24 Jul 2011

Porsiacasos

Escrito por: cristinasinhache el 24 Jul 2011 - URL Permanente

Y con el ruido me voy a otra parte. Con el ruido y tres maletas. Me mudo al oeste sin pistolas. Comienza, por diezmillonésima vez, el rito de la mudanza y como es tiempo de ordenar, limpiar y tirar empiezo por el bolso que me cuelga del hombro que contiene:

-un paraguas de los que se pliegan en sí mismos tantas veces que miedo tengo de su inesperado comportamiento cuando este verano pendenciero abusa del poder infinito de los cielos.

-un libro, por si la espera es eterna o por si el viaje en transporte público es de las mismas características.

-unos azucarillos y unos caramelos, ésos que bien aclaran la voz, bien engañan al estómago impaciente y ruidoso.

-un pañuelo que anudo alrededor de la garganta para soportar las inclemencias del tiempo y sus repentinos cambios de humor.

-al menos un aparato para establecer comunicación con la China, con almacén de instantáneas incorporado; no vaya a ser que me encuentre en el lugar adecuado en el momento adecuado.

-antiinflamatorios, que nunca se está a salvo de dolencias

-una bolsita con el carnet del seguro médico, ése, que obligatoriamente tengo que contratar. Del mismo formato otra tarjeta, la de crédito, de color oro, que es el color de la abundancia y la bonanza, aunque el saldo no sea del mismo color.

y sigo haciendo cajas

y ordenando

y limpiando

Cada vez que hago la mudanza lleno las maletas de porsiacasos y de novayaaseres. Pesan. Son el precio a pagar para que una ande por la vida sin preocupaciones. Mujer precavida…ya se sabe. Sepan, que en francés, es el hombre. Tengo la sensación de que ocurra lo que ocurra sacaré de mi bolso una tarjeta, un carnet, un paraguas, un pañuelo a modo de espada láser y combatiré cualquier percance que se me presente. Acumulo tantos seguros de los llamados “en el caso de que”, que tengo la sensación de pasearme en pañales, sin riesgo, con barandilla, con paracaídas y que vivo más preocupada por el desarrollo de los acontecimientos futuros que por el perecedero presente.

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22 May 2011

Desconfianza

Escrito por: cristinasinhache el 22 May 2011 - URL Permanente

A Guillermo.

Tengo un amigo intermitente. Esperar que todos tus amigos sean tan fieles y leales como Sancho Panza es desconocer el comportamiento humano. Todavía no tengo edad suficiente para que me resulten indiferentes las personas y las cosas placenteras a ratos.

Ayer, mi amigo de espíritu ámbar y yo tropezábamos entre reivindicaciones y reivindicadores. Era casi imposible negar, dadas las circunstancias, los comentarios y el cruce de palabras.

Yo me lamentaba (y me lamento) ante la inquietante suerte de aquellos, a nuestros pies, manifestados. La sensación de estar en el más sombrío de los túneles sin salida o, peor aún, de comenzar la espiral sin fin, te transporta a un estado de pesimismo, impotencia y pérdida de fe. No hace falta que siga esgrimiendo razones. La duda tiene la capacidad de sobrevolar nuestras cabezas antes de que definitivamente nos venzan las posiciones más desesperanzadoras.

“¿Y qué va a ser de ellos mañana? Por la noche todo se habrá acabado y no habrá servido de nada. Vamos a seguir arrastrando la misma mierda.”

Eso decía yo mientras unos padres se acurrucaban junto a su hija entre los sacos de dormir y las pancartas.

“Pero… ¿qué piden?, ¿qué pedimos?”

Y por la cabeza me rondaban las palabras del nonagenario S. Hessel, que, escribió unas cuartillas a modo de manual de protesta, pero, lamentablemente, no escribió la suite.

Él, que me miraba más bien con asombro e incredulidad, me espetó:

“¿Crees, de verdad, que esa niña no se va acordar de donde ha dormido hoy?”

Aún me cuesta reponerme. Todavía Desesperanza, Desilusión y yo mantenemos una lucha encarnizada, pero él llevaba razón cuando me miraba y sin decir nada me decía:

“Mejor indignarse y plantarse, aunque las consecuencias sean inciertas que estar pintándose las uñas.”

