01 Feb 2010
Excmo. Sr. D. Fernando Ferrín Calamita
Proteger el menor, ese es el objetivo que han de buscar todos los juristas y profesionales encargados de evaluar la idoneidad parental en un proceso de adopción. “Siempre velé por el interés de la menor”; eso fue, según él mismo ha dicho por activa y por pasiva, la motivación fundamental de Dn. Fernando Ferrín ¿Puedo yo dudar de la sinceridad de esa expresión? Realmente, creo que no, que no tengo suficientes elementos de juicio para hacerlo. Admitiendo lo anterior, ¿qué puede llevar a una persona que vela por el interés de un menor a seguir conscientemente comportamientos injustos que producen de un modo objetivo sufrimiento inevitable a sus progenitores, a los que se encargan de su cuidado? Parece algo incongruente. De alguien tan católico como el Sr. Ferrín ¿cómo se puede explicar su punible comportamiento sin apelar a la psicopatía? Admitida la premisa de que lo que ha movido a Dn. Fernando es el interés del menor (protegerlo) nos podemos preguntar acerca de cuáles son, según él, los factores que atacan y que dejan en situación de desprotección a la menor. La respuesta es clara: la orientación sexual de sus progenitores, dejando claro que no digo el menosprecio hacia la orientación sexual de las madres, como quedó demostrado en el resolución del recurso en congruencia con lo que el mismo Sr. Ferrín decía al comentar que “yo no siento odio, desprecio o animadversión hacia los homosexuales….un católico no puede odiar, es básico en la religión católica” (ésta afirmación daría, por sí sola para una tesis, pero no es este el objetivo). A pesar de no existir un menosprecio hacia la orientación sexual, entiendo que es la misma orientación homosexual aquella situación de la que el Sr. Ferrín quería proteger a la menor. A este señor no le han valido las leyes sobre el matrimonio que recientemente se han promulgado, no le han valido los dictámenes del tribunal europeo de derechos humanos sobre el caso francés (al margen que el gobierno francés haya hecho o no caso de ellos), no le han valido las opiniones científicamente fundadas de todos los expertos (bueno, perdón, sí los del Dr. Aquilino Polaino), no le ha valido nada de eso para fundamentar su juicio y no le han valido porque, haciendo yo mismo un juicio de valor, el Sr. Ferrín se encuentra imbuido de la misma ideología neopuritana que está invadiendo nuestra sociedad desde hace unos años hacia acá y que se ha propagado con más intensidad desde la aparición en escena de determinadas políticas socialistas; unos señores que se arrojan la capacidad de intervenir no ya solo en el ámbito de la política, sino incluso en el ámbito de lo personal, llegando a pretender coartar incluso la misma expresión sexual de los individuos, reclamando poco menos que el desmantelamiento de la separación alcanzada en el estado moderno entre la esfera temporal y la religiosa, aquella a la que el mismo Ferrín apela cuando dice que “una cosa es cuando actúo como juez y otra cuando actúo como persona”; este señor no tiene clara esa diferencia, como creo que ha demostrado en su trabajo. Este señor se ha movido por motivos neopuritanos por mucho que explícitamente él los niegue, por motivos puritanos; los mismos que le llevan a no odiar a los homosexuales a la vez que considera la homosexualidad y a todos sus correlatos sociales, una patología, una anormalidad y entiendo que esto se puede demostrar indirectamente. Creo que esa es la razón por la que buscando, posiblemente de manera honesta, el interés de la menor, lo que buscaba era redimirla y evitarle el dolor u otras adversidades futuras proveniente de tener que desarrollarse (¡pobre de ella!) con madres de orientación homosexual en una actitud que podría definirse como de “celo fanático”, en palabras de Enzo Pace, que le llevan a afirmar que “te quiero, te quiero demasiado, y justamente porque te quiero, deseo conducirte a la recta vía”. Aplicando la luz bíblica del “por sus frutos los conoceréis”(Mt.7,16) a la redacción de las preguntas que el Sr. Ferrín Calamita dirige en la providencia dictada el 18 de Junio de 1ª.