin realizó su primer trabajo gráfico para las Fuerzas Armadas de Israel. Ya en Nueva York, este currículum le sirvió para entrar en el campo de la animación para la MTV y Disney. Esta experiencia se revela patente en varias de las escenas de Por nuestra cuenta: el dinamismo de muchas viñetas sugiere al lector la posibilidad de estar leyendo un extracto de un largometraje animado de aspecto añejo y desaliñado. A esta sensación ayuda también el trazo, en ocasiones sucio o aparentemente desdibujado y poco cuidado, pero siempre aportando el punto justo de movimiento y expresividad. La estructura rígida de la página, académica en su composición pero a la vez restringida por esta condición, se rompe cuando los personajes quiebran sus límites, huyen de las viñetas, imprimiendo de esta forma otra metáfora visual más que refleja inequívocamente el sentimiento de desasosiego de las protagonistas y su tenaz necesidad de escapar de su destino.
Tenemos en este libro una combinación entre un estilo expresionista estrictamente contemporáneo al contexto en que se desarrolla la historia y un dibujo bastante próximo al de la literatura infantil, género en el que la autora cuenta con una larga trayectoria profesional. El monocromo gris y oscuro refleja una Budapest incómoda y bajo una eterna penumbra, una ciudad que ha perdido su esplendor a favor de un ambiente de desesperanza y melancolía. Asimismo, el campo no se presenta muy acogedor, sino más bien todo lo contrario: los refugios de Katin y su madre se presentan como reductos claustrofóbicos, una desazón que se amplifica con el comportamiento agresivo y desconfiado de sus gentes.

Por nuestra cuenta presenta dos claras influencias. Por un lado, es un nuevo testimonio en primera persona de una autora atormentada por su pasado. Acaso en busca de una catarsis, Miriam Katin se suma a la lista formada por Marjane Satrapi (Persépolis, Norma), Bernice Eisenstein (Fui hija de supervivientes del Holocausto, Mondadori) y Alison Bechdel (Fun Home, próximamente en Mondadori). Todas ellas mujeres que nos abren las puertas de su infancia para que no olvidemos nuestra propia historia.
Como tampoco podemos olvidar el desgarrador testimonio del padre de Art Spiegelman en Maus (Mondadori), ineludible referencia en el mundo del cómic en cuanto al Holocausto se refiere. Si bien en el caso de Spiegelman la fría relación del padre y el hijo se estrecha precisamente durante la elaboración del libro, en Por nuestra cuenta Katin nos evoca a su madre con mucha más comprensión; no en vano no es lo mismo ser un testimonio indirecto de los hechos como Spiegelman que sufrirlos en la propia piel como Katin. Ambos autores se ponen en el papel de sus antecesores y reviven el pasado en un ejercicio de suplantación para comprender mejor las decisiones de sus padres y que pretende, ante todo, mostrar un claro respeto hacia su figura.
14 Sep 2007
Las olivas negras 1: ¿Por qué esta noche es diferente de otras noches?

LAS OLIVAS NEGRAS 1
Joann Sfar y Emmanuel Guibert
Ediciones Kraken
Cartoné. 48 pág. Color. 12,90 €
¿Por qué esta noche es diferente de otras noches? Porque es la primera que el pequeño Gamaliel pasa sin su padre, apresado por el ejército de ocupación romano. Porque es la primera que está fuera de casa, oculto en una comuna celota. Porque los únicos que parecen estar tan en apuros como él son dos mercenarios galos, desertores de las legiones romanas, que están más preocupados en ligarse a la joven mercader Tsiporah y en no morir en el intento. Esta noche de Pessach (Pascua judía) es, sin ninguna duda, muy diferente a las demás noches que ha vivido Gamaliel, hijo de un pastor de Judea, huérfano de madre, que da sus primeros pasos en la fe judía y que, como niño, las preguntas son una constante en sus labios.

Las olivas negras no es un péplum al uso, repleto de batallas épicas y héroes por doquier. En lugar de ello, en este álbum nos tropezamos con una historia moderna que combina la relación de un padre con su hijo, la resistencia de un grupo de rebeldes contra el ejército opresor, y el papel de una mujer liberada que es criticada por los suyos precisamente por su comportamiento nada ortodoxo. Y, como contrapartida humorística, las vicisitudes de dos galos que son un par de sátiros, cuyo desconocimiento de las lenguas y las tradiciones de la región darán lugar a varios episodios hilarantes.
No hay maniqueísmos ni estereotipos aborrecibles en esta obra, sino una aproximación inusualmente realista y unos personajes psicológicamente complejos, aturdidos a pesar de la aparente determinación que muestran algunos de ellos. Tanto da la ambientación que escoja Joann Sfar para sus relatos: siempre podemos contar con que nos brindará un nuevo ejercicio de reflexión, atemporal y universal, bajo un envoltorio fácil de digerir. A esto ayuda el anacronismo de algunos diálogos, en su mayor parte los mantenidos por los soldados galos (sosias del propio Sfar y de su amigo y también dibujante Christophe Blain), que deja bien patente la modernidad de las historias del prolífico autor francés así como su canallesco sentido del humor.