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17 Abr 2011

Papá, no me cuentes otra vez

Escrito por: cristinasinhache el 17 Abr 2011 - URL Permanente

Voy a permitirme uno de esos lujos que sólo te puedes dar cuando no alcanzas la treintena. Mi abuela no toleraba que la contradijese, tampoco que no contestase a sus preguntas y aunque “predícame Antón que me cago en tu sermón” al acabar mi adolescencia empezó mi sumisa obediencia por mis mayores y mi profundo respeto por esas personas que a tan pocos días del fin, muy cruel sería no otorgarles respuesta. Vamos a hacer un paréntesis en el ceremonioso respeto a la experiencia y a la sabiduría.

No se me había caído ni uno de mis dientes de leche cuando se inventó el término “hipoteca a cincuenta años”. Yo no tenía aún edad de votar cuando salieron elegidos aquellos que permitieron construir no importa dónde, no importa cómo. No levantaba dos palmos del suelo cuando los agoreros acuñaron la expresión “burbuja inmobiliaria”. Ni siquiera había entrado en la pubertad cuando se constituyeron las primeras fortunas inmobiliarias. Yo comía arena y hacía castillos de barro cuando comenzaron los años de bonanza, los de despilfarro, los de grandes infraestructuras innecesarias, los de “nos hemos creído ricos”.

El hombre del saco empezó a llamarse el monstruo de la crisis. De pedir dinero para chuches a pedir el subsidio por desempleo. De soñar con casitas en el árbol a estar casi obligada a construirlas porque es lo único que me puedo permitir.

Bien.

Y otra noticia más del negro futuro que nos espera. De la irresponsabilidad. De la inconsciencia. Otra cifra más de los jóvenes parados, de la imposibilidad de emancipación. Y junto a estas leo: “Indignados, pero aún poco movilizados”.

Qué fácil es pedir al joven mileurista, decepcionado, desilusionado, al menos 25 años espectador de la vida capitalista de sus padres, que levante el puño y proteste. “Indignaos” dicen los que ya huelen a naftalina. “Sublevaos” los adictos al colágeno. Y estos los más optimistas y menos severos; porque también hay vetustas voces, acomodadas en el sofá de la jubilación que mis impuestos tapizan, que se atreven a pedir mi cabeza por impasibilidad, por pasotismo, por apolitismo, por falta de reivindicaciones y de movilización que auguran un pésimo futuro a la juventud parada y sin valores.

Desde ella, desde mi inocente juventud aquí van mis peticiones: “Panda de esqueletos y pliegues taxidérmicos, déjenme tranquila. Su jubilación y entierro están asegurados. Cesen sus provocaciones para intentar envalentonarme y enredarme para que combata en su nombre contra las circunstancias que no les convencen. Presenten sus disculpas por los errores que han cometido y que nos han traído este mundo que a mi me toca cambiar y que a todos nos toca vivir. A su comprensión y su compasión apelo. Tengan la decencia de reconocer sus culpas antes de llamarme a la lucha con fusil y pancarta”

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03 Abr 2011

A la rica ortodoncia, oiga

Escrito por: cristinasinhache el 03 Abr 2011 - URL Permanente

Ya no lo puedo soportar más. Me ha nacido un órgano nuevo. Por los pinchazos y dolores diría que se localiza junto a los riñones y que tiene alguna conexión directa con el estómago puesto que sus manifestaciones más comunes son el asco y las arcadas.

Los primeros síntomas aparecen tras la observación directa de rictus petrificados de brillantes e inmaculadas sonrisas que se producen tras la demostración menos humilde de los humanos: el endiosamiento. Para que les quede claro: la soberbia y la arrogancia desmesurada me producen ganas de vomitar.

Ea.

Tiene la condición de artista y del que no lo es, pero lo intenta, una parcela reservada en las nubes del engreimiento. Así no hay artista sin períodos críticos de altivez y engreimiento como no hay humildad que se lleve bien con artista.

De esto los arquitectos sabemos mucho. La resistencia del hormigón pelea contra la inmodestia por hacerse hueco en nuestras mesitas de noche.

Fíjense. He visitado estos días el edificio que será la nueva sede de una de esas empresas que se ha beneficiado con la crisis. El arquitecto jefe de semejante mausoleo me acompañaba para explicarme sus virtudes. Se trata de una de esas copias (otra más) del estilo de vida americano donde 2000 puestos de trabajo se combinan con jardincitos y otras ñoñerías para que el verdadero sentido del espacio arquitectónico, una cárcel con vistas a un embarcadero del Sena, sea imperceptible por el trabajador y exprimir así su laboriosa actividad de sol al sol.