- Influencia que para el desarrollo armónico de la menor puede tener la falta de la figura paterna y la tenencia al contrario de dos figuras maternas. La primera parte de ésta pregunta sería coherente si se formulara en el contexto de un esposo o esposa que ha perdido al cónyuge y estuviera angustiado por el futuro desarrollo de su hijo sin uno de los padres y, formulada en este contexto, denotaría sincera preocupación. Lo que convierte en tendenciosa la pregunta es la segunda parte, que refleja la idea de que crecer con dos figuras maternas es crecer emocionalmente cojo, que no puede tener un adecuado desarrollo en esas condiciones familiares. Algo absolutamente falaz ya que sabemos que lo que facilita el desarrollo armónico de un niño no es ni el número de adultos con los que convive ni la orientación sexual de los mismos. Lo que ha hecho que los muchos hijos de Dn. Fernando crezcan y se desarrollen satisfactoriamente (eso espero) no ha sido la orientación sexual de sus padres sino la capacidad de Dn. Fernando y su esposa para responder de una manera adecuada a las necesidades físicas y psicológicas de sus hijos. 2ª.- ¿Es irrelevante, desde el punto de vista de la supremacía del interés del menor, que los progenitores, biológico o adoptivo, con quiénes aquel diariamente convive sean o no del mismo sexo? ¿no es falta de probabilidad, por ejemplo, de que sea homosexual, imitando el patrón que ha vivido en casa en sus años fundamentales para la formación de su personalidad? Como dijeron los expertos (todos menos uno) presentes en el Senado para ser preguntados sobre ésta materia, lo que es relevante en atención a la supremacía del interés del menor es el compromiso parental sin reservas; lo que es relevante es la existencia de un núcleo familiar estable. Es decir, lo relevante es la existencia de una pareja de adultos comprometidos entre sí para con el bienestar del niño, lo que es irrelevante es la orientación sexual de los miembros de la familia y, en suma, lo que debiera ser irrelevante son las opiniones y creencias de quien juzga la idoneidad de una persona o de una familia para la adopción. La segunda parte de la pregunta es un insulto a la inteligencia, además de denotar una importante y sangrante falta de información y cierto grado de inmoralidad; varios puntos de reflexión. ¿Y qué si la niña es o no homosexual en el futuro? Es como preguntarse si en el futuro alguien va a ser de derechas o de izquierdas, budista, hindú, católico o ateo, ninguna de esas cosas son, a priori, anormalidades y pertenecen a la esfera de lo personal e íntimo y nadie, sin su permiso, tiene derecho a preguntárselo. Preguntar eso (lo de Ferrín) ya denota la existencia de un prejuicio negativo hacia el concepto sobre el que se indaga. En segundo lugar, la pregunta no es más que la expresión de uno de los mitos que se encarga de extender y defender el neopuritanismo (y, por desgracia, otros sectores sociales). El mito del contagio de la homosexualidad. El otrora Excmo. Sr. Juez Dn. Fernando Ferrín Calamita debiera haber observado en primer lugar que prácticamente el 100% de los homosexuales actuales y los existentes a lo largo de la historia pasada proceden y han sido formados y educados en contextos familiares, educativos y sociales heterosexuales (siguiendo esa línea se podría afirmar la estupidez de que ser criado en ambientes heterosexuales provoca homosexualidad; estupidez como digo). Esto ya parece un factor de puro sentido común (que, como é mismo dice, es a veces el menos común de los sentidos) para poder afirmar que la orientación sexual no se imita ni se contagia. Lo que sí que se imita, y ahí está la historia y los sucesos presentes para confirmarlo, lo que sí se imita digo es el celo fanático, irracional, hacia determinados grupos sociales y ese, a dios gracias se podría solucionar, pero no se puede tratar lo que no es una patología ni personal, ni familiar, ni social; lo que sí se puede tratar son la cantidad de efectos devastadores que en lo personal y en lo social ha tenido el celo