En perfecta sintonía se encuentra Emmanuel Guibert, quien, con una inconfundible línea clara, limpia la suciedad del polvoriento desierto y nos presenta una Judea de contraste entre claros y oscuros. Guibert consigue aquí con sobriedad un resultado espectacularmente efectivo. Frente a la luminosidad del día se encuentra la penetrante noche, escenarios ambos impolutos y sin mácula, blandos y tiernos, que encarnan la inocencia de un niño que pronto se ve truncada ante la suciedad del resto del plantel protagonista. Es definitivamente sorprendente la habilidad de este autor para mimetizar su estilo y adecuarlo al espíritu de la obra.
Sencillo, en fin, en su planteamiento y en su presentación, pero complejo en su interior, este álbum destaca de entre las novedades presentes en las librerías. En un discurrir ágil de la historia y una puesta en escena de la página en una parrilla de 6 viñetas transcurre esta cautivadora primera entrega de Las olivas negras, ilustrativo prólogo de esta saga en cuatro partes que atestigua la universalidad de los temores y los anhelos humanos.
27 Ago 2007
Antologías
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| MOME Verano 2007 Varios autores La Cúpula Rústica. 132 pág. B/N y color. 18 € |
Sexy Chix Varias autoras Ediciones Glénat Rústica. 104 pág. B/N. 15 € |
Las antologías siempre acaban por dejar en el lector una doble impresión. La heterogeneidad intrínseca de este tipo de obras ofrece un abanico de historias con una relación dispar de la calidad entre los distintos autores implicados en el proyecto. Hay descubrimientos, consagraciones, decepciones e incluso autores que pasan sin pena ni gloria, meros comparsas ocultos entre los grandes nombres. Por esta razón la labor del editor es más importante que nunca y la selección de obras ha de estar racionalizada con mucho cuidado, orientando el resultado final hacia un objetivo concreto. En el caso que nos ocupa, las intenciones son en principio desiguales y la valoración final depende exclusivamente de los valores propios del lector.

Paul Hornschemeier para MOME
MOME es una serie trimestral de antologías publicada originalmente por Fantagraphics de la mano de la cabeza visible de la editorial y que ahora nos trae La Cúpula. Gary Groth ha conseguido reunir a varios de los nuevos valores del cómic independiente estadounidense, como Paul Hornschemeier, Jeffrey Brown ó Gabrielle Bell. Al primero ya lo conocemos en España gracias a la edición por parte de Astiberri de la cruda historia Madre, vuelve a casa y lo tendremos de vuelta con Las tres paradojas. El autor de Ohio, en esta primera entrega de MOME, emplea con maestría los silencios para comunicar la angustia de una abandonada protagonista; el dolor y la aparente incomprensión sentidos en la adolescencia se erigen como motores de una historia por entregas que pronto será recopilada en álbum. Hornschemeier es también objeto de una entrevista por Gary Groth que nos permite conocer con más profundidad sus inquietudes artísticas. Pero la grata sorpresa de esta antología viene de Gabrielle Bell, la gran desconocida dentro de nuestras fronteras y una de las figuras sobresalientes del catálogo de Drawn & Quarterly con Lucky, pero sobre todo conocida en Estados Unidos por su cómic When I'm Old. Bell construye con total fluidez una episódica ensoñación ante lo que podría ser el futuro junto a una persona que acaba de entrar en la vida de la protagonista. ¿Qué pasaría si se dejara engatusar por un vecino un tanto libertino? El resultado es el juego hipotético con el que nos enfrentamos diariamente.
Una serie de simbólicos relatos conforman MOME, una antología que se presenta al lector con una vitola experimental. Ideal para el lector acérrimo de las obras editadas por la editorial afincada en Seattle, pues está impregnada del espíritu independiente y atrevido que la ha caracterizado a lo largo de su historia. Anders Nilsen, David B., Kikuo Johnson y otros nombres propios de igual excelencia pueblan las cabeceras de este y los siguientes volúmenes de MOME. Continuaremos su lectura en otoño...

Colleen Coover para Sexy Chix
Frente a la oferta ecléctica de MOME nos encontramos con Sexy Chix, una iniciativa de Diana Schutz para Dark Horse que acaba de publicar Glénat en España. Se trata de un cómic único con la sola premisa de que todas las autoras de los relatos son del sexo femenino. Todo tipo de historias tienen cabida en este volumen, desde los más desgarradores episodios autobiográficos hasta las más locas e inanes historias detectivescas o autoparódicas. De esta forma, Sexy Chix es tan heterogénea gráficamente como en el apartado argumental. Con el nexo común de la sensibilidad femenina, las páginas de esta antología nos ofrecen una amplia diversidad de historias que concluyen en un regusto final que combina lo dulce con lo amargo. En contraposición a algunas historias ciertamente prescindibles nos encontramos con varias perlas destacables como las aportadas por Chynna Clugston, que abre el libro con una divertida página donde relata el trabajo diario de una dibujante de cómics; o Colleen Coover, con una dura reflexión ante el futuro incierto que se avecina tras una trágica pérdida.