No sé si he visto antes ortodoncia tan perfecta. Debería decir que nunca he tenido tanto tiempo para examinarla con tanto detalle. Tras el rey del cotarro se paseaban sus cuatro súbitos haciendo ese tipo de preguntas que buscan más el rápido ascenso profesional que la respuesta argumentada, de lo obvias y petulantes que son. Al final de la visita ocurrió lo que me llevaba temiendo desde el principio, el pelotillero, zalamero y lisonjeador aplauso al maestro arquitecto por su trabajo magnífico. Por lo menos, el despilfarrador dental tuvo la decencia de dar las gracias a la veintena de personas que sí han trabajado día a día en levantar la catedral de la que les hablo. Puede que hasta a él le asquease tanta altanería.

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28 Mar 2011

Podrida, pero feliz

Escrito por: cristinasinhache el 28 Mar 2011 - URL Permanente

Que la tirria y la rabia se desmayan a lo largo de este ancho mundo no perturba en absoluto ningún aspecto de lo cotidiano de mis días. Educada estoy a levantarme cada día después de la segunda llamada del despertador, acostarme antes de la media noche y realizar las tareas intermedias así haya Gadafis empalados. He adoptado como doctrina aceptar el mundo tal y como es y dejar de pretender que sea de manera distinta.

Que de repente, virgen en el odio como se es del placer, me hierva la sangre y la rabia y la ojeriza alcancen sus máximos niveles hasta el punto de desear la desgracia ajena (y próxima), aunque por el camino arrastre también mi propio bienestar, es, sin embargo, incidente destacable.

En juego tantos ceros que más pertenecían al arte abstracto que a cualquier cantidad imaginable por una economía media, además de unos cuantos puestos de trabajo;-instalarse en un país más rico que el tuyo tiene como consecuencia directa dejar de enumerar las pérdidas en vidas con subsidio por desempleo y volver a contarlas en términos más directos, cifras antes de la coma-.

Concretando y para que no se pierdan entre tantas hipérboles: mi jefe ha perdido un concurso millordiario y como consecuencia directa, yo me he quedado sin trabajo. Se trata de esas oportunidades de construir el edificio o los edificios emblemas, uno de esos que inaugurará el rey o, en este caso, el presidente de la república. Una obra mastodóntica de presupuesto de carácter parecido y que ninguno de los contribuyentes actuales y puede que ninguno de los de la siguiente generación verán reembolsados, reinvertidos o como quieran llamar a cualquiera de los procesos retroalimentivos que todo ser espera que se produzcan cuando cívicamente paga sus impuestos.

Él ha perdido, además de la esperanza de alcanzar el sueño americano, -rico y famoso-, hacer uno de esos proyectos de arquitectura que le modifican el rostro a uno dejándole un rictus de orgullo y satisfacción.

Y yo me he alegrado. No sólo me he alegrado, estoy que no quepo en mí del gozo. Las condiciones de mi ya antiguo contrato y otras cuestiones laborales, además de ciertas características y cualidades humanas del personaje en cuestión no son aquí materia de ningún proceso judicial. Él muerde el polvo y yo me regocijo, aunque su desdicha traiga directamente la mía también. Él se queda sin concurso, yo me quedo sin trabajo. Mi inabarcable deseo de servir en plato frío me conduce a mi propia desdicha.

Vamos, que ni el cielo por vil, ni el infierno por idiota me esperan con las puertas abiertas.

Tiene la alegría por la derrota ajena un pestazo a rencor, a inquina, que acaba por contaminar nuestro júbilo y convertirlo en podredumbre contagiosa. La enemistad y el asco nos produce nuestro comportamiento más altruista: el anhelo de venganza independientemente de las consecuencias en nosotros mismos.

http://unbarauxfoliesbergere.blogspot.com/2011/03/de-lo-que-me-gustan-tus-ojos-y-lo-que.html

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26 Feb 2011

Mi premio, mi discurso

Escrito por: cristinasinhache el 26 Feb 2011 - URL Permanente

He decidido autogalardonarme con un premio de alto prestigio. Los méritos para conseguirlo, la academia o asociación que los otorga son de muy poco interés. Yo lo que quiero, es leer un discurso:

Gracias a mi esfuerzo y tenacidad y a mi despertador, el más fiel de mis amantes. Gracias también a los errores y a las imprudencias que han hecho de mí una persona más sabia; a las nuevas tragaderas que me han aparecido con la madurez y el paso del tiempo. Querría también agradecérselo a las horas muertas entre emails, teléfonos y toneladas de burocracia, a las noches en blanco y a las nóminas del mismo color. No quiero olvidarme de las lágrimas secas que la rabia hace arder antes de que broten, que es éste el llanto que más consume. Y por último a él, a su patente y reafirmada virtud incansable y persecutoria, el cansancio.