fanático hacia la homosexualidad; las angustias, depresiones y otros problemas emocionales que han padecido los homosexuales a causa de esa enfermedad social que es el fanatismo y el papanatismo, los rechazos y agresiones que han sufrido y, al parecer, siguen sufriendo; pero no el hecho de tener o no una determinada orientación sexual, ninguna de las cuales es patológica. Sí es probable que unos hijos imiten una actitud de celo fanático y espero que en el futuro eso sea lo socialmente condenable, aunque posiblemente en un proceso de adopción esto no sea contemplado como un factor de descalificación de un padre o de una madre, tengan la orientación sexual que tengan.. 3ª.- ¿No es un derecho del menor el ser insertado en una familia “normal”, compuesta por dos personas de distinto sexo y que, por ello, complementarias entre sí, lo que no ocurre en el caso contrario? No se con exactitud a lo que Ferrín se refiere cuando habla de “complementariedad”, pero no creo que se refiera a la existente entre los orificios y protuberancias anatómicas de los cónyuges, no creo que se refiera a eso o no quiero pensar que se refiera solo a esa “obscenidad” erótica. Más bien creo que se refiere, como más abajo queda clarificado, a que el hombre y la mujer unidos en santo matrimonio son complementarios en el sentido de los roles de varón y mujer, no solo los sexuales. No quiero extenderme mucho más de lo que ya lo he hecho y por ello me remito a la reconocida experta Mª del Mar González y la revisión que ha realizado de los estudios científicamente validados y publicados desde los años ’70, estudios que demuestran (sí, demuestran) que: ü Los homosexuales son progenitores tan sanos y psicológicamente ajustados como otros (complemento al comentario de la 2ª pregunta). ü Son igual de capaces de organizar contextos educativos favorecedores del desarrollo infantil. ü Las parejas homosexuales suelen establecer relaciones igualitarias. Es decir, Sr. Ferrín, los miembros de una pareja homosexual son tan “complementarios” como los que más. ü Son familias que suelen estar integradas en redes sociales tan amplias como las del resto de la población. ü Los hijos de homosexuales muestran un desarrollo sano y armónico en todas las dimensiones psicológicas que han sido evaluadas en los diferentes estudios. ü En resumen, a pesar de los prejuicios existentes y para desgracia de los puritanos, no se ha encontrado que la orientación sexual de los progenitores sea una variable que determine o comprometa el ajuste psicológico de los hijos. Entiendo que ni para el Sr. Ferrín Calamita ni para el Dr. Aquilino Polaino tengan validez estas conclusiones pero, les guste o no, eso es lo que las disciplinas científicas han concluido respecto al tema que nos ocupa y lo que, por otro lado, parecen reflejar las leyes y la resolución del Tribunal Superior de Derechos Humanos de Estrasburgo. Para acabar, con respecto a lo de una familia “normal” que, según Dn. Fernando, es la formado por dos personas del mismo sexo y supongo que se referirá a la familia “nacida del compromiso matrimonial” tal como refleja el documento del Pontificio Consejo para A pesar de ese desacuerdo, parece claro que este documento, incluso en la implícita literalidad de algunos de sus párrafos, es el que puede haber servido de referencia al Sr. Ferrín para dictar su tercera pregunta; no hay problema, que lo haga como persona, pero es/era juez y, por ello, los documentos sobre los que reflexionar par decidir son otros; lo del Pontificio Consejo para En resumen, hay dudas acerca de la validez de la afirmación del Sr. Ferrín de haber separado su labor como juez de sus creencias como persona y se le ha juzgado como juez que incumple su compromiso de justicia. Espero que Dios le haya ya preparado otro trabajo, como también espero que en ese trabajo sí que pueda deslindar su profesión de las creencias a las que tiene derecho y, haciendo mías sus palabras, espero que sea feliz, ah y que siga durmiendo bien. Dejémoslo ahí.
Juan Carlos Ferra Miñarro
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