“Cada cual quiere algo diferente que tiene que ver con lo que no tiene o cree no tener. La felicidad está en diferentes lugares aunque hay algunos comunes, o al menos eso creemos. Porque querer, tener y ser son también cosas diferentes, aunque nos empeñemos en lo contrario.”
No está mal para un comienzo, nada mal…pero no para este reencuentro…
Reencuentro o reencuentros. Así es como lo hemos de llamar o ha de girar o de aludir o referir este texto…y he de entenderlo, he de centrarlo, porque lo he sugerido yo.
Muchos reencuentros. Demasiados.
El primer reencuentro con las compañeras de aquella Comunidad hoy casi desaparecida, que con el tiempo mantuvo algunos rastros, algunos contactos, algunos lazos. Algunos finos, otros no tanto. Pero aquí estoy, aquí estamos. Reencuentro con mis amigas -porque son mayoría- de este grupo, no sé si selecto o electo.
El segundo reencuentro ha sido con el pilot con el que esto he escrito. No todo pero si un buen trozo. Retomar el contacto con la grafía, con la escritura rápida en cualquier momento, justo cuando surge la idea, para que no se vaya, para que no se olvide.
El tercer reencuentro con mi cuaderno, con la página en blanco, o mejor con el espacio en blanco. Con ese vértigo. El vértigo de ser el primero (sí “tú que lo sugeriste”). El reencuentro con la necesidad de llenar un vacío.
Y otro reencuentro, con el estilo, con la necesidad de pensar cómo llenar ese vacío. No vale todo. Como diría Woody Allen en su obra “Dios”: “Mi público espera verme en algo digno de mí”. Te reencuentras con tu armario y te preguntas: ¿qué me pongo? Hoy no puedo ir en chándal y sudadera (así es como está mi antiguo blog, un poco rápido o para andar por casa). Qué decir, cómo sorprender, cómo ser natural, cómo conseguir mantener esa atención, esa mirada, ese recuerdo – si alguna vez lo hubo claro-. Cuestión de no quedar muy mal o de mantener el tipo o de responder a unas expectativas.
Bueno, basta, ahí va. Va por vos:
-Me dejaste ¿por qué?¿por qué?. Te fuiste sin más. Esperaba algo más de ti. Ni un gesto que me pudiera hacer pensar, sin una explicación, sin una palabra, sin un adiós. No comprendes lo que fue para mí…
-Deja de pensar en aquello por favor, ahora no es importante, te lo aseguro, confía en mí…
-¿Confía, en mí?¿Confía en mí? ¿Tú me hablas de confianza? Yo confiaba en ti. Y por eso, porque confiaba en ti, luego fue todo tan doloroso. Nunca pensé que todo acabara así. Te exijo una explicación, una disculpa, no comprendes nada.
-No hay explicación, me puedo disculpar pero no tendría sentido. Nada, no comprendíamos nada, sobre todo de lo importante.
-No, no, no
-Mi vida, confía en mí, ahora ya estamos juntos de nuevo, descansa en paz. Descansemos en paz.
Superado el pánico escénico de este primer relato, se me había ocurrido algo para acabar: Algo así como esto: “Los miedos tienen muchas formas. Algunos tienen miedo a destacar, a salir del montón y otros a ser del montón”…Pero lo dejo para otra ocasión, además tengo que elaborarlo un poco más. Creo que ya está bien por hoy…no hemos de parecer demasiado solícitos en nuestra primera cita…simplemente doy gracias por la posibilidad de este reencuentro, que en algunos casos no es tal sino simplemente “encuentro”. Encuentro con personas tan cercanas aunque tan lejanas y –como siempre- con uno mismo. Ese ser con el que nos encontramos todas las mañanas en el espejo: nuestro mejor amigo y nuestro más acérrimo enemigo. Ese de ahí enfrente, que no siempre me ha visto hacer cosas dignas de mí.