Quiero dedicárselo a todas aquellas personas, que como yo, nunca se pasearán en traje de cola por una alfombra roja, a los donnadies, a los anónimos, a los desconocidos y escondidos, a los sinnombre. Quiero reconocerles, de esta manera, su larga trayectoria de vida mediocre. Ni a sus entierros, ni al mío acudirán altos cargos, ni nos condecorarán con alguna nadería póstuma. Este premio también es vuestro.

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12 Feb 2011

El efecto de los medicamentos

Escrito por: cristinasinhache el 12 Feb 2011 - URL Permanente

Con “Lea las instrucciones y consulte a su farmacéutico” avisados quedamos de que lo que vamos a ingerir no son unas cortezas. Yo me sigo tomando los antiinflamatorios como si de aceitunas se tratase. A veces, cuando el dolor casi acaba de comenzar y es perfectamente soportable ya he ingerido alguna sustancia. Mi cuerpo los asimila sin ninguna dificultad y con el paso del tiempo los necesito con dolores menos importantes. Me matará el tabaco, así que puedo mantener mi adicción a las aspirinas domingueras.

Cuando tenía siete años, de mayor quería ser “techo”. Una niña curiosona que le gustaba mirar sin ser vista. Era un escalón por debajo de querer ser dios, que pensaba que sólo podía ser hombre. Pasados los años, fui bajando las expectativas y curando los cardenales de mi infancia que me dejaron las tremendas pretensiones de alcanzar el cielo.

Pero dejemos el lado laboral para los días no festivos.

Llegada la época de celo, lo que quise fue un poeta, uno de los que te hablan en verso y te hacen el amor en verso también. Las sesiones interminables en el mugriento, pero muy alternativo, bar de poemas, lo único que consiguieron fue un tremendo entusiasmo por los clásicos que todavía hoy persiste.

Por supuesto también quise ser rica y lo sigo queriendo desde que la mandíbula se me cayó al suelo cuando aquella mujer llegó al barco, se quitó las pieles y se quedó desnuda y vestida a la vez. Desnuda por las transparencias del precioso vestido de alta costura que llevaba y vestida por el collar de diamantes casi imposible de fotografiar con flash del brillo impúdico que emitía. Lo admito, quise ser ella. Sin duda, ésta ha sido la caída más baja. No sólo no adorna mi cuello ningún collar de diamantes, sino que además soy inmensamente feliz llegando con apuros a final de mes.

Los cardenales y las decepciones tienen un efecto similar a los medicamentos. Consiguen, todos ellos, que cada vez coloquemos el listón más bajo, que esperemos menos, que nos conformemos antes, amedrentan nuestra confianza en nuestros éxitos -y en los propios mecanismos de nuestro cuerpo para deshacernos del dolor- . Claro, nuestros sueños no tienen prospecto, no estamos avisados de soñar sólo con aquellas cosas que no precisen desengaños. No hay farmacéutico que nos diga que de abusar de las pretensiones inalcanzables descenderemos más fácilmente nuestra barrera del dolor insufrible y que entraremos en un laberinto en espiral de muy dificultosa salida, si es que ambas palabras, una al lado de la otra, aumentan el ya considerable grado de dificultad de cada una de ellas en solitario.

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Por palabras

Escrito por: cristinasinhache el 12 Feb 2011 - URL Permanente

LA BALA EN LA SIEN. Sin rastro de huellas dactilares, muestras de ADN, ni otras evidencias denunciables. Envenenamiento o accidente casual. Coartada a medida. Discreción con el móvil. Crimen maquinalmente perfecto. Posibilidad de alevosía y ensañamiento. Precios razonables. Experiencia demostrable. Urge contrato laboral por finalización de subsidio por desempleo. Servicio con guadaña opcional. Contacte con la Dama de la Esbelta Figura. Desfacedora de entuertos y agravios.

