07 Ene 2012
The corrections
Esta es la novela que puso al hoy consagrado Jonathan Franzen en el candelero. Es como esas teleseries tipo “cuéntame”, donde diferentes miembros de la familia pueden identificarte con diferentes personajes de la familia Lambert. Tiene momentos desternillantes y otros tristes.
La historia de una familia americana en el momento en el que el padre, Alfred, sufre los efectos del Parkinson. Con flashbacks al pasado en distintos momentos del matrimonio de Alfred y Enid. Todos los personajes son grises tanto los padres, como los hijos Gary, Chip y Denise, no hay buenos ni malos, quizás algunos son especialmente más grises que otros, como es el caso de Gary. El título hace referencia a las correcciones que a finales de los noventa se realizan a nivel global (económico financiero/tecnológico) como a nivel individual en la familia Lambert.
Entre los momentos desternillantes podemos recordar la carrera hacia los infiernos y la autonegación de Chip, desde la cima como profesor de literatura, pasando por su expulsión de la universidad por tener relaciones con una alumna, sus intentos de completar una novela con comienzo exaltadamente escatológico o su asociación con Gitanas, un pícaro y exdiplomático lituano que trata de aprovecharse de inversores extranjeros. También el proceso de negación de Gary de su depresión y alcoholismo que le lleva a autolesionarse de forma severa. También la relación pasional de Denise con los dos miembros de un matrimonio, él su jefe.
Es especialmente impactante el proceso degenerativo del padre y su última acción racional antes de desconectarse de la realidad: suplica a su hijo Chip que le permita tirarse por la ventana liberándole de sus ataduras de seguridad. Un padre introvertido que había sido el centro de la familia en cuanto a fuerza, a poder, a decisión y represión, se convierte al final de su vida en todo lo contrario, una persona dependiente de su mujer. Una mujer, Enid, que al final de sus días le repite constantemente lo mal que hizo las cosas, como en su día Alfred la repetía lo mal que ella actuaba.
Sobre este blog
elgatopardo
crarizaEn un mundo en cambio continuo nos afanamos en encontrar nuestro centro de gravedad permanente. Pero nada es permanente (nunca lo fue y hoy menos). Describir el cambio es contar nuestra adaptación a las buenas y malas realidades personales y globales. Frente a la homogeneidad hacia la que nos lleva ese cambio (el consumismo, la superficialidad, la competitividad despiadada); hay realidades que desde lo personal a lo colectivo merece la pena arriesgarse a cambiar, como los procesos de injusticia económica, social y medioambiental. Y otras realidades no han de cambiar, han de continuar y enriquecerse mutuamente, como la diversidad personal, ideológica, cultural, social y medioambiental. Para ello es necesario (no suficiente claro está) un proceso en red (como este blog), de participación, de ideas, de intercambios, de abajo a arriba, de lo local a lo global.
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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
josep-melero dijo
Hola, soy José Melero. Aunque soy adverso a las novelas me ha gustado mucho el contenido de tu blog. Coméntame algo de mi blog Palestina.. Gracias, Josep.
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