Joyce Carol Oates y Laurenn McCubbin para Sexy Chix
Sexy Chix significa también la primera toma de contacto de autoras de otros campos en el medio del cómic. La incursión en el mundo comiquero de la novelista Joyce Carol Oates con ¿No confías en mí?, una parábola adaptada en cuatro páginas y ambientada en un inquietante futuro cercano en el que las mujeres no tienen el control sobre su propio cuerpo, es una de las más notables historias presentadas en esta antología. Como también lo es El arte del desapego, de Sarah Grace McCandless, donde la autoimpuesta soledad que sobreviene tras una ruptura es más dura que el propio desamor.
El regreso de este tipo de publicaciones (las aquí comentadas MOME y Sexy Chix y otras como Humo ó BDBanda) no puede ser más que bienvenido. Hemos de congratularnos por las antologías y las revistas de cómic que ahora mismo inundan las librerías especializadas, pues éste es un síntoma de la buena salud del mercado. Trivializando y en pocas palabras, son una excelente prueba de nuevos talentos que puede ayudar a la publicación de algunos autores que de otra forma no podríamos leer en castellano. Además, la estructura del relato breve (o las entregas episódicas) es inherente a una narrativa inusual para muchos de los autores más consagrados; será curioso ver cómo se desenvuelven en estos parajes.
Enlaces relacionados:
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MOME
- Página de MOME con avances (en inglés)
- Entrevista a Paul Hornschemeier aparecida en MOME (en inglés; PDF 124 Kb)
- Entrevista a Gabrielle Bell (en inglés)
- Avance de Lucky, de Gabrielle Bell (en inglés; PDF 3.20 Mb)
- Entrevista a Diana Schutz (en inglés)
- Reportaje sobre Sexy Chix
Sexy Chix
24 Jul 2007
Cumpleaños turbulento
Pocas veces tengo la oportunidad de leer un cómic tan original en su planteamiento como rico en matices. Cumpleaños turbulento es un cómic atípico publicado por Dibbuks, que supone la segunda aparición de Nabiel Kanan en España.

Cumpleaños turbulento
Nabiel Kanan
Dibbuks




Max Collins es un acomodado analista político que trabaja como consejero en el gabinete de Thom Conran, candidato a alcalde de Londres. Vive en las afueras, en una preciosa casa en el campo, con su familia. La típica familia de clase media-alta inglesa compuesta por un cabeza de familia uniformado en traje de Armani que trabaja en la city, una madre artista de ideas pretendidamente abiertas y dos niños: la mayor, adolescente y contestataria, y el menor, enfrascado en sus juegos infantiles. Pero una ley del suelo excesivamente conservadora y un pasado traicionado lastrará el devenir de Collins como animal político y social. Las insinuaciones de Emma, la última incorporación del gabinete, marcarán el inicio de unas turbulentas revelaciones. Es la chispa que enciende la memoria de un Max Collins que se nos muestra inalterablemente apático y derrotado, en contraposición a los recuerdos que de sí mismo tiene: antaño existía el Max Collins preocupado por una política social igualitaria y justa, comprometido con sus alumnos y su familia. El tiempo, la comodidad y la burguesía, no obstante, han maltratado tanto su ética como su cordura. El atenazador sentimiento de culpabilidad y una epifanía desencadenarán en Collins una reevaluación de su estatus y la consiguiente búsqueda de una redención que se revela tardía.
Pero también provocan que veamos la hipocresía subyacente en la apariencia de una familia bien. La esposa de Max Collins no es tan abierta de miras como pretendía hacernos creer; es, por contra, una mujer mucho más conservadora que su propio marido. El hijo, poco a poco, va mostrando unos gestos racistas peligrosos a su edad. La hija, aquella de quien podría pensarse en un principio como una niña malcriada, es la primera decepcionada por las promesas incumplidas de su padre. De esta forma, es mejor que el lector no caiga en prejuzgar ninguno de los protagonistas del libro. De ser así, sus expectativas se verían truncadas en cada página, pues Nabiel Kanan no quiere que nos enfrentemos a su lectura con ideas preconcebidas. Por el contrario, nos enseña una imagen idílica de una posición social que vive en la inopia, despreocupada de los problemas mundanos, pero que esconde multitud de autoengaños que salen a relucir ante el menor rascado superficial.
Las calles de Londres, una aséptica oficina o las estancias de una casa típica inglesa son los decorados donde estos personajes se mueven empujados por las circunstancias. Mientras Max Collins deambula por todos ellos buscando su lugar (que finalmente y por suerte encuentra, aunque más lejos/cerca de lo que pensaba), el resto tienen una libertad limitada. La esposa se queda en casa y defiende ese territorio, el suyo, con uñas y dientes ante un peligro inducido por la intolerancia. La hija, en cambio, no siente esa casa como su verdadero hogar. Se encuentra descolocada, desubicada; ella pertenece al pasado, a aquellos años donde la figura del padre era primordial, líder e inmaculada, y no dudará en huir hacia allí, con la esperanza de celebrar su 15º aniversario tal y como le fue prometido. Queda fuera del encuadre crítico la pieza fundamental, el único coherente con sus ideales, imperturbables a pesar de los inconvenientes y los obstáculos, aquél que comenzó idolatrando a Max Collins y terminó por ser todo cuanto Collins había pretendido originalmente.
Nabiel Kanan es un joven autor británico de raíces palestinas nacido en 1971 y prácticamente desconocido en nuestro país pero con obras reconocidas como este Cumpleaños turbulento o su anterior La chica perdida (también publicada por Dibbuks). Kanan es rígido en su estructura narrativa, limitando la página a una parrilla de nueve viñetas que se trunca para recalcar los puntos de inflexión en la historia presentada a modo de splash-page. Nos da masticado el ritmo de lectura, los pasos que debemos ir dando para avanzar en la historia, como montados en un monorraíl conducido por el autor que se para en los paisajes más destacados para que podamos sacar una foto. También es proclive a ofrecernos unos personajes muy cercanos a los de Adrian Tomine, tanto en su presentación gráfica, con un trazo fino y lineal, como en la puesta en escena de sus motivaciones, con un comportamiento frío que provoca un alejamiento (¿rechazo?) del lector.
10 Jul 2007
La mala gente