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29 Ene 2011

Hideputa

Escrito por: cristinasinhache el 29 Ene 2011 - URL Permanente

He decidido utilizar hideputa en lugar de la expresión con todas sus vocales y consonantes. No es más que una manera de seguir refiriéndome a lo mismo sin que el resultado sea tan desagradable, puesto que, aquí, el difamado es mi pescuezo.

No es necesario que les aburra con mis cuitas, sin embargo, para que la autocrítica no sea otra muestra más de la llamada a la compasión y al regocijo y divertimento que me procura, en ocasiones, mi suscripción gratuita el drama, les describo ciertos acontecimientos.

La ambición se acuesta ahora conmigo todas las noches. Tenemos sexo y como cualquier adicción, cada vez necesito más. La engaño, a veces, con las ansias de poder. Orgía en la que suelen participar la codicia y la avaricia.

Perdonen la retórica.

Donde trabajo, la competencia profesional y las ansias de escalar se diluyen con el café del desayuno y, como el café, quedan los posos amargos. Sin darles muchos detalles para que mi versión de los hechos no enturbie sus juicios, les diré que he conseguido permanecer un poco más delante de mi ordenador y mejorar ampliamente mis condiciones laborales; a cambio, han licenciado a uno de mis compañeros. Sí, sí, yo solita me he valido para desprestigiarlo, difamarlo y valorar negativamente su capacidad, por seguir con los eufemismos. Su cabeza por la mía.

No lo he hecho nunca antes, comprendan mi arrepentimiento. Así que decidí beberme un whisky con él para celebrar su incorporación al paro. Por supuesto, él desconoce la puñalada, que, además, estuve a punto de confesar cuando el alcohol sustituyó la sangre de mis venas.

Para excusarme, porque me sigo queriendo y porque, como soy atea, no puedo rezar para que se perdonen mis pecados, me digo que mi único mal ha sido entrar a formar parte del resto de la sociedad, donde, a veces, ganarse las habichuelas significa aplastar literalmente al vecino; que no he hecho más que seguir el ejemplo del resto, que el pez grande se come al pez chico, que o tú o yo. No acaba de convencerme que tengas que ser un hideputa para mantenerte a flote en el agua, revuelta la mayoría de las veces, que es nuestra vida. Pero me reconforta y me da consuelo.

Pues eso, que cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor.

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09 Ene 2011

La hemos matado

Escrito por: cristinasinhache el 09 Ene 2011 - URL Permanente

Nuestras cejas han dejado de hacer flexiones. Ya no se nos despegan los labios y se nos escapa el aire a través de sus redondeadas formas. Hemos suprimido y condenado los ostentosos signos de exclamación y, en su lugar, nos servimos de vulgares puntos y aparte. “Raro, extraño, asombroso y espectacular” son ahora sinónimos de “corriente”.

La ingente cantidad de información a la que tenemos acceso, el acortamiento de las distancias y las ya nada excéntricas vidas del celuloide se han convertido en los amigos de nuestro tedio y hastío. Ahora caminamos como vegetales con el sentido de la sorpresa mermado y triturado.

Reflexionen. Ni el desnudo más explícito, ni las riadas de sangre, ni guerras, ni dictadores, ni holocaustos, ni catástrofes climáticas perturban nuestras neuronas encargadas de transmitir los mensajes de pasmo a nuestro entendimiento. Se encuentran aletargadas y en hibernación permanente.

Pero observen más cerca sus vidas. Que nuestra pareja nos deje por una persona del mismo sexo, o, mejor, por dos personas del mismo sexo, que existan prótesis genitales más logradas que las originales, que la quiebra y la bancarrota sean estilos de vida…Nada. Ya no tengo sueños enemigos de lo real. Ni siquiera que me propongan pagar el alquiler de mi cuarto en especias me despierta de este estado de indeferencia. Ya no hay droga que nos excite.

Puede que debamos interesarnos por nuestras ridículas aventuras diurnas, por nuestras triviales batallas cotidianas, por los banales sucesos de cada día y entrenar así nuestra expresión facial de turbación, conmoción y desconcierto.

No es una reflexión pesimista, ni agorera. Al contrario. Como adiestramiento les invito a que se maravillen contemplando (y contando si se sienten con ánimo) los miles de pedazos en los que un vaso de cristal queda al caer al suelo, por ejemplo; a que se emocionen, se aturdan, se espanten, se asusten, se pasmen y se fascinen con el desarrollo natural y normal del calendario, vaya, a que ejerciten su capacidad de asombro, que, entre todos, hemos matado.

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