La mala gente
Étienne Davodeau
Ponent Mon




Estamos en los Mauges de la postguerra, una región del sudoeste de Francia tradicionalmente conservadora y católica, de donde proceden los padres del autor Étienne Davodeau. La mala gente es la historia de sus padres, de su lucha sindical por un trabajo y una situación digna ante un poder clasista y anquilosado, pero sobre todo es un homenaje a la memoria colectiva de aquella Francia en proceso de reestructuración política. Sería en los 60 cuando las reclamaciones de toda una comunidad serían seriamente escuchadas. A partir de los recuerdos de sus padres, Marie-Jo y Maurice, el autor rinde homenaje a aquellos insatisfechos, incómodos con su forma de vida, que no tuvieron otra alternativa que protestar ante una situación intolerable. Davodeau no escatima esfuerzos en mostrarnos esta historia en toda su amplitud. En un momento dado, a su padre, que afirma que "no hemos hecho nada más que los demás", el autor sentencia: "Precisamente. Todos vuestros amigos militantes han tenido trayectorias bastante parecidas a las vuestras... Contar la vuestra es evocar la suya".
Desde el abandono del campo para ingresar en la cadena de montaje hasta la aficilación sindical, lo que nos encontramos aquí es un pedazo del patrimonio francés. Por eso, no es de extrañar que el lector más joven se pueda llegar a sentir apartado. La situación es bien distinta: estamos ante la vida de unos obreros en una época (treinta años desde el final de la guerra) y en una región muy particulares del país vecino. El contexto, no obstante, no es demasiado diferente a nuestro pasado reciente, y por ello no deja de ser clarificador de todo lo que se generó alrededor del mayo parisino del 68, el cambio político inmediatamente posterior y, en definitiva, el estado de la situación laboral actual. El antagonismo entre la Iglesia (con mayúscula) y la férrea patronal contra la clase obrera, esa simetría que se muestra ya en la portada, es perfectamente trasladable a nuestro pasado más cercano. Tampoco hace falta que pensemos en nuestro país, sólo cabe recordar a nuestros emigrantes en tierras galas por aquel entonces. Francia fue un punto referente para muchos inconformistas del statu quo, y sus cambios repercutieron en demasiados gobiernos.
Narrado como un documental gráfico, La mala gente ha conseguido ser uno de los álbumes más laureados en Francia de los últimos tiempos. Premio al mejor guión en el festival de Angoulême, premio del público en el mismo festival, premio de la crítica y premio France-Info al mejor cómic de actualidad son los galardones que avalan esta obra que se acaba de publicar en España de la mano de Ponent Mon. Un reconocimiento unánime que no deja lugar a dudas de la calidad que trae consigo. En La mala gente, Davodeau nos mueve del pasado al presente con mano certera, a través de las palabras de sus progenitores, contrastando la actualidad con la recreación de unas memorias vívidas. No nos encontramos simplemente ante un reportaje, sino ante un diálogo descrito en sobrias imágenes que flirtea con la autobiografía, en un episodio de tributo a unas gentes que no hacían honor a su mote.
30 Jun 2007
Metralla
Rutu Modan ha sido una de las más gratas sorpresas del pasado 2006, autora israelí que firma el último libro de la madrileña Ediciones Sins entido. Es Metralla, por méritos propios, uno de los cómics del año.

Metralla
Rutu Modan
Ediciones Sins entido




Kobi Franco es un humilde taxista de la ciudad de Tel-Aviv. Un buen día recibe una llamada telefónica de Numi, una joven soldado, quien le dice que su padre Gabriel muy posiblemente sea una de las víctimas del atentado suicida cometido en la ciudad de Hadera unas semanas antes. A regañadientes, pero tímidamente preocupado por la ausencia de noticias de su padre, Kobi se une a la chica en una búsqueda que les llevará por el territorio israelí tras la figura de un padre y un amante completamente desconocido.
Kobi y Numi se embarcan en un viaje que se convertirá en una búsqueda interior, pero también en la deconstrucción de una persona a la que creían conocer. A través de sus recuerdos y de las palabras ajenas, tanto los protagonistas como el lector se van forjando una imagen recreada de la figura de Gabriel Franco. A Kobi no le sorprende en absoluto, lo que no significa que no le provoque cierto rechazo, el comportamiento de su padre con los demás. Numi, en cambio, desmitifica a un amante que le concedía cualquier capricho pero que en realidad aún salía ganando al aprovecharse de ella. Nosotros, por contra, llegamos a conocer a un personaje siempre fuera de plano a través de los recuerdos de otras personas, quedando a nuestro juicio la moralidad de un Gabriel escurridizo, nada amante de las ataduras. Y lo hacemos sin tener que soportar la carga afectiva de un vínculo familiar o sentimental. Acaso a través de la mirada rencorosa, desesperada y tierna de los protagonistas, víctimas que han de vivir el resto de sus días sufriendo la metralla instalada en sus corazones procedente de la explosión de egocentrismo de Gabriel.
Como todo buen viaje, nunca se regresa al punto de partida. La pareja protagonista, representantes antagónicos de los extremos de las clases sociales, confluirán y dejarán que surja entre ellos, paulatinamente, una estrecha relación. Los encuentros y desencuentros, los diferentes puntos de vista que ofrece cada uno de ellos, los enfrenta pero también los une. A cada página los encontramos más próximos el uno del otro, las miradas no se esquivan y sus sentimientos se van acercando de forma paralela a como alcanzan a avistar su objetivo. Una certera aproximación al enamoramiento, alejada de la sensiblería ñoña y fácil, que culmina con un final de obra exquisito.
Como telón de fondo tenemos un Israel apático o, mejor dicho, desgarradoramente acostumbrado a la barbarie terrorista. Unos paisajes asépticos y desiertos encarnan una sociedad encerrada en sí misma, con unos mecanismos que provocan escalofríos. Es el Israel de Rutu Modan, la autora de este Metralla, quien impregna a la obra de una fría sobriedad que contrasta con la delicadeza de los temas tratados y la calidez con que los aborda. El amor, los lazos familiares y una sociedad abrumada por el terrorismo conviven en un entorno de colores suaves y líneas finas y sutiles. La quebradiza y frágil gente de Israel, temblorosa ante la menor sacudida pero siempre en pie.
Rutu Modan (Tel-Aviv, 1966) es una ilustradora que comenzó su carrera en el cómic editando la versión israelí de la revista MAD junto con Yirmi Pinkus, con quien luego fundaría el grupo Actus Tragicus en 1995, buscando una resurrección del mundo del cómic en su Israel natal, tocado de muerte por entonces (de ahí la elección del nombre, originario de una cantata de Bach que se empleaba como acompañamiento en los funerales del siglo XVIII). Modan es la más prolífica de todos los miembros, muchos de los cuales ya se fogueaban en el extranjero en revistas como Stripburger. Son cinco los componentes del movimiento: Rutu Modan, Yirmi Pinkus, Mira Friedmann, Itzik Rennert y Batia Kolton. Tienen un sello de edición propio en Israel bajo el cual publican tanto sus propias obras como importan otras de autores de la talla de Art Spiegelman, Anke Feuchtenberger y Ulf K.
Metralla supone la puerta de entrada de Rutu Modan a nuestro país. Sins entido nos ofrece con este libro la oportunidad de hacer un descubrimiento singular, de sorprendernos con un nombre exótico pero unos anhelos universales.
29 Jun 2007
Caricatura
Que Daniel Clowes es un monstruo en el mundo del cómic no os lo voy a descubrir ahora, aunque siempre viene bien que se edite material firmado por este autor para recordarlo.

Caricatura
Daniel Clowes
La Cúpula




Daniel Gillespie Clowes nació el 14 de abril de 1961 en la ciudad del viento, Chicago. Su carrera como historietista comenzó a gestarse en 1979, cuando acabó el instituto e ingresó en el Pratt Institute de Brooklyn para estudiar Arte. Tras conseguir el título, intentó sin resultado encontrar trabajo como ilustrador en Nueva York. De 1985 a 1989 colaboró con su trabajo The Uggly Family para la revista Cracked, aparte de varios artículos teóricos. En 1985 también envió su primera historia de Lloyd Llewellyn al editor de Fantagraphics, Gary Groth, quien le hizo un hueco en el número 13 de Love and Rockets, la revista de Beto y Jaime Hernández. La carrera del cómic Lloyd Llewellyn se extendió por seis números para acabar en 1988 con The All-New Lloyd Llewellyn Special. Fue entonces cuando Fantagraphics publicó la primera entrega de Eightball, la revista que englobaría todo el trabajo en el mundo del cómic del artista desde entonces. Fue en esta revista donde apareció serializada la surrealista Como un guante de seda forjado en hierro, en los números 1 a 10, compartiendo espacio con otros relatos breves de contenido más cómico. Ghost World, la desmoralizadora y chocante historia de la separación de las amigas Enid Coleslaw y Rebecca, fue publicada en los números 11 a 18 del cómic, para dejar paso, del 19 al 21, a David Boring. Las dos últimas entregas aparecidas hasta ahora de Eightball, los números 22 y 23, corresponden a las historias largas Ice Haven y The Death-Ray, donde se nota la influencia de artista completo que Chris Ware ha tenido sobre Clowes.
De la revista Eightball proceden precisamente ocho de las historias que componen este Caricatura, más una novena, "Delineador de ojos verde", el primer cómic aparecido en Esquire. Alejadas del aspecto kitsch de los primeros trabajos de Clowes, las historias de esta recopilación nos muestran a un autor con un tono más adulto, preocupado por sugerirnos con la mínima expresión todo un abanico de sentimientos desgarradores y cuyos temas se acercan peligrosamente a un escéptico Raymond Carver. El claro trazo del artista delinea unos personajes capaces de, con una sola mirada, desenvolver todo su dolor interior y mostrarlo sin sonrojo a un lector atónito y completamente atrapado por el relato. Todo gracias a la fluida narrativa que despliega Clowes en sus páginas, estudiada hasta el más mínimo detalle para, por un lado, hacer de los escenarios una extensión misma de la personalidad de sus agónicos protagonistas, y, por otro, desenrollar un hilo de Ariadna que nos guíe sin pérdida posible hacia la lógica/ilógica conclusión abierta que nos tiene preparada.
En todos los relatos de Caricatura, Clowes nos ofrece un paisaje de soledad y desesperación, la decadencia de una civilización cosmopolita e individualista que aliena a sus integrantes, empujándolos a un sórdido mundo de vacío existencial. La caricatura es la abstracción satírica, distorsionadora, de un rostro sumido en el conflicto moral de la búsqueda intencionada de la soledad y, por contra, la ansiada comprensión del lector. Por todas las historias que componen este libro deambulan máscaras autoimpuestas que ocultan la angustia y la esencia del alma de sus personajes. En ocasiones son máscaras literales, en otras una actitud apocada, y en otras un cinismo que desprende aún más si cabe un grito de auxilio. Se encuentran derrotados o simplemente resignados ante una situación, una vida, que no corresponde a sus expectativas, en caso que las tuvieran. Y, no obstante, un nuevo giro circunstancial les aturdirá y les sumergirá todavía más en la pesadumbre, aún conservando un atisbo de dignidad y coherencia.
A pesar de la diversidad temática de los distintos relatos que componen Caricatura, un punto de vista único sirve de referencia para el lector. Conducidos por la neutra y analítica voz del protagonista, paseamos por un mundo aséptico pero a la vez melancólico, escenario de sus miedos y rechazos, de sus anhelos y sus recuerdos. Los personajes nos muestran un decorado salpicado de viajes atrás y adelante en el devenir de los acontecimientos, que no en la disposición de ideas. Unos sucesos que son colocados magistralmente de tal forma que cualquier otra construcción no resultaría en la misma historia y, por ende, no provocaría las mismas reacciones: pasamos imperceptiblemente del sarcasmo a la desesperanza, de la incomprensión al abandono, en una suerte de montaña rusa de sentimientos encontrados. Clowes nos habla a través de sus creaciones, sus protagonistas, y nos da las piezas precisas en el orden preestablecido, por tal de reconstruir unas vidas erráticas, patéticas o crueles que no buscan la moralina, pero sí nos despiertan de un letargo de autocompasión y egocentrismo. Justo los vicios en que caen ellos mismos tan a menudo.
28 Jun 2007
El final de la guerra
Joe Sacco no es santo de mi devoción precisamente, pero con El final de la guerra y, concretamente, con la historia de Šoba, ha conseguido que le perdone (engreído de mí) ciertas carencias que le encuentro como autor de cómics.

El final de la guerra: Reseñas biográficas de Bosnia, 1995-96
Joe Sacco
Planeta DeAgostini




Tenemos al Joe Sacco reportero de vuelta con El final de la guerra: Reseñas biográficas de Bosnia, 1995-96, un libro que aúna dos pedazos biográficos realizados por el autor maltés tras su estancia en la Bosnia de mediados de los 90, a finales de la cruenta guerra civil que asoló la extinta Yugoslavia. Allí se fue Sacco en calidad de corresponsal de guerra, y fruto de sus vivencias salieron los libros Gorazde y El mediador, ambos publicados por Planeta DeAgostini. Como una especie de escenas eliminadas de estas dos obras, tenemos este nuevo cómic donde Sacco nos presenta, por un lado, la vida de un artista bohemio metido a buscador de minas y, por otro, su encuentro con Radovan Karadžić.
Šoba es el protagonista que da título a la primera historia. En ella, Sacco captura los pequeños momentos de calma en la vida urbana de Sarajevo, la búsqueda de ocio que impregne unas vidas saturadas de violencia. Las noches de fiesta de Šoba en su garito preferido de la capital Bosnia le sirven como vía de escape a todo un día buscando y desactivando minas enemigas a las afueras de la ciudad. Como del mismo frente se tratara, Šoba se sitúa en el punto estratégico del bar, a la caza y captura de las jóvenes bosnias que no escaparon de la guerra durante 1992. Él es el joven artista, con tintes bohemios de Europa del Este, más reconocido de su entorno y, por las terribles circunstancias bélicas en que está sumergido, también atrae la atención de galerías y multitud de reporteros extranjeros. Sus obras son codiciadas y frecuentemente le invitan a abandonar el país para labrarse un nuevo futuro como artista en Italia. Pero Šoba se niega a ser "otro refugiado más", quiere quedarse en su país, en su ciudad, por la que tanto ha luchado, aunque estoicamente, y reniega de los clichés en los que caen aquellos que tratan, desde fuera, de presentar su vida como una metáfora romántica de la guerra de los Balcanes y la figura representativa de la vida de la juventud capitalina. Sacco nos presenta, por contra, una persona, con sus defectos y sus virtudes, un Šoba preocupado por las secuelas postraumáticas que dejará tan terrible lucha fraticida en una sociedad inmersa en una guerra sin sentido. Y, mientras tanto, el artista bosnio recupera su vida normal en las contadas noches tranquilas de Sarajevo, carga con sus penas mientras sigue siendo él mismo, sin perder su identidad, erigiéndose como un ídolo de las artes plásticas y el rock, que continuará su labor tras la firma de la tan ansiada paz.

La vívida biografía de Šoba nos muestra la otra faceta de una guerra intermitente, donde las pausas dan pie a una restauración virtual de lo que sería, de otro modo, la vida nocturna habitual de los jóvenes de Sarajevo. El mismo Šoba reconoce que sus vidas son una eterna lucha, de día por la supervivencia, y de noche "por tener una vida normal". Es el conmovedor retrato de un superviviente que alterna las exuberantes y desquiciadas noches de juerga con sus compañeros con momentos de un fatalismo introspectivo que refleja el rendido hastío al que le ha llevado la guerra. La música y las mujeres son los pocos placeres que le quedan en un periodo bélico desesperanzador cuyo final le lleva a plantearse un futuro aún menos prometedor. "¿Quién va a querer comprar el tipo de cosas que hago ahora?", se pregunta, "Trata de cosas horribles. ¿Cómo ganaré dinero en el futuro?". La llegada de la paz desubica a una persona que ha pasado sus mejores años agazapado en campos de minas y que ahora, contradictoriamente a como lo consideraba antaño, ve la alternativa de la emigración como la única salida lógica: "No quiero vivir en Sarajevo, siento demasiada presión aquí. Quiero marcharme". Son las palabras de una guerra que ofrece muy pocas oportunidades a sus supervivientes.
"Navidad con Karadžić" se plantea de forma completamente opuesta. En ella, el propio Sacco se constituye como el eje central del relato y nos narra un episodio de su estancia periodística en Bosnia. Concretamente, su intento de entrevistar, junto con dos periodistas norteamericanos, al líder serbobosnio Radovan Karadžić durante el transcurso de una misa ortodoxa navideña en enero de 1996. Tras el complicado periplo que mantienen los tres, en pos de una meta periodística que por momentos parece inalcanzable, por fin Sacco se encuentra cara a cara con un criminal de guerra que ha cometido atrocidades en nombre de una revolución, y su reacción no será la esperada.
En "Navidad con Karadžić" Sacco se lamenta de su apática reacción ante la presencia del criminal de guerra Radovan Karadžić. "No noto nada intimidatorio en su presencia", admite el autor, sorprendido porque es "un hombre al que aborrezco con toda mi alma desde años". Quizá era la imagen exterior que se presentaba de una figura política que albergaba una paradoja en su interior. Su vida adolescente en Sarajevo, plácida y tolerante, contrasta con las palabras que tuvieron eco mundial y que Sacco se repite una y otra vez para tratar de despertar algún sentimiento. "En Sarajevo no harán recuento de muertos; lo harán de los vivos" es el mantra que el autor utiliza para reconciliarse consigo mismo, consternado y avergonzado por no sentir nada hacia una persona que no conocía hasta ese momento más que por lo leído en la prensa. Ni odio, ni deseos de venganza, "de hecho, ir a verle era lo más divertido que había hecho por Navidad en años".
Esta frase final define otra lectura de este capítulo, en la que podemos comprobar que la labor de los periodistas durante la guerra puede llegar a ser demasiado interesada. Es el trabajo que se realiza detrás de las cortinas, lo que no vemos de los reportajes televisivos y las crónicas escritas. La búsqueda de algo que ofrecer a las agencias a toda costa para compensar el peligro y los gastos ocasionados da lugar a situaciones que revelan la discutible ética y el afán de sensacionalismo a falta de auténtica relevancia. En un momento del relato, los protagonistas piensan que no llegarán a localizar a Karadžić, situación que propicia que Kasey, de la NBC, fiel a sus intereses económicos, se procure montar una noticia propia con ruidos de ametralladora de fondo. Sería el típico reportaje a pie del cañón, pero menos es nada. "La mitad de su cerebro es una caja registradora y ahora mismo indica no hay ventas", son las palabras mediante las que Sacco describe al corresponsal.

Es sorprendente la facilidad con que el personal de prensa puede acceder a todos los rincones de un país en guerra. No encuentran obstáculos imposibles de solventar para llegar a situarse frente a frente ante uno de los mayores líderes de la contienda y entrevistarle. Como también choca la quietud que se respira en la misa a la que acude Karadžić, como otra de las pausas del conflicto que protagonizan el primer relato.
El final de la guerra es una obra que en su conjunto no se presenta de forma tan cohesionada como sus antecesoras, Gorazde y El mediador, pero sirve para descubrir otro lado más humano de la guerra. Sacco nos presenta dos puntos de vista divergentes, el de uno de los protagonistas de la juventud del Sarajevo asediado y el de un periodista que se enfrenta a un dilema moral que le conmociona. Con neutralidad periodística, el autor de origen maltés se posiciona de forma imparcial en ambas partes, dejando para el lector las conclusiones que considere oportunas. Los relatos de Šoba impactan directamente a nuestros ojos y nuestra conciencia. Estamos ante el abierto testimonio en primera persona de un joven con una doble vida que se sube a la balanza de su cordura y su ánimo y la desnivela sucesivamente. Por otro lado, el para nada dificultoso viaje de los periodistas y su reacción personal ante la noticia nos dejan con las ansias de lograr la primicia por parte de unos y el estupor ante la ausencia de la más mínima brizna de odio por parte de Sacco, en un ejercicio de sinceridad con cierto tono de vergüenza.
Es El final de la guerra un nuevo testimonio de una guerra que perdura en la memoria histórica de una Europa sonrojada. Karadžić sigue siendo un tema vigente en el mundo periodístico, proscrito y perseguido por crímenes de guerra por el Tribunal Internacional de La Haya. Por su parte, y tras una década ya del final de la guerra de los Balcanes, una historia como la de Šoba es capaz de recordarnos la heroicidad del día a día de unas personas inmersas en una cruel lucha por la supervivencia, tanto vital como espiritual.
27 Jun 2007
Los complots nocturnos
Ideal para las noches sin luna...

Los complots nocturnos
David B.
Ponent Mon




En 1992, David B. publicó en L'Association el libro Le cheval blême, una recopilación en forma de historieta de varios de los sueños que protagonizaron muchas de las noches del autor. Una década y media después, podemos leer en castellano Los complots nocturnos, el cómic que supone el regreso del autor francés a un mundo onírico que nunca ha abandonado por completo. Este libro recopila 19 de sus sueños entre diciembre de 1979 y septiembre de 1994, pasajes extirpados del subconsciente de un David B. en estado de gracia.
La imaginación deja paso al caótico y aparentemente sin sentido mundo de los sueños, donde todo es posible e incongruente, nada tiene un orden lógico ni una relación de causa-efecto palpable, pero sí un halo de dejà vu omnipresente que despierta cierta inquietud al descubrirse un fuerte lazo que integra todos los relatos en un universo metafísico común. Es la constante aparición de gestos y personajes, de obsesiones que embriagan a un David B. quijotesco. La paranoia invade al autor en sus sueños, una demencia que esculpe y da vida a criaturas improbables que pueblan las calles y los edificios de unas ciudades geográficamente imposibles. Es una locura desatada sobre la almohada que, una vez en el pincel, es cuadriculada y aprisionada por la mente despierta del dibujante. Allí encontramos sus miedos reales, los más recurrentes, los más instintivos, y que vemos asiduamente en su obra: ejércitos de la Gestapo, centurias romanas, el profeta velado, el gato de Giacometti, libros de Roland Topor, terroristas...
Una espesa bruma azul se cierne sobre un David B. proscrito, héroe, espía... protagonista de un seguido de aventuras siempre bajo el manto de una noche cerrada. Un aire oscuro y denso impregna las distintas secuencias surgidas del inconsciente subversivo, con una estética que evoca con fuerza las series policíacas de los años 30. Azul, negro y blanco son los ingredientes de esta atmósfera naïf. Los colores se tocan pero no se mezclan; las superficies se definen con la exactitud que se sugiere en los espacios entre viñetas. Todos estos elementos conforman una suerte de entorno cubista para desatar el mundo surrealista que el autor alberga en su interior.
Mucho más que las guerras, la hambruna y el desasosiego presente en los distintos sueños relatados, da auténtico miedo cerrar el libro y despertar.
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La comicteca
Sergio Morales GarcíaLa comicteca es un espacio donde tienen cabida reseñas y comentarios sobre una selección de cómics que están siendo publicados en España. El autor no pretende ofrecer una visión exhaustiva del panorama comiquero español, sino tan sólo ofrecer a los lectores una guía de lectura de algunas de las obras más destacadas que se encuentran disponibles actualmente en las librerías de todo el país.
Sergio Morales es un empedernido lector que emplea su poco tiempo libre en devorar cuanto cómic cae en sus manos. Criado entre montañas de celulosa y cuatricomía, la experiencia le ha demostrado que queda mucho camino por recorrer para que el cómic se deshaga de su estigma infantiloide y llegue por fin al gran público, reconocido como un medio artístico con valores propios.
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